humanidades
tirant
crónica / geografía
La práctica de la planificación urbano-territorial suele devenir frustraciones y desengaños ante el corsé tecnocrático-burocrático que la aprisiona, la cultura empresarial-inmobiliaria que inspira las directrices políticas que la orientan y el desapego social que la desacredita. Pero no hay que desfallecer. La reflexión aportada pretende contribuir a su revivificación embridando con ataduras éticas el discurso economicista dominante, alterando la tendencia a reincidir en errores pasados. Porque, si algo cabe concluir del relato efectuado en este texto, es que el urbanismo practicado en el litoral andaluz durante el último ciclo alcista inmobiliario, lejos de fomentar su resiliencia, ha aumentado su vulnerabilidad.
EL URBANISMO EN EL LITORAL ANDALUZ TRAS LA ÚLTIMA BURBUJA INMOBILIARIA
humanidades crónica / geografía
EL URBANISMO EN EL LITORAL ANDALUZ TRAS LA ÚLTIMA BURBUJA INMOBILIARIA
tirant
Pedro Górgolas Martín
Cambio de ciclo o reincidencia
Pedro Górgolas Martín
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EL URBANISMO EN EL LITORAL ANDALUZ TRAS LA ÚLTIMA BURBUJA INMOBILIARIA Cambio de ciclo o reincidencia
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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EL URBANISMO EN EL LITORAL ANDALUZ TRAS LA ÚLTIMA BURBUJA INMOBILIARIA Cambio de ciclo o reincidencia
Pedro Górgolas Martín
tirant humanidades Valencia, 2020
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Director de la colección JOAN ROMERO GONZÁLEZ Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
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© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17973-11-7 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A mi padre, referencia permanente. A mi madre, refugio insustituible. A Pablo Arias, mi maestro. A Victoriano Sainz, mi mentor. A Lola, mi esencia. A mis hijos, mi aliento vital. Y, finalmente, a Guillermo cuya indeleble amistad sigue viva pese a su irreparable pĂŠrdida.
ÍNDICE Preámbulo LA ÚLTIMA BURBUJA INMOBILIARIA EN ESPAÑA (1997-2007): CAUSAS SOCIO-ECONÓMICAS, SECUELAS TERRITORIALES Y PLANEAMIENTO URBANO............................................................................................................................. 13 Capítulo 1 EL PLANEAMIENTO DE LOS MUNICIPIOS LITORALES ANDALUCES. EL CASO DE LA COSTA DEL SOL OCCIDENTAL 1. PLANEAMIENTO URBANÍSTICO Y MODELOS DE CIUDAD EN EL LITORAL ANDALUZ: DILUCIÓN URBANA Y CRECIMIENTOS SOBREDIMENSIONADOS.......................................................................................................... 41 1.1. La ciudad existente en el litoral andaluz: expansividad, bajas densidades y monofuncionalidad. Los rasgos diferenciales de la Costa del Sol Occidental............................................................................................................................ 42 1.1.1. La ciudad del litoral andaluz: las categorías del suelo urbano y evaluación del nivel de expansividad territorial......................................... 44 1.1.2. El sistema de asentamientos de la unidad subregional de la Costa del Sol Occidental...................................................................................... 51 1.2. La ciudad expectante en el litoral andaluz: el crecimiento urbanístico propuesto. Diagnóstico pormenorizado del caso de estudio de la Costa del Sol Occidental............................................................................................................. 62 1.2.1. El crecimiento urbano propuesto en el litoral andaluz: datos básicos................................................................................................................ 64 1.2.2. Estudio pormenorizado de las expectativas de crecimiento urbanístico en la Costa del Sol Occidental.......................................................... 68 2. LOS ASENTAMIENTOS IRREGULARES AFLORADOS EN SUELO NO URBANIZABLE Y SU INCIDENCIA EN EL PLANEAMIENTO URBANÍSTICO DE LOS MUNICIPIOS LITORALES ANDALUCES.................................. 76 2.1. El reconocimiento de la suburbanización irregular en el planeamiento de los municipios litorales andaluces...................................................................... 77 2.2. La instrumentación urbanística de la suburbanización irregular: una grave hipoteca al desarrollo de las actuaciones destinadas a su integración territorial................................................................................................................ 81 3. EPÍLOGO: LA INADAPTACIÓN DE LOS MODELOS URBANOS DE LOS MUNICIPIOS LITORALES ANDALUCES A LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL DE ÁMBITO REGIONAL Y LA LEGISLACIÓN URBANÍSTICA..... 84
