Hotel Rwanda Entre el genocidio y el altruismo
José Luis Pérez Triviño Profesor titular de Filosofía del Derecho Universitat Pompeu Fabra, Barcelona (España)
Valencia, 2012
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Ficha técnica................................................................................
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Introducción.................................................................................
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Sinopsis de la película.................................................................
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Breve crónica de Ruanda.............................................................
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Genocidios....................................................................................
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Características del genocidio ruandés........................................
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Los responsables del genocidio...................................................
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El altruismo de Paul Rusesabagina............................................
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Paisaje después del genocidio.....................................................
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Bibliografía...................................................................................
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Índice
Director: Terry George Hotel Rwanda (Reino Unido, Sudáfrica, EE.UU. e Italia, 2004, 121 min. Color). Basada en el guión de Keir Pearson y Terry George, publicado en el libro Hotel Rwanda: Bringing the True Story of An African Hero to Film (Newmarket Press, Nueva York, 2005). Interpretación: Don Cheadle (Paul Rusesabagina), Sophie Okonedo (Tatiana), Nick Nolte (Coronel Oliver), Joaquin Phoenix (Jack), Desmond Dube (Dube), David O’Hara (David), Cara Seymour (Pat Archer), Fana Mokoena (General Augustin Bizimungo), Hakeem Kae-Kazim (George), Tony Kgoroge (Gregoire), Ofentse Modiselle (Roger). Guión: Keir Pearson y Terry George. Producción: A. Kitman Ho y Terry George. Música: Andrea Guerra, Rupert Gregson-Williams y Afro Celt Sound System. Fotografía: Robert Fraisse. Montaje: Naomi Geraghty. Diseño de producción: Tony Burrough y Johnny Breedt. Dirección artística: Emma MacDevitt. Vestuario: Ruy Filipe. Estreno en USA: 22 Diciembre 2004.
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Ficha técnica
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otel Rwanda es una película que narra los acontecimientos que sucedieron en Ruanda entre el día 6 de abril y el 17 de julio de 1994, el período de tiempo que transcurre entre el asesinato del presidente ruandés y la victoria del Frente Patriótico Ruandés, esto es, el lapso en el que se produce la mayor parte del genocidio ruandés. Por otro lado, la película no trata de hacer un análisis del genocidio de forma exhaustiva, sino más bien de la figura de Paul Rusesabagina, el gerente del hotel “Diplomates” que logra salvar milagrosamente a más de 1.000 personas a las que acoge en el hotel “Mille Collines”. Señalo estos datos porque, sin negar el valor que tiene la película de Terry George, en cuyo guión fue asesorado por el propio Rusesabagina, lo cierto es que puede transmitir una imagen algo distorsionada de lo que sucedió en Ruanda en esas fechas. No tanto por lo que se cuenta en la película, sino más bien, por lo que no se cuenta. En efecto, una vez vista la película un espectador que desconociera la historia de
