COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
LA FASE CANCERÍGENA DEL CAPITALISMO De la crisis a la cura
JOHN MCMURTRY
Valencia, 2016
Copyright ® 2016 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
Traducción de Andrés F. Celis Edición Original The Cancer Stage of Capitalism: From crisis to Cure. Copyright © John McMurtry 2013. First published by Pluto Press, London www.plutobooks.com
© John McMurtry
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-16349-11-1 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas.
Por la vida en la Tierra
Agradecimientos La naturaleza y las conclusiones de este estudio de hoy casi 20 años, han hecho que sea un proyecto bastante solitario. Los tabúes bloquean el diagnóstico del sistema y su cura a todos los niveles. Así que, sin el apoyo de otros, este trabajo podría no haber llegado a su publicación como libro. El coordinador editorial de Pluto Press y ex gerente, Roger van Zwanenberg, propuso el plan para la «bastante inusual» segunda edición. Cuando Roger se retiró, David Shulman se convirtió en su vital respaldo sustituto. Jeff Noonan y Giorgio Baruchello han sido unos coinvestigadores entusiastas en el avance de la ontoaxiología del valor-vital. En los días más duros, cerca del final, Joel Bakan leyó el nuevo primer capítulo y respondió con un revelador análisis que tendió un puente entre las ediciones. Lo que especialmente me preparó para esta segunda edición, fue un proyecto de investigación de siete años para la Enciclopedia de los Sistemas de Soporte de la Vida de la UNESCO. Aunque un proyecto independiente, titulado «Filosofía y problemas del mundo», el concepto de «sistemas de soporte de la vida», como nuestras bases fundamentales para estar vivos, es la base sobre la que he construido. Personas que han sido amables con su apoyo o de ayuda en esta edición, incluyen a Ellen Brown, Allan Connolly, Jim Fetzer, Rajani Kanth, Peter Joseph, Wahu Kaara, Stephen Lendman, Jeff Noonan, Marcel Schlaff, Bob McMurtry, Matthew Stanton, Frank Trotz y Howard Woodhouse. Tracey Dando ha sido una aguda correctora. Las respuestas y la edición a través de los múltiples borradores de Jennifer Sumner, han sido de un valor más que incalculable.
Prefacio ¿Qué es el capital? De una forma u otra, una sociedad vive de acuerdo a un sistema de valores, un conjunto subyacente de reglas de cómo vivir. Estas se dan por sentadas más profundamente que las reglas dentro de un juego, y rigen el discurso y el pensamiento como si fueran gramática. La filosofía puede excavar en estas reglas hasta sus principios reguladores más profundos, evaluando su verdad y valor, en la búsqueda de su forma más completa. No obstante, incluso los filósofos evitan el examen de las metareglas de cómo viven sus propias sociedades. Es tabú el considerar estos temas. Tabú es sinónimo de inexpresable. En mis viajes autoguiados por tierra a través de casi 100 países, entre ellos el mío, no he encontrado excepciones evidentes. Prácticamente todos, piensan que el estilo de vida a su alrededor es natural, bueno y correcto, con, desde luego, conflictos personales (y por facciones) de interpretación. El marco básico de las normas para y de pensamiento, se da como supuesto. Algunos, de forma superficial, atribuyen esto a la programación genética, pero los genes no pueden explicar por qué estas reglas y metareglas varían de un grupo humano (y edad) a otro, o ¿por qué tan a menudo destruyen la vida en lugar de conferir una ventaja de supervivencia? Mi trabajo se ha especializado en comprender críticamente los sistemas sociales en su metanivel, y en por qué algunas formas son, en última instancia, mejores o peores que otras. Pero las presunciones dominantes bloquean de forma diversa en contra de cuestionar el orden establecido de los términos en que las personas piensan y viven. «¿Quién decide lo que es correcto?» se preguntan. Pero esta pregunta pasa por alto el hecho de que las cuestiones más básicas y universales de vida, tales como que todas las personas necesitan alimento suficiente, agua potable, servicios de alcantarillado, el apren-
Prefacio
