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Virginia Martín Jiménez / Julio Montero Díaz (Coord.)

(Coord.)

La compilación de estos trabajos y el aunar en una única obra a firmas de referencia procedentes de diversas naciones hace de esta publicación una obra de consulta obligada en el ámbito de la historia de la televisión en general y, en concreto, de la televisión en Europa.

La historia de sus orígenes

LA TELEVISIÓN EN EUROPA: La historia de sus orígenes

La obra que el lector tiene en sus manos persigue ofrecer una visión general de esta historia televisiva transnacional a partir de una selección representativa de los países del viejo continente. Así se ofrece una mirada amplia de la Europa Occidental (España, Francia, Reino Unido, Portugal, Italia, Bélgica y países nórdicos), un ejemplo paradigmático de la conocida como Europa del Este (Polonia) y otros dos de la Europa socialista (la antigua Yugoslavia y la República Democrática Alemana).

LA TELEVISIÓN EN EUROPA:

Virginia Martín Jiménez Julio Montero Díaz

Por primera vez un libro recopila los orígenes de la televisión europea con una mirada transnacional que nos acerca a la historia de las televisiones que fueron naciendo en el viejo continente en torno a la primera mitad del siglo XX. De la mano de especialistas en este medio provenientes de toda Europa conoceremos cómo se construyó la pequeña pantalla en más de una docena de países inmersos en contextos políticos y sociales muy diferentes pero unidos culturalmente por ese lazo europeo.

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LA TELEVISIÓN EN EUROPA: La historia de sus orígenes


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES

Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LA TELEVISIÓN EN EUROPA: La historia de sus orígenes

Coordinadores

Virginia Martín Jiménez Julio Montero Díaz Autores

Fernando Ramos Arenas Muriel Hanot Manuel Palacio Jean-Stephane Durán Enrico Menduni Urszula Jarecka Ricardo Morais Joaquín Marín-Montín David Archibald Tena Perisin Zrinjka Peruko

tirant humanidades Valencia, 2019


Copyright ® 2019 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Virginia Martín Jiménez y otros

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17973-25-4 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice La televisión en Europa: una aproximación a lo nacional y a lo transnacional de su historia........................................................................... 9 Virginia Martín Jiménez Julio Montero Díaz Ideología, entretenimiento y guerra fría: una aproximación a la televisión de la RDA.................................................................................... 27 Fernando Ramos Arenas Los orígenes de la televisión belga: opciones experimentales, efectos a largo plazo......................................................................................... 51 Muriel Hanot Los orígenes de la televisión en España.............................................. 77 Manuel Palacio Orígenes de la televisión francesa: espejo y espejismo de una cierta idea de la cultura de masas................................................................. 101 Jean-Stephane Durán Historia de la televisión en Italia: interpretaciones convencionales y realidad crítica................................................................................... 121 Enrico Menduni Origen y evolución de la televisión en Polonia..................................... 129 Urszula Jarecka Un viaje por la historia de la televisión portuguesa: escenarios y actores principales......................................................................................... 159 Ricardo Morais El modelo televisivo en los países nórdicos. Orígenes e implantación........ 183 Joaquín Marín-Montín Los primeros años de la BBC............................................................... 209 David Archibald La construcción de la televisión en la Yugoslavia socialista: los primeros 35 años de TV Zagreb.......................................................................... 225 Tena Perisin Zrinjka Peruko Relación de autores............................................................................ 251


La televisión en Europa: una aproximación a lo nacional y a lo transnacional de su historia VIRGINIA MARTÍN JIMÉNEZ Universidad de Valladolid (España)

JULIO MONTERO DÍAZ Universidad Internacional de la Rioja (España)