Ruanda se preguntaría inmediatamente por las causas que llevaron a tal violencia, qué es lo ocurrió antes del 6 de abril de 1994 para que explotara una ola de violencia colectiva que llevaría a la muerte a casi un millón de personas. A su vez, el mismo espectador se interrogaría por lo que pasó al finalizar el conflicto, cómo se enfrentó la sociedad ruandesa a semejante horror, qué responsabilidades se exigieron a los ideológos, planificadores y ejecutores del genocidio. Y también se preguntaría por el comportamiento de los vencedores del conflicto, el Frente Patriótico Ruandés (FPR), mayoritariamente tutsi, respecto de los hutus en general, y de los perpetradores, en particular. Aunque se pueda presumir la neutralidad y el deseo de ser imparcial por parte del director, lo cierto es que por la propia complejidad de los sucesos y de los actores del conflicto tal objetivo no se consigue plenamente. Es cierto que el propósito de la película no es el análisis del genocidio en toda su extensión, sino que la mirada del director está centrada en la actitud de
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Introducción
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Introducción
Paul Rusesabagina como agente altruista frente a la barbarie que le rodeaba, junto con el análisis crítico del papel pasivo de la comunidad internacional, que apenas intervino para detener la matanza. Pero, en mi opinión, un espectador ignorante de la historia ruandesa podría llevarse una imagen parcial de los hechos históricos y, por lo tanto, del papel jugado por el gobierno hutu, el ejército rebelde tutsis (Frente Patriótico Ruandés) y la propia comunidad internacional. En primer lugar, porque en la película la explosión de violencia hutu parece surgida casi de la nada. Hay una referencia al derribo del avión donde viajaban los presidentes de Ruanda y de Burundi, y también a una creciente ola de odio hacia los tutsis, pero no se indica nunca el conflicto entre el gobierno (hutu) y el FPR, que desde 1990 había provocado numerosas muertes, así como la huida de cientos de miles de personas temerosas de las reacciones de unos y de otros. Por otro lado, la impresión que se transmite con la película, especialmente al final, cuando el FPR expulsa de manera triunfal al ejército hutu y a los interehamwe, es que los integrantes del FPR son los “buenos” de la película, cual séptimo de caballería que expulsa a los indios malos. Aunque no cabe
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duda de que gran parte de los muertos en el genocidio fueron tutsis a manos de hutus, las últimas investigaciones han puesto de manifiesto la situación cuasi de guerra civil que se vivía desde 1990, con un FPR que lanzaba ataques desde las fronteras de países vecinos. También se sospecha seriamente que fue el FPR quien organizó el lanzamiento del misil que derribó el avión presidencial. Y por último, también hay datos de violaciones de derechos humanos durante y con posterioridad al conflicto, una vez que había ya conseguido el poder. Teniendo en cuenta la poca información que el público occidental tiene del genocidio ruandés, la película habrá despertado muchas conciencias sobre la tragedia allí ocurrida, pero también habrá dado una imagen parcial del genocidio. Es por ello que la película se constituye en una oportuna excusa para la caracterización del genocidio y, en particular, para una explicación del genocidio ruandés, de sus causas y de sus consecuencias. De esta manera se ofrecerá en la primera parte una visión más completa de los acontecimientos que se describen en “Hotel Rwanda”. La segunda parte del libro se centrará en el otro gran tema abordado en la película: la acción salvadora de Paul Rusesabagina.
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a película comienza con un fondo negro en el que lentamente empieza a sonar una emisión de radio (sabremos más adelante que se trata de la Radio de las Mil Colinas) donde se descalifica y amenaza a los tutsis. A continuación, la película nos sitúa temporalmente en los días previos a la firma de un convenio de paz entre el gobierno ruandés (de mayoría hutu) y el Frente Patriótico Ruandés (tutsi), en representación de las dos etnias principales de Ruanda. Durante siglos habían convivido en el mismo territorio, pero con un claro dominio de la etnia minoritaria, los tutsis, sobre la mayoría hutu. Tras el dominio colonial belga se produjo a mitad del siglo XX un cambio en el gobierno, de forma que los hutus pasaron a dominar el país, no sin que se produjeran episodios de violencia contra los tutsis. Paul Rusesabagina es hutu y gerente del prestigioso y elitista hotel “Mille Collines”, donde se suele reunir la clase alta ruandesa y los representantes diplomáticos de países extranjeros y que es propiedad de las aerolíneas
