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ESTADO FISCAL Y DEMOCRACIA LA AGENCIA TRIBUTARIA EN PERSPECTIVA

IGNACIO RUIZ足JARABO COLOMER

tirant lo b anch Valencia, 2011

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Copyright ® 2011 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant. com (http://www.tirant.com).

© IGNACIO RUIZ‐JARABO COLOMER

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 ‐ 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: V ‐ I.S.B.N.: 978‐84‐9985‐051‐1 IMPRIME: Guada Impresores, S.L. MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/ politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Dedicado a la memoria de cuatro seres queridos ya fallecidos (mis pdres, Dรกmaso y Carmen, y mis hermanos Concha y Dรกmaso) y a la bendiciรณn diaria que supone compartir mi vida con otros cuatro (mi mujer, Marta, y nuestros hijos, Nacho, Dรกmaso y Jacobo).


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PRÓLOGO Baudilio Tomé Muguruza

Gabriel Elorriaga Pisarik

Inspector de Hacienda y Diputado

Inspector de Hacienda y Diputado

Ignacio Ruiz-Jarabo nos ha pedido que prologuemos su nuevo libro. Superada la sorpresa por la innovación que supone realizar a dúo un prólogo, no hemos dudado en aceptar encantados la solicitud por varios motivos. Sin duda lo hacemos encantados por nuestra amistad con el autor, pues la que con él nos une es antigua e intensa. Hace más de veinte años, fue bastante culpable de nuestra decisión de hacernos inspectores de hacienda, influyendo con todas las malas artes dialécticas y arguméntales que tan solo aquellos que le conocen, saben que es capaz de emplear cuando se empeña en convencer a alguien. No contento con ello, durante el sufrido periodo en el que fuimos opositores, asumió la función de ser nuestro preparador. En aquella época, pasamos innumerables tardes cantándole temas en la academia que Macedonio Jiménez mantenía en la Plaza de las Cortes, a escasos metros del Congreso de los Diputados donde desde hace algunos años pasamos largas jornadas. Aquellos días, vividos antaño con inevitable sacrificio y recordados hogaño de manera entrañable, forjaron una amistad que el paso del tiempo y diversas etapas y motivos de colaboración no han hecho sino acrecentar. Aceptamos encantados la invitación, también, por el interés que nos suscitó la obra a prologar. Sin duda, va a contribuir eficazmente al conocimiento de las entrañas y de la praxis cotidiana de una institución de tanta trascendencia económica y social como es la Agencia Estatal de Administración Tributaria, con el valor añadido que representa la personalidad de quien lo transmite. Es probable que no haya otro autor más indicado para hacerlo, con tantos conocimientos y experiencia como los atesorados por el firmante de este libro. A su etapa como directivo de la Agencia, de la que dirigió su Departamento de Recaudación durante año y medio primero, y fue Director General durante casi tres, después, une un largo periodo previo en la Escuela de la Hacienda Pública donde se realiza la selección y formación de los funcionarios de aquélla. Y, como adecuado complemento a lo anterior, actualmente preside un grupo empresarial de despachos dedicados al asesoramiento de empresas. Haber dirigido la Agencia Tributaria le ha proporcionado un conocimiento profundo de su maquinaria, de su engranaje y de su funcionamiento. Haber dirigido la Escuela le suministró una experiencia intensa sobre el perfil de los maquinistas, sus características profesionales, técnicas y humanas. Ejercer profesionalmente como asesor y consultor de empresas le otorga la necesaria aproximación alternativa para incorporar en sus reflexiones la visión del otro lado del campo en el que se juega el partido de la fiscalidad española.

