historia del derecho en América Latina
Samuel Moyn
Samuel Moyn
historia del derecho en América Latina
Samuel Moyn
NO BASTAN LOS DERECHOS HUMANOS EN UN MUNDO DESIGUAL
Los derechos humanos iniciaron su era de auge al mismo tiempo que el neoliberalismo económico se asentó alrededor del mundo. ¿Qué relación existe entre el ascenso de estos dos proyectos? En este libro, Samuel Moyn responde a esta pregunta haciendo una historia que muestra las formas como los derechos humanos perdieron su asociación con el estado de bienestar a finales de la década de los 1970, desatendiendo el proyecto de igualdad material y enfocándose, principalmente, en la defensa de la provisión suficiente de unas mínimas necesidades básicas. El libro sostiene que el abandono del proyecto de justicia material fue principalmente auspiciado desde el Norte global con el fin de contrarrestar las demandas redistributivas propuestas desde el Sur a través del Nuevo Orden Económico Internacional. Los derechos humanos se acomodaron a la llegada de un neoliberalismo que se preocupó más por la pobreza absoluta que por las diferencias entre ricos y pobres. Este libro es de gran interés para el lector en el Sur global, pues lo invita a entender las limitaciones que tienen el movimiento y el derecho de los derechos humanos en el proyecto de lograr un orden mundial más equitativo.
NO BASTAN
La colección “Historia del derecho en América Latina” pretende funcionar como un espacio de encuentro para las diferentes historiografías jurídicas de la región, ofreciendo además una plataforma editorial para los mejores y más novedosos estudios en la disciplina. Con miras a promover una participación más fructífera de los historiadores del derecho en la renovación de nuestra cultura jurídica, nos interesa apoyar la publicación de trabajos que exploren, con una perspectiva histórica, las múltiples relaciones del derecho con la sociedad, la cultura, la política y la economía, es decir, que no reduzcan la historia del derecho al análisis formal de normas antiguas. La premisa central de la colección es que el derecho sólo resulta plenamente comprensible a la luz de la realidad que le da forma y en la que a su vez influye de muy distintas maneras. Por eso nos importa especialmente impulsar aquellos estudios que aborden tanto las dimensiones culturales del derecho –sus cambiantes significados históricos– como su experiencia concreta, es decir, su aplicación y vigencia efectiva en la vida social, tal y como puede reconstruirse a partir de fuentes judiciales y administrativas.
LOS DERECHOS HUMANOS EN UN MUNDO DESIGUAL
historia del derecho en América Latina
Profesor de Derecho e Historia en la Universidad de Yale. Sus intereses académicos son muy amplios y giran alrededor de problemas relacionados con el derecho internacional, los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y el pensamiento jurídico, tanto desde perspectivas históricas como contemporáneas. Ha escrito varios libros, dentro de los cuales se destaca La Última Utopía (Editorial Universidad Javeriana, 2015) y frecuentemente publica sus textos en medios como Boston Review, Chronicle of Higher Education, Dissent, The Nation, New Republic, New York Times, y Wall Street Journal.
