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COLECCIÓN CINE Y DERECHO

LA FÁBRICA Y LA OFICINA

Juan López Gandía

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UNA REPRESENTACIÓN DEL TRABAJO EN EL CINE

LA FÁBRICA Y LA OFICINA

Fuera del cine mayoritario ha habido un cine alternativo que ha acompañado a la evolución del trabajo en el discurrir del siglo XX y de lo que llevamos del siglo XXI. Y por ello no ha podido dejar de representar los problemas de las clases trabajadoras derivados de las crisis económicas, los cambios y reestructuraciones del sistema capitalista y de las condiciones de trabajo. De tan amplia temática en este libro se abordan los aspectos relativos al centro de trabajo, la fábrica y la oficina. En primer lugar se analizan las películas más representativas sobre el trabajo en fábrica como institución nuclear de la era del fordismo, de la nueva sociedad industrial y de la identidad social que deriva de la misma y su cuestionamiento en los años setenta. Se muestra cómo el cine ha venido a representar también las condiciones de trabajo de los nuevos sectores productivos como el terciario y sus centros de trabajo, las oficinas. Y en la era del postfordismo se aborda la incidencia de los planteamientos neoliberales en el mundo del trabajo y su representación cinematográfica.

Ha publicado artículos sobre cine y cultura audiovisual en Eutopías y en la obra colectiva Ciudades de cine publicada por Cátedra. En colaboración con Pilar Pedraza es coautor de varios libros como la monografía sobre Federico Fellini publicada en la editorial Cátedra y un capítulo del libro sobre Jean Eustache en ediciones de La Mirada. Es autor de artículos publicados en revistas de cine y cultura visual como Reüll, Archivos de la Filmoteca, Aula de Cinema, Bullettí de L´Aula de Cinema, La balsa de la Medusa y Banda Aparte así como sobre la representación del trabajo en el cine en la Revista de Derecho Social y en una monografía sobre “Trabajo y cine”.


LA FÁBRICA Y LA OFICINA Una representación del trabajo en el cine


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Javier de Lucas Martín

Ana Cañizares Laso

Víctor Moreno Catena

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania) Miembro de la Comisión de Venecia

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


Juan López Gandía Catedrático de Derecho del Trabajo Universidad Politécnica de Valencia

LA FÁBRICA Y LA OFICINA Una representación del trabajo en el cine

CINE Y DERECHO

tirant lo blanch Valencia, 2020


Copyright ® 2021 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

Codirectores:

Javier de Lucas

Catedrático de Filosofía del Derecho

Fernando Flores

Profesor Titular de Derecho Constitucional

© Juan López Gandía

©

TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1378-097-9 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor lea, en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice 1 Introducción

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2 Cine y modernización industrial

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2.1 Metrópolis

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2.2 A nous la liberté

23

2.3 Tiempos Modernos

24

2.4 Su influencia en el cine de los años 60-70

38

3 De Tiempos Modernos a Tiempos Postmodernos

45

3.1 El cine del después de la reconversión industrial

58

3.1.1 El fin del cine de mineros

58

3.1.2 The Full Monty

62

3.1.3 Los lunes al sol

65

3.2 El cine de autor; Aki Kaurismaki, Aki Kaurismaki, Ken Loach, Guediguian, Los Dardenne

69

3.2.1 Aki Kaurismaki

69

3.2.2 Ken Loach. Las “nuevas formas” del trabajo

78

3.2.3 Robert Guediguian

88

3.2.4 Los Dardenne. Dos días una noche

95

3.2.5 Il vangelo secondo precario. La pesadilla de los call center 99 3.2.6 Techo y comida. La hija de un ladrón 3.3 Según Matthieu y la Ley del Mercado

105 109

3.3.1 Según Matthieu 109


3.3.2 La ley del mercado 110 3.4 Otras perspectivas 3.4.1 Joaquín Jordá

115 115

3.4.2 La mano invisible 117 3.4.3 La hija del patrón 119 3.5 La dimensión colectiva

121

3. 5.1 Recursos humanos de Laurent Cantet. Montaut: otro punto de vista 121 3.5.2 En guerra

126

3.5.3 La fábrica de nada

128

3.5.4 Pan y rosas

135

3.5.5 Mia Madre

136

3.6 Los invisibles: limpiadoras, empleados de hogar, cuidadoras 3.6.1 Limpiadoras

138

3.6.2 Empleados de hogar

143

3.6.3 Cuidadoras

146

4 De los Blue Collars a los White Collars

10

138

151

4.1 El conflicto generacional. La llegada de los yuppies. Ejecutivo ejecutor. In godd company. La asesina del teletrabajo

