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COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat deValència

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat deValència

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat deValència

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat deValència

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat deValència

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


ORDENAMIENTO JURテ好ICO Y SOCIEDADES PLURALISTAS A propテウsito de la inmigraciテウn en la ciudad de Mテ。laga

ARTURO CALVO ESPIGA

Valencia, 2015


Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la EditorialTirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com

Anuario de la Población inmigrante: Municipio de Málaga 2012. Grupo de investigación P.A.I.D.I. SEJ 344. Proyecto subvencionado por el Excmo. Ayuntamiento de Málaga, Área de Bienestar Social y por la Asociación Pluralismo, Conciencia y Derecho (PLUCONDE). Directores de la colección: JORDI GARCÉS FERRER Catedrático. Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales Universidad deValencia: Estudio General Mª CARMEN ALEMÁN BRACHO Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales UNED

© Arturo Calvo Espiga

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-16349-78-4 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


“Qual è la mia Italia, allora? Semplice, caro mio, semplice. È l’Italia opposta alle Italie di cui fin qui t’ho parlato. Un’Italia ideale. Un’Italia seria, intelligente, dignitosa, coraggiosa, quindi meritevole di rispetto. Il rispetto che nemmeno con mezo secolo di democracia è riuscita a guadagnarsi. Un’Italia laica e non imbelle. Un’Italia che non si lascia intimidire né dai turbanti né dai Fouché, dai Barras, dai Tallien. Un’Italia fiera di sé stessa, un’Italia che mette la mano sul cuore quando saluta la bandiera bianca, rossa e verde. Insomma l’Italia che sognavo da ragazzina, quando non avevo scarpe ma traboccavo di illusioni. E quest’Italia, un’Italia che c’è, c’è anche se viene zittita o irrisa o insultata, guai a chi me la tocca. Guai a chi me la ruba, guai a chi me la invade. Perché, che a invaderla siano i francesi di Napoleone o gli austriaci di Francesco Giuseppe o i tedeschi di Hitler o i compari di Unsama Bin Laden, per me è lo stesso. Che per invaderla usino i cannoni o i gommoni, idem. Stop. Quello che avevvo da dire l’ho detto. La rabia e l’orgoglio me l’hanno ordinato. La coscienza pulita e l’età me l’hanno consentito. Ora basta. Punto e basta»1. (Oriana Fallaci) 1

«¿Cuál es, pues, mi Italia? Simple, querido mío, simple. Es la Italia opuesta a las Italias de las que te he hablado hasta aquí. Una Italia ideal. Una Italia seria, inteligente, digna, valiente, merecedora de respeto. El respeto que ni siquiera ha conseguido merecerse con medio siglo de democracia. Una Italia laica y no arrugada (maquillada, cobarde, encogida). Una Italia que no se deja intimidar ni por los turbantes, ni por los Fouché, ni por los Barras, ni por los Tallien. Una Italia orgullosa de sí misma, una Italia que coloca la mano sobre el corazón cuando saluda a la bandera blanca, roja y verde. En resumen, la Italia que soñaba de niña, cuando no tenía zapatos pero desbordaba de ilusiones.Y esta Italia, una Italia que es, existe aunque sea silenciada o ridiculizada o insultada, maldición a quien me la toca. Maldición a quien me la roba, maldición a quien me la invade. Porque para mí es lo mismo que la invadan los franceses de Napoleón o los austriacos de Francisco José o los alemanes de Hitler o los compadres de Unsama Bin Laden. Lo mismo que para invadirla usen cañones o faldas. «Stop. Lo que tenía que decir lo he dicho. Me lo han ordenado la rabia y el orgullo. La conciencia limpia y la edad me lo han consentido. Ahora basta. Punto y final».


INTRODUCCIÓN2 La dura proclama de Oriana Fallaci, tan crítica con la descomprometida pasividad de la sociedad italiana, y europea, respecto al fenómeno de la inmigración musulmana, como criticada por determinados sectores publicistas y académicos3, puede ser perfectamente asumida hoy como diagnóstico4 o descripción no sólo de la actitud de amplios sectores de la sociedad respecto al fenómeno de la presencia en Europa de nuevas comunidades procedentes de espacios culturales muy distintos y, a veces, distantes de los esquemas culturales fraguados durante siglos dentro de las fronteras del Viejo Mundo, sino también como muestra de las actitudes personales que la notable presencia de inmigrantes está generando en distintos 2

