Skip to main content

1_E000020005602

Page 1

44


Comité Científico Michael D. Green (Wake Forest University, Estados Unidos) Marcela Castro de Cifuentes (Universidad de Los Andes, Colombia) Diego M. Papayannis (Universidad de Gerona, España) Jane Stapleton (National Australian University, Australia) Javier Tamayo Jaramillo (IARCE, Colombia) Enrique Gil Botero (IARCE, Colombia) Jaime Orlando Santofimio Gamboa (Universidad Externado de Colombia / IARCE, Colombia) María Cecilia M’Causland (Universidad Externado de Colombia) Aìda Kemelmajer de Carlucci (Universidad Nacional de Cuyo, Argentina) Josep Solé Feliú (Universidad de Gerona, España)


Consejo Editorial Sergio Rojas Quiñones (Universidad de Los Andes / IARCE) Verónica Echeverry Salazar (Universidad de Antioquia / IARCE) Felisa Baena Aramburo (Universidad Eafit / IARCE) Hugo Cárdenas Villarreal (Universidad de Chile, Chile) Leysser León Hilari (Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú) Maximiliano A. Aramburo Calle (IARCE)


RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO DIRECTOR Andrés Orión Álvarez Pérez


©  TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH Cl. 11 # 2-16, Bogotá TELFS.: 4660171 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com/co Librería virtual: www.editorial.tirant.com/co MAQUETA: Innovatext Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/ politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice EDITORIAL Maximiliano Aramburo Calle y Andrés Orión Alvarez ......................................................... 13 PARA MARÍA PATRICIA CASTAÑO Javier Tamayo Jaramillo.............................................................................................................. 19 PARA MARÍA PATRICIA CASTAÑO: DE UNA CLASE DESHILVANADA Y DOLOROSA Guillermo Montoya Pérez.......................................................................................................... 21

1. ESTUDIOS LA RESPONSABILIDAD CIVIL Y LAS CATEGORÍAS DEL DAÑO William Namén Vargas................................................................................................................ 25 LA IMPUTACIÓN OBJETIVA EN LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO Y EL RIESGO DEL GATOPARDISMO Pedro A. Zapata García................................................................................................................ 49 LA REPARACIÓN DEL DAÑO Y LOS MODELOS DE JUSTICIA. BREVE ESTUDIO SOBRE LAS FORMAS DE REPARACIÓN DEL DAÑO EN LAS DISTINTAS JURISDICCIONES Arturo Solarte Rodríguez......................................................................................................... 81 LA RESPONSABILIDAD CIVIL DERIVADA DE LAS ACTIVIDADES MINERAS EN COLOMBIA Daniel Ricardo Sarmiento Cristancho...................................................................................... 125

2. DOSSIER: RESPONSABILIDAD CIVIL Y COVID-19 DOS PINCELADAS SOBRE LA RESPONSABILIDAD CIVIL Y EL CORONAVIRUS Javier Tamayo Jaramillo.............................................................................................................. 149 LA ALTERACIÓN IMPREVISIBLE Y SOBREVINIENTE DE LAS CIRCUNSTANCIAS Y SU INCIDENCIA EN LA ESFERA CONTRACTUAL CONTEMPORÁNEA Carlos Ignacio Jaramillo J......................................................................................................... 177 LA FUERZA VINCULANTE DE LAS OBLIGACIONES CONTRACTUALES FRENTE AL DESAFÍO DE LA PANDEMIA COVID-19. RENEGOCIACIÓN DE CONTRATOS, Y ESCENARIOS EXIMENTES DE RESPONSABILIDAD. UN LLAMADO A RESCATAR EL POSTULADO DE LA BUENA FE Alvaro Josué Yáñez Alsina.......................................................................................................... 237

