En este trabajo se ha realizado un balance genealógico del delito, asumiéndolo como un fenómeno social que tiene un origen histórico producido por una estructura social de características específicas. Igualmente se realiza un análisis desde una perspectiva de salud pública, en el que se relacionan los delitos cometidos con el uso de sustancias tóxicas. El sustento estadístico y gráfico que se ofrece, surge de un trabajo de campo, entrevistas directas, encuestas cerradas y registros médicos y clínicos, que constituyen evidencias que exponen la realidad carcelaria del territorio poblano. En suma, la Cartografía de la Delincuencia es un trabajo de investigación cuyos resultados permiten contar con un mapa confiable de los delitos que se cometen en el Estado de Puebla y las sentencias que les han correspondido y, como consecuencia obligada, generar las estrategias sociales, políticas y de seguridad para la prevención y tratamiento del delito, de la delincuencia y del delincuente.
Durán y Avendaño (Coordinadores)
ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA
LUIS ALEJANDRO DURÁN CERÓN RAQUEL AVENDAÑO FERNÁNDEZ (Coordinadores)
CARTOGRAFÍA DE LA DELINCUENCIA EN EL ESTADO DE PUEBLA
La Cartografía de la Delincuencia es un mapa de la realidad socioeconómica, cultural e histórica que incide en la generación del fenómeno delictivo en el Estado de Puebla; la cual, a su vez, refleja algunas características sociales que se desarrollan al interior de sus Centros Penitenciarios.
monografías
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CARTOGRAFÍA DE LA DELINCUENCIA EN EL ESTADO DE PUEBLA Orígenes, prevención, tratamiento y reinserción social
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Ana Belén Campuzano Laguillo
Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad CEU San Pablo
Víctor Moreno Catena
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Jorge A. Cerdio Herrán
Angelika Nussberger
José Ramón Cossío Díaz
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Owen M. Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Javier de Lucas Martín
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania) Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
CARTOGRAFÍA DE LA DELINCUENCIA EN EL ESTADO DE PUEBLA: ORÍGENES, PREVENCIÓN,TRATAMIENTO Y REINSERCIÓN SOCIAL Coordinadores
LUIS ALEJANDRO DURÁN CERÓN RAQUEL AVENDAÑO FERNÁNDEZ
Investigadores
ROLANDO HERNÁNDEZ ALDUCIN EDGAR TEODORO RAMÍREZ ALVA DELIA BEATRIZ GARCÍA REYES MARTHA ALEJANDRA RIVAS MOSQUEDA Presentación
JUAN PABLO SALAZAR ANDREU
Ciudad de México, 2016
Copyright ® 2016 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/
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© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, PH Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9143-155-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.
AGRADECIMIENTO La misión de los servidores públicos conlleva la más alta responsabilidad y vocación de servicio; implica un alto sentido de compromiso con los ciudadanos; y representa un honor para quienes desempeñamos esa función. En este orden de ideas, hemos querido plasmar un texto que refleje el esfuerzo cotidiano de la Dirección General de Ejecución de Sanciones y Medidas, siguiendo las directrices de esta administración que ha significado beneficio y transformación para el Estado de Puebla. No podemos menos que agradecer al Titular del Ejecutivo, Rafael Moreno Valle Rosas, y al Secretario General de Gobierno, Diódoro Carrasco Altamirano, por el apoyo y oportunidad brindados, por servirnos de ejemplo e inspiración en nuestras labores a favor de la sociedad poblana. Ciudad de Puebla a los 28 días del mes de septiembre de 2016. Luis Alejandro Durán Cerón Raquel Avendaño Fernández Coordinadores
Presentación: Humanidad y Derecho Penal “La vida, el sufrimiento, la soledad, el abandono, la pobreza, son campos de batalla que tienen sus propios héroes; héroes obscuros, a veces más grandes que los héroes ilustres.” Víctor Hugo
En 1862, la prodigiosa mente de Víctor Hugo dio a luz una obra maestra de la literatura: Los miserables; cruento reflejo de su época, es la vía mediante la cual el genial autor francés, realiza una denuncia de los abusos y excesos, en los que las autoridades, en una represión de las conductas consideradas ilegales, en un momento histórico de violentos vaivenes sociales, castigan en exceso, y de manera por demás inmerecida, a aquellos sumidos en la pobreza y la ignorancia. Para ello, Víctor Hugo se valió de dos personajes igualmente memorables, el bondadoso Jean Valjean y el rígido inspector Javert. En estos hombres de tinta y papel, la ética, la moralidad y la legalidad, se convierten en manzana de la discordia, en la que los otrora extremos clásicos de la ley, se difuminan, mostrando que el mundo, es una serie de matices grises, en los que vale la pena, antes de juzgar, conocer la historia completa. De este punto en adelante, los estudios respecto a la vida carcelaria han sido numerosos y variados, provocando muchos de ellos mutaciones en las instituciones carcelarias, que pasaron de simples lugares de reclusión, en los que los pobres infelices ahí destinados terminaban prácticamente en la putrefacción, hasta la búsqueda actual de su reinserción a la sociedad, al menos teóricamente. Muchos de los autores de la corriente crítica, entre ellos Foucault y Benjamin, han denunciado el ejercicio de la violencia y el derecho, como instrumentos de control social para mantener el poder en turno, y teorías tales como la del “Derecho penal del enemigo” del alemán Gunther Jakobs poco hacen en favor limpiar el nombre del derecho penal en dicho sentido; sin embargo, el trabajo que en esta ocasión tengo el honor de presentar, busca aportar luz sobre la realidad del sistema penitenciario y de las personas sujetas a él, tomando como herramientas a la sociología, la estadística y el derecho, pero es en su estudio de casos donde se alcanza el punto álgido de esta obra.
