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HISTORIA JURÍDICA ESTUDIOS EN HONOR AL PROFESOR

FRANCISCO DE ICAZA DUFOUR Pablo Hernández-Romo Valencia Rafael Estrada Michel (Coordinadores)

Raúl Andrade Osorio José Abel Flores R. Eber Omar Betanzos Torres Mª del Refugio González Domínguez Rolando Cañas Moreno Mauro González Luna Mendoza David Cienfuegos Salgado José Hernández Estrada Óscar Cruz Barney Miguel Ángel Hernández Romo Rubén Alberto Curiel Tejeda Pablo Hernández-Romo Valencia Felipe De La Mata Pizaña Andrea Landi Jesús Antonio De La Torre Rangel Humberto Morales Moreno Jaime Del Arenal Fenochio Roberto A. Ochoa Romero Rafael Estrada Michel Aldo Petrucci Eduardo Ferrer Mac-Gregor Juan Pablo Salazar A. Martín Vivanco Lira

México D.F., 2013


Copyright ® 2013 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web http://www.tirant.com/mex/

© Pablo Hernández-Romo Valencia Rafael Estrada Michel

© TIRANT LO BLANCH MÉXICO EDITA: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Leibnitz 14 Colonia Nueva Anzures Delegación Miguel Hidalgo CP 11590 MÉXICO D.F. Telf.: (55) 65502317 infomex@tirant.com http://www.tirant.com/mex/ http://www.tirant.es ISBN: 978-84-9053-441-0 MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro Procedimiento de quejas.


Índice Listado de autores...........................................................................................

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El Palacio del Marqués del Apartado.................................................................

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Don Francisco de Icaza Dufour..........................................................................

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Por la Historia del Derecho Mexicano: la misión de un maestro, Francisco de Icaza Dufour.......................................................................................................

21

La Suprema Corte de Justicia y el Recurso de Anticonstitucionalidad del Tratado de Guadalupe Hidalgo......................................................................................

29

La primera década del México independiente.Hacia la definición de una nueva nación............................................................................................................

59

Las Leyes de Reforma y la Dictadura Necesaria....................................................

95

Apuntes sobre Andrés Quintana Roo y el Congreso de Anáhuac.............................

119

Fray Juan de Paz y la justicia de la guerra en Filipinas.........................................

139

Historia del Notariado en Puebla (México)..........................................................

159

Panorama Histórico del Derecho Electoral Mexicano.............................................

197

Sobre el Tigre del Nayar: Desamortización y Juridicidad Agraria en el siglo XIX.......

223

2010: Doscientos Años de una Nación que no sabe que lo es..................................

251

Otero, Rejón y el Juicio de Amparo en el año de la invasión...................................

269

Historia legislativa constitucional de la detención en “flagrancia” y en “caso urgente” en México....................................................................................................

285

Francisco de Icaza Dufour

Miguel Ángel Hernández Romo

Jaime Del Arenal Fenochio

Raúl Andrade Osorio

Eber Omar Betanzos Torres Rolando Cañas

David Cienfuegos Salgado Óscar Cruz Barney

Rubén Alberto Curiel Tejeda Felipe de la Mata Pizaña

Jesús Antonio de la Torre Rangel Rafael Estrada Michel

Eduardo Ferrer Mac-Gregor

José Abel Flores Ramírez


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Índice

La iglesia y el mundo.......................................................................................

307

Cheque sin fondos: ¿Fraude Específico?...............................................................

311

Notas para una Deontología Jurídica.................................................................

331

Desarrollo Legislativo del catálogo de Delitos Federales que se consideran graves (art. 194): Razones para conocer la Inconstitucionalidad de varios de ellos.......

339

Unum et idem Regnum. L’unione del Nuovo Mondo allá Corona di Castiglia nella riflessione di Juan de Solórzano y Pereira.........................................................

403

Tolerancia y Libertad de Cultos en México. Historia de la doctrina constitucional de los derechos fundamentales en México.............................................................

433

Nuevamente sobre la atenuación y remisión de la pena en el delito de cohecho de particulares. Su tratamiento en el Código penal para el Estado de Hidalgo................

455

I Rapporti Internazionali nell’esperienza del Diritto Romano: Archeologia Giuridica o base di riflessione per il Giurista moderno?....................................................

