HACIA LA REPRESENTACIÓN PERSPICUA WITTGENSTEIN 2
JESÚS PADILLA GÁLVEZ
Valencia, 2014
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Jesús Padilla Gálvez
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CONTENIDO INTRODUCCIÓN......................................................................................................... 9
Capítulo 1 WITTGENSTEIN VERSUS WITTGENSTEIN Introducción........................................................................................................... 27 1. El producto lógico y lo oculto........................................................................ 30 2. Problemas epistémicos.................................................................................... 35 3. La percepción del campo, el espacio y la imagen visual............................. 38 4. Borrosidad........................................................................................................ 41
Capítulo 2 ASPECTUALISMO Introducción........................................................................................................... 47 1. Percepción de un aspecto............................................................................... 49 2. La aspectualidad............................................................................................... 52 3. Aspecto y representación................................................................................ 54 4. Ceguera de los aspectos.................................................................................. 56
Capítulo 3 SOBRE LA GRAMÁTICA Introducción........................................................................................................... 59 1. Descubriendo la mitología............................................................................. 60 2. El experimento mental.................................................................................... 63 3. Un inciso acerca de la gramática.................................................................... 68 4. La inquietante falta de claridad...................................................................... 72
Capítulo 4 JUEGOS DE LENGUAJE Introducción........................................................................................................... 75
8 1. 2. 3. 4.
Contenido
Juego, lenguaje y juego de lenguaje............................................................... 76 Algunas características.................................................................................... 78 Representaciones holísticas minimalistas..................................................... 83 Las reglas........................................................................................................... 89
Capítulo 5 FORMAS DE VIDA Introducción........................................................................................................... 93 1. Acotaciones....................................................................................................... 94 2. Forma y formas de vida................................................................................... 98 3. Lenguaje y formas de vida.............................................................................. 100 4. Lo dado.............................................................................................................. 103 5. Descripción de los acontecimientos.............................................................. 106
Capítulo 6 REPRESENTACIÓN PERSPICUA Introducción........................................................................................................... 109 1. Representación como escenificación............................................................. 112 2. Representación perspicua, visión sinóptica, vista de pájaro...................... 115 3. Formas de representación............................................................................... 118 4. Sobrevolar en lugar de caminar..................................................................... 120 5. Justicia, imparcialidad, equidad..................................................................... 123 CONCLUSIÓN............................................................................................................... 125 BIBLIOGRAFÍA
Bibliografía de Wittgenstein........................................................................... 137 Bibliografía secundaria................................................................................... 139
INTRODUCCIÓN “«El lenguaje (o el pensamiento) es algo único» —esto se revela como superstición (¡no error!) producido justamente por ilusiones gramaticales”. Y ahora lo imponente recae sobre esas ilusiones, sobre los problemas. Wittgenstein, PU/IF, §110.
Representarnos lo que acontece a nuestro derredor perspicuamente se remonta a los inicios de la filosofía. Todos los humanos ansiamos comprender cómo se conjugan los diferentes modos y tiempos del verbo acontecer. Esta ambición pretende dar significado a los eventos que acontecieron, acontecen, acontecerán, hubieran acontecido, etc. Para ello requerimos de un análisis pormenorizado del lenguaje. Los comienzos del análisis se sitúan pues en la primera proposición del Tractatus cuando afirma “El mundo es todo lo que acontece”1. Esta primera propuesta de búsqueda de perspicuidad fue de gran importancia teórica desde dos puntos de vista. La vinculación del concepto “mundo” al de “acontecimiento” mostró que la filosofía analítica podía plantear cuestiones universales más allá del ámbito formal, y, lo que es más importante aún, se pudo demostrar ampliamente la hasta entonces muy discutida relevancia de la ontología en los estudios analíticos. Los resultados obtenidos sobre la relación entre los términos vinculados a los objetos y las cosas (Gegenstand - Sache - Ding) y las cuestiones de hecho, las descripciones sobre los estados de cosas y el conocimiento que tenemos en un momento dado (Tatsache - Sachverhalt - Sachlage) abrigaron la esperanza de que futuros análisis podrían proporcionar un conocimiento más exacto de los acontecimientos que ocurrían en nuestro mundo, contribuyendo así con importantes aportaciones a resolver las dudas
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Wittgenstein, TLP, 1.