El origen remoto de esta obra fueron las X Jornadas Internacionales de Historia y Cine. Un grupo de autores se dieron cita como ponentes en esta reunión que cumplía sus primeros diez años de actividad ininterrumpida. Esta vez el motivo del encuentro era el análisis de la puesta en marcha de la televisión en diversos países europeos. Estas primeras aportaciones se completaron ampliamente para su publicación y se invitó a varios especialistas europeos para extender el abanico de ejemplos. El resultado, unos años después de aquel encuentro, es este libro. Se recogen las aportaciones de once personas expertas en la historia de las televisiones europeas durante sus primeras décadas de existencia1. A nadie se le oculta que la extensión geográfica y la complejidad histórica del continente europeo hacen imposible por ahora el recoger en un solo libro la historia de todas y cada una de las televisiones de Europa. Este proyecto es más modesto. Se ha optado por buscar una visión general de esta historia transnacional a partir de la selección de países representativos de la totalidad y heterogeneidad del viejo continente. Así se ofrece a los lectores la posibilidad de recibir una visión amplia de la Europa Occidental (España, Francia, Reino Unido, Portugal, Italia, Bélgica y países nórdicos), un ejemplo paradigmático de la conocida como Europa del Este (Polonia) y otros dos de la Europa socialista (la Antigua Yugoslavia y la República Democrática Alemana). La compilación de estos trabajos y el aunar en una única obra a firmas de referencia procedentes de diversas naciones persigue hacer de esta publicación una obra de consulta obligada en el ámbito de la historia de la

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Esta investigación se ha realizado dentro del proyecto de investigación CSO201566260-C4-1-P Historia de la Programación y de los Programas de Televisión en España (cadenas de ámbito estatal): de la desregulación al apagón analógico, 1990-2010, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (España).


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televisión en general y, en concreto, de la televisión en Europa en su primer medio siglo de existencia.

LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA TV EN EUROPA: UN ESTADO DE LA CUESTIÓN Este libro no es un empeño inútil. Los estudios con perspectiva transnacional o comparada escasean en el ámbito de la investigación de la historia de la televisión europea. Este vacío se hace más intenso si cabe si se atiende a las publicaciones españolas de este estilo. No es el caso de otras latitudes, porque en los últimos años los estudios comparativos sobre televisión en Europa se han desarrollado bastante. Publicaciones como Television across Europe: A comparative introduction (Wieten, Murdock & Dahlgren, 2000) o Comparing Media Systems (Hallin & Mancini, 2004 y 2011) constituyeron el impulso inicial de este tipo de estudios, no históricos, más allá de las fronteras españolas. Se centraron inicialmente en temas relacionados con la estructura de los medios, las políticas mediáticas, las estrategias de programación y las transformaciones en el sistema de comunicación. Siete años más tarde, Hallin y Mancini presentaron un nuevo trabajo: Comparing Media Systems beyond the western World. Se profundizaba en el trabajo anterior, pero con un enfoque más global: se incluían también los sistemas mediáticos de Israel, Brasil, Polonia, Sudáfrica, Rusia, China, Lituania, Letonia, Estonia y los países árabes. Desde una perspectiva transnacional, Bignell y Fickers (2008) nos ofrecen un sistemático análisis histórico comparativo del caso de la televisión europea; tratando la historia de este medio de manera unitaria —y no por casos diferenciados por países— y focalizando la atención en el debate acerca del papel tecnológico, económico, político, cultural y social de la pequeña pantalla en las sociedades del viejo continente2. Otro estudio sobre el entorno televisivo europeo fue el trabajo de Valérie Magnan (2001) Transitions démocratiques et télévision de service public. Espagne, Gréce, Portugal 1974-1992. Se trataba de una investigación comparada de las cadenas públicas de televisión en los países de la Europa del

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El capítulo introductorio de la obra editada por Bignell y Fickers, de las páginas de la 5 a la 9, ofrece además una interesante revisión historiográfica de los estudios sobre la televisión en Europa que, desde otra perspectiva, complementa la que se presenta en estas páginas.


