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DISEÑO Y PATRIMONIO ESCOLAR


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


DISEÑO Y PATRIMONIO ESCOLAR

Autores RICARD HUERTA AMPARO ALONSO-SANZ RICARD RAMON

tirant humanidades Valencia, 2021


Copyright ® 2021 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y de los editores. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Este libro cuenta con el apoyo de la Conselleria d’Innovació, Universitats, Ciència i Societat Digital de la Generalitat Valenciana, a través del Programa para la promoción de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación en la Comunitat Valenciana, con referencia AORG2019-044, para el I Congreso Internacional Humanidades Digitales y Pedagogías Culturales.

©  Ricard Huerta Amparo Alonso-Sanz Ricard Ramon

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1861-473-6 MAQUETA: Innovatext Fotografía de la portada: Imagen de catálogo 2020 de productos FG Federico Giner Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice DISEÑADO PARA LA ESCUELA: DEL BIC AL PUPITRE, TODO PARA ESCRIBIR................................................................................................................... 9 LOS OBJETOS ACTIVOS DE LA ESCUELA. UN GIRO DECOLONIAL HACIA UN PATRIMONIO SUBALTERNO INFANTIL................................. 33 EL DISEÑO, EL AULA, LOS OBJETOS Y SU RELACIÓN CON LOS CUERPOS MEDIADOS POR EL ARTE.............................................................. 49 ACONTECIMIENTOS PEDAGÓGICOS MEDIADOS POR OBJETOS COTIDIANOS CON VALOR PATRIMONIAL................................................. 63 MIRADAS Y REDEFINICIONES ARTÍSTICAS HACIA EL OBJETO ESCOLAR.............................................................................................................. 83 EL PATRIMONIO ESCOLAR EN LA PELÍCULA ESTRELLAS EN LA TIERRA........................................................................................................................ 105 EL LIBRO DE TEXTO COMO BUQUE INSIGNIA DEL DISEÑO GRÁFICO EDUCATIVO.................................................................................................. 125 REFERENCIAS.......................................................................................................... 147


Capítulo 1

Diseñado para la escuela: del Bic al pupitre, todo para escribir

El nacimiento de la escuela como institución, tal y como la conocemos actualmente, de manera especial cuando está pensada para toda la ciudadanía desde una perspectiva de entorno educativo de ámbito público, coincide con el inicio de la mitología que nos lleva a un modo de comportamientos, funciones, relaciones, y diseño de objetos, todos ellos vinculados con la realidad escolar. Si analizamos el momento actual, observaremos que existen numerosos elementos cotidianos que todos conocemos, y que relacionamos directamente con la vida de la escuela: la mochila, la pizarra, el libro de texto, el bolígrafo, el bloc de notas y el bloc de dibujo, el pupitre, las ceras Manley, el borrador del encerado, la mesa del maestro o la maestra, la regla, el compás, el “timbre”, el chándal, el lápiz y la goma. Podríamos elaborar un listado realmente largo, pero lo que nos interesa aquí es evidenciar la existencia de un verdadero boato iconoclasta vinculado a la actividad escolar, y que se trata de un conjunto de objetos que han sido diseñados y producidos para tal efecto (Errázuriz, 2016). Con ello constatamos que durante décadas, e incluso siglos, el espacio escolar ha generado un aluvión de elementos particulares que convierten la escuela en un espacio peculiar, en el que todos y todas hemos vivido, y que ha significado un alud de objetos y útiles con sus particularidades específicas, que vinculamos a las etapas de escolarización, un momento de la vida que todos hemos experimentado durante muchos años. Tengamos en cuenta que el momento actual, además, coincide con una situación de pandemia, lo cual da un significado especial a los objetos escolares, ya que a los instrumentos de escritura y al mobiliario escolar habitual se añaden ahora las medidas de prevención que ha impuesto la lucha contra el coronavirus, incorporando al conjunto de utensilios escola-


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res nuevos objetos como la mascarilla, las botellas de gel hidroalcohólico, las mamparas de metracrilato, las toallitas desinfectantes, los guantes, los indicadores de distancia de seguridad o de sentido de la marcha, y bastantes más cachivaches que en teoría están relacionados directamente con la protección sanitaria. Con pandemia o sin ella, el conjunto de objetos que vinculamos a la realidad escolar es riquísimo y muy variado, por lo que vamos a analizarlo en función de cómo fue pensado y diseñado para encajar y funcionar en este universo educativo que es la escuela. Además, estableceremos criterios de adecuación de dichos diseños al concepto de “patrimonio escolar”.

