COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
UNA SENCILLA LECTURA DEL “QUIJOTE”
Antonio García-Saúco Beléndez Nota “A modo de prólogo” del Profesor Jean Canavaggio
Valencia, 2016
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© ANTONIO GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ © Nota a modo de prólogo Jean Canavaggio
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ACLARACIÓN INICIAL El presente libro “Una sencilla lectura del Quijote” es muy probable que no hubiera visto la luz sin la desinteresada colaboración del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, al que el autor pertenece —ahora ya como colegiado no ejerciente— desde hace cuarenta y cinco años. Fue precisamente el Diputado Bibliotecario, Ilmo. Sr. D. José Manuel Pradas Poveda, quien se interesó por la obra con ocasión de las efemérides que en 2015, 2016 y 2017 estamos conmemorando: el IV Centenario de la publicación de la Segunda parte del “Quijote”, el del fallecimiento de Miguel de Cervantes y la publicación de su obra póstuma “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”. Es evidente que la actual Decana, Excma. Sra. Dª Sonia Gumpert Melgosa, no es ajena, como máxima responsable de la Institución, a esta decisión, lo que demuestra que nuestro Colegio, con una gran amplitud de miras, no solo se ocupa por defender y amparar los derechos de sus colegiados sino de extender su actividad a otras facetas relacionadas con la cultura dirigida a sus miembros. En otro orden de cosas el autor desea dejar constancia de que los eventuales derechos económicos que le puedan corresponder por la edición de la obra a cargo de la editorial “Tirant lo Blanch” los donará íntegramente a Cruz Roja Española, a la que pertenece desde 1942, y como homenaje a su padre que fue quien se ocupó de hacerle socio coincidiendo con la fecha de su nacimiento. A.G.-S.B.
A la memoria de mis padres A Teresita, mi mujer A nuestros hijos y a nuestros nietos Y también a la memoria de doña Eloísa Illa Pérez, maestra nacional, que me enseñó a leer y a escribir
NOTA “A MODO DE PRÓLOGO” DEL PROFESOR JEAN CANAVAGGIO
A MODO DE PRÓLOGO Si hemos de creer al propio Miguel de Cervantes —o, más exactamente, al amigo a quien confía sus dudas en el momento de ponerse a escribir su prólogo—, el “Quijote” tenía que ser un libro sin notas ni apostillas, puesto que no las iba a necesitar una historia tan monda y desnuda como la del ingenioso hidalgo. No se trata aquí de apreciar la ironía que se trasluce detrás de semejante airmación, sino de observar que la posteridad no ha ratiicado el partido que eligió el manco de Lepanto. A inales del siglo XVIII, sale a la luz el primer “Quijote” comentado, con notas del reverendo John Bowle. Entre las numerosas ediciones que se publican en adelante, las más renombradas van también acompañadas de notas: basta recordar, entre otras, las de Antonio Pellicer, Diego Clemencín, Juan Eugenio Hartzenbusch, Clemente Cortejón, Francisco Rodríguez Marín, Rodolfo Schevill, Martín de Riquer, Vicente Gaos y, “last but not least”, aquellas dirigidas en época más reciente por Francisco Rico. No obstante, no resulta ocioso, ni mucho menos, el hecho de que Antonio García-Saúco venga ahora a incluirse en esta lista. Es que el propósito que le ha llevado a orecernos esta “Sencilla lectura del «Quijote»”, como se titula su libro, no ha sido el de un erudito, sino el de un modesto aicionado, lector apasionado, desde su infancia, de aquella obra inagotable. Como él mismo nos explica en su «Nota inal», nació este propósito por el año 1994, tras una lectura muy minuciosa que hizo de la obra de Cervantes —no menos de veinte veces la había releído desde su adolescencia hasta entonces—. Por consiguiente, el método elegido por él, para cumplir este cometido, ha sido el que requería un público no especializado. Con esta inalidad nos ha facilitado una guía de lectura o, si se preiere, una aguja de marear que no se encuentra en las ediciones académicas destinadas a los cervantistas profesionales. No ha sido el primero, desde luego, en seguir, capítulo tras capítulo, la trayectoria de las aventuras de don Quijote y Sancho; pero se ha dedicado a recorrer este camino sin los supuestos en que descansan otros conocidos comentarios, como la “Vida de don Quijote y Sancho” de Miguel de Unamuno o, desde muy distinta perspectiva, el “Sentido y forma del «Quijote»” de Joaquín Casalduero. Esta guía de lectura se complementa con catorce apéndices, así llamados por no tener cabida en el comentario, los cuales permiten iluminar diferentes aspectos de la novela desde un enfoque global. En un momento en que libros y lectura conocen en nuestras sociedades un desapego favorecido por la expansión de los nuevos medios de comunicación, la labor reali-
Jean Canavaggio
zada por Antonio García-Saúco no deja de tener cierto sabor quijotesco. Pero no son molinos de viento los que ha querido acometer con valentía y lucidez, sino auténticos gigantes. Por ello su empresa merece suscitar no sólo simpatía, sino admiración por parte de cuantos siguen compartiendo nuestra fascinación por la primera novela de los tiempos modernos.
