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LETRA Y VOZ DE LOS POETAS EN LA EDAD MEDIA CASTELLANA ESTUDIO FILOLÓGICO INTEGRAL

Francisco P. Pla Colomer

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Valencia, 2014


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[c]ada palabra que en fonética parezca discordante de sus análogas, puede estar sometida a una tendencia general que la impulsa en unión con las otras. Todas son llevadas por la misma corriente, como multitud de hojas caídas en un río; cada hoja sigue su curso especial, tropieza acaso con obstáculos que la desvían, la retrasan o la detienen, pero todas están sometidas a la misma fuerza, ora las arrastre, ora solamente las empuje, y sería ceguedad empeñarse en observar el curso de cada una sin darse cuenta de la corriente que las domina a todas. Menéndez Pidal, Ramón (1964): Orígenes del español, p. 531

[…] desde el punto de vista diacrónico [una lengua] constituye un sistema que retiene una cierta cantidad de información sobre su propio pasado, sobre sus fases anteriores. […] todo estado de lengua es un sistema ordenado que por su misma ordenación conserva registrado un mensaje que el paso del tiempo vuelve borroso e ilegible. Esta degradación […] es continua y se prosigue incesantemente a medida que las unidades y la ordenación correspondiente a las nuevas estructuras van suplantando a las unidades y a la ordenación antiguas. Michelena, Luis (1963): Lenguas y protolenguas, p. 11

Hay dos maneras radicalmente distintas de entender la historicidad de los estudios lingüísticos: a un lado se colocan quienes conciben […] la evolución de las lenguas separadas de la vida de las comunidades que las han hablado […]. A otro lado se sitúan quienes entienden que la evolución lingüística es una manifestación del espíritu y vida de las comunidades hablantes. Lapesa, Rafael (1959): “Historia lingüística e Historia general”. En: Estudios de morfosintaxis histórica del español, pp. 26-27


ÍNDICE PRÓLOGO......................................................................................................... 13 I. INTRODUCCIÓN 1. POETAS Y RECONSTRUCCIÓN FONÉTICA................................... 22 2. PROPUESTA CRONOLÓGICA........................................................... 31 2.1. Periodización y reconstrucción fonética........................................ 33 2.2. Propuesta de periodización: Lengua y Corte................................ 35 3 CORPUS DE LA INVESTIGACIÓN. EDICIONES EMPLEADAS. 39 II. ESTRUCTURA SILÁBICA Y ACENTUACIÓN EN EL TRANSCURSO DEL ROMANCE CASTELLANO 1. ESTUDIOS EN TORNO A LA SÍLABA Y AL ACENTO: SÍLABA FONOLÓGICA....................................................................................................... 42 1.1. La sílaba fonológica y sus constituyentes...................................... 43 1.2. Estructura silábica del castellano en su perspectiva histórica.... 45 1.3. El castellano: ¿Versificación acentual o versificación silábica?.. 46 2. SÍLABA MÉTRICA, RITMO, METRO Y VERSO............................. 48 2.1. Acento y sílaba métrica en los versos castellanos......................... 50 2.2. La pausa versal: elemento configurativo del ritmo...................... 52 2.3. La sílaba métrica y otros fenómenos adyacentes......................... 53 2.4. Rima y tipos de rima en la tradición poética castellana.............. 55 3. LA SÍLABA Y EL ACENTO: LA PERSPECTIVA PRECEPTISTA.. 57 III. LETRA Y VOZ DE LOS POETAS MEDIEVALES 1. FERNANDO I EL GRANDE (1035-1065) - ENRIQUE I DE CASTILLA (1214-1217).................................................................................. 63 1.1. La empresa de la Reconquista y renovación cultural.................. 63 1.2. La fijación de los grupos sociales y el nuevo espacio político..... 65 1.2.1. Los francos en la Península.................................................. 66 1.2.2. Mozárabes e influencia musulmana en la cultura de Occidente..................................................................................... 67 1.3. Trovadores, juglares, lírica y métrica............................................. 69 1.4. Primeras manifestaciones poéticas del castellano....................... 73