Índice 9 RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44


RESPONSABILIDAD CIVIL POR FALTA DE COOPERACIÓN CONTRACTUAL Sergio Rojas Quiñones................................................................................................................. 257 LA FUERZA MAYOR INVOCADA POR EL ACREEDOR: UN CONCEPTO INEXPLORADO Alejandro Velásquez Cadavid..................................................................................................... 285

3. DISCUSIONES Y REFLEXIONES CONTEMPORÁNEAS IMPRESCRIPTIBILIDAD Y NO CADUCIDAD EN VIOLACIONES A DERECHOS HUMANOS Enrique Gil Botero...................................................................................................................... 299 EL RESARCIMIENTO DEL DAÑO Alejandro Gaviria Cardona....................................................................................................... 317 ABSORCIÓN DE GANANCIAS E INDEMNIZACIÓN POR NEGOCIACIÓN HIPOTÉTICA: ¿RESPONSABILIDAD SIN PERJUICIO EN MATERIA CONTRACTUAL? Felisa Baena Aramburo............................................................................................................... 333

4. POR LOS TRIBUNALES ANÁLISIS JURISPRUDENCIAL DE LA SENTENCIA SC780 DE 2020, SALA CIVIL, CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. MAGISTRADO PONENTE ARIEL SALAZAR RAMÍREZ Andrés Orión Álvarez Pérez...................................................................................................... 363 LA CONFUSA IDENTIDAD DE LA PROBABILIDAD PREPONDERANTE EN LA JURISPRUDENCIA COLOMBIANA: ¿POR QUÉ LA RESPONSABILIDAD MÉDICA? Maximiliano A. Aramburo Calle................................................................................................ 381

5. CONCURSO PARA ESTUDIANTES “GILBERTO MARTÍNEZ RAVE” EFICACIA DE LAS CLÁUSULAS RESTRICTIVAS DE LA RESPONSABILIDAD EN EL RÉGIMEN GENERAL DE LOS CONTRATOS Leandro Albeiro Sanabria Coronado........................................................................................ 401 ANÁLISIS DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL POR LA VULNERACIÓN AL HABEAS DATA FINANCIERO Kelly Johana Cárdenas Vera...................................................................................................... 425 ESTUDIO CRÍTICO DEL ENTENDIMIENTO DE LA RELACIÓN CAUSAL EN LA SALA CIVIL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. EL FALLO DEL 30 DE SEPTIEMBRE DE 2016 Jaime Eduardo Bustos Castellanos............................................................................................ 453

10 Índice

RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44


EDITORIAL

En 1995 se publicó el primer número de esta revista. El Instituto Antioqueño de Responsabilidad Civil y del Estado, fundado dos años antes, contaba con unos cuantos escritos que, con algo de timidez, sus miembros le pedían a los amigos con los que se tertuliaba o se invitaba a algún congreso: las notas de las ponencias presentadas eran las primeras llamadas a ser publicadas. Aunque había revistas jurídicas en el país (Estudios de Derecho, de la Universidad de Antioquia, es la más antigua aún activa y tiene más de cien años), solo unas cuantas se habían especializado en derecho privado, del que la responsabilidad civil era apenas un apéndice. Era un riesgo, por supuesto: se trataba un producto que ahora podemos calificar de artesanal, con una periodicidad bien intencionada que, sobre todo, tenía la pretensión de convertirse en órgano de divulgación de ideas que los miembros del Instituto querían someter a discusión. Sin embargo, fue siempre muy bien recibida por el público y el tiraje aumentó número tras número. Pero el tiempo ha corrido y ese producto artesanal, con sus más y sus menos, debe adaptarse a los nuevos tiempos de la academia jurídica. El pluralismo con el que se ha comprometido el IARCE debe formalizar los procedimientos de selección y revisión de artículos. La experiencia acumulada desde el primer número nos permite confiar en que la primera publicación periódica colombiana especializada en el ahora llamado derecho de daños, tiene todavía un promisorio futuro, pues debe aspirar a ser el foro de discusión académica más importante de los especialistas, egresados de los posgrados que no existían cuando la revista se publicó por primera vez. Durante este tiempo, además, la revista pasó por diferentes cambios en su forma y en su proceso editorial: una primera época, de la mano de la editorial Librería Jurídica Sánchez, nos permitió dar a conocer la revista. Fueron 22 números que permitieron la difusión del pensamiento jurídico especializado en la materia, cuando los libros sobre esos mismos temas casi podían contarse con los dedos de las manos. A partir del número 23 comenzó la segunda época, con una nueva carátula y de la mano de las editoriales Comlibros y Diké, que perduró hasta el número 43. Los procesos editoriales se afinaron un poco y, al final de la segunda época, la revista pasó a ser anual, lo que nos permitiría tener mejores tiempos para cuidar los resultados finales de la publicación. A lo largo de esos 43 números anteriores se publicaron artículos escritos en (o traducidos al) español, y así lo seguiremos haciendo. Pero ha llegado una nueva etapa, una tercera época en la que confiamos que el salto incremental en calidad será evidente para nuestros lectores habituales y nos permitirá conquistar nuevos amigos. De la mano de la editorial Tirant lo Blanch, cuya presencia en Colombia ha sido tan saludable y refrescante, hemos conformado un comité científico y un consejo editorial

