En ese sentido, este libro constituye una reflexión sobre la democracia en Estados Unidos, en específico, de un suceso de gran relevancia, como lo es la elección presidencial. Esto, a partir de diversas vertientes de análisis: el cine (con la película Recount), la Ciencia Política, el Derecho y las resoluciones judiciales que se emiten en las controversias electorales. Esta obra pretende poner en relieve los entresijos del sistema electoral estadounidense que, la mayoría de las veces, se funda en la costumbre y en las prácticas políticas del país, así como el peso específico que tiene una determinación judicial en el funcionamiento de las instituciones democráticas o para el equilibrio de los poderes del Estado, tal como sucedió en el caso Bush vs. Gore y del emblemático recuento de votos en Florida.
Clicerio Coello Garcés / Carlos Hernández / Caridad Hernández / Alonso Rodríguez
La consolidación democrática es el proyecto político de mayor significación de los Estados contemporáneos, toda vez que, se reconoce que la democracia es el mejor modelo para el ejercicio pleno de los derechos y las libertades públicas, así como para la solución pacífica de las divergencias emanadas de una sociedad plural. Sin embargo, su desarrollo no es el mismo en todos los países, lo cual depende, en gran medida, de su contexto, prácticas y costumbres que se encuentran arraigadas en su ámbito nacional.
DEMOCRACIA Y COSTUMBRE
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LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL EN ESTADOS UNIDOS
LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL EN ESTADOS UNIDOS Clicerio Coello Garcés Carlos Hernández Toledo Caridad Hernández Zenteno Alonso Rodríguez Moreno
DEMOCRACIA Y COSTUMBRE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL EN ESTADOS UNIDOS
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Javier de Lucas Martín
Ana Cañizares Laso
Víctor Moreno Catena
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Héctor Olasolo Alonso
Owen Fiss
Luciano Parejo Alfonso
Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González
Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda) Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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DEMOCRACIA Y COSTUMBRE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL EN ESTADOS UNIDOS
Clicerio Coello Garcés Carlos Hernández Toledo Caridad Hernández Zenteno Alonso Rodríguez Moreno
tirant lo blanch Ciudad de México, 2019
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Índice INTRODUCCIÓN............................................................................................... 9 I. LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL DE ESTADOS UNIDOS Y SU ANÁLISIS DESDE EL CINE: LA PELÍCULA RECOUNT................. 13 1. SINOPSIS DE LA PELÍCULA RECOUNT....................................... 13 2. UNA LECCIÓN FÍLMICA DE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL. COMENTARIO CINEMATOGRÁFICO............................. 22 II. LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN ESTADOS UNIDOS.... 25 1. CINE, DERECHO Y POLÍTICA EN LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL............................................................................................... 25 2. DERECHO A VOTAR COMO FUNDAMENTO DE LA DEMOCRACIA: EL VOTO Y EL COLEGIO ELECTORAL.............. 32 III. INFLUENCIA DE LA CORTE SUPREMA DE LOS ESTADOS UNIDOS...................................................................................................... 47 1. EL CONTROL JUDICIAL DE LAS LEYES...................................... 47 2. LA CORTE SUPREMA DE LOS ESTADOS UNIDOS EN FUNCIONES DE TRIBUNAL CONSTITUCIONAL............................. 54 3. JUDICIALIZACIÓN DE LA POLÍTICA O POLITIZACIÓN DE LA JUSTICIA........................................................................................ 60 IV. ¿QUIÉN GANÓ FLORIDA? BUSH VS. GORE.................................... 73 1. 2. 3. 4.