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Mediterráneo. Abarcaba el periodo desde la década de los setenta hasta la llegada de las cadenas privadas. Aunque también se ofrecían referencias sobre los orígenes de estas televisiones, el trabajo se centraba, sobre todo, en trazar una comparativa entre los estatutos reguladores de estos medios estatales y sus modelos de financiación. En cuanto a publicaciones en castellano, destaca el libro publicado por Tirant Humanidades, La Historia de la Televisión (Cascajosa y Farshad, 2016), que si bien hace referencia a los orígenes de este medio en diferentes países del mundo, cuenta con un capítulo específico sobre el caso de Europa. Por otra parte, en líneas generales, los trabajos de investigación más interesantes en castellano ofrecen comparaciones entre diferentes televisiones europeas y analizan el tratamiento informativo de ciertos contenidos como la violencia (Dagnau, 2007), la guerra de Irak (La Porte, 2009), formatos y programación (Cuevas Puente, 1994; Camáñez, 2005; Llorens y Aymenich, 2007; Retis et al, 2010), el infoentretenimiento en los noticiarios (García Avilés, 2007), los informativos (Retis, Lamuedra y Matilla, 2010) o las televisiones regionales (Moragas y Garitaonandía, 1995). La mayor parte, sin embargo, ponen el foco de atención en los retos a los que se enfrenta la televisión en la actualidad en el marco de la UE (Richeri, 2004; Aguado, 2005, Peñafiel, 2007; Galán, 2008; Fernández Alonso, et al., 2009; Beceiro, 2010). En fin, aunque las investigaciones con perspectiva transnacional se han incrementado en los últimos años, se aprecia una llamativa ausencia de trabajos sobre la historia de la comunicación europea —y en concreto sobre la televisión— que ofrezcan una visión global y comparativa a través de los casos más significativos. Ese es precisamente el contexto en el que se sitúan estas páginas: el ofrecer al lector esa perspectiva transcontinental pionera en el ámbito bibliográfico en castellano. En principio se le ha de suponer de gran interés para el universo académico europeo en torno a los orígenes de la televisión en Europa. Esa es la esperanza con la que se ha abordado este trabajo de edición: que anime el impulso de los estudios sobre comunicación con perspectiva histórica en el marco europeo, por más que las crisis y las tendencias a lo particular en lo político parezcan ahogar el espacio comunitario de la UE. La lectura de las aportaciones que se presentan a continuación no permite obtener conclusiones generales, pero es indudable que estas apuntan hacia algunas líneas que investigaciones posteriores podrán confirmar y que, en algunos casos, las monografías de base en cada país ofrecen ya para cada caso. Quizá el factor común más relevante de las televisiones europeas


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en su nacimiento y primer desarrollo sea su fuerte componente nacional. Desde luego se dirigían a “su” gente (el caso belga es paradigmático en esto si se tiene en cuenta que la televisión se recibió allí primero desde dos países limítrofes) y podría añadirse que desde su estado, desde sus gobiernos para ser exactos. En esto último la aparente diversidad apunta a un rasgo unitario: poco tenían que ver el régimen político de la República Federal Alemana y la de su vecina la Democrática; igual diferencia podía haber entre la IV República francesa y el franquismo; o entre Polonia, Irlanda e Italia por señalar tres en los que el catolicismo jugaba un importante papel en su identidad y que sus gobernantes no podían ignorar en su actividad política. En realidad, y por lo que aquí interesa, esta aparente diversidad esconde una realidad muy semejante en el nivel inmediatamente superior: la dependencia de la televisión, recién nacida, de los gobiernos era parecida en todo ellos. Y fue la máxima que cada régimen político toleraba en su estructura básica: democracias parlamentarias (con mayor o menor predominio del ejecutivo), regímenes autoritarios o estados totalitarios. Dicho de otro modo, en los estados europeos cada televisión nacional (en sus inicios y primer desarrollo) dependió de los gobiernos todo lo que estos pudieron conseguir. Sin embargo, este primer nivel de sentido nacional (estatal y gubernativo) de las primeras cadenas de televisión en Europa tiene mayor relevancia en otra esfera de mayor interés si se atiende a los espectadores. Una primera precisión exige recordar que el nacimiento de la televisión se encontró con un público muy especial, si se atiende a los precios de los primeros receptores. Clases altas y medias altas en la Europa Occidental. Las cosas cambiaron desde los años sesenta y ya entonces la televisión comenzó a ser el fenómeno de masas que era en Estados Unidos desde hacía una década. El nuevo medio se presentó como una alternativa de entretenimiento entre la radio y el cine y se labró su hueco en el tiempo libre de su público: el que le dejaba vacío su jornada laboral tan distinta en cada país y desde la que se labraron las franjas de emisión de mayor audiencia. Compartió tiempo con la prensa, con los libros, el teatro, la radio y el cine cuando estos formaban parte de la dieta de ocupación del ocio. Noticias, reportajes, espacios culturales (informaciones y reportajes sobre teatro y literatura, música clásica y óperas) y entretenimiento popular (retransmisiones de acontecimientos de afirmación nacional, deportivas, en España también toros, películas y espacios para la ficción propia, teleteatros, telenovelas y luego ficción seriada propia y norteamericana, y espectáculos musicales y concursos…) En aquella primitiva partición en franjas horizontales de emisión (por horas) se fueron situando los programas más adecuados para un público que comenzó en seguida a cambiar de tono social y cultural. También en los inicios se


