La presente obra, dirigida tanto a los juristas como a quienes no lo son, centra su análisis en este período inicial que refleja la película y, más concretamente, en los dos primeros casos con los que Ginsburg inició su lucha ante los tribunales: Moritz contra Commissioner y Reed contra Reed. Con todo, también abordaremos el antes y el después de la trayectoria vital de esta brillante jurista, para así ofrecer al lector las claves que le permitirán comprender más profundamente Una cuestión de género pero, sobre todo, la personalidad y el legado de la insustituible Ginsburg.
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7 COLECCIÓN CINE Y DERECHO
UNA CUESTIÓN DE GÉNERO. Ruth Bader Ginsburg o la lucha por la igualdad
El largometraje Una cuestión de género retrata la etapa de formación universitaria y los primeros años de ejercicio profesional de Ruth Bader Ginsburg, quien acabaría por convertirse en un verdadero icono de la lucha por la igualdad de género y, ya en los años noventa, en magistrada de la Corte Suprema estadounidense.
UNA CUESTIÓN DE GÉNERO
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Ruth Bader Ginsburg o la lucha por la igualdad
Ana Rodríguez Álvarez Licenciada en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela con Premio Extraordinario de Licenciatura y Doctora en Derecho con mención internacional y Premio Extraordinario de Doctorado por la misma Universidad. En la actualidad, es Profesora Ayudante Doctora de Derecho Procesal (acreditada a Contratada Doctora) en la Universidad de Santiago de Compostela.
Ana Rodríguez Álvarez
Es autora de más de sesenta publicaciones científicas entre artículos, capítulos de libro y libros, entre los que destaca La carga de la prueba en supuestos de discriminación: su regulación en el proceso civil (Tirant lo Blanch, 2020). Asimismo, ha intervenido como ponente y comunicante en más de ochenta congresos, jornadas y cursos nacionales e internacionales en España, Costa Rica, Chile, Perú, México, Italia y Portugal. Entre otras, ha realizado estancias de investigación en las Universidades de Pavía, Bolonia y Complutense de Madrid.
UNA CUESTIÓN DE GÉNERO Ruth Bader Ginsburg o la lucha por la igualdad
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Javier de Lucas Martín
Ana Cañizares Laso
Víctor Moreno Catena
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania) Miembro de la Comisión de Venecia
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Marta Lorente Sariñena
Ruth Zimmerling
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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Ana Rodríguez Álvarez
UNA CUESTIÓN DE GÉNERO Ruth Bader Ginsburg o la lucha por la igualdad
CINE Y DERECHO
tirant lo blanch Valencia, 2021
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Codirectores:
Javier de Lucas
Catedrático de Filosofía del Derecho
Fernando Flores
Profesor Titular de Derecho Constitucional
© Ana Rodríguez Álvarez
©
TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1378-399-4 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor lea, en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A Alexandre, que coñece as estrelas e as galaxias
«Women belong in all places where decisions are being made» Ruth Bader Ginsburg
«We never know how high we are Till we are called to rise; And then, if we are true to plan, Our statures touch the skies» Emily Dickinson 8
Índice
Índice 1 Ficha técnica
11
2 Sinopsis
13
3 Ante film: los primeros años de Ruth Bader Ginsburg
15
4 La etapa de formación: las lecciones de Harvard
23
5 Ruth Bader Ginsburg, ¿abogada?
31
6 Profesora Ginsburg: El curso «Discriminación sexual y la Ley»
41
6.1 Un camino hacia la igualdad y el eterno retorno a Columbia
41
6.2 ¿Un Derecho de gnomos y hadas?
44
6.3 Hoyt contra Florida. Y compañía…
51
7 Ruth Bader Ginsburg contra Atticus Finch: un debate sobre deontología jurídica
61
8 Sentando un precedente: Moritz contra Commissioner
65
9 El caso «invitado»: Reed contra Reed
79
10 Más allá de Una cuestión de género 89 10.1 Variaciones sobre Reed: el Women’s Rights Project 89 10.2 Ruth Bader Ginsburg: jueza y dissenter 92
10
11 Hasta que seamos nueve: Ruth Bader Ginsburg, el legado
99
12 Bibliografía y otros recursos
101
12.1 Sobre la vida y la obra de Ruth Bader Ginsburg
101
12.2 Sobre igualdad y no discriminación por razón de género
103
12.3 Sobre la presencia de la mujer en la Universidad y en las profesiones jurídicas
104
12.4 Otras lecturas
105
12.5 Otros recursos
105
Índice
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Ficha técnica
Título: Una cuestión de género (On the Basis of Sex). Año: 2018. Duración: 120 minutos. País: Estados Unidos. Dirección: Mimi Leder. Guion: Daniel Stiepleman. Fotografía: Michael Grady. Música: Mychael Danna. Producción: Robert W. Cort y Jonathan King. Montaje: Michelle Tesoro. Dirección artística: Camille Parent y Paola Ridolfi. Dirección de reparto: Victoria Thomas. Sonido: Jean Camden. Vestuario: Isis Mussenden.
