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En Irlanda, un país donde se conciertan las bodas desde tiempo inmemorial, un norteamericano, Sean Thornton, llegado de la rica e industrializada Pitsburgh, se enfrenta a la secular tradición de un mundo rural, Innisfree, para cuyos habitantes la historia se ha quedado anclada en el pasado. Si el matrimonio es la unión de dos personas mediante determinados ritos o formalidades legales y que se reconocen por ley como familia, la trama de “El hombre tranquilo” gira en torno a esta problemática en un país donde el derecho consuetudinario, confrontado al derecho escrito, adquiere una importancia capital.

5 COLECCIÓN CINE Y DERECHO

El desarrollo de esta maravillosa película nos muestra dos costumbres ancestrales que enfrentan a los protagonistas: de un lado, que la familia de la novia deba otorgar la conformidad para el casamiento sin la cual el matrimonio no podrá celebrarse, asunto incomprensible para Sean Thornton. Por otro, Mary Kate, soltera y mayor de edad y que no comprende la postura de su esposo, exige a su hermano Will Danaher, como cabeza de su familia, la dote que le corresponde. El enfrentamiento está servido. Si cuando ustedes acaben la lectura se sienten impulsados para viajar a Innisfree, nos sentiremos satisfechos. Recuerden que llegarán, con retraso, en el viejo ferrocarril de siempre; que podrán contemplar a Sean Thornton intentando plantar rosas en el pedregal de Blanca Mañana y que, seguro estoy, la pelirroja Mary Kate Danaher les acompañará muy gustosa a la taberna de Cohan para que degusten el salmón pescado, esta vez sí, por el reverendo Lonergan.

FORD: IDENTIDAD, LEY Y JUSTICIA

EL HOMBRE TRANQUILO

Mario Martínez Gomis, Alicante 1945. Doctor en Historia. Profesor jubilado de la Universidad de Alicante. Es autor de numerosos artículos y libros sobre el tema de las Universidades españolas durante el Barroco y la Ilustración, así como otros relacionados con la enseñanza en general, la sociedad, la espiritualidad y la cultura durante esa misma época. Ha ejercido, igualmente, la crítica literaria y cinematográfica en el suplemento literario “Arte y Letras” del diario “Información” de Alicante durante más de treinta años. En la actualidad vive retirado en el campo dedicado a la lectura, ver películas y escribir sobre asuntos que nada tienen que ver con su antigua profesión. Fruto de esa actividad es el “thriller” “Puzle de sangre”, escrito en colaboración con Pepe Payá, y “La luna en el Martini”, ilustrado por su hijo Mario Paul, donde recoge sus artículos misceláneos publicados en el dominical de periódico ya citado.

EL HOMBRE TRANQUILO

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Emilio Soler y Mario Martínez ra

Lectu en la

nube

Emilio Soler Pascual (Barcelona, 1946), Doctor en Historia y Profesor en el Departamento de Historia Medieval y Moderna en la Universidad de Alicante, ha sido, entre otras cosas, Director General de Cultura de la Generalitat Valenciana, Diputado a Corts Valencianes y Concejal del Ayuntamiento de Alicante por el PSPV-PSOE. Durante su trabajo académico dirigió el Centro de Desarrollo Turístico de Alicante (CDT), coordinó la Universidad Permanente en el campus alicantino y dirigió la Sede Universitaria alicantina. Es miembro de la Sociedad Geográfica Española; de la Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia y de la Asociación de Historia Moderna Española. También ha sido vicepresidente del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert y del Patronato Nacional del Misteri d’Elx. Actualmente forma parte de la directiva del Patronato de La Asegurada, Colección Eusebio Sempere, y es Académico correspondiente de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz. Como profesor visitante ha impartido clases, seminarios o conferencias en los siguientes campus extranjeros: Universidad de Chicago (EEUU); Universidad Pontificia de Lima (Perú); Universidad de Oradea (Rumanía); Universidad de Macerata (Italia); Universidad Simon Fraser de Vancouver (Canadá); Universidad Carolina de Praga (Chequia); Universidad Libre de Berlín (República Federal Alemana); Universidad del Litoral en Santa Fe y Rosario (Argentina); Centro de Estudios Malaspinianos “Alessandro Malaspina” de Mulazzo (Italia); Centro Mundial de Poesía “Giacomo Leopardi” de Recanati (Italia); Universidad de La Valetta (Malta). Entre sus publicaciones científicas destacan una veintena de libros dedicados a la historia de los viajes y viajeros por todo el mundo, especialmente durante los siglos XVIII y XIX.