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Javier de Lucas Martín
Ana Cañizares Laso
Víctor Moreno Catena
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Héctor Olasolo Alonso
Owen Fiss
Luciano Parejo Alfonso
Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda) Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
NO BASTAN LOS DERECHOS HUMANOS EN UN MUNDO DESIGUAL
SAMUEL MOYN
Traducciรณn a cargo de: Jorge Gonzรกlez Jรกcome Profesor de la Universidad de los Andes
tirant lo blanch Valencia, 2019
Copyright ® 2019 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Not Enough. Human Rights in an unequal World © 2018 by the President and Fellows of Harvard College Published by arrangement with Harvard University Press throught International Editor’s Co
HISTORIA DEL DERECHO EN AMÉRICA LATINA Director:
Pablo Mijangos y González
© Samuel Moyn
© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1313-687-7 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A Joe
Índice Presentación Derechos humanos, neoliberalismo e inequidad en América Latina.................... 11 Prefacio....................................................................................................................... 17 Introducción.............................................................................................................. 21 1. El legado jacobino: los orígenes de la justicia social.......................................... 35 2. El bienestar nacional y la Declaración Universal................................................ 75 3. La Segunda Carta de Derechos de Franklin Delano Roosevelt......................... 111 4. La globalización del bienestar luego de la caída de los imperios..................... 139 5. Necesidades básicas y derechos humanos........................................................... 181 6. La ética global: de la igualdad a la subsistencia.................................................. 219 7. Los derechos humanos en el torbellino neoliberal............................................ 257 Conclusión: El mundo de Creso............................................................................... 311 Agradecimientos........................................................................................................ 321
Presentación Derechos humanos, neoliberalismo e inequidad en América Latina En las últimas décadas los derechos humanos han sido vistos como un lenguaje universal para buscar la materialización de un mundo con menos injusticias que reivindique a los desamparados en las relaciones de poder global. El problema es que el ascenso de los derechos humanos como lenguaje político ha corrido en paralelo con el aumento de la desigualdad entre los más ricos y los más pobres del mundo. Por supuesto, el uso, la institucionalización y la aplicación de los derechos humanos han producido ciertos resultados importantes al denunciar el terrorismo y el autoritarismo de los estados. Pero una mirada hacia atrás nos muestra un confuso panorama sobre el simultáneo auge de los derechos humanos y la desigualdad económica y social global. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? Esta es la pregunta que pretende responder el libro de Samuel Moyn que hoy publicamos en el marco de la colección sobre historia del derecho en América Latina de Tirant lo Blanch. No bastan: los derechos humanos en un mundo desigual es una continuación del proyecto emprendido por Moyn en La última utopía, donde reconstruyó una historia sobre el ascenso de los derechos humanos en la década de los 1970 afirmando que este proyecto político emergió como una nueva utopía cuando otras utopías rivales, como el socialismo, perdieron importancia ante una nueva generación de activistas alrededor del mundo. La última utopía se concentró en una serie de ideas políticas y jurídicas que explicaron el ascenso intelectual de la conciencia contemporánea de los derechos humanos como una herramienta transnacional de denuncia de las atrocidades estatales, pero no abordó suficientemente las formas como esa nueva utopía se relacionó con la economía política, y en particular con el neoliberalismo que rodeó su ascenso. En No bastan, Moyn pretende cubrir este aspecto de la economía política que está ausente en La última utopía1.
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Samuel Moyn, La última utopía. Los derechos humanos en la historia, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2015. Compárese con la crítica de Antony Anghie, “Whose utopia? Human rights, development and the Third World”, Qui Parle Vol. 22, 2013, pp. 63-80. Sobre el vacío que se intenta llenar con este libro en la discusión que despertó el anterior libro, véase: Samuel Moyn, “Human rights and political economy”
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La preocupación por la economía política global fue motivada por las reacciones que se produjeron luego de la publicación de La última utopía. En razón al silencio de ese libro sobre el tema, algunas críticas apuntaron a que la historia del ascenso del neoliberalismo —con sus propuestas de privatización, desregulación y desmonte de prestaciones sociales de parte del estado— era fundamental para entender el auge de los derechos humanos, a punto tal que estos últimos podrían concebirse como cómplices del primero. Dicha afirmación causó la respuesta de Moyn quien, en sus planteamientos iniciales sobre la relación entre derechos humanos y economía política, destacó que los derechos humanos no eran cómplices del neoliberalismo sino un acompañante silenciosos e intrascendente de este modelo económico, en la medida en que no pudo aportar mayor cosa para remediar y resistir las consecuencias más complejas que produjo en materia de desigualdad2. En No Bastan, Moyn profundiza esta tesis y afirma que una de las razones por las cuales los derechos humanos emergieron como un compañero impotente es que fueron reivindicados en la década de los 1970 cuando el modelo del estado de bienestar, más preocupado por cerrar las brechas de desigualdad, cedió al triunfo del neoliberalismo, el cual se preocupó más por aliviar la pobreza y dar un mínimo básico de bienes y servicios a las personas (el proyecto de la suficiencia). Los derechos humanos de la década de los 1970, incluidos los derechos sociales, revivieron sin el marco económico que estaba en el trasfondo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: el de la igualdad y el estado de bienestar. Al contar esta historia, Moyn explica cómo surgieron y decayeron las ideas económicas que pretendían atacar la desigualdad. A nivel nacional, se trata de la historia del auge y la caída del estado de bienestar, particularmente en el Norte Global. Pero a nivel internacional, y es quizá en este ámbito donde el libro parece más relevante para América Latina, la historia del libro muestra las posibilidades y los límites que tuvo el Sur Global luego de la descolonización en marcar el destino de las instituciones internacionales. Con el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), el Sur Global pretendió llevar la demanda por la reducción de la desigualdad del estado nación al espacio global, exigiendo redistribuciones de recur-
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en Law and Political Economy, Mayo 7, 2018 (https://lpeblog.org/2018/05/07/humanrights-and-political-economy/). Sobre el problema de la relación entre derechos humanos y política neoliberal antes de la publicación de este libro véase: Naomi Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Buenos Aires, Paidós, 2007; Susan Marks, “Four human rights myths”, LSE Law, Society and Economy Working Papers No. 10, 2012.