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Índice 1.4.1. El género del debate: la Disputa del alma y el cuerpo y la Razón de amor............................................................................... 73 1.4.1.1. La Disputa del alma y el cuerpo: rasgos métricolingüísticos............................................................... 75 1.4.1.2. La Razón de amor y la koiné castellana............... 78 1.4.2. Teatro y autos medievales: el Auto de los Reyes Magos..... 82 1.4.2.1. Problemas lingüísticos relacionados con la métrica........................................................................... 85 1.4.2.2. Problemas lingüísticos relacionados con la rima 87 2. FERNANDO III EL SANTO (1217-1252) FERNANDO IV EL EMPLAZADO (1295-1312).......................................................................... 89 2.1. Avance de la Reconquista y configuración lingüístico-cultural. 89 2.2. Renovación política, empresa historiográfica y el legado alfonsí. 91 2.3. Institucionalización del castellano................................................. 94 2.4. La escuela del mester de clerezía.................................................... 96 2.4.1. Declaración de una nueva poética....................................... 100 2.4.1.1. Rasgos fonético-fonológicos a la luz de la métrica.. 103 2.4.1.2. Rimas y configuración lingüística......................... 110 2.4.2. Los orígenes del mester de clerezía...................................... 115 3. ALFONSO ONCENO EL JUSTICIERO (1312-1350) - ENRIQUE III EL DOLIENTE (1390-1406)................................................................. 118 3.1. La crisis en el occidente europeo.................................................... 118 3.2. Cambio dinástico y nuevo modelo socio-político......................... 120 3.3. La herencia del mester de clerezía: el segundo ciclo poético....... 122 3.3.1. El Libro de Buen Amor: obra paradigmática en tiempos de grandes cambios............................................................... 124 3.3.2. El Rimado de Palacio y los últimos reductos de la escuela del mester............................................................................... 134 3.3. Variación lingüística en las composiciones literarias del Cancionero de Baena.................................................................................... 143 4. JUAN II DE CASTILLA (1406-1454) -LOS REYES CATÓLICOS (1474-1504).............................................................................................. 151 4.1. Identidades, relaciones y conflictos sociales................................. 151 4.1.1. Reconquista y tensiones multiculturales............................ 153 4.1.2. En torno a la educación cortesana...................................... 155 4.2. Algunos aspectos sobre poesía cuatrocentista.............................. 156 4.2.1. Naturaleza métrica del verso de arte menor...................... 157 4.2.2. Naturaleza métrica del verso de arte mayor....................... 159 4.3. El humanismo: lengua, métrica y estilo........................................ 162 4.3.1. Cultismos lingüísticos........................................................... 163 4.3.1.2. Algunas notas sobre acentuación.......................... 166 4.3.2. Regularización fonética........................................................ 169 4.3.3. Rimas y norma lingüística.................................................... 173


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Índice IV. CONCLUSIONES GENERALES

1. MÉTRICA Y RIMA COMO FUNDAMENTO DE LA RECONSTRUCCIÓN FONÉTICA....................................................................... 189 2. ESTRUCTURA SILÁBICA.................................................................... 190 3. EL REINADO DE ALFONSO ONCENO Y LA REVOLUCIÓN LINGÜÍSTICO-LITERARIA................................................................ 192 V. BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA 1. FUENTES PRIMARIAS........................................................................ 195 2. FUENTES SECUNDARIAS.................................................................. 198 VI. APÉNDICES 1. EVOLUCIÓN DE LOS PROCESOS FONÉTICOS (VOCALISMO). 223 2. EVOLUCIÓN DE LOS PROCESOS FONÉTICOS (CONSONANTISMO).................................................................................................... 226 3. PROCESOS DE APERTURA Y CIERRE (VOCALISMO)................ 229 4. PROCESOS DE APERTURA Y CIERRE (CONSONANTISMO)... 230


Prólogo No es ocioso recordar hoy que buena parte del patrimonio literario de la lengua castellana de todas las épocas se ha producido bajo la forma del verso. Navarro Tomás, que sumaba a su condición de estudioso de la métrica su maestría en la descripción minuciosa y científica de los sonidos del español, defendía con claridad que los poetas dirigen su esfuerzo a descubrir y utilizar las inagotables posibilidades de la lengua en las creaciones de la palabra organizada rítmicamente. Sin olvidar que, en el pasado, la medida silábica fluctuante o libre, al lado de versos medidos con regularidad, podría buscar su esclarecimiento en la acomodación del verso a la posible melodía que los acompañaba, concluía con decisión: La compleja y delicada trama del acento idiomático de cada lengua, producto de la secular cooperación de generaciones sucesivas y parte principal en la fisonomía sonora con que tan vivamente las lenguas se diferencian entre sí, puede suponerse en gran parte influida por la labor de los poetas, como intérpretes intuitivos de preferencias comunes y como iniciadores individuales de nuevos efectos y recursos (Métrica española, p. 30).