dizaje de los sistemas simbólicos de la sociedad, un hogar y amor, y atención especializada en caso de enfermedad, para que sus capacidades vitales no sean diezmadas o destruidas, ya han sido decididas más allá de las normas sociales y las opiniones de las personas. Pero este valor objetivo del terreno vital aplicable a personas y culturas, no tiene lugar en el sistema global. El mismo concepto es repelido desde lo económico, lo moral y otras teorías recibidas. Este valor del terreno vital de carácter universal ya está probado en las preferencias universales de la humanidad por respirar aire puro en vez de contaminado, por comer y beber sin tóxicos, en tener un techo cómodo en vez de ninguno, en relacionarse con los demás como humanos y no como bestias, y en tener oficios con significado vital para llevar a cabo, en lugar de aquellos sin sentido. Ya sean relativistas, posmodernos, nihilistas, cínicos, automaximizadores de mercado, miembros del Tea Party o quienes van con la corriente, estos bienes vitales de carácter objetivo son innegables en la realidad. Sin importar lo que uno desee, la privación de cualquiera de estos bienes vitales conduce a la pérdida de la capacidad de la vida llevando a la deshumanización y la muerte física. Sin embargo, ¿qué bien vital y su proveedor no están en cada vez mayor peligro, en una creciente mayoría del mundo, en nuestro sistema global de valores y reglas? Las culturas angloamericanas conforman un imperio genérico de costumbres, al igual que las culturas de Europa, China, India, el Islam y América Latina, con infinitas variaciones dentro de ellas. No hay lugar para estos bienes vitales de carácter objetivo, salvo en agrupaciones colectivas preconscientes cada vez más amenazadas. Puesto que en los últimos 30 años, ha habido un gran cambio radical hacia un sistema normativo de dominio del mercado corporativo transnacional, que es indiferente a toda esta subestructura de vida de la humanidad, y a las consecuencias de su sistema de reglas desconocedoras de la vida. Este trabajo es un estudio estructural profundo de ese cambio radical global y sus consecuencias sistémicas para la vida humana y planetaria, que aún no están conectadas en una explicación causal y propositiva unificada.
La fase cancerígena del capitalismo. De la crisis a la cura
La investigación inicial comenzó en la década de 1970, en la medida en que se les hacía seguimiento a los cambios económicos y estructurales de la «Guerra Fría soviético-americana» en particular, y se observaron vastos movimientos resultantes en los sistemas políticos, económicos y culturales alrededor del mundo. La investigación en todas las disciplinas pertinentes y viajes sobre el terreno «en el torrente sanguíneo de las personas», mutuamente confirmaron las tendencias. Me di cuenta de que este cambio de las mareas estaba sin examinar en sus principios subyacentes de valor a través de las culturas y los individuos. Un análisis normativo de segundo orden tampoco existía en principio en las ciencias sociales, y la filosofía evitaba el análisis del sistema desde los valores sociales. Como resultado, la excavación de la lógica moral interna del sistema corporativo global y sus fatales desperfectos, se convirtió en el tema genérico de este estudio, llevando al terreno vital de su determinación. En el perfil más simple de la problemática, una cruzada mundial de «libertad de mercado global y democracia» contra el «terrorismo», del que el «mundo comunista» ha sido su versión en superpotencia, es la división ideológica decisiva de la época. La ideología, sin embargo, nos distrae de nuestro terreno vital, y su forma triunfal asume una metafísica dominante de agentes de mercado atómicos que sólo buscan más dinero y bienes para sí mismos. En la cima, y racionalizando este sistema de valores dominante, que irónicamente es equiparado a la «libertad», el enemigo máximo son los que se resisten, a quienes se les ha llamado «terroristas» desde los levantamientos anticoloniales en África, que datan desde la resistencia de los pueblos originarios en contra de su genocidas comenzando hace siglos. La larga trayectoria ha sido impulsada desde lo más profundo por un mecanismo causal sistémico, que fundamentalmente ha mutado en formas no decodificadas. Esta investigación y diagnóstico hacia la recuperación, se centra en el período de la gran mutación del sistema de valores, comenzando con el golpe militar orquestado por los Estados Unidos, en contra del muy popular y electo gobierno de Chile
Prefacio