belgas Sabena. A pesar de su situación privilegiada en el entramado sociopolítico ruandés, Paul no logra ni siquiera imaginar los acontecimientos que se avecinan. Pero la violencia estalla cuando se confirma que el avión donde volaba el presidente ruandés, de regreso de Dar es Salaam donde se negociaban los acuerdos de paz, estalla poco antes de aterrizar en la capital de Ruanda (Kigali). Es entonces, cuando el ejército y las cuadrillas de hutus, los interehamwe, que habían ido preparándose para ello reciben la orden de asesinar a los hutus moderados y a cualquier tutsi. La masacre ha comenzado. Es el 6 de abril de 1994. A partir de ese momento, la vida de Paul Rusesabagina (interpretado por Don Cheadly) y su familia cambia drásticamente, pues su mujer es de etnia tutsi, y por lo tanto está amenazada de muerte. Paul espera salvar la vida de su familia gracias a los influyentes contactos que le ha permitido tener su trabajo de gerente en el selecto hotel “Mille Collines”. Sin embargo, su plan se complica cuando decenas de
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Sinopsis de la película
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tutsis acuden a él buscando salvación. Es entonces cuando su actitud evoluciona, asumiendo que debe salvar a los inocentes de la masacre que se lleva a cabo a su alrededor. Para ello, aloja a los tutsi en las habitaciones del cada vez más vacío hotel, pues ha ido perdiendo progresivamente a su clientela europea, que huye despavorida ante el avance de la matanza. Allí subsisten, en una especie de refugio, protegidos precariamente por los cascos azules de la ONU dirigidos por el coronel Romeo Dallaire (interpretado por Nick Nolte). Paul logra proteger a los suyos en el hotel, pero los problemas se agudizan cuando empiezan a llegar cientos de personas pidiendo auxilio con la esperanza de encontrar cobijo y a la espera de que las fuerzas internacionales lleguen en cualquier momento para detener la matanza. Sin
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embargo, la ayuda no llega y la situación se recrudece. Mientras tanto, un joven cámara, reportero de la BBC (Joaquin Phoenix), asiste al espectáculo dantesco y Paul hace uso de todos los recursos y sobornos posibles tanto con el general Bizimungu como con el líder de las interehamwe, George Rutaganda, para mantener con vida a los tutsis refugiados en el hotel, frente a las amenazas de las hordas hutus. Finalmente, las fuerzas internacionales llegan a Ruanda... pero sólo para evacuar a los ciudadanos blancos y devolverlos a sus países de origen, y con órdenes de no intervención. Paul, defraudado por el comportamiento internacional, armado de coraje y con la ayuda del coronel Romeo Dallaire, logrará salvar la vida de miles de personas que confiaron en él hasta la liberación a primeros julio de 1994.
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uanda es un pequeño país cuyo territorio ocupa 26.338 km2 (algo mayor que la Comunidad valenciana) en la zona africana de los Grandes Lagos. Como ocurre con muchos países africanos, poco se conoce de su historia precolonial. Se tiene constancia de que estaba habitado inicialmente por una etnia, los hutus, provenientes del oeste africano. Posteriormente llegaron los tutsis procedentes del norte, supuestamente de Egipto y, a pesar de que eran numéricamente inferiores, consiguieron dominar el territorio formando un sistema jerarquizado de castas. Ruanda incluía un tercer grupo étnico, al que se conoce bajo el nombre de “twa” o pigmeos, que representaba sólo el 1 % de la población y ocupaba el lugar más bajo de la jerarquía social y de la estructura de poder. A pesar de que los twa no constituían una amenaza para nadie, la mayor parte de ellos también fueron aniquilados en 1994. En la historia ruandesa se constata una división socioeconómica en la que los tutsis eran principalmente ganaderos