Jean CANAVAGGIO
Universidad de París Ouest Nanterre La Défense
“La profunda resonancia del «Quijote» no proviene de que el libro sea el poema de un racaso, racaso de don Quijote o racaso de Cervantes, sino de conocer y aceptar la condición subalterna de cada hombre ante el fenómeno inexplicable de la vida”. “Cervantes y la invención del Quijote”. Manuel Azaña
AGRADECIMIENTOS Por razones didácticas ocupa un lugar de honor en mi agradecimiento el profesor emérito de la Universidad de París Ouest Nanterre Jean Canavaggio quien, sin conocerme personalmente, se brindó a leer la primera redacción del trabajo, sobre el que me hizo las naturales observaciones y me guió tanto en temas bibliográicos como en la nueva ordenación que debía dar al mismo. Sus reiteradas puntualizaciones posteriores han sido fundamentales al buen in de este libro, que ha visto engrandecido su contenido al haber tenido a bien escribir la nota “A modo de Prólogo” con la que se inicia este trabajo y para quien no tengo palabras suicientes de agradecimiento —algo positivo habría de tener la globalización— ya que toda nuestra relación ha sido a través de Internet, si bien inalmente hemos tenido ocasión de encontrarnos en Madrid en abril de 2013 y de departir tanto sobre el “Quijote” como de temas personales. Por razones sentimentales tengo necesariamente que referirme a mi mujer, Teresita, que, desde el primer momento, recién jubilado, me animó a que me dedicara a lo que era mi pasión. Le pido disculpas pues han sido siete largos años los que he dedicado al libro, tal vez más tiempo de lo que ella se imaginaba que podía durar; probablemente terminó sabiendo más detalles del “Quijote” de lo que yo pueda creer. Y por razones puramente técnicas extiendo mi agradecimiento a los anónimos funcionarios de la Biblioteca Nacional de España, con especial referencia a los que prestan sus servicios en la sala Cervantes, que con su buen hacer tanto me han ayudado sin ellos saberlo durante estos siete últimos años. A todas y a todos, muchas gracias.
NOTA PRELIMINAR La presente obra tuvo inicialmente por título “Otra lectura del Quijote”, si bien tras la acertada sugerencia del profesor Jean Canavaggio, lo cambié por “Para leer el Quijote”, ya que aquel título podía generar, según sus propias palabras, “cierta ambigüedad…por la proximidad” con la del profesor Agustín Redondo pues éste tiene un libro titulado “Otra manera de leer el Quijote”, obra que yo ya había manejado y que igura en la Bibliografía adjunta. Es más cierto que, con posterioridad, el título no me pareció adecuado ya que Martín de Riquer tiene otro libro que lleva por título “Para leer a Cervantes”, trabajo que también yo había utilizado y que aparece, asimismo, en la Bibliografía que cito, de ahí que consultara nuevamente con Canavaggio si no resultaría más apropiado denominar al mío como “Una sencilla lectura del Quijote”, pues entiendo que resulta más acorde con lo que he pretendido con este trabajo. La contestación del profesor Canavaggio fue que lo consideraba “el más acertado… porque “Para leer el Quijote” es el título que encabeza una colección de artículos recopilados en Buenos Aires por Alicia Parodi”. Este ha sido, pues, el largo camino que ha sufrido el título con el que deinitivamente se ha quedado la obra, si es que se puede caliicar de tal, para indicar, en deinitiva, que está exenta de pretensiones, antes al contrario de una modestia ininita. En todo caso sí quiero dejar claro que el encabezamiento que utilicé en un principio lo basaba en la Nota a modo de Prólogo del también profesor Fernando DíazPlaja de su “Otra historia de España” en la que dice lo siguiente: “El adjetivo “otra” tiene aquí un doble signiicado. Por el primero, alude a que esta historia es una más en la larga retahíla que, durante siglos, han intentado explicarnos nuestro pasado. En su segunda acepción “otra” equivale a diferente”. De ahí lo de “otra”; se trataba, pues, de una lectura más, pero también es una lectura del “Quijote” diferente. Como la recomendación de Canavaggio me pareció sobre oportuna adecuada