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COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


DE LA CAVERNA AL MERCADO

Una Vuelta por el Mundo de las Negociaciones Petroleras. Contratos y Concesiones de Exploración y Producción 1ª. Edición en Tirant lo Blanch

MIRIAM GRUNSTEIN

México D.F., 2015


Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/

© Miriam Grunstein

© EDITA: TIRANT HUMANIDADES DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH HUMANIDADES MÉXICO Río Tiber 66, PH Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 MÉXICO D.F. Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-16556-04-5 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


A mi padre, que me puso los pies en la tierra Para luego verme deambular bajo ella.


Prólogo de la segunda edición del libro De la Caverna al Mercado El 15 de julio de 2015, se escribió una nueva página en la historia de la industria petrolera de nuestro país. Por primera vez desde la nacionalización petrolera de 1938, el Estado mexicano llevó a cabo una licitación pública internacional para adjudicar y suscribir los primeros contratos petroleros emanados de la Reforma Energética Constitucional de 2013, marcando el inicio de una época. La segunda edición de “De la Caverna al Mercado”, libro en materia de contratos único en nuestro país, llega al público en medio de un proceso de profunda transformación en México. En él, Miriam Grunstein hace una contribución valiosa al estudio de las prácticas de contratación utilizadas en la industria petrolera a nivel internacional, considerando diversos contextos históricos, políticos, económicos y sociales, aportando herramientas de relevancia para los tomadores de decisiones inmersos en el proceso de diseño de nuevas políticas públicas y de la definición de los modelos de contratación. Este libro promete ser una guía para los ciudadanos interesados en entender los dilemas que enfrenta el gobierno en la búsqueda de alinear los intereses del Estado con los de las empresas que podrían sumarse a la actividad petrolera en nuestro país. La autora ha logrado sintetizar con precisión el desarrollo del sector hidrocarburos en México, ubicando en su contexto histórico y político eventos de gran relevancia, como son la expropiación petrolera de 1938 promovida por el Presidente Lázaro Cárdenas, la promulgación de la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional propuesta por el Presidente Manuel Ávila Camacho, y la modificación al régimen de contratación impulsada por el Presidente Adolfo Ruiz Cortines en 1958, al emitir una nueva Ley Reglamentaria del Artículo 27, lo que resultó en el esquema de contratos de obras y servicios vigente hasta tiempos recientes.


María de Lourdes Melgar Palacios

La publicación de la primera edición del libro coincidió con el proceso de diseño de los contratos derivados de la Reforma Energética de 2008. Sin embargo, en ese momento resultaba jurídicamente inviable aprovechar la diversidad de modelos contractuales descritos por Miriam Grunstein, toda vez que la primera reforma energética mexicana del siglo XXI no modificó la Carta Magna, dejando sin base constitucional al tipo de instrumentos jurídicos privilegiados en la industria petrolera. Esta segunda edición del libro encuentra un sector energético mexicano post Reforma Energética Constitucional de 2013, inmerso en la implementación de una reforma estructural profunda que requiere herramientas de contratación versátiles acordes a los estándares internacionales. Por ello, el libro ha pasado de ser un documento de historia comparativa a una referencia obligada que permite analizar los beneficios de cada modelo, sus limitantes y desventajas, así como los dilemas que enfrentan los tomadores de decisiones al diseñar estos instrumentos jurídicos. A lo largo de De la Caverna al Mercado, la autora destaca que los errores más significativos en el diseño de los contratos han surgido principalmente de una deficiente definición de los objetivos del Estado, un entorno institucional débil y el consecuente abuso de las grandes empresas petroleras. El libro describe como la balanza de poder entre los Estados y las empresas ha evolucionado a favor de las naciones y de sus ciudadanos, resultando en una distribución más equitativa de los beneficios económicos derivados de los contratos, así como en un manejo más efectivo de los riesgos inherentes a la industria, facilitando el acceso al capital y a la tecnología de punta. En México, nos dice la autora, lograr y mantener este balance dependerá del robustecimiento de las instituciones, del fortalecimiento y evolución de los regímenes jurídicos y contractuales, y del respeto al Estado de derecho. Grunstein discierne que ante la evolución de la relación Estado-empresa y su traducción en la sofisticación de los regímenes contractuales, las empresas petroleras no encontrarán las circunstancias y oportunidades desmedidas de antaño, pues los Es-


