POPULISMO MEDIÁTICO EN AMÉRICA LATINA
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
POPULISMO MEDIÁTICO EN AMÉRICA LATINA
ANGÉLICA MENDIETA RAMÍREZ JOSÉ LUIS ESTRADA RODRÍGUEZ
tirant humanidades Ciudad de México, 2023
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© Angélica Mendieta Ramírez José Luis Estrada Rodríguez
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EDITA: TIRANT HUMANIDADES DISTRIBUYE: TIRANT HUMANIDADES MÉXICO Av. Tamaulipas 150, Oficina 502 Hipódromo, Cuauhtémoc 06100 Ciudad de México Telf.: +52 1 55 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-19071-13-2 MAQUETA: Innovatext Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
ÍNDICE DE MÉXICO A LA PATAGONIA ........................................................................
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PRÓLOGO, Mario Riorda........................................................................................
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INTRODUCCIÓN....................................................................................................
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Capítulo I. DESARROLLO HISTÓRICO DEL POPULISMO EL CONCEPTO DE POPULISMO: AMBIGUO Y ADAPTADO AL MOMENTO HISTÓRICO.......................................................................................... El clientelismo, cercano al populismo.......................................................... El populismo latinoamericano...................................................................... El índice de populismo a nivel mundial...................................................... LA COMUNICACIÓN POLÍTICA Y EL POPULISMO................................. LAS FAKE NEWS Y LA DESINFORMACIÓN ............................................... Características del populismo mediático .................................................... El populismo en Estados Unidos.................................................................. El movimiento contra científico y populista en la pandemia...................
48 55 59 62 65 71 80 83 88
Capítulo II. EL POPULISMO EN VENEZUELA INSTAURADO POR HUGO CHÁVEZ: VIVO Y CRECIENTE EL DISCURSO POPULISTA PARA LEGITIMAR EL PODER...................... CONSTRUIR UN ENEMIGO Y COMUNICARLO SIEMPRE.....................
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Capítulo III. EL POPULISMO EN PERÚ: GOBIERNO DEL MIEDO FUJIMORISMO EN PERÚ.................................................................................. PERÚ EN EL PERIODO DE BELLINGHURST...............................................
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Capítulo IV. POPULISMO EN BOLIVIA: PLURICULTURAL Y POPULISTA TODO ES CULPA DE LOS DEMÁS, ASÍ SE CONSTRUYÓ SU DISCURSO.. LOS MEDIOS COMO OPOSICIÓN DEL PUEBLO.......................................
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Índice
LA DEMOCRACIA DE AUDIENCIAS.............................................................
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Capítulo V. POPULISMO EN ARGENTINA: PERONISMO Y KIRCHNERISMO LA ETAPA DE LOS KIRCHNER........................................................................ CRISTINA KIRCHNER EN EL PODER ..........................................................
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Capítulo VI. EN BRASIL EL POPULISMO DE LULA SE REINVENTA CON EL NUEVO PRESIDENTE JAIR BOLSONARO BOLSONARO Y EL POPULISMO COMO ESPECTÁCULO........................
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Capítulo VII. MÉXICO: DEL PRESIDENCIALISMO AL POPULISMO MEDIÁTICO LA HISTORIA POPULISTA DE MÉXICO....................................................... LA VICTORIA DE AMLO Y EL POPULISMO CRECIENTE EN MÉXICO. AMLO Y EL POPULISMO MEDIÁTICO EN MÉXICO................................ LA POLARIZACIÓN COMO ESTRATEGIA...................................................
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CONSIDERACIONES FINALES ..........................................................................
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BIBLIOGRAFÍA........................................................................................................