Este estudio ha podido realizarse gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Málaga y de la Asociación PLUCONDE. Es justo reconocer la inestimable ayuda prestada al autor por el Centro de Estudios de la Iglesia Nacional Española de Roma. 3 Cf. G. BOSETTI, Cattiva maestra. La rabbia di Oriana Fallaci e il suo contagio, Marsilio Editori, Venecia 2005, passim. Bosetti se muestra durísimo contra Oriana Fallaci, como lo demuestra el hecho de que eligiese como título el mismo encabezamiento utilizado en otro libro coordinado por Bosetti y publicado el año 2002 en la misma editorial. Entonces rememorando a Popper, la maldad se atribuía a la Televisión: Cattiva maestra televisione, a la que el filósofo llegó a considerar como el medio que acabaría definitivamente con la democracia: «No podrá jamás existir una democracia si no se controla la televisión, o más precisamente no subsistirá por mucho tiempo hasta que no sea plenamente descubierto el poder de la televisión». 4 ¿Cuántos cientos (¿quizás miles?) de cristianos han sido asesinados, por el mero hecho de ser cristianos, durante los últimos tres años en países musulmanes? ¿Cuántos cientos de musulmanes convertidos al cristianismo viven en el más absoluto anonimato su religión por razonable y evidente miedo a su condena a muerte? ¿Cuántas páginas o minutado informativo han dedicado a estos hechos los medios de comunicación de las así denominadas democracias occidentales? ¿Cuántas protestas formales han realizado Estados, Gobiernos u Organizaciones internacionales relacionadas con los derechos humanos? Puede verse, al respecto, AAVV, Informe 2014 sobre la Libertad Religiosa en el Mundo, ACN International, Königstein 2014, passim.


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lugares del mundo occidental. Fenómenos, el de la inmigración y el de las respuestas que políticos y agentes sociales han dado al problema, que han sido tratados, desde hace décadas, por sociólogos, geógrafos, politólogos y juristas sin que, hemos de reconocerlo, se haya conseguido aportar planteamientos o soluciones efectivas al respecto. Se ha hablado y se sigue hablando de tolerancia, de multiculturalismo, de pluralismo, de derechos humanos, de derechos de los pueblos, etc. a fin de encontrar una especie de marco ideológico-jurídico que, al menos, posibilite la convivencia y el enriquecimiento mutuo entre personas procedentes de distintos espacios geográficos, de diferentes tradiciones y costumbres y de ambientes familiares y sociales que nada o muy poco tienen que ver con aquellos en que deben vivir en la actualidad. En este contexto se ha de enmarcar el presente estudio en el que, de manera especial, me ocuparé del significado y contenido de conceptos que están continuamente en boca de quienes abordan el fenómeno inmigratorio desde las más variadas metodologías científicas.

1. LA PROPEDÉUTICA DEL SIGNIFICADO La dificultad de precisar la significación de conceptos como pluralismo, multiculturalismo o tolerancia, así como la razón de su esencial polisemia o, quizás, equivocidad5, se han de buscar en la circunstancia de que siempre que los invocamos nos referimos a realidades que no pueden ser reducidas en su origen y aplicación a una única fuente teórica y social, sino que participan, a la vez que en buena

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Piénsese, a modo de ejemplo, en la distinta carga significativa de la palabra tolerancia utilizada en cualquier texto o convenio de protección y promoción de derechos fundamentales de la persona con lo que dice e insinúa, por ejemplo, en la sección de contactos existente en la mayoría de las publicaciones periódicas cuando se anuncia: «pareja tolerante busca relación de intercambio, sin ningún compromiso, con pareja de características semejantes».


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medida son conformadas por ellos, de proyecciones y elementos jurídicos, filosóficos, históricos, personales, políticos, comunitarios, etc. Por otra parte, ni el derecho, ni la filosofía, ni la historia, ni la ciencia política, ni la sociología han creado, ni han llegado a delimitar o conformar de forma esencial o definitiva los confines de su estructura y alcance, sino que siendo, en buena medida, preexistentes a todas ellas, sin embargo, necesitan absolutamente de ellas para su propia concreción y efectividad6. Situación que responde a la dialecticidad propia de las instituciones jurídicas y sociales básicas y fundamentales en la constitución y desarrollo de la propia sociedad, pues mientras, por una parte, están llamadas a asegurar la permanencia de las mismas, por otra, esta misma necesidad de permanencia les exige la apertura y dinamicidad requeridas por su vocación de supervivencia y permanencia en el futuro.

