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LA IMPORTANCIA DE LOS TEXTOS CLÁSICOS PARA UNA EDUCACIÓN HUMANISTA

EZEQUIEL TÉLLEZ MAQUEO

México D.F., 2015


Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web http://www. tirant.com/mex/

© Ezequiel Téllez Maqueo

© TIRANT HUMANIDADES MÉXICO EDITA: TIRANT HUMANIDADES MÉXICO Leibnitz 14 Colonia Nueva Anzures Delegación Miguel Hidalgo CP 11590 MÉXICO D.F. Telf.: (55) 65502317 infomex@tirant.com http://www.tirant.com/mex http://www.tirant.es ISBN: 978-84-16062-27-0 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


ÍNDICE Capítulo 1

LOS CLÁSICOS Y SU IMPORTANCIA PARA LAS HUMANIDADES Exposición del problema.......................................................................................... 9 Capítulo 2

SITUACIÓN ACTUAL DE LAS HUMANIDADES 2.1. Tendencias generales......................................................................................... 15 2.2. Los estudios clásicos en la nueva España....................................................... 22 2.3. Humanistas contra escolásticos....................................................................... 23 2.3.1. Primado de la Lógica sobre la Retórica................................................ 24 2.3.2. Potenciación de la gramática y las «Humanae litterae».................... 27 2.4. Balance crítico de la controversia metodológica entre humanistas y escolásticos................................................................................................................. 29 2.5. La rebelión de Hutchins frente al síndrome profesionalista....................... 32 Capítulo 3

EL CONCEPTO DE LO CLÁSICO 3.1. ¿Qué es lo clásico en general?.......................................................................... 37 3.2. ¿Qué es un autor y un texto clásico?............................................................... 39 3.2.1. Aprovechabilidad.................................................................................... 40 3.2.2. Inolvidabilidad........................................................................................ 41 3.2.3. Elegancia.................................................................................................. 42 3.2.4. Respetabilidad......................................................................................... 43 3.2.5. Ejemplaridad........................................................................................... 45 3.3. Cómo hay que leer los clásicos......................................................................... 46 3.3.1. Dificultades personales para la lectura de los clásicos....................... 46 3.3.2. Dificultades culturales para el estudio de los clásicos........................ 48 3.3.3. Aplicaciones prácticas............................................................................ 51 Capítulo 4

EL PROBLEMA DEL CANON DE TEXTOS CLÁSICOS 4.1. Dificultades que encierra la existencia de un canon..................................... 55 4.2. Definición del canon de textos clásicos........................................................... 57 4.3. Tipos de canon................................................................................................... 58 4.4. Los clásicos por excelencia: griegos y latinos................................................. 61 4.5. Tipos de ediciones............................................................................................. 65 4.6. Los clásicos, sus comentarios y traducciones................................................. 66


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Índice

4.7. Otros aspectos relacionados con la enseñanza de los clásicos..................... 70 4.7.1. Enfoque positivo y negativo de la erudición........................................ 70 4.7.2. El tema de la tradición........................................................................... 73 Conclusión ................................................................................................................. 77 Bibliografía................................................................................................................. 79


Capítulo 1

LOS CLÁSICOS Y SU IMPORTANCIA PARA LAS HUMANIDADES EXPOSICIÓN DEL PROBLEMA El célebre diseñador francés Christian Dior dijo alguna vez que «el hombre es lo que viste». Y para un biólogo o nutriólogo «los humanos somos esencialmente lo que comemos». Sin dejar de reconocer la importancia del alimento y la vestimenta para el humano, es aún más viable suponer otra cosa: «somos lo que miramos». En efecto, hay quienes consideran que todo cuanto miramos se queda fuera de nosotros. Pero esto no es del todo correcto. Hoy sabemos que lo que vemos penetra en nuestro interior, que nos configura e incluso se refleja en nuestro rostro. Por la misma razón, san Agustín de Hipona pensaba que «somos lo que amamos», pues el que ama el dinero se metaliza; el que ama la tierra es tierra, el que ama a Dios se diviniza1. Desde esta perspectiva se explicaría el porqué los espíritus contemplativos en la Edad Media consagraban su vida a mirar a Dios, porque querían llenarse de su inmensidad, de esa inmensidad a la cual está llamada la naturaleza humana. La enseñanza es evidente: somos lo que amamos, y como el amor entra por la vista, somos lo que miramos. Con estas palabras que sirven de introducción al presente trabajo no deseo extender una invitación a los estudiantes de derecho o a quienes ya practican el Ars Juris a que se vuelvan espíritus contemplativos o «archimandritas de la ciencia jurídica», pues los abogados, como escribe Joaquín Escriche en su Diccionario de Legislación y Jurisprudencia, son por definición “peritos en el arte de defender en juicio los intereses de sus clientes”2, es decir que son esencialmente espíritus prácticos.

