ROGELIO PÉREZ BUSTAMANTE
EL ABOGADO MANUEL CORTINA Y SU ÉPOCA (1802-1879)
EL ABOGADO MANUEL CORTINA Y SU ÉPOCA (1802-1879)
ROGELIO PÉREZ BUSTAMANTE
EL ABOGADO MANUEL CORTINA Y SU ÉPOCA (1802-1879)
ROGELIO PÉREZ BUSTAMANTE Catedrático de Historia del Derecho
Valencia, 2014
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© Rogelio Pérez Bustamante
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A mi hijo David PĂŠrez Bustamante Abogado
Índice Prólogo................................................................................................................... 11 El abogado Manuel Cortina y su época (1802-1879)................................ 15 I. Los orígenes de Manuel Cortina......................................................... 17 II. La niñez de Cortina: Guerra de la Independencia (18021815)............................................................................................................ 19 III. La formación de un Abogado............................................................... 23 IV. Cortina y el compromiso con la causa liberal................................ 29 V. Cortina se instala en Madrid: el prestigio y el exilio.................... 33 VI. Cortina elegido Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid......................................................................................................... 39 VII. Cortina y la dignificación de la Abogacía........................................ 43 VIII. Cortina en el Bienio Progresista y en la Unión Liberal.............. 51 IX. Cortina, la Revolución de 1868 y el Sexenio Democrático.......... 77 X. Los últimos años de Manuel Cortina.................................................. 85 XI. Fuentes y bibliografía............................................................................. 91 XII. Archivo histórico del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Archivo de Manuel Cortina................................................................... 97
Prólogo Tuvimos la oportunidad el pasado año de editar con la colaboración de Tirant Lo Blanch las “Lecciones de elocuencia forense” de Joaquín María López, uno de los grandes abogados del siglo XIX y continuando con este propósito de dedicarnos a la gran historia de la abogacía española y recuperar a nuestros grandes juristas, nos planteamos este año acercarnos a la figura de Manuel Cortina y Arenzana para el que me propongo escribir este prólogo. En el despacho que constituye el Decanato del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, cuatro imágenes desde sus lienzos, vigilan a veces y otras ayudan mi quehacer. Más de una vez levanto la vista y la dirijo hacia cualquiera de ellos en busca de inspiración ante las decisiones que el día a día me impone. Y me parece que pocas veces me falta su apoyo. Son los retratos de cuatro Decanos que precedieron a este Decanato en el tiempo. Enfrente de mi mesa, José Canalejas y Ángel Osorio y Gallardo. A mi izquierda, un hombre básicamente bueno y que tuvo un trágico final, como fue Melquiades Álvarez. A la derecha pintado por Federico Madrazo, el gran Decano histórico 32 veces reelegido, Manuel Cortina Arenzana que presenta en esta imagen, un rostro tan noble, una actitud tan reposada, que no exagero un ápice si afirmo que me transmite PAZ, así escrito en letras mayúsculas. A la portada del libro me remito. Don Manuel Cortina es hoy día, para la generalidad de las personas y específicamente para los compañeros del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, casi un desconocido pues su transcendencia hace ya tiempo que va diluyéndose y sin embargo, de vez en cuando, reaparece su gigantesca figura y su importancia, no ya en la Abogacía madrileña, sino de toda España. Por ello con la obra que ahora presentamos y el más que un esbozo de quien fue Manuel Cortina, nuestro Archivero y Catedrático Rogelio Pérez Bustamante, rinde un servicio más y ya son muchos, a nuestra Ilustre Institución y a la abogacía española. Cortina fue mucho más que un simple Decano de Madrid. Baste señalar como ya hemos dicho que desde que fue elegido en 1847 y hasta su fallecimiento en 1879, fue siempre reelegido sin la más mínima oposición, año tras año. Hoy día, esto parecería imposible y dudo mucho, permítaseme la ironía, que el pobre Don Manuel fuese capaz de resistir la pugna política que supone alcanzar el decanato de esta institución hoy en día.
