EL VIAJE DE FAXIAN Laureano Ramírez Bellerín ISBN: 9788497349956 Śākya Faxian tenía por nombre de familia Gong y era natural [del distrito] de Pingyang , en la prefectura del mismo nombre. Sus tres hermanos mayores murieron en sucesión en plena infancia, y el padre, temeroso de que la desgracia también se cebase con él, lo consagró a la religión, en calidad de śrama era, a la edad de tres años. Siguió viviendo en su casa durante varios años; pero al cabo contrajo una enfermedad que lo puso a las puertas de la muerte, y el padre lo envió al monasterio, donde recobró la salud en poco tiempo. Una vez en el monasterio, ya no quiso volver a casa. Su madre no deseaba otra cosa que estar con él, pero como no lograba verlo, erigió una choza a las puertas de la vivienda por ver si lo animaba a venir. A la edad de diez años murió el padre, y su tío, viendo la soledad y desamparo en que se hallaba la madre, lo urgió a volver a la vida civil; pero Faxian le dijo: «Si he entrado en religión, no ha sido por evitar a mis padres, sino para mantenerme alejado del polvo terrenal y la vida civil»; y el tío aprobó sus palabras y desistió de persuadirlo. Cuando, al poco tiempo, la madre falleció, Faxian dio sobradas muestras de la sinceridad de su afecto; mas al cabo, concluidos los funerales, tornó al monasterio. Allí solía salir a los campos de arroz con una docena de condiscípulos para segar la mies. En cierta ocasión, unos ladrones hambrientos vinieron a robar el grano, y los śrama era huyeron en desbandada, todos con excepción de Faxian, que se quedó solo y dijo a los ladrones: «Si necesitáis grano, podéis tomar cuanto queráis; pero debéis saber que el hambre y la pobreza que padecéis en esta vida obedece a vuestra falta de caridad en las anteriores. Si ahora os dedicáis a robar a la gente, me temo que vuestra vida futura será aún peor, y yo, pobre monje, sólo puedo compadeceros». Con ello dio media vuelta, y los ladrones se marcharon sin llevarse el grano, y él fue muy elogiado y admirado por los centenares de monjes que componían la comunidad. A los veinte años tomó los votos mayores, y [a partir de entonces destacó por] su voluntad y virtud, entendimiento y pureza, y la gravedad y decoro de su comportamiento. [Faxian] se lamentaba con frecuencia del desorden y el descabalamiento en que se hallaban los sūtra y los textos del Vinaya, y se hizo la promesa de buscar [los libros de] la Doctrina por sí mismo. Y, [para dar cumplimiento a su promesa], el año III de la era Longan de la dinastía Jin [de Oriente] partió de Chang’an en ruta a Occidente en compañía de Huijing , Daozheng , Huiying , Huiwei y otros correligionarios. [A poco de su partida] llegó al desierto, [tierra en la que] «arriba no hay pájaro que vuele y abajo no hay animal que camine»; los viajeros no tienen manera de orientarse en la inmensidad que se extiende por doquier, y sólo pueden guiarse por la posición del sol o por los huesos humanos que marcan el camino; con frecuencia se levantan vientos abrasadores, y el encuentro con espíritus hambrientos significa la muerte. Faxian superó todas las dificultades, confiado al destino, y en poco tiempo llegó a Congling, unos montes cubiertos de nieve en verano y en invierno habitados por un dragón maligno que exhala veneno y azotados por tempestades y ventiscas cargadas de arena. La ruta es escarpada y peligrosa y discurre entre precipicios de mil ren de profundidad; pero, aun así, los hombres de la antigüedad se las ingeniaron para perforar la roca y hacer un camino adosando a la pared una pasarela [sostenida por] setecientos travesaños, amén de puentes de soga que cruzan el río [Indo] por más de diez lugares diferentes. Atravesando las Montañas Nevadas Menores lo sorprendió una ventisca helada, y Hujing, [que iba con él], no pudo soportar el frío ni proseguir la marcha y le dijo: «Voy a morir. Sigue adelante, o pereceremos ambos». Dicho esto, expiró. Faxian lo acariciaba al tiempo que, llorando, exclamaba: «El destino te impide ver cumplidos tus deseos; ¿qué podías hacer?». De modo que siguió solo, y con la sola ayuda de sus propias fuerzas logró al cabo atravesar las montañas. Faxian pasó en total por más de treinta países. Estando en la India del Norte , a unos treinta li de Rājag ha , la noche lo sorprendió en el camino y se detuvo en un templo. A la mañana siguiente quiso ir al monte G dhrakū a , pero los monjes del templo
