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LEVIATÁN AL DESNUDO Una genealogía del estado moderno


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LEVIATÁN AL DESNUDO Una genealogía del estado moderno

FERNANDO OLIVÁN

tirant humanidades Valencia, 2022


Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Fernando Oliván

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-2142-2022 ISBN: 978-84-19226-34-1 MAQUETA: Disset Ediciones Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


A Irene y a Candelas. Con devoción.


La palabra persona es latina. En vez de ella los griegos tienen “prosopos”, que significa cara, como persona en latín significa disfraz… una máscara o visera… tanto en los tribunales como en los teatros, por lo que una persona es lo mismo que un actor. Thomas Hobbes (Leviatán)

Todos los conceptos centrales de la moderna teoría del estado son conceptos teológicos secularizados… en cuanto fueron transferidos de la teología a la teoría del Estado. Carl Schmitt (Teología política)


Índice Nota Introductoria....................................................................................

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Introducción..............................................................................................

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El Estado.............................................................................................

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Parte Primera Política y mundo de la vida Capitulo 1 Público y privado......................................................................................

33

La gran diosa y el Estado.....................................................................

48

Capitulo 2 La representación......................................................................................

55

Representación y elegibilidad..............................................................

70

Capitulo 3 La persona jurídica....................................................................................

79

Coda a la Primera Parte: La casa-polis.............................................................................................

101

Uno.....................................................................................................

101

Dos......................................................................................................

113


12

Índice

Parte Segunda Biografía del estado Capítulo 4 El sustrato cristiano...................................................................................

121

Excursus estético-teológico..................................................................

142

Capítulo 5 La tetrarquía.............................................................................................

147

Del imperio legítimo al imperio cristiano.............................................

164

Capitulo 6 Papado e imperio......................................................................................

169

Agustinismo político............................................................................

188

Capitulo 7 La territorialización del poder...................................................................

197

Los dos cuerpos del rey.......................................................................

212

Capitulo 8 La crisis de occidente.................................................................................

217

Capítulo 9 El estado absoluto.....................................................................................

239

Los estados pontificios.........................................................................

255


13

Índice

Capítulo 10 El estado revolucionario de derecho..........................................................

261

Capítulo 11 El imperialismo.........................................................................................

281

Capítulo 12 El estado totalitario...................................................................................

301

Capítulo 13 El estado de la sociedad salarial................................................................

325

Coda Los márgenes del estado............................................................................

343

Coda 1.- El derecho internacional.......................................................

343

Coda 2: Economía política: Estado y capitalismo................................

355

Fin de escena La crisis Capítulo 14 La crisis del Estado....................................................................................

367

Bibliografía...............................................................................................

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Nota Introductoria Nos hemos tomado en serio la metáfora de Hobbes: el estado como cuerpo. Es más, el estado como cuerpo independiente y con vida propia. Una vida al margen, incluso, de las células que lo componen. Un ser que se presenta unas veces como monstruoso, pero la mayoría de las veces como benévolo y benefactor, de ahí el amor que le profesan los diminutos seres que sobreviven a sus pies. El objeto de este trabajo no es otro que comprender como se llegó a este punto, cómo y por qué, frente a las mil formas posibles de organizar una comunidad política, se optó por crear algo absolutamente nuevo. Algo que, sin embargo, alcanzó un éxito arrollador capaz de someter y dominar a todas las otras formas de convivencia sobre las que se ha desarrollado la vida humana. *** Todo libro tiene una pluralidad de lecturas, incluso en la misma composición del texto. A ello ya nos educó “Rayuela”. Inevitablemente también sucede con éste. Fue escrito siguiendo un plan muy concreto, de ahí las dos partes que lo componen. Una primera, denominada “Política y mundo de la vida”, constituye el eje de los fundamentos teóricos y antropológicos y una segunda, “Biografía del Estado”, que reconstruye esa historia del estado desde su misma concepción teológica. Este orden responde al mismo proceso de gestación de la obra, por eso es el que opté para su escritura. Sin embargo, para su lectura, propongo un intercambio de partes y animo a comenzarlo desde esta segunda parte, dejando la primera como aparato referencial, ya sea de consulta o de lectura tras el recorrido histórico. La tercera parte, se proyecta como fin de escena. ***** El trabajo sigue a esos otros dos con los que iniciamos lo que, desde un principio, definí como una “Teoría del Estado” y que no es más que una serie de preguntas sobre la democracia y la política en general. Los dos primeros libros fueron “La Democracia inencontrable” y “La ideología de los Derechos Humanos”. A ambos libros los subtitulamos como “arqueologías”, metáfora del método de investigación por el que optamos. En este caso cambiamos de tercio, y preferimos


