Mujeres en la ciudad: representaciones literarias y artísticas
Comité Científico De La Editorial Tirant Humanidades Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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Carmen Mejía Ruiz Eugenia Popeanga Chelaru
Coordinadoras
Alba Diz Villanueva
Editora
Mujeres en la ciudad: representaciones literarias y artísticas
tirant humanidades Valencia, 2022
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DIRECTORA DE LA COLECCIÓN ASUNCIÓN BERNÁRDEZ RODAL Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Información. Universidad Complutense de Madrid
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Comité Científico Colección Feminismos Mercedes Alcalá Galán Universidad de Madison - Wisconsin Associate Professor. Departament of Spanish & Portuguese Margarita Barañano Cid Universidad Complutense Profesora Titular. Departamento de Sociología III Silvia Bermúdez Universidad de Santa Bárbara-California. Professor. Departament of Spanish & Portuguese Miguel Alfonso Bouhaben Universidad de Ecuador Profesor en la Escuela Superior Politécnica de Litoral (ESPOL). Dunia Etura Hernández Universidad de Valladolid. Profesora de Periodismo del Departamento de Historia Moderna, Contemporánea y de América Yanna G. Franco Universidad Complutense. Profesora del Departamento de Economía Aplicada IV. Facultad de Ciencias de la Información Marián López Fernández Cao Universidad Complutense. Catedrática del Departamento de Didáctica de las Lenguas, Artes y Educación Física Gloria Nielfa Cristóbal Universidad Complutense. Catedrática emérita del Departamento de Historia Contemporánea Graciela Padilla CASTILLO Universidad Complutense. Profesora Titular del Departamento de Periodismo y Nuevos Medios Rosa San Segundo Manuel Universidad Carlos III. Catedrática del Departamento de Biblioteconomía y Documentación Adelina Sánchez Espinosa Universidad de Granada. Profesora Titular del Departamento de Filología Inglesa y Alemana Laura Triviño CABRERA Universidad de Málaga. Profesora Titular del Departamento de Didáctica de las Matemáticas, Ciencias Sociales y Ciencias Experimentales
Índice
El espacio de las mujeres en la ciudad: traspasando fronteras......
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Carmen Mejía Ruiz Ciudades utópicas, vidas distópicas: las mujeres en los imaginarios de la sociedad perfecta.................................................................................
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Asunción Bernárdez-Rodal Cuando el progreso se torna vigilancia. Ciudades web-distópicas: «El Vigilante» de Aissa Santiso................................................................
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Mónica Carabias Álvaro El personaje femenino en la literatura rumana de entreguerras: Pânza de păianjen («La telaraña») de Cella Serghi................................
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Inés Carvajal Argüelles El imaginario de la ciudad en la literatura infantil de Sophia de Mello Breyner Andresen.........................................................................................
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María Colom Jiménez La mujer-monstruo y el espacio urbano en Las cosas que perdimos en el fuego: conquista y resignificación.............................................
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Alba Diz Villanueva Lisboa en femenino: la Cidade de Ulisses de Teolinda Gersão.......
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Barbara Fraticelli La música y la ciudad a través de María del Carmen Huerta: tres claves en la narrativa de Andrés Caicedo..................................................... Rodrigo Guijarro Lasheras
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Madrid, ciudad de las mujeres. Una aplicación móvil artivista, una cartografía político-emocional.................................................................
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Marián López Fernández Cao, Ignacio Moreno Segarra y Juan Carlos Gauli Pérez Mujer migrante y espacio urbano en la obra narrativa de Kim Thúy....................................................................................................................................
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Diego Muñoz Carrobles El poder de los objetos y los espacios en dos cuentos de Silvina Ocampo: «La casa de azúcar» y «Keif».........................................................
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Rocío Peñalta Catalán Autoras catalanas del período de entreguerras: escritura, profesionalización y espacio urbano...........................................................................
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Juan M. Ribera Llopis La representación de Barcelona como ciudad hostil en la narrativa criminal de Maria Antònia Oliver ...............................................................
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Javier Rivero Grandoso Ciudades cuidadoras, ciudades sostenibles..............................................
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Bienvenida Sánchez Alba El sueño de El Dorado en O Quinze,de Rachel de Queiroz: las facetas de la marginalización..............................................................................
