COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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Ludwig Wittgenstein
Tratado lógico-ilosóico Logisch-philosophische Abhandlung
Edición crítica de TS 204, introducción y traducción de
Jesús Padilla Gálvez
Valencia, 2016
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I Prefacio de
Jesús Padilla Gálvez
Introducción A un siglo de la publicación del Tratado lógico-ilosóico podemos acreditar que las tesis y propuestas, los argumentos y las refutaciones expresadas en dicho libro siguen generando debates. Esto se debe, sin lugar a dudas, a que ha de considerarse una obra imprescindible en la ilosofía del siglo XX. En el libro se dilucidan numerosas cuestiones que conciernen a asuntos tan dispares como la ontología, la epistemología, la lógica y hasta el misticismo. Pero, ante todo, en estas páginas se presenta una nueva forma de expresar los problemas ilosóicos. Si comparamos este libro con cualquier trabajo publicado antes y después de su impresión observaremos el abismo que existe en su modo de expresión. Wittgenstein centra sus esfuerzos en renovar los usos del lenguaje ilosóico. De este modo, los contenidos adquieren un efecto completamente distinto ya que son reubicados. El modo particular de plantear y disponer los problemas genera un nuevo acceso, lo que requiere, a su vez, una solución distinta. Con ello, este libro lleva implícita una crítica implacable a los usos dominantes del lenguaje en la ilosofía tradicional. De esa manera, hay que entender el Tratado como una crítica del lenguaje y a los usos mitológicos que se llevan a cabo en el discurso académico. Inicialmente, el lector atento descubre, tras ojear sus primeras páginas, una discrepancia entre el título del libro y el contenido del mismo. Lo primero que se advierte es el título del mismo. Wittgenstein siempre se referirá a este con el término germano Abhandlung por lo que el lector espera que la obra consista en una exposición integral, objetiva y ordenada de conocimientos sobre un asunto concreto. Por tanto, el libro debería adoptar una estructura que constase de subdivisiones progresivas que, por lo general, deberían aparecer expuestas mediante apartados. En su lugar, descubrimos una división en siete secciones —los denominados a lápiz con la expresión “proposiciones cardinales” y tachadas seguidamente— y subsecciones —es decir, las Bemerkungen u observaciones— que no se solapan con los ámbitos temáticos que aborda. Tampoco se adopta en la exposición una modalidad discursiva de carácter argumentativa, sino que el autor se decanta por el aforismo. Wittgenstein es de la opinión que escribiendo mediante aforismos se pueden lograr intensidades de expresión tan altas como un poema. Así, el lenguaje que usa es extremadamente parco y estricto, por lo que no es del todo claro y accesible a cualquier lector. Exige, pues, un esfuerzo especial sobre el que volveremos a referirnos más adelante. Tampoco contribuye el autor a su comprensión proporcionando un aparato crítico que permita al lector elucidar certeramente a quién refuta y sobre qué discute. Por todo ello, la mayoría de los lectores renuncian a una lectura lineal y se decantan por saltar de aforismo en aforismo preiriendo citar y releer los más llamativos en detrimento de los argumentos más formales. Este procedimiento ha generado ininidad de malentendidos e interpretaciones erróneas. Como indica pertinentemente el título mismo, es, además, un tratado lógico y ilosóico. En la mayoría de las traducciones se ha mantenido el signo de puntuación alemán representado por un trazo horizontal (–) si bien, strictu sensu, en castellano no se introduce inciso alguno dentro del título. El lector de habla castellana debería pensar que se trata de un libro sobre lógica, que contiene un apartado sobre ilosofía. Sin embargo, este escrutinio es erróneo. En alemán el guion (–) se utiliza para enfatizar los componentes individuales en composiciones e inferencias que normalmente se escriben en una sola palabra. Por ello este libro hace hincapié en indicar que analiza primordialmente dos ámbitos: el lógico y el ilosóico. Ambas cuestiones no aparecen por separado sino que se presentan entrelazadas, habida cuenta de la complejidad de los asuntos que se abordan. Estos problemas están englobados en los siete aforismos sobre los que se
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articula el libro. Pero antes de entrar en las cuestiones sustantiva parece pertinente que expongamos algunas palabras sobre el procedimiento que sigue Wittgenstein en su investigación.
1 Expresión El motivo por la que Wittgenstein escribe esta obra nos remite al prólogo de la misma en la que se maniiesta que su interés se centra en el lenguaje y las expresiones del mismo. Según él, toda proposición expresa algo. Por ello, la expresión determina la forma y el contenido de la proposición. Pero aún se puede especiicar más, ya que indica que aquello que determina el sentido en la proposición es la expresión (TLP 3.31). En una anotación realizada en su diario el 11 de septiembre de 1916 apunta además que el modo como designa el lenguaje se releja en su uso. En el centro de atención se encuentra el uso dominante que hace un hablante del lenguaje. Para analizar los manejos y los usos mitológicos que nos inculca el Estado y nuestra tradición debemos poseer instrumentos de trabajo para generar alternativas viables. Se puede airmar sin más que este programa es una constante en toda su obra, si bien los acentos se desplazan. En el Tratado lógico-ilosóico existe una ventaja cuando analizamos el lenguaje ordinario mediante el lenguaje lógico, entendido este como un modelo universal del lenguaje natural; sin embargo, en las Investigaciones Filosóicas su interés se centra en el lenguaje natural. Con este desplazamiento se comprueba fácilmente el compromiso ilosóico de Wittgenstein: el lenguaje se analiza como una práctica social con una función muy especíica en la sociedad. Es importante que se comprenda este desplazamiento pues muchos lectores relegan asiduamente el interés preeminente de nuestro autor. Wittgenstein indica en el prólogo que “…este límite sólo puede trazarse en el lenguaje” (prólogo) y acentúa además que “…todo cuanto quede al otro lado del límite será simplemente un sinsentido” (prólogo). Teniendo en cuenta estas indicaciones, el libro se centra