y los hutus agricultores, lo cual repercutía en una superioridad política de los primeros. Más allá de estas diferencias, lo cierto es que todos los ruandeses tenían las mismas tradiciones, la misma lengua (kinyaruanda) y se habían sometido al mismo rey tutsi (mwami). De esta forma se constituyó una sociedad dominada por la dinastía tutsi, a pesar de ser sólo el 15% de la población. Ahora bien, esta es una de la versiones del origen histórico y étnico de Ruanda. No hay un acuerdo unánime acerca de que en realidad haya dos etnias distintas, pues de hecho, compartían el mismo idioma, tenían las mismas creencias y tradiciones religiosas, las mismas costumbres, el mismo gobierno, y las diferencias en cuanto al aspecto físico no está claro que existan o sean tan pronunciadas como para hablar de dos razas. Algunos historiadores sugieren que la historia basada en las diferencias étnicas de hutus y tutsis es, en realidad, un mito, una explicación sin base científica. El propagador de tal hipótesis diferenciadora fue
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Breve crónica de Ruanda
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un explorador británico, John Hanning Speke, quien relacionó unas investigaciones poco rigurosas sobre los habitantes del África Central con el relato bíblico. De ahí surgió en 1863 el libro Diario del descubrimiento de las fuentes del Nilo, en el que aventuraba que en el territorio que es hoy Ruanda había un conjunto de jefes que se denominaban a sí mismos tutsis y que entre otros aspectos se caracterizaban por medir la riqueza no por el terreno que poseían sino por el número de vacas. También destacaba este grupo, en su opinión, por ser sus integrantes más altos y por tener una nariz más angulosa que los hutus. En opinión de Speke, el origen de dicho clan debería encontrarse en una tribu de cristianos que habían emigrado de los desiertos de Oriente Medio (posiblemente Egipto) y que por lo tanto, tendrían un origen noble. En cambio, los hutus serían, en la interpretación de Speke, un grupo caracterizado por tener pelo negro y rizado, así como una nariz ancha y los labios prominentes. No es casual que “Hutu” signifique seguidor. Esto servía a la visión de Speke según la cual la división y jerarquía entre ambas etnias correspondía a los designios divinos. Así, los hutus eran los que cultivaban la tierra, lo cual le hacía pensar que des-
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cendían de Cam, el hijo de Noé que, a tenor del noveno capítulo del Génesis, había cometido el pecado de espiar a su padre. Como castigo a tal falta, Noé lo maldijo, así como a su descendencia: “será para sus hermanos como el esclavo más vil”. En la concepción histórica de Speke, esta descendencia habría marchado hacia el África Central, y de ahí surgirían los hutus, los seguidores, los subordinados al grupo aristócrata. Esta interpretación histórica del origen de Ruanda, conocida como la “hipótesis camita”, tuvo una gran influencia, pues contribuyó a que los tutsis cercanos al poder comenzaran a creer que formaban una clase especial. Por otro lado, desde un punto de vista económico-social se generaron unas relaciones de dependencia de tipo clientelar entre agricultores y ganaderos (el código ubuhake) que afianzó como clase gobernante a los tutsis, lo cual derivó en la creación de minifeudos aglutinados alrededor del monarca muami, que siempre fue un tutsi. Esta situación, en la que se daba simultáneamente el dominio monárquico de los tutsis y la convivencia pacífica de ambas etnias, no se vio gravemente alterada en 1885 cuando, en la conferencia de Berlín, Ruanda pasó a jurisdicción alemana,