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que el hombre intenta solucionar desde hace miles de años. Pero esta expectativa no llegó a realizarse. ¿Qué ocurrió? Wittgenstein se vio obligado a realizar un giro metodológico. El Tractatus había puesto especial énfasis en presentar una explicación de los sucesos que ocurrían en el mundo sustentado sobre supersticiones ancladas en una teoría pictórica. El cambio más relevante se podría definir como el giro formulado por Heráclito hace más de dos mil años. Wittgenstein se dio cuenta que el conocimiento humano acerca de los sucesos que acaecen en el mundo no se asientan en la cabeza, sino entre las cabezas, es decir, el conocimiento es una forma cooperativa de la vida humana. Por ello, para comprender lo que ocurre a nuestro alrededor, hacemos uso de lo que denominó los juegos de lenguaje entre hablantes. Estos juegos de lenguaje no sólo exteriorizaban un tipo especial de lenguaje sino que mostraba una serie de elementos claves para la comprensión del mundo. Retrospectivamente, podríamos decir que el hilo conductor de la propuesta de Wittgenstein estaba vigorosamente inspirado en un informe que leyó en el periódico y al que hace alusión en sus Diarios filosóficos. Se trataba de un accidente ocurrido en París. En el juicio posterior parece ser que las pruebas del accidente eran tan intrincadas que se intentó reconstruir lo acaecido en el accidente automovilístico mediante un modelo2. Sus alumnos recuerdan que Wittgenstein había mencionado dicho informe reiteradamente en privado y en clase. Malcolm hace referencia a esta noticia3 que es confirmada por von Wright4. La perspectiva de los personajes envueltos en el accidente y los observadores tuvo que ser tan compleja que el juez propuso representar el accidente mediante un croquis o un modelo en miniatura y a escala en el que aparecían autobuses, coches, muñecos, etc. que se movían como si fueran vehículos con el fin de reconstruir los acontecimientos acaecidos y determinar así los hechos ocurridos.
Wittgenstein, TB, 29-9-1914. Malcolm, 1961, 88. 4 von Wright, 1961, 20s. 2 3
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Este modelo —lo que Wittgenstein denomina con cierta insistencia “imagen”, es decir “Bild”— permitía, de modo sencillo, plasmar las descripciones que realizaban los transeúntes y las personas que participaron en el accidente. De hecho, esta idea de que el lenguaje ha de considerarse una imagen de la realidad se inspiró en el informe referido anteriormente sobre susodicho accidente. En el proceso se mostró en el tribunal un modelo en miniatura del accidente. El modelo servía como proposición, es decir como la descripción de los estados de cosas posibles (mögliche Sachverhalt). La función que se generaba con ello se asentaba sobre la correspondencia entre las partes del modelo (las casas en miniatura, los vehículos de juguete y los muñecos) y las cosas en el mundo real (las casas, los coches y la gente). Wittgenstein pensó que podría invertir la relación de analogía y decir que la proposición —en virtud de una correspondencia similar entre sus partes y el mundo— se debe considerar un modelo o imagen. El modo como las partes de la oración están unidas entre sí —la estructura de la oración— genera una imagen de una posible conexión entre los elementos reales y, por tanto un posible estado de cosas. Años más tarde, resumió dicha idea en el Tractatus afirmando al respecto: “En la proposición se ensambla, en cierto modo, el asunto abordado (Sachlage) por vía de ensayo”5. Dicho ensambladura se lleva a cabo mediante la combinación de los elementos. El modelo con el que se reconstruye el accidente, por decirlo de un modo genérico, se compone de elementos. Los constituyentes de una proposición están unidos o ensamblados entre sí —lo que genera una estructura proposicional— construyendo una imagen en el que los elementos representan posibles vínculos de aquellos elementos de la realidad expuestos por un entramado de estado de cosas (Sachverhalt). Estos “estados de cosas” se van perfeccionando sucesivamente mediante nuevos informes, lo que genera una transformación del conocimiento que tenemos sobre el asunto que abordamos (Sachlage). 5
Wittgenstein, TLP, 4.031.