en el estudio de los problemas del lenguaje y todo lo que está fuera de este no es de su incumbencia. Por lo tanto, el “sinsentido” hay que comprenderlo en su acepción literal como todo aquello que se considera absurdo y que no tiene explicación. Si tuviera una explicación, sería expresado en el lenguaje. De facto, tanto en el prólogo como al inal del libro hay una coincidencia simétrica que se escapa a nuestra expresividad en castellano cuando airma que lo que se exprese en el lenguaje ha de decirse con claridad; y, de todo lo demás, al margen del habla, no nos queda más que guardar silencio. En el prólogo se reiere al “habla” en el sentido de conversar, es decir, “reden”; y, sin embargo, en el párrafo inal (7) opta por “sprechen”, que tiene una connotación más abstracta del habla. En el prefacio, la expresión elegida enfatiza aún más el carácter coloquial del habla. Este carácter coloquial del habla está delimitado por un dogma de la ilosofía analítica temprana que es expresado por Wittgenstein en las Notas sobre lógica cuando airma que “[…] el lenguaje ordinario oculta la estructura de la proposición” NL.107 [2]. Este postulado será criticado y superado mediante una serie de refutaciones importantes en el Escrito a máquina, lo que permitirá en las Investigaciones Filosóica centrarse en el estudio del lenguaje natural e ir descubriendo las mitologías insertas en este. Esta delimitación puede resultar aún más sorprendente por cuanto el libro se reiere a las cosas, los objetos, los colores, el espacio visual y hasta hace alusión a la mística. Una cosa pues es conversar o parlotear
Introducción
sobre asuntos sin deinirlos y estipularlos claramente, y otra, muy distinta, es hablar con claridad sobre dichos asuntos. Y esto signiica para él que el hablante tiene la capacidad de expresarse de tal modo que sea supervisado a nivel formal. Para entender el procedimiento seguido por Wittgenstein tenemos que referirnos a un segundo aspecto fundamental en su obra, a saber, los límites impuestos a la expresión en el lenguaje. Como se comprueba fácilmente por cualquier lector atento, el término más usado en el prólogo es “expresión” (Ausdruck). Para un lector de lengua castellana no resulta nada original que Wittgenstein airme que pretende trazar un límite a la expresión del pensamiento. Sin embargo, este motivo es completamente inusual en la tradición germana. Probablemente aquí radique la diferencia más sustancial entre la tradición austríaca y la alemana. Para el alemán, el límite (Grenze) es algo impuesto desde fuera. De facto, la lengua alemana no posee ningún término que caracterice el límite sino que ha tenido que introducir un neologismo eslavo (granica) para limitar los avances, los excesos, la violación, la infracción a los que se veían sometidos estos pueblos por los germanos. Estos límites que imponían los pueblos eslavos a los pueblos germanos permitió la introducción de un término en el léxico de este último cuya connotación diiere de la que se aprecia en límite. Para la lengua latina, el límite es una línea divisoria que distingue entre el espacio legal y aquel que se encuentra al margen de la legalidad, la ciencia, la ilosofía y el Estado. Para comprender cabalmente la extrañeza que genera el proyecto desarrollado en esta obra baste rememorar la propuesta imperante en el ámbito germánico. Para el idealismo alemán, la especulación se lleva a cabo mediante un término contradictorio como es el de superación (Aufhebung). La especulación se asienta sobre la Aufhebung en un sentido negativo en la medida en que suprime algo o se inhibe de ello; y, al mismo tiempo, en un sentido positivo, al guardar, retener y conservar algo para su utilización posterior, expresándose mediante la fórmula “aufgehoben sein”. Como se comprenderá fácilmente, en dicho proceso especulativo se transgrede el límite. No es, pues, extraño indicar al respecto que Hegel equipara en la Enciclopedia la especulación a lo que en el pasado se denominó lo místico1. Lo místico capta lo absoluto transgrediendo los límites del intelecto mediante el razonamiento. Para comprender el cambio de planteamiento que introduce el Tratado, hay que comprender el punto de inlexión propuesto por Wittgenstein, que traslada lo místico del ámbito de la razón al terreno del sentimiento. El sentimiento determina lo místico al considerar el mundo como una totalidad limitada (6.45) que está más allá del programa esbozado en el Tratado ya que no se puede expresar por lo que “se muestra” (6.522). Wittgenstein denuncia el modo como se muestra lo inexpresable y para ello resulta pertinente, pues, que retrocedamos en nuestro proyecto. El procedimiento analítico se encarga de ijar lo expresable —el mundo— en el modo indicativo; por el contrario, lo místico se pronuncia en modo subjuntivo (6.44). La mística tractariana se caracteriza por poseer un rasgo irreal en el que se asientan los deseos o las airmaciones hipotéticas e inciertas. Por el contrario, para la especulación idealista la mística se ubicaba en el ámbito de lo absoluto; sin embargo, para la estipulación analítica supone una mera suspensión de la modalidad declarativa que expresa el indicativo acerca de las cuestiones de hecho (Tatsachen) que establecen elementos de juicio racional. Por esta razón se consideran más bien modos de no-declaración.
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Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Enzyklopädie der philosophischen Wissenschaften im Grundrisse (1830). Dritter Teil: Die Philosophie des Geistes. Mit den mündlichen Zusätzen, Werke. Vol. 10, Frankfurt a. M.: Suhrkamp, 1979, § 577, pp. 394s.