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sociedad. En cambio, los hutus vieron como su posición subordinada en la sociedad ruandesa se intensificaba merced a la opresión tutsi, a veces alentada por las autoridades belgas. Así, Pierre Ryckmans, un administrador belga, en 1920 señaló: “Los Batutsi están predestinados a reinar. Su fina presencia (racial) es en sí misma suficiente para darles un gran prestigio frente a las razas inferiores... No es sorprendente que aquellos buenos Bahutus, menos inteligentes, más simples, más espontáneos, más confiados se hayan dejado esclavizar sin ningún tipo de rebelión” (Prunier, 8, cit. por Melson, 328). Otro de los cambios que introdujeron los belgas fue la sustitución del muami Musinga, contrario a la evangelización católica, por el rey Rudahigua, más flexible a dicha difusión de la fe católica entre los ruandeses, lo cual generó que tanto hutus como tutsis se acabaran convirtiendo al catolicismo. Sin embargo, la llegada de misioneros católicos tendría consecuencias insospechadas para la historia de Ruanda, ya que fueron ellos uno de los focos desde los que se difundió la ideología prohutu. La visión racista que adoptaron los belgas no acabó aquí. Trataron de documentar científicamente la superioridad tutsi,
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dado que apenas enviaron funcionarios coloniales para administrar el país. En cambio la situación varió cuando a resultas del desenlace de la Primera Guerra Mundial, se decidió que Ruanda pasara a ser dominio belga, hecho que se consumó en 1926 cuando la Sociedad de Naciones concedió a Bélgica un mandato de tutela. El mandato belga vino a acentuar unas diferencias étnicas que hasta el momento no habían tenido apenas importancia en las relaciones entre hutus y tutsis. En efecto, en la época precolonial las dos comunidades coexistían y se respetaban. Los colonizadores belgas hicieron desaparecer muchas de las costumbres y relaciones sociales que permitían la convivencia entre hutus y tutsis. Fomentaron una visión racial y postularon una supuesta superioridad natural de la minoría tutsi sobre la mayoría hutu, convirtiendo a los primeros en algo así como una clase de funcionarios a su servicio. Los colonos belgas siguieron una política de “divide y vencerás”, y en ese sentido adoptaron las hipótesis de Speke respecto a la historia ruandesa. Sobre esta visión racista remodelaron la organización del poder que favorecía el acceso privilegiado por parte de los tutsis a la educación y a los puestos de mando en la
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llegando a afirmar, después de haber tomado medidas, que sus narices eran dos milímetros más largas que las de los hutus. Por otro lado, extendieron esta discriminación al ámbito laboral y al educativo. En el primero de estos ámbitos, los empleos en la administración colonial fueron reservados para los tutsis. Y en el segundo, se enseñaba en clase la doctrina según la cual los tutsis eran superiores a los hutus. Pero quizá la medida racista adoptada por lo belgas que con el tiempo tendría una mayor significación fue la implantación de la pertenencia étnica en los documentos de identidad. En efecto, tal dato, en apariencia trivial, servirá durante el genocidio para señalar quién era hutu y quién era tutsi. Los belgas, como antes los alemanes, decidieron gobernar a través de los tutsis, y al hacerlo los favorecieron. Así, por ejemplo, establecieron la categoría de jefes del territorio. En 1959, 43 de estos jefes eran tutsis y sólo 2, hutus. Otra de las iniciativas belgas fue la de establecer un sistema de trabajo en el que la peor parte, los trabajos agrarios más pesados, eran realizados por los hutus. También establecieron un sistema de propiedad de tierras en el que los tutsis también fueron beneficiados. Algo parecido sucedió en la educación.