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Finalmente, también aceptamos encantados la invitación por la oportunidad del momento en el que el libro sale a la luz. El peligroso retorno al déficit público que acompaña a la actual coyuntura de la economía española trae su origen tanto en una irresponsable política de gastos como en una dramática crisis de Ingresos públicos. La fulminante caída de la recaudación tributaria que entre los años 2008 y 2009 sufrió una disminución acumulada superior al 30%, ha provocado el retorno al déficit en nuestras cuentas públicas. Su reaparición se ha visto cuantitativamente reforzada por la absoluta imprevisión que, en este como en tantos temas, ha caracterizado a nuestros gobernantes socialistas. En este entorno, analizar el papel que desempeña la Agencia Tributaria, profundizar en el modo y manera de desempeñarlo y hacer ambas cosas con espíritu constructivo como aquí se hace, resulta imprescindible para estar en condiciones de diseñar nuestra Administración Tributaria del futuro, un paso necesario para situar a España en una economía cada vez más global y con mayores dosis de competencia. El libro aborda un conjunto variado de cuestiones y todas ofrecen un indudable interés. Entre ellas se analizan con valentía los problemas que, a juicio del autor, dificultan un mejor funcionamiento de la Agencia Tributaria: el régimen administrativo de sus funcionarios; el mapa de actitudes de éstos; el riesgo latente de la corrupción; las normas tributarias que ha de aplicar; el funcionamiento de otros órganos del Estado como la Administración de Justicia... Vinculado a lo anterior, se describen con realismo las dificultades e inconvenientes que acaban siendo trasladados al contribuyente español. En la lectura del libro, el lector encontrará reflexiones basadas en datos, opiniones apoyadas en experiencias reales y, en base a unas y otras, determinadas sugerencias. Coincidiendo o no con su contenido, descubrirá el apasionamiento que pone Ignacio Ruiz-Jarabo, tanto en sus alabanzas, críticas y propuestas, como en la argumentación empleada para hacerlas. También comparte el autor con el lector a lo largo de esta obra un conjunto de vivencias de su etapa como directivo de la Agencia Tributaria que incluyen no pocas anécdotas. Éstas y la ironía utilizada en su narración consiguen que la lectura del libro ofrezca dosis no desdeñables de amenidad. No nos resta sino felicitar al autor por el trabajo realizado al tiempo que agradecerle su invitación a prologar el presente libro. El interés que ofrece su contenido, la oportunidad del momento de su publicación y el cariño que profesamos al que lo ha escrito, han provocado que el tiempo dedicado a la lectura del libro así como el empleado para la redacción del prólogo nos hayan resultado extraordinariamente gratos.

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AGRADECIMIENTOS

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AGRADECIMIENTOS Para publicar este libro han resultado imprescindibles dos circunstancias: haber acumulado una determinada experiencia profesional (fundamentalmente en la dirección de la Agencia Tributaria), y disponer del impulso y apoyo necesarios para transmitirlas por escrito. A todos aquellos que han tenido una influencia determinante en cualesquiera de las dos, deseo darles las gracias. Vaya mi agradecimiento a Gabriel Elorriaga y a Baudilio Tomé. Son dos buenos amigos cuya intervención en un momento determinado desencadenó el proceso que, años después, vino a desembocar en mi nombramiento como Director General de la Agencia Tributaria. Vaya mi agradecimiento a Rodrigo Rato, Juan Costa y Cristóbal Montoro. Cada uno en su propio estilo fueron unos extraordinarios rectores de la Hacienda Pública española. Son tres de los cuatro jefes que tuve como Director General de la Agencia, y su dirección, confianza y apoyo facilitaron mi tarea al frente de la entidad. Vaya mi agradecimiento a José Aurelio García Martín, Francisco Valencia, Soledad Fernández, Javier Goizueta, Santiago Segarra, Manuel Pacheco, Heribert Padrol, Luis Beneyto, Miguel Gimeno, Enrique Hernández, Roberto Serrano, Ángeles Fernández, Juan Beceiro, Gerardo Pérez Rodilla, Alberto Monreal, Salvador Ruiz, Santiago Menéndez, Esther Barranco y Manuel Lagares. Compartimos muchas horas de reunión en el Comité de Dirección de la Agencia Tributaria trabajando juntos con denuedo e ilusión para mejorar la realidad fiscal española. Son los directivos que cualquier Administración Pública desearía tener. Vaya mi agradecimiento al conjunto de Delegados Especiales de la Agencia Tributaria de los que, en representación de todos, mencionaré a Juan Carlos Rabinal y a Rafael Salinas por ser respectivamente el decano y el más entusiasta del grupo. Todos ellos fueron unos magníficos dirigentes regionales de la entidad y en las sesiones de su Comité Territorial soportaron con especial paciencia y estoicismo el examen periódico del cumplimiento de los objetivos de la Agencia. Vaya mi agradecimiento al conjunto de personas que, sin formar parte de los dos Comités citados de la Agencia, pertenecieron al círculo de mis colaboradores más próximos. En su quehacer cotidiano derrocharon esfuerzo, eficacia y comprensión de modo permanente e ilimitado. De entre todos mencionaré a Santiago Domínguez Rodicio, Tomás Merola, José María Pérez, Joaquín del Pozo, Fernando Diez Yubero, Jesús Bermejo, José Ignacio Corees, Pilar Valiente, Isabel Baz, Juan Antonio Garde, Juan Ignacio López Lubián, Alfonso García Cano, Beatriz Morales, Emma Ortega y Elena Guerrero. Vaya mi agradecimiento a la inmensa generalidad de los funcionarios y empleados de la Agencia Tributaria. Sin su trabajo diario, nada de lo realizado en mi etapa de Director hubiera sido posible.

