Jorge F谩brega Ponce
abogados y jueces en la literatura universal
Edici贸n de
Juan Montero Aroca
Copyright ® 2013 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).
© Jorge Fábrega Ponce © Tirant Lo Blanch Edita: Tirant Lo Blanch C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia Telfs.: 96/361 00 48 - 50 Fax: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com Http://www.tirant.com Librería Virtual: http://www.tirant.es Deposito Legal: V-3346-2012 I.s.b.n.: 978-84-9033-602-1 MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.
La presente obra se escribió en 1990. Se publicó por primera vez en 1991 por Editorial Jurídica Panameña, aunque se imprimió en San José de Costa Rica. Después se publicó dos veces por Plaza & Janés, revisada y actualizada, una en 1994 y otra en 2000, aunque la impresión se hizo en Colombia. En todas las ediciones, aún cambiando las fechas, aparecía un Reconocimiento, que debe seguir en esta edición:
Reconocimiento:
Deseo expresar mi agradecimiento a la Profesora Irina de Ardila, por la valiosa asistencia que me prestó en la elaboración del presente trabajo. Sin ella no hubiera sido viable. Jorge Fábrega
En esta edición añadiremos unas frases de José González Castillo, un argentino, autor de teatro y de letras de tango:
“Francamente, amigo, bien dijo aquél que dijo que la justicia era una tela de araña; enredada y elástica como ella, sólo atrapa a los bichos débiles“ (La telaraña, de 1910) El que dijo antes fue Martín Fierro.
Í NDICE
9
HOMENAJE A JORGE FÁBREGA PONCE............................ 11
Capítulo I
EL PROCESO JUDICIAL EN LA LITERATURA GRECOLATINA. 15
Capítulo II
LOS AUTORES MEDIEVALES Y EL DERECHO................... 29
Capítulo III
A TRAVÉS DEL SIGLO XVI..................................................... 46
Capítulo IV
LA ETAPA CLÁSICA Y EL TRIUNFO DE LA RAZÓN.......... 74
Capítulo V
EL CLASICISMO INGLÉS Y LA JUSTICIA............................. 80
Capítulo VI
EL SIGLO DE LAS LUCES....................................................... 87
Capítulo VII
FATUIDAD Y CORRUPCIÓN DE LA JUSTICIA DECIMONÓNICA.................................................................................... 100
Capítulo VIII
LA JUSTICIA EN ESTAMPAS................................................... 131
Capítulo IX
LOS CLÁSICOS RUSOS COMO CRÍTICOS DEL SISTEMA JUDICIAL.................................................................................. 142
Capítulo X
NORTEAMERICANA Y EL FORO.......................................... 154
Capítulo XI
LA INEFICACIA DE LA JUSTICIA VISTA POR ESCRITORES EUROPEOS DEL SIGLO XX........................................... 163
Capítulo XII
LA LITERATURA ITALIANA Y LA JUDICATURA................ 191
Capítulo XIII
LA CURIA PORTUGUESA....................................................... 204
Capítulo XIV
TRAS LA JUSTICIA................................................................... 206
Capítulo XV
LA JUSTICIA VISTA POR SUS PROTAGONISTAS................. 221
Capítulo XVI
A MODO DE CONCLUSIONES............................................. 231
Bibliografía Somera..................................................................... 235
El Dr. Fábrega de mis recuerdos, por Juan Montero Aroca............................................................................................... 237
Índice
Daumier: Mis queridos compañeros, no se disputa fuera de la audiencia… es inútil y, además, estos debates no se cobran.
homenaje a
jorge fábrega ponce El Instituto Panamericano de Derecho Procesal rinde homenaje en esta noche a uno de los gigantes del Derecho Procesal latinoamericano, Jorge Fábrega Ponce.