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Sandra Aparecida Teixeira de Faria Milán, Roma y París: el espacio de lo cómico en el cine de Franca Valeri................................................................................................................................... Leonardo Vilei
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Índice
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El espacio de las mujeres en la ciudad: traspasando fronteras Carmen Mejía Ruiz
Universidad Complutense de Madrid Instituto de Investigaciones Feministas
PARA PRESENTAR ESTE VOLUMEN, Mujeres en la ciudad: representaciones literarias y artísticas, consideramos necesario aludir a la geografía del género, ya que como disciplina examina las formas en que los procesos socio-económicos, políticos, culturales y ambientales crean, reproducen y transforman no solo los lugares sino también las relaciones de género entre los hombres y las mujeres que lo habitan (García Ramón 2019). La propuesta posmoderna pone el énfasis en la heterogeneidad y la diferencia; de esta manera aparece una nueva sensibilidad hacia lo alternativo y subalterno, hacia aquello que fue menospreciado y marginado por desviarse de la norma y el canon. Gracias a esta nueva mirada se enriquecen las geografías sociales, dado que se introducen análisis alternativos y el interés por el cuerpo, el sexo, las minorías, los marginados, los excluidos, etc.
En este sentido, «la geografía de las mujeres» de los primeros tiempos buscaba tan solo situar la investigación hecha sobre mujeres a un mismo nivel que la de los hombres; en cambio, desde la óptica posmoderna, como es sabido, se deconstruye la concepción dual del mundo basada en el enfrentamiento entre lo masculino y lo femenino, la cultura y la naturaleza, lo intelectual y lo emocional, lo racional y lo mágico, para plantear una relectura de las conceptualizaciones sobre el espacio. Algunas geógrafas feministas critican los «saberes situados» argumentados por Donna Haraway. Ante las redes de poder que implica la formulación del saber El espacio de las mujeres en la ciudad: traspasando fronteras
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único, se trata, según Haraway, de defender los saberes «limitados», «específicos» y «parciales» marcados por su «hibridez» y capaces de integrar la subjetividad de sus autores «en el interior de la matriz de las relaciones sociales» (Haraway 1995: 342). Este hibridismo generado, entre otras razones, por las cuestiones de pertenencia a una clase social o a otra lo analiza Sandra Aparecida Teixeira en la obra O Quinze, de la escritora brasileña Rachel de Queiroz. La autora se centra en la problemática de la marginación comprendida en los distintos tipos de exclusión presentes en la novela y que se repiten, según el espacio en el que se desarrollan. En el caso de Chico Bento y su familia la marginación adquiere un estado constante en sus vidas, primero la marginación económica que sufrían en el campo y luego la urbana, de la que son víctimas en la gran ciudad. Conceição representa la lucha en contra de la injusticia hacia los campesinos, la opresión y exclusión social de la mujer en la sociedad cearense.
Gracias a los distintos enfoques con la geografía de la percepción se llevaron a cabo los primeros trabajos sobre el comportamiento específico de las mujeres respecto al espacio. Estos estudios se centraban en las pautas de desplazamiento diferenciadas entre hombres y mujeres, ya se tratase del viaje al lugar de trabajo, al acceso a los servicios, etc. En este tipo de estudio se constató que las mujeres no solo tienden a viajar menos que los hombres, sino que hacen trayectos más cortos y, además, utilizan los transportes públicos mucho más a menudo. Lo importante era hacer visible la vida de las mujeres y su limitado acceso al espacio y al entorno, sin interés en entrar en el estudio de las relaciones de género. Por otro lado, el enfoque materialista y el concepto de clase resultaron ser muy eficaces para explicar la subordinación de la mujer en el mercado de trabajo en lugares y épocas muy diferentes (Inglaterra, Grecia, etc.) Los análisis de la ocupación femenina han demostrado que la mano de obra femenina ha resultado atractiva para empresas que buscaban espacios para procesos de trabajo poco cualificados (y mal remunerados) de ensamblaje o con actividades rutinarias; las mujeres han sido una fuente de mano de obra no especializada barata, flexible y dócil. La débil posición de la mujer en el mercado de trabajo ayuda a la 12
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concentración y segregación de la ocupación en unos sectores determinados, muy poco cualificados y con salarios muy bajos (García Ramón 2019). Este aspecto lo trata Rocío Peñalta Catalán en la colaboración que presenta en este ensayo, titulada «El poder de los objetos y los espacios en dos cuentos de Silvina Ocampo: La casa de azúcar y Kief», en la que la galería de personajes femeninos es muy variada. Señala Rocío Peñalta: Es innegable que en la obra de Silvina encontramos una profunda reflexión sobre la femineidad y sobre el papel de la mujer en la sociedad. […] Lo que hace Silvina Ocampo es una deconstrucción mucho más sutil del rol tradicionalmente atribuido a la mujer y, a menudo, lo hace asumiendo las imposiciones del patriarcado y llevándolas hasta un extremo que puede resultar descabellado o fatal para sus protagonistas.
