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NUEVAS MANERAS DE ENTENDER LA AUDICIÓN MUSICAL EN EDUCACIÓN PRIMARIA. Material docente para la formación de maestros y maestras

Ana María Botella Nicolás

apuntes


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NUEVAS MANERAS DE ENTENDER LA AUDICIÓN MUSICAL EN EDUCACIÓN PRIMARIA. Material docente para la formación de maestros y maestras

Ana María Botella Nicolás Profesora Titular de la Universitat de València Departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal Facultat de Magisteri

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La física ha seguido estudiando la naturaleza de las descripciones físicas de los sonidos, y la psicología su percepción. La primera puede medir la acústica y la presión de las ondas. La segunda da cuenta de la experiencia de quien escucha. Por tanto, ninguna disciplina puede dar con la esencia de la percepción auditiva: en el oír están presentes los patrones de presión sonora, pero lo que realmente influye en la escucha es la historia cultural y la experiencia vivida. Pauline Oliveros, Deep Listening

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ÍNDICE

I.

Introducción / 9

II.

Música y Educación /13 1. La música como forma de comunicación / 16 2. La música como expresión emocional y artística /18 3. La música como goce estético y entretenimiento / 20 4. Perspectiva histórica de la educación musical / 22

III. La didáctica de la expresión musical como campo de estudio y de investigación. Una mirada desde la educación primaria / 31 IV. La audición musical: principios teóricos y metodológicos /37 1. Consideraciones generales /29 1.1. Definición /39 1.2. El sonido y sus cualidades /46 1.3. La percepción de los elementos de la música /50 2. Desarrollo de la comprensión auditiva /52 2.1. El proceso de audición /53 2.2. Análisis del proceso auditivo: los tres planos de audición /54 3. Didáctica de la audición musical /56 3.1. Principios metodológicos /57 3.2. Técnicas de audición musical / 61 3.3. Selección del repertorio /62 3.4. La audición musical en las corrientes pedagógico–musicales /65

Índice 7 NUEVAS MANERAS DE ENTENDER LA AUDICIÓN MUSICAL EN EDUCACIÓN PRIMARIA


4. La audición musical en el ámbito de la investigación /71 4.1. Ámbito internacional /71 4.2. Ámbito nacional /79 V.

Hablando de audición musical en el aula de Primaria /85 1. La asignatura de Audición Musical. /88 1.1. Objetivos y volumen de trabajo /88 1.2. Metodología y actividades de aprendizaje /90 1.3. Evaluación /92 1.4. Competencias /95 2. Distribución de los contenidos por unidades de trabajo y temporalización cronológica del temario /98 3. Desarrollo de la asignatura /100 4. Bibliografía recomendada /136

Índice

VI. Referencias /141

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I. INTRODUCCIÓN

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ANA MARÍA BOTELLA NICOLÁS Teatro Campamor. Oviedo (Asturias)


Decía William Feather (1889-1981), autor y editor teatral estadounidense, que la experiencia y el entusiasmo son dos magníficos atributos que rara vez se encuentran. Creo que esta afortunada coincidencia la vivo desde el primer momento que comienzo en este mundo de la enseñanza de la música: Experiencia en la docencia y entusiasmo en todo lo que hago. Considero la función docente como una profesión apasionante. Una tarea bella y enriquecedora. Caminar junto a un grupo de personas y compartir con ellos1 conocimientos ya no solo musicales, es una sensación que me llena y me agrada por encima de cualquier otra cosa. Y el disfrutar haciéndolo es una suerte para el docente y a la inversa. Si alguien se siente identificado con esta afirmación huelga explicar el cúmulo de factores positivos que la profesión docente encierra: no solo te regala la oportunidad de compartir conocimientos, sino que el profesor es de algún modo una guía en el aprendizaje y, en cierta manera, el responsable de formar alumnado con capacidad crítica que le prepare para su vida profesional y, por qué no, personal. Las páginas que a continuación se describen son el resultado de un trabajo en el se ha invertido una gran dosis de reflexión y profunda meditación, en un esfuerzo por sintetizar e integrar un sistema personal de actitudes, creencias y valores junto con la tan importante y necesaria experiencia docente. En definitiva, un proceso evolutivo ya que una buena planificación didáctica es uno de los elementos fundamentales de la docencia por la inminente repercusión que tiene sobre los resultados en el aprendizaje de los alumnos. Este libro es una propuesta abierta y real, a la vez que flexible y coherente en todos los ámbitos de su contenido, centrados en el acto de la escucha musical y en la audición en educación primaria.