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Cf. AGUSTÍN DE HIPONA, In epistulam Iohannis, 2, 8-14. ESCRICHE, Joaquín, Diccionario Razonado de Legislación y Jurisprudencia, IIJ-UNAM, México, 2009 [Webpage]. Available from: http://info5.juridicas. unam.mx/libros/1/364/4.pdf.

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Pero, en medio de este espíritu práctico, debemos partir de un supuesto fundamental: los hombres verdaderamente prácticos son personas de grandes convicciones; son espíritus sumamente inquietos, atraídos por grandes ideales y capaces de poner en movimiento todas las energías de su alma con tal de alcanzarlos. Y estos ideales pueden llegar a ser paradójicamente más importantes que las acciones mismas, porque son los «catalizadores» que desencadenan las acciones. Y puesto que nuestra cultura es francamente mas visual que la de los antiguos, de aquí se desprende que «somos lo pensamos», porque lo que pensamos normalmente entra por la vista (aunque también por el oído). Y si a su vez mucho de lo que pensamos está tomado de lo que leemos, tendríamos que concluir que en buena medida también «somos lo que leemos». Por tanto, si leemos de derecho, seremos abogados; pero sólo abogados. Y ser abogado no es un mal inicio. Pero ser sólo abogado pudiendo ser al mismo tiempo un homo integer es una inconsecuencia. Si además de «buenos abogados», queremos ser «abogados buenos», o sea, abogados justos, y por tanto, seres humanos felices, entonces debemos aprender a leer desde otra clase de textos: los textos clásicos. El propósito fundamental de este trabajo tiene que ver con la importancia del estudio de los clásicos; es decir, de lo clásico como concepto, y también con el deber de apropiarnos los valores perennes del pensamiento clásico, que son el nervio del humanismo jurídico que ha conducido la actividad de múltiples filósofos y juristas egresados de diversas universidades públicas y privadas de México. Hoy, sin embargo, nos encontramos con un deterioro cultural que corre en contra de nuestros propósitos. Así, por ejemplo, en 2009, la SEP, buscando implementar una reforma integral de la Educación Media Superior, propuso alinear la escuela preparatoria a la visión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Esto significó que a nivel de aula, desde hace años el vocablo clave más frecuente en el ambiente de la nueva educación global y los bachilleratos internacionales es el de “competencias”, esto es, un know-how para resolver las tareas concretas. Sin embargo, ante la inconformidad de diversas entidades educativas de profunda tradición humanística (en especial de la UNAM), la Secretaría de Educación Pública decidió rectificar e incluir el estu-


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dio de las humanidades clásicas en el campo de las Ciencias Sociales. A pesar de todo, la eterna propensión de primar el estudio de las ciencias exactas sobre las ciencias humanas y sociales3, sigue pasando factura a una sociedad como la mexicana, en la que el deterioro de la cultura humanística tiene consecuencias prácticas, tales como la desvalorización moral y material en la que el hombre se aleja de las auténticas virtudes, la delincuencia, el empobrecimiento del pensamiento, la precariedad del discurso ético y la pérdida de la cohesión de nuestra civilización. Algunas de estas carencias humanísticas fueron recientemente analizadas en enero de 2014 en España por un grupo de intelectuales catalanes, entre los cuales figuran Salvador Giner, catedrático de Sociología; Victoria Camps, catedrática de Ética; Jordi Llovet, catedrático de Teoría de la Literatura y Rafael Argullol, catedrático de Estética y Teoría de las Artes, entre otros, quienes elaboraron una manifiesto titulado “Unas humanidades con futuro”4. En dicho documento, se subrayan las consecuencias que la devastación de las humanidades en general ha venido teniendo en los últimos años en el plano cultural, desde la incapacidad creciente para leer o para articular discursos coherentes hasta la insensibilidad artística, pasando por la dictadura de las modas, la manipulación política o la tiranía tecnológica, que lleva a los alumnos de nuestra época a vivir en un mundo cada vez menos real y más virtual. Aunque el documento no lo menciona expresamente, sabemos que todos estos acontecimientos vienen acompañados por parte de nuestros estudiantes, de una recepción más acrítica de información, la vivencia en un mundo caracterizado cada vez más por la instantaneidad y la inmediatez, y por el hecho de que hoy vivimos en el mundo seductor de la imagen el color y el videoclip, de lo cual tenemos que Youtube es tan sólo uno de los ejemplos más significativos.

