COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES
Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
LA VIDA EN LÍNEA:
El impacto de las redes sociales en todo lo que hacemos
MIGUEL CARBONELL
México D.F., 2016
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© Miguel Carbonell
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A mi madre, MarĂa Dolores, que me ha enseĂąado que para seguir aprendiendo no hay edad
Uno
El poder de Internet A veces estamos tan ocupados en nuestros problemas cotidianos y en nuestros pequeños debates políticos, que no somos capaces de darnos cuenta de lo mucho que cambia el mundo. Discutimos durante horas sobre la reforma del Estado, sobre la selección de los candidatos para tal o cual puesto de elección popular, sobre el desempeño del Presidente o de sus secretarios, sobre la calidad educativa, sobre el resultado de la selección nacional de futbol o sobre la corrupción de nuestros funcionarios, pero no siempre advertimos que tales debates en alguna medida se van volviendo irrelevantes frente a las nuevas formas de comprender y analizar el mundo. La forma en que hemos sido educados, en la que se transmiten desde hace años los conocimientos, en la que nos informamos y viajamos está dando un vuelco de enormes dimensiones. La masificación de internet ha cambiado por completo sectores enteros de nuestras vidas, a una velocidad y con una intensidad que hace muy poco tiempo hubiera sido impensable. Algunos datos sirven para ilustrar la magnitud con la que el tsunami tecnológico está sacudiendo nuestras vidas. En el mundo hay 2,500 millones de personas que utilizan internet. Desde el 2014 por primera vez en la historia de la humanidad hay en nuestro planeta más teléfonos celulares que personas. El 50% del consumo de datos de internet transmitidos a través de banda ancha se hace desde un teléfono celular u otro dispositivo móvil: internet va con nosotros allá donde estemos. En 2020 se calcula que habrán en el mundo 6.000 millones de usuarios de teléfonos celulares, 5.000 millones de usuarios de Internet y más de 50.000 millones de dispositivos conectados a la Red, con una media de 10 dispositivos por persona (de clase media). Una de las principales funciones de internet son los correos electrónicos, que han convertido en una reliquia a los servicios de correo físico y casi en una antigualla a los carteros, tan omnipresentes hasta
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hace pocos años. En el mundo existen 2 mil 200 millones de cuentas de correo electrónico, 25% de las cuales son de carácter corporativo (vinculadas al trabajo o a alguna organización de la que el titular forma parte). En otras palabras, prácticamente uno de cada dos seres humanos en el planeta tiene una cuenta de correo electrónico, aunque algunos tienen muchas más. Cada día se mandan 144,000 millones de e-mails. Hasta finales de 2014 existían más de mil millones de páginas web, de las cuales más de 51 millones fueron creadas en el transcurso de ese año. Esto significa que cada día se crean aproximadamente 140 mil nuevas páginas, o sea 5 mil 800 por hora y 97 por minuto. Antes la posibilidad de difundir el propio pensamiento estaba restringida a los círculos de intelectuales, académicos, periodistas u otras personas influyentes. Hoy cualquier persona puede construir su propia plataforma comunicativa —incluso de forma gratuita— a través de los llamados blogs, de los cuales hay 352 millones en el mundo. ay 87,8 millones blogs en Tumblr, los cuales cuentan con un total de 17.800 millones de páginas vistas. El número de sitios realizados con WordPress en todo el mundo es de 59,4 millones. Más de 3.500 millones de páginas web que funcionan con WordPress son vistas cada mes. De hecho, algunos de los medios de comunicación más influyentes hoy en día son en realidad blogs seguidos por millones de lectores. Los blogs han creado una nueva forma de hacer periodismo, sumando las posibilidades del internet a la buena investigación informativa. Las redes sociales son otro fenómeno que también está cambiando en profundidad la vida de millones de personas y que además impactan en el mundo de las finanzas, la política, los medios de comunicación, etcétera. Basta recordar que el multimillonario más joven del mundo es el creador de la red social Facebook, Mark Zuckerberg, nombrado como “persona del año 2010” por la revista Time. Se estima que Facebook tiene un valor de 100 mil millones de dólares (lo que equivale a más de la mitad de todas las reservas de dólares que tiene México). Hoy en día Facebook cuenta con más de 1,350 millo-
La vida en línea
nes de usuarios. La otra gran red social, Twitter, acaba de pasar de los 600 millones de usuarios activos. En Estados Unidos, uno de cada ocho matrimonios tuvo su origen en Facebook. Y en uno de cada cinco casos de divorcio se ofrecen pruebas recabadas en esa red social. De ese tamaño es el impacto del internet en la forma en que la gente se conoce. México se está sumando con fuerza en esa gran corriente mundial. Casi 40% de la población utiliza internet y las conexiones de banda ancha se han multiplicado (pese a las deficiencias del servicio y a su elevado costo) en los años recientes; en Brasil más del 50% de la población utiliza con frecuencia internet. En México hasta mediados de 2014 existían 51 millones de usuarios de internet, el 43% de los cuales se conectan a diario a la red. También los políticos están descubriendo las potencialidades de tener una página propia y de contar con presencia en las redes sociales, tal como lo hizo Obama en su exitosa campaña presidencial de 2008. Como puede verse, el reto de asumir el salto tecnológico es impresionante. Pero no debemos quedarnos atrás. Quien no sea capaz de sumarse, estará dejando ir una de las más grandes oportunidades que nos ofrece el mundo moderno.