EL HOMBRE TRANQUILO Ford: Identidad, Ley y Justicia


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Javier de Lucas Martín

Ana Cañizares Laso

Víctor Moreno Catena

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania) Miembro de la Comisión de Venecia

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


Emilio Soler y Mario Martínez

EL HOMBRE TRANQUILO Ford: Identidad, Ley y Justicia

CINE Y DERECHO

tirant lo blanch Valencia, 2020


Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

Codirectores:

Javier de Lucas

Catedrático de Filosofía del Derecho

Fernando Flores

Profesor Titular de Derecho Constitucional

© Emilio Soler y Mario Martínez

©

TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1378-105-1 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor lea, en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Va por ti, Fernando


Índice 1 Presentación

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2 Ficha técnica

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3 Sinopsis

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4 1952, el año de El hombre tranquilo 19 5 John Ford

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5.1. Mi apellido es Feeny, pero todos me llaman Ford

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5.2. Miradlo bien, es el productor y nunca lo volveréis a ver por aquí

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5.3. Me llamo John Ford y dirijo westerns: Ford y el macartismo

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6 El peso de la ley y la justicia en el mundo de John Ford

49

7 El hombre tranquilo

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7.1. El escenario: Innisfree, un lugar en la Arcadia

59

7.2. Personajes y actores: una simbiosis perfecta

68

Sean Thornton (John Wayne, The Duke)

71

Mary Kate Danaher (Maureen O´Hara, La Reina del Technicolor)

76

Michaeleen Oge Flynn (Barry Fitzgerald)

82

Will Danaher (Victor McLaglen)

85

Padre Peter Lonergan (Ward Bond)

89


El reverendo Cyril Fairplay (Arthur Shields) y la viuda Sara Tillane (Mildred Natwick)

91

El paisanaje de Innisfree

94

7.3. Homérico y machista

10

98

7.4. It”s a long way to Tipperary: la “cuestión irlandesa”

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8 Epílogo

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9 Bibliografía

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Índice


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Presentación

Este pequeño librito, cuyas páginas el lector ha comenzado a abrir, es el fruto de las ideas, los recuerdos y los sentimientos de dos cinéfilos septuagenarios que, durante la larga cuarentena de la primavera del 2020, cuando el coronavirus asoló la Tierra cual una invasión de ultracuerpos alienígenas de Don Siegel o de Philip Kaufman, decidieron escribir, un poco para cumplir con un encargo que no tenía futuro, o sí, y otro poco para aliviar la soledad en que se encontraban, recluidos en sus casas, a más de ochenta kilómetros de distancia. El uno, Emilio Soler, culé, que siempre ponía gesto de joven cínico a lo James Dean cuando una cámara aparecía delante de él. Con su hija, Laura, entregada a la política desde su silla de ruedas, y viviendo en un soleado piso de una urbanización alicantina con vistas al Mediterráneo, un mar, esos días, tan próximo, como inalcanzable. Ellos dos solos, unidos en un ejercicio admirable de familiaridad para recuperar, dicen, el tiempo perdido proustiano, con el recuerdo de Concha, que los dejó hace unos años sumidos en la soledad, pero flotando su presencia en aquel hogar. Y no solo en los cuadros de Javier Lorenzo. El otro, Mario Martínez, merengón, muy parecido en tamaño y carácter cáustico a Michaeleen Flynn, retirado y lejos del mundanal ruido en el campo de Pinoso, a cinco kilómetros de esa localidad de secano y secano, a quién el confinamiento atrapó con su esposa Mari Cruz —médica del pueblo—, su hijo Mario Paul, su hija Macarena y Kevin, el novio de la chica, en su casa librería-videoteca (cuya mayoría de ejemplares han sido expoliados por Mario a sus amigos con mil y