hicieron por disuadirlo: «Los caminos son muy escarpados y hay muchos leones muy fieros que devoran a la gente. ¿Qué necesidad tienes de ir allí?». Mas Faxian repuso: «He atravesado decenas de miles de li con el juramento de venir al monte del Buitre Mágico. ¿ Cómo voy a abandonar, llegando ya a mi destino, mi anhelo de tantos años? No tengo miedo, por agrestes que sean los caminos». Y como no lograran convencerlo, mandaron con él a dos monjes que le hiciesen compañía. Cuando llegaron al monte estaba ya por caer la noche, y Faxian resolvió pasarla allí mismo. Los dos monjes que lo acompañaban, muy espantados, volvieron al monasterio, dejándolo solo,y él se ocupó en prender incienso y en honrar [al Buddha]. Grande era su emoción frente a los santos vestigios, y él los contemplaba cual si fuesen imágenes del propio Buddha. En plena noche se acercaron tres leones negros. Sentados delante de él, se relamían y meneaban la cola mientras el peregrino recitaba los sūtra sin cesar y se encomendaba al Buddha. [Al punto], los leones agacharon la cabeza y bajaron la cola y se tumbaron a sus pies, y Faxian los acarició y les dijo: «Si queréis hacerme mal, esperad a que termine de recitar los sūtra. Mas si venís sólo a curiosear, ya podéis dar media vuelta». Y, después de un largo instante, los leones se fueron. Al clarear el día, Faxian emprendió la vuelta. El camino era angosto y sombrío; matas y arbustos obstruían el paso, y en él se entrecruzaban toda suerte de animales. Llevaba poco más de un li caminando por la única senda que había, cuando se cruzó con un monje de unos noventa años que irradiaba sabiduría y nobleza a pesar de su atuendo burdo y sencillo. Faxian reparó en su distinción, mas no advirtió que estaba en presencia de un santo. Algo más adelante se encontró con un monje joven y le preguntó: «¿Quién es ese monje anciano con el que acabo de cruzarme?». Y como [el joven] le respondiera: «Es Mahākāśyapa , primer observador de losdhūta», Faxian lamentó largo tiempo [no haberse detenido a hablar con el anciano]. Siguió camino, y llegó a la celda excavada en la pared de la montaña; mas como su boca estaba taponada por una gran piedra, no pudo entrar; ante ella, Faxian derramó lágrimas y rindió honores [a Mahākāśyapa], siguiendo al cabo su camino. En [Sa ]kāśya 6 hay un templo con un nāga de orejas blancas que se reúne con los monjes y en quien todos tienen gran confianza, pues es el causante de que en todo el país haya abundantes cosechas, y por ello los śrama a han erigido un templete en su honor y le hacen ofrendas de alimentos propiciatorios. Al término del retiro estival, el nāga se transforma en una culebrilla de orejas ribeteadas de blanco, y los monjes, sabiendo quién es, la colocan en una vasija de cobre llena de cuajada que ponen a su vez en medio de todos, pasando ante ella en procesión del más venerable al más modesto. Al cabo, la serpiente vuelve a transfigurarse y se marcha; así ocurre una vez al año, y Faxian pudo ver al nāga con sus propios ojos. Ya en la India central, llegó a la ciudad de Pā aliputra , de la región de Magadha .Y en el templo de Devarāja , situado al sur del stūpa de Aśoka , se hizo con el Mahāsā ghikavinaya , y también con una copia del Sarvāstivādinvinaya , y otras amén del Sa yuktābhidharma h daya , el Vaipulyaparinirvā asūtra escrituras. Faxian pasó allí tres años, en los que se dedicó a estudiar la lengua y la escritura sánscritas y a copiar de su mano [los textos]. Cargado de sūtra y dibujos, Faxian se unió a una expedición de mercaderes y llegó [por barco] al reino de los Leones . De la decena de sus antiguos compañeros de peregrinación, algunos se habían detenido en el camino y otros habían muerto, y no quedaba más que él, solo con su propia sombra. Lamentábase de ello, cuando vio a un mercader que ante la estatua de jade [del Buddha] ofrendaba un abanico de seda blanca de tierras de Jin , y fue tanta su pena, que no pudo contener las lágrimas. [En este reino] permaneció un par de años, en los que se hizo con el Mahīśāsakavinaya , el Dīrghāgama , el Sa yuktāgama y el Sa yuktapi akasūtra , textos todos inexistentes en tierras de Han. Al cabo, se unió a una expedición de mercaderes y embarcó con rumbo al este en un gran navío que transportaba a dos centenares de personas. Se desató una gran tempestad que abrió una vía de agua y los pasajeros, muy asustados, dieron en lanzar al mar todo tipo de cosas.