Dos
Internet es un mundo real, no imaginario Muchas personas, millones de ellas, escriben y publican cosas en internet pensando que se trata de una especie de acto de ciencia ficción, que en ningún caso puede tener efectos en el mundo real. Abundan los adolescentes que, sin mayor reflexión, suben a las redes sociales comentarios subidos de tono, fotos de sus fiestas (muchas veces en estado francamente inconveniente) o informaciones relativas a su más estricta intimidad. Y lo mismo puede decirse de muchos adultos, a los que el simple paso del tiempo no les ha generado ningún tipo de madurez emocional o sentido de la vergüenza. Tal parece que hay personas que usan las redes sociales como una especie de consulta psicológica, en la que se pueden depositar ansiedades, frustraciones y deseos sin que haya ningún tipo de consecuencia. Lo cierto es que cada vez resulta más evidente que el mundo digital y el mundo real no pueden separarse. Lo que hagamos en nuestros perfiles de redes sociales va a terminar repercutiendo (para bien o para mal) en el mundo real. No hay separación posible entre esos dos ámbitos de la vida. Desde las páginas de The New York Times el prestigioso profesor de derecho constitucional, Jeffrey Rosen, advertía ya desde el 2010 de las funestas consecuencias que pueden tener algunos comentarios subidos a Facebook. Una chica estadounidense de 16 años posteó en Facebook que estaba “totalmente aburrida” en su trabajo y la empresa simplemente la despidió; resulta que, de una u otra manera, el comentario llegó hasta el conocimiento de su jefe, quien juzgó que era una pésima publicidad para su empresa y que no podían permitirse ese tipo de “desahogos” por parte de los empleados. Una profesora de preparatoria, Stacy Snider, subió a MySpace una foto suya disfrazada de pirata y sosteniendo en una mano una taza de plástico, mientras esbozaba una sonrisa equívoca. Tituló a su
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foto así: “Drunken pirate” (Pirata borracho). Esa foto fue el motivo por el que no le permitieron seguir dando clase en la Conestoga Valley High School, tal como lo reportaba The Washington Post el 3 de diciembre de 2008. Snider recurrió ante los tribunales, los que le negaron la razón con el argumento de que esa foto no estaba amparada por la libertad de expresión que protege la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Si quieres darle clase a muchachos de preparatoria (venían a decir los jueces) debes transmitir una conducta ejemplar; si te tomas fotos en las que parece que estás borracho y lo divulgas en las redes sociales, la escuela que te contrata tiene derecho a despedirte. Tan duro, pero tan claro. Lo peor de todo es que de la foto no se infiere con claridad si Snider en efecto estaba borracha, o se trataba simplemente de una broma realizada en el marco de una convivencia con sus amigos. La “descontextualización” informativa es otro efecto perverso de lo que puede suceder con todo aquello que subimos a las redes sociales. El efecto dañino de la información digital se extiende incluso a las páginas web que ofrecen “motores de búsqueda”. La más conocida es, obviamente, Google. Los tribunales franceses sancionaron en el año 2009 a Google porque su función de “autocompletar” asociaba permanentemente la palabra “estafa” con la empresa Direct Energie. Algo parecido sucedía con la esposa de un alto cargo del Estado alemán, quien había sido incorrectamente identificada como una exprostituta; una publicación la había señalado, ofreciendo supuestos detalles de su etapa como trabajadora sexual (se publicó el alias con el que trabajaba, el nombre y la dirección del prostíbulo, e incluso las tarifas que cobraba por sus servicios profesionales). Los tribunales declararon que la información era falsa y sancionaron a la publicación con una fuerte multa, además de que la obligaron a disculparse públicamente con la persona afectada. Desde un punto de vista jurídico todo quedó arreglado, pero todavía hoy en día, al poner en Google el nombre de la señora en cuestión el servicio de “autocompletar búsqueda” ofrece como primera opción la de “prostituta”, causando de esa forma un grave daño a su honra, derecho a la vida privada y derecho a la buena reputación.