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Capítulo 2 LA PLANIFICACIÓN SUBREGIONAL EN EL DOMINIO TERRITORIAL DEL LITORAL DE ANDALUCÍA: CONDESCENDENCIA CON EL PLANEAMIENTO URBANÍSTICO Y DESNATURALIZACIÓN DEL MODELO DE CIUDAD COMPACTA 1. LA ORDENACIÓN DEL SISTEMA DE ASENTAMIENTOS Y LA PLANIFICACIÓN SUBREGIONAL DEL LITORAL ANDALUZ: EL SOMETIMIENTO A LOS DICTADOS DEL PLANEAMIENTO MUNICIPAL.......................... 96 2. PLANES SUBREGIONALES Y ÁREAS DE OPORTUNIDAD SUPRAMUNICIPAL: LA DESVIRTUACIÓN DE LOS LÍMITES AL CRECIMIENTO FIJADOS POR EL PLAN DE ORDENACIÓN DEL TERRITORIO DE ANDALUCÍA.................................................................................................................................. 103 2.1. Escenario tendencial 1: incorporación de las Áreas de Oportunidad Supramunicipal al planeamiento vigente en los municipios del litoral andaluz........................................................................................................................... 109 2.2. Escenario tendencial 2: incidencia de las Áreas de Oportunidad ante la adaptación plena al POTA del planeamiento de los municipios litorales andaluces............................................................................................................... 114 3. PLANES SUBREGIONALES Y SUBURBANIZACIÓN IRREGULAR: ENTRE EL RECONOCIMIENTO PASIVO Y LA INEFICIENCIA INSTRUMENTAL........................................................................................................................ 121 3.1. La planificación subregional ante la problemática de la suburbanización irregular no integrable en el modelo urbano-territorial: el caso de la Comarca de la Axarquía........................................................................................... 122 3.2. La planificación subregional y la integración territorial de los asentamientos urbanísticos reconocidos en el planeamiento de los municipios litorales: el caso de la Bahía de Cádiz.......................................................................... 127 Capítulo 3 HACIA UN «URBANISMO RESILIENTE» PARA REVERTIR LA INERCIA EXPANSIVA EN EL LITORAL ANDALUZ 1. UNA DISERTACIÓN DISCIPLINAR PREVIA: EL DESAFÍO DE COMPACTAR LA CIUDAD DISPERSA................................................................................... 138 2. CAMBIO DE CICLO EN EL URBANISMO ANDALUZ: RESILIENCIA FRENTE A REINCIDENCIA..................................................................................... 147 2.1. La «periferia nonata» y la «periferia expectante»: compacidad urbana, densificación eficaz y decrecimiento sereno..................................................... 148 2.1.1. La «periferia nonata»: el suelo en «situación básica de urbanizado» no edificado................................................................................................ 151 2.1.2. La «periferia expectante»: tipificación del suelo urbanizable y capacidad para impulsar su «reordenación pacífica»................................... 159
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2.2. La «periferia fraudulenta»: recomendaciones para promover la integración urbano-territorial de la suburbanización irregular. El caso del PGOU de Chiclana de la Frontera................................................................................... 169 2.2.1. Integración urbano-territorial de asentamientos irregulares y ordenación estructural..................................................................................... 173 2.2.2. La integración urbano-territorial de asentamientos irregulares y ordenación pormenorizada: recomendaciones para el proyecto urbano de las centralidades periféricas identificadas en el PGOU de Chiclana de la Frontera............................................................................. 183 Epílogo RECUPERACIÓN ECONÓMICA, SECTOR INMOBILIARIO Y PLANEAMIENTO URBANO EN LA ÉPOCA POSTCRISIS.................................................... 187 BIBLIOGRAFÍA................................................................................................................. 195 FUENTES DOCUMENTALES........................................................................................ 201 ACRÓNIMOS..................................................................................................................... 209 ÍNDICE DE FIGURAS...................................................................................................... 211