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Vaya mi agradecimiento al equipo de CE Consulting Empresarial, directivos, empleados y directores de delegación, factores esenciales en la publicación de este libro. Personalizo especialmente el agradecimiento en Celestino Suero (su líder), así como en Javier Sánchez, Dámaso Ruiz-Jarabo y María José Moreno. Para que el fuego de la imprenta alumbrara a Estado Fiscal y Democracia, fue preciso que el primero encendiera la mecha y que los segundos condujeran la chispa a su destino. Vaya mi agradecimiento a la empresa Tirant lo Blanch, editora del libro, con especial reconocimiento a David Arnaldo, Manuel German y, especialmente, a Salvador Vives. La experiencia y profesionalidad de los tres ha convertido en producto terminado lo que hace unos meses era tan solo un proyecto.

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ÍNDICE Página Capítulo I: OBJETIVOS DEL LIBRO ........................................................................................

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Capítulo II : ESPAÑA, EJEMPLO DE ESTADO FISCAL.........................................................

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Capítulo III: LA AGENCIA TRIBUTARIA, NACIMIENTO Y DESARROLLO ....................

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Capítulo IV: LA AGENCIA TRIBUTARIA Y SUS FUNCIONARIOS.....................................

37

Capítulo V: LA AGENCIA TRIBUTARIA Y LA CORRUPCIÓN ............................................

47

Capítulo VI : LA AGENCIA TRIBUTARIA Y SUS PRINCIPALES LOGROS .......................

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Capítulo VII: LA AGENCIA TRIBUTARIA Y SU AGUJERO NEGRO...................................

67

Capítulo VIII: LA AGENCIA TRIBUTARIA Y LOS INSPECTORES DE HACIENDA... .....

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Capítulo IX: LA AGENCIA TRIBUTARIA Y LA POLÍTICA ..................................................

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Capítulo X : LA AGENCIA TRIBUTARIA Y LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS ...........

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Capítulo XI: LA AGENCIA TRIBUTARIA Y EL SUEÑO DE INDEPENDENCIA ...............

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Capítulo XII : LA AGENCIA TRIBUTARIA Y CUATRO POSIBLES REFORMAS .............

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ÍNDICE DE PERSONAS CITADAS .............................................................................................

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CAPĂ?TULO I:

Objetivos del libro

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CAPÍTULO I: OBJETIVOS DEL LIBRO Desde que en la cultura anglosajona se acuñara el legendario non taxacion with representation, el desarrollo de la fiscalidad en el mundo ha caminado estrechamente ligado al de las instituciones democráticas. En efecto, la Historia muestra como en cualquier periodo y en cualquier modalidad de Estado siempre ha existido algún tipo de tributo o exacción, por ruda que fuera su configuración jurídica y exiguo el esfuerzo exigido al que debía pagarlo. Sin embargo, la existencia de sistemas tributarios consolidados, con una configuración global consistente y niveles realmente exigentes de presión fiscal es una experiencia exclusivamente coincidente en coexistencia con sistemas políticos democráticos. Lo anterior trae su motivo en una explicación relativamente sencilla y fácil de compartir. Tan solo un Estado plenamente legitimado ante sus ciudadanos (y no cabe otra legitimación que la basada en los principios y reglas de la democracia) puede plantear explícitamente una contribución fiscal seria y exigente a sus nacionales. En definitiva, el concepto y la existencia de Estado Fiscal, como expresión referida a aquél que financia la mayor parte de sus actividades mediante un sistema tributario, está intrínsecamente unido al de Estado Democrático. La reciente historia de España constituye una experiencia paradigmática de la afirmación anterior. Veámoslo. Con notable diferencia sobre el resto, el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) son las dos figuras más importantes de nuestro sistema tributario y las que, en conjunto, determinan básicamente la suficiencia recaudatoria del mismo. Baste recordar que entre ambos impuestos se recauda más del 65% del total correspondiente al sistema tributario estatal. Pues bien, la incorporación de ambos a la realidad fiscal española fue coincidente con sendos hitos democráticos habidos en nuestro país. Vamos a recordarlo. En 1977 se inició en nuestro sistema fiscal la llamada reforma Fernández Ordóñez. En ella, y entre otras medidas, desapareció el vetusto e inoperante Impuesto General sobre la Renta de las Personas Físicas, tributo que requería la presentación de su declaración anual a un escaso número de contribuyentes proporcionando niveles exiguos de recaudación. Fue sustituido por el actual Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, figura impositiva que generalizó entre los contribuyentes españoles la obligación de confesarse anualmente ante la Hacienda Pública en las conocidas campañas de renta y que constituye un tributo de gran potencia recaudatoria. Pues bien, Francisco Fernández Ordóñez impulsó aquel cambio desde el gobierno de la UCD recién salido de las primeras elecciones democráticas celebradas en España, en el histórico 15 de junio de 1977. Unos años después (1985), en la fiscalidad española tuvo lugar otro cambio importante, sustituyendo el viejo y tosco IGTE (Impuesto General sobre el Tráfico de las Empresas) por el más moderno y perfeccionado IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido). Dicho cambio se produjo en el entorno histórico de nuestra incorpora-