I. INTRODUCCIÓN

En sus primeros capítulos se reflexiona sobre el acto docente y los agentes implicados. Se habla de música y educación como fundamentación epistemológica y disciplinar para contextualizar la asignatura de Audición musical, protagonista de estas páginas. Se describe la música como forma de expresión y de comunicación, de goce estético y de entreteniendo y se realiza un recorrido por las instituciones de educación musical en la ciudad de Valencia. Mención especial merece el tercer capítulo en el que se habla de los orígenes, la constitución y la consolidación de una disciplina académica como es la didáctica de la de la expresión musical–, como campo de estudio y de investigación. 1 El uso del masculino debe entenderse como genérico sin distinción alguna. Es por ello que no se realiza desdoblamiento de género a lo largo del documento desde un punto de vista lingüístico.

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En el capítulo cuarto, que constituye el grueso del libro a nivel teórico, se desarrolla la epistemología de la materia en sí como complemento a la contextualización realizada en apartados anteriores y se dedica un apartado a la audición musical en el ámbito de la investigación. Finalmente, la propuesta docente se realiza en el capítulo sexto donde se aportan recursos didácticos para los futuros maestros de educación primaria, así como propuestas para desarrollar fácilmente en el aula.

I. INTRODUCCIÓN

Espero y deseo que este trabajo constituya una transición a una mayor competencia profesional y a un mayor conocimiento de la realidad educativa musical y universitaria, así como que contribuya a la mejora de la calidad docente a través de la formación de los futuros maestros y profesionales en el campo de la música y, en concreto, del maravilloso mundo de la audición musical. Pues como afirma Marco (2017, p. 1) en la introducción de su libro Escucha la música de los siglos XX y XXI “no se trata de enseñar a entender la música, sino de escucharla, apreciarla, sentirla y hacer que levante nuestras emociones”.

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II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

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Palau de Les Arts. València

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Etimológicamente, el término música proviene del griego ȝȠȣıȚțȒ >IJȑȤȞȘ@ ± PRXVLNƝ >WpFKQƝ@, el arte de las musas (Bernal y Calvo, 2000; Flores, 2010) y es, según su definición tradicional, el arte de organizar de manera sensible y lógica una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios esenciales de la armonía, la melodía y el ritmo, a través de complejos procesos psico–anímicos (Ludueña, s.f.; Orta, 1993; Sánchez, 2015). Su carácter universal y su naturaleza intrínseca le permiten ser uno de los pocos medios de comunicación inteligibles en todo el mundo (de Moya, Hernández, Hernández, Cachinero y Bravo, 2010). Culturas muy antiguas como la egipcia o la griega concedieron un lugar importante a la música en la sociedad como arte, como valor estético y recreativo. El aprendizaje musical formaba parte de la educación griega junto a otras artes como el teatro, la poesía y la danza. Se formaban coros, se tocaba la lira y el aulos2 y las representaciones tenían gran acogida del pueblo. La música era la más importante entre todas las artes y el arte es parte de la naturaleza humana. Actualmente la música y el sonido elaborado forman también parte de la vida de los seres humanos. La música es uno de los ingredientes básicos del individuo (Alsina, 2004). Es al mismo tiempo un arte y una ciencia, por lo que debe ser comprendida intelectualmente (Károlyi, 1999) y, por tanto, no existen límites a su perfeccionamiento ni a su comprensión. La música nos acompaña en el día a día de nuestra vida cotidiana y es una fuerza subyugante con melodías, cantos y bailes para precisar los perfiles y caracteres de un pueblo. Efectivamente, cada cultura y cada época tienen actividades musicales para sus diferentes acontecimientos.