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Todo ello contribuyó a que los ruandeses, tutsis y hutus, interiorizaran las diferencias étnico-raciales establecidas por los colonizadores europeos. Dadas esas discriminaciones, los hutus empezaron a odiar a los tutsis como enemigos raciales. Esta situación empezó a cambiar en la década de 1950 con el nacimiento de la ideología racial hutu alentada por el clero. En esta nueva concepción que empieza a calar entre los hutus, ellos son los “indígenas” y los tutsis, los extranjeros, que han impuesto tradicionalmente su poder a los nativos. De resultas de este clima surge el PARMEHUTU (Partido del Movimiento de Emancipación Hutu). En 1959 tuvo lugar la revolución popular que llevó a los líderes hutus al poder, y simultáneamente el derrocamiento de la monarquía tradicional y la convocatoria de elecciones democráticas, las primeras que se celebraban en Ruanda. En la rebelión se produjeron los primeros asesinatos de tutsis. También hubo violaciones y se quemaron poblados de tutsis. El resultado de las elecciones fue claramente favorable a los intereses hutus que consiguieron el 90% de los escaños. El poder había cambiado radicalmente de manos y aunque la mayoría hutu podía justificar la rebelión
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practica una política de reconciliación, se decanta finalmente por una serie de medidas claramente discriminatorias, como la exclusión de tutsis en la administración, la prohibición de los matrimonios mixtos entre los militares (vigentes hasta 1976) y un sistema de cuotas destinado a impedir que los tutsis ocupen puestos de poder. Pero por encima de estas medidas, se muestra tolerante frente a las recurrentes oleadas de matanzas de tutsis. El gobierno de Habyarimana va deteriorándose progresivamente, convirtiéndose en un gobierno en el que domina la corrupción y el nepotismo. Era bien conocida la camarilla de la que solía rodearse, formada principalmente por amigos y familiares, como la tendencia a formar la Guardia Presidencial con gente de su pueblo natal. Todas estas prácticas condujeron a que el gobierno se transformara en una dictadura en la que la principal preocupación era el enriquecimiento personal. En 1979, y como respuesta a esa situación de deterioro, se gesta el Frente Patriótico Ruandés, formado mayoritariamente por hijos de los tutsis que habían huido de Ruanda en los años sesenta durante la “Revolución Hutu”. Su base principal de operaciones se situó en la frontera ugandesa, desde la
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con el propósito de derribar la histórica subordinación a la minoría aristócrata tutsi, lo cierto es que los líderes que encabezaron la revuelta apenas tenían ideología más allá del deseo de venganza. Este movimiento de reafirmación coincidió con la independencia de Ruanda en 1962. A partir de ese momento, la administración populista hutu consideró a los tutsis como conspiradores, pérfidos, especuladores y parásitos dentro de un país con exceso de población. Una consecuencia de esa nueva ideología que fluye de los aledaños del poder fueron medidas discriminatorias que se conviertieron en matanzas en 1963 como la muerte de 10.000 tutsis en la prefectura el Gikongoro, así como la huida en masa de miles de tutsis (se calcula que unos 250.000). Uno de ellos era Paul Kagame, el que sería el líder de la FPR y posteriormente presidente de Ruanda tras el genocidio. En 1973 el líder hutu Juvenal Habyarimana toma el poder por medio de un golpe de Estado. Nace así lo que se conoce como Segunda República. Cinco años más tarde es elegido presidente, estableciendo un sistema de partido único, el MRND (Movimiento Republicano Nacional por la Democracia y el Desarrollo). Tras un período en que
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que desarrollaron una guerra de guerrillas. Como antes se indicó, Paul Kagame, actual presidente de Ruanda, era el jefe militar de este grupo. Sus miembros eran conocidos por su capacidad de esconderse, y de ahí que recibieran el nombre peyorativo de “cucarachas”. Lamentablemente, con dicho término pasó a señalarse a todos los tutsis. La consecuencia de los ataques del FPR fue que el gobierno hutu radicalizó su política contra los tutsis, en la que no faltaron actos de violencia y persecución. Como señala Paul Rusesabagina al comentar este etapa de la historia ruandesa: “No hay mayor regalo para un líder inseguro (...) que un enemigo inconcreto que puede ser utilizado para fomentar el miedo y el odio entre la población. Es una forma barata de consolidar el poder. Y esto es exactamente lo que hizo el nuevo régimen” (Rusesabagina, 48). En 1991, el FPR va ganando terreno y ello provoca que los mítines de los partidos políticos y del presidente de la República versen sobre la amenaza de los tutsis. El siguiente episodio de la historia ruandesa con relevancia para entender los acontecimientos de 1994 debe datarse en los años 80, época en la que la economía ruandesa entra en crisis debido a que el notable in-