Este pensamiento late a lo largo de las páginas del libro escrito por Francisco Pla Colomer y le sirve de firme soporte, al tiempo que legitima la concepción según la cual los poetas, que, a la hora de componer su obra, sin duda parten de los sonidos de la lengua castellana tal como han sido conformados por la evolución propia, también la modelan gracias a su intuición poética, con lo que contribuyen a propiciar para las siguientes generaciones nuevos caminos en la pronunciación. Si a ello sumamos la amplitud cronológica comprendida en el corpus utilizado, que abarca desde la Disputa del alma y el cuerpo hasta la poesía contemporánea (o casi) de la Gramática Castellana o las Reglas de Orthographía nebrisenses, Francisco Pla Colomer llega a constatar que determinadas creaciones poéticas, lejos de pertenecer al poeta en su individualidad, se relacionan estrechamente con el canon estético del habla cortesana. No es casual que eminentes gramáticos y fonólogos como Tomás Navarro Tomás, Antonio Quilis o el propio Andrés Bello dedicaran su atención al estudio de la métrica española con la mirada puesta en las implicaciones existentes entre pronunciación y verso, hecho


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que tenía cabida natural en una época en que la filología se cultivaba en el marco de una concepción metodológica integral. Por la misma razón, autores como Ramón Menéndez Pidal, José Manuel Blecua, Joan Corominas, Rafael Lapesa, Emilio Alarcos, Manuel Alvar, Gerold Hilty y tantos otros, han atendido siempre a razones métricas (enunciadas como “exigencias de la métrica”) a la hora de interpretar adecuadamente el valor de los textos poéticos. Ahora, en cambio, ya en el siglo XXI, tras la especialización creciente de la labor investigadora, que se ha visto a su vez reforzada por la escisión sufrida en la Filología española en las áreas de Lengua y Literatura, se va notando la falta de formación integral al editar textos del pasado. Esto, que se pone de manifiesto en todos los órdenes lingüísticos, es especialmente significativo en la, en ocasiones, inconveniente interpretación del valor de las grafías castellanas y su relación con el componente fónico subyacente. Al editar un texto del pasado debería ser necesario poseer una buena formación en fonología diacrónica para, de este modo, seleccionar adecuadamente las grafías y su remisión a la realidad fónica del momento; no basta, para ello, la familiaridad con manuscritos y documentos o textos en general, sino que resulta absolutamente imprescindible comprender la materialidad gráfica en la que se nos han transmitido. Su correcta hermenéutica solo podrá ser lograda mediante el entendimiento de la relación que media entre grafía y sonido, sin olvidar que la escritura o representación gráfica es manifestación secundaria del habla y, por ello, solo en cierto modo autónoma. De hecho, la edición de textos pertenecientes a épocas pasadas únicamente puede abordarse de forma satisfactoria partiendo del buen conocimiento de la evolución del componente fónico de la lengua, de un lado, y la sucesiva adaptación de las grafías que en todo tiempo se han utilizado para su representación, de otro. Y ello es así porque la diacronía de la lengua y la evolución de sus sistemas ortográficos, lejos de seguir vías paralelas a lo largo de la historia, han tendido a encontrarse intermitentemente mediante ajustes de nuevas formas a las que la lengua ha ido recurriendo para representar los fonemas que surgían en su evolución. La métrica, disciplina de gran artificio en sí misma, sirve a Francisco Pla Colomer para indagar en la naturaleza del componente fónico de la lengua castellana en el pasado, teniendo en cuenta que


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la filología más clásica y la lingüística diacrónica de corte moderno han elaborado herramientas adecuadas para interpretar las fuentes escritas, las cuales, no se olvide, constituyen la única vía de acceso más o menos directo a la lengua en el pasado sin llegar a ser espejo fiel y unívoco de la pronunciación. Francisco Pla ahonda en los versos de los poetas castellanos situándose en el momento histórico de su composición, aplicando a ellos cuanto hoy sabemos de la fonética castellana en sus diferentes estadios evolutivos para, así, desentrañar el efecto que producían en el auditorio (auditorio que debe ser entendido en sentido estricto, puesto que en otro tiempo los versos eran, sobre todo, oídos o escuchados). Sin ser la única perspectiva posible aun por explorar en la reconstrucción del pasado, en la que el estudio musical puede llegar a dar excelentes resultados, este libro contribuye a cubrir el gran vacío de noticias historiográficas sobre pronunciación en época anterior a la codificación, con el fin de analizar las posibilidades que la producción poética pasada encierra como manifestación de la materia fónica de una lengua concreta, la lengua castellana. Francisco Pla conjuga el saber más actualizado de fonología diacrónica con el conocimiento profundo de los textos poéticos y sus artificios métricos, ofreciendo para su estudio un resultado convincente desde diferentes ángulos. Permite, de un lado, llegar a reconstruir con mayor detalle la periodicidad en los procesos fonéticos de apertura y cierre habidos en la lengua castellana, lo que interesa a la diacronía y, más concretamente, a la fonética y fonología evolutivas; de otro, al aportar una interpretación temporal más cercana a los textos poéticos en su materialidad fónica, puede servir a los estudiosos de la literatura medieval, gracias a sus implicaciones métricas, como herramienta hermenéutica de carácter sistemático. Es, en definitiva, una llamada de atención para que tanto los estudiosos de la historia de la lengua como los de su literatura no pierdan de vista el valor filológico múltiple contenido en el excepcional legado poético que la lengua castellana nos ha transmitido en todas las épocas. M.ª Teresa Echenique Elizondo San Sebastián, Navidad de 2013