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La pregunta crucial era pues la siguiente: ¿Cómo se determinaba el significado de lo que había acaecido? Los interlocutores en la sala de audiencias debían distinguir entre la función que asignamos a un muñeco de guiñol infantil y el papel que juega dicho muñeco en el modelo usado para reconstruir lo ocurrido tiempos atrás. Se trataba de indicar que el significado de muñeco en una obra de títeres y el mismo muñeco en el juzgado tenían un significado distinto. Lo que los hacía distintos era su fin y su posición excepcional en el entramado. Ambos criterios: finalidad y excepcionalidad había determinado la visión temprana en la obra de Wittgenstein. Esta teoría de modelos fue el primer conato en el desarrollo de lo que después se ha denominado la teoría pictórica o figurativa del lenguaje (Bildtheorie der Sprache) que era lo que actualmente denominaríamos una teoría primitiva de modelos6. En otro lugar se han introducido los elementos más relevantes que confeccionan su ontología por lo que no parece pertinente reiterar los elementos de lo que constaba dicha propuesta7. Resulta sumamente curioso que dicha iniciativa se derrumbe completamente y de los escombros resurja una nueva concepción. Pero, quedémonos un momento ante el accidente automovilístico. Supongamos que nos encontramos en la sala y el juez —es decir, nosotros, los que intentamos reconstruir lo que acaeció— escucha, uno a uno el informe del conductor del autobús (Sachverhalt), de los pasajeros que percibieron el accidente, oye la experiencia del conductor del automóvil, de los peatones, etc. El juez pretende determinar si se cometió una acción negligente o irresponsable que ocasionó un riesgo y produjo el accidente. Pero para llegar a una conclusión requiere la descripción de los afectados y los observadores. Según la propuesta temprana, cada uno describiría desde su perspectiva lo que observó que había ocurrido. Cada perspectiva sería representada mediante un modelo in nuce, es decir,
Wittgenstein, Nachlass, Item108. Vol. IV, Philosophische Bemerkungen, 108/207. 7 Padilla Gálvez, 2009, 21ss. 6
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un autobús, un coche y su muñeco en una escala inferior de modo que el juez se pudiese hacer una idea exacta de los “hechos” sobrevenidos. Pero, ¿nos ayuda dicho modelo a conseguir nuestros fines? ¿Qué fallaba en dicho modelo? Wittgenstein, pronto se dio cuenta de una serie de errores que no había tenido en cuenta en su teoría pictórica o figurativa y sobre los que trabajaría hasta su muerte. El primer error tenía que ver con el modelo propuesto. Se partía de la base que las descripciones referidas por todos los individuos que habían participado activa y pasivamente reconocían una representación abstracta que todos compartían. Es decir, la teoría pictórica presupone que todos los hablantes de la sala comparten los mismos patrones conceptuales, gráficos o visuales. Por tanto, se infería implícitamente que todos participaban de la misma proyección conceptual, por lo que cuando los testigos declaraban ante el juez, coincidiría el lenguaje usado en la descripción acerca de los hechos ocurridos. La simulación llevada a cabo por el juzgado sería pues entendida por todos los testigos que, a su vez, ayudarían a explicar, describir, y, por ende, a resolver lo ocurrido. Esta conjetura era completamente errónea ya que presuponía que los testigos tenían qué compartir y dominar los mismos juegos de lenguaje y que existía un baremo universal en la percepción. Sin embargo, Wittgenstein se dio pronto cuenta que los hablantes ni tenemos que compartir, ni dominar los mismos juegos de lenguaje con otros hablantes aunque coincidamos en hablar la misma lengua. Por ejemplo, muchos enunciados expresan meras supersticiones que no comparten todos los hablantes. Tampoco los testigos tenían que haber focalizado el accidente de manera coincidente. De este modo, muchos testigos, para no complicarse la vida, bien podrían haber dicho que compartían la misma observación que otro observador si bien, dicho aspecto no podría haber sido percibido ya que no coincidía la perspectiva. La teoría pictórica o figurativa del lenguaje (Bildtheorie der Sprache) ensamblaba los elementos diversos de este “collage” de juegos de lenguajes y aspectos desde perspectivas disimiles en un todo unificado. El mayor error del modelo figurativo se
