LA CONSTRUCCIÓN DEL ESPACIO
Una introducción a la ordenación territorial y urbanística (2ª edición ampliada)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho administrativo Instituto Pascual Madoz del Territorio, Urbanismo y Medio Ambiente Universidad Carlos III de Madrid
Valencia, 2015
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Luciano Parejo Alfonso
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Prendre possession de l’espace est le geste premier des vivant, des hommes et des bêtes, des plantes et de nuages, manifestation fondamentale d’equilibre et de durée. La prueve première d’existence, c’est d’occuper l’espace. Le Corbusier L’espace indicible, en L’architecture d’aujourd’hui, abril 1946.
ÍNDICE Capítulo I LA NOCIÓN DE ESPACIO
I. EL HOMBRE, LA VIDA Y EL MUNDO: EL ABANDONO DEL AMBIENTE Y EL MUNDO DE LA VIDA COMO CONDICIÓN DE LA HISTORIA................................................................................... 11 II. LA AUTOAFIRMACIÓN DEL SER HUMANO Y EL DESARROLLO DE LA TÉCNICA........................................................................... 20 III. LA EMERGENCIA DE LA NOCIÓN DE ESPACIO Y SUS CONCRECIONES............................................................................................ 27 1. La vida y el espacio............................................................................... 27 2. La determinación del espacio en el contexto de la doble tensión naturaleza-cultura y conciencia-técnica; sus características básicas.............. 28 3. El espacio como forma y la tensión localidad-espacio........................... 33 4. El espacio social.................................................................................... 37 5. El espacio total basado en el dominio de la técnica............................... 38 IV. EL ESPACIO COMO OBJETO DE LA ORDENACIÓN DEL TERRITORIO Y EL URBANISMO............................................................ 39 V. LA MODERNIDAD Y EL ESPACIO.................................................... 44 1. El espacio como forma de la diferenciación.......................................... 44 2. La construcción del espacio.................................................................. 46 2.1. Los mecanismos de formación de las estructuras espaciales básicas: el territorio y la aglomeración urbana................................... 46 2.2. La técnica.................................................................................... 48 2.3. La organización institucional...................................................... 49 2.4. La combinación del desarrollo técnico e institucional y el espacio................................................................................................ 50 2.5. La clave de la estructura espacial: la proporción entre homogeneidad y heterogeneidad.............................................................. 54 VI. ¿PERSISTENCIA U OCASO DE LA MODERNIDAD?................... 56 VII. LA EMERGENCIA, EN EUROPA, DEL ESPACIO COMUNITARIO Y CONTINENTAL.......................................................................... 57 VIII. LAS TRANSFORMACIONES EN CURSO DEL MUNDO: LA CONTRACCIÓN DEL ESPACIO-TIEMPO....................................... 66
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Índice
Capítulo II EL PROCESO DE CULTURIZACIÓN DEL TERRITORIO Y EL ESPACIO FÍSICOS
I. DE LA SIGNIFICACIÓN A LA OBJETIVIDAD............................... 83 1. Los iniciales sistemas significativo-funcionales..................................... 83 2. La decisiva introducción de la perspectiva; su evolución....................... 85 3. La medición y representación del mundo: cartografía y geodesia.......... 88 II. DE LA OBJETIVIDAD A LA CONVENCIÓN.................................. 96 III. LA SITUACIÓN ACTUAL..................................................................... 99 1. La ulterior evolución en Europa........................................................... 99 2. La evolución en España........................................................................ 106
Capítulo III LOS MEDIOS URBANO Y RURAL Y SU SOPORTE: EL SUELO
I. INTRODUCCIÓN................................................................................... 129 1. El campo y la ciudad y su escenario: el suelo......................................... 129 2. La urbanización, la ciudad y el urbanismo............................................ 136 3. La urbanización y el sistema económico............................................... 145 4. El triunfo de lo urbano y la ciudad........................................................ 149 II. EL SURGIMIENTO Y LA AFIRMACIÓN DE LO URBANO EN LA CIUDAD MERCANTIL................................................................... 152 III. LA CIUDAD INDUSTRIAL.................................................................. 158 IV. LA TRANSICIÓN HACIA LA CIUDAD POSTINDUSTRIAL....... 163 1. La ciudad centro de consumo............................................................... 164 2. La lucha por la supervivencia urbana.................................................... 169 3. Excurso sobre la dispersión suburbana.................................................. 171 V. LA SITUACIÓN ACTUAL..................................................................... 173 1. Los rasgos generales del proceso urbano............................................... 176 2. La última evolución en la Europa comunitaria..................................... 183 3. La recuperación del mundo rural y su equilibrio con el urbano............ 192 VI. LA EVOLUCIÓN URBANA EN ESPAÑA........................................... 209 1. Orígenes y primera evolución............................................................... 209 2. La ciudad medieval............................................................................... 210 3. La ciudad moderna............................................................................... 210 4. La ciudad de la ilustración.................................................................... 211 5. La época de la ciudad industrial............................................................ 212 VII. EL TRATAMIENTO DEL MUNDO RURAL EN ESPAÑA............. 222
Capítulo I
LA NOCIÓN DE ESPACIO Habitar el espacio es, en primer lugar, investir un lugar, apropiárselo. Para la arquitectura no hay más que una historia: la historia del instrumento espacial. El espacio es al edificador lo que el sonido es al músico. (P. Virilio, La inseguridad del territorio, Ed. La Marca, Buenos Aires, pág. 145).