I. INTRODUCCIÓN Las investigaciones que parten de una perspectiva diacrónica se fundamentan en los textos escritos, así como en bases teórico-especulativas. En este línea, resulta de gran relevancia recuperar las siguientes palabras de Michelena (1990 [1963]: 16), recientemente recordadas por Echenique (2013a: 29), que arrojan luz sobre los instrumentos que sustentan los estudios históricos: […] en lingüística diacrónica se parte por lo general de fuentes escritas, lo cual supone por necesidad una interpretación previa, sobre todo por lo que hace a los sonidos. Este es el aspecto […] que plantea dificultades mayores, ya que cualquier sistema de escritura, de la época que sea, está lejos de ser un espejo fiel y unívoco de la pronunciación. La filología ya antigua y la más moderna lingüística han puesto a punto, sin embargo, una serie de instrumentos que facilitan esa hermenéutica. Supondremos, por lo tanto, que la interpretación de los textos escritos no presenta dificultades invencibles, salvo en casos especiales.

Los textos escritos en un contexto cultural determinado constituyen, por ende, la fuente directa que permite a los estudiosos de la Historia de la lengua y la Lingüística histórica reconstruir las múltiples etapas evolutivas de una lengua. Para llegar a dicho fin, se hace necesario interpretar estos testimonios del pasado mediante un sólido método filológico, hecho que lleva a replantear la cuestión candente sobre la relación entre grafía y sonido. Es bien sabido que la lengua hablada es anterior al proceso de escritura, en tanto que este, entendido como un sistema fonográfico, supone la existencia de cierto grado de conciencia fonológica, por lo que se hace necesario recurrir a una serie de instrumentos conducentes a la correcta interpretación de las grafías en su contexto fónico más adecuado, es decir, la relación que media entre los signos escritos y las unidades de lengua, ya que la arbitrariedad y la motivación son características que afectan tanto a los sistemas logográficos como fonográficos1.

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Si bien es cierto que el cuidado de la forma gráfica habría sido una preocupación constante en los autores de mayor prestigio: “[…] sería sensato esperar que escritores muy cultos, como es el caso de Juan de Mena, presentaran menos oscilaciones gráfico-fonéticas, ya que si ellos fueron unos estilistas de su propia lengua y se preocuparon de ella, escogiendo unos vocablos muy precisos, desechando


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Esta es la razón que justifica el establecimiento previo2 de los rasgos fonético-fonológicos de una lengua para, de esta manera, aclarar el contenido fónico subyacente en el proceso de escritura. Unos años después de la aportación de Michelena, Alarcos (1965: 15) volvió a subrayar la prioridad del conocimiento del sistema fónico antes que el gráfico: Para nosotros, el lenguaje tiene una manifestación normal y primaria que es fónica; la escritura o representación gráfica es una manifestación secundaria, que desde el punto de vista lingüístico, no debe estudiarse en sí, sino en sus relaciones con la primera. Esta opinión no excluye, claro es, la posibilidad del estudio científico de los elementos gráficos del sistema de escritura en una disciplina paralela a la que estudia los elementos fónicos del sistema lingüístico, esto es, la posibilidad de un estudio ‘grafemático’, que examinara la relación material y la función comunicativa de los elementos gráficos.

El proceso de escritura, inserto en un contexto cultural, se caracteriza por materializar prácticamente un estado fonológico determinado que: “con el paso del tiempo, necesita de la filología para su interpretación (no siempre unívoca), cosa que es especialmente ardua en el caso de la pronunciación subyacente” (Echenique 2013a: 30). Desde el punto de vista estrictamente fonológico, el fonema, entendido como el componente mínimo de significado, es una unidad susceptible de estudiarse desde una perspectiva histórica, es decir, concretando su evolución desde el sistema fonológico del latín hasta el romance castellano en sus diversas etapas cronológicas. Desde finales del siglo xix, y

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otros e introduciendo otros nuevos, sería también razonable confiar que ellos hubieran cuidado no sólo la elección de un léxico especial, sino también su forma” (García-Macho 2001: 170). Desde este punto de vista, parece que no es plausible aceptar la siguiente afirmación de Sánchez Prieto (1998: 289), autor de numerosos estudios relevantes acerca de la grafemática histórica: “[…] los valores fonéticos se deducen (directamente) de los usos gráficos; los usos gráficos se explican por su mayor o menor adecuación a la fonética”. Este autor subraya la necesidad de trazar una historia de la escritura capaz de explicar la evolución de la ortografía castellana, con la finalidad de reconstruir el componente fónico de la lengua, conocer las tradiciones escriturarias y la correcta transcripción de los textos, ya que la funcionalidad de la escritura no consiste sin más en su adecuación a la realidad fonética (Sánchez Prieto 2006). Sin embargo, esta adecuación es inexacta, en tanto los estudios gráficos de los textos no permiten establecer conclusiones fiables acerca de la naturaleza fónica de una lengua.