don Jorge pertenece a esa inolvidable generación de titanes que el 15 de noviembre de 1976 se reunieron en la ciudad de México d. F. y tomaron la decisión de fundar este instituto. Personas de la talla de Leonardo José areal, humberto Briseño sierra, hernando devis Echandía, alfredo Buzaid, Mario Casarino Viterbo, Mario aguirre godoy, Carlos Parodi y dante Barrios de ángelis, y un entonces joven adolfo alvarado Velloso, entre otros, cuyos aportes aseguraron el avance decisivo de la ciencia procesal latinoamericana y le imprimieron muchas de sus actuales características, cuyos frutos generosos son hoy evidentes. El Profesor Jorge Fábrega Ponce es, además, sin duda alguna, la figura jurídica más relevante de la república de Panamá de la segunda mitad del siglo veinte. Maestro de tantas y tantas generaciones de abogados panameños a lo largo de las cinco décadas en que se dedicó con pasión a la enseñanza del derecho Procesal en las aulas universitarias, su faceta académica resulta sorprendente por la enorme cantidad de obras escritas. su tesis de grado del año 1955, El Enriquecimiento Ilícito, publicada luego por Plaza & Janés, da inicio a una sucesión de publicaciones monumentales, entre las cuales destacan Instituciones de Derecho Procesal, el Recurso de Casación, así como La Teoría de la Prueba y Medidas Cautelares editadas por la editorial gustavo ibáñez de Colombia, Medios de Prueba y el Diccionario de Derecho Procesal Civil y Penal, estas dos últimas editadas por Plaza & Janés. Pero su producción bibliográfica se extiende más allá del derecho Procesal. don Jorge ha publicado también las extraordinarias obras Historia Constitucional Panameña, Derecho del Trabajo, Derecho Procesal del Trabajo, y un interesantísimo libro sobre Abogados y Jueces a través de la Literatura Jurídica Universal. Más que escribir para crear doctrina, Jorge Fábrega creó ciencia y creó también derecho Positivo. su dinámica labor de promoción de los nuevos conceptos e instituciones del derecho Procesal llegó a su cumbre con su labor como codificador excelso, al redactar en 1969 el nuevo Código Judicial de Panamá, finalmente adoptado en 1986, que llevó a la patria istmeña a dar el salto fundamental de la prueba
11
homenAje A jorge fábregA ponce
tasada a la sana crítica. Y cuando, a inicios de los años 1970, esta reforma procesal parecía no tener posibilidad de hacerse realidad, al serle encomendada la presidencia de la comisión codificadora que elaboró el nuevo Código de Trabajo de 1972, cuyos rasgos sobresalientes fueron la recepción sin reservas de la oralidad y la inmediación, con su perspicaz sagacidad de litigante, Jorge Fábrega introdujo en el nuevo instrumento jurídico un libro procesal que recogió todas estas nuevas figuras jurídicas. Lo mismo hizo con el Código de Almirantazgo de 1982, cuando a raíz de la entrada en vigencia de los Tratados Torrijos-Carter de 1977, la República de Panamá recuperó su soberanía sobre el Canal de Panamá y el área de la Zona del Canal de Panamá, verdadero enclave colonial que los Estados Unidos de América mantuvo desde 1904 hasta 1979 en el suelo istmeño. A él acudió la sociedad panameña en 1983, cuando nuestro país emprendió el tránsito de un régimen autoritario a una incipiente democracia, encomendándole la responsabilidad de actuar como Presidente de la Comisión de Reformas Constitucionales, cuya trascendencia sólo puede asemejarse a la que tuvo para España el célebre Pacto de La Moncloa de 1977. Esta comisión, bajo el liderazgo de Don Jorge, consensuó el nuevo texto constitucional panameño, pilar fundamental de la vibrante vida democrática que ha podido disfrutar la República de Panamá a partir del 1990. Pero Jorge Fábrega tiene aún otra faceta: la del sagaz abogado litigante que llega a dominar los secretos del foro y de esta forma adquiere el grado máximo de “Princeps fori” que Eduardo J. Couture mencionó en sus Mandamientos, reservado a aquellos pocos abogados que por su excelencia profesional provocan la admiración de sus pares. Por ello es que a Jorge Fábrega se le reconoce unánimemente como “el jurista más completo de Panamá”. Detendré en este momento el relato de las ejecutorias profesionales del homenajeado, por una sencilla razón: A estas alturas, Don Jorge ya se ve abrumado. Es un ser humano de tanta sencillez, que cada vez que uno se refiere en términos elogiosos hacia él y su labor como jurista, se nota inmediatamente que se siente cohibido. Y yo creo que esto se debe, sencillamente, a que él no conoce el impacto que ha tenido en el desarrollo del Derecho y en la formación de los abogados de nuestro país. Nada hay que enaltezca más a las personas que la capacidad de reconocer los méritos de un ser humano excepcional. Por ello es que los procesalistas latinoamericanos -quienes creemos en el Derecho como garantía de la libertad- hoy venimos a aplaudir a Jorge Fábrega Ponce y celebrar su trayectoria estelar.