I. EL HOMBRE, LA VIDA Y EL MUNDO: EL ABANDONO DEL AMBIENTE Y EL MUNDO DE LA VIDA COMO CONDICIÓN DE LA HISTORIA
En su estudio del origen de la geometría E. Husserl1 afirma, partiendo de la instalación de la vida del hombre en el mundo, la conciencia humana de éste y del horizonte de la vida como horizonte de las “cosas” (objetos) y las preocupaciones y actividades reales y posibles sobre el trasfondo del horizonte abierto de la co-humanidad (los más próximos y también los extraños). Ese mundo es, pues y desde el principio, el mundo que todo-el-mundo tiene como horizonte de mundo, cuyo ser objetivo presupone los hombres en tanto que sujetos de un lenguaje universal entendido como función y poder ejercidos sobre el universum de los objetos (susceptibles, así, de ser designados en un lenguaje adecuado a su ser). Por ello la historia no es, en principio, otra cosa que el movimiento vivo de la solidaridad y la implicación mutua (el Miteinander und Ineinander) de la formación de sentido (Sinnbildung) y la sedimentación del otorgado. Para el propio Husserl2, la vida no es otra cosa que vivir en certeza del mundo3. Ocurre que éste (tanto el primero y no generado artificialmente, como el posterior ya modificado) se caracteriza por la contingencia e 1 2
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E. Husserl, L’origine de la géométrie, traducción e introducción de J. Derrida, Presses Universitaires de France, 2ª impresión de la 6ª edición, Paris 2011. En su obra Die Krise der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, 1936. Versión en español: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, trad. por Jacobo Muñoz y Salvador Mas, Ed. Crítica, Barcelona 1991. La comprensión cabal de esta afirmación requiere tener en cuenta la inherencia a la vida de la posibilidad de la aparición de lo contingente y desconocido exigente de una explicación, con lo que la formulación de preguntas conducentes a ella, es decir,
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implica, por ello y según G. Simmel, indeterminación, lo que quiere decir posibilidad de experiencias e influencias exógenas, es decir, riesgo y peligro; cualidades éstas indispensables, empero y como destaca H. Blumenberg4, para la antropogénesis. En la medida en que el ser humano tiene conciencia de él, el mundo no es lo mismo que ambiente en el que se desarrolla la vida, por más que haya coincidido inicialmente con él, pues para el surgimiento del ser humano ha sido imprescindible la quiebra en algún momento de su relación regulada con el medio natural. En la primera mitad del S. XX, y sobre la base de la diferenciación de instinto y libertad, el ambiente se predicaba solo de los animales, teniendo el hombre, por el contrario, mundo. Pues mientras el ambiente alude a una realidad en la que el comportamiento puede desplegarse y se despliega sin más sobre la base de la información que suministra al efecto, el mundo humano impone mayores exigencias a la actuación. La valoración favorable del segundo respecto del primero se ha ido empero atenuando a partir del señalamiento por la antropología de las carencias biológicas del ser humano, pasando por ello a descansar la diferenciación esencialmente en el grado de determinación de las condiciones: sin duda mayor en el ambiente5/6.
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la curiosidad provocada por el deseo de certeza sobre las cosas y los sucesos es un comportamiento innato en el ser humano. H. Blumenberg, Theorie der Lebenswelt, Ed. Suhrkamp, Berlín 2010. Versión en español a cargo de M. Sommer, Teoría del mundo de la vida, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires 2013. En todo ambiente lo decisivo es la relación absolutamente predeterminada (en cada momento) entre las señales y las reacciones, los desencadenantes y los modos de comportamiento. De ahí su equilibrio y estabilidad, pues el mal funcionamiento de la expresada relación implica no simplemente la frustración o el error, sino la muerte. En el mundo de la vida, sin embargo, la aludida perturbación, la emergencia de una contingencia no tiene necesariamente idénticas consecuencias, pues la frustración puede desembocar en una respuesta específica basada en la lógica. Aunque el mundo de la vida también posea un apreciable grado de determinación, presenta la especificidad de no ser determinable o serlo solo en deficiente medida. Los fenómenos inesperados en él contemplados y precisados así de neutralización provocan un proceso de objetivación en el que tiene lugar una acción no tanto práctica, cuanto teórica (en cuanto basada en la toma de distancia con el objeto o el suceso); proceso que, a su vez, implica cierto grado de libertad práctica por no estar predeterminado el comportamiento del sujeto. Guarda relación esta diferenciación de ambiente y mundo de la vida con el concepto heideggeriano de mundo (el del trato cotidiano y práctico, no objetivante, con los componentes físicos del mundo de la vida) como “totalidad de conformidad” o “plexo de significatividades” (Bewandtniszusammenhänge) que requiere de la objetividad para ser trascendido. Ese concepto es empleado justamente por Erich Rothacker (“Geschichtsphilosophie”, en
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El concepto mismo de vida es ambiguo ya por razón de que la vida es a la vez ruptura de lo establecido y generación de nuevas estabilidades, tendencia simultánea contra y hacia la forma que solo adquiere sentido pleno en la historia. Sea como fuere, la filosofía se centró especialmente en ella en las primeras décadas del S. XX dando lugar a la acuñada justamente como filosofía de la vida7, que abrió paso —con M. Heidegger— a