Prólogo de la segunda edición del libro

tados difícilmente cometerán los mismos errores que en las etapas tempranas del desarrollo de la industria. Conocer y comprender la relación entre los Estados y las empresas petroleras es particularmente relevante para evitar replicar situaciones que llevaron, en el siglo pasado, a la nacionalización petrolera en nuestro país y, más recientemente en otras latitudes, a las dolorosas renegociaciones de los contratos. Así, en países petroleros como México, que abren sus puertas a la inversión de empresas privadas, además de definir nuevos modelos de contratación, es necesario fortalecer las capacidades del Estado para hacer cumplir los contratos y el marco regulatorio existente, manteniendo una posición fuerte y dinámica que le permita hacer frente a los riesgos e incertidumbres propios de esta industria. En esta segunda edición de “De la Caverna al Mercado”, Grunstein apunta que para alcanzar el modelo propuesto el proceso de transformación de la industria energética de México plantea retos significativos, y hace una crítica a ciertas medidas tomadas por el gobierno en este proceso de cambio. Habiendo participado activamente en el diseño e implementación de esta trascendental reforma, difiero con algunas de sus opiniones en cuanto a la naturaleza misma de la Reforma, el contenido de los contratos y el papel que habrán de jugar en adelante las instituciones para procurar un mejor aprovechamiento de la riqueza del país. Reconociendo que cada individuo tiene su propia interpretación frente a un mismo momento histórico, más que rebatir los argumentos de la autora, a continuación detallaré la lógica detrás del modelo emanado de la Reforma Constitucional de 2013 y los dilemas que los tomadores de decisión enfrentamos en el proceso de diseño de los nuevos contratos petroleros de México. Para 2012, era evidente que la reforma petrolera de 2008 no había alcanzado los objetivos anhelados. Los contratos incentivados de exploración y producción no habían logrado cautivar el interés de las empresas que podrían compartir su tecnología con Petróleos Mexicanos. La producción de hidrocarburos seguía a la baja, al igual


María de Lourdes Melgar Palacios

que la restitución de reservas, y aumentaba la dependencia del país en las importaciones de gas natural y petrolíferos. Era evidente también la creciente necesidad de extraer recursos de yacimientos más complejos, de mayor riesgo, para los cuales no se contaba con las capacidades tecnológicas, financieras y de ejecución. Se requería una reforma energética mucho más profunda, que diera las herramientas necesarias para enfrentar los retos. La Reforma Constitucional de 2013 estableció un modelo en el cual la Nación mantiene plenamente la propiedad y la rectoría sobre los hidrocarburos en el subsuelo. La exploración y extracción se mantienen como actividades estratégicas del Estado, al cual se dota de herramientas para llevar a cabo su explotación. El Estado, a través de la Secretaría de Energía, tiene la facultad de otorgar asignaciones a las empresas productivas del Estado; mientras que, a través de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, podrá celebrar contratos, tanto con particulares como con las empresas productivas del Estado, los cuales serán asignados mediante procesos de licitación pública internacional. A nivel constitucional, se establece que estos contratos podrán ser de licencia, de producción compartida, de utilidad compartida, de servicios o cualquier combinación de los anteriores. Se prohíben las concesiones. De igual forma, se establece un nuevo arreglo institucional, basado en las mejores prácticas internacionales, estableciendo pesos y contrapesos, privilegiando en todo momento la transparencia y la rendición de cuentas. Así, de esta reforma surge una Comisión Nacional de Hidrocarburos fortalecida, establecida a nivel constitucional como órgano regulador coordinado del sector energético, con autonomía técnica, operativa y de gestión, con un órgano de gobierno integrado por siete comisionados nombrados en forma escalonada y ratificados por dos terceras partes del Senado de República. De igual forma se fortalecen las atribuciones de la Secretaría de Energía como institución encargada de la definición de la política energética, incluyendo el diseño de los contratos petroleros y de los procesos de licitación. El nuevo modelo incluye la creación de la Agencia Nacional de Seguri-