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DE MÉXICO A LA PATAGONIA
El populismo en América Latina tiene raíces históricas que han permitido su inserción en distintos gobiernos, sin que los ciudadanos den cuenta de las transformaciones y cambios que se producen en torno al sistema democrático. Los medios de comunicación masiva, ahora sociodigítales montados en la web, tienen un papel fundamental en el desarrollo del populismo como forma de gobierno en muchos países. En este libro se analiza el populismo mediático de los siguientes países: México, Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina y Brasil, para destacar el papel que tuvo el discurso político que se difunde en los medios masivos y sus acciones de gobierno ampliamente aceptadas por la población después de haber sido persuadidos para obtener su consenso; mediante un ejercicio de manipulación de la opinión pública. Si bien es cierto que existen múltiples estudios sobre el populismo desde su análisis teórico, pocos autores han unido la teoría con las evidencias empíricas, los discursos y los hechos que se manifiestan en el campo de la comunicación política. El libro busca aportar este análisis y destacar el papel que siguen teniendo la comunicación política en la construcción de la hegemonía política.
PRÓLOGO LA POLÍTICA ES NECESARIAMENTE MEDIÁTICA
Estudiaba ciencia política en un momento en donde estaban en auge los estudios de transición que, en América Latina, no eran ni más ni menos que los hallazgos y las teorías del éxito esperado en la consolidación de las nuevas democracias tras los gobiernos de facto y para aportar evidencias de qué tan posibles eran las aspiraciones reformistas. La síntesis de lo que se desprendía de ellos: mejor democracia frente a amenazas latentes. Ahí radicaba la esperanza de sus aportes. De hecho, con sus particularidades, había un consenso de que el tránsito a la democracia era en sí mismo una abreviación de lo que significaba la propia democracia liberal: un sistema político marcado no solo por elecciones libres y justas, sino también por el estado de derecho, la separación de poderes y la protección de las libertades básicas de expresión, reunión, religión y propiedad. Pero pasaron varias décadas y la cosa cambió. Una de ellas es que formas democráticas liberales produjeron serias frustraciones, tanto como pésimas performances en diferentes niveles. Así, esa democracia anhelada ya no necesariamente es el anhelo de todos o bien el anhelo asume condiciones egoístas, utilitarias, antes que de bien público. De hecho, lo paradojal es que la democracia alberga formas que tensionan la modorra democrática que modelaba democracias desde la ciencia política y el derecho constitucional pero que la praxis ha venido a cuestionar. Incluso, diría que la comunicación política ha venido a incomodar. La comunicación política es el intento de control de la agenda pública. Es la política en tanto acto de expresión pública, el modo en
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que aquella quiere ser -y es- vista. Requiere de cuatro elementos que la definen. Instalación: la comunicación política es una bisagra que mueve constantemente el umbral que define y separa los temas de los que se hablará de aquellos que no formarán parte de la agenda. Encuadre: una vez que los temas se hacen presente, que forman parte de una plática social, los argumentos que hacen a cómo debatirlos y tratarlos, otorgan una cualidad semántica que los hace significar algo, funcionando como un filtro para su visibilidad. Tono: habla de la intensidad y el modo en que se presentan. Habla de la racionalidad o del drama con el que son expresados y abordados los temas. Expectativas: es el contrato futuro y lo que se espera de aquello que se habla. Las expectativas son un motor que dinamiza el debate público y funcionan como activadoras de alguna acción en particular. Pero cualquier discurso político, de una u otra manera, cumple con estos elementos. Representantes dignos de la democracia liberal como liderazgos populistas, es verdad. Pero no todos tienen efectividad. Ahí, en búsqueda de la efectividad deseada (o perdida), aparece un tipo discursivo, novedoso, que describe un clima de época y que preocupa por su modo de aparición público: el “discurso popularizante” que, curiosamente no es patrimonio de los populismos, pero que sí muchos populismos utilizan. Permiso que estableceré un desarrollo conceptual para llegar a él. Fareed Zakaria acuñó el término democracia iliberal hace varios años. Refería a gobiernos electos democráticamente que creen tener soberanía absoluta en la representación popular y que actúan acomodando o cooptando la institucionalidad. Casi siempre se presentan con un estilo de centralización descontrolada y arbitraria en la toma de decisiones. Presentan retóricas cerradas y dogmáticas (muchas veces apelando a nacionalismos) y, apelando a elecciones que los hace razonablemente democráticos.