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sos entre el Norte y el Sur. Pero esta propuesta vivió pocos años y Moyn muestra que la política económica global giró hacia el alivio de la pobreza o la suficiencia dejando atrás el proyecto redistributivo que abanderaba el Sur Global. De allí que para esta parte del mundo el libro presenta un mensaje paradójico: cuando se pretendió llevar la distribución a la escala global mediante las instituciones de derecho internacional las propuestas se bloquearon. Pero, al mismo tiempo, el discurso jurídico internacional se mostraba como un lugar fundamental para emprender la lucha por la igualdad en la medida en que, precisamente cuando las propuestas radicales llegaron a este espacio, vino una reacción de las grandes potencias del Norte. Quizá el mensaje es que el espacio internacional es importante en la lucha en pro de la igualdad, aunque la lucha deberá hacerse en términos distintos a los que usaron diplomáticos, líderes e intelectuales del Sur Global en la década de los 1970 cuando fueron derrotados3. Para América Latina, el libro presenta igualmente un importante desafío académico a la hora de reconstruir el rol de la región en la formación de las ideas globales sobre la economía política. La historia intelectual contada en las páginas de este libro tiene como protagonistas principales a pensadores de diversas regiones del mundo. Sin embargo, los actores globales latinoamericanos son pocos. Si bien Raúl Prebisch es un nombre conocido en el marco del estudio de la teoría de la dependencia económica y aparece en el libro, los pensadores latinoamericanos no son tan protagónicos como aquellos provenientes de otras partes del mundo —África y Asia especialmente y, por supuesto, el hegemónico mundo anglosajón—. En buena parte, esto se debe a que la propuesta narrativa de Moyn sobre la economía política global muestra intencionalmente el desbalance entre la influencia de las ideas del Norte y las del Sur en la formación del campo del derecho internacional y de la economía política. La razón de ello es que la participación latinoamericana ha sido reducida o que no hay reconstrucciones históricas suficientes sobre este tema que permitan mostrar una tradición intelectual más amplia de los pensadores de la región que no se concentre solamente en Prebisch sino en más ideas e ideologías. En este sentido, bien vale la pena preguntarse si una mirada a la historia de la CEPAL, por ejemplo, y todos los pensadores girando alrededor de esta organización, no solo en los años del NOEI, podría darle otro color al libro
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Véanse en especial los capítulos 4 al 7 de este libro.
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en lo que se refiere a América Latina en el marco de la formación transnacional de la economía política4. En lo que respecta al argumento central del libro, la impotencia de los derechos humanos para resistir parte de los efectos del neoliberalismo que desplazaron la búsqueda de la igualdad a un segundo plano, la lectura de No Bastan puede interrogar la forma como se han entendido, implementado y atacado estos dos proyectos en la región. La historia que propone el libro no debe entenderse, sin embargo, como un remplazo de las historias locales que particularizan y contextualizan las ideas y los conceptos transnacionales. El libro presenta un argumento que se concentra en el derecho y las instituciones internacionales, pero las historias locales de diversos países o regiones dentro de los países podrían mostrar diversos caminos sobre la aplicación de los derechos humanos y las políticas neoliberales, así como su significado cultural y su rol en el marco de las discusiones domésticas. Considerando las múltiples diferencias en el desenvolvimiento de procesos políticos, sociales y económicos que existieron en los diferentes países de América Latina, el libro debe tomarse como una invitación para emprender estudios sobre las formas diferenciadas como el neoliberalismo y los derechos humanos llegaron a las discusiones domésticas de diversos países de la región. Así, por ejemplo, la historia del ascenso de los derechos humanos en la década de los 1970 en los países del Cono Sur donde había dictaduras militares puede ser diferente a lo ocurrido en otros países de la región donde el activismo de derechos humanos se construyó en el marco de gobiernos civiles de democracia restringida, como el caso colombiano. Igualmente, el fin de la utopía socialista armada que hizo posible el ascenso de la utopía de los derechos humanos debe revisarse con especial cuidado en países como Nicaragua, donde la revolución sandinista llegó al poder en los mismos años en los que se producía la irrupción global de la conciencia contemporánea de los derechos humanos5. De modo semejante, la pregunta sobre el impacto del neoliberalismo en la región demanda una serie de historias locales que permitan plantear cuestionamientos sobre las formas como este modelo económico afectó a los diversos