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A. Baeumler, M. Schröter (eds.), Handbuch der Philosophie, Oldenburg, München/Berlin 1934) para definir justamente el ambiente como suma de significatividades que operan como sucedáneos de las cualidades de estímulo, biológicamente decisivas, de las cosas. Para H. Blumenberg (Theorie…, op. cit.), la pérdida de un ambiente biológicamente específico, es decir, vinculado con la dotación orgánica de la especie, reclama un sucedáneo desde el momento de la comprensión de la eficacia de éste, siendo uno de ellos el concepto de institución, entendida ésta como cualquier creación que, con independencia de los recursos que utilice, apunta a establecer o restablecer regulaciones de vida inmediatas, no sujetas a reflexión. La institucionalización tiene, pues, un efecto liberador sobre el ser humano. Es interesante, en este contexto, la determinación que del medio ambiente hace el Tribunal Constitucional en su Sentencia 102/1995, de 26 de junio: “… el ‘ambiente’ comprende las condiciones o circunstancias de un lugar que parecen favorables o no para las personas, animales o cosas que en él están. Como síntesis, el ‘medio ambiente’ consiste en el conjunto de circunstancias físicas, culturales, económicas y sociales que rodean a las personas ofreciéndoles un conjunto de posibilidades para hacer su vida. Las personas aceptan o rechazan esas posibilidades, las utilizan mal o bien, en virtud de la libertad humana. El medio no determina a los seres humanos, pero los condiciona. Se afirma por ello, que el hombre no tiene medio sino mundo, a diferencia del animal. No obstante, en la Constitución y en otros textos el medio, el ambiente o el medio ambiente (‘environment’, ‘environnement’, ‘Umwelt’) es, en pocas palabras, el entorno vital del hombre en un régimen de armonía, que aúna lo útil y lo grato el ‘ambiente’ comprende las condiciones o circunstancias de un lugar que parecen favorables o no para las personas, animales o cosas que en él están. Como síntesis, el ‘medio ambiente’ consiste en el conjunto de circunstancias físicas, culturales, económicas y sociales que rodean a las personas ofreciéndoles un conjunto de posibilidades para hacer su vida. Las personas aceptan o rechazan esas posibilidades, las utilizan mal o bien, en virtud de la libertad humana. El medio no determina a los seres humanos, pero los condiciona. Se afirma por ello, que el hombre no tiene medio sino mundo, a diferencia del animal. No obstante, en la Constitución y en otros textos el medio, el ambiente o el medio ambiente (‘environment’, ‘environnement’, ‘Umwelt’) es, en pocas palabras, el entorno vital del hombre en un régimen de armonía, que aúna lo útil y lo grato” (F.J. 4, párr. 3º). La filosofía de la vida tuvo su apogeo en Alemania en la segunda década del. S. XX. Autores centrales son: G. Simmel, Lebensanschauung, Ed. Duncker & Humblot, München 1918; W. Dilthey, Das Erlebnis und die Dichtung. Lessing, Goethe, Novalis, Hölderlin, Ed. V.G. Teubner, Leipzig/Berlin 1922; edición española Vida y poesía, Fondo de Cultura Económica, México 1953; E. Spranger, Lebensformen. Geisteswissenschaftliche Psychologie und Ethik der Persönlichkeit, Ed. Niemayer, 6ª ed., 1927 (la 1ª es de 1921), versión en es-
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la del ser8. Es en este contexto en el que Husserl, desde su planteamiento de la conciencia como intencionalidad, introduce el concepto “mundo de la vida”: el sujeto solo adquiere la condición de tal en la medida en que el mundo, además de objetivo, sea subjetivo. Pues no es creado por el hombre, por más que se trate de “su” mundo al que pone a la distancia que precisa la objetividad. La cuestión es, por tanto, la de la razón de por qué la vida, no bastándose a sí misma, produce pensamiento y cultura. Surge así desde la introducción por Freud de la pulsión de la muerte entendida como tendencia inherente a todas las formas de vida orgánica a “restablecer un estado anterior”9, la visión de la vida como proceso defensivo de persistencia, en el que la única ocurrencia ineluctable es su opuesto: la vida, pues, como estado de entropía negativa que contraviene la tendencia de la propia naturaleza. Y, desde la perspectiva de la vida, como la humana, que se autoasigna sentido: proceso de generación de sentido que infringe la economía energética. Lo que invierte el planteamiento freudiano: el sentido del ser en el mundo reside justamente en contrarrestar la tendencia interna a la desintegración. Según H. Blumenberg10, el camino metodológico seguido por Husserl para hallar la esencia de la vida conduce al horizonte como hecho decisivo en la vida. Los horizontes de los distintos objetos se superponen e imbrican formando complejos de horizontes de orden superior, de suerte que el valor límite de estos complejos es justamente el concepto de mundo (horizonte de horizontes). El mundo es, pues, la totalidad, dotada de estructura propia, de los complejos de horizontes en que se inscriben los objetos. Pero desde el punto de vista del sujeto, cuya historia comienza con el pensamiento, ese mundo —el conceptuado por Husserl de la vida— es, al igual que los estados de naturaleza de Hobbes y Rousseau, solo pensado, sirviendo únicamente para desvelar el surgimiento (al que precede conceptualmente) del
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pañol: Formas de vida. Psicología y ética de la personalidad, Revista de Occidente, Madrid 1972; y H. Rickert, Die Philosophie des Lebens. Darstellung und Kritik der philosophischen Modeströmungen unserer Zeit, Ed. Dr. Müller, 2007 (la 1ª ed. es de 1920). M. Heidegger, Sein und Zeit, Ed. Max Niemeyer Verlag, 19ª ed., Tübingen 2006 (la obra es de 1927); edición española: Ser y Tiempo, Ed. Trotta, Madrid 2009. S. Freud, Jenseits des Lustprinzip, Ed. Internationaler Psychoanalytischer Verlag, Leipzig, Wien/Zürich, 1920; edición electrónica en español, accesible en http://www.philosophia.cl/biblioteca/freud/1920M%E1s%20all%E1%20del%20principio%20del%20 placer.pdf. H. Blumenberg, Theorie…, op. cit.