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Sobre la ligereza con que se acepta que el estudio de las ciencias es más difícil que el de las humanidades, remitimos al artículo de JOSÉ LUIS PARDO, “¿Son fáciles las humanidades?”, El País, 10 de julio de 2014. “Cuatrocientos intelectuales piden más humanidades en la educación”, El País, 14 de enero de 2014. El documento íntegro puede consultarse en: http://lashumanidades.wordpress.com/2014/01/15/unas-humanidades-con-futuro/


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El presente trabajo pretende ser parte de una respuesta sencilla y urgente a la necesidad que tenemos en las escuelas y universidades de educación superior mexicanas, ya sean públicas o privadas, de replantearnos con mayor seriedad el sentido del trabajo intelectual, de la educación liberal (es decir, la que se adquiere como su nombre lo indica en los libros y que por tanto viene a liberarnos de la ignorancia) y de la necesidad que tenemos de explotar uno de los vehículos de formación de la inteligencia más importantes que nos ha regalado la historia de las ideas para tratar de devolver al ambiente cultural en que nos ha tocado vivir, el esplendor de que gozó durante todavía gran parte del siglo XX: me refiero a los textos clásicos y al pensamiento clásico al cual viene unido, cuya importancia en el terreno formativo pensamos que no tendría por qué ser excluyente respecto del avance reciente de las nuevas tecnologías de la información, y en cambio encierra un tesoro inmenso de sabiduría pocas veces estimada con toda justicia. Para ello me he propuesto en este trabajo como objetivo, responder a preguntas tales como: ¿qué son los clásicos?, ¿qué nos pueden aportar como personas?, ¿cómo convendría aprovecharlos?, y ¿cuál es la importancia de meterlos en el debate contemporáneo?, con el propósito de determinar si efectivamente siguen teniendo algo valioso qué decir, o si definitivamente se han convertido en un lastre pesado que inhibe la búsqueda de la verdad y que la extingue lenta y progresivamente. La reflexión es importante porque implica al mismo tiempo la necesidad implícita de plantearse: ¿qué tan válido puede ser elaborar hoy una tesis sobre un tema cualquiera en un autor clásico más que en uno contemporáneo? ¿Qué tan útil es citar en una tesis de posgrado autores clásicos5 e invocar su autoridad en una época posmoderna

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Aunque ya abundaremos al respecto, al hablar de los clásicos entendemos de momento dos cosas: 1º en sentido genérico, se trata de aquellos autores que por su importancia, son ampliamente conocidos y citados, sea cualfuere la época en que les tocó vivir (v.g. Kant, Hegel, Sartre) y 2º en sentido propio o estricto, se trata de aquellos autores pertenecientes a la tradición helénica o griega, y romana o latina, y por extensión, a la tradición medieval, pues el cultivo de las ciencias y artes en lengua latina se prolongó durante la Edad Media principalmente entre las dos clases de autores latinos más importantes en el medioevo: a saber, los cristianos y los árabes.


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en la que la noción de autoridad ha sido puesta en entredicho, junto con la utilidad de los idiomas clásicos y de los valores de pensamiento clásico? ¿Acaso no es verdad —se piensa— que sin la necesaria originalidad en el enfoque de una tesis doctoral, puede caerse en la simple repetición de lo que un clásico ya dijo y por tanto, convertirse la investigación en la repetición mortecina y caduca de ciertas fórmulas anquilosadas de pensamiento, reduciendo con ello el valor de una investigación superior? ¿Es un sinsentido querer resucitar en pleno siglo XXI una manera de pensar griega o medieval ligada a una cultura totalmente caduca? Estos son los problemas a cuya discusión se dirigen estas líneas.


