LA MONOPARENTALIDAD POR ELECCIÓN
El proceso de construcción de un modelo de familia
María Isabel Jociles Rubio Raquel Medina Plana (Eds.)
Valencia, 2013
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índice I. INTRODUCCIÓN LAS MADRES SOLTERAS POR ELECCIÓN: QUIÉNES SON Y CÓMO HEMOS INVESTIGADO SUS PROYECTOS FAMILIARES.................... 11 Ana María Rivas María Isabel Jociles
PARTE I LOS ACTORES EXPERIENCIAS E IMÁGENES ACERCA DE SU FAMILIA DE LOS HIJOS DE MADRES SOLTERAS POR ELECCIÓN (MSPE) Y DE FAMILIAS BIPARENTALES.............................................................................. 41 María Isabel Jociles David Poveda Ana María Rivas
REVELACIÓN DE LOS ORÍGENES EN LAS FAMILIAS DE MADRES SOLTERAS POR ELECCIÓN (MSPE) QUE HAN RECURRIDO A LA DONACIÓN DE GAMETOS................................................................... 67 María Isabel Jociles Ana María Rivas David Poveda
DISCURSOS Y ESTRATEGIAS DE CONCILIACIÓN DE LA VIDA LABORAL, FAMILIAR Y PERSONAL ENTRE LAS MADRES SOLTERAS POR ELECCIÓN (MSPE)......................................................................... 93 Begoña Leyra Laura Alamillo Nancy Konvalinka
ENTRE EL “DESEO” DE SER PADRES Y SER PADRES “DE TERCERA”: EXPERIENCIAS DE LA MONOPARENTALIDAD ENTRE LOS PADRES SOLTEROS POR ELECCIÓN (PSPE)........................................ 143 Fernando Lores Ariadna Ayala
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Índice
PARTE II DISCURSO INSTITUCIONAL Y EXPERTO SOBRE LA ADOPCIÓN EL PROCESO DE ADOPCIÓN INTERNACIONAL COMO COLONIZACIÓN DE SUBJETIVIDADES............................................................. 187 David Poveda María Isabel Jociles Ana María Rivas Fernando Villaamil
IMBRICACIÓN DEL DISCURSO JURÍDICO Y EL DISCURSO EXPERTO EN TORNO A LA IDONEIDAD PARA LA ADOPCIÓN EN FAMILIAS MONOPARENTALES..................................................................... 221 Raquel Medina Plana
DISCURSO EXPERTO SOBRE LA IDONEIDAD E INSTRUMENTALIZACIÓN DEL PRINCIPIO DEL INTERÉS SUPERIOR DEL MENOR EN LA VALORACIÓN DE LAS FAMILIAS MONOPARENTALES........ 267 David Poveda María Isabel Jociles Ana María Rivas Fernando Lores
EPÍLOGO LA DERIVA DE LA ADOPCIÓN MONOPARENTAL HACIA LA ANOMALÍA..................................................................................................... 293 Raquel Medina Plana
I. INTRODUCCIÓN
Las madres solteras por elección: quiénes son y cómo hemos investigado sus proyectos familiares Ana María Rivas
Universidad Complutense de Madrid
María Isabel Jociles
Universidad Complutense de Madrid
1. ¿QUÉ ES LA MONOPARENTALIDAD Y QUÉ LA MONOPARENTALIDAD POR ELECCIÓN?: LA DIVERSIDAD DE LAS SITUACIONES MONOPARENTALES1 Si bien las situaciones de monoparentalidad (entendidas en un sentido lato, es decir, sea como hogares, sea como núcleos o sea como familias que cuentan con una sola figura parental en su seno) probablemente han existido desde siempre (ver Epílogo), su visibilidad y, sobre todo, su legitimidad social son relativamente recientes, igual que sucede con el término que hoy en día se usa para referirse a ellas, con una historia de apenas cuatro décadas. Diversos autores (Iglesias de Ussel, 1998 o Madruga, 2006, para citar a dos de ellos) han llamado la atención sobre el hecho de que la monoparentalidad no es una novedad histórica acontecida en las sociedades occidentales contemporáneas, puesto que —como se ha indicado— siempre ha habido situaciones que en la actualidad se identifican como monoparentales pero antes eran conocidas con otros nombres, tales como las viudedades o las madres solteras, que se han dado en otras épocas y en otros tipos de sociedades (Reher, 1996). En este sentido, la novedad de la monoparentalidad está, por una parte, en la mayor frecuencia de mujeres separadas y/o divorciadas que encabezan familias u hogares monoparentales (sobre viudas, por ejem-
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Este apartado constituye otra versión del primer epígrafe de Jociles et al., 2008.