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asentaba sobre su técnica. En dicha técnica, cualquier cosa, objeto de atención por el observador —nuestro juez en este caso— se “sacraliza” como “representable”, desde una piedra que llama la atención en la carretera a un anuncio que pueda haber distraído la atención del conductor, siendo pues la causa del accidente. De ahí que la teoría pictórica o figurativa amalgame los “objetos percibidos” en un collage unísono en los que todos los elementos debían ensamblarse como un puzle. Lo que no encajaba se desechaba. Wittgenstein observó en los años veinte que el lenguaje que usa el chofer del autobús no tiene por qué coincidir con el que usa el automovilista y aún menos con el tendero. Si bien todos hablan la misma lengua, sin embargo, su experiencia y sus conocimientos específicos hacen que cada uno se exprese de una manera distinta. Esto le permite “ver” un acontecimiento de modo distinto, usando herramientas lingüísticas disímiles. Las descripciones pondrían pues cierto énfasis en caracterizar ciertos aspectos determinados, algunos relevantes, otros irrelevantes. Al mismo tiempo descubrió que nuestra visión es siempre selectiva por lo que dicha focalización aporta aspectos muy específicos al modelo pictórico pero su carácter universal quedaba trastocado. Por esta razón, centra su atención en el estudio del lenguaje. La conjetura más relevante contra su propia propuesta del modelo que reproduce la teoría pictórica o figurativa del lenguaje (Bildtheorie der Sprache) es que se trata de una mera imagen transpuesta y compuesta. La gran dificultad de cualquier modelo es que en él se representan elementos reubicados y transversales. En los modelos pictóricos desaparece la perspectiva. Los acontecimientos —en nuestro caso el accidente supuestamente ocurrido en una calle de París— son tratados mediante un modelo en el que se fragmentan las líneas y las superficies y se introducen determinadas figuras — muñecos— que están en lugar de los individuos involucrados en el acontecimiento automovilístico. El lenguaje de la teoría pictórica o figurativa adopta así la perspectiva múltiple en la que se representan todos los elementos en un mismo plano. Con ello, la representación
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de los acontecimientos dejaba de lado la apariencia de los hechos que habían acaecido y en su lugar las cosas y los objetos adquieren una relevancia excepcional. Por eso, según la propuesta desarrollada en el Tractatus, al mismo tiempo y en el mismo plano pueden aparecer representaciones diversas del mismo objeto sin que se aprecie esta diversidad. El lenguaje usado en estas descripciones se entremezcla y se confunde. A finales de los años veinte hay un punto de inflexión. Este cambio tiene que ver con el estudio de las descripciones de las representaciones en el espacio euclídeo y el espacio visual. Ambos espacios se reemplazan incesantemente. Ya no existe un punto de vista único. Sin embargo, la pluralidad de puntos de vista son combinados de tal manera que generan problemas perceptivos. ¿Cómo se podría resolver estos problemas del mundo moderno? Para poder responder cabalmente a esta cuestión conviene indicar de entrada algunos puntos de vista formales. El error en la propuesta temprana se debía a que cuando los testigos describen el accidente, no lo hacen de modo que se pueda posteriormente reconstruir sobre dicha descripción un lenguaje ya conformado, pues ello desencadena sólo injusticias8. El fin que persigue el juez es la justicia. ¿Cómo puede administrarla cabalmente? Wittgenstein es muy explícito. De hecho, titula el capítulo de una de sus obras de tal modo que especifique su objetivo afirmando que el método de la filosofía aspira a representar perspicuamente las cuestiones de hecho gramaticales. Se propone que los argumentos sean transparentes. Mediante este método y finalidad se conseguiría hacer justicia9. Wittgenstein propone que se presenten las descripciones como tales y que permitan que irradien sus esclarecedores resultados sobre los asuntos considerados. Para poder entender a Wittgenstein —y dicho sea de paso, adentrarse en la filosofía actual— hemos de inventar un nuevo lenguaje filosófico. Cuando G.E.M. Anscombe tradujo al inglés las Investiga-
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Véase el argumento esbozado por Wittgenstein, BT, 202. Véase el argumento esbozado por Wittgenstein, BT, 414 (89).