Presentación: Humanidad y Derecho Penal
Historias como las de “Be”, “el Alacrán”, “el Gato” y “ET” brindan los matices necesarios para comprender que el sistema penal y penitenciario mexicano, todavía tiene un amplio camino que recorrer en beneficio de la sociedad que debe defender y ayudar a edificar. De nada sirve seguir investigando en el campo de las ciencias sociales, si se olvida que los sujetos que en ellas participan son de carne y hueso, resultado aleatorio de la genética, determinante de su contexto social y reflejo de sus procesos de socialización. Esa es la diferencia de esta obra: su humanidad. Así pues, apreciado lector, le invito a adentrarse en este estudio, en donde encontrará además de verdades científicas-sociales, una puerta entreabierta a la realidad de los castigos y las penas en el actual marco normativo del país, verdad que no debe ser enterrada, ya que su fantasma, la indiferencia, amenaza constantemente con destruir a la misma sociedad que la engendró, al no sanar las heridas de una sociedad que se encuentra enferma. Juan Pablo Salazar Andreu1 Puebla de los Ángeles, abril 2016
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Profesor de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Profesor de la Universidad Panamericana, Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1, Presidente del Instituto Latinoamericano de Historia Del Derecho, Miembro del instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, Cronista De La Ciudad De Puebla, Miembro del Instituto Colombiano de Historia del Derecho, Miembro del Comité Científico de la revista Archivum, de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina
Introducción Hablar de una cárcel penitenciaria o centro de reclusión ha sido a lo largo de la historia un tema al que se le imprime un carácter negativo o denostativo, evitando tocarlo o satanizar todo lo que implica. Generalmente se asume que todas personas privadas de la libertad, su familia o incluso los trabajadores del sistema penitenciario merecen el rencor y la indiferencia social. Se piensa que los internos se merecen estar ahí por haber transgredido el orden social. En este sentido, el colectivo no considera que el delincuente siempre formó parte de él, que en él se gestó y se perfeccionó; y solamente ve su existencia a partir de que es sorprendido cometiendo el delito. Este trabajo pretende dar a conocer algunas historias y circunstancias que se presentan por cientos en un Centro Penitenciario. En esta ocasión se tratan casos de Puebla que indiscutiblemente se repiten en muchas partes del mundo. De la misma forma se busca demostrar que la conducta delictiva que llevó al interno a una cárcel no es fortuita, puesto que se trata de un hecho derivado de toda una vida de carencias económicas, afectivas, culturales y sociales y que estar ahí significa alcanzar el siguiente estadio que les toca padecer como parte de una vida de desventajas naturales por su condición. Se busca ilustrar una explicación del motivo que lleva a una madre a matar a sus hijos en contra de lo establecido cultural y socialmente, en el sentido de que la persona que realiza esta conducta debe ser considerada y tratada como un monstruo o un ser atávico deleznable, sin saber ni tomar en cuenta que esa madre sufrió pobreza, abuso sexual, vejaciones constantes desde su nacimiento al ser producto de una violación. Se busca comprender la conducta de un violador que a los siete años fue permanentemente sometido sexualmente por su padre y abuelo alcohólicos y además obligado a prostituirse. Se busca, en fin, encontrar la etiología social. Esta investigación pretende llevar a un plano social multidimensional la vida carcelaria y explicarla desde un factor económico, cultural, sociológico y médico, con la finalidad de provocar, una sensibilización en los integrantes de la sociedad para que se entienda la necesidad imperante de que el sistema penitenciario mexicano requiere de ser visto
Introducción