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sobre todo en el siglo xx, proliferaron estudios sobre fonología histórica que delimitaron los estadios evolutivos de la fonología castellana, como ha sido el caso de Menéndez Pidal, Amado Alonso, Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, Joan Coromines, Emilio Alarcos o Diego Catalán, entre otros. Pese a ello, en los últimos años del siglo xx y en los primeros del siglo xxi se deja entrever cierta carencia en los estudios de fonética y fonología históricas, razón por la cual parece necesaria una revisión y reflexión renovadas de la teoría evolutiva. El estudio de la fonología castellana, en su perspectiva histórica, no debe entenderse como la evolución de cada una de las unidades por separado, sino, más bien al contrario, de cada uno de los fonemas compuestos por rasgos opositivos que confluyen, convergen e interaccionan en el seno de la palabra. Esta unidad está formada por secuencias menores, o sílabas, (compuestas de cabeza, núcleo y coda), donde las diversas relaciones fonológicas se desarrollan de manera diferente: “Por lo tanto, es necesario tener en cuenta la estructura silábica, y también la prosódica, a la hora de abordar el estudio diacrónico de su subsistema fonológico” (Echenique 2013a: 32). El cambio lingüístico transcurre en un contínuum temporal segmentado por períodos o etapas cronológicas en que tienen cabida los rasgos socio-culturales desencadenantes del propio proceso de variación3. Por esta razón, presento una propuesta cronológica innovadora, desarrollada ampliamente en Echenique y Pla (2013), que permite adecuar con precisión los cambios fonético-fonológicos del castellano con los ava-

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“[…] una de las condiciones para que se produzca el cambio lingüístico es la falta de una sola norma de prestigio. Cuando hay pluralidad de normas es fácil que se produzcan innovaciones, y que éstas sean adoptadas como marcadores de grupo durante un tiempo determinado aunque no necesariamente seleccionadas por toda la comunidad. Ahora bien, la presencia de una norma rígida de prestigio es, en ocasiones, también motivo de cambio, por cuanto genera la creación de una antinorma, […] en aquellos grupos más necesitados de autoafirmación” (Flores Ramírez 1992: 259). Tales innovaciones pueden perdurar en el devenir de la lengua o, en cambio, quedarse estancadas y desaparecer; muchas de las variantes lingüísticas que llegaron a existir nos son desconocidas, en tanto aquellas que triunfaron han perdurado hasta nuestros días. Desde el punto de vista de la teoría laboviana, los conceptos de estabilidad e inestabilidad son los agentes que motivan el proceso de cambio lingüístico, o fenómeno de variación: “Todo cambio presupone, pues, variación, mientras que no toda variación desemboca en cambio” (Caravedo 2003: 40).


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tares culturales de una época determinada. Coincido, pues, con Ariza (2012: 14) en la concepción de la variación como elemento fundamental en todas las lenguas: “[…] una lengua es un plurisistema lleno de variantes diatópicas, diastráticas y diafásicas. La variación sincrónica es, por una parte, la esencia de toda lengua viva, y, por otra, el germen y el fundamento del cambio lingüístico”. La ausencia de tratados codificadores antes de la obra de Nebrija ha llevado consigo el empleo de otros instrumentos filológicos para desentrañar los rasgos fónicos castellanos desde sus orígenes hasta el reinado de los Austria. La evolución del componente fónico, a lo largo de más de cuatro siglos, requiere el establecimiento de límites cronológicos cuyas etapas históricas sean reflejo del proceso de creación y asentamiento de la lengua estándar4. Como ya ha recordado Echenique (2011: 159): “[…] la presencia de la historia en la gramática […] ha encontrado renovación inesperada y firme acogida en la Nueva gramática de la lengua española y Ortografía de la lengua española de la Real Academia Española/Asociación de Academias de la Lengua Española”. Cada una de las labores académicas más recientes aluden explícitamente a la pronunciación (junto a otro tipo de notas gramaticales) desde una perspectiva histórica; junto a las dos obras académicas citadas, el volumen dedicado a la Fonética y fonología (2011) representa un claro ejemplo de dicha intención: La sílaba CV presenta un ataque o inicio y un núcleo simples, y carece de coda. Esta estructura silábica explica muchos de los procesos de la lengua española, y tiene una importante influencia en la evolución diacrónica y en la variación sincrónica de la lengua (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española 2011: 15).