Capítulo 2

SITUACIÓN ACTUAL DE LAS HUMANIDADES 2.1. TENDENCIAS GENERALES Para hablar de la cultura en México es conveniente hablar antes de la cultura en los Estados Unidos. Primero, porque México pertenece «mutatis mutandis» a Norteamérica, no sólo económicamente, sino además geográfica y culturalmente hablando. Siempre será importante lo que los estadounidenses digan o piensen, pues casi siempre afectan el rumbo de miles de personas muy lejos de América: el destino de hombres y mujeres que hoy van a la cama teniendo empleo, y que quizás mañana lo pierdan merced a una decisión económica o política que otros han tomado por ellos, depende de lo que ocurra en los Estados Unidos. Alguien ha dicho con cierta razón que al presidente de los Estados Unidos deberían de elegirlo todos los habitantes del planeta. O como algún reportero dijo sarcásticamente alguna vez, en los Estados Unidos se juega algo más que el destino sanitario de un puñado de obesos comedores compulsivos de hamburguesas, pues los Estados Unidos son algo demasiado serio como para dejárselo únicamente a los americanos. Por eso es importante plantearse aquí ¿cómo piensa el estadounidense medio? ¿Qué tan formados culturalmente hablando están sus ciudadanos, y especialmente, sus jóvenes con relación a nuestros jóvenes? Una investigación realizada hace algunos años entre 713 estudiantes de bachillerato en los Estados Unidos, realizada para el Instituto Gallup en el área de Cincinnatti (Ohio), reveló como datos significativos que: • sólo el 6% sabía que Ottawa era la capital de Canadá • apenas el 33% eran capaces de reconocer Angola como un país africano, • y un 21% ignoraba que América hubiera sido descubierta por un tal Cristóbal Colón en 1492. Entre un número no menos importante de los estudiantes de preparatoria, se tenía la creencia de que «Stalin había sido un político


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alemán», «Indira Ghandi fue israelita», «Tito fue un japonés» y que «Golda Meier había nacido en India». El mismo Gallup descubrió que: el 74% de la población norteamericana nunca lee un libro. Alguien podría suponer que de haber vivido en los Estados Unidos, Gutenberg se hubiera muerto en la ruina. Pero no es así, porque el problema en Estados Unidos no es tanto la venta raquítica de libros (que no es tal, pues las ventas de libros anuales son elevadas) sino el bajo promedio de lectura de los estadounidenses en general (que a pesar de todo sigue siendo más elevado que el promedio de lectura en México)6. Aunque ciertamente el nivel de la educación preuniversitaria en los Estados Unidos deje aún mucho qué desear con relación a Europa, no cabe duda que las buenas universidades en los Estados Unidos compiten con las mejores del planeta en casi todas las parcelas del conocimiento, incluyendo las humanidades, de lo cual son signo elocuente las grandes universidades de cepa humanista como Washington, Columbia, Maryland, Notre Dame en Indiana, Brown University en Rhode Island, sólo por mencionar algunas, sin olvidar además que en lengua inglesa han florecido escritores de profunda inspiración clásica como Joseph Buttler, Ronald Knox, Evelyn Waugh, Hillary Belloc, Gilberth Keith Chesterton, Joseph Newman, William Walsh, Mortimer Adler, Fulton J. Sheen, entre otros. No es casual que de los cientos de Colleges en los Estados Unidos, existan departamentos de lenguas clásicas y medievales en un alto porcentaje de ellas, lo que hace que la cultura clásica en los Estados Unidos ofrezca múltiples recursos documentales y bibliográficos para quienes desean consagrarse a la investigación en esta materia. La tónica en los próximos años es que en una nación como los Estados Unidos, en que la tec-

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No deseo aquí entrar en el examen comparativo del nivel cultural promedio existente en los Estados Unidos con relación a Europa. Me limitaré a decir que en Europa ciertamente se lee más, pero leer más no siempre equivale a leer mejor («non multa sed multum»). ¿Qué es realmente leer? Naturalmente que o hay lectura crítica o no hay lectura. Es decir que, leer mejor es meditar suficientemente lo que se lee. Y sobre todo, como diría Horacio, “recoger flores” (por eso, en latín legere equivale a «leer», pero también significa «recoger»), que es como define leer, es decir, leer es recoger lo que eleva y edifica al individuo, lo que refleja su grandeza y retrata con ello sus aspiraciones a ser feliz por los cauces de una vida natural, sensata y equilibrada, no aquello que lo envilece o empobrece.