CONTEXTO DEL CASO.................................................................... 73 ¿QUÉ SUCEDIÓ EN PALM BEACH EN EL AÑO 2000?............. 78 CÓMO SE REALIZAN LAS VOTACIONES................................... 83 EL RECUENTO: QUE TODOS LOS VOTOS CUENTEN........... 96
V. LA CORTE SUPREMA DE LOS ESTADOS UNIDOS EN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES. ANÁLISIS DEL CASO BUSH VS. GORE.................................................................................................... 107 1. LA CONTROVERSIA JUDICIAL..................................................... 107
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Índice
2. UNA DECISIÓN DIVIDIDA DE LA CORTE SUPREMA DE LOS ESTADOS UNIDOS.................................................................... 119 3. LA POSICIÓN DE LOS JUECES DISIDENTES............................. 132 VI. LA “ÉTICA JUDICIAL” EN LA SENTENCIA BUSH VS. GORE..... 145 1. ¿QUÉ ES LA ÉTICA?........................................................................... 146 2. EL CÓDIGO DE CONDUCTA PARA LOS JUECES DE LOS ESTADOS UNIDOS................................................................................. 150 3. EL CÓDIGO DE CONDUCTA Y LOS JUECES DE LA CORTE SUPREMA DE LOS ESTADOS UNIDOS........................................ 156 4. ANÁLISIS DE LAS ACTUACIONES DE LOS JUECES DE LA CORTE SUPREMA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA ÉTICA JUDICIAL.............................................................................................. 160 BIBLIOGRAFÍA................................................................................................... 165
INTRODUCCIÓN A partir de la Segunda Guerra Mundial, la elección del presidente de los Estados Unidos de América ha sido un hecho de relevancia mundial. Debido a la actual posición de potencia militar y económica de este país, las decisiones que tome su primer mandatario en materia de política exterior tiene repercusiones en el orden internacional; incluso, pueden llegar a cambiar de modo permanente el rostro de la política al interior de otros países1. Otro de los casos paradigmáticos de lo recién dicho es, sin duda, la reacción del entonces Presidente frente a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas, que ha marcado el rumbo de la política internacional en relación a la seguridad nacional. Así, la invasión de Irak sin el apoyo del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, so pretexto de la existencia de armas de destrucción masiva, la designación de Bush como Commander in Chief (Comandante en jefe de los ejércitos) por parte del Congreso de los Estados Unidos, y la serie de decretos presiden-
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Una de las órdenes ejecutivas con impacto internacional, fue la firmada por Trump el 27 de enero de 2017 —con efectividad al día siguiente—, que prohíbe la entrada a los Estados Unidos durante 90 días de personas de los siguientes países de mayoría musulmana: Irán, Iraq, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. En el caso de los sirios, la prohibición es permanente hasta que no se decida de otra manera. Varios tribunales federales declararon inconstitucional esta orden del Presidente y permitieron que se liberara a personas de estos países que estaban detenidas en diversos aeropuertos. A esta orden siguió otra análoga, firmada el 6 de marzo siguiente, la cual prohíbe la entrada al país, durante 90 días, de las personas de Sudán, Irán, Somalia, Yemen, Siria y Libia, y prohíbe la entrada de todos los refugiados, con independencia del país del que provengan, por 120 días, comenzando el día 16 de marzo. Esta orden removió a Iraq de la lista, aclaró que las personas de estos países que tuvieran previamente visa podrían entrar al país y que las minorías religiosas ya no tendrían un trato preferencial. Un día antes de que tuviera vigencia, un juez federal de Hawái declaró un cese de emergencia (emergency halt) de esta orden.
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ciales y actas (como es el caso de la Patriot Act2) que permiten suspender derechos básicos de las personas sospechosas de terrorismo, configuraron un modelo de excepcionalidad política3, el cual ha sido asumido por otros países del orbe. Diversos autores sostienen que este criterio de excepcionalidad es el paradigma de gobierno que ha primado en las democracias contemporáneas4, en diversos grados. La Patriot Act es un acta del Congreso de Estados Unidos que fue firmada por el presidente Bush en el año 2001, con motivo de los ataques terroristas del 11 de septiembre del mismo año. Esencialmente, esta acta amplía los poderes de las agencias de seguridad norteamericanas y permite la suspensión de ciertos derechos fundamentales —sin necesidad de una sentencia judicial— de las personas sospechosas de terrorismo y la intervención de las comunicaciones privadas. Así, por ejemplo, se puede privar de la libertad a una persona de la cual se sospeche que tiene algún vínculo con el terrorismo, sin tener pruebas y sin ni si quiera decirle por qué está siendo retenida, y esto, de modo indefinido. Esta Patriot Act fue ratificada por Obama en 2011, si bien con ciertas modificaciones que ofrecen algunas garantías mínimas, y en el año 2015 quedó refrendada hasta el 2019, aunque se quitó del acta la posibilidad de espiar directamente las comunicaciones privadas; ahora, se pide a las compañías de servicios de telecomunicación guarden las comunicaciones y, llegado el caso, el gobierno puede pedirlas a través de una orden judicial emanada de juez competente. 