153

4.2 Los comerciales

158

4.3 Office spice, Smooking room, A casual day

164

4.4 Procesos de selección

172

4.5 Ejecutivos asfixiados. Bird People y Tony Erdman

177

4.6 Ejecutivos despedidos

182

4.7 La arcadia de los ejecutivos y recursos inhumanos

190

4.8 La errancia de los ejecutivos. El empleo del tiempo. El adversario. La vida de nadie

197 Índice


Índice

4.9 Ejecutivos que despiden. Up in the air

204

4.10 Ejecutivos que se suicidan

208

5 Camera Café: la oficina a la española

215

6 Bibliografía

237

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Índice


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Introducción

Resulta ya un lugar común en la mayoría de los estudios sobre la representación del trabajo en el cine (Monterde, 1997) la afirmación de que el trabajo como actividad a la que dedicamos la mayor parte del tiempo no suele representarse predominantemente más que bajo la forma de su omisión, de la elipsis, de aquello que sería por sí mismo algo fuera del objeto esencial del cine entendido como entretenimiento y espectáculo. El cine como espectáculo del siglo XX se dirigió sobre todo a las masas obreras como arte popular o teatro de pobres, como alternativa al tiempo de trabajo. Estuvo por tanto ligado desde el principio y esencialmente al tiempo de ocio. El tiempo de trabajo sería per se antiespectacular (Sand, Shlomo, 2005, p. 177), mientras que el cine sería una continuación, como algo propio de la vida urbana, de las vistas, de los panoramas, de los escaparates, y en general del entretenimiento. Bajo otros aspectos el cine sería una forma moderna neobarroca, que en parte sustituiría al papel de las fiestas de la cultura popular o de otras celebraciones organizadas desde el poder. Se ha dicho en ocasiones (Sand, Shlomo, 2005, p. 213) que el cine sería un medio “concreto” por excelencia y no podría realizar un análisis profundo de cuestiones históricas abstractas. Además, el cine pertenecería al reino de lo ilusorio, de la ficción, de la representación, una mera “imitación de la vida”, que en ningún caso se presentaría en términos de verdad, ni de conocimiento científico, ni, por tanto, podría servir en absoluto para conocer e interpretar la historia y su evolución, cuando no sería un instrumento manipulador o tergiversador de la propia experiencia histórica.


Sin embargo, como en otras formas artísticas, siempre es posible a partir de estas representaciones, por alejadas que puedan estar de la realidad, una imagen de su tiempo y de sus problemas, con sus historias, sus ficciones y representaciones. El cine, incluso aunque aparentemente esté representando el pasado, no puede escapar de su tiempo histórico, pero tampoco el tiempo y la historia como interpretación del mismo y de sus procesos pueden escapar del cine y de la literatura, que además, añaden todo aquello que el discurso racional o escrito no puede transmitir: la emoción, lo que está en la fotografía, lo que resulta invisible en su momento y reaparece, mucho tiempo después, como cuando se revelan en el laboratorio las fotografías y aparecen cosas imprevistas. También se alega la libertad y la subjetividad artística como obstáculos a la objetivización que exigiría cualquier discurso abstracto para ser aceptado como forma de conocimiento. Cuando se hacen afirmaciones de este tipo no se hace sino simplificar el propio concepto de cine y sus diversas formas para hablar de lo real y de la vida, y, por tanto, de los problemas sociales, aunque sea bajo la forma de su representación y se ignora a la vez lo que tienen de discursivos y de argumentativos los propios discursos científicos, sometidos siempre a la verificación/falsación, y al debate en la comunidad científica. El mundo del trabajo, en su materialidad, sería en principio también refractario a la representación cinematográfica en la medida en que las ficciones cinematográficas van ligadas en sus orígenes a la idea de “atracción”, es decir aquello que coloca al espectador en una situación visual y emocional que lo extrae de su vida cotidiana para situarlo en una experiencia que rompe con la misma, con un comienzo y un final en una idea próxima a la de “aventura” (Georges Simmel,