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La defensa de su estilo, enmarcado bajo algún formato de democracia iliberal, termina fundando su legitimidad en la desacreditación constante de la democracia liberal y con ello aparejando una erosión de la libertad en no pocos episodios, abuso de poder y divisiones sociales amparadas en profundas radicalizaciones. La democracia iliberal provee de discursos iliberales y no sólo hace referencia a un gobierno, sino a prácticas poco democráticas que también incluye las de la oposición. En el fondo, podría ser un antecedente temprano de complejas teorizaciones posteriores sobre el populismo. No pretendo equiparar a todos los populismos como ilberales, pero tampoco pretende separar a todos de su condición de iliberal. ¿Cómo entender un discurso popularizante que suele ser una práctica común de los populismos? Definiendo lo que lo conforma. Lo popularizante toma sentido cuando todos los siguientes componentes se hacen presente simultáneamente, a saber: — Los sujetos hablantes son personas solitarias que no dialogan. La “otredad”, el sujeto (persona o institución) destinatario de la adversarialidad sólo es concebido para ser confrontado y, muchas veces, humillado, pisoteado. Hay una pretensión de anulación de su condición de adversario que parte de un juicio moral categórico que quita de sustancia la validez y aptitud de las personas opositoras en el juego democrático. Humillación, provocación, escandalización son sus elementos. Por ende, la democracia es concebida como un juego de exclusión. Ganar es la muerte política del adversario. El estudio realizado por Rob Goodman y Samuel Bagg del discurso político, identifica características claves de la prédica identitaria, entre las que resaltan dos: incondicionalidad y su apelación a la autoridad. La incondicionalidad implica que los predicadores anuncian la verdad salvadora del mundo. Sólo hay una verdad. El liderazgo no se discute. La deliberación no forma parte de lo posible. Se busca la identificación para que el oyente responda: “Esa es mi historia también”, pero desde un vínculo con la autoridad aceptada. Por otro lado, la apelación a la autoridad es la dependencia de un texto o tradición autorizada, lo que pone un cierto freno a la libertad de acción. La lí-
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nea discursiva es cerrada. No hay interpretaciones cómodas. Se acepta un combo y el ser parte implica defender todo y no claudicar en nada. La tibieza es una forma de herejía o impureza. Mientras más a los extremos los discursos, hay mucho menor disposición a ceder terreno a las opiniones. Apela al uso creativo de gestos, danzas y movimientos para encarnar el sermón. Casi siempre usando recursos narrativos de larga data como epopeyas, gestas heroicas, conflictos. También puede aproximarse a modos similares a expresiones modos de autoayuda, muy característico en la literatura de divulgación de la psicología positiva. — Hay tribalización como colectivos cerrados. La soledad de los liderazgos es acompañada por fans. Las normas del consenso interno de los grupos, como acto tribal, prima por sobre las normas del consenso democrático. Celebración, exaltación y mitificación del liderazgo hacen a una distinción identitaria. Mientras más disrupción, más osadía, más devoción tribal. La sociología de los grupos primarios se regocija de esta exaltación de las emociones constitutivas de un nuevo pueblo agregado. Jürgen Habermas proclama una «coacción sin coacciones del mejor argumento” -lo que un modismo coloquial sería algo así como una fuerza no forzada de la racionalidad-. Implica que cada discurso tenga que “desempeñar” razones que apoyarían tal expresión. No aportar razones, vale decir, no justificar discursivamente cada proposición, representa una falta de índole moral. Desde esta concepción, el lenguaje es entendimiento. No se trata de concordar, se trata de argumentar, aun para discordar. La acción comunicativa de Habermas pretende alcanzar un acuerdo aceptable por los participantes e implica que cada uno de los participantes se comprometa a dar razones suficientes para defender la validez de sus afirmaciones cuando le son requeridas. Bueno, ¿para qué sirve esto de Habermas? Para afirmar que esto no es populismo. — Sin pretensión de verdad. Todo aquello que se quiere decir no requiere de veracidad ni lógica. No quiere decir esto que no todo argumento es falaz. En absoluto. Los populismos, especialmente en sus orígenes suelen tener fascinantes modos de argurmentación ba-