483

Antonio Joaquín Pérez Martínez y Miguel Ramos Arizpe: Dos Clérigos de una misma Catedral......................................................................................................

527

El supremo Poder Conservador. Su coyuntura liberal............................................

535

El abogado y la historia del derecho....................................................................

547

Mauro González Luna Mendoza José Hernández Estrada

Miguel Ángel Hernández Romo

Pablo Hernández-Romo Valencia

Andrea Landi

Humberto Morales Moreno

Roberto A. Ochoa Romero

Aldo Petrucci

Juan Pablo Salazar A. Martín Vivanco Lira

María del Refugio González Domínguez


Listado de autores Andrade Osorio, Raúl: Historiador del Derecho en la Puebla de los Ángeles. Betanzos, Eber: Doctor en Derecho. Profesor de Historia del Derecho en la Escuela Libre de Derecho. Cañas Moreno, Rolando: Abogado. Profesor de Sociología en la Escuela Libre de Derecho. Cienfuegos Salgado, David: Doctor en Derecho. Director General de El Colegio de Guerrero. Cruz Barney, Óscar: Doctor en Derecho. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Curiel Tejeda, Rubén Alberto: Doctor en Derecho. Profesor en el Instituto Universitario de Puebla. De La Mata Pizaña, Felipe: Doctor en Derecho. Secretario General de acuerdos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. De La Torre Rangel, Jesús Antonio: Doctor en Derecho. Profesor en la Universidad de Aguascalientes. Del Arenal Fenochio, Jaime: Profesor de Historia del Derecho en Escuela Libre de Derecho y Universidad Panamericana. Embajador de México ante la República del Ecuador. Estrada Michel, Rafael: Doctor en Derecho. Director General del Instituto Nacional de Ciencias Penales, México. Ferrer Mac-Gregor Poisot, Eduardo: Doctor en Derecho. Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Flores Ramírez, José Abel: Maestro en Derecho. Abogado Postulante. González Domínguez, Mª del Refugio: Doctora en Derecho. Directora de Investigación en el Instituto Nacional de Ciencias Penales. González Luna Mendoza, Mauro: Maestro en Derecho. Profesor en el INACIPE, México. Hernández Estrada, José: Licenciado en Derecho. Profesor de Derecho Procesal Penal Constitucional en la Escuela Libre de Derecho. Abogado Postulante. Hernández Romo, Migue Ángel: Maestro en Derecho. Abogado Postulante. Antiguo Rector de la Escuela Libre de Derecho.


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Listado de autores

Hernández-Romo Valencia, Pablo: Doctor en Derecho. Profesor de Derecho Procesal Penal Constitucional en la Escuela Libre de Derecho. Abogado Postulante. Landi, Andrea: Profesor ordinario de Historia del Derecho en la Universidad de Pisa. Morales Moreno, Humberto: Doctor en Historia. Profesor investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ochoa Romero, Roberto A.: Doctor en Derecho. Profesor de Derecho Procesal Penal Constitucional en la Escuela Libre de Derecho. Petrucci, Aldo: Profesor ordinario de Derecho Romano en la Universidad de Pisa. Salazar A., Juan Pablo: Historiador del Derecho. Profesor investigador en la Puebla de los Ángeles. Vivanco Lira, Martín: Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Estudia su Maestría en Londres.


Nota de los coordinadores Del maestro Icaza, el ilustre autor de Plus Ultra, de una familia hermosa y de un magisterio casi cincuentenario, es mucho lo que puede decirse. Hemos preferido que hable de ĂŠl esta hermosa pequeĂąa pieza: una obra maestra que marcha en la lĂ­nea de una pertinente serie que nuestros editores valencianonovohispanos pretenden dedicar a las ciudades mexicanas.