La vida en línea
Lo cierto es que estamos solamente asomándonos al problema. La primera generación que ha ido compartiendo con intensidad su vida en las redes sociales apenas está alcanzando la mayoría de edad. No sabemos con certeza de qué manera les va a afectar en el futuro a esos jóvenes toda la información de ellos y de sus amigos que compartieron en las redes sociales. Por lo pronto, lo más aconsejable es pensar dos veces si nos conviene subir ciertas informaciones al mundo digital. Porque una de las características de internet es que su memoria es infinita: Google nos va a seguir recordando lo que hicimos aunque ya hayan pasado décadas. Hay que cuidar de nuestro futuro, poniendo atención a lo que en el presente compartimos con los demás en internet.
Tres
Las redes sociales ayudan a la democracia Primera idea Si la democracia supone la existencia y la concurrencia de los ciudadanos, debemos preguntarnos dónde están hoy esos ciudadanos. Los datos disponibles nos permiten advertir que cada vez un mayor número de personas pasa una parte considerable de su tiempo frente a una computadora. De ellos, un porcentaje muy relevante tiene acceso a Internet. Alrededor del mundo, más de 2 mil millones de personas utilizan Internet. Casi 1,300 millones tienen un perfil en Facebook y más de 200 millones utilizan con frecuencia Twitter. Para 2015 se estima que habrá en el planeta 3 mil 500 millones de personas que usarán Internet. En 2017 serán 5 mil millones de seres humanos los que estén en la banda ancha. El discurso público hace décadas que ya no está solamente en las plazas y en las calles. Desde hace tiempo se trasladó hasta los medios de comunicación tradicionales. Ahora las nuevas generaciones están abandonando a toda prisa el uso intensivo que sus mayores hicieron de esos medios. Hoy la gente se informa y se relaciona a través de Facebook, Twitter y Youtube. Si queremos construir un debate democrático e inclusivo tenemos que acercarnos a esas redes, para comprender cómo funcionan y de qué manera podemos hacer que la democracia sea un tema de interés para sus usuarios.
Segunda idea Las redes potencian la comunicación al permitir la construcción de una suerte de “ágoras virtuales” que tienen ciertas características que las hacen diferentes a los medios tradicionales de comunicación. Las redes son: a) abiertas (en el sentido de que cualquiera puede entrar y de que siempre son accesibles: están disponibles las 24 horas del días, los 365 días del año); b) gratuitas (basta con que se cuente
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con una conexión a Internet para acceder a las redes); c) horizontales (es decir, todas las personas parten de una situación de igualdad; en general y salvo el caso de algunas celebridades, nadie puede abrir su cuenta de Twitter y tener en ese mismo momento miles de seguidores, sino que los mismos se irán sumando en la medida en que se haga un mejor uso de esa red).
Tercera idea Las redes sociales son una extraordinaria herramienta para construir un tejido ciudadano más sólido al hacer fluir más información y mayor pluralidad de puntos de vista. En comparación con los medios tradicionales, las redes permiten incorporar un abanico de puntos de vista mucho más amplio y enriquecedor. Frente al enorme alud de opiniones e informaciones que circulan por las redes, el gran reto es el de construir “credibilidad” respecto de cada uno de los usuarios, así como derrotar al “odio anónimo” que tanto vuelo ha tomado gracias a Internet. Se trata del odio que proyectan individuos que hacen del insulto su modus vivendi y que suelen esconderse tras el anonimato. Tales sujetos potencian las actitudes vejatorias, por encima de la aportación de las ideas. Lo mejor es ignorarlos. Esa es su derrota.