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sado en lo retrospectivo como malo. Pero sí quiere decir que quien pronuncia estos discursos es un sujeto productor de resginificaciones arbitrarias del pasado y del presente. En su propia tribu, tiene capacidad de resignificar el pasado a cada rato, incluyendo la negación de la evidencia o el uso parcial de la misma. Algo que hacen bien muchos populismos, al menos por un rato, aunque no en todas las experiencias, es gestar mitos de gobierno consolidados. Eso habla muy bien de su desempeño en muchas circunstancias porque un mito de gobierno requiere coherencia entre el decir y el hacer, entre la retórica de valores y las políticas públicas reales, se basa en apoyos masivos y por lo tanto, en cumplimientos electorales. En parte y con el tiempo, esos mitos crujen y suelen deformarse de su planteo original, suelen forzar argumentos para ser sostenidos o bien, suelen desfigurarse terminando en defensas de lo indefendible sólo con el afán de demostrar -entiéndase imponer- poder. — Juegan al límite. El concepto de eficacia pragmática guía. La búsqueda de la máxima asertividad sin límites fácticos, éticos ni de formas de justicia. El discurso justifica los medios. La causa justifica las acciones. Lo que sirve, no importa cómo se logra. Lo que protege a los líderes no tiene precio. Lo que sirve, no importa lo que daña. Lo que sirve, no mide consecuencias. Hay convicciones que guían. Los populismos se instalan con alto apoyo popular, con fuertes procesos de distribución de recursos en algunos contextos o de una asimétrica acción de gobierno destinada a representar a quienes los votaron en otros. Esta última concepción -desde la real politik- apoya la creencia de que no hay que dejar de tributar a quién concedió soberanamente el poder de origen. Con mucha polémica, Christopher Achen y Larry Bartel se preguntan en su libro “Democracy for realists. Why elections do not produce responsive government?” si quizás la democracia no esté en crisis, sino que sea “justa” porque su resultado realista es precisamente representar las parcialidades identitarias y la fe que la sociedad deposita en parte de sus élites. De hecho, sostienen, los ciudadanos son espejos de los partidos, no sus amos. Y provocan respecto a si los ciudadanos deben ser representados, no tan sólo gobernados. Entonces aquí aparece una verdadera contradicción: la
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dinámica de la identidad es, como los autores citados proclaman, realista y poderosa. Y se vuelve cada vez más profunda, pero a la vez, más favorecedora de la polarización, más refractaria de los consensos, más provocadora de las diferencias y los estigmas. — Funciona como mojón ideológico. El discurso popularizante es estridente. Los populismos, más cuando presentan modos popularizantes, no son nada sobrios, y se presentan con una estética asociada al histrionismo, con estridencia como rasgo. Llama la atención y suele ser un punto ordenador del que la mayor parte del sistema político se diferencia. Son un eje que articula o modifica un nuevo continuum en el espectro ideológico. Se orientan a la generación de identidad con un fuerte parecido con la predica religiosa lo que va tornando a la política jerárquica, celosa custodia de una palabra dada o incluso mesiánica, portadora de verdades reveladas. Por ello, esta sentencia debería sobrar a esta altura de los tiempos, pero no: la comunicación política actual es necesariamente mediática. Por ende, la política es necesariamente mediática también. Y resulta curioso porque muchos análisis del populismo, como modo político, como categoría, tomo la dimensión mediática como algo residual, accesoria o como faz final de un proceso de legitimidad cuando, las más de las veces, el populismo en acción debiera ser entendido desde su propio origen como un populismo mediático en acción. Ante ello, bienvenido este magnífico aporte comparado realizado por los colegas y amigos, Angélica Mendieta Ramírez y José Luis Estrada Rodríguez. A celebrarlo, a gozarlo, a debatirlo. Mario Riorda