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ser ya plenamente humano11. La razón que indujo a Husserl al análisis del mundo de la vida parece poder reconducirse, pues, a su radicalización del problema genético, ya que la lógica genética muestra que en el simple mundo de la vida están dados los presupuestos para romper con él generando las operaciones lógicas. Es la que Blumenberg llama la salida de dicho mundo, la cual tiene como presupuesto, empero, el abandono justamente del mero ambiente12. El límite del mundo de la vida queda marcado, así, por el comienzo del pensamiento, un mundo en el que éste se vuelve posible y real porque en él puede formularse la lógica. Y ello en términos de contingencia, no de interpretación fáctica y voluntarista del comienzo, pues el inicio de la historia implica la consumación de la vida y el descubrimiento de la razón en y como consecuencia del mundo de la vida. El mundo de la vida consiste, por tanto, en la imaginación de las condiciones en que, no siendo aún factible el pensamiento, éste se torna posible justamente a partir de ellas13. En tal empeño había fracasado la ilustración porque, creyendo posible acabar radicalmente con el prejuicio (el sobreentendido propio del mundo de la vida), subestimó el prejuicio y desatendió la persistencia de éste incluso después de la penetración de aquel mundo por la racionalidad. Lo que, si explicable por el buen funcionamiento derivado de la propia “naturalidad” (la Selbstverständlichkeit) de todo lo que existe y sucede, obedece a resultar en realidad tal funcionamiento del proceso de selección y adaptación posibilitador —vía acomodación a la supervivencia en 11
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La existencia del ser humano está ligada así a la desvinculación, en algún momento, de una relación perfectamente regulada con el ambiente. Abandonada tal relación, el ser humano hubo de atravesar un periodo anómico hasta la adquisición del artilugio de la dotación con reglas, vinculada obviamente con la decantación del poder y su ejercicio para la imposición de reglas artificiales. Desde la perspectiva de la biología evolutiva la expresada salida equivaldría al salto biológico (la macroevolución, en contraposición a la microevolución gradual descrita por Darwin) para el que R. Goldschmidt acuñó en 1940 (The material basis of evolution, New Haven, CT Yale University Press) la figura del monstruo prometedor, entendido como organismo con un fenotipo mutante con potencia suficiente para dar lugar a una modificación radical del patrón básico. Esta tesis, cuestionada y rechazada pronto por buena parte de los científicos, ha sido, sin embargo, reivindicada en 1977 por el darwinista S.J. Gould (The return of hopeful monsters, Natural History 86, June/July; accesible en Internet: www.stephenjaygould.org/library/gould_hopeful-monsters.html), reafirmando la posibilidad de grandes transiciones estructurales sin suaves estadios intermedios. En Husserl el mundo de la vida no es el mundo real o existente, sino el concepto límite de i) la tendencia a lo sobreentendido y ii) el valor inicial de la experiencia del mundo en general.
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términos equivalentes a las demás formas orgánicas— del mantenimiento constante de la forma de vida durante decenas de milenios. Por tanto, el mundo de la vida implica la aceptación de la utilidad del prejuicio para la vida y de la tolerabilidad de lo sobreentendido justamente por su idoneidad para la conservación de aquélla14. Siendo pues el mundo de la vida algo distinto de lo fáctico donde vivimos, ha de contener en sí mismo las condiciones de su abandono a medida que tiene lugar el progreso cultural15, el cual despega sobre la plataforma del cuestionamiento de la realidad, de su déficit de sentido16. En otro caso tal abandono habría de considerarse un acto arbitrario de asunción del riesgo de perecimiento. De donde se sigue que el mundo de la vida es el status na14
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El concepto de mundo de la vida no es así otra cosa que la instrucción para pensar el prejuicio como total, radicalmente útil para la vida y tolerable en el plano de lo sobreentendido, que funciona con adecuación a la vida; dicho de otra forma: un estado de gran estabilidad por la selección, es decir, de imposibilidad de experimentar la contingencia histórica. Así pues el estado anterior al salto al pensamiento ha de ser un estado libre de teoría, pero no por ausencia en él de actitud teórica, sino por encontrarse ésta en una suerte de punto muerto por ausencia de objetos. Su descripción es la de aquello en lo que todo se entiende de por sí y carece de pretensión de ser entendido (es lo sobreentendido). Desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje de Wittgenstein (Tractatus logicophilosophicus), en la que se capta el entendimiento, ya científico, de la época precientífica, el mundo es todo lo que es el caso y, por tanto, suma de las constataciones de estados de cosas que se pueden hacer sobre ellos. Es decir, justamente lo que no es el mundo de la vida. Por eso mismo el mundo y la vida son una misma cosa, debiendo residir el sentido del primero fuera de él, porque en él no hay valor alguno y si lo hubiera carecería de valor. Porque lo que puede ser mostrado no puede ser dicho. De ahí que, aunque no todas las cuestiones científicas hayan recibido respuesta, ello significa en relación con la vida que no queda ya pregunta alguna (lo que constituye justamente la respuesta: la solución del problema de la vida consiste en la desaparición del problema). Por esta razón la utopía es ya el tipo opuesto del mundo de la vida, pues actualiza la conciencia de las fronteras naturales dentro de las cuales se cultiva la realidad completamente meditada, orientada hacia la anulación de la contingencia. Procede recordar que Aristóteles inicia su Metafísica afirmando que todos los hombres tienden por naturaleza a saber (lo que supone la implicación de vida y saber), siendo el asombro la razón de su deseo de conocer. Pues para él por el asombro comenzaron los hombres a filosofar, asombrándose primero de las cosas extrañas que tenían más a mano, y luego, al avanzar así poco a poco, haciéndose cuestión de las cosas más graves, tales como los movimientos de la Luna, del Sol y de los astros, y la generación del todo. Este planteamiento significa que el ser humano no puede permanecer y autoconservarse en el mundo de la vida porque se enfrenta a lo real no como lo único posible, sino como algo que porta otras posibilidades cuya prospección permite su realización modificando la realidad.