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cremento de la población no fue acompañado de una mejora de las cosechas. La situación acabó por complicarse a finales de esa década, momento en que se produce una importante crisis económica y política. El precio del café, principal producto de la exportación, cayó estrepitosamente. En 1998 el Banco Mundial sugiere tomar medidas económicas drásticas para evitar el aumento de la inflación y de la deuda externa. Debido a la presiones recibidas desde el exterior reclamando la democratización del país, finalmente se adopta un sistema multipartidista, pero la realidad es que es sólo un simulacro, pues los partidos que se crean son afines al presidente, siendo uno de ellos todavía más radical en su ideología prohutu, el CDR (Coalición para Defensa de la República). Las tensiones entre el gobierno y el FPR van en aumento y provocan que a comienzos de los años 90 haya una situación de guerra larvada. El FPR aumenta sus efectivos, contando entre sus filas con unos 7.000 hombres. Por el otro lado, el ejército ruandés aumenta también sus efectivos, pasando de 5.000 a 40.000 en estos años. El FPR incrementa progresivamente ataques en el norte del país desde sus bases de Uganda. Las reac-
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En este mismo año el Ministerio de Defensa crea grupos de autodefensa popular: las milicias del Movimiento Republicano Nacional para la Democracia y el Desarrollo (MRND) conocidas como interehamwe (“los que permanecen juntos” o “los que pelean juntos”) y las milicias conocidas como Impuzanmugambi (“los que tienen la misma meta”) del CDR. Estos grupos se convertirán en una milicia oficial y combatirán junto a las tropas gubernamentales. Su misión principal será la persecución de los tutsis acusados de ser miembros o simpatizantes del FPR. Su instrucción se encomienda a la Guardia Presidencial, cuyos miembros son adiestrados por su parte por militares franceses del DAMI (Détachement d’Assistance Militaire d’Instruction). Tras estas directrices se encuentra el grupo conocido como akazu, altos funcionarios, militares y empresarios que temen perder cuotas de poder con los acuerdos de paz, ya que éstos incluyen la incorporacion de los tutsis en los resortes de la Administración y del Ejército. (Newbury, 80) Entre 1992 y 1993 se producen alternativamente acercamientos y alejamientos entre las partes en conflicto, que desencadenan agresiones puntuales. El MRD (Movimiento Democrático
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ciones del gobierno de Ruanda suelen ser duras con los tutsis, con independencia de que hayan participado directamente en los ataques. Se producen detenciones masivas e indiscriminadas, justificadas en numerosas ocasiones simplemente en relaciones de parentesco o de amistad. En otras ocasiones, sirven para diezmar a enemigos políticos o de la oposición apoyándose, en el argumento del “enemigo interior”. La tensión alcanza tal grado que provoca que Francia y Bélgica envíen tropas para proteger a sus ciudadanos, pero los franceses también adiestran a las milicias del gobierno. Sin embrago, el FPR continúa con su política de agresiones desde la frontera que le lleva finalmente a conquistar la ciudad de Ruhengeri. En 1991 se producen negociaciones entre el gobierno y el FPR, que conducen a la firma de la paz en Dar es Salaam, comprometiéndose el primero a reconocer el derecho a la repatriación de los exiliados y a garantizar la participación de los refugiados en el proceso democrático. Sin embargo, el alto el fuego dura poco tiempo. La vuelta del conflicto genera que haya 350.000 refugiados tutsis, pero también se producen asesinatos de hutus a manos del FPR.