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Dos tradiciones se enfrentan aquí y marcan la diferencia en el mundo germánico: idealismo especulativo, por un lado; análisis estipulativo, por otro. Por ello resulta sumamente importante que Wittgenstein proponga en su libro delimitar claramente entre aquello que se expresa en el lenguaje, por un lado, y el silencio, la inexpresividad, la parquedad del mundo fuera del lenguaje, por otro. Y esto resulta sumamente insólito ya que dicho programa se expresa en alemán, en contra de la tradición alemana que disipa los límites en el proyecto idealista. ¿Qué es lo que está fuera de lo expresable en el lenguaje? Wittgenstein pone numerosos ejemplos en su libro. Quiero resaltar aquí otro paradigma que arroja luz sobre su método. El día 30.7.16 apunta en su diario lo siguiente: “¡Todo esto es realmente, en un sentido determinado, profundamente misterioso! ¡Es claro que no se puede expresar la ética!”. La expresión usada por Wittgenstein no deja lugar a dudas que el campo que comportan todas nuestras acciones y que adscribimos a la ética está al margen del lenguaje. Es decir, para Wittgenstein todo este proceso humano vinculado al comportamiento y que no es expresable en el lenguaje, está al margen del estudio que se lleva a cabo en el Tratado. Esto, sin embargo, no signiica que las acciones humanas relacionadas con la virtud o el deber, la felicidad o la vida realizada estén al margen de su interés. Este juicio sería contraproducente pues a lo largo de su vida realiza multitud de anotaciones al respecto. Lo que está fuera del límite de una investigación lógico-ilosóica son las acciones mudas, es decir, aquellas que nos dejan asombrados, paralizados y que no sabemos expresar. Piénsese que el libro se escribe durante la Primera Guerra Mundial y que el joven Wittgenstein se había alistado como voluntario en la contienda y vive en la retaguardia los horrores de la misma. Esa vivencia vital de que parte de la población sea usada como “carne de cañón” es inexpresable, se encuentra más allá del lenguaje; transciende a él. Por ello recalca en un aforismo muy citado y mal dilucidado lo siguiente 6.421 Es claro que la ética no se puede expresar. La ética es trascendental. (Ética y estética son lo mismo.) Las tres frases tienen una historia particular que el lector puede seguir en nuestra edición crítica. El autor conirma en el primer enunciado la imposibilidad de expresar proposiciones que incumben a los problemas que se circunscriben al campo de la ética. El segundo párrafo es algo más complicado ya que en su diario escribe el 30.7.16: “La ética es transcendente.” ¿Por qué se airma de la ética esta transcendentalidad? La pregunta pertinente sería indagar si sería “transcendente” o “transcendental”. Wittgenstein transita en su etapa juvenil entre ambas. Al menos, según su punto de vista, sobrepasa nuestro lenguaje. Pero algunas pistas nos da, inalmente, una equiparación mal traducida al confundir “uno” (ein) con “lo mismo o igual” (eins), que reconoce que tanto ética como estética son campos que traspasan el orden lingüístico y la expresividad del lenguaje. Las expresiones del campo de la ética y de la estética coinciden en su carácter monopolar. Si a alguien le gusta la pintura romántica y otro preiere las pinceladas de Edvard Munch no se puede discutir ya que De gustibus non est disputandum. Por el contrario, el resto de las airmaciones son bipolares y los hablantes pueden discutir acerca de su verdad o falsedad. Ciertamente, estamos ante una tesis sumamente controvertida y contradictoria con su propia forma de escribir ya que en una entrada indica en su diario: “Por eso es, lo que ocurre, si ocurre con una piedra o con un cuerpo, ni bueno (gut) ni malo (schlecht).” (Diario, 12.10.16) Por lo que presupone, una dicotomía entre bueno (gut) y malo (schle-
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cht) pone en entredicho, al mismo tiempo, que se exprese mediante el lenguaje. El asunto se comprende al indicarnos desde un punto de vista lógico que los enunciados éticos son “monopolares” mientras que los enunciados ilosóicos se caracterizan, por el contrario por su “bipolaridad”. Si la entrada no es falsa entonces sería meramente un sinsentido discutir sobre aquellas proposiciones que consideramos ciertas sin más o las rechazamos sin discusión alguna, por lo que quedaría al margen de la lógica de nuestro lenguaje. Todas estas incongruencias serán superadas con el tiempo por el propio Wittgenstein, por lo que no debemos darle mayor importancia de la que tiene a un trabajo primerizo. Ahora bien, hemos indicado arriba que al considerar la expresión del lenguaje como el centro de su interés, genera un desplazamiento de los problemas ilosóicos. Casi valdría decir que Wittgenstein asume una posición que podría denominarse como “excéntrica” con respecto a la tradición ilosóica. Lo primero que el lector observa es que muchos de los problemas ilosóicos desaparecen en su obra o emergen dispuestos en los lugares más insospechados. Un ejemplo es la discusión ontológica y semántica, por un lado, que se sitúa en el centro de su obra y el desarrollo de un modelo —bastante primitivo, dicho sea de paso— con el que analiza el lenguaje. Otro ejemplo mucho más evidente concierne al solipsismo, ya que el “yo” se ubica en el límite mismo entre la expresión y el mundo. El yo enfático de Kant que aparece en el §16 de la Crítica de la razón pura es relegado a un mero guardián entre el lenguaje —lo que se expresa— y el sinsentido. Resulta sumamente curioso el papel que asume ese yo ensimismado en el límite mismo entre el lenguaje y el silencio. A pesar de ubicarlo en los conines, enfatiza cierta simpatía hacia una visión solipsista algo confusa. Nada más desacertado, fruto de su juventud. Si el centro de su investigación es la expresividad de todo lo que podemos pronunciar en el lenguaje, entonces resulta extraño que el sujeto sea solipsista, ya que ha sido desplazado al límite y lo que caracteriza a esta posición es su énfasis en colocar al sujeto en el centro de atención de toda la relexión. Lo que airma Wittgenstein sobre ese “yo” ubicado en la periferia y salvaguardando el límite entre lo expresable y el sinsentido es muy distinto a lo que él mismo propone. También se comprueba fácilmente que, por caso, el mundo desaparece del horizonte temático ya que aparece enmudecido y, en parte, se le asocia a un “sinsentido”. Habida cuenta de los errores que generan algunas de las propuestas desarrolladas, el libro no pierde su interés. Seguramente, lo más sugestivo del libro sea que propone un método analítico de investigación que es llevado hasta sus últimas consecuencias. Siendo algunos de sus resultados completamente erróneos —como él mismo se encargará de indicar unos años más tarde— o meramente juegos retóricos sonsacados de la literatura austríaca u otras fuentes de difícil acceso, sin embargo, dentro de dicho libro encontramos pruebas y refutaciones que en este prefacio no podemos abordar y que serán tratadas en otro lugar. Todo ello hace que nos encontramos ante un clásico del pensamiento ilosóico.