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turalis de la conciencia teórica mientras ésta no es aún tal. La plausibilidad de esta concepción luce en su comparación con las de un estado previo a la desviación cultural de la antigüedad (como el de Lucrecio) o la modernidad (como los de Hobbes y Rousseau), que no explican suficientemente la emergencia del pensamiento teórico17. En este contexto son pertinentes las reflexiones de J. Ortega y Gasset18 a propósito justamente de la cuestión crucial de la constitución del ser humano: i) éste no pertenece al mundo originario, genuino o natural, encontrándose en una situación doble (en y frente a la naturaleza) que sólo puede producirse —y esto es decisivo— mediante un extrañamiento (lo que significa anomalía, es decir, enfermedad o destrucción de la regulación natural de tal ser; algo que normalmente en la naturaleza lleva a la muerte y desaparición); pero ii) la enfermedad no ha conducido, sin embargo, a la muerte del ser humano porque intentando éste, aún enfermo, seguir viviendo, ha conseguido su objetivo al menos hasta ahora19; y iii) la razón de la supervivencia radica en el hallazgo por el ser humano —dentro de sí y a diferencia del animal— de un mundo interior, que le permite dirigir su atención tanto a éste como al mundo exterior y 17
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El estado primitivo era para el romano Lucrecio (De rerum natura) el signado por las exigencias de la supervivencia que enfrenta al hombre a unas condiciones naturales difíciles y, al igual que los animales, le hace incapaz para regirse por el bien común, persiguiendo y haciendo propia cada cual la presa que el azar le ofrece, operando a su arbitrio en tanto que obligado a valerse por si mismo. Aunque expuesto así a los peligros de la naturaleza, su situación no es peor que la que proporciona el estado civilizado, especialmente en situación de guerra. El status naturalis se define ya en Hobbes (Leviatán) por su insostenibilidad racional, tanto por la crueldad o agresividad del hombre para con el hombre, como por el supuesto derecho natural resultado del otorgamiento por la naturaleza de todo a todos. Pues en él no es posible, ausente toda regulación por la Ley, la evitación de los conflictos, la paz. Para Rousseau (Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes), sin embargo, el del comienzo es un estado sans industrie, pero también sin lenguaje, sin impulso al daño y, por tanto, sin guerra. En el hombre salvaje o primitivo solo se hacen sentir las necesidad reales, por lo que no hay posibilidad de progreso ni de historia (por estancamiento). Semejante descripción persigue el destacamiento en el estado natural de inexistencia de capacidad de transformación y de su transmisión como condición del progreso. J. Ortega y Gasset, Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía, Alianza Editorial, Madrid 2004. Cuestión que Ortega califica de ardua y prácticamente imposible de resolver en sede de la razón pura, aunque sí en la de la razón histórica. Señala significativamente que en un caso similar, Platón, con una profunda conciencia del sentido que esto tenía, trasladó la cuestión hacia el mito.
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encontrar, con ello, dos repertorios distintos de proyectos, de propósitos: los instintivos y los fantásticos, con la consecuencia clave de tener que elegir, seleccionar; por lo que iv) resulta ser, así y desde el principio, un animal esencialmente elector y, por serlo, inteligente20, que ha de hacerse, además, libre. El buen funcionamiento (de acuerdo con su lógica propia) del mundo de la vida en modo alguno excluye, en efecto, la emergencia de lo no sobreentendido, es decir, lo desconocido que suscita temor (la angustia en el Dasein heideggeriano) y, por tanto, una reacción dirigida a asimilarlo, dominarlo y, en definitiva, integrarlo. Lo que sucede primero nominalmente (la conjuración del peligro, del poder ignoto, por el procedimiento de su identificación mediante la atribución de nombre y su integración vía metáfora, magia, mito)21 y luego conceptualmente. Esta circunstancia está en directa relación con la predisposición a la curiosidad preventiva del ser humano: la necesidad de conocer para desactivar el potencial desestabilizador de toda penetración de lo desconocido en el horizonte del mundo de la vida. Y es ella la que acaba conduciendo a la ciencia y la técnica, pues el conocimiento implica el desencantamiento de lo desconocido vía su transformación en lo que simplemente no está aún en la disposición humana pero es susceptible de pasar a estarlo mediante la ciencia22. El mecanismo básico que, según Blumenberg23, permite ese salto al conocimiento y el comienzo de la historia es el de la delegación (en el contexto de la autoafirmación en compe20
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La argumentación de Ortega y Gasset recurre al plano etimológico. Concretamente a i) la denominación por los latinos del hecho de elegir, escoger, seleccionar, eligere; y del autor del hecho, eligens o elegens, o elegans, siendo el elegans o elegante el que elige y elige bien (circunstancia de la que deduce que el hombre tiene de antemano una determinación elegante, tiene que ser elegante); y ii) la derivación ulterior de las palabras elegans y elegantia en las de intellegans, intellegentia: inteligente e inteligencia (derivación que atribuye —con independencia del análisis lingüístico— a la casualidad el uso diferente de las palabras intellegantia e intelligentia. El mundo de la vida no es, pues, uno caracterizado sin más por lo familiar y recurrente. Lo importante es, pues, incorporar lo desconocido haciéndolo nombrable y, por ello, accesible a la persuasividad narrativa, que si bien puede incluir la explicación, no tiene ésta como finalidad. Los mitos explican muy poco e implican la aceptación primitiva de las “historias sobre” como “explicaciones de”. La puesta en marcha del proceso al conocimiento es la de un proceso que, si ha podido entenderse como lineal y progresivo, no porta en si mismo tales características, pudiendo revertir —como quizás esté sucediendo ya en nuestros días— en reacciones de factura similar a las del comienzo: las propias del sentimiento de angustia ante nuevas incertidumbres en las fronteras periféricas del mundo vital. H. Blumenberg, Teoría…, op. cit.