3 Por excepcionalidad política se entiende la conciencia ideológica nacional — tanto del gobierno como de los ciudadanos— de que Estados Unidos es un país que, debido a su poder intelectual, militar y económico, tiene “derecho” a una posición privilegiada frente a los demás países, lo que le permite situarse por encima de las leyes y tratados que obligan al común de los países, cuando resulta conveniente para asegurar sus intereses. Además, esta condición de excepcionalidad también se basa en la convicción de que los valores políticos norteamericanos (democracia, autonomía, libertad, igualdad y justicia) han de primar en Occidente y, por tanto, deben ser defendidos dentro y fuera de su territorio. Estados Unidos tiene, entonces, la vocación de defensor de los valores políticos occidentales y esto, desde esa perspectiva, lo legitima para poder actuar de manera excepcional. Vid. LIPSET, Seymur Martín, El excepcionalismo norteamericano. Un arma de dos filos, trad. de Mónica Utrilla, México, Fondo de Cultura Económica, 2000. 4 El estudio clásico sobre el estado de excepción como paradigma político contemporáneo es el de Giorgio Agamben. Vid. AGAMBEN, Giorgio, Estado de excepción, trad. de Flavia e Ivana Costa, Argentina, Adriana Hidalgo Editora, 2
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Asimismo, la administración Bush heredó un falso dilema jurídico-político, al oponer la seguridad nacional a los derechos humanos. Es decir, en líneas generales, el discurso predominante fue que para poder garantizar la seguridad del Estado y de su población, era necesario restringir ciertos derechos, como el derecho a la privacidad de las comunicaciones o el derecho a la intimidad personal. De esta suerte, comenzó un espionaje generalizado sobre la población (llamadas telefónicas, correos electrónicos, comportamientos públicos a través de cámaras gubernamentales, etcétera), que han sido objeto de múltiples polémicas5. En este contexto, las elecciones de Estados Unidos recobran un interés de orden mundial, cuyo sistema electoral está anclado en la costumbre, en el que cada estado integrante de la federación tiene un peso específico y diferenciado, que se representa con puntos que se van sumando al partido que obtenga la mayoría de votos en cada estado, sin que se compute el total de votos directos de los electores de todo el país; es decir, este modelo consuetudinario atiende a un esquema de democracia indirecta. Es por ello, que ante resultados electorales con márgenes reducidos entre el primer y segundo lugar, se reactiva la polémica entre
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2007. Otro libro clásico que trata esta temática es: NEGRI, Antonio y HARDT, Michael, Imperio, trad. de Alcira Bixio, Barcelona, Paidós, 2005. En el mes de junio de 2013, el periódico británico The Guardian publicó un artículo sobre el espionaje que realiza el gobierno de Estados Unidos a las comunicaciones privadas de sus ciudadanos, sean estos sospechosos o no de terrorismo. El artículo se basaba en una serie de documentos de alta confidencialidad del gobierno estadounidense que fueron filtrados al periódico por Edward Snowden, quien había trabajado como analista para la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés). Con motivo de esto, se desató una polémica mundial, pues al artículo inicial, siguieron varios más en el mismo periódico revelando nuevos secretos relacionados con el espionaje y la vigilancia de los ciudadanos. Una reconstrucción de estos hechos, así como comentarios de especialistas, se puede ver en la versión digital de The Guardian, en la siguiente dirección electrónica: http://www.theguardian.com/ world/the-nsa-files.
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democracia y costumbre, en concreto, salta al debate cuál de estos aspectos debe prevalecer en la decisión más importante de los Estados Unidos: su elección presidencial. Esto, puede advertirse con claridad en las elecciones presidenciales del 7 de noviembre del año 2000, en las que finalmente resultó vencedor George W. Bush, ya que se decidieron por un margen mínimo y con la polémica intervención de la Corte Suprema de Estados Unidos, que determinó suspender el recuento manual de votos en Florida ordenado por la Corte Suprema de dicho estado, en el cual se decidiría quién de los dos contrincantes tenía los votos suficientes para convertirse en presidente. El presente estudio es producto de un análisis del sistema electoral de Estados Unidos y de cómo el cine puede ser un instrumento para representar las problemáticas del contexto político; esto, a partir de un caso específico: Bush vs. Gore del año 2000. En ese sentido, el objeto de este trabajo es poner en el centro del debate las contribuciones que desde el cine, el Derecho y la política convergen en la revisión del sistema electoral de los Estados Unidos y de su elección presidencial.
I. LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL DE ESTADOS UNIDOS Y SU ANÁLISIS DESDE EL CINE: LA PELÍCULA RECOUNT 1. SINOPSIS DE LA PELÍCULA RECOUNT Precisamente la película El recuento (Recount), del director Jay Roach, narra los hechos ocurridos en Florida en el año 2000, desde el día de las elecciones hasta la suspensión del conteo manual ordenado por la Corte Suprema y la declaratoria oficial, por parte de la secretaria de estado (Katherine Harris), del triunfo de Bush en esa entidad y el discurso inaugural de éste como nuevo presidente electo de los Estados Unidos. En la secuencia que abre la película, vemos a Ron Klain6 (interpretado por Kevin Spacey), contestando una serie de interrogantes de los periodistas y cadenas de televisión, días previos a la elección presidencial. A modo de fórmula manida, Ron repite a todos los periodistas que es un “deber democrático que los ciudadanos voten” y que “cada voto ha de contar”. Esta última frase será central para el desarrollo de la película, pues se repetirá en varias ocasiones, como uno de los argumentos centrales para justificar el recuento de votos en Florida. En la siguiente secuencia, vemos a Ron platicando con Michael Whouley (interpretado por Denis Leary), asesor político y principal estratega de campaña de Al Gore7, sobre una supuesta irregulari-
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Quien había sido jefe de personal de Al Gore en las elecciones de vicepresidente 8 años atrás, pero que después fue despedido —debido a una supuesta fidelidad muy marcada por Bill Clinton a finales de los noventa—, y finalmente, recontratado en un puesto importante, pero menor a su puesto original, para la campaña presidencial de Al Gore. En ese momento, Al Gore fungía como vicepresidente de los Estados Unidos en la administración de William Clinton.
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dad en la emisión de votos en el condado de Palm Beach, Florida. Whouley le dice a Ron que si éste último siguiera siendo el jefe de personal del candidato demócrata, eso no hubiera ocurrido. La escena concluye con la pregunta directa de Ron a Whouley sobre si cree que ganarán las elecciones, a la que éste contesta, entre bromas y veras, con un determinante “no”, que después, frente al rostro desencajado de Ron, cambia por un “sí; pero raspando”. Después, vemos a Ron entrando a las oficinas centrales de la campaña del partido demócrata, para entrevistarse con Bill Daley (interpretado por Mitch Pileggi), presidente de campaña del otrora vicepresidente. Daley le dice a Ron que Al Gore quiere, de llegar a ser presidente, que sea, de nuevo, su jefe de personal, a lo que Ron responde indignado diciendo que ése era el puesto que tuvo hace 8 años y del que lo habían despedido injustamente. Continúa señalando que llevaba 3 meses redactando respuestas a los medios de comunicación y que estaba ofendido por trabajar para personas que antiguamente habían sido sus empleados. Concluye Ron señalando que no está interesado en ocupar un puesto en el que ya había estado y que por favor le haga saber su voluntad a Al Gore. La escena posterior presenta a dos personajes cruciales de la historia: Joe Allbaugh (interpretado por Stefen Laurantz), jefe de campaña de Bush8, y Benjamin Ginsberg (Bob Balaban), consejero nacional en jefe. Vemos al primero recibir con preocupación las primeras noticias de las irregularidades en el condado de Palm Beach y de las consecuentes manifestaciones de varios electores9. Al segundo lo encontramos con un grupo de jóvenes simpatizantes del gobernador
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En ese momento, George W. Bush era gobernador del Estado de Texas. El asunto polémico fue que la boleta electoral para elegir candidato era confusa, pues estaba dividida en dos partes (de ahí que se la designe como “boleta mariposa” —butterfly ballot—), cada una de la cuales tenía una fila (de arriba hacia abajo) de nombres de candidatos, y en la parte central que divide la boleta en dos había una columna con los puntos que se debían perforar al lado de cada candidato. Los puntos para elegir a Al Gore o Pat Buchanan (un candidato menor) estaban muy cerca el uno del otro y se podían prestar a confusión.