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Pero además Cortina fue el ejemplo de honradez y probidad llevado al extremo. De familia de comerciantes, desde su Sevilla natal, tuvo una vida apasionante. Dedicada inicialmente a la abogacía pero también en cuanto alcanzó una cierta madurez a la política, ocupó alguna de las más altas instituciones de la nación y fue objeto de homenajes y persecuciones, llegando a estar condenado a muerte y así sucedería hasta que, en un momento determinado, decide volcarse exclusivamente en la abogacía, profesión que nunca había abandonado totalmente y retirarse de las continuas contiendas políticas de su tiempo, para llegar a ser un referente moral para toda la sociedad, no solo madrileña, sino de España. Cuando después de diversas vicisitudes accede al Decanato del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, viendo coronados todos sus esfuerzos, decide entregarse Colegio y a la abogacía con todas sus consecuencias. Nunca la Abogacía, madrileña y española, se lo podremos agradecer bastante. Sobre Don Manuel Cortina quedan todavía muchos aspectos que merecen profundos estudios y que aquí se esbozan con una cierta precisión: el Cortina abogado de los primeros años, el Cortina liberal, el Cortina parlamentario, el Cortina codificador, el Cortina abogado de los grandes asuntos económicos y financieros, el Cortina penalista y el Cortina procesalista en la Comisión de Codificación pero sobre todos ellos, el que más nos interesa ahora es el día a día del que fue su despacho. Pues bien esta última faceta es la que Rogelio Pérez Bustamante deja abierta de par en par y así futuros investigadores podrán, a través del Archivo Cortina que él ha cuidado de rescatar y de hacer posible su acceso digital, gracias al esfuerzo de nuestro Colegio y al Ministerio de Cultura (http://fundacion. icam.es/web3/cache/BFA_fundCort.html), completar su tarea. En nuestro Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y fruto de su legado, se ha recuperado la totalidad de su archivo profesional. Más de 2.400 expedientes y procedimientos judiciales que constituyen el cuerpo jurídico de su quehacer de tantos años como Abogado. Un primer Cortina, abogado de la más alta aristocracia española, en sus procesos sobre tierras y latifundios. Luego, cuando España va saliendo del ostracismo de tantos años de absolutismo y comienzan a explorarse las más novedosas formas de acumulación de capital, con la llegada de la Banca más moderna, ahí está también Cortina. Cuando el país comienza a entrar en la revolución industrial -y los ferrocarriles es su signo de identidad más claro- de nuevo vuelve a estar Manuel Cortina presente. Finalmente está
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Prólogo
en el entramado del desarrollo de la propia capital de España. Es el abogado del Marqués de Salamanca, impulsor de la ampliación de la ciudad que toma el nombre del barrio de Salamanca. *** Decía al comienzo de este prólogo que el año pasado iniciamos una nueva etapa con la reimpresión de la “Elocuencia” de Joaquín María López. Lo vine a denominar un “dulce navideño” para todos los compañeros. Cuesta encontrar la fórmula en la que el Colegio pueda editar libros y cumplir con un propósito al que no debemos ser ajenos. Nuestra obligación es dar servicios a los colegiados y servir a la sociedad. A veces estos servicios son intangibles y de difícil valoración a corto plazo. Sólo con la generosidad de Tirant Lo Blanch, podemos entregaros finalizando 2014, otro nuevo libro en versión impresa y digital. Otro dulce navideño más. Confío lo disfrutéis como lo he disfrutado yo. Una vez leído, me doy cuenta de cómo puede ayudarme en el día a día la presencia de la imagen de Don Manuel Cortina, conociendo un poco más su obra, la tarea se hace un poco más llevadera. Termino ya. El año pasado en el prólogo, hablaba de un año 2014 que se presentaba complicado para la Abogacía y para la sociedad en general. Me quedé corta, no me cabe duda. No ha sido un año sencillo en ningún modo para nadie, ni ciudadanía, ni abogacía, pero aquí estamos y aquí estaremos para superar los retos que se nos pongan por delante en el 2015. Por mi parte solo puedo manifestar la voluntad de toda la Junta de Gobierno de continuar trabajando, dando cumplida cuenta, paso a paso, de lo que nos marcamos como programa electoral. En nombre de la Junta de Gobierno, de los empleados y colaboradores del Colegio y en el mío propio, os deseo unas felices fiestas de Navidad y un venturoso año 2015. Sonia Gumpert Melgosa Decana del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid
El abogado Manuel Cortina y su época (1802-1879) Un epitafio sencillo sobre los restos mortales de Manuel Cortina y Arenzana recuerda la figura de la personalidad más destacada de la Abogacía Contemporánea: “Aquí yace don Manuel Cortina. Fue abogado desde 1821 y Decano del Ilustre Colegio de Abogados desde 1848”. El laconismo de este epitafio que corresponde sin duda al espíritu del personaje no oculta sin embargo la grandeza que para el tuvieron los dos términos que resalta: “la abogacía” y “el Decanato” de la corporación de la que rigió sus destinos durante más de tres décadas. En suma la abogacía como profesión por excelencia. Pero no fue justo Manuel Cortina a la hora de decidir que este fuera su epitafio. En su breve semblanza biográfica publicada en el Tomo I de las Biografías de los ex Presidentes de la Academia y de los jurisconsultos anteriores al siglo XX inscritos en sus lápidas, con el título Jurisconsultos Españoles, Luis Díaz Cobeña, Decano que fuera del Colegio de Abogados treinta años después de su muerte, entre 1907 y 1915, manifiesta que “El nombre de este ilustre jurisconsulto y abogado insigne, representa la iniciación y desarrollo de gran parte de las reformas legislativas que, cambiando la faz de nuestro arcaico derecho, tuvieron lugar durante el siglo XIX, y las mayores glorias y prestigios del foro español en la misma centuria”.“En una época en que se dedicaron al estudio de las Ciencias jurídicas y al ejercicio de la abogacía hombres tan eminentes como Gómez de la Serna, Pacheco, Olózaga, Bravo Murillo, Pérez-Hernández, Cárdenas, Martos, Alonso Martínez y otros cientos de iguales y tan reconocidos méritos, ninguno disputó la primacía a Cortina; todos ellos aceptaron de buen grado la superioridad que la opinión pública unánimemente le otorgaba, y en tal concepto coadyuvaron a su fructuosa labora, trabajando bajo su presidencia y dirección, ya en las distintas Comisiones calificadores que se sucedieron desde el año 1839, ya en las Juntas de gobierno de la Academia de Jurisprudencia y del Colegio de Abogados de Madrid”. De la personalidad de Manuel Cortina constituido como el artífice del enaltecimiento de la profesión de abogado en la España contemporánea daría cuenta la propia Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid en
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testimonio escrito a todos los colegiados dando a conocer su fallecimiento y presentándole “como enérgico e incansable defensor de las prerrogativas de los abogados y del prestigio de esta noble profesión de quien fue un eminente jurisconsulto, lustre y gloria del Foro Español”. Rogelio Pérez Bustamante Catedrático de Historia del Derecho
I. Los orígenes de Manuel Cortina Manuel Cortina y Arenzana nacía en Sevilla el viernes, 20 de agosto de 1802. Era hijo del matrimonio formado por Cayetano Cortina Martín y María Dolores Arenzana Sánchez. Su padre Cayetano Cortina era catalán, había nacido en Mataró y sus abuelos paternos eran asimismo catalanes. El abuelo paterno, José Cortina había nacido en Arbucias, una localidad de la comarca de la Selva, en la provincia de Gerona, y su abuela paterna, Francisca Martín había nacido en la ciudad de Barcelona. Su madre María Dolores Arenzana era de origen castellano y andaluz. El abuelo materno de Manuel Cortina, Francisco Arenzana había nacido en Valdarán y su abuela materna, Gertrudis Sánchez, era natural de Sevilla. Los padres de Manuel Cortina contrajeron matrimonio en Sevilla el 12 de marzo de 1801 y al año siguiente un viernes 20 de agosto de 1802 nacería en Sevilla su hijo Manuel —bautizado como Manuel María de las Tres Caídas, José, Cayetano, Bernardo de la Santísima Trinidad—. Poco después nacería Cayetano, quien fue Capitán de la Guardia Real. Cortina pertenecía por parte materna a una familia de comerciantes.
II. La niñez de Cortina: Guerra de la Independencia (1802-1815) Los primeros años de la vida de Manuel Cortina habían de coincidir con aquellos acontecimientos convulsos que finalizaron con la llamada Guerra de la Independencia. No había cumplido aun seis años cuando el ejército francés ocupaba gran parte de la Península Ibérica mientras, Fernando VII convertido en Rey al abdicar su padre Carlos IV el 19 de marzo de 1808 se dirigió a Bayona en un desafortunado viaje que concluiría con su reclusión. El alzamiento popular contra la ocupación francesa era conocido en Sevilla a través de un Decreto dado por la Junta Suprema de Gobierno el 15 de junio de 1808 en que se aludía a la necesidad de defenderse de un enemigo armado que estaba ya dentro de Andalucía. Sevilla pretendió alzarse con la representación nacional y su Junta se preocupó activamente de la extensión del movimiento contra los franceses en el sureste de España. Dos años después Andalucía estaba materialmente ocupada pero también estaba extendida la aparición de guerrillas como fenómeno bélico. Cádiz habría de convertirse en la sede de las Cortes, que asumieron la representación política del Consejo de Regencia.