INSTRUMENTOS DE ESCRITURA Iniciamos nuestra andadura por el diseño de objetos para uso escolar centrándonos en todo aquello que tiene como objeto la enseñanza de la lectura y la escritura. No perdamos de vista que la escuela es, inicialmente, el lugar donde se aprende a leer y escribir. La alfabetización es una de las metas de la institución escolar, y este es un fin que sigue estando entre los más preclaros de la funcionalidad de los centros educativos de enseñanza obligatoria. Aprendemos a leer y a escribir, sobre todo, en la escuela. Esto no significa que también encontremos un sinfín de espacios alternativos que igualmente sirven para el aprendizaje de la lectura y la escritura (Ordine, 2013). Por ejemplo, los medios de comunicación, en su conjunto, especialmente la televisión, o la señalética urbana, e incluso los videojuegos y demás elementos tecnológicos que usan los niños y las niñas en edad escolar, así como el público adolescente. Los dispositivos móviles y las numerosas pantallas que utilizamos constantemente están repletos de información alfabética, lo cual supone un aprendizaje extraescolar de escritura y lectura, que además comporta referencias iconográficas de largo alcance (Huerta, 2020a). En cualquier caso, el diseño de objetos de escritura tiene una larga tradición escolar vinculada con la caligrafía, por lo que iniciaremos nuestra andadura teniendo en cuenta esta tradición, que enlaza con la historia milenaria de los utensilios de escritura.


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Empezamos con el lápiz. Se trata de un elemento muy particular de la escuela. El lapicero es aparentemente un sencillo utensilio escolar, pero se trata en realidad de un sofisticado diseño que está en contacto con la naturaleza, puesto que sus principales ingredientes son dos materiales vinculados a las materias primas: la madera y el grafito (un carbono blando, de color gris oscuro y brillo metálico). Existen numerosos diseños de lápices de grafito, cuyas características formales van siempre adaptadas a su uso por los dedos de la mano, sin hacer diferencia entre personas diestras o zurdas. Se trata de un objeto alargado y ligero, cuya asa constituye la parte principal, y en cuya punta aparece el grafito, el material que deja rastro, marcando la superficie por la que pasa, y que puede ser afilado mediante diferentes aparatos que denominamos “afilalápices” o “sacapuntas”. El gran mérito de la punta cónica del lápiz es que permite realizar una línea sensible, algo que comparte con la pluma estilográfica, pero que perdemos al utilizar el bolígrafo. Entendemos por línea sensible aquella línea que a lo largo de su trazado nos permite alterar su grosor, consiguiendo así un efecto “sensible” en su trayectoria, basado en la inclinación que podemos hacer de la punta de grafito del lápiz.

Figura 1. Lápiz y portaminas.