Reparto: Felicity Jones (Ruth Bader Ginsburg) Armie Hammer (Martin Ginsburg) Justin Theroux (Mel Wulf) Sam Waterston (Erwin Griswold) Kathy Bates (Dorothy Kenyon) Cailee Spaeny (Jane Ginsburg) Jack Reynor (Jim Bozarth)
Stephen Root (profesor Brown) Chris Mulkey (Charles Moritz) Gary Werntz (juez Doyle) Francis X. McCarthy (juez Daugherty) Ben Carlson (juez Holloway) Ronald Guttman (Gerald Gunther) Sharon Washington (Pauli Murray) Joe Cobden (Allen Derr) Callum Shoniker (James Ginsburg) Lily Mitchell (Jane niña) Violet Mitchell (Jane niña) Wendy Crewson (Harriet Griswold) John Ralston (Tom Miller) Arthur Holden (Dr. Leadbetter) Angela Galuppo (Emily Hicks) Geordie Johnson (Profesor Freund) Jeff Lillico (Fitzpatrick) Warona Setshwaelo (Gladys) Holly Gauthier-Frankel (Millicent) Tom Irwin (Greene) Alexandra Petrachuk (Burton) Paul Spera (Bennett) Aiza Ntibarikur (Roemer) Marina Moreira (Valentin) Moira Wylie (madre de Moritz) Julia Borsellino (Hennie Callaghan)
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Ana Rodríguez Álvarez
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Sinopsis
Esta película retrata la etapa de formación universitaria y los primeros años de ejercicio profesional de Ruth Bader Ginsburg, quien llegaría a ser, no sólo un icono, sino también un referente moral dentro de la Justicia y la sociedad civil estadounidense. Desde sus años en la Facultad de Derecho de Harvard hasta su intervención en el caso Moritz, Una cuestión de género refleja el compromiso de esta insigne jurista por la igualdad entre mujeres y hombres. Y, con ello, nos muestra la evolución de una lucha cuyo fin, desafortunadamente, todavía a día de hoy está lejos de vislumbrarse. El largometraje es obra de Daniel Stiepleman, sobrino de la magistrada. Parece ser que, para hacerlo, Ginsburg le impuso dos condiciones: que las referencias legales fueran precisas y que dejara claro a los espectadores que no había derribado las barreras de la discriminación sola. Veamos si lo consiguió.
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Ante film: los primeros años de Ruth Bader Ginsburg
Joan Ruth Bader Ginsburg nació en el barrio de Brooklyn, Nueva York, el 15 de marzo de 1933, en el seno de una familia trabajadora. Su padre, Nathan, había desembarcado con trece años en la Gran Manzana, proveniente de Odessa (actual Ucrania). Era un buen hombre, peletero de profesión, aunque no muy ducho en los negocios. Celia, su madre, era una estadounidense de primera generación, cuyos orígenes también se remontaban a la Europa del Este. Muy probablemente, fue la persona que ejerció una mayor influencia en la vida de Ruth y, en opinión de su hija, la más inteligente que conocería nunca. Sin embargo, a pesar de su valía, Celia no pudo estudiar: todos los esfuerzos económicos de su familia emigrante —incluidos los suyos propios— se dirigieron a sufragar los estudios universitarios de su hermano mayor. Decidida a que la historia no se repitiera, Celia inculcó desde niña a su hija la importancia de estudiar. Ruth siempre contaba que su madre le había repetido innumerables veces a lo largo de los años dos máximas: que fuera una dama —que para ella significaba no dejarse arrastrar por emociones improductivas como la ira o la envidia, las cuales no conducían a ninguna parte—; y que fuera independiente —un con-
sejo este último no muy habitual en las madres de los años cuarenta, más preocupadas porque sus hijas encontraran un «buen partido»—. Ruth no fue la única hija del matrimonio Bader: antes había nacido Marilyn, quien falleció de meningitis a los seis años. Cuando le preguntaban sobre ella, Ruth decía que no guardaba ningún recuerdo, pues apenas acababa de cumplir un año cuando su hermana murió. Pero lo que sí conservó, sin embargo, fue el apodo que Marilyn le puso, el cual le acompañaría toda su vida: Kiki. La pérdida de Marilyn cubrió la casa de los Bader con un permanente halo de tristeza que no llegaría a disiparse jamás. Pese a ello, Ruth vivió una infancia feliz en Brooklyn. Entre sus actividades favoritas estaba la visita semanal a la biblioteca. Todos los viernes por la tarde, Ruth dejaba los libros que ya había leído y cogía otros nuevos: entre ellos, la serie de novelas de Nancy Drew, cuya protagonista estaba lejos del estereotipo femenino