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DIARIO DE UNA

VOLUNTARIA (Viaje a Anantapur) 2ª Edición Lupe Bohorques

tirant

humanidades plural


«Diario de una voluntaria» (viaje a Anantapur)


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


«Diario de una voluntaria» (viaje a Anantapur) 2ª Edición

Lupe Bohorques

tirant humanidades Valencia, 2022


Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

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Lupe Bohorques

TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-19226-24-2 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


«Siempre hay en el mundo algunos hombres inspiradores. Es un tesoro inestimable poder acercarse a ellos». (Platón) «¿Hay algo mejor que una vida dedicada a aliviar los sufrimientos de otros? Los pobres tienen siempre el viento de cara. Es lo único que tienen». (Natalie Merchant)


Dedicatoria: «A los voluntarios de todas las organizaciones de ayuda humanitaria y a la buena gente». Agradecimientos: Mi más sincero agradecimiento en esta segunda edición a mi querido editor Salvador Vives, a todo el equipo de la editorial y librería Tirant Lo Blanch, a Pablo Aguilar (muy especialmente), Beatriz López, Asociación Arcadia, Emilio Martínez, Pilar Mena, Lucia Aparicio, Cristina Pelacho, Maria José Ruano, Sergio Moratón, a la Fundación Rural DevelopmentTrust, Vicente Ferrer, Anne Perry, a los lectores y a todas las personas que, de un modo u otro, han hecho posible esta historia solidaria.


Índice Prólogo..............................................................................................................

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1. ¿A la India?...............................................................................................

19

2. Valencia-Bombay.....................................................................................

23

3. De Bombay a Anantapur........................................................................

33

4. Ar, di, ti......................................................................................................

45

5. Namasté.....................................................................................................

53

6. Primer día.................................................................................................

63

7. Los voluntarios.........................................................................................

71

8. Un diálogo con Vicente Ferrer..............................................................

83

9. Anne Perry................................................................................................

89

10. Las clases...................................................................................................

99

11. Sai Babá.....................................................................................................

113

12. La cantina, el amor y los viajeros..........................................................

125

13. La maleta y Bangalore............................................................................

137

14. Mujeres, hombres, niños........................................................................

145

15. Los domingos...........................................................................................

155

16. Visitas y anécdotas de Vicente..............................................................

165

17. Últimos días y el equipo de Alberto Oliveras....................................

173


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Índice

18. Gokarna y Goa.........................................................................................

179

19. De vuelta a casa........................................................................................

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Prólogo Mi vida estaba en un punto de inflexión. En la parada de un andén a la espera de un cambio. Me dolía el egoísmo humano, mi egoísmo. La indiferencia me dolía como un puño. Y el olvido. Deseaba ensanchar mi humanidad, hacer algo más allá de mi existencia. Darle un giro a la vida, ilusionarla. Olvidar. Recordar. Aprender. Continuar. Vagué entre la niebla de los días, reflexioné en la playa, anduve por la vida. Los que ocurrió después fue una sucesión de hechos fortuitos, como si la casualidad fuese tejiendo un tapiz con hilos invisibles. Era los primeros días de Junio. Un grupo de amigos nos reunimos en el mar para decirle adiós al sol y hola a la primera luna de verano. Aquella tarde alguien habló de Jesús Pobre. Al parecer, se había organizado un mercadillo para recoger fondos y enviarlos a una Fundación, que trabajaba en la India, llamada Vicente Ferrer. Se decía que el mismo Vicente Ferrer había visitado una tarde Jesús Pobre de forma imprevista sólo porque le fascinó saber que un pueblo hubiese sido bautizado con aquel nombre. Yo no sabía nada de Vicente Ferrer. Nada, excepto una imagen en una entrevista de Pedro Ruiz y unas palabras que había guardado en mi corazón y en mi memoria: «Ayudar es un privilegio». Pocos días después llamé a la sede de la Fundación en Barcelona. Una chica muy amable contestó de inmediato. Le avancé que deseaba colaborar de alguna forma con la Fundación y ella me explicó las distintas formas en las que se contribuir. Básicamente, la ayuda podía


