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UN SIGLO DE ESTUDIOS SOBRE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

LA EVOLUCIÓN DE LOS ENFOQUES TEÓRICOS DEL CAMPO DE ESTUDIOS DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DURANTE EL SIGLO XX


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


UN SIGLO DE ESTUDIOS SOBRE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES LA EVOLUCIÓN DE LOS ENFOQUES TEÓRICOS DEL CAMPO DE ESTUDIOS DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DURANTE EL SIGLO XX

ALBA LINARES QUERO Doctora en Ciencias Políticas Investigadora de HEGOA, Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional. Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

tirant humanidades Valencia, 2023


Copyright ® 2023 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

Trabajo realizado como integrante del Grupo de Investigación sobre Seguridad Humana, Desarrollo Humano Local y Cooperación Internacional (IT1434-22) del sistema universitario vasco (2022-2025).

Foto de portada de Unseen Histories, en Unsplash

© Alba Linares Quero

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-165-2023 ISBN: 978-84-19471-03-1 MAQUETA: Disset Ediciones

Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice 1. INTRODUCCIÓN...................................................................

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2. ACLARACIONES CONCEPTUALES, ¿QUÉ SON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES?......................................................

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3. LOS ENFOQUES CLÁSICOS...................................................

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3.1. Corriente irracionalista o psicología de masas................................. 3.2. Teoría de la sociedad de masas........................................................ 3.3. Corriente del comportamiento colectivo o escuela behaviorista...... 3.4. Teoría de los agravios o privación relativa...................................... 3.5. Consideraciones finales...................................................................

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4. LOS ENFOQUES RACIONALISTAS.......................................

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4.1. Teoría olsoniana de la elección racional.......................................... 4.2. Teoría de movilización de los recursos............................................ 4.3. Corriente estructuralista-marxista................................................... 4.4. Teoría de la estructura de oportunidades políticas........................... 4.5. Consideraciones finales...................................................................

40 43 46 50 52

5. LOS NUEVOS ENFOQUES......................................................

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5.1. Teoría de los nuevos movimientos sociales...................................... 5.2. Corriente culturalista...................................................................... 5.3. Hacia un enfoque multidimensional................................................

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6. LOS MOVIMIENTOS SOCIALES EN CONTEXTOS NO OCCIDENTALES, EL CASO DE AMÉRICA LATINA.................

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6.1. Condiciones estructurales y culturales en América Latina............... 6.2. El estudio de los movimientos sociales en América Latina...............

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Índice

6.3. Caracterización de los nuevos movimientos sociales en América Latina.............................................................................................. 6.4. La significación de las luchas sociales latinoamericanas.................. 6.5. Consideraciones finales...................................................................

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.............................................

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1. INTRODUCCIÓN El objetivo de este libro es analizar la literatura especializada sobre los movimientos sociales. El manuscrito es eminentemente teórico y no es otro mi propósito que mostrar los fundamentos teóricos de este campo de estudios. Para ello, a lo largo del libro realizaré una revisión de los principales enfoques y sus contribuciones más destacadas a esta disciplina académica. El campo de estudios sobre movimientos sociales surgió y se desarrolló durante el siglo XX, siendo el período comprendido desde los años cuarenta hasta los años noventa la etapa más relevante y prolífica. No obstante, cuenta con antecedentes teóricos desde finales del siglo XIX, y algunas de las teorías que expondré no han perdido vigencia y se extienden hasta el presente. En la mayoría de los casos, los enfoques y teorías se solaparon unos sobre otros durante algún tiempo. Así, los enfoques clásicos dominaron la academia durante los años cincuenta y sesenta, momento en el cual comenzaron a surgir los enfoques racionalistas. En los años setenta y ochenta, estos últimos se consolidaron como el paradigma dominante en Estados Unidos, mientras que en Europa se desarrollaron la teoría de los nuevos movimientos sociales, la sociología de la acción y los estudios culturales, que dominaron el campo de estudios a partir de los años noventa. Cada período culminó con un paradigma dominante que sería el centro de todas las críticas durante el siguiente período. Los cambios entre enfoques están relacionados con las tradiciones académicas que siguen los autores, con el desarrollo interno del campo de estudios y con las transformaciones de los propios movimientos sociales. Por eso, cuando sea pertinente, me referiré a experiencias concretas de la historia de los movimientos sociales que nos ayuden a explicar la evolución de la teoría. El estudio de los fenómenos asociados a los movimientos sociales ha tenido un carácter interdisciplinar. Su comprensión ha captado el interés de la sociología, la ciencia política, la historia e incluso la psicología social. La preocupación principal de los teóricos, subyacente a todos los enfoques, ha sido explicar cómo es posible que la población participe en movimientos sociales a pesar de los riesgos que puede