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ciones filosóficas se vio obligada a inventar un lenguaje que era equivalente al usado por Wittgenstein en las Philosophische Untersuchungen10. También nosotros tenemos que hacer el esfuerzo por crear un nuevo lenguaje en castellano con el que podamos expresar de manera concisa los problemas actuales11. Por ello, el primer imperativo de este libro será formular un lenguaje nuevo para tratar los problemas de nuestro tiempo sin que surjan malentendidos y en el que perduren las supersticiones producidas por ciertas ilusiones gramaticales. Wittgenstein imparte a finales de diciembre de 1929 una serie de conferencias sobre temas muy variados. El 25 de diciembre habla sobre el espacio visual y, acto seguido, el 30 de diciembre, incluye un Anexo. En esos cinco días transcurridos se lleva a cabo una revolución filosófica cuya magnitud ha sido escasamente tenida en cuenta. Comienza afirmando erróneamente que el espacio visual tiene un nexo con el espacio euclídeo12. La búsqueda del nexo o la correlación, es decir del “Zusammenhang” es, por así decirlo, el tema de nuestro tiempo. La búsqueda de la juntura o enlace de dos o más asuntos no es obvia. El descubrimiento de la conexión de una cosa con otra permite exhibir la consistencia y la relación de dependencia que tienen entre sí. Juntar o unir una cosa con otra permite generar mayor fuerza o resistencia. El “Zusammenhang” permite prender y emprender un proyecto. Una conversación o una disputa no se pueden comenzar si no hemos reconocido el nexo entre los asuntos debatidos ya que podemos concordar o conformar temas y problemas. Pero, también nos remite a sus aspectos negativos ya que el que conoce el nexo puede impedir el desarrollo de algo. De hecho, en el
Wittgenstein, PU/PI, 2009, p. x. Desgraciadamente, las tres traducciones del Tractatus logico-philosophicus y la traducción de las Investigaciones filosóficas han generado mayor confusión en nuestro ámbito cultural. La primera, debido a la falta de sensibilidad de los traductores respecto a la lengua original alemana. La segunda, porque no se inventó el nuevo lenguaje. 12 Wittgenstein, WWK, 55. 10 11
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lenguaje jurídico se usa el término “nexo” o “trabazón” también para retener bienes o derechos. Cinco días más tarde corrige el error y afirma que usamos esencialmente dos lenguajes distintos: un lenguaje en el espacio visual y otro lenguaje, muy distinto, en el espacio euclídeo13. La distinción entre ambos lenguajes es similar a la diferencia que hacemos al usar los términos “ser” y “apariencia”. Así pues, decimos que dos segmentos en el espacio visual parecen similares, pero no lo son. Observamos que el bastón sumergido en el agua parece que está doblado pero, sin embargo, no lo está14. En el lenguaje ocurren procesos similares a los fenómenos de refracción. Un pez que nada bajo el agua parece hallarse a menor profundidad de lo que realmente está. Así como la imagen de un objeto visto a través de una superficie refractora plana —el agua en el experimento indicado—, es virtual y se forma del lado del objeto, es decir del lado de incidencia por lo que vemos al pez más próximo. Todo ello hace que podamos referirnos a un objeto y describirlo sin que el objeto se encuentre en dicho lugar. El lenguaje que describe nuestra percepción de los objetos puede generar una mera invención. ¿Cómo superar este escollo? ¿Qué ocurrió en esos cinco días de navidad? ¿Cómo transformó Wittgenstein su planteamiento originario acerca de los supuestos problemas sobre el espacio visual y el espacio euclídeo? ¿Por qué centra su atención en el estudio del lenguaje que usamos? Para responder adecuadamente a estas preguntas tenemos que esperar tres décadas en las que reflexiona sobre estos y otros asuntos. La respuesta a esos años de reflexión se condensa en un aforismo muy conciso en el que se descompone una frase muy manida en nuestra propia lengua y que usan los hombres públicos cuando nada se les ocurre. Wittgenstein afirma: “El lenguaje (o el pensamiento) es algo único” —esto se revela como superstición (¡no error!) producido justamente por ilusiones gramaticales”. Y ahora lo imponente recae sobre esas
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Wittgenstein, WWK, 59. En castellano debemos usar el verbo copulativo “estar” en lugar de “ser”.