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Juan López Gandía


1988, p. 14). Y evidentemente la realidad material del trabajo sería, como el sueño, un “tiempo muerto” en el que no se produce el acontecimiento. De ahí que como tal no se muestre sino que lógicamente se presuma y pase a formar parte de lo que está en off, de lo elidido. El tiempo laboral sería algo presunto en las historias narradas por el cine mayoritario, que no interesaría como tal (López Gandía, J., 2005, p. 231). El tiempo del trabajo, como tiempo muerto, sin acontecimiento ni aventura, no habría producido en los orígenes del cine ni en su desarrollo histórico a lo largo del siglo XX en el cine mayoritario o hegemónico una imagen por sí mismo más que por omisión. Hasta tal punto ha sido así que incluso cuando una actividad laboral o profesional reúne los requisitos de acción, aventura, peripecia, acontecimiento y da lugar a una representación, si así se ha configurado y codificado, lo hace bajo la condición de que la idea de trabajo como temática quede abolida. Es fácil observar este fenómeno en la historia del cine con las películas de diversos géneros cinematográficos en las que el ambiente de trabajo se trasmuta y se sitúa como una convención más al servicio del propio género, ya sea western, cine negro, melodrama, comedia, slapstick, biopic, cine de aventuras, cine político, etc. (Sánchez Noriega, 1996). La actividad laboral o profesional resulta así desplazada hacia un tratamiento novelesco, narrativo, de tal manera que acaba borrándose y desapareciendo como tal, al ser un mero pretexto para el desarrollo de los citados géneros o un simple espacio escenográfico para el tratamiento de relaciones personales o de otro tipo, conflictos o preocupaciones que poco o nada tienen que ver con el trabajo, cuando no muestran precisamente la propia fuga del trabajo como medio de vida digno y la utilización de otras formas de vida para enriquecerse y promocionarse socialmente.

La fábrica y la oficina

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Pese a todas las afirmaciones anteriores que son válidas con carácter general para referirse al cine mayoritario, a la producción comercial cinematográfica habitual, sin embargo también ha habido un cine alternativo que ha acompañado a la propia evolución del trabajo en el discurrir del siglo XX y de lo que llevamos del siglo XXI. Y por ello no ha podido dejar de representar los problemas de las clases trabajadoras, las luchas obreras y del sindicalismo: los problemas derivados de las crisis económicas, del paro, de los cambios y reestructuraciones del sistema capitalista, de la alienación y de las condiciones de trabajo en el fordismo y el taylorismo y en el postfordismo, de la pobreza y la exclusión social, de las emigraciones interiores y exteriores, y de sus relaciones con la vida cotidiana y con las condiciones de vida de los trabajadores fuera del centro de trabajo. En el presente trabajo vamos a abordar solo algunos aspectos de esta amplia temática al elegir como punto de referencia el centro de trabajo, la fábrica y la oficina. En primer lugar las películas más emblemáticas que abordan la fábrica como institución nuclear de la nueva sociedad industrial. Es un nuevo espacio diferente del mundo artesanal y agrario de la etapa anterior (Díez Rodríguez, F., 2014). No se trata solo de la forma de trabajar sino de una nueva forma social que marcará la creación de una nueva identidad social, la de la clase obrera, generada en torno a lo colectivo y vinculada a la sociedad salarial y al contrato social que deriva de la misma, cuyo ciclo de expansión hegemónico alcanza hasta la década de los años setenta. El factory sisytem crea de un lado una nueva concepción del trabajo como obligación social y legitimador de derechos, su sometimiento a las necesidades productivas del capitalismo cada vez más extendido y que entra en el modelo de consumo de masas, en un nuevo orden social. El desarraigo de los trabajadores en cuanto a las formas de vida precedentes es sustituido por nuevas formas comunitarias 16

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de socialización que giran en torno al centro de trabajo, los barrios obreros y lugares de ocio, tabernas, casas del pueblo, lugares de organización sindical y lucha, y de vida social. El Estado llevó el fordismo y el keynesianismo a un nivel superior de organización social a cambio de la integración de la lucha de clases dentro del sistema político e institucional y del sometimiento del trabajador a la disciplina de fábrica, basada en el reloj, en los tiempos, ritmos y procesos de producción que suponían una separación del fruto de su trabajo y también del control del proceso productivo a través de la división del trabajo. En un momento posterior de este trabajo se analiza cómo el cine muestra la expansión de nuevos sectores productivos como el terciario, las oficinas, y de otro lado la revuelta frente a esta intensificación de la llamada organización científica del trabajo, con la finalidad de mejorar las condiciones de trabajo y el salario y la redistribución de la riqueza y la reacción del capitalismo y su tránsito hacia la llamada sociedad postindustrial. Ahí podemos situar la etapa que arranca ya en los años ochenta, la del postfordismo, basada en la penetración cada vez mayor de nuevos valores ligados a los planteamientos neoliberales y de las nuevas formas de trabajo, que rompen con la colectividad obrera, mediante la externalización de los trabajos, la globalización, la deslocalización de procesos productivos, la precariedad, la sociedad del riesgo, el recurso a nuevas formas de trabajar, el deterioro de las condiciones de trabajo de la etapa anterior, de los derechos sociales y las políticas estatales redistributivas. De ahí la necesidad de acudir a otras vías para mantener la demanda, mediante el endeudamiento, la deuda, en una huida hacia adelante (Streeck, W, 2016). El turbocapitalismo o el capitalismo descarrilado, como lo han calificado algunos.