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realizarse a través del apadrinamiento mediante la cooperación en un proyecto recién nacido llamado «de Mujer a mujer». «¿Hay algo que se necesite con urgencia?», pregunté sin pensar. «Sí, además de dinero, necesitamos urgentemente un profesor de español que hable inglés y esté dispuesto a viajar a Anantapur durante tres meses». Yo era profesora de español en un colegio inglés, pero a pesar de mi predisposición a colaborar con ellos, no tenía intención de marcharme a la India, al menos, hasta ese momento. Sin embargo, y pensándolo mejor, esta era una forma de ensanchar el mundo. Su demanda coincidía exactamente con mi perfil. ¿Acaso era una casualidad? ¿Podía marcharme? ¿Por qué no? Para ello, debía rellenar una solicitud, esperar un detallado proceso de selección y disponer de tres meses de permiso en mi trabajo para viajar a la India. Desde luego, no era la única persona que iba a solicitar aquel puesto e ignoraba por completo las posibilidades de ser seleccionada, pero solo tenía que intentarlo. En realidad, no tenía nada que perder, ni había tenido tiempo para crear ninguna expectativa. Me limité a solicitar los impresos por email y esperé a recibirlos. Quince días después, llegó una carta por correo postal. Incluía un cuestionario sobre las razones que me impulsaban a querer viajar y sobre la experiencia que tenía en trabajos humanitarios. Lo rellené, lo envié y en menos de dos semanas obtuve la respuesta, a través de un e-mail: «Estimada Guadalupe: En primer lugar, he de decirte que hemos recibido tu currículum por e-mail y por fax… ¡Enhorabuena! Has sido aceptada para colaborar con nosotros en la enseñanza del español a nuestros empleados Indios de la Oficina de Educación y Apadrinamientos. Vicente Ferrer dice que vengas desde mediados de septiembre a finales de di-


Prólogo

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ciembre. Por favor, cuando sepas las fechas exactas, nos las comunicas. Gracias. Por favor confirma la llegada de este e-mail. Muchas gracias y ya nos veremos Dios mediante. Atentamente: David Matamalas (Coordinador Comunicaciones-FVF India)». Leí el mensaje varias veces como si las letras fueran irreales. Imaginé que, por derecho propio, seleccionarían a alguna de las personas que estaban en lista de espera. Sin embargo, por una de esas carambolas de la vida, el destino me había elegido para viajar a la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur. Sólo quedaba resolver el último eslabón: mi trabajo. Dudaba si obtendría un permiso de tres meses, aunque a estas alturas estaba dispuesta a ir, pasase lo que pasase. Me lo concedieron de inmediato. Expresé mi intención de dejar las clases durante un trimestre y para mi sorpresa, me felicitaron por la iniciativa de colaborar con una fundación humanitaria. Estaba a punto de cumplirse un sueño.


INDIA


Uno: ¿A LA INDIA? Sonó el teléfono: «Poned las noticias. Algo increíble… Dos aviones. Nueva York. Las torres…». Una imagen difícil de olvidar: un avión chocaba contra las Torres Gemelas de Nueva York. La gente corría despavorida en pleno centro de Manhattan. Gritos de terror, sirenas, bomberos, policía, pánico, ceniza, humo. Muerte. El locutor palidecía. La superrealidad se había instalado en la vida de miles de personas. No parecía posible, sino una imagen trucada, sin precedentes, producto de una mente malévola más allá de lo que la imaginación pudiese concebir. En cuestión de segundos, el orden y la seguridad internacional se desmoronaron, el pánico se extendió y una situación de incertidumbre y caos se apoderó de un continente y del mundo entero. El terror, la angustia y la desesperación se habían instalado en millones de hogares. Fue un shock. El mundo occidental permaneció en estado de alarma. El conflicto generaba conflicto, la religión, división. El mismo día en que años antes asesinaron a Allende. Yo volaba el doce de septiembre. Todos los aeropuertos quedaban momentáneamente cerrados, hasta que aquel horror encontrase la calma. Era la imagen del espanto. Pasaron los días posteriores a aquel martes negro. ¿Se derrumbaba el sueño de la India? ¿Cuántos sueños había asesinado el terrorismo? ¿Cuántos sueños aún más truncaría? ¿Cuántas vidas? ¿Por qué?


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Esperaba y desesperaba. El mal y el bien danzaban en mi mente. Angustia de miles o millones de personas. Pasaron dos semanas. Silencio, vacío. Mis seres más queridos me disuadían de viajar. Pero yo no quería esperar más, ni escuchar más noticias, ni vivir más el pánico. No entendía a este mundo en absoluto. Estados Unidos lanzaba misiles y continuaba una guerra que iba a verter más sangre de inocentes, mientras se reivindicaba la autoría de aquella masacre. La mejor defensa era un ataque, sostenían. Y, sin embargo, en otro lugar remoto de la tierra, un ser humano levantaba con su sueño una región entera. Enorme paradoja. La condición humana. Crear o destruir, clara fragilidad. Me advirtieron que habría un éxodo de población hacia el norte de India, que tuviera en cuenta el 20 % de la población musulmana, que existía un riesgo de contaminación en las aguas, uso de armas nucleares, misiles perdidos, secuestros y toda clase de historias increíbles. Veía el riesgo, pero no el peligro. No sentía miedo, pero el cariño de los míos me retuvo hasta que no podía más y mi decisión se hizo irrevocable. Necesitaba ir. Me estaban esperando. Tenía que volar hacia Bombay.


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