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nología ha despuntado tradicionalmente, como contrapeso a ello ocurrirá un florecimiento de las humanidades que lleve aparejado un mayor patrocinio para exposiciones, conciertos, e investigación en historiología, lingüística, literatura, arte, arqueología, filosofía y jurisprudencia. Hasta aquí lo que ocurre en los Estados Unidos. ¿Cuál es la situación en México? No mejor que en los Estados Unidos. A decir verdad hay mayores obstáculos para el cultivo de las humanidades clásicas en México que el que existe en otros países de Latinoamérica. El panorama generalmente desfavorable para el desarrollo de las humanidades está sumamente asociado a tres indicadores, que si bien no son los más importantes, sí aparecen como los más significativos: a) la pobreza idiomática del común de las personas, b) los bajos índices de lectura existentes; c) la ausencia vital de referentes culturales valiosos que puedan orientar la conducta de los individuos. a) Por lo que se refiere a la pobreza idiomática del común de los mexicanos, tenemos que la famosa Comisión Mexicana para la Defensa del Idioma Español, creada en la década de los 70’s durante el sexenio de Luis Echeverría, y que surgió del interés por preservar y difundir la lengua castellana, ha desaparecido hace muchos años. Independientemente de su mínima eficacia, el resultado ha sido no sólo la adopción de neologismos tomados del inglés, a pesar de existir en español palabras para designar lo mismo (v.g. “boleto” en lugar de “ticket”), sino la creciente uniformidad de las expresiones, el usar las mismas palabras para comunicarse, y por supuesto, la proliferación de expresiones que antes eran vistas como insólitas y que hoy intentan abrirse paso con carta de ciudadanía entre el común de los universitarios. Si el lenguaje es la manifestación de lo que abunda en el corazón de los ciudadanos, entonces habría que decir que en México se encuentra en franca decadencia, así como también el estudio del latín del cual procede el castellano, y cuya enseñanza en las universidades dotaba al castellano de verdaderos fundamentos gramaticales como para llegar a ser verdadero vehículo de comunicación. Según dicen los escritores que han viajado y comparado las diversas regiones en que se habla la lengua de Cervantes, se considera que en Colombia se habla un castellano más “correcto” que el que se habla en este país. Aunque este dato sea bastante subjetivo (depende de lo que se entienda por corrección idiomática), lo que en cambio no puede pasarse por alto es que en países como Argentina, Chile


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y Brasil, existen diversas facultades de lenguas clásicas en donde se despliega una actividad mayor que la que se realizan en México, en donde el cultivo de estas disciplinas entre los estudiosos es notoriamente bajo. Así, por ejemplo, entre las más de 188 universidades existentes en la ciudad de México, por mencionar el lugar donde se concentran las universidades más importantes del país, el estudio de idiomas clásicos como el griego y el latín no es cultivable de modo formal y sistemático en más de 5 universidades (UNAM, Universidad Iberoamericana, Universidad del Claustro de Sor Juana, Universidad Pontificia de México y Universidad Panamericana). Nada de extraño tiene que la gente de hoy se exprese con la impropiedad y en veces con la ausencia de verdadero buen gusto, como se percibe en el contenido de diversos programas de radio y televisión. b) Por lo que toca a los índices de lectura nacionales, a pesar de que el Gobierno federal sigue invirtiendo muchos recursos en escuelas y universidades, dicho gasto sólo ha servido para multiplicar a los graduados que no leen, incluyendo a los profesores. Pero vayamos a las estadísticas. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH, 2006) en la República Mexicana, un país de más de 107 millones de mexicanos, existen 8.8. millones de mexicanos privilegiados estudiando una carrera o un posgrado universitario. Estos son la élite universitaria del país, o sea, casi el 10% de la población. Sin embargo, de éstos 8.8 millones (o sea, la casi totalidad de los habitantes de la ciudad de México DF, sin incluir a los habitantes de los municipios conurbados a la ciudad de México, que son unos 12.5 millones) oficialmente tenemos que: • (18%) 1.6 millones dice que nunca ha ido a una librería • (35%) 3 millones dice que no lee literatura en general • (23%) 2 millones dice que no lee libros de ningún tipo • (40%) 3.5 millones dice que no lee periódicos • (48%) 4.2 millones dice que no lee revistas • (7%) 1/2 millón dice que no lee nada: ni libros, periódicos ni revistas. Algo más interesante:


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• (30%) 2.6 millones dice que no gasta en libros • (16%) 1.4 millones dice que gasta menos de $300 al año. En conclusión, la mitad de los universitarios (4 millones) de este país, no compra libros. Por lo que toca a la población mexicana en general (no ya a los universitarios) se tiene que: • Los mexicanos destinan sólo el 2%, o sea, $220 anuales de la totalidad del ingreso familiar. • El promedio de lectura del mexicano (mayor de 12 años) ha pasado del prólogo de un libro hasta hace 17 años, a la poco alentadora cifra de 2.9 libros al año (según la Encuesta Nacional de Lectura, CONACULTA, 2005). • Pero el promedio de lectura de los habitantes del Valle de México (DF + zona metropolitana) es de 4.6 libros al año. • En 53 años (1952-2005), aunque la población de la Ciudad de México se ha sextuplicado (de 3.3 a 18.5 millones) el número de librerías por cada millón de habitantes ha disminuido de 45 librerías a 18 librerías. Aunque en general la venta de libros sigue siendo un negocio (sobre todo en la ciudad de México) su consumo sigue siendo desproporcionado en comparación con la lectura que de ellos se realiza una vez comprados. Dicho en pocas palabras: se compra mucho, pero se lee poco, y lo que se lee sigue siendo de calidad muy desigual7. Hurgando en las causas de los pobres índices de lectura, cabría preguntarse ¿es la civilización electrónica de internet y mutimedia la causa de los bajos índices de lectura? Aunque sería poco realista negar que haya cierta conexión entre el auge de la Internet y el descenso de la lectura impresa, debe decirse que curiosamente en Alemania y Japón los niños viven rodeados de computadoras, videos, televisión, etc., y no obstante ello, se trata de naciones que poseen altos índices de lectura. Por ello debe plantearse que quizá la causa de los índices bajos de lectura en un país en general, puede obedecer a factores adi-

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Para estadísticas fiables actualizadas puede consultarse: Gabriel ZAID, “La lectura como fracaso del sistema educativo”, en Letras Libres VIII-95 (2006), 4041, en que se comentan las cifras aquí mencionadass.


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cionales, como la falta de políticas culturales adecuadas que multipliquen el número de bibliotecas, y de padres que den mejor ejemplo de lectura a sus hijos leyendo ellos mismos. c) Refiriéndonos, en cambio, al lugar que los valores de pensamiento clásico ocupan en la sociedad mexicana, ocurre un fenómeno cultural parecido al que tiene lugar en los Estados Unidos. Y es que el ciudadano estadounidense en general, a juzgar por el contenido de sus producciones culturales y su literatura filosófica y humanista, ha mostrado no creer en ninguna clase de valores perennes y clásicos. Todos sus valores culturales no sólo los han trivializado, sino que hasta se han burlado de ellos (aunque ya veremos que este escarnio como medio de banalizar lo relevante es algo que también en México se practica frecuentemente). Para la conciencia estadounidense no parece haber valor cultural que no sea ambiguo, lo cual se traduce en una incapacidad práctica para decidir lo que es bueno de lo que es malo. La locura suele presentarse como cordura y la cordura, como locura. Cualquier modo de pensar es válido, cualquier tipo de educación, cualquier conducta puede llegar a ser moralmente válida bajo ciertas circunstancias. Esto ha hecho que los criterios para decidir frecuentemente lo que es bueno éticamente sean: la mayoría, la comodidad, la conveniencia personal, lo que el Senado vote guiado por lo que prescribe un partido político, o lo que sea conveniente en determinado momento histórico, es decir, lo coyuntural. Naturalmente que de todo este ambiente poco intelectualizado que subsiste en los Estados Unidos también participa la cultura “oficial” dentro de la sociedad mexicana. Específicamente existe un rasgo psicológico de los mexicanos digno de mención que no puedo omitir aquí porque es una de las causas explicativas más importantes del desprestigio de las humanidades en México y de la impopularidad de la lectura de los clásicos en particular. Algo que dista más de pertenecer a la cultura estadounidense, y que en cambio entre los mexicanos se ha perfilado históricamente como una nota peculiarísima y singular de nuestros paisanos a juzgar por el fino análisis que de la personalidad de los mismos realizara en 1934 Samuel Ramos en su conocida obra denominada El perfil del hombre y la cultura en México, en donde afirma sin embozos que:


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La nota del carácter mexicano que más resalta a primera vista es la desconfianza...El mexicano no desconfía de tal o cual hombre o de tal o cual mujer; desconfía de todos los hombres y de todas las mujeres. Su desconfianza de todos los hombres no se circunscribe al género humano; se extiende a cuanto existe y sucede. Si es comerciante, no cree en los negocios. Si es profesional, no cree en la política. El mexicano considera que las ideas no tienen sentido y las llama despectivamente “teorías”; juzga inútil el conocimiento de los principios. Parece estar muy seguro de su sentido práctico. Pero como hombre de acción es torpe, y al fin no da mucho crédito a la eficacia de los hechos...Es lo menos “idealista” posible. Niega todo sin razón ninguna, porque él es la negación personificada8.