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En este sentido resulta relevante como punto de partida y de entrada a diversas discusiones el texto clásico de Joseph Love, “Economic ideas and ideologies in Latin America since 1930” en Leslie Bethell (ed.), Ideas and ideologies in twentieth century Latin America, Cambridge, Cambridge University Press, 1996, pp. 207-274. Véase, por ejemplo, el contraste entre Colombia y el Cono Sur en los siguientes textos: Thomas C. Wright, State terrorism in Latin America. Chile, Argentina and international human rights, Rowman & Littlefield Publishers, 2007. Jorge González, “The emergence of revolutionary and democratic human rights activism in Colombia between 1974 and 1980”, Human Rights Quarterly Vol. 40, 2018, pp. 91-118.
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países —tanto en materia social, política o económica. Luego de la crisis de la deuda de principios de la década de los 1980 y los ajustes estructurales del Fondo Monetario Internacional, el efecto de la llegada de las políticas neoliberales fue diferente en cada país. Para el argumento del libro, que hace hincapié en el remplazo de un modelo y unas ideas de bienestar concentradas en atacar la desigualdad por el neoliberalismo preocupado por las necesidades básicas y la pobreza, la pregunta que surge es en qué grado se puede hablar de un pasado de bienestar en la región antes de la proliferación de las economías de mercado de los 1980 y 1990. Para tal efecto, es necesario volver sobre los escritos del estado desarrollista, como se ha llamado al modelo económico latinoamericano de la segunda posguerra, para entender hasta qué punto la preocupación por la desigualdad era central o no y el bienestar es una categoría analítica pertinente. Es posible que, centrando el eje narrativo en América Latina, los historiadores propongan una interpretación distinta sobre la llegada del neoliberalismo a la región y su relación con la desigualdad en cada país6. Lo que resulta en todo caso relevante de la historia de No Bastan, no obstante, es que la paradoja que motiva el estudio se mantiene para la región: los derechos humanos, que en muchos lugares fueron esenciales para sacar del poder dictaduras militares (como en el Cono Sur) o para producir reformas democráticas, emergieron en el marco de un proceso galopante de desigualdad. La pregunta es si el tono nostálgico por el bienestar del pasado, que los lectores podrán identificar en Moyn, representa también un pasado que los progresistas de la región deberían añorar. Un último aspecto que vale la pena resaltar en esta corta presentación se refiere a la forma como pueden encajar los gobiernos del socialismo del siglo XXI de Venezuela, Ecuador o Bolivia en la narrativa de Moyn. Quienes vieron con buenos ojos estas reformas resaltaron principalmente el carácter democratizador de las mismas al resistirse a las políticas neoliberales impuestas desde el Norte Global7. Sin embargo, particularmente en el caso
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Incluso en las reconstrucciones generales sobre la historia económica de la región hay una cautela al mostrar las trayectorias diferenciadas de los países. Esto es particularmente cierto en: Luis Bértola & José Antonio Ocampo, El desarrollo económico de América Latina desde la Independencia, México, FCE, 2013. El énfasis en el proyecto constitucional democrático del socialismo del siglo XXI puede verse en Gerardo Pisarello, Un largo termidor. La ofensiva del constitucionalismo antidemocrático, Madrid, Trotta, 2011; sobre la manera como las reformas plantearon un entendimiento diferente de la propia idea del estado nación, particularmente desde Bolivia y Ecuador, véase: Boaventura de Sousa Santos, La refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del sur, Bogotá, Siglo del Hombre EditoresSiglo XXI-Ediciones Uniandes, 2010.