Prólogo de la segunda edición del libro

dad Industrial y Protección al Medio Ambiente del Sector Hidrocarburos, órgano desconcentrado de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, encargada de vigilar que las actividades petroleras se lleven a cabo bajo los más altos estándares de seguridad; y, el Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilidad y el Desarrollo, fideicomiso establecido en el Banco de México, responsable de administrar la renta petrolera y realizar los pagos correspondientes a los contratistas. A todos los niveles se reitera el principio de transparencia y rendición de cuentas para que en todo momento los ciudadanos puedan dar seguimiento a los procesos, a los contratos y al ejercicio de los recursos que de ellos se deriven. Sin duda, Miriam Grunstein tiene un punto cuando afirma que las instituciones emanadas de la reforma energética aún no tienen la fortaleza que debieran tener. México se encuentra en un proceso de creación de este nuevo andamiaje institucional. Las bases, no obstante, son sólidas. En el caso de la Comisión Nacional de Hidrocarburos se partió de una comisión con cinco años de existencia, a la que el legislativo fortaleció significativamente. Contar con reguladores fuertes es un objetivo prioritario del Estado y un requisito para el éxito del nuevo modelo de contratación. El nuevo andamiaje jurídico surge de un intenso proceso de negociación y de gestación de consensos entre visiones divergentes. La iniciativa propuesta por el Ejecutivo fue enriquecida con contribuciones de distintos grupos parlamentarios y expertos en la materia. La reforma constitucional fue aprobada por dos terceras partes del Congreso de la Unión y la mayoría calificada de los estados que integran el Pacto Federal, por lo que dista de ser una reforma impositiva. Al ser México uno de los últimos países en abrir las puertas a la inversión privada para la exploración y extracción de hidrocarburos, fue posible analizar y evaluar las experiencias internacionales con el propósito de retomar los mejores elementos y evitar replicar fallas. Brasil, Colombia y Noruega fueron constantes referentes. Al igual que estos dos países latinoamericanos, México llevó a cabo una Ronda Cero mediante la cual se asignaron a la empresa esta-


María de Lourdes Melgar Palacios

tal las áreas de exploración y campos de extracción que estará operando. Petróleos Mexicanos recibió ochenta y tres por ciento de las reservas probables del país (2P) y veintiún por ciento de los recursos prospectivos, es decir una base para producir 2.5 millones de barriles diarios durante las próximas dos décadas. La ley prevé que Pemex podrá migrar estas asignaciones a los nuevos contratos y conseguir socios, mediante un proceso de licitación realizado por la Comisión Nacional de Hidrocarburos. Este último punto se aleja de la práctica internacional en la que las empresas petroleras pueden disponer libremente de sus contratos, asociarse y desasociarse de forma flexible. En este caso, el Congreso de la Unión privilegió la transparencia. La implementación de estos “farm outs”, como se les conoce en la industria, presenta un desafío para el diseño de un proceso en el cual México está innovando. La definición puntual de los nuevos contratos petroleros es un proceso evolutivo que irá enriqueciéndose con la retroalimentación de la industria y con los resultados obtenidos en las rondas de licitación. Si bien existen modelos con características propias como bien describe Miriam Grunstein en su libro, el diseño del contrato no se deriva de una fórmula preestablecida. A cada paso se plantean dilemas que los tomadores de decisión deben discernir, sopesar y dirimir, teniendo en todo momento presente el objetivo fundamental de avanzar el interés nacional. Existen, sin embargo, objetivos de corto plazo que pueden contraponerse con otros de largo plazo, y contextos que pueden modificar el peso que se le dé a las distintas variables. Encontrar el balance perfecto es parte de un ejercicio que llevará su tiempo. La primera propuesta de contrato de la Ronda 1, publicado el 11 de diciembre de 2014, fue inicialmente tildada de tener una resonancia demasiado directa con los contratos de servicios emanados de la Reforma de 2008. Las similitudes en controles burocráticos, términos fiscales y jurídicos sin duda tenían como referente ejercicios previos. Hubo que modificar la forma de enfocar los dilemas, estudiar experiencias internacionales, recibir retroalimentación tanto de la