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conllevar, y cómo pueden mantenerse en el tiempo a pesar de la escasez de recursos y la falta de acceso al poder. Por eso, las teorías sobre movimientos sociales se han desarrollado en torno a preguntas sobre la emergencia de los movimientos sociales, sobre su movilización y su mantenimiento. Las respuesta a algunos de estos interrogantes dieron lugar a los diferentes enfoques y teorías que hoy componen el campo de estudios de los movimientos sociales. En el siglo XXI parece que se ha producido un estancamiento en la evolución de este campo de estudios. El análisis de los movimientos sociales sigue siendo de interés para los académicos pero las investigaciones y estudios de caso se realizan a partir de los enfoques y teorías surgidas en el siglo XX. Por otro lado, el campo de los movimientos sociales ha sido desarrollado por académicos procedentes de Europa y Estado Unidos, dedicados principalmente al estudio de movimientos acaecidos en contextos políticos occidentales –europeos y norteamericanos– y sus correspondientes estructuras de oportunidades y restricciones a los derechos y libertades. Esto ha generado insuficiencias teóricas en el campo de estudios a la hora de explicar la acción colectiva fuera de dichos escenarios. Respecto al contenido de este libro, comenzaré en el siguiente capítulo revisando el concepto de “movimientos sociales”, un término que ha generado un amplio debate entre los académicos. La falta de consenso se demuestra en que cada uno de los enfoques teóricos parte de una noción diferente de su objeto (Laraña, 1999: 67-68), un problema epistemológico, similar al de otros campos de la sociología, que no pretendo resolver aquí. La tarea que me propongo consiste en acotar una concepción de movimiento social que sirva para enmarcar nuestra revisión de la literatura, teniendo en cuenta que este ejercicio nos ayudará a introducir algunos de los elementos teóricos fundamentales del campo de estudios. En los capítulos tres, cuatro y cinco expondré la evolución de las principales teorías existentes en el campo de estudios de los movimientos sociales desarrolladas en el siglo XX, que he agrupado en tres enfoques: los enfoques clásicos, los enfoques racionalistas y los nuevos enfoques teóricos. Cada uno de estos enfoques está compuesto por diferentes líneas teóricas: primero, corriente psicológica, teoría


1. Introducción

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de la sociedad de masas, corriente del comportamiento colectivo y teoría de los agravios; segundo, teoría de la elección racional, teoría de movilización de los recursos, corriente estructuralista-marxista y teoría de la estructura de oportunidades políticas; y tercero, teoría de los nuevos movimientos sociales y corriente culturalista. Expondré los principales autores y fundamentos, las herramientas y categorías analíticas, las debilidades y potencialidades, así como el legado que cada teoría ha dejado al campo de estudios. Finalmente, terminaré este repaso sobre la evolución del campo, con la propuesta de varios autores de construir un único enfoque holístico que sintetice las dimensiones analíticas de cada perspectiva. Por último, dado el origen occidental de la teorías sobre movimientos sociales y las insuficiencias del campo de estudios para analizar este fenómeno social en contextos no occidentales, dedicaré un capítulo sexto a presentar las diferencias y particularidades del caso latinoamericano. Veremos como las experiencias de lucha en América Latina aportan insumos novedosos al campo de estudios y podrían contribuir a generar nuevos enfoques durante el siglo XXI. En cada uno de los capítulos, cerraré con un breve apartado de consideraciones finales que ayudará al lector a comprender los principales rasgos y contribuciones de cada enfoque teórico al campo de estudios.