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atendió a la influencia del nuevo medio sobre los más jóvenes y de un modo u otro se fijó relativamente pronto y con acierto diverso la programación infantil y juvenil en atención a sus horas propias: las de llegada del colegio y hasta el regreso de los adultos del trabajo. Por entonces (en los inicios y mediados de los cincuenta, al nacer las cadenas primeras) el concepto “cultura popular” no sólo carecía de significado, sino que a muchos les parecía contradictorio en sí mismo. La cultura hacía referencia a lo que hoy denominamos “alta cultura”. El resto no era más que una forma de referirse a los modos de ocupar el tiempo libre de la gente que no podían valorar, y consiguientemente les aburría, el teatro (clásico y moderno), la lectura de libros, los conciertos o las retransmisiones de música clásica, de ópera, etc. En la frontera se situaban desde hacía decenios las novelas ligeras de género (románticas o de aventuras), el comic, la opereta, el vodevil… Y los nuevos públicos, las clases medias y bajas urbanas, compartieron estas formas de entretenimiento con el nuevo medio, como las anteriores lo hacían también. Cuando no había teatro que compartir las formas dramáticas televisadas sencillamente lo llenaban todo. En este sentido puede hablarse de una función cultural elevadora por parte de aquella televisión. Quienes nunca hubieran acudido a un teatro (por falta de recursos o de sencillamente de planteamiento inicial) pudieron disfrutar de sus versiones televisadas. De modo semejante, aunque con menor intensidad y frecuencia, fue posible un acercamiento a otras formas de cultura de elite, siempre en formato de pequeña pantalla: música clásica y ópera singularmente. Y lo mismo ocurrió, enseguida, con las formas derivadas de un medio más popular como la radio: primero se compartieron y luego, sencillamente, se sustituyeron con las versiones que ofrecía el nuevo medio con imágenes. Teleteatro, telenovelas, espectáculos musicales y de entretenimiento (humor, contorsionistas, habilidosos varios y curiosos, etc.) que comenzaron su carrera en la radio alcanzaron su esplendor en televisión. En estas formas de entretenimiento lo nacional propio ocupó pronto un espacio importante. La canción popular en cada país fue la que ofreció la televisión: cantada en su idioma, primero en los sones y géneros propios de cada cultura, luego en las formas internacionales que se fueron imponiendo con los diversos tipos de pop. El entretenimiento se fijó en una mezcolanza que pretendía atender a sus públicos (cada vez más diferenciados) y que acabó con la reserva de franjas horarias o de días para los diversos grupos sociales que veían la televisión: desde luego entretenimiento y formación para niños y jóvenes y luego espacio para llenar los ocios de la gente cultas y de las más populares. Todo en sociedades que cambiaron enormemente (de ser predominantemente rurales a mayoritariamente urbanas; de ritmos


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vitales agrarios a los que marcaban los relojes y los turnos de las nuevas industrias o del moderno sector de servicios, con importantes flujos migratorios internos y exteriores) y a las que la televisión de cada país intentó adaptarse, mientras su papel pasó de ser un medio de información y entretenimiento más al predominante (y único) en bastantes casos. En cualquier caso, el carácter nacional de las cadenas televisivas fue su rasgo fundamental. Es más, puede hablarse sólo de su papel impulsor en la internacionalización (en cultura y en política) cuando estados y gentes y se abrieron a ellos. Quizá el único rasgo de internacionalización de aquellas primeras programaciones haya que buscarlo en las emisiones de series de ficción no nacionales, que en casi todos los sitios, salvo en las “democracias” de socialismo real, fueron norteamericanas. En el fondo de este planteamiento latía un enfoque de la televisión en el que primaba el receptor sobre el emisor. Incluso en términos cínicos podría decirse que para influir decididamente en el receptor intentaba adaptarse a sus gustos iniciales para desde esos cauces difundir la ideología dominante en plena complicidad de medio y gobierno. En los países europeos totalitarios la televisión, indudablemente estatal, pensaba más en qué emitir. Como si el secreto de la eficacia estuviera en los mensajes y no en su recepción. Paradójicamente, la resistencia que podían generar —según Walter Benjamin— los receptores de medios de comunicación de masas ante los mensajes insistentes, se generó primero y con mayor intensidad en estos países. Esta importancia clave y común de lo específico y nacional no significa aislamiento. El segundo rasgo común del nacimiento de las cadenas nacionales de televisión es precisamente su novedad. Todos los que las iniciaron eran noveles en aquel trabajo, aunque tuvieran en unos pocos casos experiencia profesional previa en el medio (especialmente en Estados Unidos y en menor medida en Gran Bretaña). Y esta “ignorancia común” facilitó indudablemente la colaboración entre los profesionales de las diversas cadenas, que procedieron inicial y mayoritariamente de la radio o del cine nacional.