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una mecánica en cierto grado distinta, de ahí su subtítulo de “una genealógica”. Frente a la técnica del arqueólogo, que busca, bajo los estratos de polvo y barro, es decir, tras la ideología, los fundamentos de ese pasado que escudriñamos, nuestra propuesta opta aquí por una mirada más amplia, centrando la atención sobre esas generaciones anteriores sobre cuyas cadenas de alumbramientos (no dejo de pensar en el poema de Ángel González) se gestaron las instituciones que fundamentan el estado moderno. Con ello cerramos lo que puede considerarse una Trilogía en la que cada libro, sin embargo, alcanza a tener vida propia. Como se comprueba por sus títulos, nos han obsesionado sobre todo esos tres conceptos sobre los que se levanta nuestra lectura de la modernidad política: eso que llamamos democracia, el dominio de los derechos humanos y la mecánica que compone lo que llamamos estado de derecho. A los dos primeros les dedicamos esos dos tomos que ya hemos mencionado. Con esta genealogía del estado pretendemos cerrar el círculo.


Introducción

EL ESTADO “Rex imperator in regno suo est” Con esta sentencia, recogida de una forma u otra en los códigos de la época, comienza, allá por los siglos XI y XII, la historia del estado. Tengámoslo claro desde un inicio. El estado tiene su historia porque, frente a los dominios de la antropología que atienden al análisis social, el estado es otra cosa. Hobbes lo contempla, cinco siglos más tarde, como una entidad con vida propia. Un Golem1 que, desde la artificialidad de lo construido, se levanta sobre la comunidad de sus súbditos. Más aún, como una persona que piensa y desea y que lo hace al margen de las células que la componen. Con esto que decimos ya podemos apuntar los primeros pasos. Hemos hablado de historia, lo que entraña más de una consecuencia. De entrada, su propia dinámica en el tiempo. Frente a los modos que gravitan sobre la naturaleza humana, el estado, por el contrario, nace, se desarrolla y, posiblemente, muere. La materia del estado es puramente tiempo, por eso, inevitablemente, está también condenada a muerte. Y hablo de muerte que no de extinción. Muere como lo hacen los seres vivos, pues desde sus orígenes se contempla a sí mismo como un ser con vida propia. Hobbes lo describe como tal y así lo retrató en la portada de su libro2. Que quede claro, al margen del estado han existido y siguen existiendo otras formas de organizar la convivencia social, desde la horda a los imperios, desde las tribus más primitivas a los organismos más complejos. A muchos de estos casos, no sin un

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Figura de la mitología judía que juega con la idea de la creación. Más allá del pavor a la iconolatría presupone directamente la idea de un ser creado, con el mismo soplo divino, por la obra del hombre. Gustav Meyrink, en una interesante novela publicada en 1915, recuera todo el sabor mítico del tema. Parece ser que el diseño de la portada de su famoso “Leviatán” es obra del mismo Hobbes. En todo caso, recoge a la perfección su idea del estado. No solo en su condición de persona, sino también y sobre todo en esa contraposición sobre el mundo de la vida que se despliega a su alrededor.


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cierto desprecio marginal, los denominados pueblos sin historia, pero esta realidad acapara, sin embargo, más del noventa y nueve por ciento de la existencia social humana. Desde nuestros orígenes como especie, el modo estado a duras penas supone una millonésima parte de nuestra existencia. Tiempo, pero también subjetividad. La palabra historia, en ese sentido moderno que alcanza con Heródoto -no se engañan los que le llaman “Padre de la historia”-se aleja ya de su raíz etimológica. La palabra Histros equivalía a Gnaris, de donde viene la palabra gnosis, o sea conocimiento. Historia, en su sentido antiguo, no es otra cosa que conocimiento, de ahí que hablemos de “historia natural” para referirnos, en un clasicismo desafortunadamente abandonado, a los viejos tratados de ciencias naturales. Sin embargo, en el sentido moderno de la palabra, solo desde una perspectiva mitológica podríamos hablar de ese saber como historia. La historia, ya en ese sentido que tiene hoy día, requiere siempre de la presencia de un sujeto. La historia es siempre historia de alguien. La recreación contemporánea del hecho social como historia no es más que una falsificación de su objeto. Con Levi-Strauss podríamos decir que un tiempo sin sujeto sería más el campo de la antropología, esa abstracción que nos habla de la sociedad en el trascurrir de sus días. La historia, fruto de las crónicas, por el contrario, responde a esa narración que nos cuenta los sucesos -no pocos veces inventados, ¡qué más da!- que acontecen a esos héroes que protagonizan sus títulos. Historia es esa narración de batallas, conquistas, y políticas, que acontece a los héroes. Historia, subjetividad, pero también un tercer factor. Y aquí queremos hacer referencia a un juego complejo. Una relación dialéctica que vincula a ese conjunto de protagonistas con el espacio social en el que habita el resto. Juego dialéctico entre esas dos esferas que llamamos lo público y lo privado y que, justamente por esta dialéctica, entraña su separación. El estado aparece vinculado a lo que llamamos espacio público en una autonomía respecto a ese otro campo de lo privado en el que se desarrolla la vida. Por eso, el estado es un nuevo ser, en definitiva, una nueva persona, la persona mística por excelencia. El espacio público en Roma, por ejemplo, no estaba separado del espacio de la vida. La República era parte de esa vida pues se articulaba