Por otro lado, como el hogar tiene un papel muy importante en la perpetuación de nuestro sistema socio-espacial, para los estudios de género se propuso una mirada integradora entre el mundo del trabajo y el mundo del hogar que ampliase el concepto del trabajo, no solo el remunerado, con valor de cambio, sino también el trabajo «invisible», con solo valor de uso, pero imprescindible para la pervivencia del sistema social. Este enfoque integrador rompe las barreras tradicionales entre la geografía económica y la geografía social. Mª Dolors García Ramón (2019) con respecto a esto apunta que en España se ha hecho visible el trabajo de la mujer campesina en el seno de la explotación familiar. La geografía humanística en la época posmoderna puso énfasis en el papel que las experiencias, sentimientos y percepciones juegan en el análisis geográfico. Se centraron en el estudio del espacio privado, el espacio cotidiano y el espacio doméstico, así como en la adscripción tradicional de las mujeres a los espacios privados y de los hombres a los públicos. Hizo relevantes muchas dificultades, sentimientos y sensaciones de las personas en relación a los espacios públicos, iniciándose un camino de diálogo y de propuestas junto con los urbanistas para sugerir diseños alternativos. Desde esta perspectiva, Bienvenida Sánchez Alba, en el estudio que nos ofrece sobre «Ciudades cuidadoras, ciudades sostenibles», expone su preocupación por la habitabilidad de las ciudades El espacio de las mujeres en la ciudad: traspasando fronteras
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y defiende la sostenibilidad de las mismas gracias al ecofeminismo. La autora propone ...un acercamiento a la ciudad concebida como ese espacio global de convivencia en continua conformación, en donde el ser humano se reta en relación con su entorno, que no es más que un reto consigo mismo. Reto, la más de las veces, malogrado, - según la autora- a juzgar por los diversos problemas que se generan para la sostenibilidad de la vida en el impacto con su entorno, tales como: la dilapidación de los recursos, los incontables desechos, la comercialización de las relaciones y la exclusión de las personas y colectivos más vulnerables de gran parte de los espacios públicos. Por ello, cada vez son más las voces que nos desafían culturalmente como ciudadanía y especie a reconocernos y participar en la mejor habitabilidad de las ciudades como miembros conscientes de nuestra ecodependencia de la trama de la vida a la que pertenecemos, pero que no nos pertenece. El feminismo urbano y el ecofeminismo son algunas de estas voces.
1.
LUGAR, IDENTIDAD Y PAISAJE
Consideramos estos conceptos básicos para estudiar cómo las mujeres se identifican con los lugares, qué valoran del entorno, cómo expresan sus sentimientos sobre los lugares, qué tipo de lugares crean las mujeres y cómo la configuración de los lugares puede tener en cuenta a las mujeres. Por otro lado, el estudio del paisaje también es fundamental para examinar la diversidad de respuestas y de experiencias que experimentan las mujeres, según las diferentes categorías como la etnia, la clase, la edad, el sexo, etc. De esta manera, se amplía el concepto de paisaje geográfico (exterior) para incorporar los ámbitos interiores, en particular, el hogar, y así poder asimilar cómo las mujeres crean paisajes y cómo expresan el sentido personal del lugar y de identidad. Así pues, la geografía del género (y/o la geografía feminista) puede responder a las demandas que el futuro inmediato plantea y ayuda a construir una sociedad más plural y más equitativa en la relación entre hombres y mujeres. Además de las valiosas aportaciones al estudio del espacio teniendo en cuenta los valores, apreciaciones y necesidades diferenciadas entre 14
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hombres y mujeres, la geografía del género ha contribuido notablemente a la deconstrucción de teorías y estructuras que parecían intocables y ha ayudado a abrir nuevas miradas hacia el mundo (García Ramón 2019: 250-255). Desde esta perspectiva María Colom aborda en su colaboración cómo los espacios condicionan la identidad a través del análisis de los relatos de la escritora portuguesa Sophia de Mello Breyner Andresen y «analiza la oposición entre la ciudad moderna y la naturaleza, el mar como ambiente liberador, la denuncia a las injusticias sociales y la transmisión de valores universales». 2.