El Palacio del Marqués del Apartado Francisco de Icaza Dufour Carlos IV, rey de España y de las Indias por la gracia de Dios y para desgracia de sus súbditos, daba cuerda a los cientos de relojes que formaban su colección o bien salía a la cacería de venados, jabatos y codornices en su coto de Río Frío, en tanto la Monarquía se precipitaba incontenible hacia su desmembración bajo el gobierno del favorito Godoy, un oscuro guardia de corps encumbrado a los más altos cargos de gobierno y ennoblecido con el título de príncipe de la Paz a cambio de ciertos favores a la reina María Luisa, cuya fealdad inspiró más de un lienzo de Francisco de Goya. Al otro lado del Atlántico, la Nueva España, para entonces la joya más preciada de la Corona, era gobernada por el virrey Miguel de la Rúa Talamanca, marqués de Branciforte, cuya cualidad más importante la constituía el ser cuñado del mismísimo Godoy. No obstante los muchos actos de corrupción efectuados por el Virrey y que Valle Arizpe se solazó en reseñar1, hizo una buena obra para el adorno y decoro de esta gran Ciudad, la estatua ecuestre de Carlos IV, debida al valenciano Manuel Tolsá y que según los entendidos se cuenta entre las más bellas de este mundo. Además del Caballito, como vulgarmente se conoce esa obra escultórica, el arquitecto y escultor dejó para orgullo de esta Ciudad obras arquitectónicas monumentales, como las torres de la Catedral, el Palacio de Minería, el del marqués de Buenavista y el del marqués del Apartado, cuya historia trataremos de reseñar. Don Francisco Manuel Fagoaga y Arozqueta casó con doña Magdalena Villaurrutia2, con quien procreó 10 hijos y fue favorecido por Carlos III el 27 de agosto de 1772 con el título de marqués del Apartado, denominación dada debido al oficio de apartador general, adquirido en 1718 por su padre Francisco Fagoaga Irigorri, que consiguió acumular una inmensa fortuna, unida a la de su esposa Josefa Arozqueta de las Heras, que en su

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Vid. Virreyes y virreinas e la Nueva España. Rafael Ortega y Pérez Gallardo. Historia genealógica de las familias más antiguas de México. Tercera edición. México, 1908. T. I.

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Francisco de Icaza Dufour

temprana viudez supo incrementar con éxito, en unión con su yerno Manuel Aldaco3. El flamante Marqués habitaba una magnífica casona, que hasta hoy existe4, en cuya planta baja se encontraba el taller en donde se hacía el ensaye de las barras de metal precioso, para determinar el contenido de metal puro y en la parte superior del edificio se encontraban las habitaciones del “apartador general”. Probablemente, el señor Fagoaga al verse agraciado con el título nobiliario y su fortuna varias veces multiplicada, decidió mudarse a una casa de mejor factura y lujo, pero el mayor apremio provenía de las presiones del virrey Bucareli por reincorporar el lucrativo oficio a la Corona, lo que se logró hasta 1779 por el virrey don Martín de Mayorga y por consecuencia Fagoaga debió evacuar la casa5que por más de cincuenta años había ocupado su familia. Con el objetivo de establecer su residencia, el Marqués adquirió el inmueble sito en la esquina de la primera calle del Relox y de Cordobanes6, en donde existía una vieja construcción con más apariencia de fortaleza que de casa habitación, cimentada sobre los restos del templo dedicado a Cihuacoatl7 o el Coateocalli, en donde eran depositados los dioses provenientes de templos de los pueblos conquistados. Evidentemente, la sobriedad y el estilo arquitectónico propios del siglo XVII, no coincidían con el lustre y buen gusto de un marqués del neo-clásico y para resolver el problema, nadie mejor que Manuel Tolsá y Sarrión, el mayor experto en el nuevo estilo arquitectónico. Al parecer, la obra se inició en 1795 y en contrario a lo que comúnmente se piensa, Tolsá no construyó el palacete, solo remodeló la vieja construcción e hizo la fachada en cantera que ha sobrevivido hasta nuestros días8 y es lo único original que se conserva del suntuoso edificio. El solar que ocupa el palacio, originalmente le fue asignado a Miguel Díaz de Aux, quien se vio en la necesidad de traspasarlo a Diego de Ocampo en 1524, para más tarde enajenarlo al bachiller Juan de Ortega, de quien lo adquirió de nuevo Díaz de Aux. Para el siglo XVIII, el inmueble era propiedad de los hermanos Luis, Francisco y Gonzalo Acevedo, que de

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Manuel Cortina Portilla. Algo sobre la plata en México en el siglo XVIII. Grupo Consa. México, 1986, p. 36. Antigua Casa de Moneda, ubicada en la esquina de Argentina y Perú. Manuel Cortina Portilla, op. cit., p. 39. Hoy Argentina y Donceles. Diosa del maíz. Francisco Pérez de Salazar. Antigua casa del Marqués del Apartado. Memoria descriptiva, México 2002.