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tencia como rasgo constitutivo del ser humano), que ejemplifica en la figura del explorador destacado para conocer la causa de las sombras en la alegoría platónica de la caverna, luego transmutada en la del inventor24. En la base misma de la capacidad humana para el concepto está la adopción de la postura y la marcha erguidas en cuanto: i) proporciona distancia espacial respecto de las cosas y temporal respecto de lo que sucede; ii) amplía el horizonte e incrementa la cantidad de la percepción (superadora de la relación estímulo-respuesta propia del ambiente) y, con ello, posibilita el salto a la observación (con formulación de interrogantes e hipótesis, lo que presupone la formación de conceptos); y, en definitiva, iii) genera mediación con respecto al mundo de las percepciones por la autocomparación con los congéneres, dando lugar al comportamiento de la intersubjetividad sobre el fondo de la percepción compartida, la objetividad y al fenómeno de la autoafirmación25. En estas condiciones, el surgimiento en el mundo de la 24
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La pertinencia de la alegoría platónica reside justamente en tener por objeto —en el contexto de la relación entre el mundo de la vida y la realidad— el proceso de liberación del mundo de la caverna y su resultado: el acceso a las ideas. La posibilidad de la comparación con la salida del mundo de la vida reside en focalizar la atención en la situación misma en la caverna-mundo de la vida: la duda sobre si lo que se ve es la realidad no implica la de poder alcanzar conocer ésta tal como es, con lo que el prejuicio previo y los eventuales errores ulteriores no impiden sucesivas correcciones hasta el acceso final a la verdad. De esta suerte queda establecida la posibilidad de la evolución desde y en el mundo de la vida, visto así como punto de partida de la historia en tanto que proceso teleológico de actualización de la intencionalidad de la conciencia; proceso que ocurre, por tanto, mediante la transformación y, por tanto, disolución continuadas del mundo de la vida. La autoafirmación es un proceso histórico discontinuo, que, vía metafórica, avanza convirtiendo los dioses en seres antropomórficos que llegan a alcanzar rasgos propiamente humanos y permite así la comparación con los mismos (además de la ordinaria con otros hombres). El cultivo de atributos específicos de los dioses no responde sino a la aspiración de alcanzar tales atributos y no humillarse sino ante aquello que representa el ideal propio. El punto culminante de este proceso puede situarse en la Edad Media, pero coincidiendo ya con la destrucción de sus presupuestos por el planteamiento de M. Lutero conforme al cual: i) Dios no puede ser Dios, pues primero debe ser diablo (ha de permitirse al diablo una hora de divinidad y atribuir a Dios lo maléfico; de suerte que ii) la voluntad del hombre está entremedio de los dos, al igual que una cabalgadura, que va donde quiere quien la monta, careciendo así el hombre de la libertad de decidir, por lo que no hay libre determinación en cuestiones de fe y de la vida: ninguna libertad, para buscar a Dios. El pensamiento de la Edad Moderna aparece ya presidido por la idea de la existencia del Dios total que, sin embargo, implica el deseo ateo. La lógica de la autoafirmación moderna luce en la afirmación de Goethe: nemo contra deum nisi deus ipse (Dichtung und Wahrheit; trad. al español de Rosa Sala, Poesía y Verdad, Alba
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vida de fenómenos desconocidos pone en marcha el mecanismo básico de la delegación de funciones y, por tanto, la división del trabajo26.
II. LA AUTOAFIRMACIÓN DEL SER HUMANO Y EL DESARROLLO DE LA TÉCNICA27
La necesidad de autoafirmación es la que lleva derechamente, a través de las estrategias aludidas y para la satisfacción de las necesidades, a la dotación con medios auxiliares, es decir, de instrumentos y procedimientos técnicos. Así ha sido incluso en el dilatado y estable periodo de la mera autoconservación en que domina la concepción de la naturaleza como orden establecido para el hombre y en el que, por tanto, las habilidades técnicas ofrecen una función complementaria de la naturaleza y, por tanto, meramente ejecutora de su finalidad intrínseca. Es la superación de tal concepción y su sustitución por la imagen de una naturaleza dotada de propia lógica, de leyes inmanentes, la que está en el origen de un cambio radical en la relación con ella: la idea central pasa a ser la de la posibilidad de su transformación y, por tanto, su dominación mediante la técnica. Se trata del tránsito desde un mundo amable para con el hombre a uno que carece de toda dimensión providencialista, que tiene lugar en el tránsito, a su vez, de la Edad Media a la Edad Moderna28. Por ello la comprensión del fenómeno moderno de la tecnificación, convertida en la herramienta para la forja de un nuevo ca-
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Editorial, Barcelona 1999, 2ª ed.). Se hace presente así una discontinuidad en el proceso desde el momento en que el hombre parece haber alcanzado siquiera los atributos más significativos de la comparación, que le posibilita tornarse ateo. En la famosa frase de Nietzsche “Dios ha muerto” está presupuesta, en efecto, la creencia del ser humano en que puede darse el lujo de renunciar a compararse con Dios. Para H. Blumenberg (Teoría…, op. cit.) la salida del mundo de la vida se basa sobre todo en que el humano es un ser que delega, descansando la división del trabajo en la capacidad para la delegación. Sin la facultad de delegar, los humanos estarían todavía hoy en sus cavernas, si bien con la disposición a la delegación absoluta ya estarían de nuevo en sus cavernas. Sobre el desarrollo de la técnica es muy ilustrativa la obra de H. Blumenberg, Geistesgeschichte der Technik, Ed. Suhrkamp, Berlín 2009. Versión en español: Historia del espíritu de la técnica, trad. de Pedro Madrigal, Ed. Pre-textos, Valencia 2013. Obra de la que se toman, en adelante, numerosas referencias. Ya tempranamente Agustín de Hipona, aunque abandona la idea de que el mal del mundo responde a un principio primigenio absoluto del mal, descarga a Dios, sin embargo y en cuanto principio del bien, de cualquier responsabilidad en el estado real del mundo. Pues éste no es sino el reflejo de la maldad del ser humano y manifestación de
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rácter humano de la realidad, requiere tener en cuenta la emergencia de la doble mirada que suscita en el hombre: de un lado, la vertical hacia lo trascendente, propia de Pascal, y, de otro lado, la horizontal, propia de Leonardo da Vinci, siendo esta última la que refleja una naturaleza que, además de resistente a la acción humana, supone un reto, una demanda de dominación29.