2 Ontología Es pertinente expresar unas palabras sobre la ontología tractariana. Strictu sensu, podríamos decir que el libro elige, en la gran controversia forjada por Goethe quien anteponía la inmutabilidad idílica a la dinámi-
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ca de los acontecimientos2, esta última. Sin embargo, la mayoría de las traducciones vertidas al castellano han preferido la primera al transcribir el primer aforismo mediante la fórmula “El mundo es todo lo que es el caso”. Pero, ¿qué es el caso? El caso es algo inmóvil, que podríamos interpretar, tergiversar, alterar, pero que parece ser que ha ocurrido en el pasado o está ocurriendo en el presente y como tal se transigura en pretérito en cada instante. El caso narra sucesos acaecidos. Por ello, según esta propuesta, el Tratado centraría su interés en investigar estos relatos, conocer su veracidad, etc. Ciertamente, a Wittgenstein no le interesó ese mundo idílico del pasado sino que el libro propone el estudio de los acontecimientos, todo lo que acaece, y está interesado en conocer cómo se transforma el mundo. Reiteradamente expresa su interés por el presente (Cf.: TLP 6.4311). Despliega, pues, un modelo que explique cómo se puede hacer comprensible dicha dinámica en la que vivimos desarrollando un modelo formal y relexivo. De facto, cuando relexiona sobre el término ‘muerte’ indica que no estamos ante una vivencia y el signiicado de ‘eternidad’ no puede ser otro que el que vive en el presente (6.4311). Este vivir en el presente, esta constante transformación, es lo que acontece en el presente (1.). El sustantivo “der Fall” se entiende en alemán como todo lo que “cae”, “acontece”, “sucede” o “deviene”. Es un término abstracto, elegido por Wittgenstein por su carácter polisémico. La frase expresada libremente signiica que por “mundo” se ha de entender todo lo que sucede, por lo que el mundo es algo más complejo que la mera suma de los objetos inertes en el mundo o la visión subjetiva que nos forjamos de estos objetos, cosas o bienes. Para expresarlo mediante un ejemplo: un cuchillo no está tirado en el mundo —en referencia al “geworfen sein” de Heidegger—, ni tampoco es una simple cosa —como enfatiza Husserl—, ni tampoco un mero utensilio industrial —como postulan las teorías sociales— o un instrumento socio-histórico —recuérdese la postura de la hermenéutica— sino que este objeto —que puede ser bien o cosa, según la utilidad o el valor que le demos— adquiere su sentido dependiendo del uso que se le haya dado al mismo: el procedimiento para ensamblar el cuchillo, que sirve para cortar o para asesinar, es muy distinto al uso que le damos al mismo objeto encontrado en una excavación arqueológica o si lo usamos, por falta de un destornillador, para justar un tornillo, etc. El signiicado de la expresión que hace referencia a una misma cosa (objeto o bien) está determinado por el sentido que le damos a esa cosa inerte. Unas veces expresamos un procedimiento, otras, una utilidad, pero también nos puede servir para probar algo, determinar una cultura o se usa en lugar de otra cosa (objeto o bien). Todo lo que acontece puede ser expresado mediante “Tatsachen” (hechos), “Sachverhalten” (estados de cosas) o “Sachlagen” (asuntos). Ciertamente, esta ontología genera múltiples diicultades. El propio Frege indica en su carta del 16 de septiembre de 1919 lo siguiente: “¿Perteneceré yo a aquellos que podrán entender su libro? Sin su ayuda, difícilmente. Lo que usted escribe sobre estado de cosas, hecho, asunto no se me podría haber ocurrido aunque en un párrafo me acerco a su opinión.”3 Si el propio Frege enfatiza sus diicultades para comprender estos términos de origen germánico, ¿cuántos problemas tendrá un castellanoparlante para acercarse a su signiicado habida cuenta de que estamos ante una tradición que le es completamente impropia y extraña? ¿Qué podrían signiicar estos términos en castellano? En las múltiples versiones, los traductores coinciden en trasladar “Tatsache” por “fact” al inglés, por lo que se traduce me-
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J. W. von Goethe, Die Wahlverwandtschaften, Hamburger Ausgabe, Bd. 6, C. H. Beck, München, 1998, pp. 242–490. Wittgenstein, 1989, 21s.
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diante el término “hecho” al castellano. Sin embargo, strictu sensu, los “Tatsachen” tractarianos no son los “facta”. El mismo L. Wittgenstein lo deine en la carta del 19 de agosto de 1919 a B. Russell del siguiente modo: Tatsache es lo que corresponde al producto lógico de proposiciones elementales cuando dicho producto es verdadero4. Se observa en la deinición que deja sin traducir el término “Tatsache” y que lo deine como un producto lógico de proposiciones elementales cuando dicho producto es verdadero. Por tanto, los hechos, strictu sensu, no pueden ser verdaderos, a lo sumo, ciertos. Por esta razón, la traducción castellana genera tensión al ser trasladada mediante el término “hecho”. Hemos indicado en otro lugar la evolución del signiicado de dicho término que resumimos aquí5. El término original se produce por la traducción al alemán de un libro de teología en el cual se traslada el término inglés “matter of fact” por el de “hatsache”. Este neologismo se compone del sustantivo “hat”, es decir: “acción”, “hecho” o “factum” y el de “Sache” y, por tanto, “bien” o, en términos latinos, lo que se corresponde a “res”. Mediante este neologismo se quería recalcar que “matter of fact” y “hatsache” eran sinónimos del concepto latino “res facti”. En la argumentación, la expresión “facta loquuntur” —es decir, “hablan los hechos”— se usaba para mostrar una distinción entre las meras opiniones, o airmaciones, por ejemplo, sobre un presunto delito, y las pruebas periciales asentadas sobre los hechos. Partiendo de la contraposición entre las cuestiones de hecho —Quaestio facti— y las cuestiones de derecho —Quaesti iuris—, Kant contrapone el ámbito de los hechos (denominado “Tatsachen” (scibile)) al dominio de la opinión (es decir, “Sache der Meinung” (opinabile)) o al de la creencia (por tanto, “Glaubenssache” (mere credibile))6. Kant amplió, pues, la extensión del término “hecho” sin que por ello se contrajera al campo de la experiencia en el mundo material. Cualquier referente del ámbito demostrativo (wissbar) podría asentarse sobre un hecho. El término “Tatsache” nos remite al mundo, por un lado, y por tanto, sin lugar a dudas, tiene un substrato importante que hace referencia a los hechos. Sin embargo, el signiicado de “Tatsache” es más amplio ya que está vinculado a las proposiciones que se expresan acerca de los hechos así como la estructura misma de los hechos. Wittgenstein cobija el signiicado original del término Tatsache entendiéndolo como una cuestión de hecho, es decir, como todo lo que se expresa acerca de un hecho concreto. Nuestro segundo término técnico sigue siendo otro vocablo de origen germánico y vuelve a ser una composición de dos morfemas con categorías léxicas de diverso tipo. Sachverhalt procede de un nombre (Sache) y un verbo transitivo irregular (verhalten), que signiica retener o comportarse. Ciertamente, algunos lectores traducen ist como verbo copulativo en 2.01, por lo que piensan que estamos ente una deinición. Sin embargo, el texto alemán violenta en cierto modo la sintaxis ya que se esperaría, más bien, algo así como: Der Sachverhalt “besteht aus” eine Verbindung von Gegenständen. (Sachen, Dingen.), lo que equivaldría a decir que Sachverhalt consta de —o está constituido por— una combinación de objetos (bienes o cosas). Esta diicultad sintáctica ha hecho cimentar una cierta mala prensa dentro de la tradición anglosajona. Así pues, algunos autores han considerado los Sachverhalte como “entia non grata” y, por tanto, son de la opinión de que han de ser eliminados de la ontología. Otros, por el contrario, opinan que lo único que encontramos no es otra cosa que Sachverhalte y estos, a su vez, contienen objetos y propiedades de estos. La disparidad de opiniones se asienta sobre la diicultad lingüística con la que nos enfrentamos. Algunos autores proponen
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Wittgenstein, 1980, 252. Padilla Gálvez, 1909, 65ss. Kant, 1983 (KU), 597 (B 454 / A 449).