El Palacio del Marqués del Apartado

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acuerdo con Sodi fueron los constructores de aquella “mansión fortificada de aspecto monacal”9. Por su tamaño, magnificencia y seguramente debido a los problemas originados por la cimentación, el agua, el fango y a los restos prehispánicos existentes en el subsuelo, la obra duró 10 años y su conclusión no logró verla el Marqués, debido a su fallecimiento, el 12 de enero de 1799. Terminada la construcción del palacio, por causas desconocidas, la familia no lo ocupó y continuó habitando su casa en las calles del Coliseo Viejo10, hoy 16 de septiembre. Poco antes de la muerte de su padre, el II marqués del Apartado11 José Francisco Fagoaga, viajó a Europa e ingresó en 1799 al cuerpo de Dragones de España, en el que alcanzó el grado de teniente. Hacia 1815, junto con su hermano Francisco Antonio, viajó a Londres, relacionándose con un nutrido grupo de liberales españoles, exiliados por la persecución desatada en su contra por Fernando VII. También se vinculó con hispanoamericanos que por aquellos años recorrían las cortes europeas en busca de apoyo a sus causas independentistas, como eran el padre Francisco Miranda, Andrés Bello, el incansable fray Servando y otros más que lo introdujeron en la masonería. Fue diputado en las Cortes ordinarias de 1820, durante el llamado trienio liberal. Por esos años, corrió en Nueva España el rumor de que Fernando VII, a causa de los acontecimientos, abandonaría la Vieja España para fijar su residencia en México y que el Marqués del Apartado había ofrecido al Rey su suntuoso palacio para servirle de morada. No obstante que muchos autores narran esta historia, en realidad, no hay documento alguno que la sustente. Hacia l840, la familia Fagoaga sufrió graves reveses económicos que les obligaron a vender sus bienes, entre otros el famoso palacio, que fue adquirido por el empresario Cayetano Rubio12, quien después de habitarlo varios años, lo vendió a Isidoro de la Torre y este lo heredó a Ignacio de la Torre y Mier, esposo de Amada Díaz, hija del Presidente Díaz, quien adquirió el inmueble en grave estado de deterioro, para destinarlo a la Secretaría de Justicia e Instrucción Pública, encargándose de su reconstrucción al ingeniero Porfirio Díaz, que modificó totalmente su interior en un estilo

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Ernesto Sodi Pallares. Casonas antiguas de la ciudad de México. La Prensa. México, 1968, p. 158. Artemio de Valle Arizpe. Calle vieja y calle nueva. Cía. General de Ediciones S.A. Colección Valle de México. México, 1962, p. 543. 19 de junio de 1803. Luis Ortiz Macedo. Los palacios nobiliarios de la Nueva España. Seminario de Cultura Mexicana. México, 1994, p. 206.


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Francisco de Icaza Dufour

“ecléctico afrancesado”, —según el Dr. Xavier Cortés Rocha— además de cercenarle el segundo patio y el área de servicio sobre la calle de Donceles, en donde se conservan algunos elementos originales. El edificio ha sido sede de innumerables dependencias y objeto de otras tantas restauraciones, la última el año 2002 a cargo del Dr. Francisco Pérez de Salazar, para albergar dependencias del INAH.


Don Francisco de Icaza Dufour Miguel Ángel Hernández Romo Apenas enterado de que nuestra Escuela rinde homenaje a Don Francisco de Icaza, me apresuro a unirme a tan merecido homenaje con estas breves líneas. Tuve el privilegio de ser Rector de la Escuela Libre de Derecho del año 1993 al año de 1998. Durante dicho periodo tuve el honor de contar con la colaboración del LICENCIADO FRANCISCO DE ICAZA DUFOUR como primer vocal de la Junta Directiva. Francisco siempre tuvo para mí, un atinado consejo y un comentario positivo, lo cual le he agradecido en público y en privado. La Revista de Investigaciones Jurídicas de la Escuela ha tenido por muchos años, su pilar y promotor en la marcada dedicación de Francisco. Su prudencia y discreción fue mal interpretada como timidez por un grupo de profesores que no supieron evaluar tales relevantes cualidades para ser rector. Como maestro de Historia del Derecho su cátedra ha merecido abundantes elogios de sus alumnos. La pluma de Francisco es de generosa producción, en su especialidad, la Historia del Derecho. Toca a mejores críticos ponderar su obra literaria. Gracias a su empeño, la Escuela estableció relaciones con varias universidades españolas. La actual biblioteca de la escuela conoció de su trabajo y entusiasmo. Por todo ello, deseo unirme al merecido homenaje que la Escuela Libre de Derecho rinde al maestro, al investigador y al funcionario, por su entrega incondicional y fructífera a nuestra Alma Mater. ¡Enhorabuena!