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venezolano, el régimen socialista ha sido duramente cuestionado por organizaciones de derechos humanos por restricciones a diversas libertades civiles y políticas. El desarrollo de tales eventos en la región justifica la cuestión de la relación entre derechos humanos y neoliberalismo, en la medida en que pareciera que los lenguajes contemporáneos en la economía, la política y el derecho nos llevan a tensiones políticas sobre el camino a seguir en una política progresista en pro de la igualdad. De un lado, parece que el cuestionamiento radical del neoliberalismo en la región ha sido objeto de sospecha por derechos humanos, en la medida en que el giro hacia el socialismo del siglo XXI ha tenido visos autoritarios. De otro lado, la protección a ultranza de los derechos humanos, civiles, políticos, sociales y económicos, conduce a la construcción de un debate limitado en donde la redistribución de riquezas y el ataque a la desigualdad no figura en una agenda de primera línea8. Como lo menciona el autor, el problema puede radicar principalmente en la forma como los derechos humanos han terminado por controlar las formas como imaginamos las vías de acción política hacia el futuro haciéndolos un compañero impotente que no hace mucha diferencia9. El libro, entonces, nos ayuda a entender los límites de la agenda de derechos humanos en el presente y, al hacerlo, nos invita a pensar cómo podría ser diferente o, también, si vale la pena reconceptualizar, abandonar y reinventar el lenguaje de la política progresista global contemporánea10. La atracción teórica de tal cuestión no es algo exclusivo del Norte o del Sur Global, sino que se vuelve una urgencia en el marco de la búsqueda contemporánea de una existencia sostenible de la vida humana. Jorge González Jácome11 Bogotá, noviembre 28 de 2018
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Sobre la difícil consideración, por ejemplo, del régimen polítco venezolano en su paradoja entre la ampliación o restricción de la democracia de cara al régimen económico, véase: David Landau, “Abusive constitutionalism”, UC Davis Law Review Vol. 189, 2013, 189-260 (especialmente 203-208); Jorge González-Jácome, “From abusive constitutionalism to a multilayered understanding of constitutionalism. Lessons from Latin America”, International Journal of Constitutional Law Vol. 15, 2017, 447-468. Vale la pena mencionar, en este punto, que Moyn se enfrenta a otros académicos que siguen pensando en la bondad del proyecto político que encarnan los derechos humanos. Una de las principales autoras que ha refutado la tesis crítica es: Kathryn Sikkink, Evidence for hope. Making human rights work in the 21st century, Princeton, Princeton University Press, 2017. Cuestionamientos sobre los límites de la conceptualización propia de la humanidad que subyace a los derechos humanos han sido hechos evidentes desde los estudios culturales. Véase: Fernando Rosenberg, After human rights. Literature, visual arts and film in Latin America 1990-2000, Pittsburgh, University of Pittsburgh, 2016. Profesor Asistente, Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes (Bogotá).
Prefacio La historia nunca permanece estática porque cada era tiene que repensar su pasado. Nuestra perspectiva sobre nuestros orígenes cambia y por esa razón —y no simplemente por encontrar hechos nuevos— ninguna explicación sobre el surgimiento del presente es definitiva. Sin embargo, desde que empezaron a escribirse las historias de los derechos humanos, frecuentemente he sentido que esta tarea se enfrenta a un deber especialmente desafiante que nos conmina a no perder de vista la rapidez con la que nuestro presente se está transformando. Los derechos humanos se han vuelto una parte de nuestros ideales más relevantes en una era durante la cual la historia vivida parece moverse tan rápido que la historia escrita no logra estar en sintonía con el ritmo de los cambios. Los historiadores nunca habían escrito sobre los orígenes y la trayectoria de los derechos humanos antes de que estos principios ascendieran al estatus de lingua franca moral en los asuntos globales hace tan solo unas décadas. Poco tiempo después de que iniciara la investigación de sus antecedentes, lo cual no ocurrió antes de la década de los noventa del siglo pasado, los académicos empezaron a discutir cómo plantear sus investigaciones: el internacionalismo liberal entusiasta del momento inicial de la post-Guerra Fría fue visto de una forma diferente, súbitamente, después de la guerra en Irak y del caos que causó. Habiendo sido inicialmente