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una justicia universal a la que debe hacer frente con sus propias fuerzas. Con la consecuencia de que sin el pecado el mundo sería bueno y perfecto. Esta posición no puede ser más contrapuesta a la sostenida por E. Kant (en el parágrafo 87 de su Crítica del juicio; se cita por Crítica del juicio seguida de las observaciones sobre el asentimiento de lo bello y lo sublime, traducida del francés por Alejo García Moreno, doctor en filosofía y letras, y Juan Ruvira, doctor en Derecho Civil y Canónico y abogado del ilustre colegio de esta Corte, con una introducción del traductor francés F. Barni, Madrid, Librerías de Francisco Iravedra, Antonio Novo, 1876; accesible en Internet: http://www.raularagon.com.ar/biblioteca/libros/Kant%20-%20Critica%20del%20Juicio.pdf ). Se dice allí: “En efecto (según el juicio de cada uno), si el mundo no se compusiera más que de seres inanimados, o aun de seres animados, pero privados de razón, su existencia no tendría ningún valor puesto que no se hallaría en él ser que tuviese el menor concepto de valor. Por otra parte, si en él se hallasen seres racionales, pero cuya razón se limitara a colocar el valor de la existencia de las cosas en la relación de la naturaleza con ellos mismos (con el bienestar), sin ser capaces de procurarse un valor propio (por la libertad), serían muy bien fines (relativos) en el mundo, pero no un objeto final (absoluto), puesto que la existencia de estos seres racionales estaría ella misma sin objeto. Mas es carácter propio de las leyes morales prescribir a la razón un fin incondicional, y tal, por consiguiente, como lo exige el concepto de un objeto final; y la existencia de una razón que, en el orden de los fines, pueda ser para sí su ley suprema, o en otros términos, la existencia de seres racionales bajo leyes morales, he aquí lo que sólo puede ser mirado como el objeto final de la existencia del mundo. Si así no fuese, o bien la existencia de este mundo no tendría objeto para su causa, o bien tendría por principio, fines sin objeto final”. Por tanto, si la inclemencia del mundo no es manifestación de la justicia, sino algo fáctico, el ser humano está legitimado para transformar la realidad con la que se encuentra. La historia de la técnica plantea, así, la cuestión de cómo surge la técnica en la relación del hombre con la naturaleza. Para J. Ortega y Gasset (Meditación de la técnica…, op. cit.) la respuesta es, desde la constatación indubitable de la inserción de la técnica en las condiciones ineludibles de la vida humana, la consustancialidad de la técnica al hombre, de tal manera que sin el recurso a ella éste ni existiría, ni habría existido nunca. Y ello porque la característica más destacada del hombre es la insatisfacción, su carácter de ser desgraciado o infeliz (determinante del deseo de poseer cosas que no ha tenido nunca, de la necesidad de un mundo nuevo). Según Blumenberg (Teoría…, op. cit.) el presupuesto de la técnica es la superación del entendimiento aristotélico de la capacidad humana como simple imitación de la naturaleza y de la idea platónica como suma de reproducciones de la naturaleza mediante la admisión de la idea como ocurrencia humana que implica ya el diseño de algo distinto
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Esta confrontación con la naturaleza procede del malestar30. En la filosofía ha sido Nietzsche el que con mayor radicalidad ha expresado el abandono del ser humano a su propia suerte por no arropado ya por la acción providencial de la naturaleza. Para él esa condición es más bien el presupuesto del desarrollo de la faceta creativa: la interpretación mecanicista del mundo habría liberado la voluntad demiúrgica de actuar construyendo justamente el mundo31. Se entiende, pues, que el problema de la técnica sea elemento característico del pensamiento moderno y actual, aunque el problema de la técnica casi no ha sido separado aún con precisión de los problemas de la técnica. La razón radica en la tradicional separación, desde Descartes, de la ciencia pura y la aplicada (generadora de la falsa impresión de que la segunda es posterior a la primera) y el desinterés tradicional de los cultivadores de la técnica en la integración de ésta en la teoría. Sin embargo, ya en 1777 J. Beckmann32 se esfuerza en fundamentar una teoría general de la tecnolo-
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de lo dado y, por tanto, la creación de objetos antes no existentes (con la consecuencia de la evolución hacia el invento —la idea de la cosa y no ésta misma— y su propiedad). El comienzo de esta evolución lo sitúa en la contraposición, a mediados del S. XV y por Nicolás de Cusa (en sus diálogos), de la figura del laico a la del intelectual escolástico y su imagen de la naturaleza y el hombre, siendo el laico el hombre de la experiencia cotidiana, que sabe medir, contar y pesar, lo que vale decir: un artesano que produce utensilios en los que demuestra que su producción no puede ser explicada como mera imitación de la naturaleza. La evolución solo se completará, sin embargo, con la superación de la minusvaloración de la obra artesanal, que no se integraba con su justificación teórica y, por tanto, no alcanzaba el plano de las actividades más valoradas (las artes liberales). Ha de tenerse en cuenta que la situación en la que el hombre pasa a entender la realidad como desorden y carencia es una situación de angustia y necesidad de autoafirmación. El conjunto de la filosofía del Estado de la Edad Moderna se habría fundado así en los presupuestos de una tal situación. La humanidad ha reconocido en todos los tiempos la carencia y la miseria de una naturaleza apremiante, pero la generalización de tal experiencia como una valoración de tal realidad tiene presupuestos adicionales. Para Ortega y Gasset (Meditación de la técnica…, op. cit.), la técnica nos descubre la constitución del hombre, el raro misterio de su ser. Porque a través de ella el ser humano no pretende solo adaptarse al medio como los demás seres vivos, sino transformarlo para adaptarlo a sus necesidades (que no son sólo biológicas, comprendiendo también lo superfluo). De ahí que vivir humanamente significa, no únicamente estar en el mundo, sino estar bien (bienestar), siendo ésta la razón de que el hombre sea técnico, creador de lo superfluo con vistas a la felicidad. Con los procedimientos técnicos puede modificar la circunstancia o naturaleza, logrando que en ella haya lo que no hay o logrando que lo haya cuando se necesita. Consecuentemente: un hombre sin técnica no es un hombre. J. Beckmann, Anleitung zur Technologie, Göttingen 1777.