Prólogo de la segunda edición del libro

industria como de especialistas para llegar a un modelo de contrato de producción compartida acorde a la práctica de la industria. Regresar a la mesa de redacción fue la constante. Innovar en la forma de pensar, también. Para la tercera convocatoria, que incluye campos maduros en tierra, se optó por un modelo de licencias que brinda algunas ventajas para la administración de los contratos, facilitando la inversión en áreas más atractivas para empresas de menor tamaño. La selección de este modelo de contrato llevó a una serie de debates internos. ¿Qué modelo de contrato es el que mejor corresponde a cierto riesgo geológico? ¿Cuáles son los factores que llevan a privilegiar un modelo de contrato sobre otro? Las respuestas a estas y otras preguntas irán surgiendo en la medida que se avance en el conocimiento y desarrollo de los distintos contratos. En cuestión de meses, México ha ido definiendo el nuevo rostro de la contratación petrolera, buscando incentivar la actividad en el sector y crear un sistema diverso de empresas tanto nacionales como globales que participen en el desarrollo de la industria. Los resultados de la primera ronda de licitaciones de contratos petroleros habrán de evaluarse de manera amplia una vez concluidas las cinco convocatorias que la integran. Destacan en este primer ejercicio la transparencia sin precedentes bajo la cual se condujo el proceso, desde la publicación inicial de las bases de licitación y modelo de contrato, hasta el acto de adjudicación que pudo seguirse en tiempo real por internet. Así, México entró de lleno al mundo de las licitaciones petroleras, bajo un modelo que establece altos estándares de transparencia y competencia. En este contexto, resulta sumamente oportuna la publicación de la segunda edición del libro de Miriam Grunstein De la Caverna al Mercado. En él, la autora detalla de forma amena, clara y precisa los rasgos fundamentales del abanico de contratos con que cuenta un gobierno para impulsar el desarrollo de la industria petrolera. Asimismo, presenta las disyuntivas a las que se enfrenta el tomador de decisión en la elaboración del contrato, convirtiéndolo en un docu-


María de Lourdes Melgar Palacios

mento indispensable para aquellos que buscan entender la dirección del sector energético mexicano en esta nueva etapa. Sin pretender ser exhaustiva en estas breves líneas, detallaré algunos de los dilemas que plantea el diseño mismo del contrato. Existe, como bien reitera Miriam en el libro, una tensión constante entre los objetivos del Estado y los intereses de las empresas. En ese sentido, el tomador de decisión tiene instrumentos valiosos que puede utilizar para equilibrar el balance de poder. La calibración debe ser fina, para lograr la participación de las empresas y la suscripción de los contratos. El gobierno debe asegurarse que los contratos sean lo suficientemente atractivos para captar el interés de la industria, y lo suficientemente favorables al Estado para garantizar la viabilidad de largo plazo. El fracaso más grande de un contrato es que no resista el paso del tiempo, que se tenga que renegociar porque resultó desfavorable al interés nacional. En la búsqueda de este equilibrio, el naciente contrato mexicano incluye un mecanismo de ajuste que garantiza al Estado que en caso de que el proyecto sea sumamente rentable, ya sea porque el yacimiento resultó muy productivo o porque se incrementen en forma importante los precios del petróleo, el Estado pueda capturar una mayor utilidad. Esta propuesta de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público recibió críticas por parte de ciertos analistas y empresas, que ven en él un desincentivo a la inversión y un incremento del riesgo. Sin embargo, es uno de los elementos centrales que permiten vislumbrar la permanencia del contrato si las condiciones llegasen a cambiar. Al escribir estas líneas nos encontramos en un escenario de precios del petróleo bajos, cuando hace apenas un año superaban los cien dólares por barril. La volatilidad del mercado petrolero es una constante a lo largo del tiempo. De igual forma, el contrato contiene cláusulas de rescisión administrativa y contractual que dan herramientas al gobierno para actuar en caso de incumplimiento y violaciones graves a los términos del contrato. La rescisión administrativa, establecida en la Ley de Hidrocarburos, fue ampliamente criticada por varias empresas, algunas