los encargados de celebrar cómo la invención de los derechos humanos marcaba el inicio del fin de la historia, los estudios académicos se convirtieron luego en un foro en donde se debatía la conveniencia del intervencionsimo liberal, la reputación progresista del activismo de las organizaciones no gubernamentales y la espectacular visibilidad dada a las atrocidades masivas. Luego de ser alabados románticamente, los derechos humanos ahora incitaban fuertes críticas por inmiscuirse con el poder: no representaban el camino que conduciría desde las planicies oscuras de los compromisos de la Guerra Fría hacia las montañas soleadas de la pureza moral, sino que parecían representar el paso de un mundo bipolar hacia la unilateralidad de la hegemonía estadounidense con todos sus pros y contras. Yo participé en estos debates hace unos pocos años, aunque me preocupaba entrar a la discusión demasiado tarde, en especial después de que todas las consecuencias de la crisis financiera de 2008 emergían con claridad. La historia puede estar condenada a ir detrás del presente, pero también tiene que alcanzarlo. No hay duda de que la transición de una era del ascenso del liberalismo a la crisis del mismo requiere que se piense nue-
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vamente de dónde vienen nuestros importantes ideales sobre los derechos humanos. Los tránsitos de la ciudadanía estatal hacia el cosmopolitismo global y de la política de la Guerra Fría a las éticas del milenio son importantes. No obstante, la transformación de una era del estado de bienestar hacia una época de la globalización neoliberal parece ser ahora el escenario más importante para volver a contar las vicisitudes que los “derechos humanos”, junto con muchos otros de nuestros conceptos y prácticas, experimentaron a finales del siglo XX. Luego de mi primer libro sobre este tema, La Última Utopía, se generó una amplia discusión sobre dos asuntos: en primer lugar, había una cuestión respecto a si el idealismo contemporáneo de los derechos humanos fue realmente contingente al momento de su formación y si fue vacío en cuanto a sus fundamentos, tal como intenté sugerir. En segundo lugar, había una pregunta sobre si en mi libro había identificado correctamente a los actores y lugares en los que me enfoqué, en un texto que se concentró fundamentalmente en una revolución ocurrida en el Atlántico Norte y que versó sobre la sensibilidad moral, la retórica política y el activismo de las organizaciones no gubernamentales en la década de los 1970 —principalmente en respuesta al autoritarismo en América Latina y el totalitarismo en Europa oriental—. Aunque no me arrepiento de mis énfasis, hubo dos líneas de críticas que me hicieron ver algunas debilidades de mi argumento. De un lado, mi historia terminaba a principios de los 1980, justo cuando empezaba a parecer interesante y cuando realmente empezaba a consolidarse la política de los derechos humanos. Los siglos anteriores a la aparición de los derechos humanos, al igual que el momento histórico de 1970, ciertamente fueron interesantes. Sin embargo, las décadas confusas del ascenso de los derechos humanos, en especial después del fin de la Guerra Fría, son incluso más interesantes. De otro lado, identifiqué una cronología que encajaba con el cambio en la economía política: el paso de un estado de bienestar a la era del neoliberalismo en donde no mencioné la relación de la revolución de los derechos humanos con ese cambio, o siquiera la relación de los derechos humanos con los resultados distributivos y la política económica antes o después de esa transformación. En especial, algunos marxistas preguntaron: ¿no fue la historia del ascenso de los derechos humanos otro ejemplo de un cambio en la “superestructura” que solo tuvo sentido cuando se considera como un evento para prestar atención a la base del “capitalismo” que supuestamente determina todo lo que se construye sobre él? Teniendo en cuenta la actual forma como resiste la hegemonía política liberal frente a una fuerte oposición ideológica, esta nueva historia brinda