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Cortes de Cádiz. 1812.
Diez años tenía Manuel Cortina cuando las Cortes de Cádiz promulgaron la Constitución de 1812 que configuraría el Estado Liberal. La situación en Sevilla en aquellos primeros años de la vida del joven Manuel Cortina seguiría impregnada de los sucesos que acontecieron y lo mismo sucedería en el periodo 1813 a 1820, en que se produjo la llamada reacción absolutista. El Diario Redactor de Sevilla lamentaba ya en los primeros meses de 1813 las fisuras del texto constitucional de 1812 y el Diario del Gobierno de Sevilla planteaba el desequilibrio que el sistema electoral causaba a favor del clero, mientras los absolutistas esperaban el advenimiento de Fernando VII para poner fin al proceso revolucionario protagonizado por los liberales y por la burguesía encuadrada en milicias nacionales. La vuelta de Fernando VII confirmaría el triunfo de la reacción absolutista y el inicio del primer proceso político de la historia contemporánea española
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contra afrancesados y liberales, así como la restauración de la sociedad estamental. El descontento de la burguesía y las quejas de la población rural vuelta a la dependencia señorial estarían en las bases de los primeros pronunciamientos en contra del sistema político imperante. Los liberales se apoyarían en las sociedades secretas que organizaban reuniones patrióticas y en este marco se producirían los pronunciamientos de Mina, Porlier, Lacy, Vidal y la llamada conspiración del Triángulo que intentaría acabar con la vida del Rey. Las conspiraciones darían finalmente lugar al pronunciamiento de Riego. El joven Cortina resultó ser un excelente estudiante que se licenciaba en Artes en 1815 obteniendo el correspondiente grado el 31 de mayo de dicho año. En su expediente personal de legitimidad y limpieza de sangre para acreditar su graduación en leyes figura una certificación expedida por el doctor Baquerizo en la que se da cuenta de que leyó media hora de un capítulo de la “Física” de Aristóteles deduciendo de él tres conclusiones a las que replicaron tres estudiantes satisfaciendo al tribunal con sus argumentos. Pretendía entonces proseguir los estudios de doctor, pero no le fue aceptada su proposición a causa de su excesiva juventud ante lo cual Cortina decidió realizar los estudios de Jurisprudencia y Cánones. Tres años después, el 18 de marzo de 1818, el Doctor Tomás Romero y Agredano, Catedrático de Prima de Derecho Civil en la Real Universidad Literaria de Sevilla, certificaba que Manuel Cortina tenía aptitud y conocimientos suficientes para recibir el grado de Claustro Pleno. De este modo el 12 de abril de 1818 obtenía la licenciatura en leyes según consta por la correspondiente certificación. Por entonces las logias gaditanas aprovecharían el gran ejército español preparado para extirpar los movimientos libertarios en las colonias sudamericanas. El 1 de enero de 1820 el Comandante Riego se alzó en Cabezas de San Juan y proclamó la Constitución de 1812. Atemorizado Fernando VII anunciaría su propósito de convocar Cortes y el 9 de marzo decide jurar la Constitución, iniciándose el Trienio liberal. (1820-1823). El escenario en el que se formaron las Juntas y en el que operaría la sublevación de Riego es el mismo en el que el joven abogado Manuel Cortina realizará sus primeras actuaciones: Sanlúcar de Barrameda, Jerez de la Frontera, Puerto Real, San Fernando y Cádiz.
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Cortina tenía ya 19 años cuando el Ayuntamiento de Sevilla comunicaba a la población la inauguración de las Cortes y el juramento del monarca: “… Amados sevillanos, el genio de la libertad, seguido de los ilustres sombras de Porlier, Lacy y otros héroes acaba de reunir y colocar a la representación nacional en el Santuario de las leyes… Diez años ha que los enemigos del bien público han empleado cuantos medios les han sido posibles para extraviar la opinión de los pueblos y dar cuerpo a algunos partidos que podían algún día despedazar la Nación: Miserables, vosotros dejabais en herencia a nuestros hijos y nietos la esclavitud y la ignominia, la ignorancia y la superstición, pero sabed que la grande obra de nuestra libertad está concluida y que acaban de consolidarse mas y mas a pesar de vuestro inicuos designios y sordas maquinaciones…”.
