MEMORIA DEMOCRÁTICA DESDE EL ÁMBITO LOCAL. METODOLOGÍA Y PROPUESTAS
MEMORIA DEMOCRÁTICA DESDE EL ÁMBITO LOCAL. METODOLOGÍA Y PROPUESTAS
Director JUAN CARLOS SÁNCHEZ ILLÁN Universidad Carlos III de Madrid
tirant lo blanch Valencia, 2021
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Juan Carlos Sánchez Illán
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Autores ÁNGEL BAHAMONDE MAGRO Universidad Carlos III de Madrid MATILDE EIROA SAN FRANCISCO Universidad Carlos III de Madrid GUTMARO GÓMEZ BRAVO Universidad Complutense de Madrid EDUARDO RANZ ALONSO Universidad Carlos III de Madrid JUAN CARLOS SÁNCHEZ ILLÁN Universidad Carlos III de Madrid CÉSAR LUENA LÓPEZ Universidad Carlos III de Madrid JOSÉ LUIS SÁNCHEZ DEL POZO Catedrático de Enseñanza Secundaria y Presidente de la Asociación de Memoria Histórica de Getafe
Índice PRÓLOGO............................................................................................... 9 LUIS JOSÉ DOMÍNGUEZ IGLESIAS
INTRODUCCIÓN. LOS DESAFÍOS IDEOLÓGICOS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA.............................................................................................. 11 ÁNGEL BAHAMONDE MAGRO
LA LUCHA POR LA JUSTICIA Y LA REPARACIÓN DEL DAÑO MORAL 27 EDUARDO RANZ ALONSO
POLÍTICAS DE MEMORIA EN LA ESPAÑA DEL PRESENTE.............. 69 GUTMARO GÓMEZ BRAVO
PROPUESTAS PARA UNA MEMORIA DEMOCRÁTICA DEL SIGLO XXI...............................................................................................
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MATILDE EIROA SAN FRANCISCO
INTERNET Y CULTURA DIGITAL PARA LA DIFUSIÓN DE LA MEMORIA DEMOCRÁTICA EN EL ESPACIO EDUCATIVO.............. 127 JUAN CARLOS SÁNCHEZ ILLÁN
EXPERIENCIAS LOCALES DE MEMORIA DEMOCRÁTICA EN PERSPECTIVA GLOBAL Y COMPARADA............................................. 151 CÉSAR LUENA LÓPEZ
LAS POTENCIALIDADES DE LA MEMORIA EN GETAFE: UNA EXPERIENCIA EN EL AULA Y UN TRABAJO DE INVESTIGACIÓN.. 193 JOSÉ LUIS SÁNCHEZ DEL POZO
PRÓLOGO «Nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y dignidad de todos los ciudadanos, lo que merece la condena y repulsa de nuestra sociedad democrática» Exposición de motivos Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.
Solo mediante el conocimiento efectivo y riguroso de nuestra historia, del fortalecimiento de la memoria democrática colectiva, podemos avanzar en la garantía de no repetición de la misma. La Ley 52/2007, comúnmente conocida como Ley de la memoria histórica, sienta las bases para que los poderes públicos llevemos a cabo políticas dirigidas al conocimiento de nuestra historia y al fomento de la memoria democrática. Getafe es una ciudad plural y diversa, una ciudad cimentada sobre la Participación Ciudadana y los movimientos de reivindicación social y lucha obrera. Una ciudad que aborda lo diverso desde la inclusión y la inclusión desde el reconocimiento y la memoria. Es, en este contexto, sobre este pilar, el de la Participación Ciudadana, sobre el que se asienta la constitución en enero de 2020, con la participación de Partidos Políticos, asociaciones, colectivos y la Universidad Carlos III, la Mesa de la Memoria Democrática de Getafe. Un trabajo, el de la mesa de la memoria democrática en Getafe, que actúa bajo una premisa que no debemos perder de vista y es uno de los retos principales que debe buscar toda acción encaminada a la recuperación de nuestra memoria democrática: crear las condiciones de pedagogía social que favorezcan un proceso de enseñanza y aprendizaje que permita su transmisión y divulgación para que sea una garantía de no repetición. De ahí la importancia esta publicación, como instrumento pedagógico.
