Eutanasia y cine
Eutanasia y cine
Benjamín Rivaya Ricardo García Manrique Víctor Méndez Baiges
México D.F., 2012
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Javier de Lucas Catedrático de Filosofía del Derecho
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¡No hay salida! Eutanasia y cine B. Rivaya 1. Trilogía cinematográfica de la eutanasia: Las invasiones bárbaras, Mar adentro, Million Dollar Baby ............. 1.1. Pero ¿qué es la eutanasia? ............................................ 1.2. La Asociación DMD versus la Iglesia Católica ............. 2. Otra filmografía sobre la eutanasia .................................. 2.1. El cine del suicidio ........................................................ 2.2. Y algunas referencias a la deshumanización de la medicina y el encarnizamiento terapéutico en el cine ..... 2.3. Hitos para una historia del cine de la eutanasia ......... 2.4. Tópicos del cine de la eutanasia ................................... 3. ¿Un cine contra la eutanasia? ........................................... 3.1. Capra, el suicidio y la eutanasia ................................... 3.2. Cuidados paliativos en el cine ...................................... 3.3. Una mirada realista sobre la eutanasia: Sidney Lumet.................................................................................. 3.4. Eutanasia, cine antropológico y de ciencia ficción ..... 4. Una conclusión y algunos temores ................................... 5. Filmografía citada ............................................................... 6. Bibliografía utilizada .......................................................... 7. Algunas páginas web ..........................................................
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Million Dollar Baby R. García Manrique 1. Equilibrio, compromiso y fidelidad ................................. 1.1. Hechos el uno para el otro ............................................ 1.2. Fidelidad a prueba de managers .................................. 1.3. El accidente ................................................................... 1.4. El compromiso de Frank .............................................. 2. La relevancia del contexto ................................................. 2.1. Media hora de eutanasia en dos horas de película ......
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Índice
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3.
4. 5. 6.
2.2. Condiciones de legitimidad de la eutanasia (en hipótesis) ............................................................................... 2.3. Actualidad en perspectiva de las condiciones.............. 2.4. Privación de la capacidad de obrar y legitimidad de la eutanasia ........................................................................ 2.5. El sentido de la vida de Maggie .................................... 2.6. Autenticidad de la voluntad .......................................... 2.7. El morir como parte del vivir ....................................... Una cuestión personal ........................................................ 3.1. Frank se las arregla solo................................................ 3.2. El lugar del personal sanitario...................................... 3.3. El lugar del derecho ...................................................... 3.4. Religión y autonomía moral ......................................... Conclusión: la dignidad de la vida de cada uno............. Ficha de la película ............................................................. Argumento ............................................................................
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Salida, voz y eutanasia V. Méndez Baiges 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8.
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Un nuevo protagonista ....................................................... La salida y la voz ................................................................. La convivencia entre la salida y la voz ............................. La vida sin salida y la muerte sin voz .............................. Se prepara la cooperación entre la salida y la voz ........ El estallido de la salida y de la voz................................... La muerte con voz ............................................................... La necesidad de la salida y de la voz ...............................
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a eutanasia es una de las cuestiones más controvertidas de nuestro tiempo, una de esas cuestiones que no dejan indiferente a casi nadie. Así lo atestiguan la prensa y los telediarios, la crónica policial y la de los tribunales, los debates públicos entre partidarios y detractores, los proyectos legislativos, la literatura bioética… y el cine. En los últimos años se han estrenado unas cuantas películas que cuentan historias de personas sometidas a graves e irreversibles padecimientos causados por un accidente o por una enfermedad y que, por ese motivo, desean morir y piden a los demás que les ayuden a hacerlo en las mejores condiciones. No es difícil comprender el interés que estas historias tienen para el cine: para empezar, los casos de eutanasia tienen una carga dramática considerable que garantiza un impacto emocional en el espectador y su inmediato compromiso con aquello que se le está mostrando. A esa carga dramática se agregan además, aumentándola, otros factores de naturaleza diversa