Editorial 11 RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44


que busca garantizar la pertinencia, seriedad y actualidad de los contenidos, así como una finísima revisión de los textos para un mejor debate académico. Este es el primer paso que queremos dar hacia la integración de la revista en los más importantes índices: Responsabilidad Civil y del Estado, que ya acumula un cuarto de siglo sirviendo a esta parcela del conocimiento jurídico en Colombia, aspira a convertirse en un referente iberoamericano en su especialidad. Para lo anterior, hemos concebido una estructura de la revista por secciones, algunas de las cuales podrán aparecer (o no) en función de lo que en cada convocatoria de artículos se reciba. Estrenamos esta estructura en este número, con la sección “Estudios”, destinada a artículos de investigación; tendremos, además, un dossier especial sobre la covid-19 y el derecho de daños; asimismo, tenemos una sección que hemos titulado “Discusiones y reflexiones contemporáneas”, para dar cabida a escritos de diferente naturaleza que no puedan calificarse como resultado de investigación de acuerdo con los parámetros propios de las revistas científicas. Asimismo, como un compromiso abierto, la función práctica que nos inspira, la sección “Por los tribunales” pretende dar cuenta de discusiones a partir de sentencias importantes, reivindicando el género del comentario jurisprudencial. Por otro lado, cada cierto tiempo tendremos, como en este número, la publicación de los trabajos que resulten elegidos, a juicio del consejo editorial, como aptos para su publicación, que procedan del Concurso Nacional para estudiantes “Gilberto Martínez Rave”, que va para su cuarta versión. En otros números aspiramos a tener otras secciones, con recensiones bibliográficas, entrevistas y notas varias. Confiamos en que los cambios en la revista mejoren la calidad del aporte que ésta ha hecho durante 25 años, pero sobre todo que la proyecte por un período futuro igual o superior a este. *** Este editorial no estaría completo si no damos cuenta en él de una motivación especial que tiene este ejemplar de Responsabilidad Civil y del Estado: queremos rendir homenaje a una de las fundadoras del Instituto, quien lo presidió durante casi un lustro en la última década del siglo pasado: María Patricia Castaño de Restrepo. Patricia falleció en Medellín en febrero de 2020, tras una larga enfermedad. El IARCE es, en muy buena medida, un esfuerzo suyo: hace 30 años trabajó denodadamente en congregar a las mentes más preclaras del derecho de la responsabilidad que había en Medellín para constituir un escenario plural que superara las fronteras de las universidades en las que cada uno de ellos impartía clases. Organizó congresos, tertulias y fuertes discusiones, impulsó el nacimiento de esta revista y escribió sus propias investigaciones, especialmente en el ámbito de la responsabilidad médica, a la que le dedicó sus horas de vigilia, y quizás también las de sueño. En diferentes universidades 12 Maximiliano Aramburo Calle y Andrés Orión Alvarez P.

RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44


se prodigó a sus estudiantes, especialmente de posgrado, en procura de la consolidación del ahora llamado –en parte, gracias a ella– derecho médico. Patricia le hizo mucha falta al IARCE cuando su enfermedad la alejó de las tertulias, seminarios y congresos, aunque siempre amenazó cariñosamente con su regreso, que implicaba el retorno de su temple y carácter a las discusiones. Con esta revista vuelve Patricia: los lectores se encontrarán el homenaje que dos de sus maestros quisieron rendirle. Que estas páginas, que suponen la presentación en sociedad de la mayoría de edad de Responsabilidad Civil y del Estado, sean también en su honor y en su recuerdo, pues sin Patricia Castaño esta revista no hubiera nacido.

Maximiliano Aramburo Calle Presidente IARCE Andrés Orión Alvarez P. Director Revista

Editorial 13 RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44


PARA MARÍA PATRICIA CASTAÑO In memoriam

En el Aula Magna de la Universidad de Buenos Aires, los 600 asistentes –tratadistas invitados, profesores, abogados y estudiantes que se hallaban en el recinto– de repente, se pusieron de pie y durante dos o tres minutos aplaudieron como por oleadas. Entre sollozos, me dijo al oído: “¡Qué pesar que mi mamá y mis hijas no estén presenciando esta fantasía!” Por primera vez, María Patricia Castaño había participado y triunfado, con estruendos, en un congreso internacional de responsabilidad civil, de gran calado. Su conferencia versó sobre el consentimiento informado del paciente en la responsabilidad médica. Fue a comienzos de los años 90. Pero la llegada de ese laureado instante fugaz no fue fácil; por el contrario, fue el efecto necesario de la inteligencia, del estudio, y, sobre todo, de la testarudez de Patricia. Observándola a lo largo de los años descubrí en ella, mezcladas, la inteligencia, la voluntad y la obsesión por realizar un objetivo… y luego buscar otro. Desde entonces concluí que la investigación académica, salvo casos de excepción, requiere más de la testarudez y del trabajo intenso, que de una inteligencia a borbotones con la que, por regalo de la vida, la naturaleza dota a ciertas personas. Desde luego que la enorme o mediana inteligencia es ingrediente indispensable de la receta. No sé si es optimismo o pesimismo, pero a veces creo que no es que haya personas muy inteligentes y distintas de las otras, sino personas con la capacidad necesaria para obsesionarse con alguna idea, hasta penetrarla y dominarla. El obsesivo, por muy torpe que sea, terminará siendo el gran conocedor de los objetos que permanecen, casi aislados, bajo su atención compulsiva. Con lo anterior no quiero negar la evidente inteligencia de Patricia: era inteligente, pero sin su voluntad, su dedicación y su testarudez no habría llegado a donde llegó. Y a todos nos hubiera pasado igual. Son la voluntad, la dedicación y la testarudez los comportamientos valiosos en toda persona. Nadie es autor voluntario de su inteligencia nata, pero si libertad hay, la voluntad y la dedicación son cualidades acrisoladas y atesoradas a lo largo de una existencia. Esas personas son las que merecen nuestros reconocimientos. Por ser inteligente nadie es virtuoso ni culpable. Pero el corazón me apartó del trazado concebido para estos párrafos. En efecto, olvidaba decir que, dentro de la facultad de derecho de la UBA, cuando arribamos a la sala de profesores, vimos, ya gastados por el centenario uso, el cuero de sus verdes sillones. Pero todo, mirado en su conjunto, era de una elegancia suma; nos servimos un café y empezamos a conversar, como asustados por el paso implacable del

Para María Patricia Castaño RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44