predominante por entonces; Mujercitas, de Louise May Alcott; o las obras de mitología clásica. Admiraba a Atenea, diosa de la Justicia, tanto como a Amelia Earhart, la pionera aviadora. Más allá de su pequeño mundo, el panorama no era muy alentador: durante los primeros años de Ruth, Estados Unidos estaba sumido en la Gran Depresión. Y, después, cuando la situación socioeconómica empezaba a mejorar, el país entraría en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque japonés a Pearl Harbor. Celia y Nathan trataron de mantener a su hija lo más al margen posible de los terribles acontecimientos que se vivieron por entonces, especialmente del exterminio perpetrado por los nazis. Y es que los Bader, a pesar de no ser especialmente religiosos, eran de ascendencia hebrea. La situación del pueblo judío en Norteamérica distaba años luz de la que se estaba viviendo en Europa. Con todo, eso no significaba que 16
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no sufrieran los sinsabores de la discriminación: Ruth siempre recordaba que, durante un viaje en coche por Pennsylvania, pasaron por delante de una posada en cuya fachada se leía el siguiente cartel: «No se permiten perros ni judíos». Cuando tenía trece años, el mundo de Kiki se tambaleó: Celia había enfermado del cáncer que le acabaría arrebatando la vida. Durante cuatro años, Ruth compaginó sus estudios —en los que, como sería la tónica habitual a lo largo de su vida, siempre destacó—, innumerables actividades extraescolares —música, representación estudiantil, etc.—, con el cuidado y las visitas al hospital para ver a su madre. De esos años también proviene su primer «artículo jurídico»: un editorial para el periódico de su colegio que escribió en 1946 en el que recorre los diez mandamientos, la Carta Magna de Juan sin Tierra, el Bill of Rights inglés de 1689, la Declaración de independencia de los Estados Unidos y, finalmente, la reciente a la sazón Carta de las Naciones Unidas. Considera estos cinco textos «grandes documentos», por los beneficios que trajeron consigo a la humanidad «como resultado de sus excelentes ideales y principios». En junio de 1950, Ruth no acudió a su ceremonia de graduación en el instituto, a pesar de que la habían elegido para dar uno de los discursos del alumnado: un par de días antes, el 25 de junio, Celia había muerto a la edad de cuarenta y siete años. A muchos les sorprendió la ausencia de Ruth, pues no tenían ni la más remota idea de lo que estaba pasando en casa de los Bader: la futura jueza Ginsburg no se lo había querido contar a nadie. Tras la muerte de Celia, Nathan y Ruth descubrieron que había ahorrado bastante dinero a lo largo de los años para pagar la carrera de su hija: alcanzó la considerable cifra por entonces de 8000 dólares, los cuales había distribuido en cinco cuentas bancarias diferentes. ProbaUna cuestión de género
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blemente, los recuerdos del Crack del 29 estaban muy vivos en la memoria de Celia y no quiso arriesgarse a ingresar todo el dinero en una misma entidad, temerosa de que una bancarrota la dejase sin ahorros. Sea como fuere, incluso tras haber fallecido, Celia continuaba siendo el faro que iluminaba la vida de su hija. Gracias a su esfuerzo, en otoño de 1950 Ruth comenzó sus estudios universitarios en Cornell. Fue en esta prestigiosa Universidad de la Ivy League donde, en una cita a ciegas —que en realidad sólo fue ciega por la parte de Ruth—, conoció a su futuro marido: Martin ‘Marty’ Ginsburg. Marty era su antítesis: bromista, sociable, expansivo —y, como demostraría años más tarde, un estupendo cocinero—… Pero, sobre todo, era un hombre inusual para su época. Ruth afirmaba que Marty fue el primer chico que se preocupó por su cerebro y que, a diferencia de muchos de sus compañeros varones, no se sentía intimidado por su brillante inteligencia, ni consideraba que su trabajo fuera menos importante que el de él. De sus años en Cornell, la futura magistrada del Tribunal Supremo recordaría con admiración las clases de Literatura que le impartió Vladimir Nabokov. En palabras de Ruth, el magisterio del novelista ruso cambió su modo de leer y escribir. Él le enseñó que las palabras podían pintar imágenes. Y que elegir la palabra correcta y el orden adecuado para presentarlas podía marcar la diferencia a la hora de transmitir una idea. Al padre de Lolita le debía en parte su estilo claro, diáfano y preciso en la escritura que tantos elogios le reportaría el futuro. No en vano, el escritor ruso le enseñó que las palabras importan. Y mucho. Tal y como nos explican Carmon y Knizhnik en Notorious RBG. The life and times of Ruth Bader Ginsburg, Ruth empleaba un lenguaje jurídico sencillo, alejado en lo posible de latinismos y tecnicismos innecesa18