Espacio y género: un cambio de paradigma
Una manera de conectar estos conceptos, desde nuestro punto de vista, es mediante sus diferentes representaciones a lo largo del transcurso temporal. Michelle Rosaldo (1979) definió la oposición entre lo público y lo doméstico como base estructural de la desigualdad antropológica de los sexos y trazó el perfil de la interdisciplinar cartografía feminista. Henri Lefebvre, en 1974, al analizar la ciudad insertó el arte en una de las dimensiones básicas del espacio. El arte fue definido «como código de los espacios de representación» (Lefebvre 2013: 97). Estos espacios son los vividos, hablados, amados, fluidos y moldeables por la imaginación, que son opuestos a las representaciones del espacio, las marcas del orden dominante planificadas por los tecnócratas. Por su lado, Linda Nochlin (1999) denuncia la responsabilidad de las representaciones culturales en la construcción de la diferencia sexual. Se trata de un cambio de paradigma, que empieza por la relectura de las imágenes y sigue cuestionando todos los fundamentos y relatos de la propia historia del arte, para acabar planteando una actuación transdisciplinar con un sentido político inmediato: «cambiar el presente mediante la forma en que representa el pasado» (Pollock 2013: 45). Resulta fácil cuestionar la barrera divisoria entre las disciplinas, ya que el análisis de género une el estudio de las formas históricas de representación y otras ramas del saber: geografía, antropología, urbanismo, etc.: El espacio de las mujeres en la ciudad: traspasando fronteras
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La forma, la estructura y las normas de la ciudad se infiltran y afectan al resto de los elementos que intervienen en la construcción de lo corpóreo y la subjetividad […]. Además, la ciudad es también el emplazamiento donde tiene lugar la saturación cultural del cuerpo, su absorción y transformación a través de imágenes, de sistemas de representación, de los medios de masas, de las artes —el lugar donde el cuerpo se reexplora, transforma, refuta, reinscribe de manera figurativa— (Grosz, en Pérez Fernández 2009: 31).
En este sentido Mónica Carabias nos presenta una innovadora e inquietante mirada con la serie fotográfica titulada «El Vigilante» (20142019), realizada por la artista visual y multimedia Aissa Santiso (La Habana, 1992-), y su aportación a «la creación artística contemporánea en el marco de la era digital y el impacto social de la web 2.0». Se trata de «un proyecto que tiene como escenario las ciudades del siglo xxi, como principal protagonista, la amenaza del estado vigilante en la vida cotidiana mediante la tecnología de las cámaras de Circuito Cerrado de Televisión (CCTV), entre otras, y como telón de fondo la condición líquida de la sociedad contemporánea teorizada por Zygmunt Bauman». Las teorías que investigan el espacio han evolucionado y ofrecen una nueva idea del lugar: un constructo social fluido, de límites en constante cambio (Massey 1994; McDowell 2000). Este cambio de paradigma sucede paralelamente con la modificación de las definiciones de identidad cultural. Las denominaciones posmodernas (traslocalismo, hibridación, diáspora) reflejan un concepto de identidad que se sustenta en y por la diferencia. Todas defienden que las identidades y las formas culturales emanan de la mezcla, de la fusión, del movimiento (Clifford 1999). Las nuevas identidades son «una amalgama fluida de recuerdos, de lugares y orígenes, elaborada a partir de fragmentos y matices, viajes y restos de movimientos intermedios» (McDowell 2000: 315-316). Rosi Braidotti (2004: 216) argumenta que el género no puede ser sino nómada: «ser mujer implica crear mapas de la propia supervivencia, trayectorias de contramemoria, resistencia y subversión de cualquier forma dominante de representación del yo». En este sentido son los usuarios quienes dotan al espacio de contenido. Por ello podemos ha16