que rodean a la muerte contemporánea y que la hacen aparecer de manera distinta a la de otras épocas: por una parte el avance imparable de una medicina altamente tecnificada, la deshumanización de las relaciones entre los pacientes y el personal sanitario, el aumento generalizado de la esperanza de vida y, por otra, la secularización de las creencias y de las esperanzas, la creciente valoración de la autonomía individual, la mayor conciencia de los propios derechos por parte de las personas en general y de los enfermos en particular, acaso también una mayor sensibilidad hacia el sufrimiento, al menos hacia el sufrimiento de los que tenemos más cerca. Todo ello se une a la capacidad de los medios de comunicación para hacernos próximas historias que suceden más allá de nuestra vida cotidiana. De aquí el interés público por la eutanasia y su reflejo cinematográfico, plasmado en un buen número de películas de calidad que interpelan al espectador y le exigen reflexión y respuesta. Este libro está compuesto por tres estudios de contenido y estilo bien distintos pero
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coincidentes en la atención que prestan al carácter individual y trágico de las situaciones eutanásicas. Benjamín Rivaya ha escrito sobre los hitos fundamentales de la historia del cine de la eutanasia; Ricardo García Manrique lo ha hecho sobre la muy notable película de Clint Eastwood, Million Dollar Baby; y Víctor Méndez Baiges recurre a las categorías de la salida y de la voz, tal como las propuso el economista Albert O. Hirschman,
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para mostrar esos rasgos de los que venimos hablando y que han convertido a la eutanasia en objeto de tanta atención cinematográfica. Los autores esperan que la diversidad de sus modos de contar no oculte la común perspectiva que les une y que constituye el hilo conductor de este libro. Quieren aprovechar también la ocasión de este prólogo para agradecer conjuntamente a Javier de Lucas la hospitalidad de la colección que dirige.
BENJAMÍN RIVAYA* Universidad de Oviedo
“Hablamos de la vida y de la muerte, y no es en abstracto. Estamos hablando de “mi” vida y de “mi” muerte […] Ahora ya no es hora de agudezas verbales […] Ahora es la hora de la sencillez […] Tengo miedo […] Me quiero esconder. Quie… Quiero hacerme un ovillo”. Vivian Bearing (Emma Thompson), en Amar la vida (Mike Nichols, 2001).
Los estudios de Derecho y Cine encuentran en el tema de la eutanasia un buen ejemplo de su virtualidad. Aunque no se trate de un tópico tan explotado por la industria cinematográfica como el de la pena de muerte o el de la cárcel, hay un considerable número de películas que, ya de forma directa o incidental, trata la temática; que además las películas más características compartan ciertos rasgos comunes (personajes, situaciones,
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dramatismo, hipotética opción moral y/o política, etc.), nos indica que aunque casi nadie estaría dispuesto a hablar de un género, sí puede hablarse sin ningún problema, y cada vez más, de un cine de la eutanasia. Al igual que Víctor Méndez ha hablado de una “novela de la eutanasia” para referirse a los casos reales más conocidos de la historia de la eutanasia, el cine de la eutanasia se refiere a los casos cinematográficos más conocidos, a veces ficticios y a veces basados en hechos reales, de esa misma historia. El cine de la eutanasia sirve para plantear problemas morales, políticos y jurídicos que giran en torno a la eutanasia. Lo que por razones obvias esas películas no suelen hacer, sin em-
Mi agradecimiento a Jesús A. Fernández Suárez, José Manuel Fuentes, Pablo de Cima, Pilar Pedraza y Juan López-Gandía por la ayuda que me prestaron en la elaboración de este trabajo, que se enmarca en el Proyecto de Investigación titulado Derecho, Cine y Literatura, SEJ 2005-05469/JURI, cuyo Investigador Principal es Benjamín Rivaya.
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bargo, es fijar los presupuestos conceptuales de la cuestión; es decir, no tratan de dilucidar con sofisticados argumentos qué es y qué no es eutanasia, ni distinguir entre eutanasias de uno y otro tipo, por ejemplo, pero en cambio sirven para aplicar sobre las narraciones cinematográficas las diversas teorías que sobre la eutanasia se han elaborado. Por ejemplo: la muerte de Maggie, en Million Dollar Baby; la de Ramón Sampedro en Mar adentro; o la de Rémy, en Las invasiones bárbaras, ¿constituyen casos de eutanasia? Esas películas (o, en su caso, las hechos reales que narran) valdrían, dicho llanamente, como casos prácticos. Por eso también servirían como supuestos concretos de los que partir para elevar categorías y principios con mayor nivel de abstracción; servirían, dicho también claramente, como presentación de la temática. Además, quien quiera hacer la sociología de la eutanasia (no sólo
de las prácticas que así se denominan, sino también de la mentalidad de nuestras sociedades al respecto) debería fijarse en el cinematógrafo. Recuérdese que Griffith, yendo más allá de la visión que lo reduce a arte y entretenimiento, dijo del cine que era “cuna de las ideas”. En efecto, el cine no es la fuente de las ideas, pero en él se crían, crecen y en él encuentran luego un potente altavoz. Sin hacer valoración alguna, creo que quien conozca la sociología y la regulación legal de la eutanasia en nuestro entorno, y a la vez haya seguido el cine de la eutanasia de los últimos tiempos, puede predecir la extensión, en un futuro próximo y entre los países occidentales, de la despenalización de prácticas que normalmente son calificadas de eutanasia y que hasta ahora han estado generalmente castigadas por el Derecho Penal. La cuna de las ideas que es el cine hace que éstas crezcan, se desarrollen y se inserten en la sociedad.