Prólogo de la segunda edición del libro

de las cuales incluso llegaron a exigir la abrogación en ley. El contrato estableció procedimientos de análisis previo y un periodo de cura, incluso se contempló la mediación para la rescisión contractual. El gobierno ha mostrado disposición a dar certidumbre a las empresas y a eliminar la discrecionalidad. No obstante, dados los antecedentes que llevaron a la nacionalización de la industria petrolera en México, sería impensable que el Estado se desistiera de los recursos de última instancia que permitirían limitar abusos por parte de las empresas. Por supuesto puede existir un costo para el Estado que decide mantener cláusulas que resultan inaceptables para las empresas. Por ejemplo, el requerir garantías corporativas hizo que algunas empresas optaran por no participar en la primera convocatoria. El desafío para el tomador de decisión está en discernir los argumentos de peso de las propuestas que buscan limitar al máximo el riesgo o la responsabilidad de las empresas. Esa definición es un ejercicio constante de calibración, en el cual algunas empresas pueden responder favorablemente mientras que otras buscarán que el péndulo se mueva más a su favor. En la medida en que el modelo se acerque a la práctica internacional se facilita alcanzar consensos y lograr la participación deseada y quedarán fuera aquellos que buscan privilegios allende lo razonable. Con profundo conocimiento, gran maestría y una prosa deleitable, Miriam Grunstein transporta al lector al fascinante mundo del petróleo. De la Caverna al Mercado es una lectura recomendada para cualquier persona interesada en iniciarse en el universo de los contratos petroleros y, a partir de la reforma energética mexicana, una lectura obligada. María de Lourdes Melgar Palacios Actualmente es Subsecretaria de Hidrocarburos en la Secretaría de Energía. Investigadora del Sistema Nacional de Investigadores. Ciudad de México, 20 de julio de 2015.


Jugamos como Nunca, Perdimos Como siempre La frase la aprendí de los pamboleros en mi vida. Es lo que dicen cuando la selección mexicana, pese a sus mayores esfuerzos, no gana. Y creo que, pese a los mejores esfuerzos del gobierno, perdimos en la licitación 1 en la que se ofertaron 14 contratos de exploración y producción en aguas someras. Aun cuando concursaron 9 empresas, las cuales salieron con las manos vacías, ya sea porque no ofrecieron o el gobierno no les dio, creo que el mayor perdedor en este proceso competitivo fue México. Las empresas tendrán el resto del mundo para competir, con áreas tal vez aún más prometedoras. Pero este país apenas se abría a la competencia, con campanas al vuelo y a marchas forzadas. Para alcanzar las expectativas de la reforma, la primera licitación tendría que haber sido muy llamativa, competida, nutrida de empresas de distintos perfiles y tamaños. A la víspera, y a pesar del presentimiento de que no sería así, había razones para emocionarnos. Aun cuando los entendidos de estas cosas petroleras sabíamos que el contrato no era el mejor, la lista de empresas precalificadas era interesante. Y a veces las empresas se quejan mucho para poner presión a los gobiernos y su conducta puede ser impredecible. ¿Quién quitaba que a la mera hora se interesaran por las áreas? Anticipando este momento, los amigos hicimos apuestas y quinielas. Por supuesto, en vísperas de la licitación el Secretario de Energía ya había anunciado que la adjudicación de un 30% de los contratos adjudicados se consideraría un éxito. Así que nadie apostó por un porcentaje mayor. ¡Cataplum dieron las expectativas! Los que apuestas y quinielas hicimos, los fatalistas y optimistas, perdimos. Al cierre del anuncio se habían adjudicado 2 contratos de 14 y al mismo consorcio conformado por las empresas Sierra, Talos y Premier. De Sierra se sabe que es la primera empresa mexicana privada en entrar como operador independiente; las otras dos son relativamente desconocidas. Talos


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es un operador independiente en el Golfo de los Estados Unidos, mientras que Premier es una empresa también pequeña, con algunos proyectos internacionales, con una producción máxima diaria de tan solo 60 mil barriles diarios. En suma, corrieron los caballitos y los grandotes fueron vencidos por los chiquitos. Para el bloque 7, donde hubo moderada arrebatiña, este consorcio rebasó a Statoil, a ENI, a Hunt, como empresas individuales; y a E&P Hidrocarburos y Panamerican Oil como consorcio. Así, el tamaño no fue lo importante sino la capacidad de cumplir con los ingresos mínimos de Hacienda. Para el bloque 7, que fue el único competido, el consorcio arriba mencionado apenas rebasó a las demás por unos puntos porcentuales. Es decir, a pesar de que otras empresas ofrecían otras cosas —como su trayectoria, experiencia y capacidad tecnológica— el factor de adjudicación está fijado en puro metálico y lo determina la Secretaría de Hacienda. Para variar, en México las decisiones las toman los cazadores fiscales en detrimento de otros valores. Sin querer menospreciar al consorcio ganador, por los méritos que pueda tener, el factor de adjudicación es ciego a otras cosas que las empresas puedan brindar —como mejores tecnología y prácticas de seguridad, salud y medio ambiente—. Lo único que busca Hacienda es el ingreso fiscal y eso resulta en un factor de adjudicación poco visionario, poco holístico y pobre. Tras una licitación deslucida, y el abucheo de los medios nacionales e internacionales, para colmo Miguel Messmacher, subsecretario de ingresos, declaró que Hacienda no bajaría los mínimos requeridos para otorgar más contratos, y que continuarían siendo fijados conforme a las “características de los campos”. En otra palabras, el mentado subsecretario declaró que, si de defender nuestro petróleo se trata, Hacienda se declara ciega, sorda y mudo a las señales del mercado y que le importa un comino que, por ignorarlas, nadie venga a sacarlo. El egresado del ITAM y Harvard parece haber sido egresado, ni siquiera de las aulas de extrema izquierda de la facultad de Economía de la UNAM, sino de la escuela más rentística del PRI. ¿Qué propone Messmacher en un mundo que revienta de petróleo?