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ilusiones, sobre los problemas”15. El lenguaje que usamos cotidianamente nos permite describir lo que sucede a nuestro derredor. Pero, dicha descripción también puede confundirnos. El propio lenguaje genera ilusiones ya que en sus estructuras hay depositadas muchas composiciones mitológicas. Muy a menudo usamos muchas proposiciones que expresan meras supersticiones. En su gramática están depositadas muchas configuraciones lingüísticas que generan ilusiones y que impiden avanzar o generar nexos. Esta conjetura es más o menos plausible, aunque pudiera considerarse asimismo como una manifiesta simplificación que debería mostrar los mecanismos por qué se encubren los procesos cognitivos. Los humanos nos comunicamos entre nosotros. Para ello generamos constantemente enunciados. Wittgenstein denuncia reiteradamente que lo escandaloso del asunto es que la mayoría de estos enunciados son meras construcciones gramaticales ilusorias que revelan las supersticiones del hablante. Paradójicamente, el hablante no comete errores gramaticales. La gramática puede aceptar como frase apropiada: “Madrid es única”. Bien es que alguien podría preguntar acto seguido ¿y, son únicas, también, Antofagasta, Barcelona, Cardiff, Detroit, Florencia, Lorica, Zagreb, etc.? Y la respuesta sería que cualquier ciudad, pueblo, animal, individuo, etc. puede ser considerado como es ser único. Ciertamente, el hablante no comete error alguno cuando construye dichos enunciados pero no pasan de ser meros fetiche lingüísticos. El oyente, en general, de esas ciudades asentirá complacido ante el orador de turno que la enuncia. Sin embargo, dicha proposición no pasa más allá de ser una mera ingenuidad en el que está depositada toda nuestra mitología. ¿Qué significa que algo sea “único”? ¿Que sólo hay un ejemplar de “Buenos Aires”? ¿Qué dicha ciudad es extraordinaria, o fuera de lo común? Tampoco vamos a encontrar una ciudad idéntica a Zagreb. Con ello, podemos fácilmente comprobar que nuestro lenguaje puede carecer de contenido y ser completamente vacuo. Un enunciado puede estar bien
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formado y el hablante que lo usa no comete errores lingüísticos alguno pero, sin embargo, nos transporta al mundo supersticioso sobre el que descansa nuestra vieja mitología pre-racional. Esta mitología parte de que cada suceso se caracteriza por su singularidad; es decir, su particularidad. Esta aseveración requiere que sea precisada con algunas matizaciones. Así pues, en el estudio de filosofía se piensa y se exige a los estudiantes que aprendan de memoria ciertas oraciones reiterativas que ha de reproducir públicamente o colectivamente en ciertas circunstancias (exámenes, oposiciones, congresos, etc.). También entre los “filósofos” de este siglo es usual modos de recitar obligándose a repetir ciertos programas durante su vida académica. Los filósofos supersticiosos piensan que la proliferación de dichas estructuras lingüísticas influye su vida. Y, ciertamente, esto es así. Si reiteran las frases que ha dicho el profesor y las escribe en el examen o la presenta en la oposición, consigue aprobar la asignatura o la plaza con la cual viva holgadamente el resto de su vida. Este tipo de procedimientos son útiles. Lo que distingue la superstición de la filosofía es que la primera establece meros nexos causales entre acontecimientos y ciertos modos de expresión con un contenido meramente crédulo. La mayoría de las veces, dichas conexiones son arbitrarias y nacen del capricho. Para afianzar su relevancia insistimos en su carácter singular. Algo parecido sucedió con la objeción desarrollada por Wittgenstein contra la teoría del juicio que desarrolló B. Russell a principios de siglo. Dicha objeción fue un acontecimiento tan relevante que afectó a todo lo que hizo Russell posteriormente. El propio Russell afirmó que dicha conjetura quebrantó cualquier esperanza de que pudiera escribir una obra fundamental en filosofía. Como sabemos, cualquier teoría de modelos está sumamente interesada en el desarrollo de una lógica de las relaciones en la que se asienta el estudio de los nexos. Esta fascinación presupone que si conseguimos desarrollar este tipo de lógica podríamos incorporar a nuestro lenguaje todos los elementos, símbolos y reglas que son necesarios para expresar un