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plo, que eran mayoritarias en el pasado) y, por otra parte, en la gran visibilidad que han adquirido las madres solteras que han seguido las vías de la adopción, la reproducción asistida con donación de gametos o han decidido mantener relaciones sexuales ex profeso para iniciar un proyecto familiar monoparental; vías de acceso a la monoparentalidad a las que recurren sobre todo mujeres de clase media y mediaalta, buena parte de las cuales han optado por auto-denominarse, o son denominadas por las demás, madres solteras por elección (MSPE, a partir de ahora) al objeto de diferenciar sus opciones familiares de otras con las que, eventualmente, pudieran confundirse. Monoparental (o monoparentalidad) es un término que entró a formar parte del vocabulario de las ciencias sociales a partir de la publicación, en 1969, de una obra del canadiense Benjamin Schlesinger titulada The One Parent Family. Julio Iglesias de Ussel, uno de los primeros científicos sociales españoles que dedicó un libro a este modelo familiar, asegura que el término alcanzó un notable éxito en el marco de los estudios sobre la familia debido, entre otras cosas, a que sustituía expresiones que tenían un neto carácter estigmatizante, tales como “familias rotas”, “familias incompletas” o “familias descompuestas” (Iglesias de Ussel 1988, 1998). Casi al mismo tiempo, Nadine Lefaucher (1988) planteaba en Francia que “familia monoparental” recogía las críticas feministas que reclamaban distinguir la estructura familiar de la persona sustentadora de la misma, lo que hacía posible que las familias encabezadas por una mujer pudieran acceder a la categoría de “verdaderas familias” (Lefaucher, 1988). Y, finalmente, el concepto (en su acepción mínima, es decir, que enfoca la monoparentalidad como cualquier situación en la que está implicada una sola figura parental a cargo de los hijos/as) debió buena parte de su éxito a los cambios que acontecieron, principalmente a partir de la década de los 60, en las relaciones de pareja, que intensificaron la des-institucionalización del matrimonio, lo que conllevó, a su vez, un aumento del número de separaciones y divorcios (Roussel, 1989, 1993) así como un incremento de los nacimientos extramatrimoniales y aun al margen de la existencia de una pareja y, por tanto, una mayor frecuencia de la monoparentalidad. Sin embargo, a medida que se han ido desarrollando más investigaciones sobre situaciones que, en principio, podrían calificarse de monoparentales, se han ido haciendo evidentes las limitaciones del
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concepto monoparentalidad como herramienta adecuada para identificar, describir y/o explicar realidades tan complejas y heterogéneas como las que presentan esas situaciones familiares. Por ello abundan también las aportaciones críticas que cuestionan la validez científica de esta categorización (Barrón, 2002; Rodríguez y Luengo, 2003; o Almeda et al., 2010), introducida por las ciencias sociales, asumida por ciertos colectivos para su auto-identificación, como es el caso de distintas asociaciones de familias monoparentales, e incorporada por las administraciones públicas como clasificación estadística, demográfica y burocrática usada, por ejemplo, para la distribución de prestaciones sociales; lo que ha contribuido a convertirla en una categoría socio-ideológica que ha acabado identificando la monoparentalidad con “problemas sociales” (Lefaucher, 1988). En todo caso, las principales limitaciones que se han señalado acerca de la operatividad analítica del concepto de monoparentalidad son las siguientes: 1. Los autores/as que han reflexionado sobre este concepto destacan los problemas de definición que entraña, lo que explicaría que no se haya identificado de una manera precisa qué es la familia monoparental (Iglesias de Ussel, 1998; Fernández y Tobío, 1999; Moreno, 2000; Barrón, 2002; Rodríguez y Luengo, 2003) y que las propuestas de definición varíen mucho en lo que se refiere a la atribución de características a las situaciones familiares calificadas de monoparentales, así como en lo que atañe al modo en que se combinan dichas características (presencia de una sola figura parental; edad y sexo de la misma; presencia, edad, estado civil de los hijos/as; dependencia de los hijos/as; tipo de dependencia; convivencia o no con otras personas; vías de acceso a la monoparentalidad, etc.). 2. La inexistencia de una idea precisa de monoparentalidad pone de manifiesto las dificultades que hay para reflejar la complejidad y la heterogeneidad del fenómeno. Por ello, autores/as como los mencionados sostienen asimismo que, aunque los conceptos son herramientas para el análisis de la realidad que deben ser refinadas constantemente para su mejor adecuación a los hechos que tratan de desentrañar, hay veces en que el refinamiento tiene que dar paso a la reconsideración de la utilidad teórica de manejar un único término para abarcar fenómenos muy heterogéneos, como ocurre en este caso con el de monoparentalidad.