homenaje a jorge fábrega ponce
12
Y qué más apropiado que la celebración de su deslumbrante trayectoria se haga hoy, en este XXIV Encuentro de Derecho Procesal del Instituto Panamericano de Derecho Procesal, su casa, y aquí, en la sede del Colegio de Abogados de La Plata, en Argentina, donde el Derecho Procesal moderno ha encontrado tantos y tan magníficos cultores. Jorge Fábrega Ponce cumplió ayer, jueves 19 de abril, nada menos que 90 años de edad. ¡Muy bien vividos! Una vida entera dedicada al Derecho, a la ciencia y a la sociedad. Esto por sí sólo es un hecho que merece un gran festejo. ¡Qué gran honor y privilegio que él y los suyos hayan aceptado venir a celebrar este acontecimiento con nosotros! Con él están hoy aquí, su compañera de toda la vida, Gloria, y su hija la abogada María Fábrega, Viceministra de la Presidencia de la República de Panamá y de suyo destacada jurista. Al buscar las palabras que pudieran recoger la esencia de lo que en esta noche queremos expresarle a Jorge Fábrega Ponce, recordé de pronto el tema musical de una película estrenada en 1967 y protagonizada por el insigne actor Sidney Poitier, ganador del Oscar, y la actriz británica Lulú, cuya trama se refiere a un talentoso maestro de secundaria que con tenacidad extraordinaria lleva adelante su labor en circunstancias extremadamente adversas y logra transformar a un grupo de jóvenes inadaptados en estudiantes modelos. El título de esa inolvidable película es “To Sir with Love”, en español “Al Maestro con Cariño”. Don Jorge, de todos nosotros, sus amigos del Instituto Panamericano de Derecho Procesal, los abogados latinoamericanos y panameños y sus discípulos, presentes y representados aquí en el Colegio de Abogados de esta hermosa ciudad de La Plata, reciba nuestro emocionado homenaje ¡A usted, Maestro, con todo cariño! Jorge Federico Lee La Plata, Argentina, viernes 20 de abril de 2012.
13
homenaje a jorge fábrega ponce
Daumier: Se lamenta que hayamos perdido en la Corte Real… como si no quedara aún la Corte de Casación.
Abogados y jueces en la literatura Universal
14
Capítulo I
EL PROCESO JUDICIAL EN LA LITERATURA GRECOLATINA Desde la antigüedad, los géneros de la tragedia, la comedia y la poesía han sido fiel reflejo de la realidad circundante y los diferentes autores se han valido de éstos para desenmascarar los vicios de la sociedad. El primero de los poetas trágicos griegos —Esquilo (564-456 a.C.)— reflejó en sus obras una marcada tendencia al drama satírico, dándole elementos de movimiento y variedad.
Hesiodo —que vivió en contacto con su pueblo— reflejó su preocupación por la administración de la justicia y destacó la misión de la justicia con sentido de universaHesiodo lidad. Detrás de la ferviente pasión que demuestra por la prevalencia del Derecho, subyace una censura. Zeus, protege la justicia pero sus jueces la conculcan. Se descarga contra el pleitista Perses, su hermano, que pretende quedarse con su herencia, mediante el soborno, lo que logra a través de jueces venales. Habla de los “devoradores de prebendas”, de sentencias torcidas, de torpes maquinaciones, del hundimiento del Derecho en su época. Ante la venalidad de los jueces, ruega a Zeus que apoye la justicia, lamenta vivir donde prevalece el derecho del más fuerte. La historia del gavilán y del ruiseñor es de lo más reveladora. El gavilán rapta al ruiseñor y ante los gemidos del ruiseñor exclama: —“¿Desventurado, de qué te sirven tus gemidos? De mi depende comerte o dejarte”. Los Trabajos y los Días (Erga) transmite la ansiedad, la inquietud, la tensión de quien no está satisfecho por la administración de la justicia de su pueblo. El Derecho constituye el fundamento para una nueva sociedad, más justa. Si bien generalmente se afirma que Aristófanes es el padre de una tradición que no dejará de enriquecerse a través de los siglos y que fue el gran diseñador de las primeras situaciones cómicas al poner en escena a bufones procesales y a jueces ridículos en litigios irrisorios, lo cierto es que Esquilo fue el primero que dio al drama,
15
El proceso judicial en la literatura grecolatina
en Grecia, movimiento y variedad y que ha transmutado en poesía el más grave de todos los problemas: el de si existe la justicia, no ya entre los hombres, sino en “toda esta máquina universal”.