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acercarse a esta diicultad encuadrando un esquema “sustancia-atributo” que permitiría mapear la estructura de la realidad. Desde dicho punto de vista se acentúa la tesis de que solo podemos percibir y comprender un objeto siempre que dispongamos de ciertas características. Desde este punto de vista los Sachverhalte serían superluos ya que la realidad constaría exclusivamente de objetos y propiedades. En contra de dicha lectura, el propio Wittgenstein subraya que la posibilidad de que un enunciado elemental sea verdadero, dependerá de que se constate o no se constate un “estado de cosas”. Por tanto, el valor de verdad de un enunciado está, pues, en relación directa con los estados de cosas. El término Sachlage es difícil de entender en nuestro ámbito conceptual. Odgen tradujo al inglés dicho término mediante la expresión state of afairs7 y así es traducido por E. Tierno Galván8, Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera9. Posteriormente, D. Pears y B. McGinnes lo trasladaron mediante “situación” y L. M. Valdés Villanueva copió el término sin relexionar acerca de este10. El término más cercano en castellano es el de “litispendencia”, si bien describe el signiicado desde una perspectiva inversa. Sachlage hace referencia al estado en el que se encuentra nuestras pesquisas y nuestro conocimiento sobre un asunto. Se puede hablar de una “situación de hecho” por lo que Wittgenstein maniiesta sus dudas que las cosas estén en una relación casual con los conocimientos que se tienen sobre un asunto concreto. En nuestra traducción hemos optado por usar el término ‘asunto’. Todo asunto hace referencia al conocimiento que adquirimos sobre un suceso público en un momento dado.
3 Imagen, modelo, representación isomórfica Las expresiones en nuestro lenguaje tienen signiicado y sentido ya que genera imágenes o representaciones de las cosas. Una “representación” sustituye, imita o releja a otra. Un cuadro puede “representar” un paisaje; un retrato, a la persona retratada; un mapa, las calles de la ciudad; una partitura, la música que con ella interpretamos11. Según Wittgenstein, nos hacemos representaciones de las cosas. En su obra emplea para ello el término “Bild” (y “Abbildung”) y el verbo “abbilden”. Las traducciones más frecuentes para “Bild” son “imagen”, “pintura”, “igura” y “representación”; para “Abbildung”, “ilustración” y “igura”; y para “abbilden”, “pintar”, “igurar”, “modelar”, “reproducir” o “representar”. Estos términos relacionan en exceso el concepto de “Bild” con la representación mediante ciertas imágenes, razón por la que otros autores han preferido traducir dicho término mediante “representación isomórica”. Plasmar una imagen de una situación es lo mismo que describirla o convertirse en un modelo de ella. Un cuadro, un mapa, una maqueta, una partitura o el lenguaje escrito comparten ciertas semejanzas en varios aspectos: primero, son representaciones por cuanto generamos ciertos trazos para representar algo distinto
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Wittgenstein, 1922, 2.0121. Wittgenstein, 1957, 2.0121. Wittgenstein, 1987, 2.0121. Wittgenstein, 2002, 110. Supervísese la correspondencia mantenida entre Wittgenstein y Koder sobre temas musicales. Koder, 2014.
Introducción
a ellas mismas que están en lugar de otras cosas. Ahora bien, no debemos olvidar que a su vez son representaciones isomóricas —representaciones que tienen la misma forma que lo representado—, y, como tales, tienen las siguientes características: son compuestas, ya que constan de elementos; a cada elemento representado corresponde un elemento en la representación; y a las relaciones que hay entre los elementos del hecho corresponden relaciones entre los elementos de la representación. El término Bild es propenso a generar confusión cuando se traduce al castellano. Por un lado, ha sido trasladado como “igura” o “retrato”. En alemán Bild signiica una representación sobre una supericie, por ejemplo, mediante un dibujo o una fotografía. Sin embargo, el término tiene una historia, por lo que es considerado también en su acepción psicológica como una representación o impresión. Por ello, puede ser usado en diferentes contextos. Todas estas alternativas son plausibles si se tiene en consideración su signiicado literal. Ahora bien, Wittgenstein usa el término en un contexto especíico, por lo que su traducción a nuestro idioma tiene que recoger los usos aines a su propuesta. El uso que hace se asemeja, más bien, al término ‘modelo’. Un modelo es una representación a escala reducida de un objeto. Por esta razón, cuando se reiere a Bild tiene in mente algo así como una maqueta. Los objetos que aparecen en la maqueta, o en una imagen, corresponden de manera unívoca con los elementos de la imagen real. Los ediicios en la maqueta se corresponden con los ediicios de una ciudad determinada. Los coches se asemejan a los coches que circulan por la calle cuando ocurre un evento. El movimiento de los automóviles en miniatura corresponde con el movimiento de los coches reales. El evento que se reconstruye en la maqueta corresponde al evento real que ocurrió en un momento dado en un lugar especíico. La descripción del procedimiento descrito se remonta al informe que leyó Wittgenstein acerca del papel que jugó una maqueta para aclarar un accidente de tráico acaecido en las calles de París. Por vez primera se introduce el término Bild y con él se indica que requerimos de un modelo para reconstruir los acontecimientos que transcurren en una calle de Paris. El croquis descrito en el procedimiento judicial tuvo una repercusión enorme en su trayectoria y escribió con fecha 29 de septiembre de 1914 en su libro de anotaciones: “En la proposición se ensambla tentativamente un mundo. (Como si se mostrase en la sala de vistas de París un accidente automovilístico mediante muñecos)”12. Wittgenstein distingue en toda representación isomórica dos aspectos: primero, detalla la forma de representación (“die Form der Abbildung”); y, segundo, reseña la relación igurativa (“die abbildende Beziehung”). La primera forma de representación hace referencia al modo peculiar que tiene una imagen de representar la realidad. Un cuadro representa la realidad de un modo distinto a una escultura, una maqueta o una proposición. Y en función de la forma de representación la imagen expresará distintos aspectos de la realidad. Las pinturas conseguirán reproducir los colores, los tonos, los matices de la realidad; las maquetas serán capaces de reproducir las dimensiones espaciales (tamaños, formas, ancho, largo, profundidad...) del objeto13. La forma de representación expresa también la posibilidad de que exista lo representado. Por lo
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Véase: Ludwig Wittgenstein, Notebooks 1914–1916, eds. Georg Henrik von Wright y Elizabeth Anscombe, Oxford, 1979, p. 7. Cf.: Notizbuch con fecha 29.9.1914. Así pues, airma que la imagen puede representar toda realidad de la que tenga la forma. Una igura espacial, todo lo espacial, una coloreada, todo lo coloreado, etc.: “Das Bild kann jede Wirklichkeit abbilden, deren Form er hat. Das räumliche Bild alles Räumliche, das farbige alles Farbige, etc.” (TLP, 2.171).