Por la Historia del Derecho Mexicano: la misión de un maestro, Francisco de Icaza Dufour Jaime Del Arenal Fenochio Escribo en Quito, solo, muy alejado de mi ciudad y de mis libros. También de mis maestros, cuya mayor parte se ha ido, y de mis queridos ex alumnos, vivos por fortuna, en su inmensa mayoría, y en el pleno ejercicio de su profesión; la de abogado. De cientos de estos últimos fui durante años su profesor de Historia General del Derecho y de Historia del Derecho Patrio en las aulas de la ya centenaria Escuela Libre de Derecho, institución educativa singular y atípica, difícil y única, incomprensible para los demás y apasionadamente querida por la inmensa mayoría de sus egresados, que no necesariamente de sus alumnos en curso. El hecho es que no propicia ni la comunicación ni la cordialidad entre alumnos y maestros, antes bien, fomenta un cierto distanciamiento propio de quien no quiere comprometer demasiado el corazón con el noble arte de enseñar. Así ha sido y seguramente así seguirá siendo pues con ello garantiza una exigencia poco común muy eficaz para la preparación de quien se ha de meter con los líos de los demás y enfrentar las rudezas del litigio o las presiones del poder. Quizá sea este su rasgo humano más característico; frialdad, dureza, insensibilidad al servicio de la formación del carácter del jurista y del abogado. De aquí que no sean de extrañar dentro de sus aulas figuras como las de Don Francisco de Icaza Dufour, por más de cuarenta años profesor de la segunda de las historias jurídicas mencionadas, cuyo calificativo de “patria” sustituye lo que en otras facultades o escuelas de Derecho en el país corresponde a “mexicano”. Francisco de Icaza, ha sido y será —como su alma mater— frío, distante, imparcial y aparentemente insensible. Pero, si es de extrañar a cualquiera que la Libre de Derecho, una vez que se egresa de ella, se convierta en uno de los lugares de mayor calidez, mayor atracción y eterna fidelidad que se pueda imaginar para sus egresados, así Francisco de Icaza, una vez que se pasa el sobresalto de enfrentar en su examen —antaño en el quinto año de la carrera y ahora, absurdamente trasladada al tercer año por iniciativa de quienes nunca soportaron que sus enseñanzas se cuestionaran de raíz en los últimos años de estudios me-