y considerado en las acciones de los sectores público y privado. Al reconocerlo y enfrentarlo de esta forma será posible sacarlo adelante y lograr que las personas que regresan a la comunidad después de pasar por una experiencia de cautiverio, sean recibidos e integrados como un miembro que nunca dejó de serlo pero que regresa con mejores herramientas de convivencia y respeto por su entorno. En este sentido, el fenómeno delictivo y particularmente el carcelario, representa un espacio de oportunidad para exponer su trascendencia y explicar que histórica y estructuralmente el contexto social y las problemáticas ambientales forman parte de la génesis del delito, del delincuente y de su conducta. Para este análisis se ha tomado en cuenta la evidencia estadística que han recopilado técnicos especializados en los Centros Penitenciarios del Estado de Puebla, por medio de numerosas entrevistas practicadas y recopilación de historias de vida de los sentenciados que en conjunto refuerzan el argumento de que el fenómeno delictivo es un hecho social. Es una realidad que cuenta con un panorama confiable y actualizado de los delitos, de las sentencias y de las características de la población interna, permitirá conocer mayor número y mejores políticas públicas en materia de prevención y tratamiento de la delincuencia que están sustentados con elementos objetivos, técnicos y empíricos para identificar históricamente las razones, causas y consecuencias de este fenómeno. Uno de los análisis en los que más se puso interés en el desarrollo del presente trabajo es la relación existente entre el consumo de sustancias tóxicas y los delitos que se cometen en el territorio poblano. Aunque se tenía una percepción general, no estaba identificado el vínculo entre la comisión de un tipo penal específico, la sustancia consumida, y la región en la que se comete la conducta. Al concluir el estudio se concluyó que más de una tercera parte de los delitos cometidos se relacionó con el uso de alguna sustancia tóxica y de esta proporción cerca del 45% fueron en contra de la vida y la integridad corporal, teniendo una mayor incidencia en la región sur del Estado con el 60% aproximadamente. La intoxicación preponderante en estos casos fue la de alcohol con un 90%.
Introducción
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No es un secreto saber que el camino del delito empieza desde una familia sin límites, de padres ausentes o presentes pero de mal ejemplo, pero en la actualidad se presenta un detonante catalizador que es la facilidad de tener al alcance la posibilidad de conseguir sustancias tóxicas. Bajo este contexto es fácil que desde una edad temprana se inicie con el consumo de tabaco, escalando al alcohol, marihuana y una diversidad amplia de sustancias estimulantes, cuando poco a poco la dependencia física y mental necesaria para buscar formas y medios para seguir el consumo, propiciando la generación de conductas antisociales y delictivas. De acuerdo al resultado arrojado por el presente estudio, la edad del primer ingreso a un Centro Penitenciario es a los 19 años. Resulta de capital importancia conocer este dato, sin consideramos que la parte del cerebro que se encarga del razonamiento, elaboración de juicios y control de la conducta, a los 19 años aún no se encuentra completamente desarrollada, por lo que en esta edad, se toman decisiones indebidas mayormente por impactos y emociones sin medir el alcance de las consecuencias de los actos. Sin embargo, al conocer la relación entre conductas delictivas y las sustancias tóxicas se pueden implementar acciones para reposicionar la estructura social desde de la cultura familiar y la educación temprana en relación al uso y abuso de sustancias como política pública de prevención del delito. Se puede observar que el tejido social del Estado de Puebla está experimentando cambios estructurales que reconfiguran constantemente las dinámicas comunitarias y la subjetividad individual, donde el delito participa en el cambio social conflictivo y obliga a las instituciones a replantearse la manera en que se entiende y se responde al mismo. Bajo esta tesitura se ofrece una aportación científica al entendimiento del fenómeno social delictivo y del ambiente carcelario, exponiendo un panorama confiable y actualizado de la delincuencia en el Estado de Puebla y de las características de la población interna. Los resultados de esta aportación pueden ser una herramienta para el tratamiento y la prevención de la delincuencia en el Estado.