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La falta de claridad existente en este marco conceptual y, de este modo, la dificultad para distinguir la diversidad de situaciones monoparentales que se dan en la realidad son debidas, en buena medida, a la no distinción entre: a) familia, núcleo y hogar monoparental; b) las distintas rutas de entrada (o vías de acceso) a la monoparentalidad; y c) la dimensión temporal de estas situaciones familiares.
1.1. Familia, núcleo y hogar monoparental La confusión que se genera alrededor de los conceptos de familia, hogar y núcleo monoparental ha sido abordada por diferentes estudiosos del tema (Durán, 1988; Iglesias de Ussel, 1998; Fernández y Tobío, 1998; Barrón, 2002), quienes previenen, directa o indirectamente, contra la tendencia a considerar estas expresiones como intercambiables, y abogan por cuidar la terminología que se utiliza para hacer referencia a las situaciones monoparentales con el objeto de interpretarlas y, en su caso, explicarlas con propiedad. Así, destacan que la expresión familia monoparental es la más imprecisa y se confunde a menudo con la de hogar monoparental, alusiva al conjunto de personas que comparten una misma residencia cuando entre ellas se encuentra una figura parental y sus hijos/as. El concepto de hogar es el que suele utilizarse en los censos de población que se realizan en España. Es más, el proyecto censal de 2001 emprende expresamente la distinción entre familia, núcleo familiar y hogar, definiendo este último como el “grupo de personas residentes en una misma vivienda familiar”2, de modo que las personas que conviven en un hogar no tienen por qué estar vinculadas entre sí por lazos familiares (si bien, en el caso del hogar monoparental, sí que se precisa que lo esté al menos una parte de ellas, que constituye el núcleo monoparental), mientras que sí lo tienen que estar los miembros de una familia. El concepto núcleo monoparental apunta a la unidad —mentada más arriba— que se compone de una figura parental y los hijos/as con los que convive, de manera que deja fuera a las otras personas que pudieran compartir con ellos la vivienda, es decir, designa únicamente a lo que cabría calificar de estructura básica o bien del hogar monopa-
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Ver a este respecto http://www.ine.es/censo2001/6.pdf (página 4).