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Como, por ejemplo, se constata en la historia, formación y aplicación de las normas y principios generales del derecho: suele ser comúnmente aceptado que «todos los hombres, todas las sociedades que viven con leyes, al reflexionar, incluso en un nivel elemental e intuitivo, sobre las normas por las cuales se rigen, descubren, junto al derecho expresado en reglas concretas escritas o consuetudinarias, ciertas normas o principios generales basados en la idea general de justicia, que subyacen a esas reglamentaciones concretas y, aunque sean obtenidas por deducción de las fuentes formales del derecho, tienen una fuerza normativa propia que se acepta sin discusión y constituyen la base más sólida de las reglas concretas vigentes en una comunidad. Hasta la aparición del moderno positivismo jurídico, ni en Grecia ni en Roma ni en todo el medioevo se ha puesto en duda la existencia de principios jurídicos que trascienden la letra de las leyes: “Quanto latius officiorum patet quam iuris regula! Quam multa pietas, humanitas, liberalitas, iustitia, fides exigunt, quae omnia extra tabulas publicas sunt!” (Séneca, De ira, II, 27)». Pero, es más, ni siquiera el positivismo más radicalmente formalista ha logrado «construir un sistema de derecho ni códigos inspirados en él sin negar o ablandar su dogma fundamental: los códigos modernos, lo mismo que el derecho internacional, admiten los principios generales del derecho» (T. GARCÍA BARBERENA, «Norma en sentido material y en sentido formal», en P. LOMBARDÍA (ed.), La norma en el Derecho Canónico. Actas del III Congreso Internacional de Derecho Canónico. Pamplona 10-15 de octubre de 1976, vol. 1, EUNSA, Pamplona 1979, p. 671).


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Ello justifica, por ejemplo, la dificultad que entraña explicar el contenido y estructura jurídica de instituciones elementales de la vida social y esenciales para el tráfico jurídico tales como la propiedad, el matrimonio, la familia, el negocio jurídico, etc., en razón, fundamentalmente, de que su propia esencia y estructura jurídicas se constituyen o conforman, en varios de sus elementos substanciales, a partir de componentes que, por su dimensión informadora de lo jurídico, son pre, trans, meta o extra-jurídicos. Dificultad que, desde una perspectiva metodológica distinta, ya señalaba Sto. Tomás de Aquino cuando se refería a la tendencia relacional entre la razón y las amplias zonas de la verdad y la realidad que, de hecho, escapan a la comprensión de la racionalidad humana, sin que ello supusiera en el Angélico ni suponga para quien mantenga esta evidencia prejuicio alguno sobre la capacidad de la inteligencia del hombre para llegar a conocerlas. Así es, por ejemplo, la postura que adopta Sto. Tomás, cuando en la Summa contra Gentiles II, 8, 1, advierte de la necesidad de esforzarse por superar (“tentandum est solvere”) las objeciones contra la inmortalidad del alma humana7. Pues, como ya ha sido puesto de manifiesto, mediante la expresión tentandum est solvere se hace referencia a las dificultades con que tropieza la razón humana cuando se acerca a las verdades que más inciden en el significado y sentido de la vida humana8. En relación con lo que acabamos de decir, no es ocioso advertir que ante problemas jurídicos o de cualquier otro orden originado por el desbordamiento social resulta difícil e incluso arriesgado aportar soluciones jurídicamente equilibradas. Con frecuencia, la perentoria necesidad de solucionar o dar salida a una situación conflictiva puede oscurecer la serenidad y objetividad que requiere la justicia de todo pronunciamiento jurídico, sea en sede académica, jurisprudencial o legislativa.

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«Has autem rationes, quia falsum concludunt, ut ex praemissis [cap. praeced.] est ostensum, tentandum est solvere». 8 Cf. S. VANNI ROVIGHI, Introduzione a Tommaso d’Aquino, Laterza, Roma-Bari 1973, p. 40.


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Por otra parte, se ha de tener en cuenta que, dados los parámetros y necesidades en que se mueven las sociedades actuales, resulta cada vez más complicado esperar una política de anticipación o de prevención en todo lo directamente relacionado con el hombre, con la persona humana o con aquellas implicaciones del actuar personal que no repercutan directa e inmediatamente en el ámbito de la efectividad política: una de las asignaturas pendientes, y según parece de difícil recuperación, de nuestros sistemas democráticos es la tendencia a evaluar en votos, es decir en intereses partidistas, la urgencia de las respuestas a los problemas o retos sociales. Quizás por ello nuestra sociedad se ha visto desbordada a raíz de la “invasión” de Europa por personas de culturas e ideologías no sólo diferentes sino, con frecuencia, opuestas al modo de ser europeo.Y la respuesta no acaba de llegar, porque ¿podrá aportarse una verdadera solución cuando los medios de que dispone nuestra sociedad han quedado obsoletos de imprevisión? ¿es posible solucionar un problema cuando sus términos arrollan las posibilidades de reacción de quienes lo padecen? ¿cabe hablar de soluciones cuando ni siquiera se hace un planteamiento correcto de la dificultad? Quizás también aquí tenga sentido recordar aquello de que un buen planteamiento es el paso más firme para encontrar la solución adecuada a cualquier problema.