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¿Que lo saque de nuevo un PEMEX, declarado en ruinas por el mismo gobierno? ¿O él mismo con sus propias manos? Otros funcionarios, como Juan Carlos Zepeda y Lourdes Melgar, de la CNH y SENER respectivamente, dijeron en palabras más o palabras menos, que el proceso había sido exitoso en la medida en que fue ágil y transparente, lo cual puede estar fuera de duda. Sin embargo, si los contratos y las expectativas económicas están fuera de parámetros de mercado, seguiremos teniendo procesos ágiles y transparentes en los cuales participarán pocos y saldrán menos contratos. Creo que estos funcionarios confunden una condición necesaria con una condición suficiente para declarar el éxito de una licitación de áreas petroleras. La suma de buenas condiciones en una licitación no puede considerarse un éxito si no se llega al objetivo: la diversificación del “ecosistema” de empresas que ayude a México a producir más y mejor. Sin embargo, y a pesar del chasco vivido, queda una última reflexión sobre esta licitación en particular, sin negar que pueden caber muchas más. Tal vez no es tan malo que no hubo una arrebatiña de barriles cuando los precios están tan bajos y cuando México ha demostrado una inmadurez institucional inapelable para repartirlos inteligente y estratégicamente. Tal vez este “fracaso” sea una oportunidad para plantear una mejor estrategia. Como dijo Joseph Stiglitz, podemos tener al menos algo de paciencia porque el petróleo no desaparece. Las desilusión del 15 de julio debe ser una llamada de atención de que el nuevo modelo petrolero mexicano necesita madurar.


Preámbulo

Lo que los mexicanos pueden saber sobre contratación petrolera (y ya no tienen miedo de preguntar) En México, han existido más temores que estudios sobre contratación petrolera. De hecho, hasta que se publicó este libro, no había en México un solo texto —no se diga analítico sino siquiera descriptivo— sobre los contenidos y propósitos de los esquemas de contratación de la industria petrolera en el mundo. Luego, unos tres años después de su publicación, vino la reforma energética de 2013 la cual ya ha da dado vida a los primeros instrumentos de exploración y producción propiamente mexicanos. Así que el supuesto bajo el que se escribió la primera edición de la Caverna hoy ya es radicalmente distinta. No solo hemos perdido el pudor en México de entrar de lleno y en serio al mundo de las transacciones petroleras, sino que México, al contrario de otros países en el mundo, ahora permite a su órgano regulador, la Comisión Nacional de Hidrocarburos, licitar todas las que se celebran en el mundo. Por fin, el mundo de la contratación petrolera permea en México y ya se han convocado 3 rondas de licitaciones para proyectos en aguas someras y áreas terrestres. Desde la reforma, en muy poco tiempo, se han emitido tres modelos contractuales que bien podrían ser vistos a la luz de las lecciones que se narran en este libro. Si la primera edición, publicada por el Centro de Investigación para el Desarrollo A.C, nació para ayudar a la decisión de cambiar la rigidez ya inoperante de nuestro esquema contractual, el motor de esta segunda versión es la de poder alumbrar el camino durante este proceso tan interesante para México y para quienes se interesan en él. Era cierto que la Caverna había cumplido su fin cuando, al presentarse el primer modelo de contrato, el Secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, le dijo a su autora: “Ahora sí, ya vamos de la