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tanto, una igura material expresa la posibilidad de que exista algo material; una imagen coloreada, la de que exista algo coloreado, en dos dimensiones, etc. También se reiere a la relación igurativa (“die abbildende Beziehung”). Las representaciones isomóricas (un cuadro, una proposición) están vinculadas con la realidad a la que sustituyen. La relación es una consecuencia de la proyección. La proyección se lleva a cabo cuando una imagen o forma se reiere a una realidad concreta. Así pues, cuando relacionamos una igura con una cosa, proyectamos dicha igura en la realidad.
4 Refutaciones y pruebas Wittgenstein es consciente de que para dar cuenta debidamente de los argumentos ilosóicos habría que considerar y analizar los elementos formales en los que se asientan las argumentaciones. A partir de este presupuesto se estaría en condiciones de afrontar tres cuestiones que presupone este enfoque: cómo analizar una argumentación, cómo evaluarla y cómo argumentar en ilosofía. Las dos primeras preguntas vienen resueltas en parte en el Tratado; la última, será objeto de análisis en el Escrito a máquina14. Los dos primeros ejercicios son ex post y presuponen una argumentación dada, por lo que Wittgenstein toma como modelos reiteradamente las propuestas de Frege y Russell. La tercera tendría que considerarse ex ante pero en esta obra aparece como un bosquejo entre sus refutaciones. Como bien indica en una nota escrita por el propio Wittgenstein acerca de la identidad, en la lógica, en general, “se hace trampa”15 ya que, a menudo, se critican ciertas propuestas sin que por ello se plantee alternativa alguna. Todo ello no da menor valor a las notas presentadas en esta obra. Por ello voy a poner un ejemplo muy somero al abordar las variables en la obra de Russell y las réplicas que desarrolla Wittgenstein al respecto. Encierro todo en una tabla con el in de que posteriormente sea desarrollada en otro lugar con más detenimiento. Russell propone dar una solución a las descripciones deinidas ya que contienen información relevante. Así pues, si queremos saber quién fue “Scott”, podríamos recibir como respuesta que “fue el autor de Waverley”. Por tanto, el signiicado de “Scott” bien pudiera ser “el autor de Waverly” siempre y cuando haya un tal Scott tal que Scott sea el autor de Waverly, y ningún otro individuo excepto Scott sea el autor de Waverly. Russell señalaba que cada descripción deinida contiene una airmación de existencia y una airmación de univocidad, pero que podrían ser tratadas en forma separada del predicado. La descripción deinida presupone tres cosas acerca del objeto: dos mediante la descripción deinida: existencia y univocidad, y la proposición: su verdad. Wittgenstein critica formalmente esos presupuestos e indica:
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Wittgenstein, BT, 2014. Anotación fechada en 11.11.14 [1]. Véase la nota a 5.5352.
Introducción
Propuesta de Russell
Crítica de Wittgenstein
(1) Scott fue el autor de Waverley. En Russell (1905,479–493) (“Scott” se abrevia mediante “a” y “el autor de Waverley” como una descripción deinida “el Wx”) es decir: (∃x)[Wx&(y)(Wy⊃y=x)&a=x] (Los valores de las variables se usan aquí de manera abierta)
Wittgenstein propone leer la propuesta de Russell así: (W1) (∃x)(Wx&a=x)& ~(∃x)(∃y)(Wx&Wy) (Los valores de las variables se usan para excluirse mutuamente). Se puede simpliicar mediante: Wa&~(∃x)(∃y)(Wx&Wy)
Respuesta de Russell: Se elucida la denotación de la siguiente manera. Toda proposición en la que se airma “el autor de Waverley” expresa que la proposición “Scott fue el autor de Waverley” (es decir, “Scott era idéntico con el autor de Waverley”) se convierte en “una, y sólo una, entidad que escribió Waverley, y Scott era idéntica a esa entidad”. Volviendo a la forma abierta: “No siempre es falsa la proposición de que x escribió Waverley, si escribió Waverley y es idéntico a x, entonces “Scott” es idéntico a x.
Respuesta de Wittgenstein: Es plausible que la identidad no sea ninguna relación entre objetos. Esto se aclara si se considera, por ejemplo, la proposición “(x):fx.⊃.x=a”. Lo que dice esta proposición es simplemente que sólo a satisface la función f y no que sólo aquellas cosas que tienen cierta relación con a satisfacen la función f. (TLP 5.5301 (1))
Como hemos indicado en la ontología de Wittgenstein cuando se introducen dos signos diferentes, entonces hay objetos diferentes. Así pues, cuando Russell dice: fab&a≠b Wittgenstein simpliica y dice: fab Los signos “&” y “a≠b” son superluos ya que “a” está para un objeto y “b”, para otro. El Tractatus lo expresa así: (x)(y)(fxy) Desde el punto de vista de Wittgenstein, su escritura es más general que la propuesta por Russell. Si se quiere hacer un caso especial, debe valer: (x)(y)(fxy)y(x)(FXX) Se puede crear una instancia de esta frase como faa o fbb etc., y no sólo como fab o FBA etc. La notación de Russell sería, pues: “(∃x,y).f(x,y)”
Para Wittgenstein se representa: “(∃x,y).f(x,y).∨.(∃x).f(x,x)” TLP 5.532
El primer elemento a tener en cuenta es que Wittgenstein identiica la cuestión que caracteriza la controversia. Las propuestas de Frege y Whitehead y Russell generan el problema de los espejos superpuestos y truncados16, esto es, los problemas ilosóicos se pierden en el formalismo y hasta se disipan. En la obra existe un interés especial por deshacer este tipo de cuestión y enfatizar en la concreción de la misma. Así
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Véase la anotación escrita el 6 de marzo de 1915 y que tendrá consecuencias en la formulación de la proposición 5.511.