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La línea sensible que nos permite realizar el lápiz es un elemento de diseño de primer orden. Al poder efectuar trazados amplios y en todos los sentidos, incluyendo la posibilidad de generar una línea sensible, el lápiz se convierte en unos de los instrumentos de dibujo y escritura más increíbles de la historia. Si añadimos su adaptabilidad, su facilidad para el manejo y el transporte, así como su accesibilidad (ya que se trata de una herramienta económica y asequible para personas de todas las clases sociales), entonces estamos ante uno de los diseños más fascinantes del universo escolar. Con el lápiz han aprendido a escribir numerosas generaciones, personas de los más diversos estratos sociales. Otra gran ventaja del lápiz es que permite eliminar su rastro gráfico si nos ayudamos de otro elemento muy sencillo y eficaz: la goma de borrar. Así las cosas, el lápiz, el sacapuntas y la goma constituyen una tríada mágica para todas las personas que desean dibujar o escribir, especialmente sobre papel, pero también sobre otras superficies en las que el grafito deja su huella. La capacidad gráfica del sencillo elemento que denominamos lápiz es tan poderosa que nos llama la atención su simplicidad. Un imperio como el de Disney empezó, precisamente, con unos sencillos dibujos hechos con lápiz (Monleón, 2020). El diseño del lapicero se basa en una estructura muy eficaz, en la que un elemento capaz de dejar marca (el grafito) está integrado en una coraza que lo protege y que permite al usuario manejarlo (la madera que cubre el grafito). Esta disposición elemental y vigorosa da pie a una tradición que ha favorecido tanto a los artistas como a los escribanos, y desde luego a muchísimas generaciones de niños y niñas que han usado el lápiz para aprender a escribir, y también a dibujar. Dentro de este precioso esquema que convierte al lápiz en elemento primordial de apoyo a la escritura (y al dibujo, además de valorar la caligrafía como una vertiente más del dibujo), somos conscientes de que, incluso en un diseño tan sencillo, existen variables que lo convierten en bueno, o excelente. Es aquí donde realmente tiene sentido el concepto de diseño. Durante décadas, la fabricación de lápices atendió a las necesidades de todo el mundo para utilizar este sencillo elemento como


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utensilio de escritura. Eso sigue siendo así, actualmente. Pero cabe recordar que la forma del tronco del lápiz había sido inicialmente cilíndrica, lo cual favorecía su fabricación masiva, pero tenía un pequeño inconveniente. Un cilindro tiende a rodar, a desplazarse rodando por una superficie plana, en este caso la de la mesa, lugar donde solemos practicar la escritura, un mueble muy vinculado a los usos escolares bajo el formato de pupitre. Para dar solución a este inconveniente, se pasó del tronco cilíndrico al tronco hexagonal, con lo que las propias paredes del utensilio servían para evitar que rodase sobre la superficie de la mesa y finalmente se cayese al suelo, lo cual provoca de modo casi seguro la rotura de la punta de grafito. Por tanto, a la eficacia de la simplicidad del lápiz se une la eficiencia de su diseño hexagonal, que permite algo tan práctico como que el lápiz se quede estático en el lugar donde lo dejamos, sin rodar en ninguna dirección. Más adelante veremos cómo la invención y diseño del bolígrafo acabaría adaptando esta sencilla respuesta estratégica del tronco hexagonal. Pero antes debemos incidir en el papel fundamental que ha ocupado (y sigue ocupando) el lápiz en nuestras vidas, junto a las inefables extensiones que lo complementan: el sacapuntas y la goma de borrar. El lápiz de tronco hexagonal tiene su expresión más difundida en los lápices de la marca Staedtler, en los que las caras alternan franjas de color negro y amarillo. Además de esta práctica presentación de marca, muy conocida a nivel global, con sus caras alternas negras y amarillas, los lápices Staedtler disponen de un código por el que podemos conocer el grado de dureza del grafito, puesto que, si en el extremo opuesto a la punta vemos un final de color rojo, entonces estamos ante un lápiz de dureza #2B, lo que significa un grado medio. En el caso de que se trate de una corona azul o verde, el grafito será más duro, y si es negro o naranja, más blando. Vemos aquí un sistema codificado muy simple pero tremendamente vigoroso y claro, ya que nos permite con solo un vistazo reconocer las características del utensilio. La tradición de la marca alemana Staedtler se remonta a 1662, cuando ya encontramos datado a un primer artesano fabricante de lápices llamado Friedrich Staedtler. Fue en 1835 cuando Jo-


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hann Sebastian Staedtler obtiene permiso para producir lápices en su planta, y funda la empresa que hoy en día es una multinacional con presencia en todo el mundo. En sus factorías se siguen fabricando los lápices, pero ya en 1937 cambió el nombre de la compañía, que pasó a llamarse Mars Pencil and Fountain Pen Factory, y que se dedica a la producción de los más diversos elementos de escritura, incluidos los bolígrafos.

EL BOLÍGRAFO BIC

Figura 2. Fotografía de bolígrafo Bic.