III. La formación de un Abogado Cuatro años transcurrieron hasta que Cortina pudiera presentar el 28 de septiembre de 1822 al Colegio de Abogados de Sevilla la solicitud de su colegiación, que en primera instancia le seria denegada, por no haber reunido la documentación requerida alegando como razones la situación política. Según el propio acta manifiesta: “era muy dilatado recurrir a las provincias de Castilla y Cataluña por las (informaciones) de sus padres y abuelos, y mucho más en el estado de insurrección en que se encontraba la segunda”. De nuevo Manuel Cortina presentaba a la Junta de Gobierno su solicitud de incorporarse al Colegio, esta vez con la documentación referida a su familia paterna, y así se aceptaría en la Junta de 31 de octubre de 1822 evacuando los informes secretos de Cortina y en ella se acordó que el licenciado Cortina hiciera la prueba pública de Estatutos nombrándose por informantes del expediente a los abogados Agredano y Pérez. Unos meses después, en la Junta del Colegio de Abogados de Sevilla de 10 de Febrero de 1823 se daba cuenta del informe realizado, acordándose la aprobación del mismo y comunicándoselo a Cortina para que prestase el juramento de Estatutos y se le visitase en su estudio en el que pretendía realizar la profesión de la abogacía por el Secretario del Colegio y el colegiado señor Agredano. De este modo Manuel Cortina se incorporaba permanentemente al Colegio de Abogados de Sevilla y se disponía a ejercer la profesión. Paralelamente a su decisión de colegiarse, Cortina participaba en los sucesos políticos de aquel momento. El 10 de febrero 1822 sería nombrado Teniente de la 2º Compañía del Primer Batallón de la Milicia Nacional sevillana. Pero apenas un mes después, el 26 de marzo, Cortina presentaba su dimisión porque se le obliga a concurrir al servicio con “sombrero de pico” en lugar de usar el morrión alegando no estar en condiciones de hacer nuevos gastos. En todo caso veremos a Manuel Cortina interviniendo en uno de los sucesos más importantes de aquella época, “la Batalla del Trocadero”. Fernando VII que se había obligado a restaurar la Constitución de 1812 hizo un llamamiento internacional al Congreso de Verona quien autorizó a Francia a intervenir en el conflicto lo que haría el 17 de abril de 1823 con los “Cien Mil Hijos de San Luis”, liderados por el Duque de Angulema, quienes llegaron hasta las afueras de Madrid.
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El gobierno liberal se trasladó de Madrid a Sevilla llevando consigo al rey Fernando VII en calidad de rehén. Manuel Cortina aparecerá entre los oficiales que habían escoltado a los Reyes en la traslación a Cádiz. Al atardecer del 15 de junio de 1823 el rey llegaba a Cádiz y en aquel hecho también figuraba Salustiano de Olózaga. Las fuerzas francesas llegarían a Cádiz con objeto de rescatar al rey y ocupar la ciudad.
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Cádiz se resistió a capitular. Entonces las tropas francesas asediaron la isla donde estaba el fuerte del Trocadero, que controlaba el acceso a aquella. El 31 de agosto de 1823 los franceses lanzarían un ataque sorpresa con bayonetas atacando desde la costa aprovechando la marea baja y tomando el fuerte. Cádiz fue bombardeada durante tres semanas y finalmente capituló el 23 de septiembre de 1823, Fernando VII fue liberado y restaurado en el trono.
Bahía de Cádiz. El Trocadero.