una añagazas) de la Errá, lugar tenebroso dónde los haya cuando la noche invernal se echa encima con su negro manto y el viento ulula entre las rejas. Una situación más benévola la de Mario que la de su colega Emilio, por cuanto suponía una cordial compañía, pero no exenta de peligro: el ir y venir de la esposa desde la primera línea de la epidemia, en su centro de salud, donde vivió tantas cosas terribles, al hogar campestre, siempre temeroso y expectante por comprobar si ella regresaba y cómo lo hacía… En estas circunstancias de recíproco aislamiento, los dos viejos amigos, de 73 y 74 años respectivamente, habrán subido un peldaño más, distanciados por primera vez en su vida, desde que se conocieron en aquella escuela de doble retrato y crucifijo en la pared, con aquello tan ininteligible escrito en la pizarra con tizas de colores: “España es una unidad de destino en lo universal”. El instituto Jorge Juan y la nueva Escuela de Magisterio contemplaron su paso por aquellos edificios donde las chicas a un lado y los chicos al otro. Siglos más tarde, compartieron despacho en el Departamento de Historia Medieval y Moderna de la Universidad de Alicante, aunque nunca llegaron a catedráticos, ¡brrr.! Ahora, ambos dos se han transmutado, de golpe, en dos abuelos cebolletas que repiten siempre las mismas batallitas a los pocos que desean escuchar. Muchos años después, demasiados, los dos viejos rockeros —Emilio, más porque creía parecerse a Johnny Halliday y Mario, menos porque iba de chansonnier— estaban atemorizados por todos los fantasmas de la pandemia, una pandemia que había sugerido sus nombres en la lista de víctimas propiciatorias del drama anunciado. Unidos por la pagana comunión de internet, decidieron aceptar la encomienda de escribir un librito sobre El hombre tranquilo, una película que vieron juntos en un cine de barrio en programa doble

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junto a Manos peligrosas, con Richard Widmark y Jean Peters, y una excelente Thelma Ritter. Aquella película, El hombre tranquilo, vuelta a ver y vuelta a ver, se había convertido en el material común de sus sueños, en el paradigma del mejor “cine-espectáculo” jamás filmado y en la idílica plasmación del lugar donde hubieran deseado pasar el resto de sus vidas. Aunque la pelirroja Danaher hubiera cambiado Innisfree por Hollywood y ya no morara en aquel pueblo pleno de tolerancia, donde la amistad, el buen humor y la cordialidad dibujaban el paisaje de —topicazo al canto— una Arcadia esmeralda y feliz, no exenta de alguna borrachera que otra y, de tanto en tanto, una buena pelea a guantazo limpio con apuestas de por medio. En estas circunstancias de aislamiento covidiano, sin la bibliografía adecuada a mano para apabullar al lector, con los únicos recursos de Filmin y Youtube para repasar la filmografía fordiana y de ver una y otra vez El hombre tranquilo, ahora en una versión restaurada que la hace nueva, siguieron ruta hacia el desastre final. Amén de no alcanzar precisiones dignas de credibilidad en el turbulento y excitante mundo informático de la red —a veces más falso que un billete de quince euros— Emilio Soler y Mario Martínez se embarcaron en esta aventura, impulsados por los recuerdos y los sentimientos. También, por los justificados embustes que provoca la memoria y la osadía de los años danzando por una vida en que, ya más socios del diablo por viejos que por diablos, sentían que les pertenecía del todo por una maldita y simple razón: haber pagado ya, casi, el último plazo de una hipoteca que firmaron entre 1945 y 1946: un tercio largo de la historia testimonial, sentimental, de este país. Maldita sea. Este ensayo se enmarca en la Colección Cine y Derecho. Quienes lo firman no son expertos juristas, por lo que no debe esperarse El hombre tranquilo