Desde las primeras páginas de la obra académica, el recurso a las teorías histórico-evolutivas representa una constante en el desarrollo descriptivo de cada una de las unidades constituyentes del sistema fonológico castellano. Desde esta perspectiva, cada uno de los cambios que experimentan los fonemas están estrechamente relaciona-

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Esta es la idea que subyace en las siguientes palabras de Alarcos (1990: 53): “De modo que debieron coexistir, en el período que consideramos, los usos nuevos y los hábitos fónicos antiguos, e incluso otros que no prosperaron”.


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dos con la caracterización fónica de la estructura silábica universal (CV), así como por la acomodación de otras formas a dicho patrón. La variación lingüística se concibe, en las susodichas obras académicas, como un conjunto de cambios originados por la variación diastrática, diafásica, diatópica e, incluso, diacrónica; tal es el caso de la evolución del timbre de las vocales tónicas y el de las vocales átonas pretónicas y postónicas, cuya inestabilidad articulatoria, en épocas pasadas, cristalizó en la convivencia de múltiples variantes atestiguadas en los textos literarios de mayor prestigio: Desde sus orígenes […] se documentan en español sustituciones de una vocal por otra, fruto de una inestabilidad a la que serían más proclives […] las vocales átonas. En el siglo xvi, por ejemplo, aparecerían formas como abondar por abundar, recebir por recibir, mormorar por murmurar, escrebir por escribir, mesmo por mismo o lición por lección (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española 2011: 109).

Del mismo modo, el proceso de lenición de las consonantes [+ interruptas], o pérdida de tensión articulatoria, se describe como un fenómeno fonético que afectó al castellano desde su origen hasta nuestros días: “[…] sería un fenómeno fonológico natural, no marcado, puesto que se produce en numerosas lenguas y se documenta también en no pocas circunstancias históricas” (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española 2011: 140). Para terminar, otro de los ejemplos más llamativos de la empresa Académica lo representa la descripción histórica de la evolución de las consonantes sibilantes (2011: 165-168). A lo largo de cuatro páginas se presenta un estado de la cuestión que versa sobre la documentación del proceso de ensordecimiento y fricatización de las sibilantes africadas5.

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Sirva como ejemplo la siguiente afirmación: “En la evolución de este sistema en la zona norte de habla castellana, las tres parejas […] perdieron el contraste de sonoridad, siendo siempre el resultado la realización sorda. Además, […] los segmentos africados sufrieron un proceso de relajación por el que pasaron a articularse como fricativos […]. Perdida la oposición de sonoridad […], la consonante predorsodental fricativa sorda […] adelantó su zona de articulación hasta hacerse interdental” (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española 2011: 166).


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Por ende, el estudio de la materialidad escrituraria de los textos debe estar basado en el conocimiento de las teorías fonético-evolutivas, en cada una de las etapas históricas del castellano, en otras palabras: “[…] quiere decir que primero habrá que conocer adecuadamente la historia de la evolución fonético-fonológica de la lengua y, después, analizar en qué medida o de qué forma la escritura se ajusta o no a ella” (Echenique 2013a: 38).

1. POETAS Y RECONSTRUCCIÓN FONÉTICA El estudio de los tratados ortográficos, así como el de otras fuentes indirectas, siendo en sí excelentes, no constituyen el único medio para llegar a reconstruir la historia de la oralidad del castellano, entendida esta como la relación que media entre grafía y sonido. Amado Alonso (1969-1976 [1955]) elaboró un corpus de trabajo de gran solidez, al que se le ha ido sumando el conocimiento de las gramáticas y otros tratados de diversa índole, entre los cuales las doctrinas cristianas y las cartillas para aprender a leer y a escribir, junto a otros tratados ortográficos, gramaticales y didácticos, representan una fuente directa indispensable de estudio6, como lo han puesto de manifiesto las investigaciones de Infantes (1999), Infantes y Martínez-Pereira (2003) y, más recientemente, Echenique Elizondo y Vicente Llavata (2013). A su vez, los diccionarios representan una fuente de reconstrucción de la fonética de gran relevancia, como así lo manifiestan los estudios de Manuel Ariza (2011) sobre Covarrubias, Echenique Elizondo (2006 y 2013b) sobre Nebrija, o Vicente Álvarez Vives y Santiago Vicente Llavata (2013) sobre el Nebrija catalán, entre otros. Ahora bien, en esta misma línea la métrica y la rima se erigen como instrumentos filológicos esenciales para inferir los rasgos evolutivos del componente fónico del castellano y la cronología absoluta que de ellos emana. El estudio de la disposición acentual y la relación es-

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“[…] muy útiles a la hora de reconstruir la pronunciación antigua, que conviene completar con el contraste entre modalidades hispánicas” (Echenique 2013a: 46), razón por la que el estudio de los textos escritos en otras modalidades hispánicas resulta de gran interés para la reconstrucción histórica de la pronunciación del castellano.