Cuarta idea Las redes pueden y deben dar lugar a sociedades más politizadas. Nadie duda de que en el mundo de las redes hay muchísimo espacio para el entretenimiento más banal (como el que durante décadas ha caracterizado a la televisión y al radio), pero tampoco cabe dudar de que a través de las redes la exposición de ideas, debates y teorías de todo tipo puede lograr un nivel de exposición inédito. Contando con una herramienta tan poderosa, el reto es aprovecharla para difundir los valores democráticos, para hacer más deliberativa la búsqueda de soluciones de nuestros grandes problemas, para exigir una mejor rendición de cuentas, para organizarnos como ciudadanos. dispuestos a tomar las riendas del país en aquello que nos corresponda. Nunca antes en la historia habíamos tenido tanto poder de
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incidencia en el debate público. No debemos desaprovecharlo. Las redes son un gran factor de nivelación del poder: lo han trasladado desde las grandes burocracias gubernamentales hasta las mesas y los ordenadores de todos nosotros. A partir de las cuatro ideas anteriores, creo que podemos extraer otros tantos puntos, que sirvan para ir pensando en una especie de ruta crítica para las redes en relación con el sistema democrático: 1) Construir contenidos para las redes. No hay que flaquear frente al pensamiento débil que todo lo banaliza. Las redes también deben servir para la difusión de pensamientos rigurosos, de teorías novedosas, de propuestas sustantivas de cambio social. En la medida en que su espacio sea ocupado con contenidos pertinentes para la defensa y consolidación de la democracia, podrán cumplir mejor con su tarea de construcción de ciudadanía. 2) Hay que adaptar más actividades deliberativas y académicas al nuevo lenguaje que requiere el entorno de las redes. Hasta hace muy poco la tarea de transmisión del pensamiento se hacía a través de libros y artículos. Hoy esa tarea sigue siendo muy valiosa, pero debe complementarse con comentarios a través de Twitter, con observaciones y fotos subidas a Facebook, Flickr, Instagram, etcétera y con videos en Youtube. Cada una de esas redes sociales tienen su propia lógica, a las que hay que saber adaptar el nuevo conocimiento de frontera. 3) Debemos abocarnos a la generación de productos multimedia horizontales, en los que en un único espacio se puedan combinar textos, imágenes, sonido y video. Los e-books ya permiten trabajar de esa manera. El reto es modificar las pautas de trabajo de muchos intelectuales, que durante décadas se han centrado en la producción de textos. Es probable que los filósofos, juristas, economistas y politólogos deban trabajar de forma cercana a partir de ahora con diseñadores gráficos e ingenieros en computación, para darle forma a su producción intelectual. No es en modo alguno imposible; al contrario, es una oportunidad para el mejoramiento de lo que hacemos desde el terreno académico. Se trata de un cambio impostergable. 4) Hay que advertir la naturaleza plural de las redes sociales. No es lo mismo Youtube que Twitter. No es lo mismo Pinterest que Flickr. No es lo mismo Google que Linkedin. Hay que a-prender a darle
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un uso correcto o bien puede elegirse una y centrarse en ella para desarrollar la tarea de construcción democrática. Si ese fuera el caso, quizá habría que elegir Twitter, por su capacidad de difusión por un lado, pero sobre todo porque se centra mucho en textos escritos y menos en imágenes. Pero lo ideal sería poder participar de alguna manera en varias redes a la vez, o incluso en todas.