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Y todo ello con la necesaria sensibilidad. Los poderes públicos, y especialmente las administraciones locales, tenemos que velar porque los procesos de recuperación de la memoria sean fuente de reencuentro con la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas a la vez que espacios de normalización democrática que favorezcan la convivencia. Son estos principios, verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición, los principales ejes que orientan el trabajo de esta Mesa, que tiene su puesta de largo con la presentación de la presente publicación. Las jornadas organizadas por la Mesa de la Memoria Democrática, la Universidad Carlos III y el Ayuntamiento de Getafe que bajo el lema “La memoria democrática desde el ámbito local. Metodología y propuestas”, contaron con las aportaciones de los profesores Ángel Bahamonde Magro, Matilde Eiroa San Francisco, Gutmaro Gómez Bravo, Juan Carlos Sánchez Illán, Eduardo Ranz Alonso, José Luis Sánchez del Pozo y César Luena López, y que han supuesto una ejemplar puesta de largo, para la primera acción organizada por la Mesa. Tenemos por delante un largo camino por transitar en el que la pedagogía y la concienciación social se revela como el mejor de los senderos. El anteproyecto de Ley de Memoria Democrática aprobado en el Consejo de Ministros abre una nueva ventana de oportunidad, como la abrió la Ley 52/2007, en favor de la defensa y el conocimiento de la historia democrática de España, y el reconocimiento, la reparación, la dignidad y la justicia para las víctimas de la dictadura y la represión.
LUIS JOSÉ DOMÍNGUEZ IGLESIAS
Concejal de Cultura y Convivencia del Ayuntamiento de Getafe
INTRODUCCIÓN. LOS DESAFÍOS IDEOLÓGICOS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA ÁNGEL BAHAMONDE MAGRO
Catedrático emérito de Historia Contemporánea Universidad Carlos III de Madrid …habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y nonada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rancor ni la afición, no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir. Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Primera Parte, capítulo IX. Retomando el apotegma de Cicerón: La historia... testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, testigo de la antigüedad.
Quisiera comenzar esta Introducción con una imagen que evidencia claramente el más que difícil y problemático recorrido de la Memoria histórica y democrática en España. De mí mismo. Una referencia autobiográfica. Cómo es posible que en 1971 un chaval muy joven, que iba a terminar la carrera de Historia y que se iba a especializar en Historia Contemporánea, no tuviera ocasión siquiera de aproximarse al siglo XX español. Me lo hurtaron absolutamente. Segunda imagen. 19 de julio de 1936. El regimiento de artillería número 1, instalado exactamente donde está hoy en día la Universidad Carlos III de Madrid en su campus de Getafe, se subleva. La sublevación sería contrarrestada por el pueblo de Getafe, pero también por los aviadores del aeródromo y la base aérea próxima. Esta base había sido preparada muy eficazmente gracias a la labor del general de aviación Ignacio Hidalgo de Cisneros y López de Montenegro (1896-1966) y junto al conglomerado popular fue capaz de frenar la sublevación. Fue la primera sublevación militar en Madrid. Son horas antes que el Cuartel de la Montaña, y tuvo lugar precisamente en Getafe, en el Sur de Madrid, a escasos diez kilómetros de la Puerta del Sol.