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de ellos argumentos del apasionante mundo del Derecho. Sin embargo, el mundo de las Humanidades —tan maltratado en nuestros días— es un riquísimo bosque de puntos de vista que se apoyan y explican los unos a los otros. Esperamos que nuestra mirada ayude a la comprensión de un contexto histórico, literario, social y cultural que merece la pena conocer. El hombre tranquilo, o como quiera que acabe llamándose este librito, es un regalo de dos viejales que cabalgaron juntos, se quieren al estilo de Wayne y Stewart contra Liberty Valance y rinden culto a la amistad fordiana. Dos viejos compañeros de aventuras y desventuras cinéfilas y de las otras que, al sentir el dolor de la distancia y la incomunicación, se abrieron a todos los viejos amigos ausentes, a los que no podían abrazar, pero si estimular con sus disparatados y aventurados juicios. Elucubrando en esas largas noches de confinamiento para un futuro encuentro en que los dioses guardianes de Monumental Valley les permitieran compartir una gloriosa comida.

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Ficha técnica

El hombre tranquilo (The Quiet Man) Año de realización: 1952.

Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 129 minutos. Género: Comedia.

Director: John Ford.

Guion: Frank S. Nugent, John Ford. (Argumento: Maurice Walsh). Fotografía: Winton C. Hoch y Archie Stout. Música: Víctor Young.

Montaje: Jack Murray.

Productores: John Ford y Merian C. Cooper. Producción: Argos Pictures para República. Dirección artística: Frank Hotaling.

Decorados: John McCarthy Jr. y Charles Thompson. Vestuario: Adele Palmer.

Sonido: T. A. Karman y Howard Wilson.

Ayudante de dirección: Wingate Smith.

Efectos especiales: Howard y Theodore Lydecker. Operador de cámara: Arthur Graham.


Reparto John Wayne (Sean Thornton), Maureen O´Hara (Mari Kate Danaher) Barry Fitzgerald (Michaleen Oge Flynn), Victor McLaglen (Will Danaher), Ward Bond (padre Peter Lonergan), Mildred Natwick (viuda Sara Tillane), Francis Ford (viejo Dan Tobin), Arthur Shields (reverendo Ciryl Fairplay), Eileen Crowe (Sra. Fayplair), Jack McGowran (Ignatius Feeny), James Lilburn (padre Paul), Ken Curtis (Dermot Fahy), Mae Marsh (madre del padre Paul), Charles B. Fitzsimons (mayor Hugh Forbes), Owen Glyn (Sean McClory), Philip Stainton (obispo anglicano) Sam Harris (general del pub), May Craig (mujer de la estación), Eric Gorman (revisor del tren), Kevin Lawlees (fogonero), Paddy O´Donell (mozo de estación), Web Overlander (jefe de estación y maquillador de John Wayne), Harry Tenbrook (policía), Joseph O´Dea (policía segundo), Hank Worden (barman).

Premios 2 Oscars: Mejor director, fotografía color (7 nominaciones). Sindicato de Directores: Mejor director. Sindicato de Guionistas: Mejor guion comedia.

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Sinopsis

Sean Thornton, púgil de los pesos pesados en Estados Unidos, de origen irlandés, regresa a Innisfree, su lugar de nacimiento al oeste de la Isla Esmeralda, para recuperar sus raíces y reiniciar su vida. A su llegada se enamora de la pelirroja Mari Kate Danaher, hermana del cacique del pueblo y, al tiempo que intenta recuperar su humilde casa familiar para fundar una familia, tropieza con la oposición de su futuro cuñado, el pelirrojo Will Danaher. Thorton, un hombre noble y tranquilo, que contará con la amistad del casamentero Michaeleene Oge Flynn y las buenas gentes del pueblo, vivirá una conflictiva experiencia de adaptación, entre el drama y la comedia, plagada de equívocos y enredos, no exentos de violencia, hasta conseguir su propósito. La historia es narrada por el padre Lonergan.