Preámbulo
LA ÚLTIMA BURBUJA INMOBILIARIA EN ESPAÑA (1997-2007): CAUSAS SOCIOECONÓMICAS, SECUELAS TERRITORIALES Y PLANEAMIENTO URBANO La última burbuja inmobiliaria no es un acontecimiento aislado en la historia reciente de España. En los últimos 50 años, su crecimiento económico se ha apoyado en la secuenciación de tres booms inmobiliarios —el tardofranquista (1963-1973), el neodemocrático (1985-1992) y el vinculado al cambio de milenio (1997-2007)— que indican una clara dependencia de este sector (RODRÍGUEZ, 2006). Es cierto que el protagonismo de la dimensión inmobiliaria de la economía no es exclusivo del caso español, sino que forma parte del código genético de la revolución financiera que ha liderado las dinámicas globales de las últimas décadas (DAHER, 2013; MÉNDEZ, 2018). Sin embargo, el efecto acumulado de estos tres periodos y, en especial, la escala adquirida por el último de ellos, han hecho de España un ejemplo paradigmático de modelo económico abducido por el capitalismo inmobiliario (CAMPOS, 2008:19, LÓPEZ y RODRÍGUEZ, 2010: 188-196). Los indicadores macroeconómicos del último ciclo alcista inmobiliario siguen, hoy día, provocando sorpresa y revelan su intensidad diferencial respecto del experimentado en el resto de naciones del primer mundo. Así, el crecimiento porcentual del PIB en esa década —a un ritmo anual medio del 4,3%— fue superior al experimentado tanto en Estados Unidos como en todos los estados miembros de la Unión Europea, destacando —como hecho sintomático— la importante contribución del sector de la construcción, que aportó un 25% a dicho incremento (GARCÍA-MONTALVO, 2009: 81). Al tiempo, se registraron tasas de creación de empleo —un total de siete millones, a un ritmo de incremento anual del 3%— que resultaron inalcanzables para los principales países desarrollados (LÓPEZ y RODRÍGUEZ, 2010: 206-207). Al final del ciclo, la riqueza inmobiliaria española había superado el 600% del PIB, frente al 260% de Estados Unidos o el 374% de Japón (CAMPOS, 2008: 49). En este periodo, la cadencia anual de construcción de viviendas —18 viviendas/mil habitantes— triplicó a la media —5,7 viviendas/mil habitantes— de los países europeos y, por ello, el parque residencial español presenta la proporción más elevada —550 viviendas/mil habitantes— del continente (IBID,
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2008: 48). Por su parte, el precio de la vivienda se incrementó por encima del 195% (RODRÍGUEZ, 2017: 3) —revalorización sin paragón entre las más importantes economías mundiales, salvo Reino Unido (CAMPOS, 2008: 29)— y el régimen de tenencia en propiedad alcanzó el 87%, frente al 70% de Estados Unidos (LÓPEZ y RODRÍGUEZ, 2011:10) y la UE-28 (EUROSTAT, Stadistic Explained). En 2007, «unos siete millones de familias españolas; el 35% de los que forman la clase media real, tenía dos o más viviendas en propiedad» (IBID: 10). Las cifras expuestas son denotativas, sin duda, de las peculiaridades ingénitas a la burbuja inmobiliaria que se desarrolló en España durante aquellos años. Este preámbulo se destina a identificar sintéticamente sus atributos definitorios, al objeto de contribuir a comprender las causas que la impulsaron y certificar las secuelas territoriales que coadyuvó a generar el planeamiento urbano de aquella época. La crisis del capitalismo de finales de la década de los setenta del siglo XX se saldó con un profundo cambio en tres frentes: el régimen de acumulación, el modelo de regulación y las soluciones espaciales adoptadas que afectaron a la lógica territorial predominante (MÉNDEZ, 2014: 217-232). A pesar de ciertas tendencias generales que responden a una lógica común —protagonismo del sector inmobiliario, precarización del empleo, desmaterialización de la economía o polarización social— el neoliberalismo económico surgido de dicha crisis ha presentado diferentes