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Tercera imagen, muy estrechamente interrelacionada con la anterior. 4 de noviembre de 1936. Las tropas africanas y la aviación alemana, es decir, las llamadas tropas nacionales, entran en Getafe. Ahí empieza una carnicería que no va a tener fin y que se va a desarrollar posteriormente, incluso después del 1 de abril de 1939. Llegó la Victoria –con mayúsculas- pero no llegó la paz, como dejó escrito magistralmente Fernando Fernán Gómez en su célebre obra Las bicicletas son para el verano. De hecho, yo creo que probablemente se perdió la paz en esa especie de pequeña guerra civil que tuvo lugar con la sublevación del coronel Casado y afines con la que se clausuró demasiado prontamente la Guerra de España, sin la posibilidad de exigir al bando vencedor al menos un mínimo de negociación, como he documentado y argumentado en mi obra Madrid 1939. La conjura del coronel Casado (Cátedra, 2014). Y, efectivamente, la matanza continuó. Hay que recordar que, desde noviembre de 1936, el ayuntamiento de Getafe se había replegado a Madrid. Luego va a venir, claro, esa mal llamada Victoria hacia ellos, para su represión. Estos hechos me llevan de forma natural a una reflexión. Y yo me pregunto cómo es posible que hayamos tardado ochenta años en saber estas cosas, qué ha sucedido, qué ha pasado y como historiador me lo planteo. Porque hay que abordar la necesidad más que perentoria de la recuperación de la Memoria democrática e histórica de nuestro país. Luego estamos hablando también y fundamentalmente de la recuperación auténtica y fidedigna del verdadero pasado histórico español. Un pasado que, de una forma o de otra, nos han arrebatado. Exactamente igual que a mí como estudiante me lo hurtaron en quinto de carrera, al conjunto del pueblo español tanto el régimen franquista como los primeros años de la Transición, con una forma muy peculiar de entender el cambio histórico que se había producido. A mí no me gusta hablar de desmemoria o de olvido, a mí me gusta hablar de hurto. Nos han hurtado nuestro pasado. Y por lo que respecta al franquismo, nos han arrebatado nuestro pasado de una manera claramente intencionada. No hay ninguna duda al respecto. Y quiero hablar sobre esto en esta Introducción. Si nos atenemos a una definición sencilla de verdad, y sostenemos que la verdad es la correspondencia que existe entre cualquier aseveración, cualquier con-
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clusión y la realidad a la que se enfrenta esa afirmación, conclusión o aseveración, enseguida veremos que este sencillo aserto ha venido siendo prácticamente irrealizable para los historiadores españoles hasta hace unos pocas décadas. Y hay que tener en cuenta, además, que el oficio de historiador no es simplemente el de un narrador. Yo no soy novelista ni mucho menos. Yo me tengo a mí mismo como un científico social y no tengo ninguna duda al respecto. Si se entiende la Historia como una ciencia social y no como un sistema de creencias, habrá que plantearse entonces cómo fue la historiografía española antes y después de 1975, pero sobre todo a partir de la década de 1980, pues marca nítidamente una frontera, un antes y un después, en este proceso historiográfico de reconstrucción. Marca una divisoria entre la forma de entender el pasado histórico de nuestro país por la historiografía afín al franquismo, basada en un sistema de creencias totalmente acientífico, un sistema de principios ideológicos y de creencias dogmáticas que convierte el pasado histórico español en un artículo de fe: creer aquello en lo que no se ve, creer aquello que no debe ser analizado en absoluto porque es una verdad inmutable. Esa es la forma de hacer Historia que se hizo en nuestro país a lo largo de cuarenta años. Y es una forma de hacer Historia que se arrastró posteriormente por la fuerza inercial que tenía esta forma de hacerla y concebirla. Hasta que por fin conseguimos romper esos parámetros y establecer una serie de nuevos paradigmas que, por fin, permiten aseverar que nuestra disciplina es, en efecto, una ciencia social. Nosotros, los historiadores de mi generación, hemos tenido que hacer una labor de recuperación histórica enorme. Porque no se trataba tan solo de recuperar la Guerra Civil. Hemos tenido que recuperar el siglo XIX, bastardeado por la historia franquista. Hemos tenido que recuperar la monarquía de Alfonso XIII, también malograda por la historia franquista. Hemos tenido que esclarecer, por supuesto y ante todo, a la propia Segunda República y la Guerra Civil así como la historia del franquismo. Claro, eso es lo que tuvimos que hacer a partir de 1975. Por qué. Porque el franquismo había hecho sencillamente cualquier cosa menos historia como una disciplina científica, cualquier cosa menos explicación científica. Lo que ya he dicho antes: había resumido la historia de España en un conjunto de dogmas de fe. La Historia de España entendida, literalmente, como una reserva espiritual de Occidente. Y eso viene, nada más y nada menos, que de