2. LA SOCIEDAD ABIERTA COMO HORIZONTE METODOLÓGICO Lógica y cronológicamente, como el mismo Popper reconoce, en el pensamiento del filósofo francés9 las categorías de sociedad 9

Henri Bergson nació en Paris, el 18 de octubre de 1859, y murió el 4 de enero de 1941. Fue durante muchos años profesor en el Colegio de Francia. Puede decirse que, a pesar de la vasta obra que nos ha legado, la conciencia se erige en tema único de la investigación y producción bergsonianas. Después de la publicación de una de sus obras más emblemáticas, Las dos fuentes de la moral y de la religión (1932), Bergson, de origen judío, orientó su vida hacia el catolicismo,


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abierta y sociedad cerrada enraízan y, a la vez, son consecuencia de su concepción y filosofía de la conciencia, pues, para Bergson, todo ser es conciencia. Ahora bien, aun cuando Bergson no es ajeno a la filosofía de Kant, del idealismo alemán y hasta a la del propio Schopenhauer, su idea de la conciencia no tiene nada que ver con la concepción kantiana, con la deshistorizada trascendentalidad del idealismo o con el estéril ensimismamiento de Schopenhauer, sino que, para él, la conciencia es vida, vivencia, impulso, duración, libertad, creación, en fin, energía creadora cuya positiva y creativa manifestación es denominada por Bergson élan vital que, además, es también núcleo y alma de todo ser que existe en el mundo. Junto a esta realidad de vida, impulso, espíritu y libertad, se da también la materia y con ella, en consecuencia y dependencia necesarias, el espacio, lo externo, lo fragmentario, el automatismo, la pasividad de la inercia, lo mecánico que, sin embargo, ha de ser interpretado como aflojamiento, estrechamiento y paralización del élan vital. Más en concreto, Bergson describe su concepción de la sociedad abierta y de la sociedad cerrada al preguntarse, en su obra Las dos fuentes de la moral y de la religión (1932), por las raíces de la moral y de la religión. Según él, la sociedad y el impulso amoroso (élan d’amour) constituyen las dos fuentes básicas de la moral. También en el ámbito social, en cuanto realización paradigmática de lo humano, se verifica la contradicción presente en el mundo del ser: tampoco en esta dimensión la conciencia es pura actividad creadora, élan vital, al verse en continuo contraste con lo material. De este modo, las sociedades humanas que se han formado y hemos conocido a lo largo de la historia son sociedades cerradas, donde el individuo actúa únicamente como parte del todo, dejando un margen casi imperen el que, según sus propias palabras, veía el auténtico complemento del judaísmo; pero, como se señala en un pasaje de su testamento (1937), nunca hizo efectiva su conversión al catolicismo a causa de la ola de antisemitismo que iba extendiéndose por todo el mundo: «Yo hubiera sido un convertido de no haber visto desde años atrás avanzar la terrible ola de antisemitismo, que ahora va a derramarse por el mundo. He querido permanecer entre los que mañana serán los perseguidos».