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Jaime Del Arenal Fenochio

diante el método histórico— un rostro absolutamente hierático, donde los silencios ante una interrogante se convierten para el examinado en siglos (los siglos que deberían de haber estudiado desde la Hispania Romana hasta el Código Civil mexicano de 1870), se nos revela como un hombre lleno de un gran corazón, de una sabiduría humana propia de quien ha recogido una larga tradición familiar envuelta de valores humanos, cultura, decencia —esto que, por desgracia, falta cada vez más en quienes se dedican al Derecho—, y de un humor verdaderamente negro que incita en los demás la risa franca, espontánea y auténtica. Congruente con su personalidad adusta y refinada, bien se puede afirmar que en apariencia hay dos Franciscos de Icaza: el que uno recuerda como su maestro y no vuelve a tratar más y el que uno va descubriendo con el paso de los años, mediante el trato continuo, académico, profesional y familiar; trato que con el tiempo consigue una justificada admiración por su persona. Así lo puede ratificar quien haya tenido —como yo— el privilegio de ser su discípulo, su colega, su amigo y su confidente. Hombre callado y trabajador, creyente fiel de profundas convicciones religiosas, y conocedor del valor enorme que para los juristas tiene el saber historia del derecho, de Icaza ha dedicado sus conocimientos jurídicos especializados al ars notariae pero su vocación, su gusto, su pasión intelectual ha sido siempre la historia jurídica, la de México particularmente, con el necesario complemento de las historias que la forjaron: la de España y la del Anáhuac; sobre todo la primera, responsable del surgimiento y formación de ese Derecho Indiano en el cual hay tan pocos especialistas en el mundo como él. Tuve la fortuna de tenerlo como maestro durante dos años, toda vez que una argucia del poder rectoral de entonces trasladó los cursos de Historia del Derecho de cuarto y quinto año al tercero, a donde mi generación llegó en el año 1974. Como consecuencia de esa absurda decisión, implantada en el último minuto, el curso no se pudo terminar y no se llevó a cabo el examen correspondiente, por lo que una vez restablecidas las cosas a su orden tradicional, en el quinto año nos volvimos a encontrar una vez más bajo los dictados y la sapiencia de quien, no se ha sabido bien a bien por qué, prefería detenerse en los temas del derecho azteca y del Tribunal del Santo Oficio, para desesperación y verdadera angustia vital de algún discípulo japonés cuyo tránsito por las aulas escolares años después sigue siendo también un misterio. Sobre todo en este último año la materia impartida se convirtió para mí en un remanso de paz, de gusto y de satisfacción después de años de lecturas de códigos, leyes federales y reglamentos. Por fin podía cerrar el círculo comenzado a trazar por Genaro María González en su curso de Introducción al Estudio del Derecho, seguido por Elisur Arteaga


Por la Historia del Derecho Mexicano: la misión de un maestro, Francisco de Icaza Dufour

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en Constitucional y continuado por Íñigo Laviada en la materia de Historia General del Derecho: el Derecho tenía también naturaleza histórica y ésta le permitía superar cualquier formalismo y los excesos de una conceptualización que se pensó definitiva y que, hoy lo sabemos, también es resultado de la historia. En ello, intuí entonces, podía estar la clave para cuestionar cualquier visión dogmática del Derecho sin merma de su utilidad y eficacia en tiempos y circunstancias determinadas: no se trataba de debilitar los avances de la llamada ciencia jurídica pero sí de abrir las compuertas hacia una recreación del derecho siempre constante y nunca acabada, en aras, precisamente de los más altos valores del mismo: la justicia y el respeto a la dignidad de los hombres; tal y como se podía constatar en la formidable empresa intelectual emprendida y desarrollada por los Teólogos Juristas españoles de los siglos XVI y XVII, magistralmente expuestos en el curso de Francisco de Icaza. En su curso fijé el tema de mi tesis profesional y con él, sin saberlo, decidí mi vocación: me dedicaría a la Historia del Derecho, enfrentando las seducciones del notariado, de la judicatura y de los despachos corporativos. A pocos meses de recibirme de Icaza me invitó a ser sinodal en sus exámenes de finales de curso, tarea que fiel y gozosamente desempeñé por más de veinticinco años. La relación profesional y de amistad se estableció sin las dificultades que yo había previsto, dada la personalidad aparente del maestro y máxime que por esas cosas de la Libre yo no había sacado la más alta calificación en su examen, lo que parecía natural a mí y a mis compañeros dado mi conocimiento del curso. Y no fue difícil porque de inmediato se reveló el carácter respetuoso, sincero, cordial y lleno de buen humor del que hasta hacía uno pocos meses imponía desde la cátedra silencio y distancia. Desde entonces, y ya pasados treinta y cinco años, mi relación con Francisco de Icaza, el notario, el historiador del Derecho, pero sobre todo el maestro, no ha hecho sino incrementarse y fortalecerse gracias a las empresas que hemos podido emprender juntos siempre en pro del mayor mérito y reconocimiento a los estudios e investigaciones de la historia jurídica en nuestro país, a iniciativa muchas de ellas del propio de Icaza. Sin duda, el papel trascendente que ha jugado nuestro homenajeado en nuestra disciplina no es posible disociarlo de su tiempo y de su circunstancia; ambos favorecieron no sólo su magisterio sino el propio desenvolvimiento de los estudios histórico-jurídicos en México. Alrededor de 1975, con ocasión de la celebración este año del IV Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano en la ciudad de Morelia, se puede fijar el comienzo del auge que los estudios