ESTRUCTURA DE LA OBRA Este monográfico lo conforman diez capítulos. El primero, “Ideología, entretenimiento y guerra fría: una aproximación a la televisión de la RDA” lo ha elaborado Fernando Ramos Arenas, de la Universidad Complutense de Madrid y experto en los medios audiovisuales germanos. En él se ofrece un caso histórico de enorme singularidad: el de la televisión de la República Democrática Alemana. Un nuevo estado nacido de la división en bloques,


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característica de la Guerra Fría. La pequeña pantalla comenzó a emitir regularmente en enero de 1956 en un contexto político de dictadura de partido, en este caso del Partido Socialista Unificado (SED). La singularidad de este caso es doble. De una parte, la televisión se concibe allí como una forma más de instrumentación política del nuevo medio que el gobierno utilizó sin pudor alguno. Por otra parte, y esto es singular en las demás repúblicas europeas de socialismo real, hubo de enfrentarse a la competencia medial de su vecino occidental, la República Federal Alemana (RFA). En ese doble eje se movieron las estrategias de programación y la evolución de la propia televisión de la RDA hasta su desaparición en 1991. Esta singularidad permite al autor ofrecer una obligada “perspectiva transnacional alemana”, imprescindible para entender los orígenes de la televisión germana en este interesante y peculiar “diálogo contrastivo” que se desarrolló entre las televisiones de las dos Alemanias y que generó una competencia férrea entre ellas en busca de ofrecer unos contenidos diferenciales con respecto a la televisión rival. El segundo de los capítulos —“Los orígenes de la televisión belga: opciones experimentales, efectos a largo plazo”— lo firma Muriel Hanot de la Universidad Católica de Louvain y miembro del Conseil supérieur de l’audiovisuel (CSA-Bélgica). En él explica cómo la peculiar casuística cultural, lingüística e identitaria de Bélgica se tradujo en unas singularidades que dejaron su fuerte impronta no sólo en el ámbito audiovisual sino también en la actual cultura nacional, aunque se partiera de una situación inicial que parecía bastante semejante al resto de los países europeos. Los orígenes de la televisión belga se remontan a 1953. Se emitieron entonces los primeros programas nacionales en fase experimental. Sin embargo, desde años atrás, la pequeña pantalla ya formaba parte del día a día de la sociedad de Bélgica gracias a que la televisión francesa y la holandesa (y más tarde la de Luxemburgo) llegaban a diferentes provincias del país. Si en las páginas de esta introducción se ha planteado desde un principio la importancia de apostar por estudios transnacionales en Europa, en lo que se expone a continuación se encuentra una de las claves para comprender que los orígenes de la televisión en Europa no pueden analizarse teniendo en cuenta únicamente una realidad nacional específica, ya que este nuevo medio nació en cada uno de los países marcado por la influencia que le llegaba del resto del continente. Así, de manera más notoria en el caso belga, en la antigua Yugoslavia o en los países nórdicos, a lo largo de los primeros pasos de la televisión tuvo lugar una competencia interna entre las diferentes televisiones europeas, ya que en muchos casos la programación que se emitía podía verse más allá de las fronteras del país de origen; una