Capítulo 1
Sociología Criminal: tres tesis fundamentales Los hechos sociales no son fenómenos exclusivos del individuo, sino producto de las relaciones sociales, pues no pueden surgir de la nada ni espontáneamente, ni ser aislados, sino que son el resultado de un largo proceso de interacciones temporales e históricas que se traducen en construcciones sociales. Las bases de la Sociología Criminal2 que argumentarán la construcción del fenómeno delictivo, serán la tesis del no aislamiento y la no espontaneidad; se sustentan en la exposición de las formas elementales de la teoría sociológica aplicadas al fenómeno delictivo y a las dinámicas carcelarias en el Estado de Puebla, estructurando desde este ámbito la delincuencia en un tiempo y espacio concretos: la Puebla a comienzos del siglo XXI; pero que no deja de ser una muestra ejemplificativa del fenómeno delictivo en su conjunto en México y Latinoamérica. Para esta argumentación requerimos como conceptos de orden explicativo a la Sociedad y la Sociología, entendiendo a la sociedad como una Comunidad humana, cuya interacción se basa en la cultura, la identidad, el territorio, las normas y las funciones compartidas, bajo un régimen instituido comunitariamente, que implica comunicación y cooperación, así como sanción para las acciones contrarias a sus normas3; o la referida por Salvador Giner como una Comunidad globalizada, cuyas relaciones de producción que se basan en la mutua dependencia de los individuos y de las naciones, dentro del sistema económico-político, y cuyas relaciones sociales se desarrollan con base de los derechos humanos y de la lucha de clases4; y entendiendo a la Sociología como la Ciencia social que estudia los procesos que
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La Sociología Criminal es una rama de la Sociología general que estudia el fenómeno delictivo como un hecho social, la cual no tiene bases teóricas predeterminadas, sino que fueron construidas por el Área Sociológica del Consejo General Técnico Interdisciplinario de la Dirección General de Ejecución de Sanciones y Medidas de la Secretaría General de Gobierno del Estado de Puebla. Ritzer, George (1993): Teoría sociológica clásica, McGraw-Hill, España. Giner, Salvador (2003): Teoría sociológica moderna, Ariel, Barcelona.
Luis Alejandro Durán Cerón y Raquel Avendaño Fernández
conforman las estructuras económicas, políticas, históricas y culturales que configuran la realidad en la vida cotidiana de los individuos y de las sociedades, la cual cuenta con metodología especializada para analizar fenómenos particulares o generales5. En general, al momento de definir a la sociedad y a la sociología tradicional o contemporáneamente se está sujeto al debate, mismo que ha servido para interrelacionar los diferentes elementos de los que están compuestas y que se convierten en el método y el objeto de estudio sociológicos, propiciando la simplificación de su entendimiento. En este sentido, la Sociología puede estudiar desde fenómenos sociales a nivel macro estructural como la economía, la política y la cultura de las naciones, hasta fenómenos micro sociales como la etnia y sus formas elementales6. Los estudios sociológicos dependerán, entonces, del objeto de estudio y de la metodología seleccionada para cada caso. El presente trabajo tratará de explicar a través de los ojos de la Sociología Criminal, que la delincuencia en el Estado de Puebla se encuentra ubicada entre el análisis macro social de la economía y la cultura de la región, y el nivel micro social de las historias de vida y las experiencias de las subjetividades en su vida cotidiana. El objetivo es poner al alcance del lector los elementos teóricos y metodológicos básicos de la Sociología Criminal, con lo cual pueda contar con un panorama macro estructural y micro social del fenómeno delictivo en su conjunto (delito) utilizando la metodología genealógica. Partiendo de la genealogía7, y respecto al objeto de estudio, se toma distancia sustancial de la versión criminológica que nomina al delito como una conducta antisocial8, pues para la sociología criminal el
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Cada una de las definiciones es el resultado del análisis sobre sociología clásica, contemporánea y moderna, así como del estudio de las definiciones de los sociólogos más destacados, por lo cual, se puede considerar que tales definiciones son un resumen minuciosamente elaborado de los axiomas mayormente aceptados por la teoría sociológica. Ritzer, George (2003): Teoría sociológica moderna, McGraw-Hill, España. Metodología diseñada originalmente por Michel Foucault y desarrollada por la Teoría Crítica sociológica. Para la Criminología, todo delito es una conducta antisocial, pero no toda conducta antisocial es un delito. De cualquier forma, tratándose del delito en particular o de la conducta antisocial en general, se mantiene el hecho social como la forma permanente con que se explican sociológicamente los fenómenos humanos.