2. ACLARACIONES CONCEPTUALES, ¿QUÉ SON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES? El término “movimientos sociales” (MS) es comúnmente utilizado en múltiples disciplinas científicas (psicología social, sociología, ciencia política e historia) así como en la cotidianidad de la gente, los analistas y medios de comunicación, lo que le ha ido dotando de cierta laxitud. El carácter polisémico del término le ha hecho englobar una gama excesivamente amplia de fenómenos sociales, desde sectas religiosas, a milicias, revueltas de campesinos, campañas antiabortistas y corrientes culturales. Por tanto, a pesar del aumento del interés en los movimientos sociales y el desarrollo que el campo de estudios tuvo durante la segunda mitad del siglo XX, todavía no disponemos de una definición que nos permita diferenciar con precisión los movimientos sociales de otros comportamientos colectivos. Durante décadas, varios autores han advertido que este campo de estudios tiene problemas de “subdesarrollo científico” por no haber sido su objeto bien definido. Critican que los teóricos se hayan centrado principalmente en estudiar las causas y las consecuencias de las acciones colectivas, habiendo descuidado una tarea previa, la caracterización y delimitación de los fenómenos que estudian (Blumer, 1957; Smelser, 1989 [1963]; Lofland, 1993). Por eso, antes de comenzar el recorrido por los distintos enfoques teóricos, creo conveniente realizar unas aclaraciones conceptuales acerca de lo que la literatura especializada entiende por “movimientos sociales”. En primer lugar, es importante analizar las diferencias existentes entre lo que es “movimiento social” y “acción colectiva”, términos que pueden encontrarse indistintamente en la literatura, contribuyendo así a su confusión. La noción de acción colectiva incluye a los movimientos sociales, si bien la acción colectiva no se limita únicamente a los movimientos sociales; los movimientos sociales solo son una de las formas posibles de acción colectiva. Sabemos que existe una gran variedad de formas de acción colectiva como, por ejemplo, afiliarse


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a sindicatos, asociarse a grupos de presión, acudir a votar, realizar campañas electorales, participar en disturbios o en concentraciones, e incluso las revoluciones, pero todavía no disponemos de una taxonomía clara sobre acciones colectivas1. Si bien, de entre todas las formas de acción colectiva, los movimientos sociales son la más característica y estudiada. Y de este hecho deriva, en parte, el uso indistinto de los términos. Otra fuente de confusión conceptual procede de que en la literatura podemos encontrar dos formas de referirnos a los movimientos sociales en relación a la acción colectiva: por un lado, los MS como una forma de acción colectiva; y por otro, los MS como sujetos colectivos que ejercen acciones colectivas. En este sentido, podría decirse que, entre los actores sociales existentes en el sistema político –grupos de interés, sindicatos, partidos políticos, asociaciones de vecinos, etc.– los individuos y grupos organizados en torno a movimientos sociales son quienes más recurren a las acciones colectivas2. Dentro del campo de los movimientos sociales parece que hay un consenso en definir la acción colectiva como una acción conjunta mediante la cual se persiguen objetivos o intereses comunes (Neveu, 2002: 31; Revilla, 1994: 186; Tilly, 1978: 5–8). Así mismo, las acciones colectivas aparecen acotadas al ámbito de lo político, excluyendo de la categoría las acciones que no estén relacionadas con este ámbito como, por ejemplo, expresiones culturales y artísticas. En el caso de los movimientos sociales, además, la acción colectiva tiene que estar orientada a promover cambios sociales. Los MS emergen en situaciones de conflicto social con el objetivo de cambiar la sociedad (Melucci, 1990: 34; Garner y Tenuto, 1997: 48; Sztompka, 2004: 303). A lo largo de la historia, las reivindicaciones de cambio de los movimientos sociales han sido diversas: mejoras en las condiciones 1

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La clarificación conceptual de la acción colectiva también esta siendo objeto de desarrollo y debate. Algunos autores excluyen las revoluciones del estudio de la acción colectiva, mientras otros como Tarrow (2004) y Goldstone (1997) defienden su análisis como una forma más de acción colectiva. “La acción colectiva es el principal recurso, y con frecuencia el único, del que dispone la mayoría de la gente para enfrentarse a adversarios mejor equipados o a estados poderosos” (Tarrow, 2004: 24).