rostros en función de la forma en que se produjo su inoculación en cada nación, región o ciudad, lo cual depende de factores territorializados tales como el ordenamiento jurídico-normativo en vigor, las características específicas del mercado de trabajo, la política de inversiones públicas para fomentar el desarrollo económico o el diseño de la arquitectura del gobierno del territorio. Es lo que THEODORE, PECK y BRENNER denominan «el neoliberalismo realmente existente» que adquiere «arreglos espaciales diferenciados» en función de cada circunstancia local (THEODORE ET AL., 2009). En el caso español, pueden significarse cuatro aspectos expresivos de las especificidades de las políticas neoliberales instrumentadas en los años de la última burbuja inmobiliaria: (a) una legislación urbanística receptiva a los intereses del sector inmobiliario; (b) la financiarización de las economías domésticas; (c) la deriva infraestructural seguida por la política de inversiones públicas y (d) la creación de «máquinas de crecimiento inmobiliario». a. La andadura legislativa del nuevo gobierno conservador surgido de las elecciones generales de 1996, se inicia con la formulación del Real
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Decreto-Ley 5/96, de 7 de junio, sobre «Medidas liberalizadoras en materia de suelo y de colegios profesionales» empezando una senda desreguladora de la actividad urbanística (LÓPEZ DE LUCIO, 1997) que se concretó, al año de la publicación de la Sentencia 61/97 del Tribunal Constitucional1, en la promulgación de la Ley 6/1998 de 13 de abril, de régimen del suelo y valoraciones. El principal objetivo de la Ley era inequívoco: promover la liberalización del mercado de suelo (RULLÁN, 2014: 1214) tal y como recomendó el Informe del Tribunal de Defensa de la Competencia de 19932 y comenzó a cristalizarse en el citado Real Decreto-Ley. La principal consecuencia de la nueva orientación del marco legislativo —favorecedora de la desregulación y, por tanto, claramente alineada con las tesis neoliberales de producción de ciudad— fue la impregnación de estos principios en la formulación del planeamiento territorial y urbanístico de esa época facilitando la explosión territorial asociada al afloramiento de un tsunami inmobiliario-constructor de intensidad desconocida hasta entonces. b. En este periodo, el sector financiero abandona sus nichos tradicionales de actividad —la financiación a empresas y los mercados de valores— y comienza a penetrar con fuerza en el tejido social. Esta estrategia de política económica, denominada «keynesianismo del precio de activos» (LÓPEZ y RODRÍGUEZ, 2010: 83-129) fundamenta, en gran medida, las circunstancias especiales del boom inmobiliario acaecido en España en este periodo. En síntesis, se trata de incentivar la demanda interna
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Esta Sentencia del Tribunal Constitucional dejó sin efecto la legislación urbanística en vigor (TRLS/92) al declarar inconstitucionales las 4/5 partes de su articulado. El Informe que el Tribunal de Defensa de la Competencia elaboró bajo el título «Remedios políticos que pueden favorecer la libre competencia en los servicios y atajar el daño causado por los monopolios» se centró en el análisis de los siguientes sectores: transporte, energía eléctrica, monopolios locales, instalación y mantenimiento de servicios públicos, telecomunicaciones y mercado del suelo urbano. Los criterios expuestos en el Informe para el sector del mercado del suelo resultan una apología de la desregulación y una proclamación convencida, dogmática y beligerante a favor de la conveniencia de liberalizar este sector para permitir su competitividad, desmontando la —según opinión del tribunal— estrategia monopolística organizada en torno al control de la regulación del suelo por parte de las administraciones públicas. El Informe afirma que la falta de competencia en el mercado del suelo tiene un efecto arrastre para otros sectores de actividad económica y se posiciona en contra de lo que, entiende, un intervencionismo extremo en el uso del suelo por parte de los poderes públicos, apostando por la recuperación del protagonismo de los propietarios en estas cuestiones, como un argumento de eficiencia en la asignación de recursos, incremento de la oferta de suelo y eliminación de las rentas monopolísticas.