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Manuel Cortina intervino en la heroica defensa del Trocadero resultando herido. Se salvó tirándose al mar y ganando a nado el vapor “Asia” El 1 de octubre el Rey cruzaba la bahía para encontrarse con Angulema en el Puerto. La represión antiliberal fue atroz, encarcelamientos, torturas y ejecuciones. El Duque de Rivas fue condenado a muerte, y asimismo el Presidente del Consejo de Regencia, Rafael del Riego fue ahorcado en la madrileña plaza de La Cebada. Juan Martín Díaz, “El Empecinado” moría a bayonetazos. En la década ominosa, periodo que sucedió al Trienio Liberal murieron violentamente 30.000 personas y 20.000 serían encerradas en presidios. Hasta 1828 Cádiz soportó la presencia de los soldados franceses. En aquella situación, Manuel Cortina se vio obligado a ocultarse. Por Real Cedula de 5 de febrero de 1824 se verá privado del ejercicio profesional de abogado por su desafección a Fernando VII. Asimismo se cerraría el paso a la colegialización a todos aquellos que hubieran ocupado cargos en la Administración de Justicia o que hubieran servido otros empleos. Sin embargo no parece que Manuel Cortina dejase de ejercer su profesión sino al contrario, en su archivo de documentos encontramos que al menos desde 1824 ya está ejerciendo como abogado en muy diversas causas fundamentalmente referidas al ámbito de la jurisdicción penal o criminal. En efecto en el Archivo Cortina se conservan expedientes correspondientes a 1825 referidos a causa criminal por heridas en San Fernando; causa criminal por robo de dinero en Cádiz; causa criminal por robo de tabaco en Sevilla, reclamaciones económicas en separación matrimonial en Aznalcollar y en 1826 causa criminal por homicidio en Cádiz, causa criminal por robo en Higuera la Real; concurso de acreedores en Sevilla; autos por deudas de una herencia en Puerto de Santa María, autos por deudas del pago de una huerta en Sevilla y autos por cobro de deudas de alquiler en Cádiz. Esta especialidad en derecho penal seguirá siendo objetivo preferente de los asuntos del despacho de Manuel Cortina que como vemos se centran en el espacio de la Andalucía Oriental. En el año 1827 los asuntos de su despacho empiezan a ser numerosos, al menos, son 16 los expedientes abiertos todos en causas criminales y la mayoría centrados en cobros de deudas. El escenario preferente es Cádiz y su provincia y evidentemente Sevilla y su provincia: Écija, Osuna, Utrera etc…
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El domingo, 3 de febrero de 1828, casaba en Sevilla Manuel Cortina con Manuela Antonia Rodríguez Ruiz. De este matrimonio tres hijos, Manuel Cortina Rodríguez, quien nacería unos meses después el 25 de noviembre de 1828; Manuel Cortina Rodríguez nacida el 3 de abril de 1830 y María Dolores Cortina Rodríguez nacida el 28 de diciembre de 1831. Manuela Cortina fallecería en 1876 instituyendo herederos a sus dos hijos Manuela y José Gómez-Acebo y Cortina. Se conoce un inventario capital del licenciado Don Manuel Cortina de 22 de noviembre de 1828 otorgado en razón de matrimonio por el que sabemos que el joven letrado disponía de un patrimonio valorado en 253.054 reales constituidos por muebles de casa, plata, bienes raíces, dinero efectivo, ropas y libros, estos últimos por importe de 8.450 reales. Corresponden al año 1828 cerca de 30 expedientes referidos a testamentarias, concursos de acreedores, desahucios, cobros de deudas. Ahora, aparecen ya asuntos relacionados con instituciones religiosas, empresas y casas de comercio y con la propia nobleza, concretamente en asuntos referidos a los bienes de la Marquesa de Casatabares y sobre cobro de deudas de los herederos de la Duquesa de Alba. La misma línea de asuntos preferentemente económicos y penales continua en 1829 y 1830 y excepcionalmente causas penales, homicidios, robos, etc. De 1830 son más de 40 los expedientes que figuran en el archivo la mayor parte referidos al área de la Andalucía Oriental pero ya son más numerosos los de Sevilla lo que manifiesta el prestigio que ha tomado Cortina en la capital andaluza. En los asuntos que aparecen en su despacho en 1831 encontramos ahora instituciones y representaciones más renombradas: el Real Tribunal de Comercio, el Gremio de Paños de Madrid, el Tribunal del Consulado de Cádiz, la Marquesa de Sales, el Colegio de Padres Jesuitas, el Marqués de Santa Cruz y diferentes casas de comercio. Corresponden al año 1832 más de 60 expedientes de su archivo lo que significa sin duda que su prestigio es ya enorme a pesar de que solo tiene 30 años: quiebras, concursos de acreedores, asuntos del arzobispado, del Marqués de Santa Cruz, del Marqués de Aras, del Marqués de la Terrazuela, del Marqués de Carrión, asuntos de la Casa de Comercio de Cádiz etc.