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de Texas y candidato presidencial republicano, contando anécdotas personales sobre Bush y diciendo que el día de mañana, es decir, el día posterior a las elecciones presidenciales, se borrarían las manchas de Bill Clinton, y la Casa Blanca volvería a recobrar su honor y dignidad. Apenas termina de decir esto, sale Allbaugh para darle la noticia de lo que ocurría en Palm Beach. Posteriormente, la película muestra una secuencia en la que diversos noticieros declaran vencedor a Al Gore del Estado de Florida10 y, horas después, cambian esta afirmación, reconociendo vencedor al otrora gobernador de Texas, George W. Bush. Asimismo, vemos al equipo de campaña de Al Gore, reunido en torno a un televisor, recibir la noticia de que Bush es el nuevo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica con franca decepción y, a continuación, vemos al equipo de Bush celebrando la victoria. Se observa a Allbaugh salir de su oficina para decirle a todos los presentes que Al Gore va en camino a la Plaza Memorial de la Guerra, en Nashville (donde estaban sus oficinas centrales de campaña), a dar su mensaje de concesión de las elecciones a Bush, pues así lo había pactado con éste. En la siguiente escena vemos a Ron recibiendo una llamada de un periodista que lo cuestiona por haber reconocido el triunfo de Bush en Florida, pues no todas las cadenas televisivas estaban de acuerdo en que el gobernador de Texas era el ganador. A la par, aparece Whouley revisando el conteo final oficial de votos de Florida, cuya diferencia estadística entre los dos candidatos era menor al 1%, lo que abría la posibilidad legal de un nuevo conteo de los votos. Whouley y Ron intercambian puntos de vista por teléfono y, en ese momento, deciden comunicarse con David Morehouse, asistente de Al Gore, para que le informe al vicepresidente del estrecho margen de diferencia y de la posibilidad de exigir un nuevo conteo. De forma
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Esta declaración resultó muy polémica, pues se dio horas antes de que cerrara el límite temporal para votar en Florida, debido a una confusión del uso horario de algunos medios de comunicación. Esto pudo influir en que algunos votantes decidieran ya no emitir su voto, pues la elección estaba “concluida”.
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dramática, Morehouse alcanza en el último momento al vicepresidente para comunicarle la noticia. El candidato demócrata decide no salir a dar su discurso de concesión. Posteriormente, vemos a Al Gore hablando con Bush para retractarse de su pacto y anunciarle que no le concedería las elecciones. Esto ocurría el 8 de noviembre del 2000. A las pocas horas, Katherine Harris (interpretada por Laura Dern), Secretaria de Estado y, por tanto, la autoridad encargada de declarar al vencedor en Florida, recibe una llamada de madrugada de las oficinas de Bush para exigirle que determine quién es el vencedor de la elección. Ella —conocida política republicana— sale despavorida a las oficinas electorales del Estado, donde le espera un alud de periodistas, a quienes esquiva para ingresar en una oficina donde le espera Clay Roberts (interpretado por Gary Basaraba), director de las elecciones en Florida. Éste le informa que, en el conteo final, Bush gana por una diferencia del 0.3% (1,784 votos), lo que activa automáticamente, según la ley de elecciones estatal, un recuento obligatorio de votos a través de máquinas. Katherine Harris declara dicho recuento, el cual tenía por fecha límite para realizarse el día 14 de noviembre. Al día siguiente, 9 de noviembre, cada candidato anunciaba quién sería su supervisor legal para el nuevo conteo de votos en Florida: Warren Christopher (interpretado por John Hurt), en el lado del candidato demócrata, y James Baker (interpretado por Tom Wilkinson), en el caso de Bush. Ambos personajes habían sido secretarios de Estado en gobiernos anteriores y eran conocidos por su gran capacidad para negociar. En otra secuencia de la película, vemos la presentación de estos dos personajes, de forma contrastada. Por un lado, aparece James Baker afirmando que se encuentran en una “pelea callejera por la presidencia”, donde será necesario hacer todo tipo de acciones de presión política (manifestaciones, entrevistas periodísticas, etcétera) para obtener la victoria; incluso, sugiere promover una demanda en la corte federal, a fin de no pasar por la Corte Suprema de Florida, de fuerte inclinación demócrata. Esto cuestionaría —como se lo hacen