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blar del espacio como producción social. Las asignaciones espaciales del discurso patriarcal corrieron la misma suerte que la diferenciación sexual: el espacio binario; lo privado y los sentimientos como ámbito de lo femenino, lo público y el uso de la razón como esfera de lo masculino. El feminismo se esforzó en negar o contradecir esas codificaciones: los esfuerzos se dirigieron primero hacia la institución del matrimonio de la mano de Mary Woolstonecraf (1759-1797) y luego a la domesticidad y la privacidad de la experiencia femenina. En este sentido, Louise Bourgeoise (1911-2010) manifestó: «Ojalá pudiera hacer mi privacidad más pública y al hacerlo perderla» (Carro Fernández 2010: 29). Si la casa, recordando a Bachelard, representa la topografía de lo íntimo, la serie de dibujos de Louise Bourgeoise, denominados Femme Maison de los años 40, lo manifiesta, pues está configurada por una mujer cuyo tronco y rostro se han convertido en una casa como interioridad del ser1. Miriam Schapiro, posteriormente, colaboró con Sherry Brody en Dollhouse (1972) como parte de Womanhouse, una instalación de una cooperativa de arte feminista patrocinada por el Instituto de las Artes de California. Womanhouse era una mansión condenada de Hollywood transformada por los artistas en una serie de salas que se ocupaban de diferentes aspectos de la experiencia de las mujeres, y Dollhouse proporcionaba otro nivel de imaginación y fantasía como un conjunto de «habitaciones dentro de las habitaciones». Dollhouse surgió de una serie de obras que Schapiro llamó sus «santuarios», en los que exploró sus identidades cambiantes como artista, esposa y madre. Los diferentes símbolos desafían la idea de que la vida doméstica de las mujeres les impide hacer arte «serio». Al mismo tiempo, las pequeñas habitaciones en Dollhouse evocan celdas en las que las esperanzas de las mujeres a menudo son encarceladas2. Precisamente, una de las acciones más desestabilizadoras del statu quo de la diferencia de sexos era pretender 1 2
Véase: https://www.elcuadrodeldia.com/post/110236100748/louise-bourgeois-femme-maison-1946-1947-%C3%B3leo Véase: https://americanart.si.edu/artwork/dollhouse-35885
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trascender las fronteras de lo privado para tomar la palabra en el ámbito de lo público. A partir de los 90 se inscriben las obras de Catherine Opie (1961) Joanne, Betsy & Oliva, Bayside, New York de 1998, Oliver in a Tutu, In an Around Homme de 2004, en las que, desde la estrategia feminista, «lo personal es político» y, haciendo público lo privado, mostraba la cotidianeidad de familias y personas alejadas de la normativa heterosexual en actitudes y espacios que respondían a una domesticidad heterodesignada. Además, cuestionaba la existencia de un orden natural, de una normatividad y se preguntaba por la esencia de la alteridad3. Desde esta perspectiva la artista española Cristina Lucas da un paso más y desafía, en su conquista del espacio público, las historias del pasado y del presente analizando lo que nos han contado, cómo nos lo han contado y los estereotipos que se han generado. Sus obras nos enseñan las diferentes caras del prisma «histórico-narrativo» arraigado en el imaginario colectivo. Con su obra nuevas ventanas se abren a asuntos sociales esenciales como la libertad de expresión y la situación de las mujeres en la historia y en el siglo xxi. La emancipación y el feminismo son temas recurrentes en su obra, siempre como parte de los derechos del ser humano en general. La propia artista se define de esta manera: No soy una artista feminista, sino una persona feminista. Tengo esa preocupación en mi vida. En mi obra la reflejo solo a veces. Pero el feminismo es una necesidad de la democracia, de la razón, del humanismo. Y su nombre está maldito. El feminismo no es más que la necesidad de que todos los ciudadanos de una nación tengan los mismos derechos y deberes. ¿Y cómo podría ser de otra manera? ¿Con qué desfachatez nos atrevemos a no mantener esa lógica justa y obvia? Desenmarañar esa maraña también es parte de mi trabajo. Necesito hacer cosas en ese sentido, porque pienso que hombres y mujeres que no sean feministas no son, sencillamente, buenas personas, sino antidemocráticas e inmorales. Hay que decirlo así de claro (Blázquez 2017: 189).