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ceptible para la iniciativa y la libertad personales, puesto que, en ellas, el orden social se modela en paralelismo al orden de la naturaleza, ya por razones u opciones positivistas, o bien por un convencimiento romántico-naturalista.Y ello aun cuando se reconozca que las normas de la sociedad no gozan de la necesidad perentoria de las leyes de la naturaleza. En este tipo de sociedades, la persona sigue el camino trazado por el colectivo, obedeciendo automáticamente sus normas y conformándose con sus ideales, sean de familia, raza o nación, pues la conservación de la sociedad se convierte en ideal y meta únicos para todo miembro de la misma. Lo primero y principal es el agregado social, lo secundario y derivado la persona, cuyo desarrollo sólo se justifica en la medida en que sea resultado o motivo de progreso social. Como deja claramente sentado ya desde las primeras páginas de Las dos fuentes de la moral y de la religión, la sociedad, no la razón ni la persona en su más pura radicalidad, a través de seleccionados usos y costumbres que protegen y garantizan la solidez y supervivencia del cuerpo social, se erige en fuente única de obligaciones morales y de vínculos éticos, quedando reducida la función de la razón a simple instrumento o medio de selección de los medios más útiles o adecuados para el cumplimiento, satisfacción o aplicación de aquellas. Como consecuencia de este mecanismo descrito por Bergson como característico de las sociedades cerradas, resulta que los usos y costumbres sociales, en cuanto elementos integrantes y generadores de cultura, estarían contribuyendo a la creación de unos modos y hábitos de vivir y pensar que, producto de una sociedad cerrada, simultáneamente conformarían, garantizarían y acrecerían una serie de constitutivos básicos y fundamentales de esas sociedades que, progresivamente, reforzarían sus propiedades colectivistas en detrimento de la centralidad y protagonismo de la persona. En el lado opuesto a esta moral cerrada, legalista, de la obligación, de la presión y de la ciega obediencia social, fuente de las sociedades cerradas, se encuentra la moral de la libertad, de la humanidad universal y del amor (élan d’amour). Una moral absoluta, en el sentido de que no es la necesidad perentoria ni la ley las que activan


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y condicionan esa moral sino la ejemplaridad, es decir, las ideas de valor y libertad que están por encima y más allá de lo puramente material y mecánico; una moral abierta, puesto que esta característica es requisito indispensable para el ejercicio y desarrollo de la libertad y, por ello, fuente, a su vez, y característica esencial de la sociedad abierta. Nos hallamos, pues, ante una moral superior a la de las sociedades cerradas, esencialmente libre y creadora. Según Bergson, esta moral, fuente de las sociedades abiertas, es la que ha dado vida, aliento y fuerza a los grandes héroes y personajes que en ella y a través de ella pudieron desplegar intuiciones y acciones generadoras de vida y de renovación social, desde los sabios de Grecia hasta los santos del Cristianismo, pasando por los profetas de Israel o las lumbreras del Budismo. Por el contrario, la moral imperante en las sociedades cerradas, o moral de la obligación, es inmutable, conservadora, aún cuando se aparente o presuma lo contrario; la de las sociedades abiertas tiende al progreso y al movimiento de la novedad. La primera se articula al margen de la persona y produce impersonalidad pues, en lógica dependencia de la sociedad de que deriva, consiste en conformarse a costumbres ya adquiridas y socialmente fijas y estáticas; en la segunda, el protagonismo más radical es propio de la persona, así como de su proyección social y pública en el desarrollo de su personalidad y dignidad. Bergson, pues, formula su propuesta sobre los tipos de sociedad que nos ocupan desde una perspectiva total y globalizante del ser y de la naturaleza humana, desde la concepción del hombre como un todo en que la libre creatividad de su conciencia se convierte en punto de referencia y valor de la autenticidad tanto de las personas como de las sociedades. La moral de la obligación, matriz de sociedades cerradas, es inmutable, y ha de serlo, porque tiende, sobre todo, a la conservación de la sociedad: lo societario, lo institucional, lo impersonal prevalece sobre el individuo, la garantía de la seguridad sobre la certeza de la libertad; por el contrario, la moral absoluta, fuente de sociedades abiertas, está en continuo movimiento y tiende a la apertura y progreso social en servicio de la persona, cualquiera


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que sea su status, función o papel en la sociedad. Aquella genera una sociedad estratificada, ésta se inserta en sociedades fluidas en que los distintos elementos o status que las conforman se interrelacionan e intercambian entre sí con absoluta fluidez. Desde esta perspectiva, y admitiendo sin reservas la gran aportación que la formulación popperiana de su idea de sociedad abierta ha supuesto en la reflexión y práctica de las relaciones entre culturas e ideologías dentro de una misma sociedad, cabe señalar el manantial de posibilidades inéditas implicadas en el pensamiento bergsoniano, no sólo por el protagonismo que en el mismo asume la persona en su complejidad de espíritu, razón y materia, sino por la necesaria integración que en su concepción de la sociedad se realiza de moral, sociedad y religión, en cuanto realidades, modos o perspectivas que, con inusitado protagonismo, se encuentran hoy en el origen de los problemas suscitados por la coexistencia en un mismo ámbito social de culturas, religiones o ideologías distintas e, incluso, opuestas. Aun reconociendo su dependencia de Bergson, hemos de advertir, sobre todo porque ha de ser asumido como lugar hermenéutico fundamental para interpretar su pensamiento, que la teoría de la sociedad abierta formulada por Popper es consecuencia de su idea de la racionalidad entendida, sobre todo y fundamentalmente, como actitud o postura crítica, constituyendo, pues, el conocido como racionalismo crítico popperiano referencia fundamental y necesaria a la hora de comprender e interpretar el pensamiento social de este filósofo. Además del matiz diferenciador aportado por el vienés a la formulación de Bergson, es innegable el éxito y fortuna que esta formulación ha adquirido en el mundo jurídico y social desde que Karl Popper publicase en 1945 su libro La sociedad abierta y sus enemigos que, según propia confesión, comenzó a escribir «el día que se enteró que Hitler había invadido Austria»10. 10