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rental3 o bien de la familia monoparental, pues este último concepto es también más extenso que el de núcleo dado que se aplica a un conjunto de personas emparentadas entre sí aunque no compartan la misma vivienda y, por ende, no convivan con el núcleo monoparental, puesto que la familia trasciende las paredes del hogar y se extiende a quienes están ligados por lazos de parentesco. Basándose en esta idea, las MSPE que han sido entrevistadas en el marco de la investigación que se presenta en este libro, suelen negar que las situaciones en que una mujer (o, en menor medida, un hombre) pasa a vivir sola (solo) con sus hijos/as a raíz de un divorcio o separación puedan ser consideradas monoparentales, puesto que estos hijos/ as continúan teniendo relación con la otra figura parental y, por tanto, los retos que esa madre (o padre) tiene que enfrentar son distintos a los que deben encarar las MSPE, que se consideran a sí mismas formando parte de “verdaderas familias monoparentales”. Para éstas, lo definitorio de la monoparentalidad no es la ausencia de un progenitor en el hogar, sino su inexistencia en la familia. Veámoslo en el siguiente ejemplo: Leí hace tiempo una definición de Wikipedia, donde pone que por familia monoparental se entiende aquella familia que está compuesta por un solo miembro de la pareja progenitora y en la que los hijos, de forma prolongada, pierden contacto con uno de los padres. Me llamó la atención la parte final de la definición: “pierden el contacto de forma prolongada”. ¿Por qué? Porque hay muchos que se llaman a sí mismos monoparentales por estar separados de sus parejas, pero ni ellos ni sus hijos han perdido el contacto con el excónyuge. Por eso a mí me resulta muy chocante que la palabra “monoparental”, que vale para una viuda o para una divorciada, valga también para mí o para una mujer a la que, a la vez que se separa, la han abandonado. […] Hombre, pienso que la palabra “monoparental” sí que nos identifica porque, con el diccionario en la mano, “mono” significa uno, único, y “parental” significa “relativo a los padres”. Por eso me considero una familia monoparental, al igual que las familias que forman las mujeres que deciden una adopción en solitario. Pero no considero que sean familias monoparentales las que se forman después de un divorcio, de una ruptura con la pareja o de una defunción, porque en estos casos es evidente la existencia de dos cónyuges para la educación, la responsabili-
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Se habla de hogares monoparentales complejos cuando un núcleo monoparental reside con otras personas, y de hogares monoparentales simples cuando el hogar está constituido tan sólo por un núcleo monoparental (ver más adelante en esta misma Introducción).
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dad, los gastos, el cuidado… de los hijos, a pesar de que uno de ellos haya podido morir o no esté presente en la casa familiar (Amelia, 1 hija de 5-10 años por semen de donante).
Es curioso que, a través de procesos de auto(/ hetero)definición, las MSPE lleguen a planteamientos muy cercanos a los que han elaborado científicos sociales como Le Gall y Martin (1988), Lefaucheur (1988) o Fernández y Tobío (1998), quienes estiman que la expresión familia monoparental no es adecuada para comprender la realidad de los hijos/as que no conviven con sus dos progenitores, dado que la familia comprende no sólo al que reside con ellos/as sino también al que no lo hace, así como a otros parientes tanto maternos como paternos. Iglesias de Ussel (1998: 239 y 240) asegura, por su parte, que en estos casos es más apropiado hablar de hogar que de familia monoparental, puesto que es el primero el que tiene la condición de monoparental, no así la familia que continúa siendo biparental.
1.2. Las distintas rutas de entrada a la monoparentalidad En cuanto a las vías de acceso, que conforman otro de los elementos que introducen heterogeneidad en las situaciones de monoparentalidad, hay que tener en cuenta que son muy variadas y que, si bien dan lugar a un mismo tipo de núcleo familiar (padre/madre con hijos/ as dependientes a su cargo), entrañan vivencias muy distintas. Así, cabe encontrarse con: • Situaciones de monoparentalidad ocasionadas por la interrupción involuntaria (por fallecimiento, por ausencia del hogar debida a motivos laborales o socioeconómicos, por hospitalización prolongada… de uno de los progenitores / figura parental) o voluntaria (por separación, por divorcio, por abandono, etc.) de un proyecto de pareja y de familia. En estos casos, las relaciones filiales son consecuencia de haber optado por un modelo de pareja basado en una unión de derecho o de hecho, de manera que la causa desencadenante de la monoparentalidad puede ser experimentada como una fase crítica dentro del ciclo vital convencional (emparejamiento-unión, corresidencia-hijos/ as) o como una fase transitoria hasta lograr la recomposición familiar.
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• Situaciones de monoparentalidad derivadas de un proyecto personal de vida en el que no se contempla, en principio, una relación de pareja pero sí una relación paterno-filial, a la que se llega, a su vez, mediante adopción (nacional o internacional), acogimiento permanente, reproducción asistida mediante donación de gametos (de semen, de óvulos, de embriones)… o mediante relaciones sexuales con fines reproductivos mantenidas sea con “un donante conocido” sea con un sujeto que desconoce dichos fines. Aquí la relación paterno-filial se origina al margen de la relación de pareja, de suerte que los hijos/as son anteriores a una posible relación conyugal. Lo que caracteriza a estas situaciones es ser fruto de una opción voluntaria y elegida, lo que las diferencia de las madres solteras en el sentido tradicional, es decir, de quienes han tenido hijos como resultado de relaciones prematrimoniales de los que luego el padre se ha desentendido.