en 1973. Esto desató el periodo de dictaduras de escuadrones de la muerte en toda América Latina, llamado «Operación Cóndor», en el que decenas de miles, incluso cientos de miles de personas, fueron torturadas y asesinadas desde Argentina y Brasil hasta El Salvador y Guatemala; casi todas por ejercer derechos comunes, garantizados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Fatídicamente coincidente, pero no conectada con este entendimiento, estaba la derrota de los Estados Unidos en Vietnam, con su ignominiosa desbandada militar y diplomática. Más profundo y ampliamente importante (a nivel económico) que la derrota en Vietnam, fue el abandono del patrón oro por parte de los Estados Unidos para escapar de los enormes costos de la guerra, lo que se inició al mismo tiempo. Esto dejó al mundo sin ningún tipo de base de valor, salvo el dinero de los Estados Unidos impreso a discreción, y apalancado aún más exponencialmente por Wall Street y compañía, con una creciente desregulación para que así fuera. De hecho, esto fue cuando el gran tren de la desestabilización financiera viró violentamente hacia la ruina de los programas de Gobierno, los puestos de los trabajadores y los pequeños negocios, con la disparada de los tipos de interés a más del 20% preferencial en la década de 1980, y haciéndose cada vez más totalizadora después de la caída de la Unión Soviética y la derogación de las normas derivadas de la Gran Depresión como la ley Glass-Steagall. En el cambio de siglo, las ganancias de la clase obrera se habían invertido en la carrera hacia el fondo de los salarios bajos, los beneficios y la legislación social, debido a la competencia global sin estándares de vida. El valor del dinero era ahora calculado, no por las tasas de interés canibalistas y cargos por deudas, sino mediante el recorte drástico de los ingresos de los trabajadores y los programas sociales en todos los continentes. En un nivel más profundo, la vida y los sistemas que la sostienen, estaban siendo sacrificados cada vez más, recibiendo tratamientos de shock, y saqueados con altísimos costos en favor de secuencias de dinero transnacional en todo el mundo. La desregulación multiplicada hizo metástasis a través de las naciones, los recursos y, los políticos, con cada vez menos limitaciones, propulsadas por «refor-
La fase cancerígena del capitalismo. De la crisis a la cura
mas de mercado» y los edictos derivados de los tratados de comercio, que proscriben la legislación que reduzca las «oportunidades de ganancia», y las guerras en las regiones ricas en recursos mediante el control social. La cuadruplicación de los precios mundiales del petróleo en el mismo año de inflexión, entre 1973 y 1974, impulsó el desacoplamiento mundial del intercambio y el valor de inversión llevándolos a otro nivel. Las secuencias de dinero sin un respaldo sólido, y cada vez más apalancadas, ahora estaban atadas, y sin reglas, a un recurso no renovable que cada vez se convierte más voluminosamente en humo mientras que, en los siguientes 30 años, automultiplicó de forma exponencial las secuencias de dinero privado transnacional, sin una función de compromiso con la vida, llegando a viajar por nanosegundos por todo el mundo, capturando márgenes y aparejando financieramente cada vez más las funciones reales de la economía, en un sistema de consumo desbocado, degradación y colapso de las bases del life capital1. Desde el nuevo eje en multiplicación del dinero-petróleo del Medio Oriente y los Estados Unidos, el mundo se movía cada vez más y más por los combustibles fósiles no renovables y los armamentos de dólares, con petróleo saudí y de los estados del Golfo Pérsico, a cambio de armas de los Estados Unidos, protección armada y gestión por parte de Wall Street del nuevo dinero despojado de la industria mundial, los ingresos de los trabajadores y los beneficios sociales. Todo relacionado con todo lo demás. La reestructuración interconectada con el dominio mundial, con secuencias automultiplicadas de dinero privado, desconectadas de cualquier función productiva o de vida real, no fue reconocida o detenida. Sólo fue más desregulada, a medida que los conflictos y las crisis hicieron o permitieron que el 1
Dejo el término original del autor, life capital, en cursiva, puesto que los términos «capital vital» y «capital de la vida», no comprenden este significado dual, y porque el término en inglés que sí lo hace es lo suficientemente claro en su significado en cualquier contexto de este libro. También, el término «capital vital» puede ser confundido con el vitalismo, una cuestión filosófica de más de 100 años que el término life capital en inglés busca trascender (N. del T.).