Temiendo que los mercaderes arrojasen también al mar sus sūtra y sus dibujos, Faxian se encomendó a Avalokiteśvara y a la comunidad budista de tierras de Han. La tempestad duró trece días con sus noches y al cabo, llevados por el viento, aportaron en una isla, en la que repararon [los desperfectos d]el barco. Al zarpar de nuevo, el viento, la lluvia y la oscuridad no les permitían saber dónde se hallaban y habían de confiarse al viento, [temiendo] tropezar con algún escollo oculto o con los piratas, [fatalidades de las que] nadie sale indemne. A los nueve o diez días9 llegaron a Yavadvīpa , donde [Faxian] se detuvo durante cinco meses. A bordo de otro barco mercante siguió luego ruta a Guangzhou . Llevaba navegando algo más de un mes, cuando en plena noche se desató una gran tempestad que sumió en el espanto a todos los pasajeros. Deliberaron, y al cabo dijeron: «Este śrama a que llevamos a bordo es el causante de que nos hallemos en este aprieto. No podemos permitir que un solo hombre nos haga perecer a todos». Y querían dejarlo abandonado; mas un dānapati de Faxian censuró con severidad a los mercaderes, diciéndoles: «Si desembarcáis a este śrama a, habréis de desembarcarme también a mí, y si no, tendréis que matarme. [Sabed que] el emperador de las tierras de Han adora al Buddha y venera a los monjes, y que, así llegue allí, os denunciaré ante él y habrá de daros el oportuno castigo». Los mercaderes se miraron entre sí muy espantados, y a regañadientes desistieron de su propósito. Estaban ya casi sin agua y grano, derivando a merced del viento, cuando llegaron a una costa que reconocieron ser de tierras de Han por las sapinas y leguminosas que en ella había. Mas como aún no sabían en qué lugar exacto se hallaban, remontaron en una barca un río para buscar alguna aldea, y al cabo dieron con un par de cazadores, a los que preguntaron: «¿Qué lugar es éste?». Los cazadores respondieron: «Ésta es la costa que se halla al sur del monte Lao, en la prefectura de Changguang , demarcación de Qingzhou» . Al volver [a la capital], los cazadores dieron cuenta al prefecto Li Yi ; y así supo éste, fi el creyente budista, que había un śrama a llegado de tierras lejanas, marchó en persona [a la costa] para recibirlo, y Faxian fue con él [a la capital] cargado con sus sūtra y sus dibujos. Al poco tiempo, quiso marchar al sur; mas como en esa sazón el gobernador lo invitara a pasar con él el invierno, Faxian hubo de decirle: «Si este pobre monje ha arriesgado su vida en lugares de los que es difícil volver, ha sido con la única voluntad de difundir [la Doctrina], y en el tiempo que llevo aquí aún no he obtenido fruto alguno. No, no puedo demorarme más tiempo». Y se encaminó hacia el sur, llegando al cabo a la capital. Allí, en el templo de Daochang tradujo, con el maestro de dhyāna extranjero Buddhabhadra , el Nirvā a en seis juan, amén del Mahāsā ghikavinaya , el Vaipulyanirvā asūtra , [otro] sūtra [de nombre desconocido] y el Sa yuktābhidharma h daya , lo que representa en torno a un millón de caracteres, si bien no tuvo tiempo de traducir [otros textos que había traído]. Cuando, apenas traducido el Mahāparinirvā asūtra, éste fue difundido por doquier para dar a conocer sus enseñanzas, una familia de nombre desconocido que vivía por la puerta de Zhuque quiso contribuir a propagar la Doctrina Verdadera e hizo una copia para ser recitada y leída a modo de ofrenda, depositándola, por no tener un cuarto especial para los sūtra, en la biblioteca con el resto de los libros. En cierta ocasión se desató un incendio que arrasó la casa y todos los enseres que había en ella, con excepción del Mahāparinirvā asūtra, que quedó intacto. En torno a él no había siquiera cenizas, y el color no sufrió alteración alguna. Cuando el suceso se propagó por la capital, la gente decía que había sido un milagro. Más tarde, [Faxian] se dirigió a Jingzhou . Y allí murió, en el monasterio de Xin , a la edad de ochenta y dos años. Su muerte fue muy sentida por todos. Existe un relato que da cuenta de todas las costumbres [y cosas] que oyó y vio [en su viaje].