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otra mirada para una nueva era en la que la crisis autoimpuesta de los derechos humanos parece más evidente que antes y en la que la relevancia de la justa distribución para la supervivencia del liberalismo es imposible de evadir. Lo que puede hacer emocionante el estudio de la historia es que su infinidad de fuentes y nuestro cambio de perspectiva puede permitir que existan dos libros sobre el mismo tema, escritos por la misma persona y que no se parezcan entre sí —incluso si los desafíos y las oportunidades intelectuales de escribir historia son pequeños frente a la importancia de los usos políticos y públicos a los que debe servir—. Desde estas perspectivas, este libro pone en el centro de su análisis la trayectoria de los derechos económicos y sociales —las prerrogativas al trabajo, a la educación, a la seguridad social, a la salud, a la vivienda, a la alimentación y al agua—. Resumiendo lo que se sabe hasta ahora sobre cómo han aparecido estas normas en la moral, la política y el derecho a lo largo del tiempo, el libro cuenta su ascenso en relación con las disputas más amplias alrededor de la justicia en la distribución de recursos. Este libro aún considera que la era de la segunda posguerra es fundamental, justo cuando ocurrieron varias cosas: cuando el nacionalismo anticolonial planeó globalizar la justicia, cuando el socialismo redistributivo inició una crisis y cuando las alternativas paralelas de los derechos humanos y la economía liberal empezaron a definir nuestro presente. No obstante, contrario a una defensa complaciente o a un ataque corrosivo, mi objetivo es construir una posición moderada entre aquellos que sostienen que los derechos humanos no están relacionados con la economía política y la injusticia distributiva (excepto, por supuesto, cuando esta última trata de proveer las herramientas fundamentales para ajustar los primeros a su proyecto) y quienes piensan que la revolución de los derechos humanos ha sido una simple impostura que enmascara modos de dominación inhumanos. Es muy revelador que el prestigio del derecho y la política de los derechos humanos, desde finales de la Guerra Fría hasta nuestro tiempo, ha compartido el mismo ciclo vital que su otro yo neoliberal. Sin embargo, esto no se produce porque entre ellos estimulen recíprocamente sus propias victorias. Por lo contrario, esto ocurre porque la revolución de los derechos humanos surgió de la mano de una crisis en las aspiraciones de cara a una economía política neoliberal en ascenso y a la política distributiva que ésta forjó, la cual determinó las formas de hacer transformaciones y sus alcances. La política y el derecho de los derechos humanos han disfrutado éxitos y han tenido límites como un resultado de su preponderancia en la era neoliberal. La política y el derecho de los derechos humanos abrió al-
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gún camino hacia la sensibilización de la humanidad frente a la miseria de la indigencia visible, así como frente a la terrible represión de los estados autoritarios y totalitarios —pero no lo hizo frente a la crisis de las políticas de bienestar locales, al estancamiento de las clases medias y a la persistencia de las jerarquías globales—. Al enfocarse en una cantidad considerable de formas de protección, las normas y políticas de derechos humanos han resaltado selectivamente un aspecto de la justicia social, minimizando particularmente el triunfo en materia distributiva de los ricos. Cuando los derechos humanos no se preocuparon por la injusticia material, fue como si lo único que pudiera importar —moral y estratégicamente— en nuestras aspiraciones éticas más elevadas fueran las ganancias materiales para los pobres. Por esta razón, los movimientos de derechos humanos han coexistido al lado del programa moral verdaderamente ambicioso y exitoso de nuestra era: una “última utopía” del libre mercado —de hecho, una utopía en la que la conversión al mercado bajo los auspicios chinos satisfizo muchas más aspiraciones a la protección social básica de la miseria más degradante que los logros de cualquier régimen jurídico o movimiento político expresamente dedicados a ellas—. La atención selectiva de parte de la política de los derechos humanos hacia una provisión mínima de las cosas buenas de la vida los ha convertido en un ideal que no amenaza al movimiento neoliberal, el cual, algunas veces logrando y otras veces tolerando ese fin, se ha dedicado inequívocamente a la intensificación de la jerarquía material. En la era de los derechos humanos, muchos (aunque no puede decirse que todos) se han vuelto menos pobres, pero los ricos han sido los indudables ganadores. En consecuencia, los derechos humanos deben mantenerse en su justa perspectiva: no deben idolatrarse ni destrozarse. Solo así se reconocerá el verdadero alcance de la crisis moral actual y la verdad melancólica de nuestro fracaso en inventar otros ideales y movimientos para resolver estos problemas. Los derechos humanos, enfocados en asegurar lo suficiente para todos, son esenciales —pero no bastan.