1.3. La dimensión temporal de las situaciones de monoparentalidad En estos casos, la monoparentalidad no es percibida como una fase crítica o transitoria de la vida de la madre (/del padre), sino como parte de un proyecto de maternidad (/ paternidad) que tiene sentido y significado en sí mismo. No es un punto de llegada, sino un punto de partida. Las sucesivas leyes aprobadas o en proceso de aprobación relacionadas con las adopciones internacionales (Anteproyecto de Ley de 9 de febrero de 2007) y con la reproducción asistida (Ley 35/1988, 45/2003; 14/2006) ponen de relieve la importancia de estas opciones, cada vez más frecuentes y también, como se ha indicado al comienzo de la Introducción, cada vez más visibles y con mayor legitimidad social.
1.4. ¿Qué es, en definitiva, la monoparentalidad por elección? La consciencia de la diversidad de circunstancias que enmascara el término de monoparentalidad y las limitaciones que ello supone a la hora de llevar a cabo acciones reivindicativas específicas de cada una de las modalidades de familias (o de hogares) que engloba es lo que ha
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llevado a algunos colectivos de MSPE (organizados en torno a asociaciones y/o foros de debate) a proponer la expresión familias marentales en lugar de monoparentales (o de monomarentales, atendiendo así al género predominante de quienes las encabezan); expresión que, con todo, no ha conseguido desplazar a la de familias monoparentales, que es la más frecuentemente usada por estas mujeres. La variedad de contenidos estructurales, relacionales, vivenciales, identitarios… que el término monoparentalidad oculta hace ineficaz el concepto a efectos analíticos, además de limitar el conocimiento acerca de la pluralidad de fórmulas de convivencia familiar presentes tanto en España como en otros lugares del mundo. Es por ello por lo que consideramos necesario realizar investigaciones específicas sobre cada modalidad de monoparentalidad al objeto de conseguir un conocimiento más profundo del fenómeno, y contribuir a la visibilización de formas familiares que no parecen compartir, ni desde el punto de vista de las experiencias ni de las problemáticas que presentan, una identidad común con las situaciones de monoparentalidad más usuales, esto es, con las derivadas de rupturas matrimoniales/de pareja acontecidas a raíz de viudedades, separaciones y divorcios o con las ya referidas de las madres solteras “de toda la vida”. Y es por ello por lo que, en el contexto de la investigación cuyos resultados (al menos, una parte de ellos) se presentan en este libro, nos propusimos estudiar una variedad específica de monoparentalidad: la monoparentalidad por elección y, más específicamente, la familia monoparental por elección, que se concreta a partir de los proyectos familiares de quienes se autodenominan MSPE (o PSPE, es decir, padres solteros por elección). Se trata de un proyecto de investigación4, titulado “Monoparentalidad por elección: estrategias de autodefinición, distinción y legitimación de nuevos modelos familiares”, desarrollado de 2009 a 2012 en tres comunidades autónomas (Madrid, Cataluña y Valencia), que se ha centrado —como se ha indicado— en los proyectos familiares encabezados por MSPE (y, en menor medida, por PSPE) y que ha tenido como objetivos principales los siguientes: 1) Conocer las características específicas de los proyectos familiares de las MSPE y de sus condi-
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Proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, Ref. FEM200907717.