Esquilo
De la vasta obra de Esquilo, solamente siete tragedias han llegado hasta nosotros. Entre sus dramas satíricos destaca Prometeo. Aquí, el héroe es víctima del arrogante Zeus, quien “manda a su gusto con desaforadas leyes” y “reinando con sólo la ley de su albedrío muestra su soberbio poder a los antiguos dioses”. Prometeo sufre terrible castigo por haber entregado a los hombres los conocimientos que les ayudarían a salir de su ignorancia y por entregar el fuego a los mortales.
En Las Euménides presenta el caso de Orestes, quien venga a su padre Agamenón, asesinado por Clitemnestra, su madre, dando muerte a ésta. Los hijos de Zeus: Apolo, Hermes y Atenea, junto con los jueces areopagitas realizan un juicio donde, a pesar de las fuertes acusaciones del pueblo por haber dado muerte a su progenitora, Orestes logra un fallo absolutorio. Veamos algunos pasajes:
CORO. Si vence la causa de este parricida su crimen, nuevas leyes habrán trastornado bien pronto el orden del mundo. Todos los mortales se encontrarán sueltos y expeditos para lanzarse a igual atentado. ¡Qué de golpes, no imaginarios sino verdaderos, esperan en adelante a los padres de mano de sus hijos! Ya no perseguirá los delitos la cólera de estas Furias que estaban siempre con atentos ojos sobre los hombres. Dejaremos correr todo crimen. Cada cual se quejará de las maldades y los suyos y buscará por todas partes, el fin de sus penas o su alivio; pero no hallará remedio seguro, y en vano será que el afligido pida consuelo. Vosotros, los heridos de la desgracia, no nos invoquéis más; no gritéis: ¡Oh Justicia! ¡Oh trono de las Erinias! Así clamarán de aquí a poco los padres y las madres entre lastimeros gemidos que les arrancará su infortunio; pero cuando ya el templo y de la Justicia se derrumbe. ATENA... Silencio, pues, ahora. Escuche la ciudad entera estas mis leyes que por siempre han de gober-
Abogados y jueces en la literatura Universal
El tormento de Prometeo
16
narla, y cómo se falla en justicia la causa que se nos ha sometido... Ciudadanos de Atenas, que vais a juzgar por primera vez en causa de sangre, mirad ahora la institución que yo fundo. En adelante subsistirá por siempre este Senado en el pueblo de Egeo... En este lugar ofrecieron sacrificios al dios Ares, con que esta roca tomó el nombre de Areópago y aquí velarán por los ciudadanos el respeto y el temor, y contendrán la injusticia mientras los mismos ciudadanos no alteren las leyes... Y ahora, levantaos y dad vuestro voto y sentenciad esta causa con respeto a vuestros juramentos… ATENA. Este hombre queda absuelto de su delito: el número de votos es igual por ambas partes. CORO. ¡Ay, dioses nuevos! ¡Habéis pisoteado las antiguas leyes! ¡Oh Justicia! ¡Todo lo apestará y asolará!
Amigo de Pericles y Herodoto, Sófocles muestra una mentalidad diferente a la de Esquilo. En Antígona desarrolla su tragedia sobre la oposición entre el derecho positivo y el sentido innato y elemental de lo justo. Frente a un Decreto de Creón que prohíbe tributar honras fúnebres al cadáver de su hermano Polinices y ordena que no se le dé sepultura, Antígona, convencida de la injusticia del Decreto y que viola la Ley divina y las costumbres, desacata la orden real y piadosamente le rinde servicios funerales. Se le sorprende y se exculpa, invocando la inviolabilidad de las leyes divinas. Creón ordena la ejecución, muere “llena de gloria”. El hijo del Rey comenta a su padre que “toda la ciudad llora a la doncella que va a morir en pago de las más nobles acciones” y agrega que le ve “pisotear toda justicia”. A pesar del arrepentimiento del Rey, Antígona muere inocente pues ni la voluntad real puede impedir el cumplimiento de la sentencia.