Prefacio
mortífero mecanismo causal funcionara. Las crisis no fueron vistas como mutaciones malignas del sistema, sino como «una forma de lograr las premisas básicas» y «reestructuración necesaria» para el «libre mercado global». Las consecuencias fatales no fueron previstas. Eran meras «externalidades» de las secuencias de dinero privado y del código de valor de las mercancías, con los circuitos aún en marcha, multiplicándose por piloto automático como «más libertad y democracia». La libertad y la democracia vienen a significar lo que el sistema requiera. Sin embargo, el dominio de las secuencias de dinero privado transnacional sobre las naciones había sido previsto por los planificadores en términos más precisos. En palabras de David Rockefeller en 1991 en Bilderberg, un código de valores aún más grande fue afirmado: «una soberanía supranacional de una élite intelectual y de banqueros» en reemplazo de «la autodeterminación de las naciones practicada en siglos pasados» (es decir, el autogobierno)2. Rockefeller agradeció a «la prensa» asistente por «no haberlo destapado a la luz pública durante esos años» de institución del Nuevo Orden Mundial. El plan había estado en obras durante algún tiempo. A medida que fue compartido con la élite corporativa global de Bilderberg, la Unión Soviética se derrumbaba, el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) se había convertido en la ley económica prototipo de la naciente OMC (Organización Mundial del Comercio), y la desregulación financiera mutaba sin control alguno. Mientras incansablemente se proclamaba como una liberación global del Estado, con colaboración entusiasta de la prensa y la academia, el plan fue de hecho impuesto desde un solo sentido con los tratados supranacionales en grandes segmentos de «todo o nada» de derechos de los inversionistas, no debatidos por los cuerpos legislativos, reconociéndoles todos.
2
Citado por http://freedomlaw.com/coffee.html, que menciona entre sus patrocinadores al Cato Institute, The Heritage Foundation y al Mackinac Centre for Public Policy.
La fase cancerígena del capitalismo. De la crisis a la cura
Los derechos sólo a las empresas transnacionales. En estos monolitos de reglas burocráticas semisecretas, con interminable jerga legal corporativa que casi nadie ha leído, la lógica interna no ha sido discernida. Los trabajadores no tienen derechos, ni los ciudadanos, ni el ambiente, ni los mismos cuerpos legislativos de carácter democrático. Todos desaparecen de la vista en estos monumentales edictos-tratados transnacionales, que sólo incluyen la protección de los derechos de los «inversionistas» supranacionales. Sus derechos se explican con todo detalle en el derecho internacional vinculante, que durante mucho tiempo había sido señalado como imposible en todos los pactos y tratados de derecho que protegen la vida, un cuerpo de leyes mucho mayor, desarrollado y participativo a nivel internacional, que incluye los convenios internacionales contra crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, todos los cuales fueron ignorados. Es en esta aplicación detallada, amplia y restrictiva de los derechos de las secuencias de dinero privado transnacional, y en la exclusión de todos los derechos y leyes de la vida evolucionada, donde podemos detectar en su accionar mutante al código cancerígeno no detectado. Mientras que los economistas, encerrados en sus anotaciones autistas, asumen todas las mutaciones institucionales como la expresión de «leyes económicas», los miles de páginas de regulaciones vinculantes, no sólo hicieron caso omiso del trabajo, los mercados locales y las legislaturas electas, sino que fatalmente en la mayoría de los casos, de todos los requisitos de la vida humana y natural en el tiempo generacional. El principal problema, es que el trastorno no se ha reconocido como lo que es. La mutación subyacente del sistema ha procedido mediante vastas e interminables inyecciones de dinero público, premios por fallas colosales del mercado, dádivas que excedan el gasto en necesidades sociales y, esencialmente, con la entrega de las llaves de los tesoros públicos a los responsables del colapso de 2008, junto con la renuncia de toda responsabilidad por enmendar las normas malignas. Así, los mercados de valores, los directores de las corporaciones y los grandes bancos, siguieron haciéndose cada
Prefacio