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ciones etarias, socio-económicas, socio-educativas, ideológicas, etc. 2) Identificar las diferentes modalidades de familias monoparentales por elección y las problemáticas (sociales, económicas, culturales, etc.) que caracterizan a cada una de ellas. 3) Conocer las autodefiniciones y los criterios que entran a formar parte de las estrategias de distinción y legitimación desplegadas por las MSPE. 4) Dar cuenta de los cambios en las problemáticas que experimentan las familias monoparentales por elección en función de los diferentes momentos que componen su evolución temporal (toma de decisión, adopción/sometimiento a las TRA, constitución del hogar, etc.), y las transformaciones que tienen lugar en su entorno familiar, comunitario, laboral, etc. 5) Conocer las estrategias, específicas y comunes con otras familias, que despliegan las familias monoparentales por elección, así como los factores y las condiciones (demográficas, económicas, sociales, culturales, institucionales….) que inciden en ellas. 6) Comparar esas estrategias con las desplegadas por las familias encabezadas por varones solos. 7) Y, por último, conocer los procesos de socialización infantil desarrollados en estas familias monoparentales.
2. ¿QUIÉNES SON LAS MSPE? 2.1. Rasgos definitorios Las MSPE, aparte de ciertas características sociales y económicas ya resaltadas en otros trabajos (Bock, 2000; Ben-Ari y WeinbergKurnik, 2007; o González et al., 2008), como convertirse en madres a edades maduras, tener un elevado nivel académico, ser económicamente solventes e inscribirse en las clases medias-altas, comparten un conjunto de rasgos (y en esto coinciden con los PSPE) que tienen que ver con la manera en que construyen su proyecto familiar. Así, quedan fuera de la denominada monoparentalidad sobrevenida (de divorciadas, separadas o viudas que se hacen cargo de los hijos tras haberse roto un hogar biparental), es decir, de los casos en que no ha habido una voluntad “originaria” de desarrollar un proyecto familiar en solitario. Tampoco responden a aquellos otros casos en que la monoparentalidad no ha sido buscada de modo expreso (y es tildada por ello de accidental), aunque haya sido plenamente asumida una vez que la mujer se ha quedado embarazada, como es el caso de bastantes
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madres solteras (Jociles et al., 2010). En suma, el colectivo de MSPE está constituido por mujeres que han planeado una maternidad en solitario, por lo cual su modelo familiar puede ser calificado de monoparentalidad originaria y planeada como tal.
2.2. Contexto económico, social e ideológico que favorece la emergencia de los proyectos familiares de las MSPE Como hemos puesto de relieve en otros lugares (Rivas et al., 2011; Jociles y Villaamil, 2012), en las sociedades occidentales y, en particular, en España se han producido profundos cambios en las estructuras familiares, en especial en las correspondientes a las clases medias, como consecuencia de las transformaciones legislativas, tecnológicas (acceso a la reproducción asistida), socio-económicas (educación, incorporación al trabajo remunerado, etc.) y culturales (valores asociados al individualismo —Alberdi 1999; Beck y Beck-Gernsheim 2003; Dumont 1987; Inglehart 1990; Jiménez 2005—) que, a la vez que permiten separar sexualidad, reproducción y filiación, abren nuevas posibilidades de vida principalmente para las mujeres. Además de cambios socio-económicos, culturales y tecnológicos como los enumerados, los cambios legislativos impulsados desde el último cuarto del siglo pasado son especialmente relevantes para explicar el peso creciente que las MSPE (y, en general, las familias no convencionales) adquieren en la sociedad española. Entre estos últimos, podemos mencionar los que se exponen a continuación: (1) La legalización de los métodos anticonceptivos mediante la modificación en 1978 del artículo 416 del Código Penal. Ello supuso un paso importante en el proceso de normalización de la situación de la mujer y de las familias españolas, gracias a la separación entre sexualidad y procreación. Además, cuando el control de la concepción es posible, la maternidad deja de ser —como asegura Badinter (2011)— “una evidencia natural” para convertirse en “un tema”, es decir, en una elección. (2) Como desarrollo del artículo 39 de la Constitución Española, se aprueba en 1981 la Ley de Reforma del Código Civil en materia de filiación, patria potestad y régimen económico del matrimonio, que anula la distinción entre hijos legítimos e ilegítimos equiparándolos