Cartografía de la delincuencia en el Estado de Puebla
delito, por el contrario, siendo un acto social no contiene, de manera lógica, elemento alguno que sea anti-social. El ser humano es un ser social. Toda conducta humana, incluida la delictiva, es social. En clara oposición, tendríamos a un nutrido número de criminólogos como Octavio Orellana, que considera al hecho antisocial, o sea del ente antisocial, tanto desde el punto de vista individual como colectivo o general, así como del control social de ese hecho9, al objeto de la criminología; o a Luis Rodríguez Manzanera, quien sostiene que la conducta antisocial es aquella que va en contra del bien común, atenta contra la estructura básica de la sociedad, destruye valores fundamentales y lesiona normas elementales de convivencia. Por lo que la Sociología Criminal tiene otra visión, empezando por preguntarse si un delito cualquiera, desde el robo simple hasta un homicidio calificado, atenta realmente contra la estructura básica de la sociedad y destruye sus valores fundamentales, y si esta definición es suficiente para afirmar que éstas son las características elementales de la conducta antisocial. Sostenemos desde esta perspectiva que no. El delito no atenta contra la estructura básica de la sociedad ni destruye sus valores fundamentales, de ser así la estructura social ya hubiera colapsado y sus valores estarían destruidos, pues resulta evidente que la delincuencia es un fenómeno global que ha trascendido históricamente. Emile Durkheim10 uno de los fundadores de la Sociología, estudió a profundidad el fenómeno de lo criminal, afirmando que la delincuencia es un hecho social normal, que un determinado grado de delincuencia es saludable en toda sociedad y que, sobre todo, sirve para mantener la cohesión social11. En todo caso, la Criminología debería explicar, primero, qué entiende por estructura social y
Orellana, Octavio (2012): Criminología moderna y contemporánea, Porrúa, México. 10 Durkheim, Emilio (1999): La división del trabajo social, Colofón, México. 11 En La División del Trabajo Social (1999), Durkheim hizo un minucioso análisis del crimen con base a la conciencia colectiva, la solidaridad social y la anomia como fases de un mismo proceso. Concluyó que la pena no sirve socialmente porque corrija las conductas delictivas o porque las prevenga a través de la intimidación, sino porque su función más específica es una esencia funcional interna que mantiene la cohesión social. Por su parte, la anomia, que de manera general se refiere a la disminución de la moralidad comunitaria, es una contraposición a la cohesión social.
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Luis Alejandro Durán Cerón y Raquel Avendaño Fernández
cuáles son los valores (o subjetividades) fundamentales de la sociedad, conceptos que la Sociología tiene ya ampliamente estudiados. Michel Foucault en su obra Microfísica del Poder12 enfatizó en la contingencia y en la búsqueda de los procesos que están constituyendo la vida social, es decir, la genealogía como proceso y lucha: como construcción de la historia, sin un punto de origen. En suma, se trata de rastrear la emergencia de un concepto que le dio forma a una conducta social. Por ejemplo, en Vigilar y Castigar, Foucault13 hizo un recuento histórico (genealogía) de la apropiación económica política del cuerpo humano a través del castigo para convertirlo dócil y maleable, o lo que el autor llamaría Biopoder14, además de que sirvió para ser un compendio histórico sobre la cárcel y una investigación que rastrea los orígenes del crimen y el castigo, para exponerlos como procesos del poder de vigilar y castigar a la sociedad. De esta forma, la delincuencia podrá entenderse como concepto y práctica, la cual, por supuesto, no está desligada de su historia, siendo necesario para su entendimiento la genealogía, que será el método que nos permita rastrear sus causas, sus consecuencias y la manera de prevenirla. Reconstruyendo genealógicamente cada uno de los pasos que recorrió y que sigue recorriendo el fenómeno delictivo como hecho social, se podrá estar en condiciones de sintetizarlo, analizarlo, descomponerlo y rehacerlo, para después estandarizarlo y hacerlo asequible a la sociedad, que tendrá con esto un conocimiento científico de la delincuencia. Con esto, podemos argumentar que el delito, el delincuente y la delincuencia se construyen como hechos sociales, por lo que el objeto de la Sociología Criminal será el estudio de la conducta social delictiva, sea individual o colectiva, utilizando a la genealogía para explicar este
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Foucault, Michel (1992), Microfísica del poder, La Piqueta, Argentina. Foucault, Michel (2009): Vigilar y castigar, Siglo XXI. México. No como la biología del poder, sino el poder en la biología humana, es decir, la encarnación del poder (estatal, de mando) en la estructura biológica del ser humano y de sus sociedades.