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Jaime Del Arenal Fenochio

académicos continuos y profesionales de Historia del Derecho ha llegado a tener en la República Mexicana; si bien disciplinas como la historia constitucional habían sido ya tratadas por excelentes estudiosos, en su mayoría juristas profesores de la disciplina. En efecto, a la publicación de obras precursoras como los cuatro gruesos volúmenes de los Apuntes para la Historia del Derecho en México de Toribio Esquivel Obregón, o los más antiguos e inconclusos Apuntes para la Historia del Derecho Penal mexicano de Miguel S. Macedo, poco es lo que se había añadido a la investigación y a la enseñanza histórico-jurídicas con la excepción, desde luego, de la espléndida obra monográfica de Don Silvio Zavala, discípulo de Rafael Altamira y continuador de su labor de exploración sobre el desarrollo histórico de las instituciones jurídicas, políticas, sociales y económicas de la América española durante el periodo malamente llamado colonial. Por lo que se refiere a la enseñanza de la disciplina, dentro de los planes de estudio de las facultades o escuelas de Jurisprudencia del país únicamente la Escuela Libre de Derecho contemplaba dos cursos anuales de historia jurídica: la enseñanza de la Historia General del Derecho y la de la ya referida Historia del Derecho Patrio, convirtiéndose por décadas en el único refugio de una disciplina prácticamente desconocida en México. Al magisterio inicial de Macedo en esta institución liberal, continuó el de Esquivel Obregón, y el de Javier de Cervantes, autor de unos Apuntes de Historia del Derecho Patrio que en formato mimeográfico circularon por años tanto dentro de la Libre de Derecho como en el curso de doctorado de la Facultad de Derecho de la UNAM donde Don Javier impartía el curso respectivo. Estos Apuntes, que en la Libre vendía el conserje Don Poncho, sólo se publicaron años más tarde gracias a la iniciativa del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal pero, como en el caso de los Apuntes de Esquivel Obregón, sólo abarcaban los temas relativos a la historia de los derechos castellano —con sus correlativos antecedentes—, azteca e indiano, excluyéndose todo lo relativo a la historia del derecho propiamente mexicano; situación que, sin duda, influyó en el propio curso de Francisco de Icaza que nunca ha alcanzado a explorar este derecho y sí, en cambio, enfatiza los temas que sus predecesores en la aula habían subrayado. Como quiera que sea, la Historia del Derecho encontró por años en la Escuela fundada en 1912 el único espacio de estudio y difusión. A este esfuerzo se sumó tímidamente el que el doctor Jesús López Monroy —discípulo de Cervantes— en forma totalmente aislada realizó en las aulas del doctorado en Derecho de la UNAM, y el que el José de Jesús Ledesma —egresado también de la Libre— inició en el Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana.


Por la Historia del Derecho Mexicano: la misión de un maestro, Francisco de Icaza Dufour