¿Es justificable la apreciación que Samuel Ramos hace de los mexicanos? Probablemente un tanto exagerada; pero no por ello injustificada, si se tiene en cuenta que los hechos parecen estar dándole la razón. Como también el hecho de que en la mayoría de las universidades mexicanas proliferen estudiantes que acuden al campus con la única pretensión de obtener un título (devaluable a los 5 años), unos conocimientos prácticos y unas técnicas que les capaciten para poder sobrevivir laboralmente, aunque se carezca de una filosofía que les enseñe cómo vivir. Indudablemente el hecho no resulta privativo de las universidades mexicanas. Pero no cabe duda de algo: el mexicano es antiintelectualista, en el sentido de que su desprecio por las “teorías” —como despectivamente califica en ocasiones al juzgar el valor de las humanidades— puede llevarlo a subestimar principios axiológicamente relevantes, e incluso útiles, que dan plena cuenta de los hechos, y que no son simples fantasías o saberes puramente opinables. Asimismo, actitudes como ésta pueden ser manifestaciones externas de algo más serio: a saber, signo de un desprecio por el arte de pensar, por la sabiduría perenne, y por los autores en los que principalmente hemos aprendido en qué consiste ésta: es decir, los clásicos, que como se verá en su momento, distan mucho de ser imprácticos o aburridos. Pues si las humanidades clásicas se oponen a algo, no es a las artes prácticas o transformativas, sino a la asepsia intelectual y a la indiferencia ante lo relevante.

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Citado en José Luis MARTÍNEZ, El ensayo mexicano moderno: siglos XIX y XX, México, Patria, 1992, p. 301.


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2.2. LOS ESTUDIOS CLÁSICOS EN LA NUEVA ESPAÑA La historia del desprestigio por las humanidades y la enseñanza de los clásicos en un país como México puede decirse que es más bien reciente, tomando en cuenta que en otro tiempo se trató de un país con tradición virreinal en el que la recepción de los clásicos griegos, latinos y cristianos tuvo buena acogida inicialmente por parte de quienes regentaron las cátedras de jurisprudencia, filosofía y cánones en las distintas universidades y seminarios mexicanos existentes entre los siglos XVI-XVII. Apenas hubo intelectuales durante el virreinato que no citaran, estudiaran, o comentaran en sus distintos trabajos a Platón, san Agustín, santo Tomás, los estoicos, y principalmente a Aristóteles, cuyas obras políticas, psicológicas y sobre todo lógicas y físicas fueron sumamente apreciadas, ello a pesar de la presencia cada vez más constante de filósofos modernos como Spinoza, Malebranche o Leibniz, entre cuyas obras de carácter ético y antropológico aún seguía siendo estimada la autoridad de los clásicos griegos y latinos. Así, por ejemplo, dice Gallegos Rocafull en su conocida obra El pensamiento mexicano en los siglos XVI y XVII que: El núcleo fundamental de la teología que se enseña en México, así como la que se profesa en Salamanca y Alcalá, se ha beneficiado ampliamente de los mejores frutos del Renacimiento. El retorno que éste hizo a la filosofía griega alumbra nuevas ideas y le permite, al conocer mejor a Aristóteles, interpretar con mayor pureza a santo Tomás, utilizar provechosamente a Platón y Porfirio en la teología mística, y recoger lo mejor de la herencia estoica en los estudios teológico-jurídicos; el estudio de las lenguas clásicas la pone en contacto directo con la tradición patrística, con lo que la teología adquiere más amplia conciencia de sus profundas raíces, y el conocimiento más profundo de la Biblia en sus lenguas originales, trae raudales de luz a cuestiones oscuras que ahora empiezan a resolverse o al menos a plantearse debidamente. Hasta la misma forma en que se habla o se escribe la teología se hace más humana y elegante, aunque rara vez se sustituya el latín por la lengua vernácula. En este aspecto quizá ningún teólogo español supere a Melchor Cano, al que se le llamó el Cicerón español9.

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José María GALLEGOS ROCAFULL, El pensamiento mexicano en los siglos XVI y XVII, Centro de Estudios Filosóficos, UNAM, México, 1951, p. 220.


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Desde sus comienzos en México, los grandes propulsores del pensamiento clásico fueron los jesuitas, quienes desde su arribo a la Nueva España en 1572 y hasta su expulsión desde México a Italia en 1767, se distinguieron por ser grandes humanistas, estudiosos de las artes liberales e incluso de las ciencias y las artes mecánicas porque buscaban la formación de seres humanos felices por medio del conocimiento y el cultivo de la razón contemplativa e instrumental a la vez10. Así, por ejemplo, dice Francisco Xavier Alegre en su Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España: Apenas abrieron sus escuelas los jesuitas promovieron con el mayor ardor y lucimiento los estudios de gramática y retórica. Los niños de 12 y 14 años componían y recitaban en público piezas latinas de muy bello gusto con grande admiración y consuelo de los oyentes, que confirmaban más cada día la común opinión de que amanece y madura más temprano la razón a los ingenios de América11.