Así lo explica en el postfacio que el propio Popper añadió a la publicación de unas jornadas celebradas en Viena entre los días 24 y 26 de mayo de 1983. La tercera de estas sesiones fue dedicada a la sociedad abierta y en ella participaron Popper, W. W. Bartley III, profesor de filosofía en la Universidad Estatal de


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Los elementos que, según Popper, caracterizan la sociedad abierta son un racionalismo crítico, la libertad individual y la tolerancia; es decir, la sociedad abierta popperiana podría perfectamente identificarse con la sociedad del liberalismo, ya que, para este autor, lo que debemos exigir al Estado «es protección no sólo para nosotros, sino para los otros», lo que, consecuentemente, comporta que «el Estado limite por igual, siempre que sea posible, la libertad de sus ciudadanos, sin sobrepasar nunca lo necesario para conseguir la igualdad en la limitación de la libertad»11. La sociedad abierta, según es concebida por Popper, no puede ser equiparada, confundida o identificada con fórmulas, expresiones o tópicos como «la democracia es el gobierno de la mayoría» o «el gobierno del pueblo», partiendo del falso supuesto de que el formalismo político de unas elecciones sería, sin más, garantía de existencia de una sociedad abierta: una mayoría podría gobernar tiránicamente y, en un momento dado, el pueblo podría elegir una tiranía. La verdad es que sólo podrá hablarse de auténtica democracia en una sociedad abierta, en la medida en que se creen, defiendan, perfeccionen y sean operativas instituciones que posibiliten y faciliten al gobernado la posibilidad efectiva y real de criticar eficazmente a los gobernantes y a éstos les empujen y constriñan a una verdadera autocrítica.

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California; G. Radnitzkey, profesor de teoría de la ciencia en la Universidad de Tréveris; I. Slade, asistente de Popper; A. Petrovic, profesor de fisiología en la Universidad de Estrasburgo; P. M. Lingens, periodista y N. Lesser, profesor de filosofía social en la Universidad de Viena. El contenido de estos coloquios fue publicado en Munich, el año 1985, por la R. Piper Gmbhand Co., bajo el título Die Zufunft ist offen das Altenberger Gespräch mit den Testen das wiener PopperSymposiums. K. POPPER, The Open Society and its Enemies, Princenton University Press, Princenton, 1950, pp. 108-109. Para un análisis crítico de la teoría popperiana sobre la sociedad, puede verse G.W. CAREY (ed.), Order, Freedom and the Polity: Critical Essays on the Open Socity, University Press of America, Boston 1986; y, respecto a la incidencia que pueda tener en la problemática relacionada con el pluralismo y el multiculturalismo, siempre desde una óptica crítica, puede verse G. SARTORI, Pluralismo, multiculturalismo e stranei, Biblioteca Universale Rizzoli (BUR), Milán 2002, pp. 15-17.