a lo que mi trabajo pretende es por lo que no he dudado en cambiar el título original. Siguiendo las recomendaciones del profesor Canavaggio he reordenado íntegramente mi trabajo que va dirigido “a un público no especializado que necesita una guía de lectura o una aguja de marear que no nos proporcionan las ediciones “mondas y desnudas” del libro y que tampoco corresponden a las ediciones académicas destinadas a los cervantistas profesionales”, según también sus propias palabras. Efectivamente no he pretendido realizar un estudio crítico de la obra; mi propósito, mucho más modesto, es facilitar la labor al lector no iniciado. Es por ello
Antonio García-Saúco Beléndez
que, con carácter general, al comienzo de cada capítulo hago una exégesis del mismo cuya extensión varía en función de sus circunstancias para, a continuación, analizar con el máximo detenimiento los personajes (bien los que aparecen como tales en la propia narración u otros históricos o mitológicos que se citan), los topónimos, paralelismos, contradicciones, frases y vocabulario (que va ordenado alfabéticamente); es obvio que omito uno o varios de éstos cuando no procede su utilización. Por otra parte, el análisis que se hace a continuación lo es en base a las ediciones “princeps” de 1605 y 1615, de la Primera y Segunda parte, respectivamente, del “Quijote”, en el bien entendido que por lo que hace a la Primera parte he considerado también la segunda y tercera ediciones de 1605 y de 1608, respectivamente, y aún las de Lisboa de 1605 y Bruselas de 1607, para deslindar en algún caso determinados extremos. Puntualizo, asimismo, según la información obtenida fundamentalmente a través de la obra de Francisco Rico “El texto del Quijote”. Preliminares de una ecdótica del Siglo de Oro. (Barcelona, Editorial Destino, 2005), que, con toda probabilidad, la edición “princeps” de 1605 estuviera impresa y, por tanto, completamente terminada a inales de 1604, aunque no a disposición del gran público hasta primeros de 1605, en que debió salir a la venta. He utilizado las ediciones críticas más clásicas de la obra de Cervantes que cito pormenorizadamente en el apartado inal de Bibliografía y adonde me remito, si bien es cierto que al otorgar el mismo crédito a unos comentaristas, críticos y anotadores que a otros a la hora de valorar sus opiniones puede inducir al lector a caer en el error de juzgar a todos por el mismo rasero. Resumiendo, nada tienen que ver los comentarios de Hartzenbusch o Clemencín, por ejemplo, con los de Martín de Riquer o Francisco Rico. En todo caso no ha sido mi intención sobrevalorar a unos ni minusvalorar a otros, antes al contrario creo, siguiendo las directrices del profesor Canavaggio, que los comentarios de unos y otros deben “colocarse en su debida perspectiva”. Para deslindar adecuadamente las aportaciones de los distintos anotadores, comentaristas y críticos de la obra de Miguel de Cervantes considero de interés la lectura del libro “Cervantismos de ayer y de hoy. Capítulos de la historia cultural hispánica”, de José Montero Reguera (Alicante, Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2011), en el que reúne varios trabajos y de forma cronológica analiza las aportaciones de unos y otros al estudio del “Quijote”, con especial atención a los siglos XVIII, XIX y XX. En todo caso, lo que más sorprende es que “los trabajos de cervantistas como John Bowle, Diego Clemencín, Menéndez Pelayo y Rodríguez Marín siguen siendo imprescindibles a pesar de que sus criterios ya no son los nuestros” en
Nota preliminar