Cartografía de la delincuencia en el Estado de Puebla
fenómeno partiendo de las tres tesis fundamentales de la Sociología Criminal.
EL NO AISLAMIENTO (PRIMERA TESIS) El ser humano es un ser social. El delito es un hecho social. En primera instancia, el delito pudiera parecer un acto individual, la mala decisión de una persona o el resultado de un momento de desequilibrio, la soledad del individuo: aislamiento, su conducta en solitario. Pero, en caso de ser así, ésta sería sólo una parte del total de elementos que conforman al complejo fenómeno delictivo. Las partes restantes se encuentran en los factores ambientales que intervienen en la conformación del delito y del delincuente. Es decir, la sociedad impone, de forma histórica, no espontánea, sino secuencial, los criterios, valores y posiciones que los individuos ocupan en la estructura social. De este modo la acción social de un individuo delincuente, a primera instancia percibida como una decisión individual, en realidad se encuentra cooptada por la estructura social de la que emerge y en la que se construyó socialmente como individuo. La subjetividad, incluso, es también una construcción social: el producto de una larga secuencia de interacciones temporales. Los pensamientos, las sensaciones y los sentimientos, a pesar de estar contenidos en el interior del ser humano, son fenómenos que se construyen socialmente, que se vuelven cultura con el paso de los años, que llegan a ser instituciones normativas difíciles de desarraigar, pues se vuelven parte de la ideología de las personas y de su realidad en la vida cotidiana, esto es genealogía. Un hecho que se toma por dado, un fenómeno que se piensa natural, en realidad está construido por las contingencias de la vida social. El delito no es un hecho natural, se le construye socialmente, y de manera invariable tiene que ver con las complejidades de la cultura, la economía y la política de las naciones, así como con las subjetividades de los individuos, esto es, emergencia, contingencia, lucha, cambio, adaptación, reconfiguración, etc. Pensemos en el caso recurrente de un campesino analfabeta, alcohólico, pobre y agresivo, quien a los cincuenta años de edad tuvo una discusión en una cantina y mató a machetazos a su compañero
Luis Alejandro Durán Cerón y Raquel Avendaño Fernández
de parrandas. Ahí, el individuo ejerció una acción social destructiva, sin embargo, él no eligió ser campesino, analfabeta, pobre o incluso alcohólico y agresivo, todo lo que espontáneamente se piensa como la responsabilidad exclusiva del interior humano, en realidad son factores que le fueron impuestos desde la cultura, la historia, la economía y el Estado al que pertenece. En suma, su acción social delictiva estuvo condicionada por elementos ambientales desfavorables: carencia de educación, entorno violento, cultura machista, frustraciones socioeconómicas y ambiente hostil. Todo lo cual no fue construido por este campesino analfabeta, sino que le precedía en el mundo desde antes de su existencia como individuo. Es por ello que adquiere tanta relevancia el método genealógico, ya que resulta imprescindible reconstruir la historia de vida de los individuos para saber dónde y cómo se construyeron como sujetos sociales y qué condicionamientos culturales y económicos se esconden en su ideología sobre la realidad. Adquiriendo este conocimiento es que puede ejercerse una acción en contra de los elementos esenciales de la conducta social delictiva. La reacción agresiva, en el caso citado, fue el producto de un largo proceso de entrenamiento social: cultura bélica, machismo acentuado, como ejemplos. Entonces, cabría preguntarse por qué pasan este tipo de cosas entre los más desfavorecidos de la escala económica. Una respuesta común ha sido culpar a los individuos y a su falta de adaptación al sistema, es decir, una incapacidad personal para adecuarse a la normatividad comunitaria, lo cual, sólo en parte, puede tener algún grado de credibilidad. Pero la respuesta más cercana a la realidad se encuentra en la sobreexposición a factores de riesgo, incrementando exponencialmente con ello la posibilidad de encontrar reacciones violentas en el ser humano. Como se ha expuesto, ningún fenómeno humano o social es espontáneo ni aislado. Del mismo modo, la reacción del individuo en este ejemplo no fue espontánea ni aislada. La reacción agresiva es el resultado de un largo proceso de entrenamiento social, de interacciones repetidas una y otra vez en la historia de la humanidad hasta que se convirtió en institución normativa, que no se cuestiona, sino que, efectivamente, sólo se reacciona, porque es parte ya de la cotidianidad y de la cultura en la que se desarrolla, o
Cartografía de la delincuencia en el Estado de Puebla