La fábrica y la oficina

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El postfordismo no significa que las viejas formas de trabajo y su sometimiento disciplinario desparezcan, simplemente sus manifestaciones histáricas más simbolicas o emblemáticas se trasladan a la periferia del sistema y las economías emergentes en los ochenta, con los procesos de deslocalización. No obstante, en sustitución del taylorismo asistimos a una reordenación de la geografía del capital y a la difusión de nuevos valores que pretenden conseguir los mismos objetivos, pero por vías más eficientes que los sistemas tradicionales de disciplina y explotación basada en procesos mecánicos y rutinarios. Contribuyen a la configuración de este nuevo panorama: la integración de la clase obrera en los valores de la sociedad de consumo, la pérdida de identidad y de los valores tradicionales, su soledad, el desarraigo de los espacios y valores de lo colectivo, que solo reaparecen en casos límite de amenaza colectiva de pérdida del trabajo, las posibilidades de promoción social aspirando a mejorar no ya las condiciones de trabajo de fábrica sino su propia condición como clase para sí mismo o para sus hijos. Son las ideas de flexibilidad, polivalencia, cooperación, motivación, disponibilidad permanente, integración en los valores del empresario, asumiendo como propios sus objetivos, las funciones y tareas empresariales las que irrumpen con vocación hegemónica. Todo ello se traduce en una nueva forma de disciplina, ahora basada en la interiorización de los valores de la empleabilidad y el emprendimiento (Moruno, J., 2015, p. 83 y 93). Las viejas burocracias del control se sustituyen por nuevas estructuras de poder menos visibles. Una aparente mayor libertad oculta una mayor responsabilidad ante el jefe, un sometimiento a objetivos y una mayor presión para ser eficiente (Sennet, R. 1998).

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Al mismo tiempo el trabajo retrocede en su capacidad para negociar la redistribución de la riqueza, especialmente si está en juego el empleo, única forma de conseguir mantener un cierto estatus económico y social, el temor a perderlo o la precariedad. Estos valores, que van configurando una nueva subjetividad colectiva, son más evidentes todavía cuando el trabajo se lleva a cabo bajo la figura del emprendedor, agente libre o trabajador autónomo, más aun si se trata de falsos autónomos. La autoexplotación es más eficiente, sobre todo si se lleva a cabo mediante dispositivos tecnológicos nuevos, que intermedian y que operan como la antigua cadena de montaje, sin distinción ya entre tiempos, el de trabajo y el de descanso, pues el sometimiento ya no se produce mediante una disciplina externa sino a través de relaciones de dependencia, de una neoservidumbre disfrazada de libertad, la del autónomo o emprendedor, frente al sometimiento y esclavitud del trabajo asalariado. Se imponen de este modo los valores de la sociedad del rendimiento (Byung-Chul Han, 2016, p. 58, 2017, p. 30, 2012, p. 25). A ello se añade la expansión, aprovechamiento y empoderamiento por parte del sistema capitalista de todos los dominios de la vida y de lo social, a los que somete a sus fines de extracción de plusvalor. La empresa se convierte en una institución totalizante sobre la sociedad (empresa-mundo) (Moruno, J., 2015, p. 25). Y el individualismo institucionalizado (Beck y Beck, 2012) sustituye a lo social con graves consecuencias sociales y políticas. De la crisis de la sociedad industrial y de las consecuencias del postfordismo y del neoliberalismo se ha ocupado también el cine. Y también de las expansión a las oficinas de las condiciones de trabajo que ya conocíamos en la etapa fordista, si bien bajo nuevos aspectos y que afectan tanto a empleados como a directivos. La fábrica y la oficina

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