palabras de Anthony Close (“La concepción romántica del Quijote”, Barcelona, Ed. Crítica, 2005), quien en la misma obra airma: “el mayor logro de Cervantes consistía en haber creado un mundo de Poesía irmemente asentado en la Vida y la Realidad, y no apartado de ellas como ocurría en el “Amadís” y sus imitaciones”. El lema del que me he servido para llevar a cabo este trabajo ha sido “descomponer para comprender”. Quiero con ello decir que he pretendido desmenuzar la obra hasta donde he sido capaz para llegar a entenderla mejor y, de este modo, ayudar a interpretar el espíritu de Miguel de Cervantes, siempre teniendo en cuenta que no se conservan los manuscritos ni de la Primera ni de la Segunda parte del “Quijote”, por lo que hemos de utilizar lo que nos ha llegado de sus primeras ediciones, sobre todo de la “princeps” de la Primera parte tan plagada de erratas y omisiones. Mi intención es que el lector del “Quijote” pueda completar su lectura paralelamente con este trabajo que ahora presento y utilizarlo a modo de guía, de ahí el nuevo título de la obra “Una sencilla lectura del Quijote”, por lo que sugiero, si el lector lo considera oportuno, el empleo alternativo, capítulo a capítulo, conforme avance en la lectura de la novela, extremo que dejo al criterio personal de cada uno. En todo caso no he pretendido con este análisis llegar a detalles tan meticulosos como Carlos Fernández Gómez en su obra “Vocabulario de Cervantes” (Edición de la R.A.E., Madrid, 1962) cuando airma que el “Quijote” consta de 378.486 palabras (repartidas en 185.009 la Primera parte y 193.477 voces la Segunda), pero sí desmenuzar hasta donde me sea posible la obra a in de conocerla mejor. Tras un apartado de Agradecimientos inicio el libro con un Esbozo biográico de Miguel de Cervantes a in de situar cronológicamente al lector sobre las circunstancias de tiempo, lugar y modo en que concibió y escribió las dos partes de aquél, por lo que al que esté interesado en ella me remito a las que cito en la bibliografía adjunta. Creo que un trabajo como este merecía una Adenda en la que aporto un análisis complementario que creo ilustrativo para los amantes del “Quijote”, aunque sea puramente anecdótico y que carece, al igual que el Esbozo biográico, de rigor cientíico. El trabajo se complementa con un apartado de Apéndices —catorce en total— en los que incluyo aquellos temas que no tenían cabida en ningún otro lugar del contexto de “Una sencilla lectura del Quijote”, todo ello siguiendo las directrices del profesor Canavaggio, tal y como reitero en la parte Preliminar de estos Apéndices. Bien es cierto que he añadido algunos que, en principio, no pensaba incluir pero que, inalmente, me he decantado por hacerlo aún a riesgo de parecer reiterativo, ya
Antonio García-Saúco Beléndez
que la intención que me ha movido a ello no es otra sino recalcar puntos que tal vez precisaran de matizaciones para una correcta comprensión de los mismos. El apartado de Bibliografía lo he subdividido en otros cuatro: Bibliografía fundamental, Bibliografía biográica, Bibliografía crítica y Resto de Bibliografía, no sin encabezar estos apartados con la enumeración de las primeras ediciones tanto de la Primera como de la Segunda parte del “Quijote”, que han sido aquellas, lógicamente, sobre las que me he apoyado para la realización de este trabajo. Si he conseguido mi propósito a Cervantes le deberé el favor, si no mía será la culpa. VALE.
ESBOZO BIOGRテ:ICO DE MIGUEL DE CERVANTES
PRELIMINAR Miguel de Cervantes Saavedra fue, como la generalidad de los humanos, un hombre producto de su época, de manera que para conocer pormenores de su vida necesario será que nos detengamos en el contexto histórico que le tocó vivir, cuyo momento cultural corresponde al periodo de tránsito del Renacimiento al Barroco, de grandísimo interés desde cualquier ángulo que se quiera estudiar. Sobre su biografía mucho se ha escrito desde que en 1738 el valenciano de Oliva don Gregorio Mayans y Siscar escribiera “Vida de Miguel de Cervantes”, para la edición londinense del “Quijote” de Tonson. Esta biografía, la primera que se hizo de nuestro escritor por antonomasia, adolece del error de colocar su patria de nacimiento en Madrid cuando, según la “Topographia e historia general de Argel”, de fray Diego de Haedo, publicada en 1612, ya se conocía que Miguel de Cervantes había nacido en Alcalá de Henares, si bien me apunta el profesor Canavaggio que “Diego de Haedo irmó la `Topographia e historia general de Argel´, pero su verdadero autor parece ser el Dr. Sosa, compañero de cautiverio de Cervantes en Argel”. Sobre