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la lucha de España contra los musulmanes durante la Reconquista. Y cabe preguntarse si ya existía entonces la idea de España. Pero, ¿acaso Boabdil no era español? Quizá tenga más sangre española que la propia Isabel la Católica que tiene bastante sangre francesa, portuguesa e inglesa, dicho sea de paso. España contra los musulmanes en aras de una llamada providencial. Es que la cosa empezaba así. Y la cosa seguía con el Imperio español. Yo creía que era el Imperio de los Habsburgo quienes, además, de ser reyes de Castilla y Aragón, eran monarcas o jefes de Estado de otras situaciones y otros territorios europeos, de otros espacios. Seguía el asunto con la maldición del siglo XVIII y aquí empezaba lo que culmina con la Guerra Civil. Comenzaba una visión casticista de la Historia de España que, por supuesto, dada su originalidad y singularidad debía permanecer impermeable a cualquier doctrina extranjerizante que ya se sabe, de una forma o de otra, lo que pretende es destruir esa originalidad española. La Ilustración, un mundo maldito. El mundo de la Enciclopedia, un mundo maldito, la masonería seguramente está detrás, viene de fuera… Pero, desde luego, en el siglo XVIII qué poca masonería hay y, en todo caso, es una masonería informal y es una masonería no organizada todavía, aunque sí exista algún masón. Al mismo tiempo, ¿qué tiene que ver la Ilustración con la masonería? Producto extranjerizante, francés, ateo… El término ateo que se llena entonces de un contenido muy difuso: es toda aquella persona que esté fuera de la grey trinitaria, católica, romana y apostólica. De este modo, se confunde a un agnóstico con un ateo, a un deísta con un ateo y todo ese confusionismo conceptual se produce a partir de un confusionismo bastante deliberado e interesado. ¿Y El siglo XIX? Otro siglo maldito. Es el siglo de la decadencia de España. Perdimos el Imperio y pasamos a ser considerados una nación moribunda… Pues menos mal que lo perdimos, me permito añadir, porque el coste del Imperio a la altura del ochocientos era completamente inasumible, auténticamente anormal. Así fue como intentamos convertirnos en un Estado nación de ciudadanos, lo cual va a fracasar en gran medida a lo largo del siglo XIX. Pero los historiadores franquistas no declaran maldito al siglo XIX por ese fracaso, sino porque algo extranjerizante había irrumpido en la esfera pública: el mundo constitucional, el mundo liberal y democrático ha llegado para distorsionar esa originalidad española que había nacido en tiempos de la Reconquista. Claro, con esta vi-
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sión es fácil colegir que una Historia así pergeñada no cabe dentro el concepto de ciencia social. Insisto, esto es un sistema de creencias a priori. Son montones de a priori que se convierten en axiomas que no pueden ni deben ser criticados. Y si se les censura, es porque el que lo hace es un mal español. Y así nos convertimos y así convirtieron a la Historia de España en un conjunto de lugares comunes. Una Historia, por cierto, que por fin había comenzado lentamente a recuperarse a partir de 1931. Sí, en parte también a partir de finales de los años 20. A partir asimismo de la creación del Centro de Estudios Históricos y de la ingente labor de personalidades como Rafael Altamira (1866-1951) o como Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984) y Américo Castro (1885-1972), sin ir más lejos. Unos historiadores profesionales que, por supuesto, en 1939 tuvieron que hacer las maletas, como otro conjunto de historiadores, para tenerse que marchar fuera de España, porque tanto su vida como su libertad o su dignidad estaban en serio peligro, en inminente riesgo. Y se marcharon fuera de nuestro país. Pero cuando yo todavía leo a Altamira o determinadas concepciones de Pere Bosch Gimpera (1891-1974), tengo que decirlo