2. Aclaraciones conceptuales, ¿qué son los movimientos sociales

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laborales, reconocimiento de una identidad, afirmación de derechos, sufragio universal, acceso al sistema político, democracia, derrocamiento de un gobierno, independencia, autodeterminación de los pueblos, etc. Tilly y Wood (2010: 146) distinguen entre reivindicaciones: (a) “programáticas”, aquellas dirigidas a apoyar u oponerse a las propuestas de quienes son objeto de las reivindicaciones (b) “identitarias”, aquellas que consisten en afirmaciones de la identidad colectiva y (c) “de posición”, aquellas que buscan afirmar la relación con otros actores políticos. William Gamson (1990) analizó la naturaleza de veintisiete grupos contenciosos habidos durante el siglo XIX, observando que en la segunda mitad de siglo crecieron exponencialmente las luchas programáticas de los trabajadores, la mayoría de las cuales aspiraban a conseguir ventajas o intereses particulares (Tilly y Wood, 2010: 108–109) 3 . Este tipo de reivindicaciones parecen ser las mayoritarias hasta la década de 1960 cuando surge un nuevo tipo de movimiento social caracterizado, entre otras cosas, por un cambio en los objetivos políticos. Estos son los “nuevos movimientos sociales”, a los que me referiré ampliamente a lo largo del libro. En vez de centrarse en objetivos instrumentales, económicos o materialistas, estos nuevos movimientos priorizaron la búsqueda de la identidad y la autonomía, es decir, las reivindicaciones de tipo identitarias (Tilly y Wood, 2010: 146). No obstante, además de realizar reivindicaciones particulares para el grupo que representan, los movimientos sociales forman parte “de las transformaciones ideológicas de largo plazo” (Garner y Tenuto, 1997: 40). Teóricamente los movimientos sociales no se conforman con incidir en la resolución y gestión de la vida pública, como los partidos políticos o los grupos de presión, sino que su acción se orienta más allá, hacia la transformación social. Por eso que la búsqueda del cambio social haya sido señalada como la razón de ser de los movimientos sociales (Casquette, 1998: 201 y 204; Laraña, 1999: 126; Tarrow, 2004: 250). En este sentido, los autores han subrayado el papel fundamental que los movimientos sociales han ocupado históricamente en la transformación de los sistemas políticos y sociales,

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Antes de 1850 solo hubo siete, de los cuales, solo se encontraba una asociación obrera y un partido político incipiente.


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llegando a calificarlos como los “principales catalizadores del cambio social” (Tarrow, 2004: 53) o los “principales agentes de producción de la sociedad” (Alain Touraine, 1978). David Aberle (1966) clasificó los movimientos sociales en cuatro categorías en función del alcance de sus objetivos de cambio: a) Los “revolucionarios” o “transformadores”, son aquellos que buscan cambios radicales en la sociedad. Es el caso de algunos movimientos religiosos y movimientos revolucionarios. b) Los “reformistas”, son aquellos que persiguen cambios específicos y limitados que afectan parcialmente al sistema. c) Los “redentores”, son movimientos que persiguen cambios en la forma de vida de las personas que consideran desviadas y suelen tener visiones del mundo religiosas. d) Los “alternativos”, son aquellos que buscan cambios en algunos aspectos de la vida de las personas como, por ejemplo, los movimientos de alcohólicos anónimos. En consecuencia, todos los movimientos sociales se encuentran, por definición, asociados con el cambio social y con la búsqueda de sociedades más igualitarias, plurales, libres y justas a través de luchas por la emancipación, la democratización, la autodeterminación, la inclusión o el reconocimiento de derechos (Garner y Tenuto, 1997: 48). Es decir, hay una tendencia a equiparar los movimientos sociales con el progreso como si, por el simple hecho de constituirse, contribuyeran positivamente a la sociedad. A pesar de esta tradición, a lo largo de la historia, no todos los movimientos ciudadanos han adoptado un agenda progresista, de ruptura con el sistema o de búsqueda de cambios social. Han existido también movimientos contrarios a principios democráticos como la igualdad o la inclusión, que cuentan con líderes autoritarios y que se presentan como portavoces del pueblo sin contar con una base sólida y sin mecanismos democráticos internos. Estos son movimientos conservadores o reaccionarios como, por ejemplo, grupos antiabortistas, grupos religiosos fundamentalistas o grupos etno-nacionalistas. En Europa y Estados Unidos ha habido movimientos antidemocráticos que han defendido la exclusión o discriminación de determinados