INTRODUCCIÓN La desigualdad pasó a llamarse mérito; la miseria, austeridad; la hipocresía, derechos humanos; la guerra civil sin control, intervención humanitaria; la guerra civil mitigada, democracia. La propia guerra pasó a llamarse paz para que pudiera ser infinita. Boaventura
La comunicación política se ha transformado –en los últimos años– en América Latina; incluso en Estados Unidos, cuna de esta disciplina que se desarrolló durante los años cincuenta y que ahora encuentra nuevos referentes. Cada vez la política está más mediatizada, es decir que los acuerdos y negociaciones del poder se realizan a partir del intercambio de mensajes que ocurren en los discursos televisivos, en los programas de radio y ahora –de manera significativa– en las redes sociales. Podemos incluso retomar las palabras del politólogo italiano Giovanni Sartori, quien acuñó la palabra “videopolítica”, para referirse a este fenómeno donde los ciudadanos opinan de acuerdo con las exposiciones, que los gobernantes hacen, de los temas de la agenda pública en los medios masivos. La democracia como un gobierno de opinión, construido a través de las percepciones, ideas, proyectos y sueños, se ha trasladado a los espacios de interacción socio-digital generados en la red de redes, de tal manera que la relación entre votantes y políticos está centrada en el intercambio virtual que proporciona internet. Incluso algunos teóricos de la democracia sostienen que la irrupción de la tecnología en la transmisión de los mensajes y la información por medio de Twitter, Facebook, Instagram y otros mecanismos de interacción virtual, promueven el desarrollo del populismo mediático como una forma de difundir mensajes, promover emociones
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Angélica Mendieta Ramírez y José Luis Estrada Rodríguez
y ganar adeptos para las contiendas electorales de forma permanente e inmediata. Lo que sí es un hecho es que los populistas han utilizado las redes sociodigitales para difundir ideas, superando a los medios convencionales como la televisión, la radio y los periódicos; por ello estamos ante un nuevo fenómeno comunicativo digno de análisis. La explicación teórica, junto con las evidencias empíricas de la influencia de los medios de comunicación en la sociedad, tiene un creciente cambio en su descripción práctica; porque los medios de comunicación que sirvieron de puente o enlace entre el poder político y los ciudadanos se han modificado. A partir del populismo como una estrategia del poder político en los años recientes, la forma de comunicar se ha transformado; ya no hay intermediarios porque han emergido líderes personalistas fuera de los espacios de poder tradicional que eran los partidos políticos, han emergido desde fuera de la política como candidatos outsiders en la mayoría de los casos e implantado una nueva forma de comunicar la política, a partir de la instrumentalización de la ideología por un líder carismático. Más aún, el estudio del fenómeno del populismo mediático es pertinente porque este fenómeno se ha mostrado como una vía para el desarrollo de gobiernos rígidos, con una fuerte centralización del poder y ataque a la prensa, periodistas y comunicadores que difunden mensajes y producen información. Bonilla e Isern (2015), retoman este punto sobre la vulnerabilidad del derecho a la información como uno de los riesgos que tienen los gobiernos populistas, sobre todo en países como: Venezuela, México, Bolivia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua y otros. Por tanto, los políticos tienen incentivos para controlar los mensajes que se producen en los medios masivos, donde privilegia internet para el contacto con todos los ciudadanos. Además, la representación política nunca fue más directa. Vivimos una democracia mediatizada donde también se produce una adjetivación del término para afirmar que existe una democracia progresista, de izquierda, liberal, social-demócrata o alternativa. Pero, teóricamente la representación política que surge en estos movimientos populistas se extiende más
Introducción