Preámbulo

caverna al mercado”. Pues bien, con este libro en la mano, México inició su largo camino fuera de la Caverna, ojalá lo siga también en su trayecto al Mercado. Así, si en algo pudo ayudar este libro a resolver las inquietudes de los tomadores de decisión sobre contratación petrolera, la vocación de esta segunda edición es dar apoyo a generaciones futuras —ya sea de tomadores de decisión o a cualquier mortal imbuido en esta industria— en un camino que no estará libre de decisiones difíciles. Será un proceso de ensayo y error al que se quiere y se debe brindar información útil. Para ser lo más didáctico posible, este libro tiene dos “partes”, más conceptuales que físicas en sí, pues ambas partes se irán desarrollando, y entrelazando, a largo del estudio. La primera parte, sin duda la menos original, pero útil para los lectores menos especializados, será explicar los instrumentos jurídicos que existen en el planeta para sacar los hidrocarburos del subsuelo1. Cabe mencionar, de una vez, que no todos son “contratos”, en el sentido técnico‐jurídico de la palabra. Una parte del mundo petrolero, y no es una parte menor, funciona mediante el otorgamiento de “concesiones”, “leases”, o “licences” conforme a la denominación anglófona y otra con contratos de varios tipos. Este estudio hará una descripción somera, pero lo más completa posible, del esquema de concesiones, del esquema de contratos, además de que explicará para qué sirven uno y otro. De nuevo, esta parte no pretenderá brindar mayores nuevas luces sobre lo ya dicho en otras fuentes sobre concesiones y contratos petroleros. Aquí el propósito será mucho más modesto: poner al alcance de los lectores una reseña internacional de los esquemas principales que existen para sacar y hacer del petróleo riqueza aprovechable. A mayor abundamiento, esta primera parte conforma el contenido “descriptivo” del libro y hará cuenta de los instrumentos jurídicos que hay en las partes del mundo que puedan tener más interés para los lectores mexicanos. Ciertamente, habrá que recorrer los instrumentos jurídicos de aquellas partes del mundo con las que México 1

Por facilidad operativa llamaremos a los hidrocarburos, todos ellos, “petróleo”.


Preámbulo

tiene semejanzas, a saber, aquellos países que son a la vez países en desarrollo y exportadores de recursos petroleros. ¿Qué evolución han tenido sus modalidades de instrumentación jurídica para la explotación de sus recursos petroleros?; ¿son más o menos homogéneas?; ¿se puede hablar acaso de un patrón de contratación para este tipo de países? Por otra parte, también se considera útil y sugerente hacer examen de países que no comparten las circunstancias de México. De esta forma, habrá que analizar los patrones de contratación de los países más desarrollados. ¿Habrá algún patrón claramente reconocible sobre cómo llevan a cabo la exploración y explotación de sus recursos países como Noruega, Reino Unido, los Estados Unidos de América y otros países semejantes, al menos en su industria petrolera? Otra prevención es necesaria. Cuando se habla de contratación petrolera, únicamente se hará referencia a las actividades de exploración y producción, también comúnmente llamadas “Aguas Arriba” o “Upstream”, según su voz en inglés. La acotación se hace por razones de interés práctico y de interés personal. Lo que ocurre en la boca del pozo es, desde el punto de vista objetivo, lo más rentable; y en parte por la misma razón, subjetivamente hablando, lo más apasionante. No hay riesgo, ni renta semejantes a las que brotan de la boca del pozo perforado en la tierra. Poco de eso ocurre en el resto de la cadena de valor y, por lo tanto, de ella no se hará mayor referencia en este estudio. La otra parte, que complementará la parte descriptiva de este estudio, consiste en los contenidos propiamente “analíticos” del mismo. Esto es, a la par de los contenidos descriptivos acerca de las concesiones y contratos, se desarrollará un análisis paralelo del entorno económico y político (en la medida de la información disponible) en el que estos instrumentos jurídicos suelen ser más propicios. En otras palabras, esta parte tendrá como propósito plantear la pregunta —y ofrecer una o más respuestas— del por qué de las concesiones petroleras en determinados entorno y el por qué de su prohibición en otros (como el mexicano). Este mismo análisis se llevará a cabo en


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