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Republicano) se declara favorable al diálogo con el FPR, pero no ocurre lo mismo con otros partidos hutus más radicales. En 1992 se avivó la tensión, debido al peligro inminente de los inkotanyi (rebeldes tutsis), lo cual provoca acciones violentas por parte de los hutus más extremistas. Uno de los principales ataques a tutsis se produce en Gisenyi y Kibuye, lo que genera la reacción del FPR, que causa numerosas víctimas y el éxodo de cientos de miles de personas, lo cual no hace más que agravar la situación económica del país y multiplicar el odio contra los tutsis entre los hutus que han perdido su hogar. Muchos de estos jóvenes hutus desarraigados serán los que engrosen las filas de los interehamwe. En Marzo de 1992 vuelve a acordarse la paz en Arusha, bajo los auspicios de la Organización para la Unidad Africana. El FPR acepta ciertas concesiones, entre las que se encuentra la retirada de sus tropas del norte del país, a cambio de la formación de un gobierno y de una asamblea de transición, que incluiría al FPR, pero nada acaba de concretarse. La tensión crece en mayo de este año, cuando es asesinado un candidato a primer ministro, siendo atribuido el hecho a allegados al presidente Habyarimana. También se producen
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cambios en el gobierno, siendo destituidos aquellos ministros proclives a las negociaciones de paz. En agosto vuelve a firmarse en Arusha un nuevo acuerdo de paz, propiciado por la comunidad internacional, pero es poco realista. Todos estos planes resultan inviables, y de hecho aunque Habyarimana los había firmado, habla de ellos despectivamente. En septiembre comienzan las emisiones radiofónicas de la Radio Televisión de las Mil Colinas (RTLM), que alienta el exterminio de los tutsis y de los hutus traidores. Como se verá a continuación, el papel de esta emisora fue clave en la gestación y desarrollo del genocidio, dado que contribuyó decisivamente a generar odio hacia los tutsis y, por otro lado, desempeñó un papel relevante al señalar con nombres y apellidos quiénes debían ser perseguidos y asesinados. En octubre tuvo lugar el asesinato del recién elegido presidente de Burundi, también hutu, por un grupo de militares tutsis, un hecho que presagiaba lo que podría ocurrir en Ruanda. Allí también se repartieron listas de personas a liquidar, se distribuyó gran número de machetes y armas de fuego y se activaron las emisiones de radio incitando el odio étnico.
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intentaban protegerla. También el presidente de la Corte de Casación. Poco después empieza una auténtica persecución y eliminación sumaria de los principales miembros de la oposición política y de los tutsis. En pocas horas son asesinados los principales líderes de los partidos opositores a la línea dura del MRND y del CDR. Así, murieron el presidente y vicepresidente del partido social demócrata y del partido liberal. Dada la rapidez con que se localizó y se ejecutó a las víctimas, quedan pocas dudas de que todo fue preparado con antelación (Gourevitch, 121). Dos días después, se forma un nuevo gobierno interino integrado por hutus extremistas y presidido por Theodor Sindikubwabo, antiguo portavoz de la Asamblea Nacional. Se culpa al FPR y las tropas belgas de UNAMIR del asesinato del presidente Habyarimana, en una clara señal de dar cobertura al genocidio. Se calcula que en apenas dos meses se asesina entre ochocientas mil y un millón de personas. Estas son las cifras absolutas que ya dan cuenta de la magnitud de la tragedia, pero si se toman en consideración otras cifras, aumenta la dimensión del genocidio ruandés. En efecto, el genocidio en Ruanda produjo la tercera cifra más alta de víctimas de las producidas por los
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En febrero de 1994 es asesinado el ministro de Obras Públicas, dirigente del partido socialista democrático (PRD), generando disturbios entre simpatizantes de este partido y del CDR, y que acaban en Kigali con la muerte de simpatizantes del PRD. En marzo ya eran palpables los signos de una guerra civil. El 6 de Abril de 1994 tuvo lugar el hecho que desencadenó el genocidio: el avión presidencial donde viajaban el presidente Habyarimana y el de Burundi, Ciprian Ntaryamira, que regresaban de Dar es Salaam donde habían mantenido conversaciones de paz, fue derribado por dos misiles SAM poco antes de aterrizar en Kigali. Aún existen dudas de la autoría del magnicidio. Las hipótesis que se barajan son que fue cometido por radicales hutus pertenecientes a la Guardia Presidencial, contrarios a las negociaciones, mientras que la otra sospecha recae en miembros del FPR (hipótesis que en la actualidad parece más verosímil). En todo caso, en ese momento se acusó de la autoría a los tutsis y así se abrió la espoleta del odio. Al día siguiente fueron asesinados la primera ministra Agathe Uwilingiyimana (hutu proclive a los acuerdos de paz) y diez cascos azules belgas que