Sófocles
Sócrates (470-399 a. C.) enfatizaba en su crítica a la abogacía que “el orador no enseña a los jurados u otros juristas acerca de lo que es o no es correcto; él solamente persuade”. Definido por Aristóteles como “el más trágico de los poetas”, Eurípides en Las suplicantes señala la insatisfacción en Grecia por la administración de justicia. Werner Jaeger, en su obra Paideia (Los ideales de la cultura griega), y en el Libro Segundo (La comedia de Aristófanes), indica que la comedia ática es la más completa pintura histórica de su tiempo y ningún género de arte o de literatura puede, en 17
El proceso judicial en la literatura grecolatina
este sentido, comparársele. Por mucho que la comedia se circunscriba a una realidad temporal e histórica es preciso no perder de vista que su propósito fundamental es ofrecer, tras lo efímero de sus representaciones, ciertos aspectos eternos del hombre que la mayoría de las veces escapan a la elevación poética de la epopeya y de la tragedia. La comedia, que tiene el mismo destino que la tragedia, también contiene alusiones satíricas, a menudo amargas, sobre las costumbres en la administración de justicia. De esta manera, el máximo representante de la comedia antigua, Aristófanes en Las avispas (412 a. C.) censura la excesiva proclividad de pleitear que existía en Atenas y satiriza el sistema judicial imperante en razón de sus innumerables tribunales especiales, entre los que destacaban el Areópago, el Heliastico, el Epipaladio, el Epidelfinio, el Epipritáneo, el Enfreacio, el Paladio y las curias del Arconteepónimo, del Arconte-rey, del Polemarca, de los Tesmotetas, de los Once, de los Catademos, de los Diatetas y de los Nautódicos, con sus mal definidas competencias.
Eurípides
Aristófanes
Las palabras sarcásticas de Filocleón suenan como acusación contra jueces y abogados (Aristófanes, Las Avispas, en Obras Completas, Editorial El Ateneo, traducción del griego de Federico Baraibar, Buenos Aires, Argentina).
FILOCLEÓN. Empezaré por probar desde las primeras palabras que nuestro poder no es menor que el de los reyes más poderosos. Pues ¿quién más afortunado, quién más feliz que un juez? ¿Hay vida más deliciosa que la suya? ¿Existe un animal más temible, sobre todo si es viejo‘? Para cuando salto del lecho, ya me están esperando unos hombrones de cuatro codos que me escoltan hasta el tribunal; apenas me presento, una mano delicada, que fue esquilmadora del erario, estrecha blandamente la mía; los acusados abrazan suplicantes mis rodillas, y me dicen con lastimera voz: “Ten compasión de mí, padre mío, yo te lo pido por los hurtos que hayas podido cometer en el ejercicio de alguna magistratura o en el aprovisionamiento del ejército”. Pues bien, éste a quien me refiero no sabría siquiera que yo existía si no le hubiera absuelto la primera vez. BDELICLEÓN. Tomo nota de lo que dices sobre los suplicantes.