una parte inherente del sistema de interacciones, en el que el individuo cree actuar libremente. Esto es así tanto para el fenómeno delictivo como para cualquier otro fenómeno, incluyendo actos individuales (del interior) que no se han pensado socialmente. Lo anterior lo argumentó ampliamente Emile Durkheim en su obra El Suicidio15, al cual tomó de base para sustentar la preponderancia de la vida social como si se tratase de fenómenos naturales, es decir, que los hechos sociales son tan significativos como los que suceden en la naturaleza. Pensaba que solamente el factor colectivo podría explicar las regularidades, estadísticas, variantes, repeticiones y significados del suicidio en una sociedad cualquiera, entonces, sólo podrían conocerse las motivaciones individuales del suicidio una vez que se investigaran sus causas sociales. Al igual que con el crimen, Durkheim pensaba que el suicidio era normal y saludable en la sociedad, debido a que, análogamente, promovía la cohesión social. Con base en la argumentación precedente, la acción individual no acontece de manera aislada, es decir, que el individuo, a pesar de ser capaz de tomar decisiones personales, éstas están delimitadas por su ser social, por la cultura en la que se desarrolló y por la estructura socioeconómica a la que pertenece. En el mismo sentido, la conducta social delictiva no surge solamente de la acción individual, sino también de los elementos ambientales adquiridos histórica y culturalmente. Con lo anterior es posible argumentar la no espontaneidad del hecho social ni del fenómeno delictivo.
LA NO ESPONTANEIDAD (SEGUNDA TESIS) Además de que los fenómenos humanos no son aislados, sino que se construyen socialmente, tampoco son espontáneos. La emergencia de un hecho social no sucede de manera fortuita, derivada del azar o del accidente. Un hecho social es la coincidencia de varios elementos históricos. Por coincidencia, entiéndase la convergencia —coincidir, concordar en el mismo tiempo y el mismo espacio— de los elementos que crean la experiencia social humana y todos los sucesos que con-
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Durkheim, Emilio (1989): El suicidio, Colofón, México.
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forman dicha experiencia. El delito es la coincidencia de elementos históricos concretos con el ambiente social en el que el delincuente se construye como sujeto16. El delito, el delincuente y la delincuencia, no son accidentes aislados ni espontáneos, sino coincidencias que se construyen histórica y socialmente. En el mismo ejemplo citado en el apartado anterior, el del campesino analfabeta y alcohólico, el delito fue la coincidencia de fenómenos sociales concretos, donde la cultura y las características de la estructura social de su entorno conformaron el hecho social delictivo. Si se analiza cada uno de los elementos por separado, campesino, analfabeta y alcohólico, no son entes aislados, sino hechos sociales e históricos, que serán mejor entendidos si se les piensa socialmente, es decir, como campesinado, analfabetismo y alcoholismo, esto es, como factores estructurales17 en la sociedad, formas sociales más complejas y que van más allá del individuo y de lo que éste pudiera hacer de manera aislada y espontánea. El individuo campesino pertenece a una estructura social campesina, por lo tanto, está condicionado desde su nacimiento por elementos ambientales que delimitan su entendimiento sobre la realidad social y también delimitan su economía y su historia. En este sentido, el sistema de interacciones en el que se desarrolle, va a imponer las reglas del juego y si el individuo no cuenta con herramientas para salir de ese sistema de interacciones e imaginarse otra vida, no habrá muchas posibilidades de que por sí mismo rompa con los condicionamientos socioeconómicos y culturales impuestos desde la estructura social. Entonces, tendería a repetir las pautas históricas que la comunidad ha desarrollado mediante un largo seguimiento de interacciones repetidas (entrenamiento social). Dicha tendencia, por supuesto, no es 16
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La Sociología fenomenológica (Schutz, 1972) explica la sociedad respecto a la (inter)subjetividad que construye la experiencia social en la vida cotidiana, es decir, la manera en la que el individuo comprende la realidad social y cómo la comparte con otros. En suma, el fenómeno de lo social es una experiencia subjetiva que se construye con significados humanos. Schutz, Alfred (1972): Fenomenología del mundo social, Paidós, Buenos Aires. La estructura es estructurante, esto es, que la estructura social va a estructurar en los individuos la lógica que contiene la estructura social. Esto lo explica Pierre Bourdieu (1988) con su concepto de habitus, al cual concibe, justamente, como una estructura estructurante, o estructura que estructura a los individuos.