el dato del nacimiento tendré ocasión de detenerme más adelante, siendo mi intención hacerlo con datos tal vez menos conocidos de su vida. A partir de este momento, muchas y muy interesantes han sido las biografías que se han escrito sobre su igura. No se pueden olvidar la de don Vicente de los Ríos, que acompaña la edición del “Quijote” de la Real Academia Española de 1780, la de Fernández de Navarrete o la de don Francisco Navarro Ledesma. Sin lugar a dudas por su extensión la más amplia es la de don Luis Astrana Marín, en siete tomos, publicada entre 1948 y 1958. Muy a tener en cuenta son las escritas por Rodríguez Marín, Martín de Riquer, Alvar Ezquerra, Rey Hazas o Andrés Trapiello, aunque la más actualizada es la de Jean Canavaggio, catedrático de la Universidad de París X (en Nanterre), por cuya biografía de Cervantes mereció el premio Goncourt en 1986, y naturalmente sin omitir la que lleva por título “Cervantes Visto por un Historiador”, de Manuel Fernández Álvarez. Un trabajo inmenso fue el llevado a cabo por don Cristóbal Pérez Pastor, bibliotecario de la Real Academia Española y luego académico de la misma, quien en 1905 organizó la Exposición cervantina en la Biblioteca Nacional con motivo del III Centenario de la publicación de la Primera parte del Quijote. El trabajo lleva por título “Documentos cervantinos, hasta ahora inéditos”, en dos volúmenes aparecidos en 1897 y 1902, respectivamente.
Antonio García-Saúco Beléndez
En este largo etcétera de biógrafos y comentaristas habría que incluir a los distintos autores que hicieron posible los dos volúmenes del tomo XVI de la “Historia de España” de Menéndez Pidal, dedicados ambos al Siglo del Quijote, y cómo no a Francisco Rico bajo cuya dirección se ha publicado la edición deinitiva del “Quijote”, si es que hay algo de verdad deinitivo en esta vida. Si como decía Ortega y Gasset el hombre es producto de su circunstancia, obvio resulta que Miguel de Cervantes lo fue de las suyas, y en la medida que estas ocurrieron, del mismo modo se fue modelando su biografía, de ahí que los hitos circunstanciales que marcaron su vida fueron, a la postre, los que determinaron su mediocridad económica, social y por qué no hasta familiar. Ello para nada desmerece que en las armas fuera un héroe y en las letras el precursor de la novela moderna, circunstancias tan excelsas que bien pueden no ya equilibrar sino enaltecer las facetas negativas de su vida privada para sobrepujar hasta donde la gloria lo ha situado en el pedestal de los genios de la creación. De acuerdo con esta premisa ahondar en datos estrictamente personales o íntimos de nada han de valer a la hora de evaluar su existencia, de ahí que cuestionar su limpieza de sangre o hacer airmaciones sobre su supuesta homosexualidad, como en el primer caso hicieron personas de la talla de Salvador de Madariaga o del Dr. Marañón, que no dudaron en hacerle descender de judeo-conversos, o, en el segundo, la profesora Rosa Rossi de la Tercera Universidad de Roma, que ha dedicado íntegramente un librito sobre la homosexualidad de Cervantes. Siendo muy respetables ambas opiniones no creo que una y otra circunstancia vengan a desmerecer sobre la personalidad del autor, ya que Einstein era judío y nadie duda que la homosexualidad sea un demérito en la sociedad de nuestro tiempo. El propio Jean Canavaggio en una entrevista publicada por el diario “El País” el 20 de enero de 2005, con ocasión del primer congreso sobre el “Quijote” con motivo del IV Centenario de la publicación de la Primera parte de la obra, contesta a la última pregunta del periodista Miguel Mora lo siguiente: “Y no entratré en el tema de si [Cervantes] era converso y homosexual porque no me apasiona demasiado. En caso de que se estableciera que era judío y marica, no sé si eso iluminaría algo. Me parece un determinismo un poco somero”. Considero oportuno, para una adecuada puesta en escena, que nos situemos cronológicamente en el periodo comprendido entre 1547 y 1616 que son los años durante los que vivió Cervantes. Exactamente 68 años y siete meses.