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Así lo planteábamos ya hace casi treinta años, desde una perspectiva y preocupaciones inmediatas diversas de las de Popper, «en realidad… la única garantía verdadera que la persona tiene frente al posible ejercicio de un poder político avasallador de la libertad humana es solamente el principio de que el Estado, por muy legales y políticamente legítimos que sean sus instrumentos legislativos, no puede ni debe ser nunca instancia, ni única ni última, de legitimación jurídica de la norma. Lo que verdaderamente legitima un sistema de normas o un régimen político no es sólo el como se haya constituido, sino además la realización efectiva de una justicia auténtica en el respeto y promoción de las libertades y los derechos humanos fundamentales»12. Cuarenta años después de haber escrito su obra sobre la sociedad abierta y convertida en concepto habitual y supuesto necesario entre sociólogos y politólogos, Popper mismo explicaba el sentido y pretensión de aquel libro, al tiempo que precisaba y explicitaba el propio concepto de sociedad abierta, ampliando su sentido y significación a situaciones y problemas surgidos tiempo después de que formulara su idea: «El libro es una defensa de la democracia, escrito en un momento en que la democracia no tenía muchos seguidores convencidos: casi todos los que escribían en aquel tiempo o con los que tuve ocasión de hablar profetizaban el fin cercano de la democracia y la victoria del fascismo de derecha o del fascismo de izquierda, y todos se referían a la debilidad interna de la democracia. «Con la expresión “sociedad abierta” designo no tanto un tipo de Estado o una forma de gobierno, sino sobre todo un modo de convivencia humana en que la libertad de los individuos, la no violencia, la protección de las minorías, la defensa del débil son valores importantes. En nuestras democracias occidentales, estos valores son obvios para la mayor parte de las personas. «El hecho de que estos valores sean tan obvios para nosotros es uno de los peligros que amenazan la democracia. De hecho, pocas personas

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A. CALVO ESPIGA, «Acercamiento a la incidencia del derecho natural y de los derechos humanos en la elaboración del derecho», Scriptorium Victoriense 32, 1985, p. 330.


Arturo Calvo Espiga tienen fantasía suficiente para representarse la vida en una sociedad moderna no-democrática»13.

Parámetros que subyacen al contenido de esta obra.

3. DEL HECHO LOCAL AL PLANTEAMIENTO UNIVERSAL La presente monografía tiene su origen en una serie de trabajos previos sobre la inmigración en el ámbito geográfico del Municipio de Málaga. Estudios llevados a cabo por un grupo de profesores de la Universidad malagueña adscritos al Área de Derecho Eclesiástico del Estado de la misma Universidad. Todos ellos fueron publicados por la editorial que acoge este libro. El primero de ellos es del año 2010 y bajo el título La inmigración en el Municipio de Málaga14 se realizaba un primer acercamiento a la situación de los inmigrantes en la ciudad de Málaga. En primer lugar se presentaba un análisis de la bibliografía existente sobre el fenómeno migratorio en el Municipio. A continuación se ofrecía una cuidada selección de la normativa a través de la que se respondía, tanto desde el ámbito social como jurídico, a los difíciles retos que presenta la inmigración en el ámbito municipal. Por último se analizaban las fuentes que generan y facilitan los datos estadísticos con los que normalmente operan investigadores e instituciones públicas. El año 2011 veía la luz un segundo estudio titulado El alumno inmigrante en el Municipio de Málaga. El perfil del alumno inmigrante y su integración socio-cultural15. Monografía que también fue publicada en inglés bajo el título The immigrant students in the Municipality of 13

K. R. POPPER, Postfacio, cit. Cf. M. MELÉNDEZ-VALDÉS NAVAS, A. CALVO ESPIGA y M. A. ASENSIO SÁNCHEZ, La inmigración en el municipio de Málaga, Tirant lo Blanch, Valencia 2010. 15 Cf. A. CALVO ESPIGA, M. A. ASENSIO SÁNCHEZ, M. MELÉNDEZ-VALDÉS NAVAS y J. A. PARODY NAVARRO, El alumno inmigrante en el Municipio 14


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Malaga. The immigrant student’s profile and their socio-cultural integration. Para determinar el perfil del alumno inmigrante residente en Málaga, de su entorno socio-familiar y de su grado de integración ciudadana se efectuaron 448 encuestas entre alumnos de E. S. O. y Bachillerato de los Institutos de la ciudad elegidos según el número de alumnos extranjeros asistentes a sus aulas. Las encuestas aplicadas en 15 Institutos de Málaga se estructuraron en diversos módulos comprensivos de la situación personal, social y académica de los alumnos: datos socio-familiares, datos socio-culturales, datos socio-integrativos y, finalmente, datos religiosos y de práctica religiosa. Con la misma perspectiva y metodología que el estudio anterior, en orden a facilitar una comparación auténtica, se publicó el año 2013 el titulado La integración socio-cultural del alumno inmigrante en el distrito Palma-Palmilla de la ciudad de Málaga16, necesario complemento del estudio anterior dadas las peculiares características sociales y económicas que presenta este distrito de la ciudad de Málaga. Por último, el pasado 2014 se publicó el cuarto de los estudios dedicados al problema de la inmigración en la ciudad de Málaga bajo el título Mujeres inmigrantes y violencia de género en el Municipio de Málaga. Perspectiva social y dimensión jurídica17. Estudio en el que se puso de relieve la gran incidencia que las ideas y concepciones de la vida deudoras de las distintas culturas tienen en la percepción que las propias mujeres maltratadas tienen de su situación. A partir de las conclusiones extraidas de los estudios mencionados, era el momento de asomarse a la categoría o principios que pueden determinar o explicar las conductas analizadas. Se trata de de Málaga. El perfil del alumno inmigrante y su integración socio-cultural, Tirant lo Blanch, Valencia 2011. 16 Cf. A. CALVO ESPIGA, M. MELÉNDEZ-VALDÉS NAVAS y J. A. PARODY NAVARRO, La integración socio-cultural del slumno inmigrante en el distrito PalmaPalmilla de la ciudad de Málaga, Tirant lo Blanch, Valencia 2013. 17 Cf. M. A. ASENSIO SÁNCHEZ, A. CALVO ESPIGA, M. MELÉNDEZ-VALDÉS NAVAS y J. A. PARODY NAVARRO, Mujeres inmigrantes y violencia de género en el Municipio de Málaga. Perspectiva social y dimensión jurídica, Tirant lo Blanch, Valencia 2014.