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en sus derechos. La Ley de 2005, por la que se modifica el reglamento del Registro Civil, elimina posteriormente la obligación de anotar el nombre (real o ficticio) del padre en todo registro de nacimiento, lo que contribuye a preservar la intimidad de aquellas madres solteras que no desean dejar constancia de la identidad del otro progenitor y, en términos generales, a normalizar la monoparentalidad. (3) La Ley 14/2006 sobre reproducción asistida (a la que anteceden la Ley 35/1988 y la Ley 45/2003) reconoce el derecho de toda mujer mayor de 18 años y con plena capacidad de obrar, independientemente de su estado civil y de su orientación sexual, a ser receptora o usuaria de las técnicas reguladas en ella; recogiendo asimismo que la inscripción del hijo/a en el Registro Civil no reflejará datos de los que se pueda inferir cómo ha sido engendrado, evitando así cualquier tipo de discriminación del menor nacido mediante dichas técnicas. Esta normativa exige que la donación de gametos (espermatozoides u óvulos) sea anónima, salvo cuando se utiliza semen del marido (o pareja estable) de la mujer en cuyo útero se implanta el óvulo fecundado. (4) La regulación de la adopción ha sido objeto de sucesivas reformas desde su inclusión en el Código Civil de 1889 (Ley de abril de 1958, Ley 7/1970, Ley 11/1981, Ley 21/1987 reformada por Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor y, por último, Ley 54/2007 de Adopción Internacional), respetándose en todas ellas el derecho a acceder en solitario a la maternidad adoptiva. (5) Hay que mencionar también, finalmente, la Ley 39/1999 para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, en la que se contempla la adopción y el acogimiento entre las situaciones que dan derecho a la baja por maternidad sea cual sea la estructura familiar de esas personas (monoparental o biparental). Estos cambios han potenciado la libertad de los sujetos y, particularmente, de las mujeres en la configuración de sus proyectos familiares, como ha ocurrido con las madres solteras que han optado, de manera deliberada y planificada, por constituir en solitario una familia a través de la adopción internacional, la procreación asistida con donación de gametos y/o la fecundación sexual (es decir, con las MSPE). Estos proyectos se han visto reforzados por una “retórica de la igualdad” (presente en la política, los medios de comunicación, la
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vida pública, el sistema educativo, etc.) que cuestiona la polaridad de los géneros y propugna en su lugar los mismos derechos y oportunidades, haciendo posible así la diversidad y pluralidad de estilos de vida, personales y familiares (Rivas et al., 2011).
2.3. ¿Cuántas son? Las transformaciones antes reseñadas han incidido, de este modo, en la mayor presencia en España de hogares no convencionales (recompuestos, “sin núcleo”, parejas sin hijos, homoparentales…5) y, en particular, de hogares monoparentales. Así, entre 1991 y 2001 (último periodo sobre el que disponemos de datos censales de este tipo), los hogares españoles que más crecen son los formados por madres o padres solos con hijos (135,6%) y “con otras personas” (62,1%), o sea, por núcleos monoparentales complejos (ver apartado 1.1.), aumentando también significativamente los constituidos por núcleos monoparentales simples (“sin otras personas”), por lo que el incremento del conjunto de la monoparentalidad, casi del 48%, es uno de los aspectos más destacables del período. De hecho, los núcleos monoparentales, simples y complejos, alcanzan un total de 1.412.400 hogares en cifras absolutas y representan, en 2001, alrededor del 10% de todos los hogares españoles; el 80% de los cuales están encabezados por mujeres (INE, 2004). A partir de datos censales, no puede saberse qué número de hogares no convencionales corresponden a MSPE, ni siquiera contabilizando únicamente los hogares monoparentales encabezados por mujeres, dado que el Censo no posibilita distinguir si la monoparentalidad ha sido planeada y originaria (es decir, no ha sido accidental ni sobrevenida tras una separación o divorcio), criterios básicos para identificar al colectivo. Sin embargo, las cifras aportadas por González et al. (2008) posibilitan estimar que las MSPE han ido en alza en la medida en que ha ocurrido lo mismo con el conjunto de las madres solteras, dado el incremento notable experimentado por los hijos nacidos de éstas, que han pasado del 2´03% en 1975 al 26% en 2005. Y si
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Para una visión de la evolución del conjunto de hogares no convencionales durante el periodo 1991-2001, ver Poveda et al., 2011.