Abogados y jueces en la literatura Universal
18
FILOCLEÓN. Entro después, abrumado de súplicas y, calmada mi cólera, suelo hacer en el tribunal todo lo contrario de lo que había prometido; pero escucho a una muchedumbre de acusados que en todos los tonos piden la absolución. ¡Oh! ¡Cuántas palabras de miel pueden oír los jueces! Unos lamentan su pobreza, y añaden males fingidos a los verdaderos hasta lograr que sus desgracias igualen a las nuestras; otros nos recitan fábulas; éstos nos refieren alguna gracia de Esopo; aquellos dicen un chiste para hacerme reír y desarmar mi ira. Cuando tales recursos no nos vencen, se presentan de pronto trayendo sus hijos e hijas de la mano; yo presto atención; ellos, desgreñado el cabello, me suplican como a un dios que les absuelva, siquiera por ellos. “Si te es grata la voz de los corderos, dice: compadécete de la de mi hijo”. “Si te gusta más la de las puerquecillas, procura conmoverte con la de mi hija”. Entonces disminuimos un poco nuestro furor. ¿No es esto, decidme, un gran poder que nos permite despreciar las riquezas? BDELICLEÓN. Nota segunda: El desprecio de las riquezas. Dime ahora cuáles son esas ventajas por las cuales te crees señor de Grecia. FILOCLEÓN. También cuando se examina la edad de los niños tenemos el privilegio de verlos desnudos, Si Eagro es citado a juicio, no consigue salir absuelto hasta después de habernos recitado el más hermoso trozo de la Niobe. Si gana un flautista el pleito, en pago de la sentencia se pone delante de la boca la correa, y nos toca al salir del tribunal una marcha primorosa. Cuando muere un padre disponiendo con quién ha de casarse su hija y única heredera, nosotros hacemos caso omiso al testamento y de la conchita que con tanta gravedad cubre su sello, y entregamos la hija a quien ha sabido ganarnos con sus súplicas. Y todo esto sin la menor responsabilidad. Cítame otro cargo que tenga este privilegio. BDELICLEÓN. Te felicito por ese privilegio, que hasta ahora es el único; pero eso de anular el testamento de la única heredera me parece injusto. FILOCLEÓN. Además, cuando el Senado y el pueblo no saben qué decidir sobre algún grave asunto, dan un decreto para que los acusados comparezcan ante los jueces. Entonces Evatlo y el ilustre Cleónimo, grande adulador y arrojador de escudos, juran no abandonarnos nunca y combatir por la muchedumbre. Y dime: ante el pueblo, ¿ha podido nunca orador alguno hacer prevalecer su opinión si no ha dicho antes que los jueces deben retirarse en cuanto hayan sentenciado un solo pleito‘? El mismo Cleón, que todo lo avasalla con sus alaridos, no se atreve a mordernos; al contrario, vela por nosotros, nos acaricia y nos espanta las moscas. ¿Has hecho tú eso ni una vez siquiera por tu padre‘? Pues, hijo mío, Teoro, el mismo Teoro, aunque no vale menos que el ilustre Eufemio, coge una esponja del barreño y nos limpia los zapatos. Considera, pues, de qué bienes quieres excluirme y despojarme; mira si esto es servidumbre y esclavitud, como decías. BDELICLEÓN. Desahógate a gusto; día llegará en que conozcas que esa tú decantada autoridad se parece a un trasero, siempre sucio por más que se le lave. FILOCLEÓN. Pero se me olvidaba lo más delicioso: cuando entro en casa con el salario, todos corren a abrazarme, atraídos por el olorcillo del dinero; enseguida mi hija me lava, me perfuma los pies y se inclina sobre mí para besarme; me llama “papá querido” y me pesca con la lengua el trióbolo que llevo en la boca. Después mi mujercita, toda mimos y halagos me presenta una torta riquísima, se sienta a mi lado y me dice cariñosa: “Come esto, prueba esto otro”. Lo cual me deleita infinito y me libra de miraros a la cara a ti ni al mayordomo, para ver cuándo os dignaréis servirme la comida, gruñendo y maldiciéndome. Mas para cuando mi mujer no me trae pronto la torta, tengo este quitapesares, muralla en que se estrellan todos los dardos. Pero si no me das
19
El proceso judicial en la literatura grecolatina
de beber he traído este soberbio porrón con dos asas a modo de orejas de asno. ¡Cómo rebuzna cuando inclinándome hacia atrás, apuro su contenido! Sus terribles cloqueos ahogan el ruido de tus odres. Mi poder es por lo menos igual al del padre de los dioses, pues hablan de mí como del propio Zeus. Cuando nos alborotamos suelen decir todos los transeúntes: “Zeus soberano, como truena el tribunal”. Y cuando lanzo el rayo de mi indignación, ¡oh! entonces es de ver cómo me halagan todos y como el terror descompone el vientre a los más ricos y soberbios. Tú mismo me temes más que ningún otro; sí tú, por Deméter. Yo en cambio, que me muera si te tengo miedo. Nota: Debe recordarse que Cleón, después de la muerte de Pericles en 429 a. C., se convirtió en dirigente ateniense. Condujo la guerra contra Esparta y murió en 422 en la batalla de Anfípolis. Fue denostado tanto por Aristófanes como por Tucídides (La guerra del Peloponeso). Filocleón significa amigo de Cleón y Bdecicleón es enemigo de Cleón.