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ción a la Comunidad Económica Europea, entonces selecto club de las democracias europeas y antecedente de la actual Unión Europea. Ahondando en lo anterior, cabe prever que en la medida en la que los diferentes países del mundo que aún no pertenecen al grupo de las democracias recorran el camino hacia un sistema representativo, avanzarán simultáneamente en la dirección del Estado Fiscal. En definitiva, éste aparece como el punto de llegada deseable para cualquier país, una vez superados como sistema de financiación de las actividades públicas otras alternativas más ancestrales y fracasadas. Entre éstas, por citar solo dos, nos referiremos brevemente al Estado Propietario y al Estado Empresario. En el Estado Propietario, de recuerdo lejano para los países desarrollados, el Sector Público —por otra parte, reducido— obtenía sus recursos de los rendimientos procedentes de su patrimonio, ocasionalmente explotado de manera directa y con frecuencia cedido en explotación a manos privadas con diversas modalidades jurídicas: arrendamiento, aparcería, concesión... Esta configuración de los ingresos públicos no proporcionaba los recursos suficientes para financiar un estado moderno y aún menos lo que se ha dado en llamar el Welfare State. En el Estado Empresario, expresión máxima de la implantación de sistemas socioeconómicos basados en la ideología del socialismo, el Estado obtiene sus recursos al ejercer en forma de casi monopolio la actividad empresarial en su territorio —tras erradicar al empresario privado—. El modelo socialista ha fracasado estrepitosamente en términos históricos, tanto por su liberticidio en el ámbito político como por su absoluta ineficacia en el plano económico. El estrépito del fracaso ha quedado sellado con el desplome de la experiencia socialista desarrollada en los países del antiguo imperio soviético, rubricado con la prolongación agónica del esperpento cubano, y certificado con las sorprendentes piruetas del contradictorio, injusto y criminal modelo chino. Volviendo al Estado Fiscal, que es el tema que nos ocupa, digamos que el análisis de la configuración concreta que adopta en cada país determinado puede hacerse desde varias perspectivas. Puede hacerse en primer término desde un enfoque material, analizando los diferentes impuestos que integran su sistema tributario y cómo, a través de ellos, se eligen las diversas manifestaciones de capacidad económica que originan la obligación de pagarlos (hecho imponible); quienes resultan obligados al pago (sujetos pasivos); la medición de la capacidad económica gravada (base imponible); y la cuantificación del esfuerzo exigido a cada contribuyente (cuota tributaria). Todo ello suele recibir la denominación de Derecho Tributario Material. Puede hacerse en segundo lugar desde un enfoque formal, analizando las normas que regulan los procedimientos de aprobación y aplicación de los impuestos, las que definen las competencias para establecer los impuestos (potestad normativa); las que establecen reglas para exigirlos y cobrarlos (facultades administrativas); y las que ordenan el modo de resolver las controversias habidas en el proceso (facul-