Arturo Calvo Espiga

reflexionar sobre lo analizado en un caso concreto desde una perspectiva de universalidad según los parámetros de la metodología científica. De este modo, el caso concreto se universaliza y puede llegar a adquirir la categoría, al menos, de modelo metodológico más allá del posible particularismo anecdótico. Precisamente en aras de ofrecer pistas o elementos que, aun ínfimos y elementales, ayuden a precisar y formular correctamente, por lo menos, el planteamiento del problema que ha originado en nuestra sociedad la convivencia entre personas de culturas y credos religiosos distintos, me tomo la libertad de ofrecer algunas ideas que posibiliten escrutar soluciones o, al menos, perspectivas de análisis capaces de contribuir a la mejor comprensión de los problemas que la diversidad cultural, en su más amplio sentido, plantea a los sistemas democráticos. Esta reflexión, pues, nace con la pretensión fundamental de constituir una aportación propedéutica al estudio de las relaciones sociales entre grupos humanos que, viviendo en un mismo entorno social, son deudores de culturas, es decir, concepciones religiosas, cosmovisiones, sistemas axiológicos e ideológicos, completamente distintos y, a veces, contradictorios. El objetivo fundamental del análisis que se ofrece en esta obra consiste fundamentalmente en determinar la capacidad que las sociedades actuales tienen, o dejan de tener, para permitir, acoger o integrar en su estructura y dinámica la presencia de distintas culturas o grupos culturales.


Capítulo I

EN TORNO A LA IDEA DE CULTURA Siempre que nos planteemos una relación auténtica y efectiva entre culturas habrá que tener muy claro el confín o frontera que jamás se ha de sobrepasar y que vendrá delimitado por la garantía, protección y conservación positiva de lo que se suele considerar como valores fundamentales de una sociedad democrática. Ello significa que las conocidas como civilizaciones o democracias occidentales han de ser muy cuidadosas a la hora de asumir lo que podría denominarse, dentro de los parámetros en que de hecho nos movemos, islamización o africanización u orientalización de algunos de sus principios o conquistas fundamentales de las propias democracias occidentales, en aras de un hipertrofiado respeto por las formas de vida y de pensar de quienes procedentes de pueblos de tradiciones diferentes se establecen en naciones con una historia y una filosofía tan distintas de las suyas propias. La civilización occidental, marco y matriz en que han nacido y se han desarrollado desde valores sociales y escuelas filosóficas hasta fenómenos religiosos de la importancia y trascendencia del cristianismo, ciertamente no es la civilización, ni la única que con plenitud puede hacerse acreedora de semejante pretensión, tal y como se pensó en siglos pasados; sin embargo, aunque hoy se presente como una civilización más, entre otras, se ha de reconocer que las vicisitudes históricas que la han ido decantando durante casi tres milenios, han revestido a la herencia de Grecia, de Roma y del Cristianismo, a diferencia de lo que acontece con el acerbo ideológico y vital de otros pueblos, de una dimensión de universalidad que no han alcanzado éstos. Ahora bien, si hemos de reconocer que durante mucho tiempo ha prevalecido, en el ámbito de la relación entre civilizaciones, una especie de etnocentrismo cultural europeo, en este momento se ha de estar atentos a evitar el movimiento pendular que, en el extremo contrario, nos aboque a una especie de relativismo cultural que acabaría oscureciendo el gran legado de humanismo que ha ali-


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