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1952, el año de El hombre tranquilo

1952 fue para el cine americano, todavía marcado por la política de los grandes Estudios de Hollywood, un año más que discreto en lo que concierne a su aportación a la historia del cine. En la ceremonia de los Oscar de 1953, celebrada por primera vez en dos lugares distintos de los Estados Unidos, en Los Ángeles y Nueva York, y retransmitida por primera vez por televisión, la cosecha del año anterior, con sus sorpresas y decepciones, sin los juicios serenos que otorga el paso del tiempo a las decisiones de los miembros de la Academia, recogió cuanto se consideraba más digno de obtener las doradas estatuillas debido a su calidad, el éxito en la taquilla, o los intereses de las productoras mediatizando los juicios de los académicos. Fue el año en que una superproducción, de éxito en la taquilla, pero sin el respaldo de la crítica se hizo con el premio a la mejor película: El mayor espectáculo del mundo, del prestigioso y veterano realizador Cecil B. De Mille. Y no sabremos, jamás, si el galardón se debió a la influyente posición política del director, defendiendo la avanzada del pensamiento de McCarthy, que ya amenazaba con depurar Hollywood de las veleidades comunistas en plena Guerra Fría, o a los discretos méritos de un filme, bastante convencional, de gran presupuesto, que contaba las glorias y miserias de una “troupe” circense. El filme en cuestión competía con otras cuatro películas que han dejado huella en la pantalla por distintas razones: Ivanhoe, de Richard Thorpe, como un filme paradigmático de aventuras medievales, Solo ante el peligro, un western psicológico de Fred Zinneman, Moulin


Rouge, un biopic sobre Tolouse Lautrec, de John Huston, y El hombre tranquilo, una comedia romántica de amor de John Ford. Cualquiera de ellas merecía tanto o más que la producción de De Mille el codiciado premio. Pero, en igualdad, o con mayores méritos que el filme ganador y lo nominados, se encontraban, aquel año, otras películas seleccionadas en diversos apartados: Operación Cicerón: cinco dedos, un filme de espionaje de Joseph L. Mankiewicz, Cautivos del mal, una reflexión del cine visto desde dentro, de Vincente Minelli, ¡Viva Zapata!, una aproximación a la vida del revolucionario mexicano, de Elia Kazan, o Cantando bajo la lluvia, un musical de Stanley Donen y Gene Kelly. El segundo premio más importante, el de mejor director, fue a parar, con toda justicia, a John Ford, por cuarta vez en su carrera, por El hombre tranquilo que obtuvo, además el Oscar a la mejor fotografía en color. Solo ante el peligro, la favorita en las encuestas, se tuvo que conformar con tres estatuillas: mejor actor, Gary Cooper, mejor banda sonora en película dramática, Dimitri Tiomkin, y mejor canción original. La gran vencedora, que iba de tapadillo, fue Cautivos del mal, con cuatro Oscars, a la mejor actriz secundaria, Gloria Graham, mejor argumento y guión, mejor fotografía en blanco y negro y mejor vestuario en esa modalidad. Moulin Rouge se hubo de conformar con dos galardones, a la mejor dirección artística en color, y al mejor vestuario en color. Y ¡Viva Zapata! con tan solo el de mejor actor secundario que fue a las manos de Anthony Quinn. Nadie entiende por qué Cantando bajo la lluvia, considerada en muchas encuestas, hoy en día, como una de las diez mejores películas de la historia, se fue totalmente de vacío, sin tan siquiera un premio de consolación. Tan solo el tiempo haría justicia con ella.

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