Esbozo biográico de Miguel de Cervantes
ANTECEDENTES Hecho este preámbulo, tan meticuloso como necesario, creo que debo entrar en el tema objeto de este apartado de “Una sencilla lectura del Quijote” que dividiré, a estos efectos, en tres partes: Contexto histórico, en el que diseñaré los últimos años del reinado de Carlos I de España y V de Alemania, que son los que corresponden con los de la niñez de Miguel —son los años de la Contrarreforma y de las guerras de Religión—. El reinado íntegro de Felipe II, del que Cervantes es personaje de relieve pues como actor lo veremos en la batalla de Lepanto. Además de Lepanto es la época de la Armada Invencible y de la revuelta de Las Alpujarras, por citar sólo tres hitos singulares del reinado. De este periodo datan algunas de sus poesías o “La Galatea” de 1585. Y inalmente, parte del reinado de Felipe III, que es cuando comienza con la publicación del grueso de su obra literaria que culmina entre 1605 y 1615 con las dos partes del “Quijote”, sin olvidar dos de sus obras teatrales, las “Novelas Ejemplares” en 1613, “El viaje del Parnaso” en 1614, “Las ocho Comedias y ocho entremeses nunca representados” en 1615 y “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”, publicada como obra póstuma en 1617. En este periodo se produce la expulsión de los moriscos, cuyo antecedente hay que buscarlo en la guerra de Las Alpujarras, ocurrida durante el reinado anterior. Una vez estudiado el contexto histórico me detendré en el momento cultural de la época (el tránsito del Renacimiento al Barroco: el Manierismo o la crisis del Renacimiento) para continuar con el semblante biográico de nuestro autor. Tal vez quien mejor y con mas austeridad y brevedad supo hacerlo fue el Licenciado Torres Márquez, quien el año antes de la muerte de Cervantes escribió de él que era: “… viejo, soldado, hidalgo y pobre”. Con solo cinco palabras resumió toda una vida, sin faltar un ápice a la verdad. Termino, inalmente, con la relación completa de la obra literaria de Miguel de Cervantes de forma cronológica aunque con ciertas reservas a la hora de enumerar sus creaciones poéticas publicadas de forma más dispersa.
CONTEXTO HISTÓRICO 1547, año del nacimiento de Cervantes, es el año de la batalla de Mühlberg. Carlos V, junto a su hermano Fernando, a Mauricio de Sajonia y a Juan de Brandeburgo, vencen a Juan Federico de Sajonia, uno de los jefes de la Liga de Smalkalda. Esta victoria sobre los protestantes marca un importante hito en el reinado del empera-
Antonio García-Saúco Beléndez
dor. Tiziano le retrataría magistralmente como vencedor de la batalla, retrato que se conserva en el Museo Nacional de El Prado. En este mismo año fallecen Hernán Cortés, el que fuera conquistador de Méjico, y dos de los más encarnizados enemigos de Carlos V: Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra. También en 1547 termina el primer periodo del Concilio de Trento que, convocado por Pablo III, tendría por objeto asegurar la unidad de la fe y la disciplina eclesiástica para combatir la Reforma protestante. Sus sesiones se prolongarían durante dieciocho años. En 1547 el príncipe Felipe, que luego reinaría como Felipe II, tiene ya 20 años, y para entonces ya ha contraído matrimonio con María Manuela de Portugal, en un esfuerzo por conseguir la unidad peninsular. De este matrimonio nacería don Carlos en 1545. Viudo de María Manuela de Portugal, Felipe, en 1554, contrae de nuevo matrimonio con María Tudor, once años mayor que él, en otro esfuerzo por unir España con Inglaterra. Carlos I (1506-1556) abdica de todos sus reinos en Bruselas en 1556, retirándose a Yuste hasta su fallecimiento. Cervantes deiniría muchos años después al emperador como “…el rayo de la guerra, Carlos V, de feliz memoria”. Se inicia, por tanto, el reinado de Felipe II (1556-1598) en 1556, quien hereda la corona de España lógicamente con los territorios de Ultramar, Italia, el FrancoCondado y los Países Bajos, no así las posesiones de la Casa de Austria en Alemania ni la corona imperial. Al año siguiente se produce la victoria de San Quintín. 1558 viene marcado por la muerte tanto del que fuera emperador Carlos como de María Tudor. Un año después Felipe II contrae por tercera vez matrimonio, en este caso con Isabel de Valois, diecinueve años más joven que el monarca, en otro esfuerzo por acercar España a Francia, tras la paz de Cateau Cambresis. Isabel había estado prometida previamente con el príncipe Carlos. La corte se traslada de Toledo a Madrid en 1561 y dos años después se coloca la primera piedra del Monasterio de El Escorial. En 1564 el rey Felipe impone los decretos del Concilio de Trento, que había inalizado sus sesiones el año antes.