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Sin embargo, y como he escrito en otra ocasión, el mérito del lanzamiento definitivo de los estudios histórico-jurídicos en México se debe a la acción conjunta de una persona y de dos instituciones ajenas a la Libre de Derecho: Guillermo Floris Margadant, romanista de origen holandés nacionalizado mexicano, y la Facultad de Derecho y el Instituto de Investigaciones Jurídicas, ambos de la UNAM. Margadant se dio a la tarea, primero, de formar a un grupo de romanistas para más tarde pasar a cultivar los estudios de historia jurídica donde también logró formar al primer grupo de juristas mexicanos interesados en cultivar dicha disciplina en forma constante y profesional de suerte tal que pudieran calificarse con toda exactitud como historiadores del derecho. Este grupo fue el que organizó el Congreso de Morelia y las primeras Jornadas de Historia del Derecho Mexicano celebradas en Toluca, y al que se debe la fundación formal de la que bien puede denominarse Escuela Mexicana de historiadores del Derecho. En efecto, desde los espacios de la Facultad de Derecho y del Instituto de Investigaciones Jurídicas se lanzaría una verdadera ofensiva editorial para rescatar fuentes documentales inéditas o bibliográficas y para dar a luz excelentes monografías que en han servido en su conjunto para colocar los estudios de la disciplina en un nivel de reconocimiento internacional. Todo este esfuerzo culminó en el año de 1989 con la aparición del Anuario Mexicano de Historia del Derecho, continuado desde el año 2011 por la Revista Mexicana de Historia del Derecho. En consecuencia, en el proceso de consolidación de los estudios histórico-jurídicos en nuestro país resultó una feliz coincidencia el esfuerzo desarrollado desde la UNAM con la constancia y permanencia de la enseñanza de la Historia del Derecho en las aulas de la Escuela Libre de Derecho, donde hacia 1975 se encontraban recogiendo la estafeta dejada por sus antecesores los profesores Laviada y de Icaza, a quienes pronto se unieron los profesores Jorge Adame y José Luis Soberanes al establecerse un segundo grupo en cuarto y quinto años. De los cuatro mencionados, la influencia de Icaza y de Adame —romanista pero también historiador— resultará decisiva para que la Escuela Libre se vinculase al proceso iniciado desde la UNAM bajo el magisterio de Margadant, a través de la formación de un pequeño grupo de historiadores del Derecho que mucho ayudará para consolidar en forma definitiva el cultivo de la historia jurídica en nuestro país. Por lo que respecta a Francisco de Icaza, las vocaciones decididas de Rafael Diego Fernández, José Manuel Villalpando, Juan Pablo Salazar Andreu, y la mía se deben en buena parte a su magisterio, compromiso y ejemplo. Con él descubrimos que era posible realizar una vida académica sólida y bien relacionada, ya que siempre nos abrió las puertas de su conse-


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Jaime Del Arenal Fenochio

jo y auxilio para que pudiéramos desarrollar lo que con tanto temor se nos presentaba como imperativo vocacional, sobre todo frente al indiscutible y muy visible éxito económico de nuestros colegas abogados y juristas prácticos. ¡Feliz coincidencia la de esa década! Al esfuerzo de la UNAM y de la Libre de Derecho, se unirían tarde o temprano el de otras instituciones educativas al impulso de profesores o investigadores egresados de ambos centros formadores de jurista, unas formadoras de licenciados en Derecho —las universidades Panamericana, Iberoamericana, La Salle, Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, el ITAM — y otras de historiadores —los Colegios de Michoacán y de México, el Instituto Mora, el CIDE— para entre todas y con la ayuda de algunas universidades estatales organizar los Congresos de Historia del Derecho Mexicano en diversas partes de la República, publicar decenas de libros y de artículos en revistas especializadas, dar a conocer fuentes históricas inéditas, enviar estudiantes de posgrado a formarse en Europa o en los Estados Unidos, estrechar sólidas relaciones con instituciones y grupos de investigadores de otros países interesados en la Historia del Derecho, y continuar con la tarea de formar a nuevos cultivadores de la materia. Durante todos estos años, desde la fidelidad a la cátedra, Francisco de Icaza ha sido actor relevante, testigo sin par, y director callado de un proceso histórico que influyó no sólo en los estudios del Derecho, sino en la historia misma de la educación en México. Dedicado primero al magisterio, lo que le permitió adentrarse en los vericuetos de una historia muy poco conocida, reflexionar acerca de los temas que formaban parte del temario de su curso, conocer lo mejor de la bibliografía históricojurídica tanto clásica como contemporánea publicada particularmente en España —y cuya admiración nunca ha ocultado—, y discutir con sus colegas, nacionales y extranjeros, los temas de su interés, tardó un tiempo relativamente grande en abocarse a la investigación y a la publicación de artículos especializados que fueran fruto de ésta, a diferencia de algunos jóvenes posteriores interesados por la Historia del Derecho cuya prisa por el reconocimiento, la ambición desmedida y el ansia de figurar los han impelido, sin la mínima humildad, a publicar a diestra y siniestra, e incluso a aprovecharse de los apuntes de clase de sus profesores para editar sus primeros textos. Aún más tarde comenzó de Icaza a dar a las prensas importantes libros donde ha quedado de manifiesto su capacidad como escritor claro, narrador amenísimo e investigador acucioso. En 1998 publicó La abogacía en el Reino de la Nueva España pero hasta ahora su libro Plus ultra: la monarquía católica en Indias, 1492-1898 (2008) constituye la más ambiciosa de sus obras y un referente obligado para


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