también, pienso que nuestro país desde el punto de vista mío, de lo que es la Historia, de lo que es la historiografía había dado por fin un salto cualitativo que en el año 39 quedaría totalmente en suspenso. El franquismo, en buena medida, no inventa nada a la hora de la verdad, porque el franquismo intelectualmente yo diría que es un encefalograma plano y lo digo seriamente. Pero sí diría que el franquismo tiene en cuenta, por ejemplo, lo que es el movimiento político y cultural de Acción Española. La concepción del franquismo de la historia española es la de todo el mundo antiliberal español que tiene sus orígenes en el siglo XVIII, que tiene su crecimiento con Juan Donoso Cortés (1809-1853) y con Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) en el siglo XIX y que desemboca en el siglo XX con el movimiento elitista de la revista de Acción Española (1931-1936), que no es sino una copia a la española de Action Française, pero francamente con una diferencia cualitativa muy grande, enorme. Es el nacionalismo casticista, no el nacionalismo ciudadano. Por todo ello, hay una cosa que yo lamento enormemente. Cuando voy de viaje a una ciudad española siempre pregunto a mis colegas
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dónde está la estatua a los constitucionalistas gaditanos de 1812. No hay. Solo en Cádiz. Así que, en este país nuestro, a la hora de recuperar nuestro pasado no es un punto de referencia las Cortes de 1810 a 1812. El primer país de Europa continental que se da a sí mismo una Constitución, después de Francia. No, esto no es conocido por nadie. No forma parte del acervo histórico colectivo del conjunto español. Pregunto, con sorna e ironía, dónde está la estatua de los liberales gaditanos. No está, no es un recuerdo en absoluto. Observamos las calles de Madrid y de tantas ciudades españoles y están llenas de nombre de militares golpistas y espadones de todo signo, desde el siglo XIX: que si Narváez que si O’Donnell que si Serrano… Mucha gente no les conoce, ciertamente. Pero estamos hablando de auténticos espadones. Últimamente se ha podido hacer una relativa limpieza de los nombres de las calles de Madrid con prácticamente todos los militares golpistas de 1936 que destruyeron nuestro país por completo. Y esto es así porque sabían muy ciertamente que la sublevación militar de julio de 1936 desembocaría en una guerra civil, corta o larga, pero en una guerra civil. Fueron a por una guerra civil para limpiar el país. No hay ninguna duda al respecto. Es esa famosa conversación del general Emilio Mola (1887-1937) con alguno de sus generales y lugartenientes en el palacio de la Capitanía General de Burgos el 21 de julio de 1936. Mola se lamenta, argumentando que se ha perdido la sublevación militar, ha fracasado por completo. ¿Y qué tenían entonces? En realidad, tan solo Galicia, lo que es hoy Castilla y León, un trozo de Aragón y Navarra. No tenían nada más. Las grandes ciudades, el cogollo urbano, es decir el núcleo de la modernidad en aquella época, que provenía de las ciudades, aunque la lucha social sí provenía del campo, habían permanecido del lado de la República. Las ciudades, el mundo industrial están con el Gobierno, así pues con qué fábricas de armas contaban los sublevados. Cómo iban a ganar aquello que ya era una guerra civil, evidentemente. Uno de los generales le contesta entonces a Mola, recordando que ya estaba apalabrada la ayuda italiana, nada menos que desde 1934. Y detrás de esta ayuda vendrá la ayuda alemana por el Eje Roma-Berlín, sin ninguna duda. A los italianos les interesa entrar en España, como es bien sabido, por la llamada cuestión del Mediterráneo. No es por simpatía ideológica entre fascistas, es simplemente por una cuestión de Estado. Les interesa
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el control del Mediterráneo y les interesa una potencia amiga como sería la España de la sublevación. Y a los alemanes les conviene entrar en la Guerra por dos razones, una por el laboratorio militar, como efectivamente muchas veces se ha dicho, y otra desde el punto de vista geoestratégico. Claro, se trataba de echar el aliento alemán encima de Francia a través de los Pirineos que no están defendidos. Una auténtica gloria para sus objetivos, teniendo en cuenta, además, que el Estado mayor francés había construido la línea Maginot pensando únicamente en un ataque frontal por parte de Alemania a través del Rin, antes o después. Y entonces Mola piensa, es