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rios que dificultaran la comprensión. Basta con leer cualquier de sus textos para comprobarlo: su objetivo era que ninguna frase se tuviera que leer dos veces. Para ella, el Derecho era una profesión literaria y los mejores juristas lo debían concebir, además de como un oficio, como un arte. Para llegar a ese punto, Ruth tuvo antes que pulir su propio estilo. A tal fin, no sólo siguió los consejos de Nabokov, sino también los de otro de sus profesores de Cornell, Robert E. Cushman. Fue él quien le recomendó eliminar algunas de las florituras con las que escribía entonces. Más allá de esta recomendación, Robert E. Cushman fue determinante para que Ruth terminara estudiando Derecho. Cushman era su profesor de Constitucional y la persona que le enseñó a apreciar el papel que los abogados podían desempeñar en la defensa de los derechos y valores más elementales de una nación. Pensemos que, en aquel momento, el «terror rojo» asolaba Estados Unidos. Joseph McCarthy y su «Comité de actividades antiamericanas» campaban a sus anchas, persiguiendo a todos aquellos que defendieran cualquier idea que el senador de Wisconsin considerase inadecuada. Su vergonzante caza de brujas era una flagrante vulneración de derechos constitucionales básicos y de los propios valores que Estados Unidos propugnaba. Y los abogados de quienes eran llamados a comparecer ante el Comité (profesores, activistas, intelectuales, artistas, etc.) se convirtieron en un modelo y en un referente moral para la joven Ruth. Junto con ello, hubo otra circunstancia determinante para que Ruth se decantase por el Derecho: sus escasas aptitudes para cantar. En más de una ocasión confesó que su verdadero sueño habría sido convertirse en una diva del bel canto pero, como eso no era posible, se Una cuestión de género
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limitaba a cantar en dos lugares: en la ducha y en sus sueños. De todos modos, Ruth fue durante toda su vida una grandísima aficionada a la ópera y acudiría con mucha frecuencia a las representaciones. Su amor por este arte surgió cuando, con once años, una de sus tías la llevó a ver una versión adaptada de La Gioconda. Desde entonces, la ópera la acompañaría siempre. Tanto, que incluso existe una sobre ella: «Scalia/Ginsburg: a (gentle) parody of operatic proportions». El libreto, escrito por Derrick Wang en 2015, retrata su estrecha amistad con el también magistrado de la Corte Suprema Antonin ‘Nino’ Scalia, un hombre al que adoraba a pesar de las profundas diferencias ideológicas que existían entre ambos. Volviendo a sus años de estudiante universitaria, Ruth se graduó en Cornell en junio de 1954. Ese mismo verano se casaría con Marty en la casa familiar de los Ginsburg, en Long Island. El día de la boda, Evelyn, su suegra, le dio un consejo: el secreto de un matrimonio feliz, explicó a la joven, era hacerse la sorda de vez en cuando. A continuación, le regaló unos tapones para los oídos. En más de una ocasión a lo largo de los años, Ruth aplicaría este consejo, tanto en su vida personal como en la profesional. Una vez graduada, Ruth todavía habría de esperar para ingresar en Facultad de Derecho de Harvard. Marty, que ya había terminado su primer año allí mientras Ruth finalizaba sus estudios en Cornell, había sido destinado por el ejército a la escuela de artillería de Fort Sill, Oklahoma, donde el matrimonio recaló durante sus dos años de servicio. En aquel período, Ruth trabajó en las oficinas de la Seguridad Social. Y ya en este lugar empezó a demostrar su sentido de la Justicia. En contra del criterio de su jefe, aprobaba las solicitudes de prestaciones sociales de los nativos americanos aunque carecieran de certificados de
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