vez más ricos, incluso después del colapso de 2008 liderado por ellos. Más profundamente, el rendimiento del sistema a largo plazo, ha demostrado sólo mayor desempleo, indigencia, basura, desperdicio y productos tóxicos, que el resto de la historia de la humanidad en su conjunto; y cada vez más enfermedades no transmisibles y expolio ecológico sin fin. Sin embargo, ¿dónde se hacen las conexiones? Es una historia compleja interconectada. La subyacente mutación del sistema ni siquiera hoy es revisada como la causa común de lo que vino después. La conexión básica macro es especialmente reprimida. Mientras las mutantes y cada vez más degradadas oleadas de multiplicaciones de secuencias de dinero se globalizan, estas deben ser pagadas mediante el despojo de la población, de los trabajadores y de los sistemas que soportan la vida, para asegurarse frente a la inflación que devalúa las escaladas de las tomas por parte de las secuencias de dinero privado. En el lenguaje del paradigma del life capital explicado por este estudio, las secuencias de dinero despojan a la vida y al life capital en todos los niveles para seguir creciendo; los códigos de valores en guerra de la gran crisis mundial y la recuperación han seguido adelante. Un asalto directo y sistemático de los sistemas públicos de apoyo a la vida, a los salarios, los puestos de trabajo seguros y las protecciones ambientales, se deriva del código del mecanismo de secuencias de dinero fuera de control, sin un compromiso de función vital, globalizado con un avance exponencial a través de las bases de la vida humana y planetaria, las culturas y los propios gobiernos. Así, desde el cambio de Thatcher y Reagan de 1979 a 1980 hasta el presente, una campaña de estilo bélico de una desposesión tras otra, en nombre de las «reformas de mercado», provino de los pueblos a los que nunca se les dio la oportunidad de recuperarse, ya que ahora tenían que competir con las regiones más explotadas del mundo carentes de sindicatos, democracia, programas sociales o incluso de derechos civiles, en la carrera global hacia el fondo de los salarios, los beneficios y las protecciones ecológicas y del lugar de trabajo. La financiación de la totalidad de la «soberanía supranacional» de las secuencias de dinero
La fase cancerígena del capitalismo. De la crisis a la cura
privado transnacional, provino del sistema de banca privada centrado en Wall Street. En coherencia legalista, el gasto social ha sido removido por «prohibitivo», el continuo recorte de la mano de obra en pro del «valor para los accionistas» se ha redoblado, y toda organización de resistencia colectiva frente al mal ha sido aniquilada a cualquier nivel en que se defienda, como se había estipulado. Al mismo tiempo, los ciudadanos están encerrados en el crecimiento maligno de la depredación de la vida y los sistemas que la soportan. Aparte de la propaganda mundial prácticamente sin fisuras de los medios de comunicación y las declaraciones de Estado, las pensiones futuras de todo el mundo han estado cada vez más ligadas a estas mismas secuencias de dinero altamente transnacionales; casi ningún trabajo o financiación puede estar seguro por más tiempo sin recurrir a ellas; consignas de «no hay alternativa» han sido constantemente proclamadas como hechos inexorables a lo largo de las fronteras; las universidades han perdido sus fondos, pasando a servir a la agenda global del lucro y las mercancías, y (en la menos notoria gran guerra del movimiento) las bases de la riqueza pública siendo saqueadas para entregarle subsidios al programa de valores dominante. ¿Dónde encuentra uno la excepción? Todas las tendencias del sistema en declive se profundizan, pero el patrón profundo y aún sin examinar continúa siendo tabú como para pensar en él. Estas tendencias explican las coordenadas de la mayor crisis de la vida humana y planetaria de la historia, pero uno no las encontrará mencionadas en ningún lugar. Todas están en una vía inclinada hacia abajo, siendo este el significado inicial más amplio del gráfico a la baja en la portada de este libro. Todas son catastróficas en el largo plazo. En la medida que los lectores las consideren en una identificación preliminar, las preguntas deben ser planteadas. ¿Por qué se ven sólo en partes y bajo lentes aislados, sin conexión entre ellas? ¿Está la ceguera más militante, ahora confinada a la clase «dirigente», esto es, a todos los cargos y puestos que deciden que el mismo sistema global se extienda aún más, en lugar de reformarlo a la luz de sus sistemáticamente desastrosos efectos sobre toda la vida?
