De Goya a Nietzsche, de Lévi-Strauss a Walter Benjamin y Wittgenstein, de Ortega y Heidegger a Byung-Chul Han, De Mary Douglas a Carl Gustav Jung y Theodor Roszak, de Job a Kafka, el texto une sus reflexiones a la voz de los entrevistados en el trabajo de campo, en zendos y monasterios, en talleres de pintores y escultores, en la palabra de los poetas, pues siempre han sido los artistas quienes han investigado en esa matriz oscura en la que la historia gesta la figura humana de todo tiempo.
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Ricardo Sanmartín
La historia en marcha de nuestro tiempo suma multitud de cambios que alteran toda imagen y experiencia del mundo. De la globalización cultural a nuestra más íntima conciencia quedan afectadas. Los observadores ensayan calificaciones con las que atrapar el sentido del problema que desazona y convierte el bienestar en algo insatisfactorio: nihilismo, posmodernismo, tiempo líquido, glocal, andrógino… pero sin conseguirlo. La propia dificultad ilustra la magnitud del reto que nos interpela constantemente. Un mismo problema se manifiesta en la ciencia y la tecnología, la salud, las dificultades que sufre la juventud, o en las recurrentes crisis económicas y morales. La pluralidad y hondura de sus manifestaciones exige un cambio en la escala e instrumentos con los que conviene abordarlo, de ahí la amplitud de la comparación en el tiempo, entre autores y en los campos de experiencia, así como el uso interdisciplinar de las ciencias sociales, la filosofía y el arte.
Ricardo Sanmartín Arce
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Ricardo Sanmartín
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Valencia (11-XII-1948). Estudia en el Colegio de San José de los Jesuitas. Es Licenciado en CC. Económicas por la Universidad Comercial de Deusto, Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y Doctor en Derecho por la Universidad de Valencia. Becado por el British Council, estudia Social Anthropology en el King’s College de la Universidad de Cambridge, obteniendo el M.Phil Degree. Desde 1983 es Catedrático de Antropología Social en la Universidad Complutense de Madrid, donde ha sido director del departamento de Antropología Social (1990-1998) y director de la Revista de Antropología Social (1992-2001). Ha sido profesor en las universidades de Deusto (1972), Valencia (1973-74) y U.I.M.P. (19932005), y profesor invitado en las universidades de “La Sapienza” de Roma, Perugia, Burdeos, Rio Piedras e Interamericana de Puerto Rico. Su investigación de campo se centra en la figuración cultural de los valores. Académico numerario de la Real Academia de CC. Morales y Políticas. Publica: 1983. La Albufera y sus hombres. Un estudio de Antropología Social en Valencia. Madrid, Akal. 1993. Identidad y Creación. Barcelona, Humanidades. 1999. Valores culturales.El cambio social entre la tradición y la modernidad. Granada, Comares. 2003. Observar, escuchar, comparar, escribir. La práctica de la investigación cualitativa. Barcelona, Ariel. 2005. Meninas, espejos e hilanderas. Ensayos en Antropología del Arte. Madrid, Trotta. 1983 “Marriage and Inheritance in a Mediterranean Fishing Community”, MAN, Royal Anthropological Institute, (N.S.) 17: 664-685. 2011: Libertad, sensualidad e inocencia. Ensayos en Antropología del Arte II. Madrid, Trotta. 2015: Seis ensayos sobre la libertad, Valencia, Ed. Tirant lo Blanch. C.e. : rsanmarta@gmail.com
DE JOB A KAFKA
El sentido en nuestro tiempo
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
DE JOB A KAFKA
El sentido en nuestro tiempo
RICARDO SANMARTĂ?N
tirant humanidades Valencia, 2020
Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© Ricardo Sanmartín
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17706-86-9 MAQUETA: Tink Factoría de Color Portada basada en la obra “Luna nueva” de Antonio Ballester Moreno.