Cuatro
Las redes sociales mejoran la participación social No hay ningún sistema democrático que se sostenga si no existe un cierto grado de participación política del pueblo. En la mayor parte de los países democráticos del mundo, la ciudadanía se alcanza con la mayoría de edad, y a partir de entonces cada persona adquiere plenamente sus derechos políticos, pero adquiere también todas las responsabilidades que conlleva el ejercicio de la ciudadanía. Por eso es que no puede sino celebrarse que los jóvenes mexicanos hayan decidido asumir una postura crítica respecto de la oferta partidista por medio de la que se articula el proceso electoral que está en curso, y que lo hayan hecho de forma pacífica: saliendo a las calles para manifestarse, tal como sucede en todos los países democráticos. Hay en ello un viento nuevo, una ráfaga de oxígeno, una llama de esperanza que no cabe desdeñar. Por años y años, muchos de nosotros hemos abogado por una juventud que sea capaz de abandonar el sofá y dejar por un rato el chat, para participar activamente en la construcción de un país mejor. Pues bien, desde hace unas semanas miles de jóvenes mexicanos decidieron responder de la mejor manera posible a ese llamado. Ojalá que no sea un hecho aislado, sino el principio de un movimiento que sirva para profundizar el debate democrático nacional y la discusión sobre los temas que a todos nos interesan. Para lograr ese objetivo, creo que vale la pena formular al menos las tres siguientes observaciones: 1. Un sistema democrático no se construye solamente protestando contra algo. Entiendo que un grupo de personas sale a las calles a manifestarse como expresión de un descontento, de una frustración o de una rabia contenidas. La pregunta importante que debemos hacer es: ¿qué sigue para nuestros jóvenes luego de las marchas? ¿cómo pueden ellos decirle al resto de los mexicanos no solamente lo que
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no quieren, sino también lo que sí desean para el país que ya es suyo? Se trata de dar el salto, siempre difícil, de la protesta a la propuesta. 2. Es importante que los jóvenes universitarios puedan de alguna manera establecer vínculos con las personas de su edad que no han tenido la oportunidad de estudiar una carrera o que no viven en los grandes centros urbanos. Sería una pena que el movimiento juvenil se agotara en una convocatoria para jóvenes de clase media que viven en zonas urbanas. La juventud mexicana desborda ese marco y México merece que el mayor número de sus jóvenes participen plenamente del debate democrático. 3. Las redes sociales están jugando un papel cada vez más relevante para articular todo tipo de iniciativas ciudadanas. Los jóvenes son protagonistas y usuarios privilegiados de las redes sociales. En México hay más de 40 millones de perfiles de Facebook y un número muy significativo de usuarios de Twitter. Ojalá que puedan utilizar dichas redes no solo para el entretenimiento (lo cual es válido), sino también para difundir las convocatorias a las marchas, los grandes temas de discusión nacional, las plataformas y propuestas de los candidatos, los documentos que resulten de interés para la opinión pública, etcétera. Sería deseable que las redes sociales sirvieran como una palanca de cambio democrático, tal como ha pasado en otros países. Como puede verse, es mucho lo que nos falta por hacer para tener un país plenamente democrático, en el que los derechos de todas las personas sean respetados. Pero no puede haber mayor signo de júbilo que el ver a una juventud que está dispuesta a tomar las riendas de la nación en sus manos, que está dispuesta a abandonar la comodidad de su día a día para abanderar causas de interés general, que está lista para participar en la construcción de un México mejor. Eso nos anima a todos y los enaltece a ellos. Qué bueno que así sea y ojalá que dure mucho.
Cinco
Internet ha cambiado la forma de hacer política David Plouffe fue el director general (campaign manager) de la campaña electoral de Barack Obama, tanto en el proceso de las primarias dentro del Partido Demócrata como en la elección presidencial en la que Obama tuvo que enfrentarse a John McCain, del Partido Republicano. Plouffe, una vez terminada su responsabilidad electoral tras el triunfo de Obama, escribió un libro sobre su experiencia, el cual debería ser leído por todas las personas que estén interesadas en comprender uno de los fenómenos políticos más importantes de los últimos años. En la obra “The audacity to win. The inside story and lessons of Barack Obama’s historic win” (Viking, Nueva York, 2009), Plouffe va narrando la forma de construir un discurso político-electoral que suscitó la admiración y el apoyo de millones de personas, dentro y fuera de los Estados Unidos. Para llegar a gobernar Estados Unidos, Barack Obama tuvo todo en contra desde el inicio. Era un político con escasa experiencia, poco conocido, afrodescendiente, con recursos económicos muy limitados y cuyo mayor activo era su tenaz voluntad de cambiar el rumbo de la política de los Estados Unidos. De esa forma, con la ayuda de Plouffe, David Axelrod y Robert Gibbs (coordinador general y encargado de medios en el equipo de campaña, respectivamente), Obama pudo lograr un triunfo que sin exageración puede considerarse histórico, por muchas razones. En las elecciones de noviembre de 2008 obtuvo siete millones más de votos que cualquier otro candidato presidencial en toda la historia de los Estados Unidos. Fue ganador por un porcentaje de votos que ningún candidato demócrata había obtenido desde Franklin D. Roosevelt en 1936 y Lyndon B. Johnson en 1964. Los ciudadanos que votaron en esa ocasión por primera vez le dieron masivamente su apoyo a Obama: entre los nuevos votantes obtuvo