Y para facilitar la enseñanza, dice García Icazbalceta: Solicitaron licencia del virrey para imprimir ciertos trozos de libros que necesitaban para sus estudios, entre ellos, Fábulas, Catón, Luis Vives, Cicerón, Bucólicas y Geórgicas de Virgilio, Súmulas de Toledo y Villalpando...Elegancias de Lorenzo Valla y Adriano, Ovidio De Tristibus et Ponto, Miguel Verino, versos de san Gregorio Nacianceno con los de san Bernardo, Oficios de san Ambrosio, selectas de san Jerónimo, Marcial purgado, Emblemas de Alciato, Flores poetarum y otras cosas menudas”12.

2.3. HUMANISTAS CONTRA ESCOLÁSTICOS Por su parte, la filosofía cultivada en México durante los siglos XVI y XVII se benefició de los estudios clásicos porque durante el período virreinal se hizo presente la fuerza del Renacimiento cuyo nervio era precisamente la cultura clásica. En efecto, con el Renaci-

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Sobre la importancia de los jesuitas y su importante labor para la conservación y transmisión de textos clásicos en México, véase Rafael MORENO: La filosofía de la Ilustración en México y otros escritos, UNAM, México, 2000, pp. 28-30. 11 Francisco Xavier ALEGRE, Historia de la Compañía de Jesús, México, 1841, vol. 1, p. 109. 12 Joaquín GARCÍA ICAZBALCETA, Bibliografía mexicana del siglo XVI, México, 1886, p. 229.


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Ezequiel Téllez Maqueo

miento, aparecieron los humanistas, quienes comenzaron a mostrar cierto repudio ante la primacía que los escolásticos de la Baja Edad Media en Europa y México habían venido concediendo a la Lógica o Dialéctica, y en su lugar dirigieron todos sus esfuerzos a dar mayor relieve a la Gramática y sobre todo a la Retórica como el mejor método para la adquisición y transmisión del saber. Este «enfrentamiento» en la historia cultural de Europa entre humanistas y escolásticos, que después llegó al México novohispano, tiene una historia cruzada por dos notas relevantes que aquí deseo mencionar.

2.3.1. Primado de la Lógica sobre la Retórica Si algo caracterizó a los filósofos medievales fue la gran atención que de las tres Artes Liberales del trivium (gramática, lógica y retórica) concedieron al estudio de la Lógica, al grado de que la que comenzó siendo un instrumento de todas las ciencias, para el siglo XV daba muestras de haberse convertido en un fin en sí misma, e incluso desde el XIII ya había comenzado a invadir el terreno de la Gramática, desestimando el estudio de la Retórica y llevando sus métodos a los distintos campos de la filosofía natural y moral, así como del derecho y la teología. Las quaestiones disputatae y las célebres controversias dialécticas eran ejercicios practicados por el alumno: Para motivarlo a encontrar, mediante un análisis semántico de algún enunciado, el punto donde se encontraba la inconsistencia, es decir, la falsedad lógica del mismo. Entonces, el mejor profesor vino a ser aquel que tenía la mayor agudeza para proponer tales acertijos13.

13

Enrique GONZÁLEZ GONZÁLEZ: “Humanistas contra escolásticos. Repaso de un capítulo de la correspondencia de Vives y Erasmo”, en Dianoia, XXIX-29 (1983), p. 139. En este mismo lugar, añade el autor: “aquellos ejercicios de disputación acabaron siendo tan importantes que vino a dedicarse a ellos mayor tiempo que el empleado en las lecciones de los autores. Tales ejercicios estaban minuciosamente reglamentados y, cuando eran públicos, constituían verdaderos espectáculos en los que el auditorio podía participar, circunstancia que con frecuencia daba lugar a verdaderas batallas campales. Antes de cada grado académico, el aspirante debía disputar públicamente de una determinada manera. Y tal ejercicio, lejos de desaparecer en las facultades superiores, era fundamental para la carrera de teología. De ahí la fama de rijosos y quisquillosos que los teólogos tenían. Vives recordaba que su maestro Dullaert, pequeño, pálido y macilento, a la hora de disputar se llenaba de vida y parecía cobrar estatura”.


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