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Índice Presentación..................................................................................................... 9
Capítulo I
PASAJES Y TRÓPICOS................................................................................. 15
Capítulo II
ARTE Y ENFERMEDAD............................................................................... 35
Capítulo III
JUVENTUD Y SENTIDO............................................................................. 51
Capítulo IV
SED Y SENTIDO. LA METÁFORA DEL AGUA EN LA BÚSQUEDA RELIGIOSA DEL SENTIDO DE LA VIDA............................................... 73
Capítulo V
EL MITO O LA VIDA.................................................................................... 95
Capítulo VI
MÚSICA DE LA PALABRA Y GESTO RITUAL. UN SABER NO CIENTÍFICO................................................................................................... 125
Capítulo VII
SILENCIOS...................................................................................................... 153
Capítulo VIII
CIEN AÑOS DE OLVIDO. FUNDAMENTOS PARA UNA ANTROPOLOGÍA DEL ARTE................................................................. 171
Capítulo IX
MALESTAR EN LA ABUNDANCIA.......................................................... 189
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Índice
Capítulo X
CAMBIO CONTRACULTURAL Y EL EFECTO ANDRÓGINO........... 217
Capítulo XI
DE JOB A KAFKA.......................................................................................... 241 Bibliografía....................................................................................................... 259
Presentación Reúno en este libro un conjunto de temas y casos con los que inicio una reflexión sobre los recursos culturales de la imaginación en la percepción del sentido de la vida. El problema humano hacia el que gravita cada capítulo procede de la observación de nuestro tiempo, una observación entre orteguiana —como sugiere el título— y etnográfica, como delata mi origen profesional. Al contemplar el mundo de nuestra época sentimos el tremor de fondo que se yergue en el horizonte como una imprecisa pregunta. El paso de la historia, lento en unos temas, veloz en otros, marcha hacia su destino sin desvelar con claridad nombre alguno. Inevitablemente, nos da que pensar, y siempre, “lo más necesitado de pensarse [decía Heidegger] nos interpela constantemente […y nos exige] escuchar con exactitud”1. Intento, pues, poner mi atención en posición de escucha, aun sabiendo que es difícil alcanzar aquella exactitud que Heidegger sentía como exigencia. Traducir ese tremor de fondo en una pregunta y precisar el qué de su cuestión, quizá sea el reto mayor. Un conjunto de temas, casos o ejemplos es, obviamente, algo muy parcial, muy limitado. Ese emborronamiento del horizonte y el sonido de su estremecimiento lo sentimos muchos en tanto que miembros de este tiempo, pero nos cuesta describirlo. Sufrimos una experiencia histórica a la que, a pesar de tantas calificaciones, no sabemos dar nombre. Nietzsche escribió el término Nihilismo del que Heidegger decía que “mueve la historia a la manera de un proceso fundamental, apenas conocido, del destino de los pueblos occidentales […] es el movimiento fundamental de la historia de Occidente […] que conduce a los pueblos de la tierra al ámbito de poder de la Edad Moderna […Y de su carácter inquietante] forma parte el hecho de no poder nombrar su propio origen”2. Al situar 1 2
Heidegger, M. 2005 (1952): ¿Qué significa pensar? Madrid, Trotta. pp. 83-84. Heidegger, M. 1998 (1943): Caminos de bosque, Madrid, Alianza Editorial, pp. 163-164.
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nuestra atención ante la historia en marcha de nuestro tiempo, su visión nos fascina y paraliza como si la propia historia fuese la Esfinge que canta su enigma; tememos mirarla como a Medusa y, aun queriendo escucharla, nos vemos atados como Ulises ante el canto de las Sirenas, pues éstas cantan efectivamente. Las imágenes de la mitología nos ayudan a orientar la atención hacia aquello que importa aun sin poder precisarlo. Este sentir sin todavía saber es una parte del método. Mover el conocimiento se hace a pasos, y el sentir sopesa, compara y comprueba si el paso dado avanza o no hacia el esclarecimiento de lo sentido. Cada caso o tema es solo un paso tentativo, como los de Perseo ante Medusa, pero, claro está, quedan muchos más, y nadie los puede dar solo, ni los puede dar todos. El libro no concluye, aunque espera sumar un paso y otro creando una senda a medida que anda, que ensaya, escribe, lee o piensa. El Diógenes (1808-14) que dibujó Goya buscando al hombre con un farol encendido en pleno día o, unos setenta años más tarde, el loco cuyas palabras ideó Nietzsche en la Gaya Ciencia (1882), nos dan un punto de partida en esa senda. Obviamente, son imágenes metafóricas de procesos humanos que se han ido gestando lentamente en la historia. Quizá Goya tuviese más razón al escribir sobre su dibujo “No le encontrarás”, aunque la versión de Nietzsche tuviese más fuerza. Goya percibe el cambio antropológico, la dificultad de hallar al hombre en el nuevo siglo. Nietzsche da voz y nombre al cambio que se sigue produciendo hoy como Nihilismo. La sociedad -la época- que la observación nos ofrece hoy es postnietzscheana, la transformación de los valores ha sido enorme. El hombre actual ya no es el hombre antiguo, aunque el proceso nihilista prosiga hacia su futuro. La ciencia y la técnica siguen abriendo posibilidades cuyas primeras aplicaciones ya han transformado el mundo. Hoy son posibles, no solo bienes, comodidades, viajes, medicinas y terapias que no imaginaron Nietzsche ni Goya, a pesar de sentir la transformación del destino histórico del ser humano, sino que la figura misma de quiénes somos, el modo como nos imaginamos ser, la estructura de nuestra intimidad, aquello que