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pues, en el caso de la identidad —expresada en nuestro lenguaje mediante el verbo copulativo— el problema es que hay que saber que, por un lado, “a=b” no es ninguna proposición; por otro, que “x=y” tampoco es una función, por lo que la propuesta russelliana al formalizar “Clase xˆ ( x = x)” raya en el absurdo. Por ello, se reiere Wittgenstein a esta como clase-cero. Así, apoyándose en cierto parentesco formal en el que se disipan las diferencias lingüísticas, las teorías formales están dispuestas a desarrollar ciertas coartadas y a ingir una solución donde no la hay. En este caso, el Tratado reitera que se deben separar entre sí ambas identidades para no caer en nuevos desajustes formales. Las réplicas desarrolladas en este libro aportan alguna luz sobre las diicultades que generan propuestas tan potentes como las diseñadas por Frege y Russell y que se pueden sintetizar del siguiente modo. El primer problema que se discute es acerca de la interpretación de las reglas básicas y se discrepa cómo han de ser entendidas y usadas estas. El segundo problema gira alrededor de la relevancia de las distinciones realizadas con el in de dar respuesta a los problemas. Wittgenstein es consciente de que su obra puede poner cierto énfasis en las cuestiones formales —como ocurre en la lógica del momento— y olvidar por completo, o dar por supuestos, los problemas sustantivos. Para superar dicho escollo hemos visto que comienza discutiendo la ontología, que se olvida intencionadamente en lógica, pues resulta muy arduo estar dirimiendo a qué nos referimos en cada paso formal. Sin embargo, nos recuerda que este es el procedimiento que se ha de seguir constantemente. Otro asunto ligado a este libro es la de presentar ciertas conjeturas a los procedimientos usados como prueba por las propuestas arriba enumerados. Este apartado concierne, sobre todo, la iabilidad de los diversos medios de prueba esbozados en los sistemas formales y matemáticos ofertados a principios de siglo. Se trata, más bien, de saber si el razonamiento probatorio se ha de concebir como una inducción. En este caso, Wittgenstein es demasiado parco al indicar que la inducción está al margen de la lógica ya que ha de ser considerada como una proposición con sentido al margen de las leyes a priori17. Indica, además, que este procedimiento se centra en probar hechos mediante una generalización asentada en la experiencia, por lo que considera que asume la ley más simple con el in de que coincida con la experiencia. Este hecho le induce a pensar que el fundamento de su procedimiento inductivo se ha de asentar, más bien, sobre la psicología y descarta que lo haga sobre la lógica18. Hay un tema que está soslayado en la bibliografía secundaria pero que debería ser abordado con más detenimiento, a saber, las cuestiones vinculadas a la caliicación. Esto lo comprobamos fácilmente en las notas escritas en sus diarios el día 29 de septiembre de 1914 y que son de gran importancia al redactar la proposición TLP 4.31. En dichas anotaciones asevera que en una proposición se construye un mundo a título de prueba y nos recuerda que en la sala de vistas en un juzgado de París se interpretó un accidente de tráico mediante muñecos, etc. Posteriormente, apuntará en su diario el 4 de noviembre de 1914 que un nombre puede representar una cosa; otro, otra cosa; y entre sí, están vinculados ya que todos representan la totalidad del estado de cosas. Esta anotación será el fundamento para la proposición 4.0311 del Tractatus. De ella se desprende que el móvil de la argumentación se asentaba tanto en el problema de la prueba de un incidente concreto —por ejemplo, si un ciudadano atropelló a otro en un accidente determinado—,
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Cf.: TLP 6.31. Cf.: TLP 6.363-6.3631.
Introducción
como en el problema de caliicación —es decir, si estábamos ante una imprudencia grave, temeraria, etc.— que se resuelve mediante las descripciones aportadas por el testimonio de cada uno de los testigos. En los problemas de caliicación se argumenta a partir de las deiniciones aportadas al inicio, sobre todo, en el caso indicado sobre la base de lo que Wittgenstein considera que es un “estado de cosas”. Sin embargo, en la interpretación, los argumentos se dirigen a la deinición misma, por lo que aparecen en la conclusión. En la interpretación el Tratado enfatiza en el estudio de ciertas imprecisiones estrechamente vinculadas a la ambigüedad o la vaguedad, así como las lagunas o las contradicciones mismas que pueden aparecer en la descripción de los hechos ocurridos. Wittgenstein no pierde de vista un asunto que aparece por primera vez en su obra temprana (3.3263.327) y que tendrá importancia en su obra tardía, y que está estrechamente vinculado al problema de la relevancia. De su trabajo se desprende la coexistencia de diversas propuestas formales, lo que genera cuestiones de uso o aplicación. Resalta, pues, que algunas alternativas hagan un uso pendular (4.123) o que Whitehed y Russell no admitiesen la posibilidad de una determinada progresión pero hiciesen uso de la misma (5.252). Como podemos comprobar, dicho sea de paso, mediante esta última anotación, también menciona el comportamiento discrecional de los lógicos. De todos modos, resulta sumamente interesante que el problema de la relevancia sea mencionado tan tempranamente.
5 El error de Wittgenstein En esta obra encontramos algunas incongruencias características de una obra primeriza19. Sin lugar a dudas, la más llamativa tiene que ver con la diferencia entre lo que postula Wittgenstein y el modo como se expresa. Así pues, en su proyecto intenta superar la polisemia o la sinonimia inmersas en nuestro lenguaje. Para ello presenta como ejemplo el término ‘ser’, que es usado en el lenguaje ordinario como cópula, como signo de identidad y como expresión de existencia (3.323). Para acentuar los problemas que provoca un uso incontrolado de la polisemia indica que en las proposiciones como “Blanco es blanco”, el primer término se usa como nombre y el último como adjetivo. Desde un punto de vista semántico, el término “blanco” posee diferentes signiicados; y desde un punto gramatical, tienen posiciones disímiles; y, desde un punto de vista lógico se representan mediante diferentes símbolos. Seguidamente concluye que este tipo de usos producen fácilmente múltiples confusiones que han generado diversos problemas ilosóicos en la historia del pensamiento (3.324). Por esta razón, propone el desarrollo de un lenguaje simbólico que obvie estos equívocos, designando semejante signo mediante símbolos distintos y limitando así el mismo uso de signos que designan de manera diferente. Así pues, deberíamos distinguir en el uso de la cópula como identidad —en el caso de “a=b”—, pertenencia —en enunciados como “el gato es un animal”—, de la existencia, etc.
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En otro lugar he reconstruido la crítica del propio Wittgenstein a su proyecto desarrollado en el Tractatus. Véase: Jesús Padilla Gálvez, Introducción. En: Ludwig Wittgenstein, Escrito a máquina (he Big Typescript) (TS 213). Traducción, introducción y notas críticas de Jesús Padilla Gálvez, Madrid, Trotta, 2014, pp. 9-28.