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allá de los procedimientos institucionales de la democracia representativa, porque busca desplazar incluso a los poderes legislativos para instaurarse un gobierno del líder y el pueblo. Desde un encuadre mediático, los gobiernos populistas en el contexto histórico de América Latina emergieron como una vía para la democracia después de los gobiernos dictatoriales; pero también como un mecanismo para garantizar la preservación del poder y la hegemonía en términos de los discursos que construyeron gobiernos con fuerte liderazgo, de una comunicación emotiva, fuerte y esperanzadora para muchos. Pero también la comunicación populista se refiere a las diversas formas que han adoptado los ciudadanos para hacer saber su descontento. La movilización social es uno de los elementos recurrentes del fenómeno del populismo, a través del cual los gobiernos utilizan a la sociedad para impulsar, reformar, modificar la constitución o promover ciertas obras y acciones. El discurso político y simbólico es muy importante porque logra construir acuerdos y desacuerdos. En la polarización de los grupos, el líder controla sus acciones porque utiliza a un grupo en contra del otro para generar esta permanente disputa tanto en las ideas como en las acciones. La cultura mediática y el consumo cultural serán determinantes en la construcción del consenso ciudadano, en el discurso de las noticias y acciones gubernamentales estará siempre presente la búsqueda de simpatías, lealtades y votos de los ciudadanos. Es así que los medios de comunicación tienen un papel fundamental en la democracia y el respeto a los derechos humanos del liberalismo como corriente ideológica de la justicia social en contra del autoritarismo y la democracia. Thomas Jefferson, padre fundador de la democracia y del republicanismo, amante del imperio de la libertad de los ciudadanos, sostuvo: “Si se dejara elegir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo segundo”, publicado en 1787 antes de ser presidente de Estados Unidos. Esta frase, que ha sido un cliché dentro de la investigación en comunicación, plantea la importancia de los medios ma-
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Angélica Mendieta Ramírez y José Luis Estrada Rodríguez
sivos como mecanismos para la divulgación de información, acotar los poderes –watchdogs– y construir una mejor sociedad. En ese sentido, la captura de los medios es uno de los riesgos que existe en los gobiernos populistas que promueven la personalización del poder y construyen un sistema de lealtades paralelo a la estructura institucional formal, una suerte de democracia mediatizada. Dado que una característica de los gobiernos con tinte populista es participar en apoyos a la población, su adhesión ideológica es menor en tanto que promueven una lealtad material a partir de los beneficios materiales, despensas, becas y toda serie de canonjías a sus seguidores. Por supuesto, ciudadanos seguidores de este tipo de líderes, actúan a favor de su racionalidad política: prefieren recibir estas ayudas porque consideran que maximiza su utilidad o beneficios, y se reducen los riesgos o costos que tenían otro tipo de gobiernos. Por esto resulta pertinente abrir la discusión sobre cuál ha sido el papel de los medios masivos de comunicación en la construcción del fenómeno populista. Se ha escrito mucho sobre el tema, pero se ha omitido la investigación sobre cómo actuaron los medios en el gobierno de los líderes denominados populistas. Este trabajo retoma la discusión teórica sobre el concepto del populismo, pero va más allá en la explicación y aportación de datos; así como elementos empíricos sobre el populismo mediático en América Latina por medio de la revisión de los países: México, Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina y Brasil. Sucede un fenómeno interesante que puede ayudar a comprender en términos generales lo que sucede al llegar al poder un líder considerado por sus características de gobierno, por sus promesas y actuación como populista. Su vínculo con los medios de comunicación es débil, porque no tienen capacidad de promover sus ideas en los órganos formales, sus redes de patrocinio suelen ser limitadas. Por ello, los populistas, al no contar con muchos recursos, aliados o empresarios en su primera incursión política o primera elección, tienen que promover una comunicación directa con las masas. Em-