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damos por real o nuestros sueños, ya son diferentes a los del tipo humano que ambos creadores vieron cuando miraron su presente y detectaron la irrupción del futuro. Hay, sin duda, un aire de familia entre unos y otros tipos humanos. La Antropología Cultural es posible por esa común humanidad que sigue viviendo tras las distintas formas que el ser humano adopta en el tiempo y en el espacio. Por eso necesitamos comparar sus distintos casos. La semejanza la reconocemos al comparar, pero no reside solo en la identidad de unos mismos elementos compartidos. Tanto los logros institucionales colectivos, como los sueños de la imaginación se presentan bajo figuras históricas muy diferentes. Ponerlas en común ante la apertura de la atención exige un cambio en las categorías con las que cada tradición clasifica y nombra los hechos, las cosas reales, los referentes que aseguran y legitiman su visión del mundo. Por eso la investigación se ve llevada a detectar los fenómenos bajo otro tipo de categorías, otras más abiertas, transgresoras de los viejos límites en los que se encerraba el campo semántico de los viejos significados. Una de las razones por las que no es fácil encontrar la figura del nuevo ser humano es porque no encaja con esas delimitaciones tradicionales y, al no hallarlo, da la impresión de que hemos borrado el horizonte, nos hemos tragado el mar o hemos asesinado a Dios. No todo cambio social, aun sumándose en ese desarrollo inacabado del Nihilismo, rompe del mismo modo con su propio pasado. Quizá por ese modo irregular, cuántico, que adopta el cambio histórico solo podamos percibirlo tras haber acontecido. Con todo, resulta sorprendente cómo distintos observadores coinciden con frecuencia en su detección. Esa sincronicidad no es milagrosa, ni mera casualidad sino fruto de una interpretación sensible e inteligente por quienes, aun sin comunicar entre si, contemplan atentamente un mismo problema antropológico. En torno a 1935 y a 1952 coinciden grandes autores en sus observaciones y creaciones científicas, filosóficas y artísticas que han marcado el pensamiento social de nuestra época, y por eso los tomamos como una de las luces que nos ayudan en el método para
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nuestra reflexión. Lévi-Strauss, Walter Benjamin y L. Wittgenstein coincidieron en su teorización aportando nuevas formas de comparar y nuevos instrumentos categoriales que siguen siendo hoy clave para encarar la nueva figuración del ser humano. También en el arte lo hicieron J. Cage, J. Ashbery, C. Twombly coincidiendo con M. Heidegger, C.G. Jung y el nacimiento de la contracultura. Los trabajos de Heidegger y de Jung en 1952 no se refieren a la contracultura que entonces se iniciaba, sino a sus respectivos campos de la filosofía y la terapia, fundados en su larga y sólida experiencia, con claros contactos con la mística y la ascesis. Sin embargo, no solo coinciden en el tiempo, sino que tanto los pensadores como los jóvenes que en la posguerra crecían usaron fuentes de la ascesis, de la mística y del pensamiento oriental coincidentes. De modos, obviamente, muy distintos, todos empujaban la historia en la dirección de nuestro tiempo. La transformación en la estructura, la conciencia y la imagen del sujeto moderno no se detecta solo en los ensayos filosóficos, sino también en los cambios del nuevo arte, por difícil que resulte de aceptar, o en movimientos tan dispares como el beat, hippy o contracultural, así como en la creciente conversión actual hacia una vida más intensamente espiritual como ayuda a la detención del pensamiento discursivo ordinario, proceso que, por otra parte, coincide con el núcleo de la estrategia creativa de la imaginación tan propia del arte y los mitos. La variedad de los temas que aborda el texto puede parecer errática si solo se enumeran a modo de índice o contenido, pero responde a la búsqueda de ese aire de familia que subyace y une campos de experiencia y reflexión. Es nuestra tan variada modernidad la que ha roto las viejas delimitaciones. Sin embargo, aun creo posible el ensayo de aunar en una misma búsqueda esa semejanza entre todo lo humano cuya figura se nos escapa velozmente hacia el horizonte del futuro. Los datos de campo proceden de entrevistas realizadas a conversos y a artistas en el nuevo siglo, así como a jóvenes profesionales
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que participan y sufren los cambios sociales contemporáneos. Las entrevistas se han realizado en Madrid, Milán, Roma, Silos, Extremadura y Valencia. Mi deuda y agradecimiento es para todos cuantos me han ayudado con la generosa entrega de su atención y tiempo, con su paciencia, sus comentarios y sugerencias, así como con los colegas que tantas veces me han facilitado datos bibliográficos, preguntas críticas y repetidas ocasiones para debatir las cuestiones que sentimos con más fuerza que las esquivas respuestas. Agradezco a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid la ayuda para la edición. Las estancias en Italia fueron realizadas con la ayuda del Programa Erasmus y el Convenio con la Universidad de Roma "La Sapienza". La Escuela española de Historia y Arqueología del CSIC en Roma me brindó siempre su hospitalidad. Dedico este texto a Lola, para cuando lo pueda leer.