Introducción

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en la existencia cotidiana de sus ciudadanos. Son los quirites3, los paterfamilias, los que constituyen la sustancia misma de la comunidad política. El estado, en cambio, como decimos, es otra cosa. Es en sí mismo un nuevo sujeto, una nueva persona al margen de las gentes que llenan los valles. El estado, esa es la verdad que oculta, termina siendo distinto, incluso, de las mismas células que lo componen. Historicidad, subjetividad, artificialidad y autonomía respecto a esa sociedad sobre la que se asienta. Estas son las notas del estado, sobre este armazón se asienta su naturaleza y la teoría que lo analiza. No hay nada de natural en esa construcción. No es el fruto del instinto biológico ni el devenir, en la evolución normal de las cosas, de los modos de agrupación social. En breve, nace contra la sociedad y vive sobre ella. Jinete o parásito o ambas cosas a la vez. Como el pastor que, pese a sus protestas de ser el más afectuoso protector de las ovejas a las que cuida, en realidad es el terrible monstruo que termina devorándolas a todas. *** La clave, sin embargo, está en la artificialidad. Predicar el carácter artificial del estado entraña no solo contraponerlo a un supuesto orden natural capaz de regir la convivencia de un número elevado de individuos de la especie humana. También supone reconocer una voluntad, un proyecto. De alguna manera hubo una ruptura respecto a los modos anteriores. Por algún motivo se pasó a crear algo nuevo, una de esas rupturas que se da solo de muy de vez en cuando. Frente a la presencia de otros modos, un grupo de intelectuales, juristas y teólogos (los clérigos4) tuvieron la genialidad de proponer un nuevo modo, con ellos nació el estado.

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Propongo aquí una serie de términos griegos y latinos sobre los que se construye este trabajo. Quirites, cives, politeis nos remiten a esa condición de ciudadanía en el espacio de lo público. Los conceptos de pater, paterfamilias y oikodespotés despliegan su sentido en el marco privado bajo esa lectura de “cabeza de familia”. Llamo la atención de la potencia semántica del término en griego, oikodespotés, es decir, el déspota de la casa, perfecta traducción de lo que es el padre. Todos ellos clérigos en cuanto, de una forma u otra, miembros de ese aparato clerical que les da forma. Acertadísima la expresión, y que da título a su libro, de Jules Benda, “La traición de los clérigos” (1925). El estado se funda sobre esa ruptura.


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Pongo por caso ese principio insoslayable de la doctrina de la Separación de Poderes. Nada de natural, ni de lógica, tiene, por ejemplo, esa estructura tripartita de los poderes del estado que hoy consideramos un mantra incuestionable. Es más, no podemos por menos que apreciar una profunda sustancia teológica en ese imperativo del número tres. La fuerza mística del modelo trinitario con las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo no deja de gravitar, como acertadamente intuirá el propio Schmitt, sobre la propuesta de Montesquieu. Solo así podemos comprender esos esfuerzos técnicos para acoplar, en esa extraña división, la compleja realidad de fuerzas que anidan en el seno del estado contemporáneo. Un esquema que nos remite inevitablemente también a los más profundos estratos de la psique social, en esa triada que se reitera desde Platón: campesinos, sacerdotes y guerreros. De nuevo ese imperio del número tres en un orden social que profundiza sus raíces en lo más hondo de nuestra misma civilización. Sobre este tipo de arquetipos se edificó el mito del estado. Frente al fluir natural de las cosas, el estado nace como algo pensado, fruto de una o varias mentes creadoras, fruto de un proyecto, en absoluto de la voluntad de todo un pueblo. Fueron esos clérigos, teólogos, juristas y algún que otro filósofo, lo que diseñaron su forma y le dieron vida. Ellos decidieron optar por unos modelos y rechazaron otros. Cuando se consolidaron sus formas terminó pareciendo lo más natural del mundo. Podríamos decir que tiene el formato de un sueño utópico. Es decir, alguien, alguno, por muy colectivo que fuera el invento, tuvo que soñar la idea de un futuro, de un mundo distinto, quizá, incluso, de un mundo mejor. Es a ese a lo que llamamos utopía. La presencia de constructores sociales es de tiempos remotísimos ¿No fue una utopía el reino solar de Akenaton5? Siglos después ese mismo monoteísmo, ya en mano de otros sacerdotes, creará, igualmente a sangre y fuego, la teocracia israelita. Es cierto que estas creaciones suceden solo de muy de vez en cuando, pero en el orden social se dan esas pulsiones creadoras. La sociedad como mero barro en manos del alfarero. La 5

Hago referencia a la denominada herejía de Akenatón y que, por en tiempos de la XVIII dinastía, implanta el primer sistema monoteísta conocido. Para Freud, Akenatón fue el antecesor, si no directamente el inspirador, del mito de Moisés. Véase “Moisés y el monoteísmo”.


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