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enunciado. Así pues, podemos decir que Juan es hermano de María. Por tanto, entre Juan y María existe una relación de parentesco de primer grado. Pues bien, Russell era de la opinión que si Luis decía que Juan era hermano de María, entonces de esta proposición se deducía directamente la proposición de que Juan era hermano de María o Juan no era hermano de María sin que se requiriese el uso de otra premisa. Es decir, si Luis afirmaba que Juan era hermano de María entonces sin requerir inferencia alguna se debería saber que la proposición expresada en la disyunción de una relación y su negación serían siempre verdaderas. Wittgenstein presentó serios argumentos y dudó que desde un punto de vista cognitivo pudiésemos garantizar que se cumpla el principio del tercero excluido en una proposición en la que se expresaban relaciones entre las partes. La teoría propuesta por Russell no cumplía dicha condición ya que aceptaba asimismo ciertas supersticiones. Wittgenstein recalca que la superstición que generamos mediante la vinculación de un nexo entre ciertos acontecimientos y determinadas expresiones genera, por lo general, profundas inquietudes. Por ello se requeriría dar una respuesta a la cuestión de por qué genera cierta profundidad una broma bien construida gramaticalmente. ¿Por qué están tan enraizadas esas “bromas gramaticales” en nuestro lenguaje y que corroboran nuestra superstición filosófica? ¿Por qué nos asentimos complacidos cuando alguien afirma el enunciado “Einstein es único”? Sólo precisamos leer algún libro de filosofía o algún trabajo escrito para comprobar que se escriben ciertas estructuras lingüísticas con una falsa apariencia de ser evidentes. Wittgenstein reitera que no son acertadas, sin embargo, el coro insiste que las ilusiones son gramaticalmente correctas16. Esta lucha entre la razón y el coro es el motivo fundamental de estas indagaciones. El coro repite sin cesar, “el bastón está partido”. La razón debe desarrollar una teoría óptica que permita comprender la ilusión que produce la refracción en el agua y que generan aberraciones ópticas. Sin em-
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Wittgenstein, PU/IF, §112.
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bargo, el problema es que dichas aberraciones se han instaurado en nuestro lenguaje generando tergiversaciones. Reiteradamente se corea el aforismo del Tractatus “La forma general de la proposición es: se comporta de esta y de la otra manera”17 En sus escritos tempranos, Wittgenstein creía que con dicha expresión accedíamos a la naturaleza misma de las cosas. Sin embargo, en sus escritos posteriores se da cuenta que lo único que introducimos son ilusiones gramaticales que describen meras ilusiones ópticas. Pero, ¿cómo se generaron dichas ilusiones? Wittgenstein gustaba de poner ejemplos de su época que muchos lectores contemporáneos ya no entienden. Por ello parece recomendable que exhibamos alguno actual. Cuando a un político se le pregunta, ¿Cuál es el primer problema de la juventud que solucionaría? La respuesta actual es reiterativa y viene a decir: “El paro que es una lacra que hay que intentar paliar”. ¿Qué significa ese enunciado? ¿Significa esto que el fenómeno socioeconómico y laboral del desempleo ha de considerarse una secuela o señal de una enfermedad o achaque? O, tal vez, tengamos que analizar el paro como un vicio físico o moral que marca a quien lo tiene. Estas formas expresivas reiterativas durante un tiempo muestran que el lenguaje puede cautivar una imagen (Bild). Y esta imagen puede desfigurar el significado hasta su incomprensión. Esta deformación genera estragos en nuestro sistema cognitivo que llega —como en el caso concreto—, a que la sociedad tenga tasas de paro increíblemente altas sin que existan alteraciones visibles de un cambio en la política laboral. Dicho ejemplo es extrapolable —ya que el término “lacra” se usa también en otros contextos— para fenómenos tan dispares como el terrorismo o la corrupción. Estas expresiones nos tienen cautivos porque generan imágenes (Bild) que asientan las ilusiones gramaticales. ¿Cómo podríamos salir de este estado? Wittgenstein desarrolla un instrumento efectivo asentado sobre el estudio de diversos juegos de lenguaje.