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ver claramente algunos asesores del equipo de campaña de Bush— uno de los pilares ideológicos del Partido Demócrata: el federalismo y el respeto a las decisiones judiciales locales; sin embargo, a los ojos de Baker, era la única oportunidad que tendrían de ganar el asunto si llegaba a tribunales. Por el otro lado, aparece Warren Christopher sosteniendo que la vía para resolver este conflicto ha de ser la de un “proceso legal apropiado” y no la de una “pelea política”, y que no era necesario interponer demandas legales, pues eso dañaría la imagen de Al Gore, de quien podría pensarse que quería ganar la presidencia a través de artilugios legales y no democráticos. A continuación vemos al equipo de trabajo del otrora vicepresidente discutir su estrategia en el caso de que el recuento por máquina arrojara como resultado que el margen seguía siendo ínfimo. Mitchell Berger (interpretado por Bruce Altman), otro de los abogados de Al Gore, sugiere que se exija el recuento manual de votos, a lo que Bill Daley responde que eso sería imposible, tanto por la complejidad de la ley electoral de Florida, como por el tiempo que esto llevaría (de 3 a 4 semanas). Entonces Ron Klain sugiere que, llegado el caso, podrían pedir un recuento manual en dos de los condados que resultaron más polémicos el día de la elección: Palm Beach y Volusia. Klain termina su propuesta diciendo que es necesario comenzar a tirar los primeros golpes, pues Bush y su equipo no jugarían limpio en el proceso, a lo que Warren Christopher responde, con exaltaciones románticas, que todo el mundo está viendo lo que ocurre y que Estados Unidos es la “última gran democracia”, por lo que ha de ser ejemplo para los demás países que quieran asimilar sus valores. Ron voltea a ver Whouley con cara de ironía. Después, estos dos personajes salen y conversan sobre la estrategia. Klain, quien había trabajado durante algunos años en el despacho jurídico dirigido por Warren, intenta justificar, aunque sin mucho ánimo, la postura de éste. Whouley, sin embargo, le dice que es necesario exigir el conteo manual, pues las máquinas generan subvotos, es decir, boletas que, debido a que no están bien perforadas,
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no son contadas por la máquina. Estos “subvotos”, según Whouley, ascendían a 175,000 boletas, lo que podría darle el triunfo a los demócratas. Una vez realizado los conteos por máquina, la diferencia entre Bush y Al Gore era de 327 votos del primero sobre el segundo, lo que significaba un margen tan estrecho que era imposible determinar con certeza al ganador (to close to call, dicen los norteamericanos). En este punto, Klain exige a Warren y Daley que se pida el conteo manual de votos, no sólo en Palm Beach y Volusia, sino también en dos condados más. Ambos aceptan a regañadientes la propuesta. Si bien el tiempo que resta es breve (5 días), la presión que podría generar este recuento manual sería determinante y podría obligar a la Secretaria de Estado de Florida a prorrogar la fecha para la determinación final de la elección. Después de una serie de debates y argumentos en favor y en contra del recuento manual, el órgano electoral de Florida decide no llevar a cabo el conteo manual en los condados solicitados por los demócratas. Klain presiona a Warren para que se lleve el asunto a la Corte Suprema de Florida, pero éste le responde comunicándole la noticia de que su hija está enferma y que, por tanto, no podrá seguir siendo el coordinador de Al Gore para el recuento de Florida. Pese a que la mayoría de los condados acataron la determinación de no realizar el conteo manual de votos, el condado de Volusia decidió seguir con dicho conteo y, para poder acabarlo a tiempo y entregar los resultados, demandó a la Secretaria de Estado ante un juez de circuito, a fin de que extendiera la fecha límite del 14 de noviembre. Ron —que ahora es el coordinador del comité de recuento de votos de Al Gore en Florida— y su equipo se suma a dicha demanda. Para salir avante frente a la Corte local, Ron contrata a uno de los abogados más prestigiados de apelaciones en Estados Unidos: David Boies (interpretado por Ed Begley Jr.). El 14 de noviembre la juez Terry Lewis (juez de circuito) determina que la Secretaria de Estado tiene la obligación de dar argumentos de peso para mantener firme la fecha límite para certificar la elección, pues de lo contrario, tiene que ampliar el tiempo, a fin de que