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gía como ciencia de la técnica y de sus posibilidades de aplicación y poco después, en 1800, Gaspard François Clair Marie de Prony33 realiza una exposición (incompleta) de las diferentes partes de la mecánica. Y un siglo después Ernst Kapp34 acuña la expresión filosofía de la técnica, efectuando una exposición de los elementos de la cultura como progresiva proyección de los órganos del ser humano. Se trata de un ámbito de conocimiento aún objeto de debates35. El proceso de tecnificación de la vida humana es, sin embargo, de siempre, desarrollándose en la dimensión artesanal de las artes mecánicas, como tempranamente la ciencia incipiente pudo comprobar. Tanto Galileo como Descartes contraponen, en efecto, el retraso teorético (en especial matemático y para el que postulan un comienzo a partir de la razón) a las realizaciones prácticas técnicas en las más diversas dimensiones de la vida; realizaciones que, por tanto, deberían integrarse en un programa racional de progreso en términos que históricamente se han cumplido efectivamente en la presente era científico-técnica. Entra en juego de este modo no solo la comprobación empírica de los datos de la realidad, sino también la anticipación de las consecuencias de la experiencia, conduciendo a la conversión lo que había venido siendo carencia del mundo en Ley natural; conversión, que presta legitimación a la autoafirmación por la vía de la técnica36 y, por tanto, 33 34 35 36
François Clair Marie de Prony, Mécanique philosophique, ou analyse des diverses parties de la science de l’équilibre et du mouvement, Journal de l’école polytechnique, Paris,1800. E. Kapp, Grundlinien einer Philosophie der Technik. Zur Entstehungsgeschichte der Cultur aus neuen Gesichtspunkten, 1877. Es ilustrativo el libro de C. Mitcham, Thinking through technology. The path between engineering and philosophy, University Chicago Press, Chicago 1994. Buen ejemplo de ello es la controversia desatada por la anticipación de la superpoblación como problema, que aparece ya en la Utopía de Tomás Moro en 1516 (De optimo reipublicae statu, deque noua insula Vtopiae libellus uere aureus, nec minus salutaris quam festiuus, clarissimi disertissimique uiri thomae mori inclytae ciuitatis londinensis ciuis et uicecomitis; versión en español: Utopía, traducción de F.L. Cardona y T. Suero, Alianza Editorial, Madrid, 1997) y en los Ensayos de Francis Bacon de 1597 (Essayes: Religious Meditations. Places of Perswasion and Disswasion. Seene and Allowed; versión en español: Ensayos, traducción de Luis Escolar Bareño, Aguilar, Madrid 1980) que, con la fundación de la estadística por W. Petty (Essays on mankind and political arithmetic, 1690 reeditado por Forgotten Books, 2012; existe on line en www.forgottenbooks.org), alcanza su punto culminante en el S. XVIII con las obras de D. Hume (Essays: moral, political and literray; versión en español: Ensayos morales, políticos y literarios, trad. de Carlos Martin Ramírez, Ed. Trotta, Madrid 2011) y R. Wallace (A dissertation on the numbers of mankind, in ancient and modern times, 1809, accesible libremente en archivo de Internet de la American Librairies) y sobre todo T. Malthus (Essay on the principle of
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hace plausible el proceso de tecnificación, en forma de industrialización37. El proceso mismo de tecnificación, que puede verse tanto como resultado de la sucesión de hechos y acumulación de sus resultados: las diversas invenciones, como también —a la inversa, como hizo K. Marx38— consecuencia de los cambios inducidos por la revolución industrial y, concretamente, la nueva estructura de trabajo que de ella deriva y actualiza la posibilidad de, y hasta cierto punto determina, la mecanización. En todo caso, los primeros mecanismos simples se ofrecen primariamente como artilugios productores de efectos extraordinarios soslayando la lógica de la naturaleza (sentido implícito en la expresión griega mekhané: artificio, ardid)39; visión ésta que entra en conflicto ya en el S. XVII con
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population 1798; versión en español: Primer ensayo sobre población, trad. de P. de Azcárate Diz, Alianza Editorial, Madrid 2000), el cual fórmula ya la ley del carácter autónomo del incremento de la población. Contexto de la preocupación por el incremento de la población en el que se produce, por ejemplo, la aplicación práctica de la química a los fertilizantes (sobre la base de los fundamentos proporcionados por Justus Liebig en 1840 con su química agrícola). Desde la obra de K. Marx, comienza a darse una doble justificación del aludido proceso: incidencia primero de la máquina sobre la descomposición de las operaciones de trabajo y luego de la mecánica sobre la existencia misma de la máquina. En cualquier caso, como señala H. Blumenberg (Historia…, op. cit.), se han marginado cuestiones importantes, como la de la posibilitación del rascacielos: la primera y más obvia explicación ha sido la de la escasez en el centro de las grandes ciudades (factor considerado, así, más importante que los presupuestos técnicos constructivos y de materiales como el hormigón o el acero), no faltando tampoco los valedores de la capacidad de edificación; pero la que ha resultado ser cierta es la de la resolución del problema del transporte en vertical que hasta mediados del S. XIX había sido únicamente horizontal (con la única excepción de las minas, en las que, sin embargo, se había estancado en un estadio primitivo). En 1857, surgieron, no obstante y sin responder esencialmente a una concreta necesidad (es decir, como un lujo) los primeros ascensores. La invención técnica precedió aquí, por tanto, a la real necesidad, al punto de que no habría abierto la puerta al rascacielos de no ser por los requerimientos de transporte vertical implícitos en la lógica de trabajo de las organizaciones burocráticas de la época: la prioridad absoluta de la transmisión de la información y los datos en el seno de la organización sobre cualquier otro tipo de transporte. Se entiende, por ello, que la construcción del primer rascacielos —el Home Insurance Building de Chicago, construido sin restricciones de suelo— es obra de una gran compañía de seguros. Puede decirse, pues, que si la técnica hizo posible este avance, los cambios en la lógica y los procesos de trabajo en grandes compañías fue paralelamente determinante del perfeccionamiento del nuevo invento. Lo que tiene un tono metafórico de sello político. La representación del cosmos en Grecia como un Estado universal llevó al entendimiento de la ley natural por analogía con la ley política; analogía que es la que justamente deja abierta la posibilidad de que la ley pueda transgredirse y permite la concepción de la mecánica como cifra de los en-