Por suerte para el profesorado, y para la población en general, en la década de los años cincuenta del siglo XX se universalizó el uso del bolígrafo, una herramienta de escritura que revolucionó muchos de los planteamientos anteriores. Con el bolígrafo terminaron las brutales sesiones de caligrafía con pluma y tinta, y sobre todo se acabaron los castigos corporales que se avecinaban tras las consabidas manchas de tinta. El boli, y por extensión semántica el “Bic”, se proclamó heredero universal de la escritura manual.


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El bolígrafo fue patentado por Laszlo Jozsef Biro (1899-1985), inventor húngaro nacido en Budapest, que como tantos otros judíos europeos tuvo que emigrar huyendo de la persecución nazi. Biro había estudiado medicina, practicaba la hipnosis, pintaba, y era escultor, escritor y periodista y muy especialmente, inventor, oficio que le llevó a registrar hasta 32 patentes. En Argentina se le sigue llamando “birome” al bolígrafo, en honor a su inventor y al apellido de su socio (como acrónimo de Biro y Meyne). La originalidad del invento consistió en dotar al instrumento de escritura de un tipo de tinta resistente al agua, de un depósito compacto y estanco, pero ante todo de una punta que es realmente una pequeñísima esfera por la que transita la tinta grasa. Laszlo Biro patentó su producto en 1938. Junto a su hermano y su socio, los tres nacionalizados argentinos, crearon la compañía Biro-Meyne-Biro, perfeccionando progresivamente el invento. A pesar de la novedad, al inicio no tuvo repercusión comercial, ya que los primeros modelos eran muy caros comparados con la estilográfica Parker 51, la más cara del mercado en aquel momento. En 1943 la empresa Biro-Meyre-Biro vende la licencia de su “esferográfica” a la estadounidense Eversharp, que posteriormente fue absorbida por Parker Pen. Unos años después también vendieron la patente a la empresa francesa Marcel Bich, que se encargó del lanzamiento del famoso bolígrafo de bajo coste Bic, el que todos conocemos y seguimos usando. Desde su comercialización, el Bic no ha variado mucho, si bien el plástico transparente lo convirtió en un elemento muy identificable, y además se mejoró su seguridad, ya que a la capucha que cubre la punta se le incorporó un agujero, para evitar posibles daños por asfixia, especialmente entre niños o bebés que pudiesen llevárselo a la boca, y de este modo sufrir accidentes al pasar a la garganta. Si bien Laszlo Biro es considerado el inventor del bolígrafo, no podemos olvidar a John Loud, de Massachusetts, que consiguió en octubre de 1888 la primera patente de un cilindro con tinta y una bola en un extremo para escribir. Loud trabajaba con pieles y necesitaba una herramienta de escritura para marcarlas. De hecho, en el


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texto de su patente, Loud explica que su invención consiste en un depósito de tinta mejorado, especialmente útil para marcar superficies ásperas como madera, papel rugoso, y otros artículos, que una pluma no lo puede hacer. Loud utilizaba un cilindro con la tinta, una bola metálica gruesa en el extremo para escribir y otras dos bolas de menor diámetro para que, junto a la grande, se deslizaran y no se atascaran. Fabricó algunos ejemplares de su invento, pero nunca llegó a comercializarlo. Lazslo y su hermano György inventaron un instrumento de escritura con la bola en el extremo del cilindro para la tinta. Al diseño de Loud añadieron un conducto de muy poco diámetro para llevar la tinta desde el depósito hasta la bola central, consiguiendo que la tinta llegara a la bola por la gravedad, y además por capilaridad, al ser el conducto muy estrecho. La tinta, mejorada por György, el hermano químico de Laszlo, era muy viscosa para evitar los derrames y la evaporación. Otra aportación era que debía secarse lo más rápidamente posible al contacto con el papel. Con su invento consiguieron impresionar al entonces Presidente de Argentina Agustín Justo, que les invitó a trasladarse a su país, donde en 1940 montaron una fábrica y en 1943 ya disponían de un modelo que funcionaba llamado Eterpen. En plena Segunda Guerra Mundial, Henry Martin, que había ayudado en la financiación del invento, compró los derechos y contrató la venta de miles de bolígrafos a la RAF inglesa, para usarlos en aviones militares. Funcionaban bien en altura, no les afectaban los cambios del clima, y llevaban tinta que no se secaba además de durar mucho tiempo, todo ello ventajas evidentes para el uso militar. En 1944 comenzó su fabricación en la Sheaffer norteamericana, y fue el empresario Milton Reynolds, de Chicago, quien comenzó a exportar sus bolígrafos a todo el mundo, especialmente a Europa. Pero fue en Francia donde Marcel Bich y Edouard Buffard, desde Clichy, consiguen diseñar el modelo de bolígrafo que ha marcado un hito en el patrimonio escolar. Lo comercializaron en 1953 con la marca Bic, de plástico y sección hexagonal, que facilita el agarre.