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tades de revisión). Todo ello suele recibir la denominación de Derecho Tributario Formal. Puede hacerse también desde un enfoque organizativo, analizando las instituciones, entidades u órganos responsables de la aplicación del sistema impositivo: su ubicación o dependencia administrativa, su régimen jurídico, sus estructuras organizativa y directiva, su nivel de competencias o su configuración territorial. Los tres enfoques citados (material, formal y organizativo) se encuentran presentes en numerosos estudios y trabajos realizados sobre la fiscalidad, tanto referidos individualmente a un país, como orientados con fines de comparación internacional. En ellos, según los casos, se estudia: a) la mayor o menor presencia en los sistemas tributarios de los diferentes principios de la imposición consagrados en la Teoría de la Hacienda: capacidad, beneficio, igualdad, progresividad, contribución al crecimiento... (enfoque material de la fiscalidad); b) la medida en la que el ordenamiento legal tributario cumple con los principios jurídicos de legalidad, de reserva de ley, de jerarquía normativa, de irretroactividad de normas sancionadoras... (enfoque formal de la fiscalidad); y c) el grado en el que la utilización de los recursos materiales empleados en la aplicación del sistema tributario cumple con los principios económicos exigibles en la actuación del sector público, como son básicamente el de eficacia y el de eficiencia (enfoque organizativo de la fiscalidad). En mi opinión, resultando imprescindibles y complementarios los tres enfoques para analizar globalmente cualquier Estado Fiscal, el análisis resultante deviene incompleto. Expresado en lenguaje matemático, estudiar los aspectos materiales, formales y organizativos constituye la condición necesaria no suficiente para enjuiciar la calidad democrática de un Estado Fiscal. La condición de suficiencia la proporciona el estudio adicional de un conjunto de cuestiones que, no incluidas en los mismos, están permanentemente presentes en la aplicación diaria de un sistema tributario. Dichas cuestiones son diversas y constituyen un conglomerado que engloba a las denominadas prácticas o costumbres administrativas de los organismos aplicadores del sistema fiscal; su cultura organizativa; los entramados corporativos existentes en su seno; las conductas personales de sus empleados; el grado de corrupción existente en las organizaciones; el nivel de tolerancia respecto a la misma... En definitiva, este enfoque de la fiscalidad (que llamaremos contextual) atiende a un variado conjunto de circunstancias cuyo efecto global contribuye de modo notable a modular el día a día del Estado Fiscal, su quehacer cotidiano y, finalmente, condiciona en gran medida su calidad democrática. En relación con lo expuesto en los párrafos anteriores y referido al Estado Fiscal Español, es contrastable que existe mucha bibliografía y numerosa literatura destinadas a analizar nuestra fiscalidad desde los enfoques material y formal. Por su parte, el esfuerzo intelectual dedicado al enfoque organizativo es menor. Final-

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mente, resulta prácticamente inexistente (y, en todo caso, poco o nada estructurada) la atención que ha merecido el denominado enfoque contextual. En efecto, es fácil detectar la amplia atención dedicada en libros, artículos (en revistas o en diarios), cursos, seminarios, jornadas, conferencias... a los aspectos materiales de nuestra fiscalidad, conteniendo historia, análisis, juicios, reflexiones y opiniones. Se analiza la presión fiscal existente en España, realizándose comparaciones en el tiempo —series temporales— y en el espacio —cross section—; la mayor o menor equidad de los diferentes impuestos y de los cambios operados en los mismos; su mejor o peor contribución a diversos objetivos de política económica (crecimiento, inversión, empleo)... Sucede de modo análogo en lo que se refiere al enfoque formal de la fiscalidad. También es voluminosa y frecuente la atención dedicada al estudio de nuestra arquitectura jurídico tributaria. Se analiza con amplitud el mapa territorial de la potestad tributaria para crear y exigir impuestos; el sistema existente para la revisión judicial de las actuaciones administrativas en materia tributaria; los criterios jurisprudenciales sobre la aplicación de las normas o el conjunto de los derechos y las obligaciones de los contribuyentes españoles. Es claramente menor el stock bibliográfico destinado a la descripción, estudio o análisis de las distintas experiencias organizativas o institucionales existentes para organizar la aplicación de un sistema tributario y, entre ellas, la española. Se estudia la configuración jurídico legal de los órganos responsables de dicha aplicación; su estructura directiva, su despliegue territorial; sus recursos humanos; sus costes de gestión... Convengamos además que, por lo general, las aportaciones científicas o doctrinales realizadas, sean referidas a los aspectos material, formal u organizativo de la fiscalidad española, rebosan en su planteamiento de un estricto prisma técnico, podríamos decir también tecnólogo o tecnócrata, sea en la perspectiva económica o en la jurídica. A diferencia de lo expuesto hasta ahora, es infrecuente encontrar textos que aborden con cierta amplitud y estructura el conjunto integrado por el entramado intra organizativo, las prácticas administrativas, el modus operandi diario de los agentes —institucionales y personales— que conforman diariamente la realidad operativa del Estado Fiscal Español. Digámoslo de otro modo, el enfoque contextual es el gran olvidado de los análisis sobre nuestra fiscalidad. La carencia descrita no se compadece con la importancia que la cuestión tiene para el funcionamiento de la economía de un país. En una medida no desdeñable, la manifestación contextual de la fiscalidad determina la mayor o menor eficacia en la actividad recaudatoria de un Estado, la mayor o menor comodidad de los contribuyentes al cumplir con sus obligaciones, la mayor o menor seguridad para la actividad empresarial y, en definitiva, puede llegar a condicionar la mayor o menor intensidad inversora en cada país, tanto la nacional como la procedente del exterior. Sin duda, los aspectos contextuales de la fiscalidad influyen en la mayor o menor calidad democrática de cualquier Estado Fiscal.