2. Aclaraciones conceptuales, ¿qué son los movimientos sociales

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grupos étnicos (negros, chinos), religiosos (católicos, judíos) o políticos (comunistas, obreros) (Tilly y Wood, 2010: 121 y 245) 4. Estos acontecimientos han sido vistos como una “apropiación por parte de la derecha de las formas del movimiento social” (Tilly y Wood, 2010: 179). Es decir, los autores asumen que el movimiento social es una modalidad originaria y exclusiva de los grupos de izquierda. Los grupos reaccionarios no aparecen en la literatura definidos como movimientos sociales sino como “anti-movimientos” (Touraine, 1997) o como “contra-movimientos” (McCarthy y Zald, 1987) debido a que estos no cuestionan el sistema ni buscan el cambio social, sino al contrario, lo obstaculizan para mantener el status quo, los privilegios, el poder y los valores que defienden (Garner y Tenuto, 1997: 32; Godàs i Pérez, 2007: 40). Sin embargo, esta distinción conceptual podría ser cuestionable. Los “contra-movimientos” son también formas de acción colectiva que se movilizan en función de agravios, identidades colectivas y marcos culturales, que adoptan estructuras organizativas y repertorios de acción y que aprovechan las oportunidades políticas que les ofrece el entorno. En lo que se diferencian es en los valores e ideologías que defienden (que a su vez orientan sus acciones y estrategias) pero no se puede negar que persigan su propia versión del cambio social5. Por lo tanto, teóricamente, la acción colectiva de grupos reaccionarios o “anti-movimientos”, así como las prácticas sociales que no están orientadas expresamente a la defensa o el cambio de las estructuras sociales –como, por ejemplo, las “ecoaldeas” o comunidades

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En el siglo XIX, hubo en Estados Unidos movilizaciones supremacistas en contra de la mano de obra china, de la inmigración y del abolicionismo de la esclavitud. Y durante el siglo XX en Europa (Alemania, Italia, España, Francia y Rumania) se produjeron las movilizaciones autoritarias en contra de la izquierda, los obreros y/o los judíos. La cuestión es si la ideología y los valores (progresistas o reaccionarios) y, por ende, el objetivo político (de cambio social o de mantenimiento del status quo) es un elemento definitorio del concepto de “movimiento social”. Una pregunta que no es baladí, si tenemos en cuenta que, en muchas luchas de independencia, a menudo consideradas como revoluciones libertadoras de los pueblos, en realidad, las élites movilizaron al pueblo frente a un poder colonial o extranjero para conseguir así aumentar su poder en el orden social, político y cultural establecido, no para cambiarlo.


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donde se practica un estilo de vida alternativo y coherente con su pensamiento político y filosofía de vida– no pueden considerarse movimientos sociales, aunque se traten de prácticas sociales, políticas y culturales significativas (Godàs i Pérez, 2007: 22–23). Por otro lado, entre toda la gama de acciones posibles, breves o prolongadas, espontáneas o concertadas, institucionalizadas o subversivas, monótonas o dramáticas (Tarrow, 2004: 24), las acciones colectivas planificadas y sostenidas son las características de los movimientos sociales. Mientras que la acción colectiva puede ser breve y espontánea, los movimientos sociales tienen que ser capaces de sostener el desafío colectivo frente a sus oponentes durante un tiempo prolongado6. No todas las acciones colectivas consiguen dar continuidad a la acción. Si no lo consiguen, desaparecerán o se convertirán en otras formas asociativas. Por eso, el objetivo de los líderes y organizadores será precisamente convertir la acción colectiva en movimientos sociales. Pero mantener la interacción con oponentes poderosos no es fácil. El éxito depende, como veremos a lo largo del libro, de las habilidades de los organizadores, del apoyo de redes sociales compactas y estructuras de conexión, de los marcos culturales e ideológicos que movilizan a la gente y construyen la identidad colectiva, y de las oportunidades y restricciones políticas habidas en el ciclo de protesta. Esta primera característica permite diferenciar los movimientos sociales de ciertos comportamientos colectivos con bajos niveles de planificación y perdurabilidad, tales como las multitudes no concertadas, los estallidos de violencia, las modas pasajeras o las respuestas colectivas de pánico. Durante el proceso de gestación de los movimientos sociales se pueden dar algunos de estos comportamientos espontáneos –amotinamientos, disturbios, concentraciones– pero estos deben considerarse como indicadores de la construcción del movimiento más que como movimientos en sí mismos7.

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De cuánto tiempo estamos hablando es algo que los autores no se atreven a determinar. Casquette (1998: 26) considera que una referencia válida podría ser el mantenimiento durante “varios años”. Smelser (1989: 15) distinguió, dentro de la categoría de comportamiento colectivo, entre estallidos colectivos y movimientos colectivos. Los disturbios y las multitudes son estallidos colectivos mientras que los “esfuerzos colectivos para modificar las normas y valores, que con frecuencia se desarrollan durante perio-