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La bola del Bic es de tungsteno, según una patente sueca, mientras que las del bolígrafo de Biro eran de acero inoxidable y se fabricaban según técnicas de los relojeros suizos. En 1958 compraron Waterman entrando en el mercado de Estados Unidos con el modelo Cristal, el primero que se vendió en aquel país. Más cercano a nosotros, el industrial catalán Amadeo Arboles, dueño de la empresa “Estilográfica Nacional”, fabricante de plumas y de bolígrafos con la marca Arpen (posteriormente Molin), registró en 1946 la marca “bolígrafo” a nombre de su madre Antonia. Al principio se le conoció como “pluma atómica”, pero en 1960 el término “bolígrafo” ya era de uso común aquí. Las últimas generaciones no han tenido que padecer los ejercicios de caligrafía y dibujo con las plumas estilográficas. Pero hace un tiempo ha vuelto con fuerza la práctica de ejercicios caligráficos con pluma de punta biselada, que permite un trazo muy expresivo, una práctica que resulta sencilla si utilizamos rotuladores de punta biselada.

Figura 3. Rotuladores de punta biselada.

También obedece a una moda reciente que aboga por los cuadernos de lettering y otros ejercicios terapéuticos. Ahora bien, esto


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pertenece a otra historia que ahora no vamos a contar. Lo cierto es que el diseño del bolígrafo Bic sigue la estela del cilindro hexagonal del lápiz Staedtler, y se ha convertido en el instrumento de escritura por excelencia, fuente inagotable de anécdotas y experiencias de nuestro patrimonio escolar. Cabe decir que, en relación con la pluma estilográfica o el lápiz, el bolígrafo no permite realizar una línea sensible, más bien al contrario, mantiene constante el grosor de la línea en todo su trazado.

EL DISEÑO DE LETRAS Y LAS TIPOGRAFÍAS A quienes somos profesionales de la enseñanza, como personas preocupadas por el panorama artístico, nos preocupan algunos clichés establecidos que impiden evolucionar en casi todo lo referido al aspecto visual de los textos escritos (Huerta, 2013). Durante años, y muy especialmente durante las etapas escolares, se nos instruye con la finalidad de capacitarnos para leer y escribir. “Aprender de letra”, esta sería la consigna de la escuela. El código escrito constituye uno de los pilares sobre los que descansa el interés primordial del periodo de escolaridad. Y si bien es cierto que la alfabetización nos hace partícipes de una tradición milenaria (Briggs y Burke, 2002), también evidenciamos que siempre se vincula el texto escrito a su referencia verbal, únicamente en el sentido lingüístico, lo cual ha perjudicado sobremanera la capacidad de observar y disfrutar del aspecto visual de dichos textos. En las escrituras orientales se da un modelo de código en el cual se equilibran los rasgos del trazo con el significado lingüístico. Un calígrafo chino es consciente de la importancia que adquiere su gesto cuando compone sus textos. El valor estético de dichas composiciones las emparenta directamente con otras manifestaciones artísticas. De hecho, la escritura china es un verdadero dibujo, y de aquí nace la dificultad del aprendizaje de sus caracteres en un país donde la revolución cultural de Mao simplificó la compleja trama de signos rebajando su número a unos dos mil. Aun así, quienes