Introducción En 1981, la dramaturga Zdena Tomivnová hizo un viaje desde su hogar de la Checoslovaquia comunista a Occidente al impartir una conferencia en Dublín. Ella era crítica del régimen político de su país y vocera del movimiento Carta 77, una de las primeras y más importantes organizaciones de disidentes que hizo del activismo internacional en derechos humanos un proyecto emocionante. En los años inmediatamente anteriores, este activismo pionero basado en el derecho global había llevado a muchos occidentales a aceptar la noción de la existencia unas prerrogativas personales fundamentales basadas en el ámbito transnacional. Las Naciones Unidas habían promulgado la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) hacía unas décadas; para finales de la década de los 1970 se había vuelto un documento famoso y reorientaba la conciencia y la práctica moral. No obstante, Tominová explico que, como beneficiaria de las políticas comunistas de su estado, estaba agradecida por los ideales que estas políticas le habían dado en su juventud y por sus políticas en pro de la igualdad material. Recordando el equilibrio de clases que experimentó durante su niñez, señaló que “de repente yo no estaba desamparada y podía hacer cualquier cosa”1. Tominová señalaba que desde entonces, y especialmente después del final de la Primavera de Praga de 1968, había comprendido la realidad y había aprendido a denunciar la represión de su estado. Por ser miembro de Carta 77 había sido golpeada en la calle y su cabeza fue vapuleada contra el pavimento. Sin embargo, incluso cuando su gobierno le había sugerido irse por un tiempo para evitar ir a prisión, Tominová no renunció a su ciudadanía (a pesar de que le fue revocada luego de su conferencia). Más aún, se mantuvo fiel al socialismo que había sido tan importante para su generación. “Creo que si este mundo tiene futuro”, explicó a su audiencia irlandesa, “es como una sociedad Socialista, la cual entiendo como una sociedad en la que nadie tiene prioridades por el hecho de ser parte de una familia rica”2. Tominová fue clara al afirmar que el socialismo no podía servir de coartada para que hubiera una restricción de los derechos humanos. Sin em-
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Zdena Tominová, “Human Rights and Socialism,” The Crane Bag 7, no. 1 (1983): 119. Ibid. Sobre la golpiza, véase: Jonathan Bolton, Worlds of Dissent: Charter 77, the Plastic People of the Universe, and Czech Culture under Communism (Cambridge, Mass., 2012), 180.
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Samuel Moyn
bargo, en el mismo sentido afirmó que, para su país o para el mundo, el nuevo interés en los derechos humanos no podía servir como excusa para abandonar la igualdad material. Décadas más tarde, el discurso de Tominová parece irónico. Los datos muestran que hasta finales del siglo XX era más probable que las personas pronunciaran la palabra socialismo que el término derechos humanos en cualquier idioma; pero el uso del primero empezó a decrecer y el del segundo a aumentar justamente cuando se fundó Carta 77. La intersección entre las líneas de descenso y ascenso de uno y otro término ocurrió precisamente cuando finalizó la Guerra Fría en 1989. A pesar de la reciente candidatura de Bernie Sanders para la presidencia de los Estados Unidos bajo una bandera socialista, nuestra era del fundamentalismo de mercado continúa casi como si el socialismo nunca hubiera existido —y como si, en el campo de las ideas, los derechos humanos por sí solos incluyeran los estándares más altos para una sociedad y un mundo justos—3. El efecto no es solamente un asunto de la historia del lenguaje. De diferentes maneras y en distintos lugares, sobre toda en la Europa del este de Tominová, los derechos humanos surgieron cuando una nueva economía política triunfó. En la medida en que la moralidad y el derecho de los derechos humanos plantean protecciones económicas y sociales, a nivel local o global, se constituyen como una garantía para que haya una provisión suficiente de bienes y no un freno a la desigualdad. Luego de un largo periodo de negligencia, en 2008 aumentó la atención a los problemas de desigualdad y una serie de estadísticas indignantes invadieron las primeras páginas de los diarios mientras informaban sobre la creciente y siempre amplia desigualdad en cada nación. Las historias rebotaron por internet resaltando que, incluso en medio de un momento en el que la miseria era menor que en cualquier otro momento de la historia del mundo, solamente ochos hombres controlaban más riqueza que la mitad de los habitantes del planeta —varios miles de millones de personas—. La era de los derechos humanos no ha sido generosa de cara a una amplia justicia distributiva. El libre mercado, en su forma más absoluta, tiene sus defensores acérrimos, pero incluso quienes esperan disciplinarlo y guiarlo generalmente han dejado atrás la igualdad material como un propósito, enfatizando en mayor grado las aspiraciones más básicas y mínimas cuyo objetivo es salvar a los pobres. Esto representó un profundo quiebre frente los más altos ideales de nuestros antecesores más inmediatos, quie-
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Véase infra, capítulo 7 para los datos.