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se puedan contar los votos que no se han contado. La Secretaria pide a los condados que le den sus razones por escrito para aplazar la certificación, pero termina por desecharlas. Entonces, decide que la certificación se hará al día siguiente por la noche. No obstante, la Corte Suprema de Florida decide atraer el polémico caso y determina suspender la certificación de los votos hasta que se dicte una sentencia al respecto. El 21 de noviembre, Craig Walter, portavoz de la Corte Suprema de Florida, anuncia que ésta había decidido revocar la decisión del tribunal de circuito y que había extendido la fecha para el recuento manual de votos de los condados hasta el 26 de noviembre. Sin embargo, esta Corte no estableció ningún estándar para los conteos, lo que terminará por generar caos. Los funcionarios encargados decidieron que en el conteo hubiese un representante de cada partido, pero los de filiación republicana llevaban instrucciones (orquestadas por James Baker) de controvertir todos los votos posibles, de suerte que se ralentizará el proceso y el conteo no se pudiera realizar en la fecha límite. A la par, simpatizantes republicanos presionan a través de protestas públicas en diversos condados para desacreditar el recuento de votos. A tal punto, que en uno de los condados más importantes (Miami-Dade), un grupo de seguidores de Bush logra acceder al edificio donde las autoridades estatales llevan a cabo el recuento para boicotearlo. La agresión es tal, que se decide parar con el conteo de boletas hasta que las aguas estén más tranquilas. En otros condados, el tiempo para contar los votos no fue suficiente y, pese a que se pide a la Secretaria que dé unas horas más para terminar el recuento (por ejemplo, en Palm Beach), ésta decide no otorgar ninguna prórroga. Consecuentemente, Katherine Harris declara que los 25 votos electorales del Estado son para Bush. No obstante Ron Klain y David Boies apelan, de nuevo, la resolución de la Secretaria de Estado en el tribunal de circuito de uno de los condados que suspendieron el conteo manual de las boletas electorales. Frente a la sentencia negativa de este tribunal para las pretensiones demócratas, Klain decide
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apelar a la Corte Suprema de Florida (Al Gore v. Harris), la cual, finalmente (8 de diciembre), falla a favor de Al Gore, otorgándole una nueva fecha para el recuento en todos los condados del Estado de Florida: 12 de diciembre. Además, establece esta Corte Suprema, se contarán no sólo las boletas perforadas, sino también aquellas presionadas, que puedan revelar la intención del votante. En una de las secuencias más emotivas de la película, vemos al equipo de Al Gore celebrando el fallo de la corte. La respuesta de James Baker es pedir la suspensión del conteo a la Corte Suprema de los Estados Unidos, alegando una violación de la cláusula de igual protección, debido al estándar de conteo que había impuesto la corte de Florida, según el cual, incluso las boletas que no estuvieran perforadas, pero que estuvieran presionadas (intención de voto), deberían contar, pues eso generaría incertidumbre por la subjetividad de quien lo determinara y, por tanto, podría darse un trato discriminatorio a los votantes. Asimismo, Baker y su equipo esgrimen el argumento de que un recuento podría causar daños irreparables a George W. Bush. En la secuencia posterior a la narración de estos hechos, vemos a Klain conversando con su equipo sobre la demanda del equipo de Bush ante la Corte Suprema de Estados Unidos. Boies opina que difícilmente la Corte Federal aceptará la demanda de Bush, pues él no ve cómo se pueda actualizar la hipótesis de daño irreparable con un recuento de votos. Klain, por su parte, opina que al ser una elección presidencial, la autoridad que en todo caso ha de resolver es el Congreso, no el poder judicial. Sin embargo, la Corte Suprema de los Estados Unidos decide aplazar el conteo ordenado por la Corte de Florida y cita a una audiencia a las partes, con el fin de determinar si se revoca el conteo definitivamente o no. En la película aparece parte del voto particular disidente del juez John Paul Stevens (de postura liberal), quien en esencia considera que la negativa de contar de nuevo los votos le quitaría legitimidad a la elección presidencial. También aparece el contrargumento del juez conservador Antonin Scalia, quien afirma