1. TRILOGÍA CINEMATOGRÁFICA DE LA EUTANASIA: Las invasiones bárbaras, Mar adentro, Million Dollar Baby La cantidad de declaraciones y artículos que, relativos a la película y al tema de la euta-
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nasia, siguieron a su estreno fue sorprendente… Aún se recuerda y, en cualquier caso, se puede
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ran declaraciones ya no sobre la película sino sobre la temática de la que trataba la película resulta llamativo, pero más lo sería lo que ocurrió después, pues Mar adentro generó un debate en la sociedad española mayor incluso que el que produjeron los sucesos reales que narra. Esos sucesos son muy conocidos: Ramón Sampedro, un marinero gallego que quedó tetrapléjico a los veintiséis años, en 1969, con todo el cuerpo paralizado y tras mucho tiempo en esa situación, solicitó a los tribunales españoles autorización para suicidarse, negándosela éstos. Sus experiencias las plasmó en un libro que fue un éxito de ventas, Cartas desde el infierno. Por fin, el 12 de enero de 1998, se suicidó bebiendo cianuro ante una cámara de video que lo filmó, tras leer un testamento en el que hacía una completa apología de la eutanasia. La película de los últimos momentos de Sampedro se emitió por todos los telediarios nacionales y por muchos internacionales. Creo que se puede decir que Ramón Sampedro se convirtió en el mártir de la causa de la eutanasia en España. La historia de Sampedro resultaba tan dramática e interesante que constituyo el argumento de un documental que a principios de la década de los noventa se pasó por Televisión Española, “Euta-
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confirmar en las hemerotecas o en internet, que la presentación en Madrid de Mar adentro, la película de Alejandro Amenábar, el 3 de diciembre de 2004, tuvo enorme repercusión mediática. Nada menos que el presidente y seis ministros del gobierno español asistieron al estreno. Rodríguez Zapatero dijo que estaba allí para dar su apoyo al cine español, y cuando le preguntaron por su opinión sobre la eutanasia respondió que sólo quería hablar de cine. En cambio José Bono, titular entonces del Ministerio de Defensa, dijo sentirse cerca de los que sufren, se supone que en alusión a Sampedro y a los que, como él en su momento se encontró, se hallan en circunstancias semejantes, y vino a distinguir entre la solidaridad y la inquisición, se entiende como posibles criterios a utilizar a la hora de juzgar la resolución de dilemas morales como el que planteaba la película. Por su parte, Jesús Caldera, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, manifestó que el asunto de la eutanasia competía tanto al gobierno como a la sociedad, y que si se daba una nueva regulación habría de hacerse con el mayor consenso posible. Que tantas autoridades políticas acudieran a un estreno cinematográfico y que en el acto de presentación algunas hicie-
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nasia: morir para vivir” (Laura Palmés y Miguel Ángel Martín, 1993) y luego, en 2001, fue llevada al cine por Roberto Bodegas, logrando una buena película que desde luego no era una superproducción como la de Amenábar y que pasó mucho más desapercibida que la de éste. Tras el rodaje y la proyección de Mar adentro, y una vez prescrito el delito de ayuda al suicidio, Ramona Maneiro confesó públicamente que había sido ella la que colaboró con Ramón para poner fin a su vida. Evidentemente, aquellos hechos generaron un gran debate en España y ahora Mar adentro lo reavivó; incluso lo amplificó. Desde el PSOE hubo quien dijo precisamente que la película había vuelto a poner la cuestión de actualidad y que ese partido estaba dispuesto a que el Parlamento estudiara el tema de la eutanasia. Más allá fue algún representante de Izquierda Unida, que además de alabar la película de Amenábar por su labor de “sensibilización, compromiso y concienciación”, pidió cambios legislativos tendentes a aprobar las prácticas eutanásicas, conforme —se aseguró— al sentir mayoritario del pueblo español. En cambio, el Partido Popular, también tras el estreno de la película, por medio de su portavoz en la Comisión de Sanidad del