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facilitando el endeudamiento privado mediante una política más laxa en la concesión de créditos, con lo que se consigue drenar el ahorro familiar hacia la adquisición de productos financieros, constituyendo las hipotecas un caso paradigmático. Así, «el volumen de crédito para adquisición de viviendas se multiplicó por 5,25 entre 1992 y 2002. El aumento del crédito inmobiliario ha sido un factor fundamental en el crecimiento del endeudamiento de las familias españolas que, a finales del 2002, alcanzaba la cota del 80% de la renta bruta disponible» (GARCÍA-MONTALVO, 2008: 170). Según datos del Banco de España (2016), «el crecimiento de la deuda a través de la demanda de crédito hipotecario de las familias pasó, en el período 1995-2007, de 128.524 a 875.613 millones de euros; es decir un incremento del 581%.» (VIVESMIRÓ ET AL., 2018: 183). Este desmesurado aumento se produjo, sorprendentemente, en un escenario generalizado de pérdida progresiva del poder adquisitivo de los ciudadanos. En este dato reside la verdadera perversión del mecanismo de política económica ideado con la democratización financiera. El objetivo era restaurar el beneficio capitalista en un contexto caracterizado por la depresión salarial3 y el estancamiento de la tasa de beneficio de los sectores manufactureros (LÓPEZ y RODRÍGUEZ, 2010: 229-236). c. En el marco de la economía keynesiana, la inversión en infraestructuras había tenido una función anticíclica al constituirse en un potente motor de la demanda. En el marco de la política neoliberal esta estrategia de inversión pública cambia de funcionalidad, orientándose a estimular el precio de los activos inmobiliarios (IBID: 315-316). El impresionante volumen de dinero inyectado por Europa a nuestro país en los últimos 30 años —proveniente de los fondos estructurales movilizados con el objetivo de promover la convergencia entre los estados miembros de la UE— se destinó, preferentemente, a la construcción de grandes infraestructuras de transporte4 (ROMERO ET AL., 2018) transformando la situación de déficit estructural existente a mediados
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En 2006, la retribución del trabajo creció un 3,4% mientras que los beneficios de las sociedades que cotizan en Bolsa lo hicieron por encima del 26,6% (TORRES, 2010: 107). Entre 1985 y 2010, España ha recibido cerca de 88.000 millones de euros netos de los fondos estructurales, destinados a financiar cerca del 50% de las grandes obras públicas ejecutadas en ese periodo (líneas de alta velocidad, autopistas y aeropuertos). <http://www.rtve.es/noticias/20100612/espana-recibido-europa-25-anos-mas-dinero-todaeuropa-plan-marshall/335058.shtml> (consulta: 12-11-2017)
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de los años 80 del siglo XX, en la sobrecapacidad actual: España es el país europeo con mayor dotación de kilómetros por habitante en red ferroviaria de alta velocidad —69,5 cada millón de habitantes, el doble que en Francia y 4 veces más que en Alemania— y red de autopistas —340 cada millón habitantes, duplicando la dotación de Francia y Alemania—, liderando también las cifras en número de aeropuertos, con un total de 48, nueve más que Alemania (OBSERVATORIO DEL TRANSPORTE Y LA LOGÍSTICA EN ESPAÑA. MINISTERIO DE FOMENTO). Esta política de inversión pública denota una estrategia, nunca declarada, orientada a incrementar exponencialmente la accesibilidad del territorio como fundamento primigenio que convoca el deseo irrefrenable de su ocupación por actividades urbanas, provocando una suerte de «isotropía localizativa» que impregnó a todas las regiones de España de un inusitado fervor inmobiliario. Ninguna unidad territorial, comarca, provincia o área metropolitana española se libró de los efectos de este «tsunami urbanizador» (FERNÁNDEZ, 2006). d. Sin duda, el rasgo más característico de la aplicación de los fundamentos del neoliberalismo a las políticas territoriales aplicadas en España, ha sido la consideración de las ciudades como «máquinas de crecimiento» (LOGAN y MOLOTCH, 2015: 157-210). Esta teoría económica descansa sobre la aplicación de políticas públicas de corte empresarial —el denominado «empresarialismo urbano»— alimentadas por la activa disposición de los gobiernos locales a la mercantilización del territorio como estrategia prioritaria de crecimiento económico (LÓPEZ y RODRÍGUEZ, 2010: 341-347). La arquitectura institucional del Estado de las Autonomías, que transfiere a las regiones españolas las competencias en materia de vivienda, ordenación del territorio y urbanismo, ha contribuido decisivamente a impulsar estas políticas pro-growht, al otorgar la potestad decisional, sobre estas cuestiones, a este nivel de gobierno. Ante la generalizada identificación social de extensión urbana con bienestar y empleo, las políticas de incentivación de la actividad inmobiliaria cobraron en España un protagonismo incuestionable, circunstancia constatable en los réditos electorales de formaciones políticas de ámbito regional y local que han alentado este proceso (los casos de Marbella, en Andalucía, la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia o la Comunidad de Madrid, son expresivos de esta circunstancia).