Prefacio
El aire, el suelo y el agua se degradan acumulativamente; los climas y los océanos se desestabilizan, las especies se extinguen a ritmo pasmoso en todos los continentes, los ciclos de (y los volúmenes de) contaminación aumentan hasta poner en peligro los sistemas de vida a todos los niveles con efectos de cascada; la mitad del mundo está en la indigencia y continúa aumentando mientras se multiplica la desigualdad, el sistema alimentario mundial produce más y más basura incapacitante y contaminante sin valor nutricional alguno, las enfermedades no contagiosas se multiplican hasta ser el asesino más grande del mundo, con sólo curas para los síntomas; el futuro profesional de la nueva generación se desploma en todo el mundo, mientras que sus deudas bancarias aumentan, el sistema financiero global ha dejado de funcionar para las inversiones productivas en bienes vitales, los organismos de interés colectivo de gobiernos y sindicatos son eliminados, mientras que los subsidios estatales con fines de lucro se multiplican; las leyes y métodos del estado policial avanzan, mientras las guerras beligerantes en favor de los recursos corporativos aumentan; los medios de comunicación son vehículos de publicidad, y la academia se reduce cada vez más a las funciones corporativas; los sectores y servicios públicos son desprovistos de sus fondos de forma incesante, privatizados como evasión de impuestos, y la financiación y los servicios corporativos transnacionales aumentan al mismo tiempo en todos los niveles. ¿Quién puede negar las tendencias profundas del declive en consistencia con los hechos? Pero, ¿dónde han sido conectadas, incluso en la alta teoría? ¿Cómo puede una causa común permanecer indefinida y sin investigar? ¿Cómo, en cambio, los gobiernos pueden interesarse sólo hasta «tranquilizar a los mercados financieros e inversionistas extranjeros» que dirigen el sistema causando estos efectos? A pesar de que una tendencia hacia empeorar en vez de a mejorar se ha gestionado por más de 25 años, todavía ningún paradigma de entendimiento recibido nos permite explicar la totalidad del mecanismo sistémico causal. La manifestación y el diagnóstico requeridos son el objetivo de este estudio. En el plano doctrinal, el pensamiento económico es, en principio incapaz de reconocer lo que ha salido mal.