Asimismo, critica en forma burlesca las dilaciones en los procesos y la frivolidad y venalidad de los jueces y abogados. En otra de sus comedias Las aves (414 a.C.), que es una divertida fantasía satírica donde los personajes se dedican a buscar una ciudad en la que pudieran vivir en paz y libres de litigios y de sicofantes, se lee: “En Atenas la gente pierde todos sus bienes litigando continuamente”.
Pericles
En Pluto (388 a.C.) la última comedia de Aristófanes, en la que la descripción de las costumbres y la burla social desempeñan un papel relevante, se describe a los sicofantes, los cuales eran acusadores profesionales voluntarios que obtenían importantes ganancias o, como decía Demóstenes, “personas que formulaban toda clase de cargos y no probaban ninguno”. El sicofante se hacía pasar como un centinela público, como un benefactor.
Para Aristófanes, Pluto representa un delator (sicofante) que ha perdido su medio de vida debido a reformas imaginadas en la comedia. DELATOR. ¡Zeus y dioses!, ¿hay quien aguante que éstos tengan tal descaro conmigo? ¡Ay, qué pena me da que siendo yo tan honrado y buen ciudadano tenga que pasar por esto! HONRADO. ¿Tú, buen ciudadano y honrado? DELATOR. Sí, más que nadie… HONRADO. ¿Pues cómo vives y de qué, si no haces nada? DELATOR. Yo soy el vigilante de todos los asuntos públicos y privados.
Abogados y jueces en la literatura Universal
20
HONRADO. ¿Tú? ¿Por qué? DELATOR. Porque quiero. HONRADO. ¿Cómo puedes ser un hombre honrado, so ladrón, si te haces odioso metiéndote en lo que no te importa? DELATOR. ¡Imbécil!, ¿es que no me va a importar beneficiar a mi propia ciudad todo lo que pueda? HONRADO. ¿Y beneficiar consiste en meterte donde no te llaman? DELATOR. Consiste en ayudar a las leyes establecidas y en no permitir que nadie que las viole se escape. HONRADO. ¿Y no encarga expresamente la ciudad a los jueces que se ocupen de eso? DELATOR. ¿Y quién hace de acusador? HONRADO. El que quiera. DELATOR. Pues ése soy yo. Así que los asuntos de la ciudad van a parar a mí. HONRADO. ¡Por Zeus!, ¡pues vaya mierda de protector que tiene! Pero, ¿no preferirías esto otro: llevar una vida tranquila sin hacer nada?
Las obras de Aristófanes contienen alusiones continuas a los vicios de la administración de justicia. Si bien el objeto de Las nubes (423 a. C.) era satirizar los defectos de la educación, no son infrecuentes las burlas a los jueces y abogados. Así, por ejemplo, Estrepsíades va a la escuela de leyes cómicas de Sócrates para aprender a “torcer la ley para eludir a los acreedores”, y cuando a Estrepsíades le muestran un mapa y le dicen que ahí está Atenas, exclama: “No lo creo. No veo a los Jueces en sesión”. El espíritu litigioso de los atenienses era proverbial y Aristófanes sigue burlándose: “Ustedes los atenienses no hacen más que tramitar casos” —dice Trigeo, el pacifista en la comedia La paz (421 a. C.) escrita con ocasión de la paz de Nicias. Zenón (396-263), identificándose con toda la sátira de la época, pone en el espíritu de Carimes (Symposium) esa insatisfacción al expresar que éste se congratula por haber quedado reducido a la pobreza y no poder, así, ser víctima de los sicofantes.
21
Ovidio
El proceso judicial en la literatura grecolatina
Marco Tulio Cicerón es la figura más representativa del período clásico. Afirmaba que el abogado debía basar sus esfuerzos “en puntos que parecieran veraces, aun si estos no correspondían exactamente con la verdad”. Cicerón era pobre y de familia obscura cuando un proceso por parricidio y con fondo político, le ofreció la manera de rebelarse, al conquistar con la espléndida defensa de Roscio Amerino una posición relevante en el Foro, estableciendo así las bases de su futura elevación política (Cicerón, Brutus, 90, 312).