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Pues bien, el presente libro pretende ser una contribución al citado enfoque contextual de la fiscalidad española, describiendo (aunque de manera no exhaustiva ni completa) algunos de sus más importantes aspectos, analizando varios de sus puntos críticos, aportando determinadas reflexiones y sugerencias personales. Para hacerlo, no he dudado en utilizar algunos datos estadísticos (intentando no resultar excesivo) y en recurrir a la narración de experiencias personales que, además de complementar las descripciones realizadas, pueden en determinadas ocasiones contribuir a amenizar la lectura de estas páginas. Las descripciones, análisis, reflexiones, experiencias y sugerencia expuestas traen su origen en mis treinta años de actividad profesional que, en una gran parte (veinticuatro), se ha desarrollado en el Sector Público Español y, casi siempre, estrechamente ligada a su Administración Tributaria. A lo largo de dicho periodo, en diferentes funciones y con diversos niveles de responsabilidad, he sido espectador y actor de la fiscalidad española, acumulando experiencias (unas gratas, otras menos) y conformando opiniones (positivas y negativas) sobre la realidad de nuestro Estado Fiscal. Me propongo compartir unas y otras con el lector. Tal como he expuesto, las experiencias y opiniones acumuladas se han acumulado en un periodo dilatado y con una variedad de orígenes. Recordar éstos ofrece interés para encuadrar adecuadamente aquéllas. Tras ingresar en 1980 en el Ministerio de Hacienda, mis primeros años de funcionario público transcurrieron en varias de sus delegaciones territoriales (Lérida, Albacete, Alicante), formando parte de diversos eslabones de la cadena responsable de aplicar nuestro sistema fiscal. En dicha etapa aprendí y apliqué los conocimientos técnicos tributarios necesarios, pero también percibí y conviví con la cultura dominante en la Administración Tributaria Española. Al incorporarme en 1988 a la Escuela de la Hacienda Pública, que es el centro de selección y formación de los funcionarios del Ministerio, pasé a formar parte de la institución responsable de transmitir dichos conocimientos y dicha cultura. En la Escuela y a lo largo de ocho años, primero como Jefe de Estudios, luego como Subdirector y finalmente como Director, participé en la selección de los funcionarios que ingresaban en los diferentes cuerpos del Ministerio de Hacienda, así como en el diseño e impartición de todas las acciones formativas destinadas a los funcionarios responsables de aplicar los impuestos. Desarrollar ambas facetas, seleccionar y formar, durante un periodo prolongado de tiempo, me proporcionaron una amplia visión del perfil del funcionario de la Hacienda Pública española y, en especial, de su Administración Tributaria. En 1996 al constituirse el primer gobierno de José María Aznar, Gabriel Elorriaga y Baudilio Tomé me presentaron a Juan Costa, circunstancia que vino a resultar determinante en mi futuro profesional. Aquel encuentro desembocó en mi incorporación a las tareas de dirección de instituciones aplicadoras del sistema tributario, toda vez que el recién nombrado Secretario de Estado de Hacienda propuso a Rodrigo Rato mi nombramiento como Director General del Catastro. Más tarde, el propio Juan Costa quiso que pasara a ser Director del Departamento de Recaudación de la Agen-

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