15


tiempo y me dijo: “¡Qué dolor que tanto esfuerzo por tratar de trascender desparezca con la muerte, y que personas mucho más notorias que nosotros, que se sentaron en estos mismos muebles, que fueron aclamadas en esta misma Aula Magna, ya nadie los adore ni mencione, y que, si alguno de ellos tuvo suerte, todo se reduzca a una placa entre muchas, ¡que ya nadie identifica!”. Me impactaron sus palabras, pero vanidosos como todos los jóvenes que creen que la muerte no es con ellos, desafiamos la inclemencia de la fugacidad y nos tomamos fotos en las escalas del frente de la facultad, como para que la memoria del tiempo no se olvidara de nuestra presencia en ese lugar, en aquella fecha. Y después los días, iguales a todos los días, pasaron como pasan los granos de arena que inatajables, se fugan por entre los dedos de nuestras manos; hasta que, de pronto, a Patricia la llamó el destino y le cambió sus retos: la vida consiste siempre, en desafiar retos, por pequeños que sean. Una enfermedad letal la puso en el brete de luchar, con un estoicismo a toda prueba, para alargar su vida lo más que pudiera y así disfrutar, a fondo, con los suyos. Sus ambiciones ya eran distintas: no más el Derecho. Ella y su familia abrazaron sin reservas la fe religiosa y, como niños, aprovecharon el tiempo que no se detenía, para gozar material y espiritualmente sus existencias. Vivieron así durante varios años, pero el fantasma de lo inevitable la atormentaba cuando, ya desahuciada, debía someterse a unas terapias infernales que la dejaban con una sensación de muerte. Y no se daba por vencida. Un día, como iluminada, comenzó a desprenderse de la vida y de sus logros efímeros y, en medio de una crisis, ya adultas y realizadas sus hijas, decidió no luchar más por ganarle retazos de tiempo a la muerte, en busca de días felices que, por su estado de salud, eran imposibles. Dulcemente, sin reproches ni odios, convencida de que su felicidad eterna estaba cerca, ordenó suspender todo tratamiento curativo, resignada a que el tiempo hiciera lo suyo, porque si continuaba su batalla por sobrevivir lo que la esperaba era un sufrimiento insoportable para ella y su familia. Conocido el final, vuelvo a nuestra estadía en Buenos Aires. Felices, regresamos a Medellín repletos de ilusiones y proyectos. El nuevo reto era fundar un Instituto conformado por amigos de todas las tendencias consagrado al estudio y difusión de la responsabilidad civil en Colombia. La semilla ya estaba sembrada desde años atrás y no fue difícil conformar el grupo. Treinta personas lideradas por Gilberto Martínez Rave, Patricia y el suscrito, que tuvimos un solo precepto o mandato ético y funcional: ni Gilberto Martínez ni yo seríamos presidentes del Instituto dado que teníamos concepciones diferentes sobre la responsabilidad civil y era mejor que esa diferencia no trascendiera en las decisiones de la nueva institución. Mejor dicho, de un tajo, proscribimos la ambición de poder dentro del grupo. 16 Javier Tamayo Jaramillo

RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44


Fue una solución sana y aceptada por todos. Como un regalo de la vida, nació entre todos nosotros un deseo inmenso de colaboración y aprendizaje. De cariño, diría yo. No estando de por medio la lucha por el poder dentro del instituto, ser amigos resultó ser de lo más fácil. Y juntos realizamos congresos internacionales memorables que, todavía hoy, reclaman los que de ellos hicieron parte en aquellos tiempos. Es justo, por lo tanto, que la memoria del Instituto recuerde el nombre de sus fundadores, algunos de los cuales, ya nos han abandonado, como Gilberto y Patricia. De mi lado, y en nombre del IARCE, me tomo la vocería del grupo para rendir un pequeño reconocimiento de gratitud a todos ellos. Desde luego, sin perder de vista que lo que ahora celebramos con alegría y nostalgia es el aporte vital, espiritual e intelectual que Patricia Castaño de Restrepo le otorgó a la academia y al IARCE. Pero, no he contado, todavía, el gran legado de Patricia a la academia del derecho. Corría más o menos el año 1990 y yo dictaba en la Universidad Pontificia Bolivariana, un diplomado sobre responsabilidad civil. En el primer examen todos sacaron 1.0, salvo varios que sacaron 0.0 y un estudiante que sacó 3.5. En la tarde, me llamó una alumna a pedirme una cita para hablar sobre el resultado de la prueba. No más sentarnos, me dijo que hablaba en nombre de todo el grupo y que no era lógico que casi todo el mundo hubiera perdido el examen; que ese examen había que repetirlo. En silencio dejé que continuara con su pliego de lamentaciones y reclamos; me dijo entonces que en sus años de estudio nunca había sacado una nota inferior a 4.5 sobre 5.0; que debíamos discutir cada punto de su examen; le pedí que me diera sus argumentos y, luego de escucharla, le dije que me sostenía en la nota pues no encontraba cómo convencerla de que me asistía la razón; pero que le rogaba que un segundo jurado calificador decidiera el desacuerdo. En sus ojos rasgados y en sus labios apretados se percibía una ira que parecía un volcán a punto de explotar. Pero no se descompuso ni me faltó al respeto y se fue. Terminamos el diplomado y no se despidió, llevando en su bolsillo la mejor nota: 3.8. Semanas más tarde tuve que negarme, por falta de tiempo, a dictar un curso sobre responsabilidad médica en una entidad hospitalaria y recomendé a Patricia, la estudiante que me había reclamado. Se apareció en mi oficina, incómoda por los antecedentes entre los dos e incrédula de que yo hubiese depositado mi confianza en ella. Intentó referirse al incidente inicial, pero lo impedí, cambiándole sutilmente de tema. Que no tenía material para para preparar sus clases; le entregué unos apuntes míos con un programa más o menos organizado… y salió agradecida, pero sin exceso de palabras. Deduje su agradecimiento de sus brillantes ojos saltones y de sus labios grandes, superados dulcemente por sus dientes delanteros. La mostraban plena, con una muy leve sonrisa. Era delgada y con el pelo largo, un poco rubio.

Para María Patricia Castaño RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44