Capítulo I
PASAJES Y TRÓPICOS En 2015 se han cumplido sesenta años de la publicación de Tristes trópicos de Claude Lévi-Strauss. Recordar una obra tan singular, la más inclasificable del último clásico de la Antropología cultural, no obedece solamente a la nostalgia del clasicismo en una época muy distinta como este presente nuestro tan moderno. En ella Lévi-Strauss describe, con gran altura humana, la degradación de los trópicos, la decadencia de grupos humanos primitivos tras una larga historia de contactos con culturas occidentales. Pero al hacerlo nos legó no solo un texto de gran calidad, sino también un estilo metodológico de indudable interés para el futuro de las ciencias sociales. Lévi-Strauss escribe su libro veinte años después de su incursión en el trópico americano. En aquellos años treinta del siglo XX, poco antes de la II Gran Guerra, mientras Lévi-Strauss realiza su trabajo de campo en Brasil, Walter Benjamin desarrolla su propio trabajo de observación, de aventura intelectual y de escritura con el proyecto que le acompañó desde 1927 hasta su muerte en 1940. Las ideas centrales del Libro de los Pasajes toman forma en esos mismos años y, como en el caso de Lévi-Strauss, tardarán en publicarse. Entre ambas obras quisiera proyectar, con la ayuda de Wittgenstein, un lazo que nos ayude a entender estrategias ocultas en el proceso metodológico de la Antropología contemporánea. Siendo los tres textos obras densas y comentadas cada una por sí misma, las traigo juntas en la reflexión porque espero, al compararlas, aplicar lo que cada una de ellas hizo con su propio tema y de ese modo destilar del cóctel su espíritu metodológico. Por un par de años no llegó Wittgenstein a ver publicadas sus Investigaciones Filosóficas en 1953, dos años antes de la publicación de Tristes Trópicos. Curiosamente, las notas de Lévi-Strauss, las del libro de Benjamin, o las de Wittgenstein, tuvieron que guardar silencio un tiempo antes de producir efectos duraderos sobre nuestro
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modo actual de pensar. En dicha obra, Wittgenstein presenta su proposición sobre el aire de familia, un instrumento borroso, pero de gran utilidad, para referir con mayor fidelidad el modo como el pensamiento capta semejanzas entre cosas que comparamos aun sin ser capaces de precisar en qué consiste el parecido que nos sorprende. Si acudo a los tres autores no es atraído por la oscuridad de su pensamiento, o la altura de sus ideas, sino por percibir una coincidencia, tan sorprendente como aun no detectada, en la estrategia que parecen compartir sus textos. Los tres son, a su modo, extraños libros de viajes o, quizás, libros sobre viajes extraños, demorados en su redacción y publicación, de cuya estructura final dudaron sus autores. Su contenido, sin embargo, fue escrito con la determinación que da el fulgor de las ideas cuando estas se imponen al autor tras contemplar la época en la que escribe. Claro está que el paisaje que cada cual observa difiere sutilmente. Lévi-Strauss describe con gran penetración y belleza tanto su trabajo de campo en Brasil entre los caduveo, los bororo, los nambiquara y los tupí-kawaíb, como su estancia en las Antillas, Sao Paulo, India, París o Nueva York. Benjamin recorre Europa con las notas de su manuscrito, y con su memoria repasa París y el siglo XIX. Por su parte, Wittgenstein, en el prólogo de sus Investigaciones reconoce que “las anotaciones filosóficas de este libro son como un conjunto de bosquejos de paisajes que han resultado de estos largos y enmarañados viajes”3. Bosquejos reescritos, descartados unos y elegidos otros, a los que les cuesta llegar a constituir su unidad dada la dificultad que siente su autor para dominar en una clara dirección la vitalidad errática, en zigzag, de sus pensamientos. Finalmente escribe un libro que “es en realidad sólo un álbum”4. Con menos orden, todavía, y más repeticiones, el Libro de los pasajes de W. Benjamin tiene una estructura similar pues, en
3
4
Wittgenstein, L. 1988 (Oxford, 1953): Investigaciones Filosóficas, Editorial Crítica, Barcelona, p. 11. Ibid. p. 13.