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tablecida entre las sílabas de los versos de una determinada métrica, conjuntamente al análisis de la rima, entendida como la repetición de los mismos segmentos vocálicos y consonánticos desde la última sílaba acentuada del verso, permite reconstruir los rasgos fónicos del castellano en sus diversas etapas cronológicas: For this reason, the study of specific verse prosodies can shed some light on the rhythmic principles that underlie the corresponding speech prosodies and […] the ways in which different languages parameterise and articulate the general rhythmic capacities (Rodríguez-Vázquez 2010: 165).

Acudir a la métrica y la rima de los poetas con la finalidad de reconstruir la oralidad, ha sido un recurso filológico utilizado desde antaño en numerosas ocasiones de forma esporádica7; sin embargo, no se ha llegado a trazar un estudio diacrónico conjunto y exhaustivo de los textos poéticos de cuyo análisis se pueda llegar a concretar la evolución de la fonética y fonología castellanas de manera sistemática. Dámaso Alonso (1972 [1962]) recurrió a las rimas de poetas cuyas composiciones se insertan en el período que abarca desde finales de la Edad Media hasta el siglo xvii, con la finalidad de reconstruir el proceso de desfonologización de los fonemas bilabiales sonoros en posición intervocálica. Anteriormente al estudio emprendido por Dámaso Alonso, Rafael Lapesa (1982 [1954] y 1985 [1983]) había aplicado la herramienta proporcionada por la métrica y la rima de los poemas al Auto de los Reyes Magos para dilucidar la procedencia del autor, así como la adscripción lingüística de dicha obra, método que continuaron estudiosos posteriores, como es el caso de Gerold Hilty (1981, 1986, 1998 y 1999), César Gutiérrez (2009) o Manuel Ariza (2009), entre otros. En esta misma línea, Lapesa (1985 [1953]) había acudido al estudio de las rimas del Cancionero de Baena para arrojar

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Como ya apuntó acertadamente T. S. Eliot (1942: 17): “The music of poetry must be a music latent in the common speech of its time”.


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luz sobre los híbridos lingüísticos gallego-castellanos8 que caracterizan la lengua de dichas composiciones9: En ocasiones los castellanismos quebrantan la rima, lo que patentiza que se trata de errores cometidos en la transmisión escrita: así bivir en vez de viver, consonante de mover (Macías, ibíd., 306); o dezyr, en rima con gradeçer y sufrer, que exigen dizer (Garcí Fernández de Gerena, ibíd., 566). […] Podrían multiplicarse los ejemplos, tanto en la compilación de Baena como en las versiones posteriores que de algunos poemas ofrecen los Cancioneros de Palacio, San Román, Stúñiga o Herebay, todavía más castellanizadas (Lapesa 1985 [1953]: 240).

A través del empleo de esta herramienta filológica, Lapesa (1985 [1953]: 246-247) pudo llegar a establecer la tipología lingüística de los poemas y los autores del Cancionero de Baena de la siguiente manera: 1) Poesías gallegas de autores gallegos. 2) Poesías compuestas por trovadores de lengua castellana, cuya intención es la de usar el gallego, pese a que estos autores hubieran incurrido en el uso de múltiples castellanismos. 3) Poesías castellanas de autores gallegos. En este caso los rasgos lingüísticos castellanos impregnan estas obras, pero se documentan, con mayor o menor frecuencia, galleguismos. 4) Poesías castellanas de autores castellanos, cuyo léxico gallego responde a una tradición literaria. Lapesa compara este caso con el de la Razón de Amor, donde se documentan formas como meu amigo o meu amado en su castellanoaragonés.

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“Carolina Michaëlis advirtió que estas reglas eran insuficientes: ni una rima gallega aislada, ni un vocablo gallego en el interior del verso eran decisivos por sí solos; había que considerar en cada caso el predominio de formas de cada una u otra lengua, la procedencia del autor, sus hábitos poéticos, y sobre todo, el espíritu, contenido y forma del poema” (Lapesa 1985 [1953]: 241). El propio Lapesa aplicó la metodología apuntada por Carolina Michaëlis, atendiendo a la relevancia de la posición en rima, así como a la proporción de los galleguismos y castellanismos en interior de verso para llegar a dilucidar la adscripción lingüística de cada una de las composiciones poéticas. Esta idea de Lapesa fue analizada con gran detalle y amplitud por Blanca Periñán (1969-70) en su artículo que versa sobre los rasgos lingüísticos de las composiciones poéticas del Cancionero de Baena, en relación con la obra de maestros como S. Battaglia o G. Tavani, entre otros.