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Congreso expresó su negativa a la eutanasia y su opción partidaria, la de desarrollar todas las técnicas paliativas posibles. La postura del Partido Popular parecía acorde con la de la Iglesia. Precisamente desde ámbitos eclesiales se reaccionó con dureza contra Mar adentro, entendiendo que la película utilizaba la manipulación emocional para hacer pasar por razonables tesis que carecían de justificación. Se trataba, como vino a decir el presidente de una asociación de médicos cristianos, de una “apología sentimental de la eutanasia” (http://mundovisual.blogia. com/2004/091305-colectivoscristianos-califican-i-mar-adentro-i-de-apologia-sentimental-ala-eut.php). Esta última crítica tiene especial interés, pues plantea el problema de si Mar adentro, y el discurso cinematográfico en general, sufre o no un déficit de racionalidad. La cuestión puede parecer improcedente si se observa el cine como mero entretenimiento, pero no lo es tanto cuando sabemos que las películas sirven para implantar socialmente creencias que conforman el imaginario colectivo y que sin duda tienen eficacia práctica. En otros términos, en términos perelmanianos: Mar adentro ¿nos convence o nos persuade de la moralidad de la eutanasia y de la necesidad de su legalización?
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cernos verdaderas razones, es algo a discutir. Y se discutió. A los dos días de estrenarse la película, Juan Manuel de Prada, en ABC (6-904), la sometió a una censura despiadada: no se trababa de una obra que reivindicara “la libertad del hombre para gobernar su destino”, como aparentaba ser —dijo—, sino de “justificar, a través del engaño y la tergiversación de brocha gorda, las razones de su protagonista”, esto es, de legitimar la eutanasia. Desde el punto de vista ideológico, por tanto, una película enormemente tendenciosa y manipuladora, que se servía de recursos intolerables (como presentar de manera grotesca, esperpéntica, al sacerdote que trataba de entrevistarse con Sampedro y convencerle del error que significaba la decisión de poner fin a su vida), de recursos intolerables —decía— para persuadir al público de la bondad de la eutanasia. No se pretendía enfrentar seriamente los argumentos de los partidarios y los detractores de la eutanasia, por tanto, cuando las razones de una de las partes eran tomadas a risa. Desde la perspectiva artístico cinematográfica, Prada también juzgaba mal la película, o por lo menos algunos recursos que —decía— si eran utilizados por el cine de Hollywood servían
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O con Habermas: ¿es la de esta película una acción estratégica o comunicativa? Es decir, ¿nos ofrece argumentos que todo ente de razón habría de aceptar como justificadores de la eutanasia o simplemente, utilizando técnicas como las publicitarias pero sin ninguna otra razón de fondo, hace que nos adhiramos a sus tesis liberalizadoras? Evidentemente, una película como Mar adentro no es un estudio filosófico sobre la eutanasia y apela a las emociones del espectador; no hay ilegitimidad alguna en ello. Pero el espectador ha de saberlo y el crítico puede manifestarlo; tampoco hay ilegitimidad alguna en ello. Lo que es una desventaja, sin embargo, también puede verse como algo positivo, pues el discurso moral no debe ser ajeno a las emociones, es decir, el juicio moral no es una operación matemática. Lo que ocurre es que una película no es más que un documento, un documento fílmico, que hay que analizar e interpretar. Se pueden y se deben discutir las razones y las emociones que se muestran en una película pero en cualquier caso ha de saberse que, lo mismo que una novela o un cuento, no es un ensayo filosófico o científico. Sea como fuere, la crítica de que Mar adentro sólo trata de persuadirnos de la bondad de la eutanasia, sin ofre-
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para que los críticos lo desprestigiaran. La “razón de Estado”, venía a concluir, hacía que todo eso se silenciase y que, en cambio, fuese obligatorio reverenciar la producción que luego sería tan premiada. También desde El País se criticaría la película. Un experto en bioética, Pablo Simón, escribió un artículo titulado “Mar adentro: las otras orillas. Sobre la eutanasia” (12-X-04), artículo en el que salvaba sus valores estéticos (estaba “fuera de toda duda —decía— la extraordinaria calidad cinematográfica” de la cinta) pero censuraba los ideológicos o, al menos, los procedimientos de que a su juicio se valía Amenábar para imponer su verdad, pues Mar adentro jugaba con las emociones de los espectadores con el propósito de persuadirles de la bondad de la opción favorable a la eutanasia. No planteaba, sin embargo, otras cuestiones que el autor consideraba fundamentales: qué hacer cuando alguien solicita que se le mate; qué han de hacer, en particular, los profesionales de la sanidad (“que sorprendente y tristemente, no aparecen para nada en la película”, decía el autor); y, sobre todo, qué hacer cuando falta la petición expresa del paciente. Evidentemente, la película no planteaba semejantes problemas ni tenía por qué