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realidad es un conjunto de citas y anotaciones en el que recoge las ideas que la Europa de entre guerras le inspira tras abrir y dejar flotar su atención herida por la realidad. Benjamin se esfuerza intentando usar la terminología marxista para entender la verdad que entraña una historia al descifrarla desde un sinfín de observaciones: cambios en el urbanismo, en la moda, en los usos del espacio interior y exterior, en el desarrollo de artes diferentes como la novela, la arquitectura o la fotografía. Benjamin pretendía desvelar críticamente el sentido de la historia del París del XIX, como si los múltiples detalles acumulados en su libro fuesen los elementos de un sueño que hubiera que interpretar para poder entender su sentido. Marx y Freud inspiran parcialmente las ideas sobre pasajes y trópicos. Así lo reconocía en su texto Lévi-Strauss: “el marxismo me parecía proceder como la geología y el psicoanálisis […] los tres demuestran que comprender consiste en reducir un tipo de realidad a otro; que la realidad verdadera no es nunca la más manifiesta, y que la naturaleza de lo verdadero ya se trasluce en el cuidado que pone en sustraerse”5. Una idea que, mucho antes que ellos, había detectado Vico al señalar cuan fértil resulta estudiar todo aquello que la propia sociedad no ha contemplado todavía, según los cánones y principios comunes de su cultura, como expresión de su propio espíritu. Según Vico, había que “investigar en las acciones humanas la verdad tal cual es, incluso partiendo de la imprudencia, la ignorancia, el placer, la necesidad o la fortuna”6, esto es, allí donde los propios autores de la historia no suelen mirar cuando lo que buscan es formalizar su propia imagen de lo humano, un foco de atención valioso precisamente porque, al escapar de todo aquello que la sociedad reconoce y dice formalmente de sí misma y su época, constituye una singular vía para acceder a sus creencias efectivas, a la parte oculta del imaginario
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Lévi-Strauss, C. 2006 (1955): Tristes trópicos, Madrid, Espasa, Austral, p. 70. Vico, G. 2002 (1708): Obras. Oraciones inaugurales & La antiquísima sabiduría de los italianos. Barcelona, Anthropos, p. 100.
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que mantiene a flote la masa visible de su cultura, con cuya fuerza se empuja a ciegas la historia. Dadas las fechas de las primeras ediciones de sus obras, solo LéviStrauss pudo haber citado a Wittgenstein, pero no lo hizo. Ninguno cita a ninguno de los otros y, sin embargo, como intuía Wittgenstein, “lo que publico aquí tendrá puntos de contacto con lo que otros escriben hoy”7. Aun creyendo que su libro no es probable que arroje luz sobre “la oscuridad de este tiempo”, tampoco pretende con su “escrito ahorrarles a otros el pensar, sino, si fuera posible, estimular a alguien a tener pensamientos propios”8. Milagrosamente quedó su propósito cumplido pues, aun sin haberlo leído, ni Benjamin ni Lévi-Strauss se ahorraron el esfuerzo de pensar apoyándose en comparaciones muy similares. Ya en su capítulo 9 sorprende la semejanza estratégica en la creación de Tristes Trópicos y del Libro de los pasajes. En él narra LéviStrauss su primer contacto con Río de Janeiro, su primera vez “bajo los trópicos, en el Nuevo Mundo”9, y lo hace abriendo su atención hacia el punto en el que se inicia en su conciencia la experiencia de la diferencia cultural, esto es, tomando su sentir como base en la que imprime su huella la relación entre el Nuevo y el Viejo Mundo10. No es el trópico, o alguna de las culturas primitivas que estudia, sin más, el dato etnográfico, sino la relación —cuya representación irá tanteando— entre su memoria de Europa y el sinfín de nuevas experiencias que poco a poco va logrando categorizar a medida que avanza su comparación. “Vestido más livianamente que de costumbre […] advierto un ambiente particular en esas calles estrechas y umbrosas que cortan la avenida principal; el paso de las moradas a la calzada es menos 9 7 8
10
Wittgenstein, op. cit. Ibidem. Ibid. p. 15. Lévi-Strauss, op. cit. p. 101. Algo muy similar hizo Díez del Corral en “Del Nuevo al Viejo Mundo”, como destaca en su Estudio Introductorio Benigno Pendás.