17


¡Pero quién dijo intensidad! Todos los días, al final de la mañana, llegaba pidiéndome “diez minuticos” para que le aclarara un problema o le buscara un libro. Los diez minutos de Patricia duraban dos o tres horas y mi oficina quedaba manga por hombro. Si ese curso no terminaba rápido Patricia me iba a enloquecer. Le fue bien y desde entonces, la llamaron de todas partes a dictar el mismo curso, cada día con más éxito. Nos hicimos amigos con nuestras parejas y nuestros hijos. Pero un día, pidió otra cita y, abrumado por el trabajo, pensé que de seguro traía alguna idea “loca”, de esas a las que me tenía acostumbrado: “Voy a hacer una investigación sobre el consentimiento informado del paciente, y no tengo bibliografía ni quien me dirija el trabajo. ¿Usted me ayuda?”. “Patricia –le dije–: yo le ayudo, pero estoy casi seguro de que ello acabará con nuestra amistad, porque ando muy ocupado en otra investigación y con un ejercicio profesional muy recargado. Usted es muy intensa, Patricia, y me llega a cualquier hora”. Ella entendía que ese lenguaje hosco no era enojo sino prueba de cariño. Y, como decía mi mamá, “eso fue como decirle primo al Rey”. A cada momento llegaba con problemas que yo jamás había estudiado y, por lo tanto, las discusiones eran eternas y no pocas veces terminaban con disgustos; ya era como discutir con una hija; y sin darme cuenta, en pocos días tuvo separada la bibliografía y ahora se trataba nada más ni nada menos que de organizar el plan de la obra: lo más difícil de toda investigación. Duramos cuatro meses en la tarea de planificar una disertación o escribir un libro. No quise meter la mano en su proyecto, sino que me empeñé en enseñarle a investigar, hasta que lo aprendió. Y arrancó a escribir. Tres años más tarde me entregó el texto para que prologara su publicación. Descansamos los dos… y nuestras familias. Después de haber participado juntos en otros eventos internacionales en el exterior, apareció otra mañana, con la enguandia de afiliarse a una asociación mundial de derecho médico, con sede principal en España. Comenzaron sus viajes son sus respectivas ponencias y, poco a poco, para mi orgullo y descanso, se fue desprendiendo de mis consejos y hasta de nuestros encuentros. Volaba sola y nos veíamos poco, pues yo no tenía idea del derecho médico como materia independiente y ella estaba en otro cuento. Concluí que era el mejor trofeo que yo había logrado como docente. Otra vuelta entró a la oficina y me dijo que si yo podía revisarle un proyecto para montar una especialización en derecho médico. Le insistí en que yo no manejaba la materia pero que podíamos hablar sobre la estructura de los módulos, para que pasara de lo general a lo particular, no faltaran temas, ni hubiera incoherencias. Salió feliz, llevándose mis felicitaciones y mis deseos de que sacara adelante su proyecto. Meses después me contó que había montado la especialización en la Universidad del Rosario, en Bogotá, donde la recibieron como a una princesa, con todos los honores. Impuso su liderazgo y sus ideas y, al cabo de un año, había en Colombia, treinta personas especializadas en derecho médico. Todo era obra suya, ayudada por los mis18 Javier Tamayo Jaramillo

RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44


mos estudiantes y por los profesores y directivas de su nueva alma mater. Un logro más para una mujer que parecía ser capaz de tragarse el mundo entero. Siguió triunfando como docente y como profesional del derecho, aunque el tiempo no le alcanzaba y, por épocas, se le veía angustiada porque no podía compartir con su familia. Esa fue su más dura lucha. Pero Darío su esposo y sus hijas la apoyaron de principio a fin. Empero, un día en que las cosas suceden de repente, empezó a experimentar malestares corporales y bajones del ánimo. Comenzaba su calvario. Hasta que ya no pudo más. El resto ustedes lo conocen. Nos ha abandonado la presencia física, la fundadora en Colombia del derecho médico, reconocida en el país y en el exterior. Me duele que las universidades antioqueñas en las que estudió e impartió cátedra y hasta fundó la maestría en derecho médico, no hayan tenido la mínima elegancia de manifestaciones a la altura de su exalumna y exprofesora. De esas manifestaciones que permiten conservar la presencia espiritual de Patricia Castaño de Restrepo. Los que sabemos y comprendemos que el poder es la peor lacra del ser humano, sabemos también que el intelectual que desee permanecer libre no puede luchar por recibir los honores que cree merecer. La ética del intelectual es estar dispuesto a expresar lo que piense, así sea lo políticamente incorrecto. El poder no permite esa libertad y convierte al intelectual en un pobre obsecuente, que sobrevivirá de la adulación a su amo y de la persecución de este contra sus enemigos. Sea este el momento para, en nombre del IARCE, de sus amigos y en el mío propio, rendir homenaje a María Patricia, mi mejor discípula, con la que viví momentos de amor y odio fraternales, todo producto de la falta de tiempo de los dos. Ojalá Darío, Tatiana y María Alejandra, su familia, puedan superar el duelo, para compartir con alegría y con tranquilidad el recuerdo que les queda del legado de su esposa y madre. En Medellín, el jueves 2 de Julio de 2020 .

Javier Tamayo Jaramillo

Para María Patricia Castaño RESPONSABILIDAD CIVIL Y DEL ESTADO • Núm. 44

19


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
1_E000020005602 by Editorial Tirant Lo Blanch - Issuu