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Véase: http://www.artnet.com/artists/catherine-opie/
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Cristina Lucas traspasa fronteras y defiende la dignidad social en el espacio público. Además, la historia de las mujeres en la obra de Cristina Lucas4 es necesariamente radical, no solo por su resistencia a la norma y su politización de lo doméstico y de lo íntimo, sino porque es una historia alternativa a la historia. La artista desmenuza historias del pasado que hacen referencia al presente y nos recuerda que hay mucho camino por recorrer. Cada una de las mujeres es el símbolo de miles de mujeres y de sus historias: las anarquistas, Marianne, las mujeres andaluzas, las que martillean estatuas, las que tiran piedras, las bailarinas, las amazonas, las brujas, las que se desnudan en los museos, las que se peinan, las trabajadoras, las amas de casa, las maestras. Estas figuras se vuelven imprescindibles para comprender la historia y evolución del feminismo, el momento en el que se encuentra y sus motivos de lucha actual. En su obra Habla (2008) Cristina Lucas defiende el derecho de la mujer a saber y a reivindicar su libertad y su igualdad (Blázquez 2017). La historia del arte se podía leer, señala Sergio Rubira (Lucas 2017: 210), como una historia ejemplar, construía una norma a la que había que someterse y los museos que la contenían participaban de ella. Lo que se rebelaba contra esas leyes nunca entraba o, si lo hacía, se escondía en los almacenes, relegándolo al olvido. Segio Rubira afirma que hoy todavía sucede. ¿Qué pasaría si esa norma quedara rota, si esa historia ejemplar se interrumpiera de repente? Estos interrogantes se los plantea Cristina Lucas en su serie de fotografías Desnudos en el museo (2010), en la que incluye a una persona desnuda en esa institución que rige el relato del arte, una narración que queda suspendida en el momento en el que una modelo se quita la ropa ante los visitantes. Está alerta porque puede pasar cualquier cosa, desde llamarle la atención hasta llevarla a prisión durante unas horas. El museo como territorio del poder, espacio disciplinario, lugar en el que se ejerce la autoridad para construir un 4
Véase: http://www.rtve.es/alacarta/videos/metropolis/metropolis-cristina-lucas/2436908/
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discurso, un discurso contra el que se debe ir o que, al menos, habría que dejar en evidencia desvelando sus estrategias, exponiéndolo como hacen esas mujeres en su desnudarse. El desnudo y estar desnudo se demuestran diferentes. Así, esas mujeres que están desnudas quedan enfrentadas en el instante en que se toma la fotografía a algunos de los desnudos del canon. Son mujeres que se resisten a la idea que se ha impuesto de ellas. Mujeres, sí, pero también hombres, porque la norma, la ley, afectaba a todos, y lo femenino y lo masculino están igual de construidos, aunque algunos prefieran mantenerse en la seguridad de ese binarismo que ha determinado el desarrollo del pensamiento occidental. Por eso Lucas incluye a dos modelos masculinos en su serie. Ellas y ellos son modelos que desafían los ejemplos, como Cristina Lucas reta, hace frente, se enfrenta a lo que se nos ha enseñado, a lo que se ha convertido en norma. Va siempre en contra, en contra de esa historia del arte que ha perdido sus mayúsculas, en contra del museo y su relato de autoridad, en contra del genio y sus obras maestras (Rubira, en Lucas 2017)5. Con este recorrido de la reivindicación de la mujer en el espacio público a través de la representación artística creemos dejar constancia de algunos de los retos conseguidos a lo largo del tiempo y los que quedan por conquistar. En las representaciones literarias las protagonistas femeninas tienen una clara presencia, como se puede observar en los diferentes trabajos que se presentan en este volumen desde un abanico plural. Asunción Bernárdez aborda la cuestión de la utopía y de la distopía y se pregunta: ¿Qué pasa con las utopías de las mujeres? Excluidas del acceso a la cultura, lo estaban también de la capacidad de imaginar mundos imaginarios. Pero hay una cosa común: cuando pudieron, identificaron que inventarse nuevos mundos pasaba por cuestionarse de alguna forma el poder masculino que dominaba el mundo. En la literatura existían figuras de poder femenino, pero siempre asociadas a relaciones con los varones: la madre de,
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Véase: http://www.m-arteyculturavisual.com/2014/05/26/invisible-nude-hacia-lo-salvaje-y-touch-and-go-de-cristina-lucas/
Carmen Mejía Ruiz