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marcado que en Europa; los comercios, a pesar del lujo de sus fachadas, prolongan la exhibición hasta la calle; casi no se presta atención al hecho de estar dentro o fuera. En verdad la calle no es tan solo un lugar por donde se pasa, es un lugar donde uno se queda […] vuelvo a encontrar el término de comparación que ella me inspira […] los cambios de hemisferio, de continente y de clima casi no han hecho otra cosa que volver superflua la delgada capa vítrea que en Europa establece artificiosamente condiciones idénticas; en primer lugar, Rio de Janeiro parece reconstituir al aire libre las Gallerie de Milán, la Galerij de Amsterdam, el pasaje de los Panoramas o el hall de la gare Saint-Lazare”11. Por su parte, Benjamin —que ya en su libro valoraba en quienes “fueron los más altos jueces de las cosas del hombre y del mundo […el] que supieron medir la vida externa a partir de su propia vida interna”12— al observar los miradores de los edificios burgueses en Europa, decía que “la calle así se vuelve habitación y la habitación se vuelve calle. Y el paseante que sea observador de este modo se encuentra dentro de un mirador perpetuamente. Flâneur […] Los pasajes son casas o corredores que no tienen ningún lado exterior, tal como sucede con los sueños”13. Lévi-Strauss, como si de un buen filósofo pragmatista se tratase, muestra como el significado del paisaje reside en sus efectos sobre el perceptor que se sumerge en su ambiente, si bien esos efectos no son meramente sensibles, físicos, sino que quedan situados ante la memoria previa en la que inciden, y al encontrarse con ella desvelan su contraste. Quizá por ello decía Pessoa que “es en nosotros donde los paisajes tienen paisaje”14. Claro está que así solo se logra un dato, una partícula que habrá de sumarse a muchas otras, y en su 11 12 13 14
Ibidem. Benjamin, W. 2013 (1927-40): Obra de los pasajes. Madrid, Abada editores, p. 754. Ibid, p. 657. Pessoa, F. 1985: Libro del desasosiego de Bernardo Soares. Barcelona, SeixBarral, p. 281 (347).
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agregación irá modificando, como si de un fractal se tratase, la figura cultural que va modelando. Páginas atrás decía Lévi-Strauss “que la verdad de una situación no se encuentra en su observación diaria, sino en su destilación paciente y fraccionada […] Más que un recorrer, la exploración es un escudriñar; una escena fugitiva, un rincón del paisaje, una reflexión cogida al vuelo, es lo único que permite comprender e interpretar horizontes que de otro modo serían estériles”15. “Esas breves apreciaciones de una ciudad, de una región o de una cultura […] permiten […] —dada la intensa concentración que exige el breve momento— aprehender ciertas propiedades del objeto que en otras circunstancias hubieran podido permanecer largo tiempo ocultas”16. Claro que, si el dato, por pequeño que sea, lo constituye el significado que nace en esa relación de contraste de la comparación ¿de qué es dato esa forma de quedarse en la calle sin subrayar la diferencia entre dentro y fuera? ¿de Río o de París? ¿Para quién son tristes los trópicos? Es claro que la alteridad cultural es recíproca y, aunque quien describe lo hace desde su lado, acaba reconociendo su propio desarraigo y transformación tras esa lenta comprensión del encuentro con el mundo de los otros. Hay, pues, en Lévi-Strauss un paso atrás para ganar un nuevo lugar desde cuya distancia se pueda observar no solo las calles de Río de Janeiro, el Mato Grosso o la selva, sino para compararlo con el trópico en India y seguir con el Taj Mahal, e incluso con Paris, New York y el estudio nº 3 del opus 10 de Chopin (“Tristeza”) que, como adjetivo, llega a encabezar el título de su obra. El dato, en tanto que relación, nos informa de algo más que de su estricta fuente etnográfica. El contraste ya no es solo una relación entre contextos culturales, sino una posibilidad que, al vivirse, prueba, para Lévi-Strauss, el modo universal según el cual se estructura la experiencia humana.
15 16
Ibid. p. 58 Ibid. p. 76.