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competencia que impulsó el nacimiento de nuevas televisiones nacionales y de la puesta en marcha de estrategias programáticas que permitieran salir triunfantes de esa competencia “internacional”. La Radio, en cuanto a normativa, programación y capital humano, fue, en líneas generales, la referencia obligada en la infancia de la televisión en Europa. El caso de Bélgica no fue una excepción. Sin embargo, a pesar de partir de un marco común se constituyeron dos autoridades televisivas diferenciadas, destinadas a respetar la autonomía cultural de las diferentes regiones (teniendo en cuenta el peso de Flandes y de los distritos flamencos de Bruselas) y que obligaron a una televisión incipiente a ofrecer dos canales de programación que, aunque se complementaban, emitían en idiomas diferentes y ofrecían contenidos distintos. Muriel Hanot explica cómo ver la televisión llegó a convertirse en toda una experiencia grupal gracias a los tele-clubs y a la emisión de eventos mediáticos como la boda real de Balduino y Fabiola. Un evento histórico y televisivo que pasó a formar parte del imaginario colectivo no sólo en Bélgica sino también en España (la futura reina de los belgas era una española: Fabiola de Mora y Aragón) donde supuso para muchos su primera experiencia ante un televisor. En el caso de España, como expone Manuel Palacio en el tercer capítulo, los orígenes de la televisión se remontan al nacimiento en 1956 de Televisión Española. Una televisión pública que surge en un contexto político marcado por la dictadura franquista. Un franquismo que si bien, antes incluso de finalizar la Guerra Civil, había visto claro que era indispensable controlar y dirigir los medios con el fin de que sus mensajes favoreciesen al gobierno (así pone en marcha la agencia de noticias EFE, Radio Nacional de España, el Noticiario cinematográfico NO-DO o legisla con el fin de suprimir la libertad de expresión); no tuvo tan claro que fuese necesario apostar por la televisión. Incluso se vio inicialmente como una ventana abierta al mundo que podría poner en peligro los pilares del sistema. No obstante, y a la vista de que casi todos los europeos habían ya inaugurado sus propias televisiones, a mediados de los años cincuenta la dictadura franquista decidió dar el paso y poner en marcha TVE. Una televisión a la que, como remarca Palacio, nada que tuviera que ver con la esencia del régimen le será ajeno. Eso marcó sus primeros pasos en cuanto a contenidos, profesionales, misión, valores y estrategias. Entre los rasgos específicos del régimen y su casuística que dejan huella en los orígenes de la televisión, Palacio resalta lo que denomina “los débitos externos de la dictadura”, que se convierten en un elemento diferencial


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de la experiencia televisiva española con respecto a la de otros países europeos. Es decir, tras el final de la II Guerra Mundial y debido a la alianza conceptual con el nazismo alemán y con el fascismo italiano, España quedó aislada internacionalmente hasta que, a mediados de la década de los cincuenta, los acuerdos con el Vaticano y los Estados Unidos permitieron la presencia española en buena parte de los foros mundiales (así TVE ingresó en Eurovisión en diciembre de 1960, una fecha de las más retrasadas de los países europeos occidentales). Esas alianzas internacionales tendrán su reflejo en la programación de aquellos primeros pasos de una televisión que superó sus inicios inmersa en una situación económica tan precaria que a punto estuvo de convertir a Televisión Española en una cadena privada; lo que hubiese cambiado por completo la historia de los orígenes de este medio en España y su posterior transformación. El cuarto capítulo pone el foco de atención en los orígenes de la televisión francesa, un caso cuya fase inicial de casi veinte años representa una de las más largas y complejas del mundo occidental televisivo. Su autor, Jean-Stephane Durán (Universidad Paris Ouest-Nanterre La Défense. Francia) traza un repaso de la trayectoria inicial de la pequeña pantalla a la que el floreciente mercado radiofónico hacía tanta sombra que hasta su debut, en abril de 1935, pasó casi desapercibida. Un despegue que, aunque estuvo marcado por la falta de inversión —ya que se priorizaba la radio— y las discusiones sobre los estándares técnicos sobre la imagen (algo común también a la historia de las diferentes televisiones de Europa), acabó por convertir a la televisión en un medio relevante. Así, en 1959 el primer gobierno gaullista de la V República le otorga un estatuto jurídico que, por primera vez, reconoce su singularidad dentro de una entidad que pasa a denominarse Radio Télévision Française. Años antes de esa decisión gubernamental, la historia de la televisión se detuvo ante la declaración de guerra de septiembre de 1939 y la voladura de la antena emisora de la Torre Eiffel. Sin embargo, como justifica Durán, “si para el resto de las potencias televisivas, el verdadero despegue de este medio empieza a partir de 1945, en el caso de Francia, los años de la guerra no supusieron un mero paréntesis que se podía cerrar retomando la emisión de programas ahí donde la había parado la declaración bélica —como hiciera la BBC en junio de 1946—, sino que constituyeron una herencia que pesará fuertemente sobre su posterior desarrollo”. Durante los primeros meses de la ocupación se abandonaron las instalaciones de la TV francesa y la televisión desapareció del panorama mediático francés. Este incipiente medio fue menospreciado por los alemanes que valoraron más la eficacia propagandística de la radio. Sin embargo, con la llegada en 1941 a París del oficial Kurt Hinz-