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atendemos a las madres solteras de 35 o más años, para tener de este modo mayor seguridad de que estamos hablando de mujeres adultas y maduras (como es el caso de las MSPE, tal como se ha indicado más atrás), el crecimiento en los últimos 20 años ha sido espectacular: la maternidad de las solteras de este grupo de edad ha subido en España más de un 300%, pasando de un 6,3% en 1985 a un 20,5% en 2005.
3. METODOLOGÍA: CARACTERÍSTICAS DE LAS MSPE ESTUDIADAS (DE SUS HIJOS/AS Y DE LOS PROFESIONALES QUE TRABAJAN CON ELLAS) Y TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN APLICADAS 3.1. Participantes La base empírica de este libro está constituida, sobre todo, por entrevistas etnográficas realizadas a 91 MSPE. Así, se ha entrevistado a 58 que han adoptado y/o están en proceso de adopción, y en cuanto a las que han seguido otras vías de acceso a la maternidad, 29 de las entrevistadas han acudido a la donación de gametos, a las que hay que añadir 4 que han optado por el “donante conocido” (tabla I). Tabla I: MSPE entrevistadas para el proyecto FEM2009-07717 Vía de acceso a la maternidad
Comunidad de Madrid
Cataluña
Comunidad Valenciana
TOTAL
Adopción
33
21
4
58
Reproducción asistida con donación de gametos
17
7
5
29
Reproducción sexual con “donante conocido”
4
-
-
4
TOTAL
54
28
9
91
Fuente: Elaboración propia.
Igualmente se han realizado entrevistas etnográficas a 13 PSPE, de los que 8 son madrileños, 3 catalanes y 2 valencianos. Se ha entre-
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Ana María Rivas y María Isabel Jociles
vistado también a 34 expertos, entre los cuales hay 31 que se ocupan (17 en Madrid, 12 en Cataluña y 2 en Valencia) de temas relacionados con la adopción o, en menor medida, de los acogimientos familiares, y otros 3 (1 ginecóloga y 2 psicólogas) que trabajan en clínicas de reproducción asistida. En lo que se refiere a los niños/as, han sido entrevistados 13 hijos/as de MSPE y PSPE con edades comprendidas entre 3 y 15 años, salvo uno de ellos que se encuadra en el tramo de 15-20 años, cuyas concepciones acerca de sus familias han sido comparadas con las que manejan 7 niños/as pertenecientes a familias biparentales. En suma, se ha llevado a cabo un total de 158 entrevistas etnográficas a lo largo de los tres años que ha durado el desarrollo del proyecto de investigación. Teniendo en cuenta, por otra parte, que 7 de los niños/as entrevistados que forman parte de familias monoparentales, al igual que los otros 7 que integran las familias biparentales, han participado además en la realización de “una tarea visual”, descrita en el capítulo 1 de este libro, donde también se exponen los resultados de la comparación recién mencionada. Los expertos fueron contactados mediante procedimientos diversos para evitar los sesgos de selección. Así, se hizo una llamada a través de los colegios profesionales de psicólogos y trabajadores sociales de Madrid solicitando la colaboración de quienes formaban parte del TIPAI (Turno de Intervención para Adopción Internacional), se recurrió al método bola de nieve a partir de contactos del equipo de investigación (algunos vinculados al IMMF [Instituto Madrileño del Menor y la Familia], otros a ECAI [entidades colaboradoras de adopción internacional] o a centros de post-adopción, y otros a clínicas de reproducción asistida), se solicitó entrevistar a expertos contactados en los espacios en donde se realizó observación (talleres de post-adopción, conferencias, cursos de formación, sesiones informativas sobre reproducción asistida…) y, finalmente, se escribió a los ICIF (Instituts Colaboradors de la Integració Familiar) y a las ECAI catalanas que tramitan con países que admiten la adopción monoparental, así como a Asociaciones de Familias Adoptantes, pidiéndoles que nos permitieran efectuar una entrevista con alguno/s de los profesionales que trabajaban en ellas. De este modo, se consiguió la muestra de 31 profesionales y técnicos correspondientes a diferentes disciplinas y relacionados con diferentes facetas y momentos del proceso de adopción (ver tabla II), así como los 3 vinculados a las clínicas de reproducción asistida.