Jesús Padilla Gálvez
Wittgenstein es radical al airmar que dichas expresiones no son ni proposiciones elementales, ni se puede considerar que expresen ciertos signos a los que les atribuyamos cierto sentido (Véase 4.244). Habida cuenta de que enseña que los nombres no pueden expresar un sentido (3.142) ya que se asemejan a los puntos (3.144), el nombre, pues, signiica el objeto (3.203) y lo remplaza en la proposición. Con todo ello se propone someter la abstracción hipostática en el uso que hacemos de nuestro lenguaje cotidianamente. Por eso restringe la operación que transforma un predicado en una relación. Por ejemplo, diiculta la transformación de la proposición “Inés es amable” por la transcripción de “Inés es la amabilidad en persona”. La hipóstasis cambia la proposición con la forma “X es Y” en otra distinta con la forma “X tiene la propiedad de ser Y” o “X tiene Y-idad”. Dicho esto, resulta sumamente extraño encontrar al inicio y al inal de la obra frases hipostáticas como por ejemplo: “Die Welt ist alles, was der Fall ist.” (1) que generan muchos quebraderos de cabeza traducirlos de acuerdo a lo que Wittgenstein propone en su obra. De facto, la copula “ist” (es) usada en esta proposición peca de los males indicados arriba, reiterándose por dos veces para más indiscreción. Pero no solo el uso indiscriminado de la copula genera problemas interpretativos, sino que, además, Wittgenstein transforma el verbo “fallen” (caer) mediante la inversión hipostática de la frase en un sustantivo abstracto “der Fall”, lo que ha generado las traducciones más variopintas asentadas sobre procedimientos polisémicos. Frege, tal vez el crítico más suspicaz de su obra, se lo advierte indicándole en su correspondencia que tanto “der Fall sein” como “Tatsache” han de ser considerados como una duplicación, lo que equivale a decir que signiican lo mismo20. Después de argüir la correlación que existe en alemán entre ambas expresiones, cuestiona la legitimidad de dicha duplicación, a la que considera innecesaria ya que duplica el signiicado mediante la introducción de dos expresiones distintas. Ciertamente, Wittgenstein es víctima de su propio lenguaje: por un lado, critica pertinentemente los errores que comete el lenguaje ordinario en el que se ha educado, pero, por otro lado, vive enclaustrado en dicho lenguaje, por lo que se ve abocado a usarlo y cometer los mismos errores que denuncia. Saco a colación este error pues muchos de los lectores de Tractatus no pasan de las primeras proposiciones, por lo que desconocen la crítica inmersa en su obra. Consecuentemente, muchos de ellos creen que esta obra escrita aplicando ciertas abstracciones hipostáticas apela a trasformar predicados o adjetivos en sujetos abstractos. Así pues, cuantiosos trabajos escritos sobre esta obra escriben sobre “la verdad”21, “el yo”, “la genialidad”, “la ética”, “la vida feliz”, “la cultura” y cuantos sustantivos abstractos se hipostasien, confundiendo así la propuesta tractariana con una obra platónica. Solo se requiere ojear la hemeroteca de obras escritas sobre este libro para observar la cantidad de errores que ha producido mediante el descuido que el propio Wittgenstein promocionó. La lista de estos errores se podría extender, por lo que dejo al lector sagaz que distinga el grano de la paja y no se deje embaucar por las frases altisonantes que aparecen a lo largo de su obra y se concentre en las pruebas y conjeturas que desarrolló de por vida.
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Carta de Frege a Wittgenstein 28.VI.19. Dicho sea de paso, Wittgenstein usa “verdadero” o “falso” en su obra como variables veritativas, excepto en el Prefacio donde se reiere a “la verdad” y expresa un juicio dogmático y algo grandilocuente al sostener que “…la verdad de los pensamientos manifestados aquí me parece intocable y deinitiva.” (Prefacio) Se puede airmar que el propio Wittgenstein participa de esta confusión imperante y la promueve.
Introducción
Antes de inalizar, deseo decir unas breves palabras sobre el desmantelamiento de las icciones generadas alrededor de esta obra y su autor que no se sostienen ante la objetividad de la propia obra. El Tratado puede leerse como un palimpsesto ya que el texto cubre, como mínimo, dos textos: las obras de Frege y las propuestas de Russell. El libro se edita sin referencias aparentes que intentamos subsanar mediante notas al pie de página. Ese modo de editar los libros presupone erróneamente que el libro no posee una historia veraz sino que podría ser considerado como una suma de falsiicaciones: se describiría el supuesto mundo solipsista del autor que surge de la nada. Nada más absurdo que esto. Ese mundo que desea describir con sus propias palabras como “…el mundo como yo lo encontré” (5.631) no es otra cosa que un constructo retórico. Wittgenstein describe un mundo que aparece en negativo rechazando lo evidente. Por tanto, oculta sus deiciencias construyéndose un mito megalómano que suplanta la realidad: un lenguaje soberbio y, a veces, grosero rayando en el insulto22. Sin embargo, no creo que se le deba dar importancia que otros autores si les dan a estas misivas privadas, y nos debemos concentrar en la relevancia de la obra a partir de las propuestas de Frege y Russell. Lo más importante es las soluciones que aporta a las diicultades descubiertas en ambas propuestas. También es un libro que propone novedades en los campos de la ontología, de la teoría de modelos, en la lógica formal, sus recursos cuantiicacionales, etc. Ese debe ser el interés del libro; el resto son anécdotas. Uno de los errores más relevantes, corregidos posteriormente por el propio Wittgenstein, tiene que ver con su planteamiento embrionario del lenguaje. En su obra temprana el lenguaje se expresa mediante la forma [p, ξ, N(ξ)] (TLP 6). De acuerdo con dicho planteamiento, toda proposición es el resultado de sucesivas aplicaciones a proposiciones elementales de la operación N(ξ ), es decir, la operación de la negación conjunta sobre un conjunto de proposiciones elementales. Según esto, un lenguaje consiste en la totalidad de las proposiciones (TLP 4.001). Sin embargo, strictu sensu, este planteamiento se asienta sobre un error, como él mismo se encargará de acentuar, ya que el lenguaje ha de considerarse como una serie abierta de juegos de lenguaje integrados en las acciones y las formas de vida de sus hablantes. Aprender una lengua supone ejercitarse en cómo se hacen las cosas con las palabras que usamos. De esta manera, el aprendizaje está estrechamente enlazado a la acción, por lo que exige que respondamos a las circunstancias concretas y nos comuniquemos con los demás hablantes. Por tanto, el lenguaje no se restringe meramente, como postula el Tratado, a un modo especíico de calcular el signiicado de las proposiciones y determinar las condiciones de verdad de los enunciados mediante la elucidación del signiicado de sus componentes y su combinatoria. También se equivoca, por caso, cuando determina la esencia de toda proposición mediante la descripción. Así pues, cuando indica que cualquier sentido posible se puede expresar mediante un símbolo que satisfaga la descripción y que todo símbolo que satisfaga la descripción se puede expresar en un sentido determinado si los signiicados de los nombres son elegidos adecuadamente, está proponiendo un planteamiento demasiado estricto que el lenguaje se encarga de invalidar. Enfatizar, pues, que se demuestra que hay una forma proposicional general porque no puede haber ninguna proposición cuya forma no se pueda prever (es decir, construir) (TLP 4.5) simplemente deja de lado frases como “¡escucha!”, “¿qué hora es?”, etc. que no se utilizan para describir cómo son las cosas. Por tanto, el Tratado deja sin analizar muchos tipos lógicamente diferentes de signiicado que usa nuestro lenguaje y que comportan conocimiento.
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Cf.: Cartas de Wittgenstein a Russel o a Koder.