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mann se produjo la reapertura del centro emisor de la Torre Eiffel con el fin de distraer a los soldados acogidos en los Kriegs Lazaretts desde septiembre de 1943 a agosto de 1944 con cortometrajes y películas alemanas y con los primeros dramáticos realizados en Francia. Los siguientes pasos, al concluir la contienda, estuvieron marcados por la escasa atención a la televisión por parte de los gobiernos y una acuciante dependencia estatal. El medio lo costeó desde 1949 un canon audiovisual todavía en vigor que, si bien garantizó la financiación a largo plazo, supuso entonces un importante freno a su expansión inicial, en un país en el que se acababa de poner fin a las cartillas de racionamiento. En la década de los 50, cuando aún en muchos países europeos no había nacido la tele, esta ya era en Francia un instrumento de poder imprescindible para cualquier gobierno. Con 400.000 aparatos repartidos por todo el territorio, los telespectadores dejaron de ser una minoría “silenciosa e invisible para convertirse en una cohorte electoral cada vez más indispensable para salir airoso de cualesquiera comicios de ámbito nacional”. El caso italiano se aleja en gran medida del francés ya que el nuevo medio será fruto de la posguerra. Como explica en el quinto capítulo Enrico Menduni de la Universidad Roma Tre (Italia), si se excluyen los experimentos anteriores a la II Guerra Mundial, el nacimiento de la televisión en Italia se inicia en enero de 1954. Fue desde el principio una televisión monopolística controlada por un ente dependiente del gobierno. Esta primera etapa finaliza en 1974 cuando se inicia un sistema mixto público/privado y la RAI dejó de tener tanta influencia gubernamental y quedó bajo control parlamentario. Una segunda etapa en la historia de los orígenes de la televisión italiana en la que el sistema mixto público/privado de la televisión se fijó en un oligopolio (Rai-Rusconi-Mondadori-Rizzoli-Fininvest) y después en un “duopolio” (después Mediaset) y que finaliza con la llegada en el siglo XXI de la televisión digital. La herencia de la posguerra marcó los primeros pasos de la televisión. Se transmitió desde las cámaras un mensaje de la paz recobrada en un país marcado por primera vez por una clase dirigente católica y por la vocación pedagógica del nuevo medio. A su vez, Menduni destaca la falta de atención que se ha prestado, a pesar de su relevancia, “a la relación entre la televisión y la conquista del bienestar, subestimando la mirada americana de la televisión italiana”: el estado del bienestar era el gran objetivo que se perseguía en la Italia de la posguerra. La televisión fue el fruto de ese nuevo clima económico y cultural, de esa reconstrucción de Italia, del “milagro económico”.