Horacio
Uno de los clásicos de la época decadente, Ovidio famoso por pintar con sutilidad las costumbres de su época, hacía hincapié en el hecho de que la justicia era privativa de los ricos. Y, al respecto, escribía: Curia pauperibus clausa est (“El tribunal está cerrado a los pobres”). El poeta latino Horacio en Las Odas elogia la vida campesina de aquel que “alejado de los negocios y libre de toda usura evita por igual los pleitos del foro que los soberbios umbrales de los ciudadanos poderosos”. Fray Luis de León, quien recibió importante influencia de Horacio, hizo la traducción de Las Odas: Dichoso el que de pleitos alejado cual los del tiempo antiguo labra sus heredades olvidado del logrero enemigo.
Del libro de Aulo Gelio
En Roma en la época imperial, cuando la profesión de abogado fue perdiendo el carácter de alta función pública que tuvo por un tiempo, comenzaban a pulular ciertos patrocinadores (causidici) gran chapuceros, ávidos y vulgares. A ellos se refería Quintiliano (35-96 d. C.) cuando decía: “Gente a los que da trabajo el foro, que se hacen pagar la voz, y que harta benevolencia es definirlos como inútiles abogados en las controversias privadas”. Verbosos, gesticulantes, inconcluyentes y vanidosos que con-
Abogados y jueces en la literatura Universal
22
vertían una pequeña causa en cuestión de Estado y de un asunto mísero sacaban buena ocasión para hacer rimbombantes discursos. Algún causídico poco afortunado o más descarado lograba ganar dinero y entonces su vanidad ya no conocía límites. Parece que alguno de ellos llegó hasta el punto de hacer colocar su propia estatua ecuestre en el vestíbulo de su casa. El cliente al entrar veía al causídico a caballo fiero y majestuoso; y si tenía que pagar lo hacía con más gusto. Y por regla general, eran mediocres leguleyos, a los cuales el trabajo forense daba a duras penas para ir tirando (Ugo Enrique Paoli, U.R.B.S., Editorial Iberia, Barcelona).
Daumier: Escalera del Palacio de Justicia. Vista de los rostros
23
El proceso judicial en la literatura grecolatina
Por su parte, el crítico latino del siglo II de nuestra era, Aulo Gelio en su obra Noches áticas relata el caso de Quilón de Lacedemonia quien, al tener que juzgar a un amigo cuya sentencia podía ser la de muerte, acude a la argucia de emitir su voto condenatorio en voz baja, al tiempo que aconsejaba a los jueces su absolución. Otro pasaje de esta misma obra y refiere un incidente que presenció por casualidad en el tribunal un pretor cuando, después de un cruce de palabras entre el abogado defensor y los jueces, el pretor dijo al primero: Tu planes supres, non ades (“no estás presente, sino de sobra”). En otro pasaje relata —ignoramos la intencionalidad— el caso Donabela así: Donabela envía ante el areópago una mujer acusada de envenenamiento. Cuando Donabela era procónsul de Asia, le presentaron una mujer de Esmirna que había envenenado secretamente a su marido y a su hijo, según confesaba: pero sostenía que lo había hecho con razón, porque el marido y su hijo habían dado muerte con premeditación a otro hijo que y tuvo del primer esposo, y cuya inocencia y bondad celebraba. El hecho era cierto. Donabela sometió el asunto al Consejo, y pero nadie quiso decidir en caso tan delicado. ¿Podría dejarse impune el envenenamiento de su marido y de su hijo? Y, por otra parte, ¿aquellos malvados no habían merecido el castigo? Donabela remitió el asunto a Atenas a los areopagitas, como jueces más expertos y de mayor gravedad. Los aeropagitas, oída la causa, citaron al acusador y a la acusada para que compareciesen a los cien años. De esta manera se abstuvieron de declarar legítimo lo que las leyes prohibían, y a también de castigar a una culpable digna de perdón (Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, Libro XI) (Aulo Gelio, Noches Áticas, traducción directa del latín por Don Francisco Navarro y Calvo. E.J.E.A., Buenos Aires, Argentina.
Marcial (Marcus Valerius Martialis) epigramista hispanolatino, conocedor mejor que nadie, de las costumbres de su época, no deja de burlarse de los abogados:
Marcial
Ni de muerte, ni veneno y Ni de violencia se trata, pero sí sencillamente del robo de mis tres cabras. Yo denuncio a mi vecino como autor de tal hazaña; el juez reclama las pruebas pero tú sólo le hablas de la guerra de Mitrídates, de la batalla de Cannas, y de la perfidia púnica y su furor. No te cansas
Abogados y jueces en la literatura Universal
24