La fase cancerígena del capitalismo. De la crisis a la cura
En la doctrina «neoclásica» dominante, un sistema de valores desconocedor de la vida ha sido construido. Ser racional es sinónimo de solo maximizar los propios intereses privados en términos de valor monetario; y lo que llamamos «economía», se limita a intercambios en el mercado privado, en los que sólo la mayor cantidad de valor de dinero para egoísmos atómicos importa. Nada más es tenido en cuenta. Dentro de este circuito de intercambio de dinero privado, ningún sistema es tenido en cuenta. Lo único que importa es la máxima ecuación de valor y su mecanismo de realización, esa oferta privada de mercancías se equilibra con la demanda privada de mercancías, automaximizando la competencia de todos, sin límites superiores o inferiores para nadie. Basta ver cómo este modelo reduccionista se equipara a priori a toda la «oferta y demanda de la economía», sin criterios de calificación. Nada más que mercancías con precios privados pueden ser tenidas en cuenta como oferta, ni siquiera uno, de todos los bienes sin precio de los sistemas de soporte de la vida natural y social, incluyendo al trabajo no remunerado, que conforman la esencia de la infraestructura económica, en la que los productos privados son sólo una volátil capa superior. Nada más que el dinero privado puede contar como demanda, todas las necesidades y exigencias de los sistemas orgánicos, sociales y vitales no cuentan para nada en este marco desconocedor de la vida de la «economía». Sin embargo esta lógica, carente de valor y sentido, es siempre ignorada. De hecho sus «leyes» de igualación entre el dinero privado dispuesto a pagar (demanda) y las mercancías privadas a la venta (oferta), se prescriben cómo el «más óptimo» o «el mejor de los mundos posibles» necesariamente opera. Ninguna responsabilidad colectiva o sobre la vida jamás es requerida. Puesto que «la mano invisible del mercado» todo lo maneja a través de la competencia autorregulada de los egoísmos atómicos automaximizadores, que sólo demandan más mercancías y ganancias ad infinítum. Para rematar, cualquier intervención por parte de la autoridad pública sobre el crecimiento de este intercambio de dinero desconocedor de la vida, disfrazado como «la
Prefacio
economía», es una herejía; y cualquier otra forma de vivir (por ejemplo la socialista) es vista como maligna a escala social. Aún más, los agentes económicos que no automaximizan las mercancías y las ganancias privadas son irracionales e inmorales. Encauzar el dinero invertido en una empresa hacia los trabajadores o el bienestar social es declarado ilegal por decisión de la Corte Suprema del Estado (ver el caso Dodge v. Ford en el Estado de Michigan), y las leyes para proteger a los ciudadanos a través de las autoridades públicas son anatema para la doctrina. A los gobiernos actuales por tanto, se les exige bajo montañas de nuevas regulaciones de carácter coercitivo «no disminuir la oportunidad de ganancia» de cualquier organización corporativa transnacional, so pena de una sanción económica severa. Todo esto será explicado con todo detalle más adelante. En teoría, los intercambios automaximizadores a nivel atómico producen matemáticamente, y por sí mismos, efectos óptimos dentro de un modelo de intercambios diádicos de bienes privados en el vacío. Sin darnos cuenta, pocos se quedaron con todos los activos, y el resto sólo con deudas y pagos de las mismas sin un correctivo al sistema; pero este es el «mercado sin restricciones», dándole a las personas su «pago debido» en «un sistema libre y democrático». Más profundamente, la expoliación de los sistemas mundiales que soportan la vida: el aire, el agua, los hábitats naturales de la vida, los recursos públicos y la estabilidad climática, son todos clasificados como «externalidades», sin que se les permitan correctivos más allá de demandas privadas o nuevos mercados (por ejemplo vía derechos de contaminación). Una vez que se decodifica la lógica interna de valor y el significado del sistema, uno ve cómo las cosas pueden ir muy mal, pero esta posibilidad en principio no es reconocida por la doctrina. Las fijaciones ideológicas todavía ocupan las noticias de hoy, desde el Tea Party de los Estados Unidos, hasta la continua desestabilización del clima y los océanos del mundo y las «crisis de deuda» sin remedio de Europa. Lo que no se reconoce, es que siguen proclamando al máximo programa de valores como si se tratara de un diseño perfecto de Dios, que de hecho es la lógica deísta infalible de la doctrina desde un comienzo.