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Si la radio pública italiana recibió el influjo principal desde Inglaterra, la televisión lo tuvo en Estados Unidos. Quizá por eso se convirtió en un relevante canal de difusión del cine hollywoodense. Menduni considera que esa nación fue la gran referencia para la RAI en cuanto a televisión se refiere, ya que la pequeña pantalla nace en Italia vinculada al mito americano como filosofía de vida y como meta a alcanzar en el lifestyle vinculado al bienestar y al progreso. El sexto capítulo, elaborado por Urszula Jarecka (Instituto de Filosofía y Sociología. Academia polaca de las ciencias/Universidad Nacional de Varsovia Polonia) aborda el estudio del nacimiento y primeros años de desarrollo de la televisión polaca, en concreto durante la etapa de la República Popular de Polonia (PRL). Los orígenes de la televisión en este país los marcó la impronta de un contexto sociopolítico propio de una dictadura socialista. Aunque en 1936 se presentó la primera estación en pruebas de televisión en Varsovia, la II Guerra Mundial lo paró todo. Hasta octubre de 1952 no nació oficialmente la televisión en Polonia. Las primeras emisiones sirvieron para legitimar el nuevo sistema político, especialmente con la celebración de las conmemoraciones de las fiestas del 1 mayo, el “Día Internacional contra la opresión colonial”, o para promocionar a los “nuevos héroes nacionales” como Stalin o los jóvenes de las organizaciones comunistas. Como afirma Jareck, “la misión de la televisión pública en Polonia durante el comunismo fue significativamente diferente de la misión analógica de la televisión en el mundo occidental”. La pequeña pantalla fue una herramienta ideológica al servicio del gobierno comunista y del Partido. Desde la década de los 60 la televisión se vio, por parte del gobierno, como un medio de gran influencia en la educación, la cultura y el arte y no como un simple instrumento de propaganda informativa. De ahí que se pusiera mayor atención en el entretenimiento, que se procuró que llegara al mismo tiempo a los sectores más populares de la sociedad y a los más elitistas. Por entonces, los dramáticos televisivos pasaran a ser auténticos fenómenos sociales. A medida que la televisión se convirtió en un medio popular, que se extendía a lo largo y ancho de la geografía polaca, mayor fue el uso ideológico que el Estado socialista hizo de él: tanto en materias informativas como formativas, de entretenimiento o de “reprimenda moral”. Por ejemplo, los informativos transmitieron a partir de los años 60 una imagen optimista sobre el futuro del país. Se difundió la idea del milagro económico y de un sorprendente progreso social y financiero. Al mismo tiempo para los pueblos y provincias la televisión fue una ventana al “gran mundo” del discurso mediático socialista que representaba Varsovia.


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Julio Montero Díaz y Virginia Martín Jiménez

Otro país que vio nacer la televisión en el contexto de una dictadura, en este caso de corte fascista, fue Portugal. “Un viaje por la historia de la televisión portuguesa: escenarios y actores claves” es el título del trabajo de Ricardo Morais que nos traslada a los inicios de la Radiotelevisión Portuguesa (RTP). Sus primeros pasos no fueron muy diferentes de los de la televisión en España. Los paralelismos no son casuales pues, como recuerda el propio Morais, fue incluso una conversación entre los dictadores portugués y el español lo que animó finalmente a Salazar a poner en marcha la televisión en 1955. El dirigente luso no veía la necesidad de crear este nuevo medio, ni confiaba en que su uso pudiera reforzar su poder. Nada que ver con la visión que sobre la pequeña pantalla tenía el que fue su sucesor, y que en el momento del nacimiento de la RTP era Ministro de Presidencia, Marcelo Caetano. En sus viajes al extranjero se había convencido del poderío de la televisión como arma política y propagandística. Su visión de este nuevo medio se materializó en la puesta en marcha en 1969 del espacio Conversas em Família, un “diálogo” directo entre el gobierno dictatorial de Caetano y la sociedad lusa. El peso de la televisión en Portugal se manifestó en el papel determinante que cumplió en la Revolución de los Claveles, que puso las bases de la transición a la democracia. La RTP fue uno de los objetivos prioritarios de los militares sublevados y desde el primer momento hicieron uso de las cámaras para emitir mensajes a la nación y hacerla partícipe de los pasos que se estaban dando. Al mismo tiempo la televisión portuguesa fue escenario de las luchas por el poder de las diferentes facciones político-militares del momento. Si hablamos de peculiaridades dentro de la historia de la televisión en Europa es inevitable dirigir la mirada al caso de los países nórdicos. Como explica Joaquín Marín-Montín en el octavo capítulo, “el origen y primer desarrollo de la televisión en los países nórdicos ofrece una serie de elementos, en muchos casos comunes, que marcarán singularidades respecto a otros países”. El nórdico es un modelo televisivo que se ha vinculado tradicionalmente al servicio público y muy arraigado en la esfera de la política. Marín explica los orígenes de la televisión en Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia, buscando puntos coincidentes, pero resaltando también lo que diferencia a cada uno de ellos a pesar de la uniformidad que presentan. Salvo el caso de Islandia y Finlandia que desarrollaron desde un comienzo fórmulas televisivas mixtas y de duopolio permitiendo su financiación a través de la publicidad, el resto de los países nórdicos apostaron por un sistema público de monopolio audiovisual, financiado en su totalidad a través de derechos de licencia.


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