Letra y voz de los poetas en la Edad Media castellana

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En esta misma línea, la edición crítica de Joan Corominas (21973 [1967]) se ha erigido como un estudio de relieve para la fijación textual del Libro de Buen Amor, no sólo por el meticuloso análisis métrico, mediante el cual Corominas reconstruye el texto original modificado por las posteriores copias, sino por la precisión que revela su fijación gráfica, cuya finalidad es la de ajustar la materialidad del texto a los conocimientos fonético-fonológicos proporcionados por la Filología. Así lo ponen de manifiesto las siguientes palabras de Diego Catalán (1974: 206): La monumental edición crítica, por J. Corominas, del Libro de Buen Amor muestra que el esfuerzo más valioso realizado por el editor es el dirigido a aclarar el texto desde un punto de vista lingüístico. […] el sistemático comentario verso a verso, realizado por Corominas, representa una paso adelante muy marcado en el esclarecimiento de los problemas pendientes.

Corominas hace una serie de reflexiones10 acerca del estado lingüístico del castellano a partir del análisis de las rimas, la métrica empleada en los versos de arte mayor y arte menor11, el tipo de narrador y la configuración fragmentaria o unitaria de la obra, herramientas todas ellas, que le permiten deducir el carácter dialectal que presentan los manuscritos como consecuencia directa de las múltiples intervenciones de los copistas. El propio Corominas (21973 [1967]: 44) adscribe una función específica a cada tipo de verso, y otro tanto hizo Menéndez Pidal (1976: 179-421) en su introducción a la edición de la Historia Troyana en prosa y verso, dedicando un estudio al cotejo de la métrica de esta obra de carácter polimétrico donde cada una de sus formas estróficas responde igualmente a una finalidad estética concreta. La presente concepción poética se encuentra estrechamente relacionada con la tesis desarrollada por Dámaso Alonso (1989) en su obra Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos. El análisis de los poetas más relevantes de nuestra tradición le permite con-

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Sobre esto puede verse un estudio más desarrollado en Pla (2012c). Este autor considera que la regularidad silábica es un hecho motivado por el autor, ya que no hay hemistiquio (unidad métrica mínima de la cuaderna vía), verso, ni estrofa con un número de sílabas alternantes, por lo que no habría en esta obra estrofa alguna que tuviera versos de diferente medida, así como tampoco versos formados por diferentes sílabas en cada hemistiquio.


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cluir que la relación que media entre lengua y métrica (significante) está vinculada con una función específica (significado), por lo que, desde la elección estrófica hasta los aspectos más puramente fonéticos, entre otros, están condicionados por el significado que desempeñan en el conjunto denominado signo poético. Dejando aparte el recurso a la métrica y la rima como herramientas para editar los textos poéticos, objetivo que excede los límites de esta investigación, dicho método resulta indispensable para esclarecer la pronunciación subyacente de la materialidad de los textos12: Me parece vital insistir en que lo que las rimas reflejan sistemáticamente es la correspondencia con la pronunciación subyacente […]. Lejos de reconstruir textos originales ideales para «corregirlos» y obtener con ello una lengua ideal falseada, como se ha objetado con razón en algún caso, parece hacedero inferir a través de la rima y métrica la relación oralidad-escritura en el pasado (Echenique 2013a: 49).

Las objeciones por parte de la crítica filológica radican, por una parte, en la artificiosidad de la obra poética, y en el convencimiento de que el género poético refleja unívocamente la lengua culta, distinta a la variante más popular, de otra. Las licencias de las que se valen los poetas, que moldean ligeramente la lengua, son variantes que pudieron haber existido o que podrían haberse dado en la lengua, ya que los poetas partían de una base lingüística real conformada por paradigmas y reglas gramaticales estrictas (Echenique y Pla 2013). Desde este convencimiento, el análisis de la métrica y la rima de los textos escritos en verso proporciona una ayuda inestimable a la hora de asegurar la forma en que se concretaba la articulación de los soni-

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“La adscripción grafemática de los signos en la escritura actual tiene un carácter discreto, justamente porque así es en la imprenta, modelo del uso manuscrito desde el s. xvi, pero muy de otro modo eran las cosas en la Edad Media, cuyos hechos de escritura han de valorarse de acuerdo con una correlación entre a) usos paleográficos o formas de las letras, b) usos gráficos o nivel de identificación de las letras, y c) valores fonéticos” (Sánchez-Prieto 2006: 223). Es, precisamente, de los valores fonéticos de donde deben partir los estudios grafemáticos, y no a la inversa. El propio estudio de las grafías no es suficiente para explicar los rasgos fónicos que encubren los textos poéticos: “[…] la escritura no da resueltos todos los problemas de interpretación del texto que han de reflejarse en la entonación y pausas (Sánchez-Prieto 2006: 249)”.


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