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Supongamos un instante que tenemos que explicarle a un niño de qué partes consta un enunciado18. Para ello, Wittgenstein propone que construyamos diversos juegos de lenguaje19 mediante los cuales podamos exhibir la estructura básical de lenguaje. Así pues presenta un juego elemental de lenguaje que ayuda a entender el lenguaje en general20: un hablante dice a un niño o a un adulto “¡luz!” y a su vez enciende la bombilla de una habitación. Seguidamente, apaga la luz y dice: “oscuro”. Repite el ejercicio varias veces acentuando la acción y variando los intervalos. Seguidamente, van a la siguiente habitación y le pide al niño que diga si está encendida o apagada la luz. En esta práctica, los términos “luz” y “oscuridad” no se consideran palabras sueltas sino que están en lugar o son abreviaturas de enunciados simples. Wittgenstein propone ciertos juegos de lenguaje con el fin de que estos proyecten un efecto esclarecedor sobre determinados problemas concretos21. Este juego del lenguaje no informa cabalmente que haya individuos que modelan el lenguaje usando generalmente determinadas estructuras gramaticales. Este lenguaje fragua una forma de vida determinada del siguiente modo: La primera tesis afirmaría que el significado de una palabra puede llevar enclaustrado un enunciado. Es decir, cuando un hablante usa una palabra, esta puede actuar como abreviación de un enunciado. ¿Cómo se sabe que un término enclaustra un enunciado? La respuesta la expone Wittgenstein mediante el ejemplo afín. Así pues, si entre dos hablantes existen problemas de comunicación, entonces el oyente puede interrogar al hablante acerca de lo que quiere decir22. Si digo a alguien “¡Luz!”, su significado podría ser: “puedes poner, por favor, la luz” o “serías tan Wittgenstein, BT, 121-145. “Funktionieren des Satzes an einem Sprachspiel erläutert” Wittgenstein, BT, 141. 20 Wittgenstein, BT, p. 141.4. Esta abreviatura podría entenderse del siguiente modo: donde aparece el término “luz” el hablante y el oyente saben que se refieren a “pongo la luz” o “conecto el interruptor”, etc. 21 El texto dice: “...und lasse sie ihre aufklärende Wirkung auf die besonderen Probleme austrahlen”. Wittgenstein, BT, p. 141.3. 22 Wittgenstein, BT, p. 142.2. 18 19
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amable de encender la luz” o “¡pon la luz!, etc. Está claro, que estos enunciados han de ser considerados como un sustituto de la palabra “luz”. Esta última ha de ser considerada como una abreviatura de un enunciado. La segunda tesis afirma que el significado de una palabra sólo se conoce mediante la comunicación. Todo el juego de lenguaje se resuelve exclusivamente en el marco de la comunicación. Se podría afirmar que el significado de un enunciado se desenvuelve en la comunicación. La tercera tesis asevera que una palabra puede expresar y ser expresada de múltiples formas. La cuarta tesis tiene que ver con un problema que genera el uso de los juegos de lenguaje. Cuando mantenemos una conversación con alguien se requiere explicitar en lo que coincidimos (“Übereinstimmen”). Por esta razón, muchas veces nos vemos obligados a aclarar la relación entre el término “luz” y el simbolismo o el juego simbólico y como estos se corresponden con la realidad23. El juego de lenguaje está directamente vinculado al uso que hacen el hablante y el oyente de ciertos términos lingüísticos. Analizando el ejemplo del accidente descrito desde la perspectiva tardía, observamos que el modelo tractariano dejaba de lado los múltiplos usos que hace el hablante cuando se comunica con otros hablantes. Probablemente, el juez dio una solución al accidente reseñado pero, al mismo tiempo realizó un esfuerzo por unificar criterios allí donde hay divergencias y que serán abordadas en este libro. Esta breve presentación nos sitúa finalmente ante el problema crucial que ha de resolver toda introducción, ¿cómo hemos de leer la obra de Wittgenstein? Dar una respuesta a esta pregunta no es fácil. Primero porque nuestro autor escribe de modo muy distinto a lo largo de su vida; segundo, porque modifica su escritura y el lenguaje usado. Por ello, recomiendo que vayamos por pasos. En esta segunda etapa de la vida de Wittgenstein comienza impartiendo conferencias en Viena, prosigue escribiendo un libro, titulado The Big Typescript24, Así pues, afirma: “Inwiefern stimmt nun das Wort “Licht” im obigen Symbolismus oder Zeichenspiel mit einer Wirklichkeit überien - oder nicht überein?” Wittgenstein BT, p. 142.5. 24 Wittgenstein, BT, 2000, 546 págs. 23