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La extensión a todo el territorio nacional del modelo de desarrollo económico basado en la simbiosis entre un urbanismo expansivo y la financiarización de las economías domésticas, ha resultado plenamente congruente con la formación de las «máquinas de crecimiento». En buena medida, en aquellos años, «el principal axioma de la ideología neoliberal fue comprendido por muchos, en España, como una realidad tangible: que la libertad del mercado y la iniciativa privada constituyen la mejor garantía para el estímulo del crecimiento económico y que ésta es la única y verdadera política social efectiva» (IBID: 351). En conclusión, la burbuja desarrollada en España en los años interseculares ha devenido un laboratorio de experimentación para la puesta en práctica de las tesis neoliberales que, desde años atrás, estaban triunfando en el mundo anglosajón y se habían residenciado en la totalidad de los organismos internacionales, tanto de alcance global —FMI, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio— como en la propia la Unión Europea. A resultas de esta nueva ideología dominante, la tradicional dimensión inmobiliaria de la economía española encontró un aliado esencial —para poder desarrollar todo su potencial— en el sector financiero. La entrada de España en el euro, la drástica reducción de los tipos de interés, una regulación fiscal favorable a la adquisición de la vivienda, la generalización del acceso a un crédito barato, una legislación urbanística más permisiva y la deriva empresarial adoptada por las corporaciones locales en sus políticas urbanas, conformaron una suerte de tormenta perfecta, de la que resultó el periodo de efervescencia inmobiliaria más intenso y duradero de la historia de España. Uno de los grandes contrasentidos, incongruencias o sinrazones de este periodo histórico fue la ceguera moral que acusó la sociedad española. Nuestra ciudadanía adoleció del denominado «síndrome de inmunodeficiencia social», concepto acuñado por el filósofo español JOSÉ ANTONIO MARINA (2012) para significar las disfuncionalidades que afectan a una sociedad cuando —ausente de energía ética— se muestra incapaz de combatir y neutralizar agentes nocivos. A consecuencia de esta conducta apática, la capacidad crítica de los españoles se inhibió para consentir con epifenómenos característicos de las políticas públicas desarrolladas en aquellos años: fomento del urbanismo neoliberal y la especulación del suelo, incentivación del endeudamiento privado para ampliar artificialmente la demanda inmobiliaria o prácticas corruptas (ABAD, 2016) que, una vez aflorada la crisis, han quebrado la confianza en nuestro sistema institucional.
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Para entender esta aquiescencia hay que tener presente que, en toda sociedad, el comportamiento de sus individuos está condicionado por la red de significados compartidos expresiva del contexto cultural de cada periodo histórico que, a su vez, trae causa en su trayectoria dependiente (paht dependence). En este sentido, hay un amplio consenso disciplinar en aceptar la existencia de una vinculación siamesa entre la condición líquida de la sociedad contemporánea y el neoliberalismo como teoría político-económica hegemónica desde finales de los años 70 del siglo pasado (BAUMAN, 2004; VASQUEZ, 2008; THEODORE ET AL., 2009; MÉNDEZ, 2017). Una de sus principales consecuencias ha sido la trasmisión al cuerpo social de una suerte de insensibilidad moral denominada «adiaforización», estratagema o argucia empleada «para situar ciertos actos fuera del universo de las obligaciones morales evitando, con ello, la necesidad de someterlos a un juicio ético» (BAUMAN y DONSKIS, 2015: 57). El concepto de adiaforización explica, en gran medida, la aceptación de las políticas sumisas a los requerimientos del mercado, características del último ciclo alcista inmobiliario experimentado en España. Por ello, no debe extrañar que haya existido una predisposición generalizada a tolerar los presupuestos disolutivos de la compacidad urbana definitorios del urbanismo neoliberal, premiando la libertad individual proporcionada por el hábitat disperso y la capacidad —auspiciada por la fragmentación de lo urbano en el territorio— de conformar comunidades autistas eliminando cualquier atisbo de conflicto entre sus pobladores. Este favorecimiento social contó, además, con el apoyo de opiniones expertas que, pese a las evidencias de insostenibilidad congénitas a este modelo, significan sus mejoras sociales al entender que permite a la población «beneficiarse de cotas de movilidad, privacidad y oportunidades de las que carecían en los grandes centros urbanos densamente poblados (…) la dispersión urbana resulta inevitable y los esfuerzos por detenerla están condenados al fracaso» (BRUEGMAN, 2011: 219). En el contexto español, JOAN AMENÓS (2015) llegó a afirmar que «reducir esos años de urbanismo español a una época de loca expansión descontrolada constituye una visión irreal ya que la ciudad española se ha puesto de largo con el vestido de la suburbanización»5.