2. Aclaraciones conceptuales, ¿qué son los movimientos sociales

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En relación con la concertación y el sostenimiento de la acción, Múnera (1998: 61) pone el énfasis en la articulación como rasgo particular de los movimientos sociales, que les diferencia de otras formas de acción colectiva. En los movimientos sociales, las acciones y los actores –individuales y colectivos– se integran entre sí en un proceso social de transformación constante. La evolución de los movimientos obedece, no a los objetivos o la estructura organizativa determinada por una organización social, sino a la permanente puesta en común de objetivos entre una pluralidad de actores. Para el autor, todo depende de la dinámica de interacción: la convergencia y separación de los actores en ciertas coyunturas, las formas organizativas que se adopten, el alcance geográfico de la articulación (local, regional o nacional) y, en definitiva, la continuidad de los movimientos sociales8. La mayor parte de las acciones colectivas son institucionales o convencionales, esto es, formas de participación en el sistema político que se ejercen en el marco de las instituciones aceptadas y/o reguladas por la ley, como por ejemplo: la participación en elecciones, los contactos con los representantes políticos, la recogida de firmas, la elaboración de artículos de prensa o el recurso a los tribunales. Además, se asocian a actores con reivindicaciones políticas acomodaticias9. Por otro lado, existe otra forma de acción colectiva que se realiza fuera de las instituciones representativas y de los canales o mecanismos institucionalizados de comunicación entre la sociedad civil y las autoridades del gobierno, por lo que suelen realizarse en los límites de la legalidad. Se trata de la acción no-institucional, no convencional, subversiva o contenciosa, también llamadas “acciones directas”, “vías

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dos más largos”, son movimientos colectivos. De modo similar Blumer (1951) diferenció entre “formas elementales del comportamiento colectivo” y “los procesos que convierten estas formas elementales en un comportamiento de conjunto y organizado”. Objeto de otra investigación sería ahondar en la diferenciación entre acción colectiva y comportamiento colectivo. Para otros autores, en cambio, la forma organizativa de los movimientos sociales es un rasgo definitorio. Según Casquette (1998: 24), el grado de formalización es bajo y menos formal, profesional, diferenciado e integrado que en los grupos de interés o los partidos políticos. “Objetivos que difícilmente harían levantar una ceja a nadie” (Tarrow, 2004: 24).


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de hecho”, “acciones directas disruptivas” o “desafíos políticos no institucionalizados”10. Desde los inicios de este campo de estudios, los autores han señalado que son las acciones no institucionalizadas las que caracterizan a los movimientos sociales11. Los grupos representados en los movimientos, al carecer del acceso regular a las instituciones para expresar sus quejas, llevan a cabo reivindicaciones disruptivas e inconformistas que transgreden los códigos sociales y amenazan los intereses de sus oponentes. Así mismo, las prácticas y discursos desafiantes son conocidos y definidos positivamente por sus seguidores, lo que diferencia estas acciones de los comportamientos criminales (Garner y Tenuto, 1997: 1). Su ubicación en los márgenes de la institucionalidad se debe a múltiples causas. Por parte del aparato político, (1) un posible ánimo represor que restrinja las posibilidades de expresión y movilización ciudadana, así como, (2) las reticencias a la hora de admitir formas de expresión o de participación ciudadana que no estén reguladas y controladas por el Estado. Por parte de los propios movimientos, (3) la asunción de que su potencial está en el carácter innovador y transgresor de las acciones, lo que se puede traducir en ocasiones en una perturbación del orden público. Con frecuencia la acción colectiva no convencional es asociada a prácticas violentas. Pero para ser contenciosas las acciones no tienen que ser necesariamente violentas o extremistas12. Pueden serlo, por

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El término “acción directa” aparece en la literatura sobre resistencia civil noviolenta y en el lenguaje de los movimientos sociales europeos; “vías de hecho” es frecuente en el lenguaje de los movimientos sociales en Colombia; “acciones disruptivas” y “desafíos no institucionalizados” aparecen en Tarrow (2004). Como veremos, se considera que los movimientos sociales (y demás comportamientos colectivos) se distinguen por ser acciones no-institucionales desde el surgimiento del enfoque del comportamiento colectivo. Por ejemplo, Lang y Lang (1961: 490) definieron los MS como “una acción colectiva a gran escala, amplia, con continuidad en el tiempo, que tiene como objetivo alterar el orden social fundamental”. Para Blumer (1957) y Smelser (1989) el comportamiento colectivo no está institucionalizado, pues en la medida en que se institucionaliza pierde su carácter distintivo. Para Tarrow, la violencia y el extremismo no son las formas de expresión habituales de los movimientos sociales sino una “manifestación exacerbada de


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