La fase cancerígena del capitalismo. De la crisis a la cura
Esta lógica de valores imperante que no ha sido revisada, requiere un estudio de segundo orden, y en forma sintáctica, de los axiomas en funcionamiento, y del seguimiento de sus repercusiones en sus correlaciones con el mundo para poder seguir sus consecuencias. Ningún economista hace esto porque cada paso es bloqueado a priori por la estructura profunda de la doctrina y su modelo cientificista. Ningún filósofo moral lo hace tampoco, en la medida en que está por fuera de los límites el reconocerlo dados los tabúes metodológicos y sociales. Incluso el crítico Amartya Sen no puede concebir ninguna responsabilidad colectiva sobre la vida en la economía tal y como está modelada. A lo sumo, él reconoce que las hambrunas son un acontecimiento político, pero no una consecuencia económica estructural y, ciertamente, no una crisis a la que se deba hacer frente con ajustes estructurales en pro de los requerimientos de la vida. A este nivel, la responsabilidad colectiva es descartada como principio. Así, en su discurso de recibimiento del Premio Nobel en 1998, «La posibilidad de la Elección Social», la concepción de Sen de la elección social no incluye a ninguna acción colectiva racional que administre el sistema como tal o siquiera dicha posibilidad. La única acción es la de los individuos atómicos en una sumatoria de elecciones de mercado3. La posibilidad de estándares de vida que haya que cumplir, derivados de una autoridad pública constitucional, como lo fue la prohibición de la esclavitud, es excluida en principio de este marco económico de significado y valor4. El teorema de la imposibilidad de Arrow y otras construcciones teóricas, también descartan la acción colectiva con una reducción a priori a agregados atómicos individuales. Esto genera paradojas con ninguna elección social coherente posible. El problema subyacente no es reconocido como el confinamiento de la
3
4
Amartya Sen (1998), The possibility of social choice http://www.nobelprize.org/ nobel_prizes/economic-sciences/laureates/1998/sen-lecture.pdf. Estos estándares son explicados de forma sistemática en John McMurtry (2002), Value Wars: The Global Market versus the Life Economy. London GB: Pluto Press, pp. 112-262.
Prefacio
acción social y económica a los agregados atómicos, es un trastorno de la lógica5. Una anomalía ignorada, y que es fatal en sus consecuencias, es que las corporaciones de naturaleza privada no son reconocidas en lo legal ni en lo económico como organismos colectivos, a pesar de que ningún otro colectivo férreo con mando imperial de arriba hacia abajo es más fuerte y omnipresente en el mundo. Las corporaciones son sólo una «suma de partes contratantes bilaterales». Sin embargo, al mismo tiempo se les otorga protección colectiva ante la ley a todos los niveles, desde la ausencia de responsabilidad de sus accionistas individuales, a poderes supranacionales conferidos por el Estado para entrar y salir de las sociedades de un día para otro, con inmunidad efectiva frente a demandas y sindicaciones penales, mediante ejércitos de abogados corporativos, y en caso de ser sancionadas limitándose sólo a deducciones en las ganancias. En esta forma de poder colectivo de secuencias monetarias, las corporaciones de hecho tienen el derecho a utilizar los alias a su voluntad, a cruzar fronteras sin límites, a transferir secretamente los precios para evadir los impuestos, y de apropiarse y explotar el capital natural, humano y construido de la sociedad sin tener en cuenta las condiciones de aquella en su calidad de huésped. No hay requisitos de mantenimiento o mejora para estos derechos supranacionales en virtud de las regulaciones supranacionales. Las fuertes sanciones a los gobiernos soberanos en caso de incumplimiento, son evaluadas por tribunales corporativos transnacionales. Así, el modelo atómico de las sociedades como simples agregados de automaximizadores individuales, ha mutado en un todopoderoso sistema colectivista de corporaciones transnacionales que gobiernan las sociedades y el mundo sin otro propósito que la automultiplicación de sus secuencias de dinero. Sin embargo, todo esto es negado
5
Esto es explicado en mi monografía Human rights versus Corporate Rights: Life Value, the Civil Commons and Social Justice, Studies in Social Justice 5:1 (2011), 10-61.