Cartografía de la delincuencia en el Estado de Puebla
categórica pero, de cualquier modo, los individuos requerirían de un enorme esfuerzo cognitivo, subjetivo y colectivo para contrarrestar las formas estructurales que les son impuestas desde su nacimiento. Lo mismo puede argumentarse para el analfabetismo y el alcoholismo: la estructura condiciona los criterios de valor con los que los individuos adquieren su comprensión sobre la realidad social. El analfabeta adquiere códigos específicos sobre la realidad que le rodea, al igual que el alcohólico, para quien la realidad social es otra, muy diferente de la que perciben los demás. La combinación de campesino-analfabeta-alcohólico es por sí misma un factor preparante18 de la delincuencia. Otras combinaciones, como marginado-pobre-urbano, tienen el mismo potencial disfuncional y conflictivo, cuya consecuencia más evidente es el accionar delictivo. Lo que en primera instancia parece sólo la reacción espontánea de un individuo aislado —bajo control de impulsos, miedo grave, etc.— en realidad no lo es, sino que se constituye como un resultado del prolongado entrenamiento social o, en todo caso, una reacción social, un fenómeno construido por las complejidades del sistema social. En este sentido, el delito no se trata de un accidente espontáneo, ni siquiera tratándose de impulsos, miedos o agresiones, si que es un producto directo de las condiciones sociales en las que los individuos desarrollan su historia de vida, principalmente en ámbitos culturales y económicos que les son impuestos desde la estructura social. Emile Durkheim19 afirmaba la existencia de hechos sociales materiales y hechos sociales inmateriales. Los primeros son concretos, palpables y cuantificables, como pueden ser el Estado, la Iglesia, el dinero y las instituciones; los segundos, que son igual de trascendentes, pueden ser la moral, la espiritualidad, la ideología y la cultura, que
Luis Rodríguez Manzanera (2002) explica que existen tres factores criminógenos que aparecen siempre en la comisión de un crimen, y son: 1) el factor predisponerte, que se refiere a las causas internas al individuo que lo llevan a delinquir, como lo pueden ser la neurosis, la depresión, la angustia, etc., 2) el factor preparante, que se refiere a las causas externas al individuo que lo llevan a delinquir, como lo pueden ser la pobreza, la inseguridad pública, el desempleo, etc., y 3) el factor desencadenante, que se refiere a los hechos precipitados que llevan al individuo a delinquir de improviso, como el miedo grave y las adicciones. 19 Ibídem. 18
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Luis Alejandro Durán Cerón y Raquel Avendaño Fernández
son partes cruciales para la interacción social y que condicionan, sin existir materialmente, la conducta de los individuos. El ejemplo más destacado vuelve a ser el suicidio, el cual suele estar condicionado por elemento subjetivos como la ideología o la cultura de las comunidades y que, a pesar de no ser palpables, inciden en la decisión individual. Puede haber suicidios basados en la soledad, la depresión, los celos u otro tipo de maquinaciones que no necesariamente son visibles ni se pueden tocar. La moral de una persona la puede llevar al suicidio por la vergüenza pública o la desesperación social derivada del desempleo, por ejemplo. La trascendencia de los hechos sociales inmateriales es innegable. Es por ello que nuevamente se afirma que el delito no es un fenómeno espontáneo, ni siquiera tratándose de una reacción o un impulso. El entrenamiento social del sujeto condiciona las reacciones y los impulsos, por eso no existe nada fortuito en el evento delictivo, pues éste es el resultado de la historia social y de las estructuras en la sociedad. De este modo, además de que el hecho social delictivo no es aislado, tampoco es espontáneo. Estas dos primeras tesis le abren el paso a la tercera, que afirma que el fenómeno delictivo es una construcción social.
LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL FENÓMENO DELICTIVO (TERCERA TESIS) Por construcción se entiende un proceso en el que cada parte del sistema social interactúa para darle sentido y forma a la realidad en la vida cotidiana. En esta definición cada palabra cuenta. Por proceso debemos entender una dinámica social permanente, no acabada ni concluyente, sino un transcurso de creación constante; por sistema, la visión clásica de un organismo en el que cada elemento es mutuamente dependiente del otro; por interacción, la relación directa entre cada uno de esos elementos y la estructura que con esa interacción se conforma; por sentido, la comprensión subjetiva que cada individuo adapta a su vida social; por realidad, al sistema de las dinámicas sociales en un lugar y un momento específicos; y por vida cotidiana compréndase el interior de las sociedades, su interacción específica y modus vivendi, o bien, las formas de organización y producción en las