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Frente a estas posturas apologistas de la dilución urbana, existe una corriente disciplinar mayoritaria que considera que el gran damnificado de esta nueva expresión territorial inhibidora de la interacción social es el espacio público, lugar donde —en su acepción sociológica clásica— los desconocidos coinciden, condensando y compendiando los rasgos característicos de la vida urbana. La evisceración de la función integradora del espacio público constituye la constatación territorial de la acción diluente de la modernidad líquida: se procede a disolver
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El principal epifenómeno territorial de la situación generada por el dislate inmobiliario de aquellos años es la configuración de un modelo disperso, expansivo y bulímico (FERNÁNDEZ, 2006. MELLA, 2008), cuya lógica se asimila a la del «melanoma cancerígeno», sintetizada en estas cuatro características: (a) crecimiento rápido e incontrolado; (b) indiferenciación de las células malignas; (c) metástasis en diferentes lugares y (d) invasión y destrucción de los tejidos adyacentes (NAREDO y MONTIEL, 2011:19). Es decir, un modelo caracterizado por ciertos patrones recurrentes e iterativos: bajas densidades residenciales, una centralidad urbana ausente en los nuevos tejidos periféricos y una preocupante dilución territorial (MUÑIZ ET AL., 2006: 3-4) cimentada en una extendida implantación de «salpicaduras urbanas clonadas y monofuncionales», proceso de colonización fractal que necesita —para su subsistencia— de una profusa y capilar red arterial. Este fenotipo basado en un consumo masivo de suelo, abona una incuestionable insostenibilidad territorial cuyos síntomas más clarividentes son: pujanza del transporte motorizado, pérdida de calidad de vida, despilfarro energético, mayor presión sobre el medio natural y una homogeneidad social asociada al predominio de la vivienda unifamiliar que, al tiempo, deviene en vacuidad funcional (GOBIERNO VASCO, 2005). La ciudad forjada por estas dinámicas genera unos costes ambientales, económicos y sociales considerablemente mayores a los del modelo compacto (HENRY, 2007: 203-228)6. Según datos del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE, 2010), entre 1987 y 2006, las superficies artificiales crecieron un 51,87%, a una media de 18.500 hectáreas/año (vid. figura 1). En el periodo 2000-2006 las que más aumentaron fueron las redes viarias, ferroviarias y sus terrenos asociados (un 183%) además de las zonas urbanas (un 123%), comportando un incremento del 19% en el tejido urbano discontinuo —hasta alcanzar 330.997 hectáreas— el cual ha terminado por imponerse al tejido urbano compacto como patrón dominante de ocupación de suelo7.
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en la ciudad aquello que integra y vertera; aquello que compacta y cohesiona y el resultado es la inundación del territorio por lo urbano, el liderazgo de los no-lugares, de los flujos, la fragmentación del hábitat, la segmentación social, la purificación funcional de cada zona. La ciudad licuada, fluida, diluida, rota, desmembrada, salpicada, dispersa. El coste por vivienda repercutible al comprador es 2,2, veces mayor en la ciudad difusa que en la compacta; el coste público de mantenimiento de la urbanización es 3 veces mayor y el coste vivienda/año es 7 veces superior. A fecha de 2011 la ratio tejido discontinuo/tejido continuo era de 2,30 (OSE, 2016 a:11).