verdad, la cosa cambia… Y, asimismo, contaban con el único ejército profesional, el de África, claro, los regulares moros y los legionarios extranjeros, alguno español, el llamado paradójicamente Ejército Nacional. Y si se puede sortear el Estrecho gracias a la aviación italiana y a la poca pericia de los marinos republicanos, dado que la inmensa mayoría de la oficialidad de la Armada estaba metida de lleno en la conspiración militar, pues sí tenían alguna posibilidad, no hay ninguna duda, razonaba Mola. Pero esto es una ironía: lo que se dice en esta conversación, no lo hemos podido saber científicamente hasta ochenta años después. Y hemos tardado prácticamente otros ochenta años en poder acreditarlo. Porque la relación del historiador y la verdad histórica ha sido muy accidentada desde 1936. Yo no soy filósofo y no voy a entrar en disquisiciones sobre las formas de categorizar el concepto verdad, según las distintas corrientes filosóficas, pero sí tengo una cosa clara: el historiador -el historiador científico- lo que pretende es analizar una realidad que es mensurable y que es reflexionable. Primeramente la falsamos y verificamos mediante documentos de todo tipo, nuestra materia prima, para comprobar y evitar vicios de esa documentación. El franquismo nunca se planteó su edificio historiográfico sobre la Edad Moderna y Contemporánea –la Edad Media les inquietaba menos, salvo la Reconquista- con estos parámetros y estos paradigmas. En absoluto. Y cómo es posible que hayamos tardado ochenta años para que un joven argentino como Pierpaolo Barbieri (1987) -que ha hecho su tesis doctoral en Harvard- pueda elaborar un libro sobre la todopoderosa Sofindus, con el título de La sombra de Hitler: el imperio económico nazi y la Guerra Civil española (Taurus, 2015), para explicar qué importancia tuvo realmente España para Alemania: el escenario
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en el que Hitler ensayó lo que el autor denomina el proyecto de un imperio informal es la hipótesis central de la obra. El ofrecimiento de ayuda militar a la llamada España rebelde trataba de afianzar los lazos con un aliado que le permitiría dar salida al mercado a su industria bélica y, a cambio, abastecer a Alemania de materias primas que permitiesen subsanar el déficit económico que arrastraba el país desde los años veinte. Así se construyó una empresa alemana que nos saquearía sistemáticamente, un auténtico holding de unas ciento cincuenta empresas que extrajeron nuestros recursos desde 1936 a 1945. ¿Cómo es posible que la prensa de la época no se refiriera ni una sola vez a Sofindus? No existía. En todo caso, se decía que eso no era historiable, eso no es Historia. Sacar esto a la luz, ponerse a analizar ese conjunto de cuestiones era mala intención del historiador antiespañol. El problema es que esa visión basada en creencias, en dogmas de fe adquiridos y acientíficos del franquismo, todavía subsiste en determinados grupos políticos hoy en día. Y les podemos poner nombre y apellidos. Subsiste en un Vox. Subsiste en un sector del PP, no digo en todo el PP. Esto subsiste en el día a día porque te encuentras con el votante de Vox y sale a colación el tema. ¿Cómo concibió el franquismo durante la guerra civil este sistema de creencias? Con un esquema muy claro con tres ejes. En primer lugar, se preparaba una revolución comunista en julio de 1936. Para ello, qué hay que hacer. Se fabrica un conjunto de papeles. Están a disposición del público en la llamada Causa General, que está accesible en internet. Las imaginarias andanzas del mítico propagandista del comunismo Béla Kun (1886-1938) en España también están disponibles en internet y se puede verificar que todo es un invento tremendo. Segundo. El régimen republicano era ilegítimo en origen y en ejercicio. Y me surge a mí una pregunta como historiador: ¿y desde 1713 qué es legítimo en España? Porque, que yo sepa, la dinastía borbónica vino a través de una guerra civil, a la que nosotros hemos bautizado como Guerra de Sucesión. Y que yo sepa desde 1837 a 1931, lo tengo perfectamente medido a través de mis propias investigaciones, nunca un gobierno perdió en este país unas elecciones por él convocadas. Nunca. Cómo es posible que hoy se afirme que las elecciones de febrero de 1936 fueron una falsedad. ¿Y entonces lo anterior? Porque las elecciones de 1936, si tú eres un historiador medianamente honesto, se deben comparar y contextualizar con el pasado. No se pueden