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el 71% de los votos, frente al 27% de McCain. ¿Cómo fue posible ese milagro político y comunicativo? Las claves más importantes están en el libro de Plouffe. La victoria de Obama se fue construyendo gracias a la comprensión de que la política ha cambiado en profundidad en los últimos años. Es cierto que, como señala Plouffe, Obama es un candidato de esos que solamente surgen una vez en cada generación: un brillante orador, una persona con sólida formación académica, con ideales a prueba de balas, con una envidiable condición física que le permitía celebrar mítines durante todo el día y viajar sin pausa por todo el territorio estadounidense, e investido con un contagioso optimismo en el futuro. Todo es cierto, pero también es verdad que el desarrollo de la campaña fue pensado y realizado con un detalle exquisito, gracias al fabuloso equipo que encabezaba Plouffe. El libro describe el momento en que se toma la decisión de lanzar la candidatura. Obama había sido durante 12 años profesor de derecho constitucional en la Universidad de Chicago1, tenía experiencia como legislador local en el Senado de Illinois y ocupaba el cargo de Senador federal desde hacía apenas dos años. No eran muchas sus credenciales, frente a otros posibles candidatos del Partido Demócrata. Pero finalmente se tomó la decisión y la candidatura para contender en las primarias demócratas fue anunciada el 10 de febrero de 2007. Un segundo momento, que en realidad ocupa la mayor parte de la narración de Plouffe, fue el desarrollo de la batalla entre Obama y Hillary Clinton, por la nominación. Esa etapa fue la que, a la postre, definió el triunfo final, ya que el Partido Republicano llegó a la elección general de noviembre de 2008 sumamente deteriorado por los años de gobierno de George W. Bush y las crisis económica que azotaba con gran intensidad en esos momentos a millones de familias estadounidenses.
1
Para ver algunos testimonios de esa época en la Universidad de Chicago, así como los exámenes que les aplicaba a sus alumnos, se puede consultar: http://www.nytimes.com/2008/07/30/us/politics/30law.html?_r=2&em& oref=slogin
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Derrotar a Hillary Clinton no fue nada fácil. Era una aspirante que tenía muchísimas ventajas. Era muy conocida en la opinión pública norteamericana, contaba con excelentes contactos en las élites políticas y financieras, y controlaba en buena medida la estructura del Partido Demócrata. Además, se había estado preparando desde hacía años para la campaña, de modo que tenía muchos grupos de apoyo en todo el territorio de los Estados Unidos. Pero se impuso finalmente el discurso por el cambio y la frescura con que Obama vino a ofrecer cosas nuevas para su país. Hillary, cuyo enorme talento político nadie ha negado nunca, tenía la desventaja de suscitar mucho rechazo entre ciertos sectores sociales y de cargar con el estigma de formar parte de un clan político que —a juicio de algunos electores— ya había vivido su momento de gloria en el poder. La perspectiva de haber vivido tres periodos presidenciales bajo el mando de la familia Bush (uno de George Bush padre y dos de su hijo) y de vivir otros tres bajo los Clinton (dos de gobierno de Bill Clinton y uno al menos bajo el gobierno de Hillary) no entusiasmaban a los electores. La tercera y última parte del libro trata de los meses en que Obama derrota finalmente, luego de una larguísima campaña interna, a Hillary Clinton y compite contra un errático John McCain. ¿Qué claves podemos encontrar en el libro de Plouffe que deberían llamar la atención de todas las personas interesadas en comprender una campaña tan exitosa como la de Obama? Van algunas que me parecen relevantes: La organización de la campaña se basó en buena medida en el apoyo de una estructura local que, sobre todo en los estados clave, fue construyendo una red de voluntarios y activistas para dar a conocer el mensaje de Obama, difundirlo, hacer que la gente participara primero en la elección interna y luego en la general, etcétera. Se invirtieron muchos millones de dólares en los medios de comunicación, pero nunca se descuidó al trabajo de base, cerca de la gente. El propio candidato no paró de subir y bajar de aviones para recorrer pueblos y ciudades, así como para pronunciar discursos y estrechar manos. Fue una campaña basada en la cercanía, tanto del propio Obama como de los miles de voluntarios que se fueron sumando a lo largo de los meses. El mensaje central de la campaña fue el cambio y el decirle a la gente que sí hay un futuro mejor esperando para aquellos que deci-