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desean dedicarse a la caligrafía como oficio deben pasar una dura prueba antes de poder expresar con textos escritos sus ideas y sentimientos. Pese a todo, los millones de escolares de países como China, Corea o Japón reconocen desde muy pequeños el valor añadido que conlleva el aspecto y la forma del texto escrito. Es tan importante en las culturas orientales este referente visual de los signos de la lengua, que los propios japoneses utilizaron su iniciativa en materia tecnológica para desarrollar inventos como el fax, un sistema de transmisión a distancia que no está sujeto al rigor alfabético (ya que los teclados no permiten un exceso de signos), sino a las formas como dibujos. Con la aparición del fax los japoneses podían enviar imágenes, es decir, los textos de su lengua escrita, en forma de mensajes electrónicos. También a través del cine hemos conocido la pasión de los orientales por sus escrituras ideográficas. En el poético relato sobre la vida de un maestro de escuela rural, que nos ha legado el director Zhang Yimou, con su film El camino a casa, podemos apreciar los ritmos y las cadencias propias de un entorno donde el valor añadido es en realidad la emotiva y paciente ejecución de un ínfimo detalle. El director Peter Greenaway optó por la caligrafía china en su célebre The Pillow Book, narración en imágenes de una serie de obsesiones, ejemplificadas en la tradición de llevar la escritura incluso a la superficie más preciada: la piel del cuerpo humano. En las culturas de occidente esto no se ve de igual modo. Los niños y niñas ingleses, italianos o argentinos -por citar tan sólo algunos- necesitan únicamente de los signos del alfabeto romano para disponer de un mecanismo impresionante a través del cual poder llevar a cabo sus propias composiciones (Ivins, 1975). Desde prácticamente el momento de nacer hasta la adolescencia, la infancia de los pequeños educandos está marcada por el registro gráfico que recoge las innumerables posibilidades de combinación de unos pocos signos emparentados con sus respectivos fonemas o sonidos de su lengua, que se escriben con las letras del alfabeto latino. Todos los que estáis leyendo este texto habéis superado una serie de etapas que se siguen ritualmente desde que se inicia el periodo de escolaridad


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hasta que se conocen los atributos del texto escrito en sus vertientes poética y retórica en general. Es un patrimonio que compartimos: el alfabeto. Todos hemos participado de un tiempo de formación que nos ha familiarizado con los rasgos descriptivos de las formas de las letras. Y en última instancia todos somos responsables de la proyección y el carácter que supone para nuestra sociedad tan asombroso legado cultural. Cuando nos preocupamos por temas tan vinculados a la educación como el dibujo infantil y su evolución, normalmente perdemos de vista que si los niños y las niñas estructuran sus grafismos del modo en que lo hacen, es precisamente porque les dirigimos constantemente por el camino de la escritura. En su progresiva adquisición de habilidades, el alumnado llega a relacionar el control y la capacidad del trazo con la posibilidad de aplicarlo a la escritura (Frutiger, 2007). Cuando en la escuela le decimos al niño “colorea este dibujo sin salirte”, realmente le estamos induciendo a controlar el trazo para posteriormente aplicar este conocimiento a la escritura. Si el niño utiliza lápices, rotuladores, tizas y ceras, es justamente porque se trata de enseres pensados para la escritura. La supuesta torpeza de los trazos infantiles es superada al adquirir la habilidad necesaria para ejecutar los rasgos de un texto escrito. Es a partir de este momento (alrededor de los diez años de edad) cuando el alumnado en general empieza a perder interés por el dibujo, ya que la espontaneidad anterior queda convertida en torpeza cuando intentan representar su realidad con imágenes. No es ninguna casualidad que en la inmensa mayoría de casos los niños acaben descartando el dibujo y centrando sus manifestaciones gráficas en la escritura. La adolescencia está repleta de cartas de amor y diarios personales. Con los teclados y las pantallas sucede algo similar. Los adolescentes prefieren utilizar aplicaciones con las que enviar mensajes a sus amistades, ya que someterse a la dura prueba que supone aprender a programar quedará reducido al pequeño grupo de privilegiados que opten por especializarse en informática.


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