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hacerlo. Pablo Simón lo admitía, pero así se hurtaba “a los españoles —decía— la necesidad de plantearse abierta, crítica y seriamente toda la complejidad del problema moral y legal de la eutanasia”. La respuesta se la daría Víctor Méndez, autor de Sobre morir, uno de los mejores libros que se ha escrito en castellano sobre la eutanasia, en las mismas páginas del diario El País (16-11-04). No entraba en la cuestión de los valores cinematográficos de Mar adentro (quizás los daba por supuestos), sino que se centraba directamente en los ideológicos, en la crítica de la manipulación emocional, que rechazaba, y en la competencia que los expertos en bioética se atribuían para vigilar “la pureza del debate”. Frente a éstos, frente a Pablo Simón, Méndez aseguraba que la película de Amenábar había conseguido que el público pudiera plantearse seriamente, de forma abierta y crítica, “la cuestión del derecho a disponer de la propia vida”. No deja de llamar la atención la fuerza polémica de la película de Amenábar, capaz de generar una discusión que aún no ha terminado y que, quizás, acabe en el Parlamento. Un caso interesante para los estudios de Derecho y Cine. Pero hay algo más que llama la atención. Mar aden-
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nos de su padre, que es profesor universitario, para que vayan verle y le digan que le echan de menos. Un médico amigo le comentará que, como tratamiento paliativo, la heroína es más eficaz que la morfina y Sebastian se la buscará para hacerle más llevadera la enfermedad. Al fin, sin que nada se haya hablado ante la cámara, el hijo de Rémy le pedirá a un amigo de éste las llaves de su casa de campo, y allí se trasladarán todos. Inevitable, surge el tema del sentido de la vida, la mirada atrás, la sensación de fracaso, el miedo… Sebastian le dirá a su padre que no se preocupe, que él decide. Temprano, una mañana llega una enfermera: instala el gotero y luego se despide de Sebastian diciéndole que ella nunca estuvo allí. Uno tras otro, los invitados a la reunión van pasando a despedirse. El gotero está lleno de heroína… Las invasiones bárbaras no narra el caso de quien se encuentra impedido, sufriendo una enfermedad o una lesión insufrible, sino el del enfermo terminal que decide, aunque eso no se muestre, acabar cuanto antes con ese sufrimiento. No se encuentra en ella ninguna reflexión explícita sobre la eutanasia, sino que —creo— se da por supuesto, por evidente, el derecho del enfermo a decidir qué hacer. Diga
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tro obtuvo, junto con otros muchos premios, el Oscar de 2005 a la Mejor Película Extranjera, el mismo año que Million Dollar Baby obtuvo cinco Oscars, entre ellos los más importantes. Refiriéndose a estas dos películas, Jesús Mosterín dirá más adelante que lo que hacían era celebrar “la eutanasia por amor” y que mostraban “lo anacrónico del tabú legal que todavía rodea la eutanasia”. Además, curiosamente, el año anterior había sido Las invasiones bárbaras, una coproducción franco canadiense que también trataba el tema de la eutanasia, la película que logró la estatuilla a la mejor película extranjera. La pregunta resulta inevitable: ¿está de moda la eutanasia? De la trilogía, la primera película fue Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003). La historia es —supongo— mas común que las de Mar adentro y Million Dollar Baby; al menos la historia de la enfermedad. Sencillamente, Rémy, un hombre de mediana edad, cincuenta y tantos, está enfermo de cáncer, lo que hace que su hijo vaya a verle y retome el contacto con él. Será este hijo, Sebastian, el que se entere de que su padre está muy enfermo y el que se interese por los medios paliativos más adecuados, el que reúna a sus amigos junto a él y el que pague a varios alum-