II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

En el año 1999, los investigadores Hargreaves y North, recogieron las propuestas planteadas por el antropólogo Alan Merriam en el año 1964, sobre hasta diez funciones3 diferentes que tenía la música de todas las épocas y lugares, como eran: expresión emocional, goce estético, entretenimiento, comunicación, representación simbólica, respuesta física, refuerzo de normas sociales, validación de instituciones sociales, estabilidad de la cultura y como herramienta de identidad compartida (Calderón, 2014; Longueira, 2013). Estos autores redujeron las funciones de Merriam a tres áreas, que denominaron respectivamente: cognitiva, emocional y social (Flores, 2010). En este capítulo trataremos de explicar la relación entre música y educación destacando su valor educativo y social, –englobando muchas de las funciones anteriormente indicadas–, así como realizaremos un breve recorrido histórico sobe la Educación Musical. 2 También aulós. 3 Este concepto de función en las ciencias sociales comienza a utilizarse en la década de los años cincuenta del siglo pasado desde la antropología (Flores, 2007).

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1. LA MÚSICA COMO FORMA DE COMUNICACIÓN La música es tan antigua como el hombre y su existencia y como hemos visto ha cumplido diversas funciones desde que el ser humano existe (Riaño, 2015). Aparece aún antes que el lenguaje o la pintura, ya que está ligada a la necesidad de comunicación con los demás (Calderón, 2014; Vargas, 2009). Uno de sus propósitos es comunicar y transmitir emociones o estados de ánimo por medio de los sonidos. Swanwick (2000) advierte que hay que distinguir entre lo que una persona cree sentir con la música y su percepción del carácter de la música en sí.

II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

La educación musical es un lenguaje de expresión y comunicación (de Moya, 2006; Subirats, 2011) y un arte que se dirige al ser humano en todas sus dimensiones con el fin de lograr una educación holística e integral (Argueda, 2003; Gutiérrez, 2013). Facilita la socialización de los individuos a través de una comunicación no verbal y es un lenguaje expresivo que no encuentra parangón en otro sistema simbólico (Vilar y Monmany, 2004). Es de carácter universal y se basa en códigos culturalmente establecidos en cada sociedad (Sanuy, 2000; Gómez, 2015). Siguiendo a Longueira (2013), la música “sirve a cada educando para usar y construir experiencia valiosa para su propia vida y formación integral, desde la experiencia artística musical” (p. 236). Han sido muchas las perspectivas que han planteado la universalidad del fenómeno musical (Flores, 2010), unas de orientación etnomusicológica y antropológica (Blacking, 2006; Lomax, 1968; Merriam,1964; Nettl, 1956), otras psicológica (Gardner, 1998) o incluso biológica (Hodges, 2006). Pero esta universalidad no implica tener una visión homogénea de la música. En todos los continentes aparece la expresión musical como forma de comunicación de sentimientos: hay música para espantar los malos espíritus, música en las celebraciones religiosas, en los trabajos, en los festejos, en la guerra, en los momentos de dolor y en los momentos de soledad y de relajación (Calderón, 2014; Vargas, 2009). Es un hecho que los sentimientos más intensos se expresan por medio de la música e incluso fisiológicamente “la estimulación es mayor que en otras artes” (Ayala y del Castillo, 2008, p. 127). La música es un lenguaje universal y muy expresivo. Como medio de expresión y comunicación (Alcázar, 2014) interviene el tiempo, los sonidos y el movimiento (Conejero, 2012). Tiene prosodia, sintaxis y morfología. Pocos lenguajes hay que reúnan estas características, y como todos los no verbales, trasciende aquello que se puede expresar con palabras (Sanjosé, 1997). La necesidad humana de comunicación no puede agotarse

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en el lenguaje verbal, y, por esta razón, todas las sociedades han creado otros lenguajes (Tafuri, 2006). Hay una relación muy estrecha entre el lenguaje hablado y el desarrollo musical (Child, 2005), pero por muy cercana que parezca, la música es siempre un arte (Maneveau, 1993; Reynoso, 2010); es semejante al lenguaje, pero no es lenguaje. Quien toma la música literalmente como lenguaje se confunde (Adorno, 2000). El sistema tonal utilizado por la música, se articula según su propia gramática y sintaxis (Baroni, Dalmonte y Jacobini, 1999, citados en Tafuri, 2006; Francés, 1972). Estos dos elementos permiten a los compositores comunicar emociones y a los oyentes entenderlos (Imberty, 1986; Meyer, 2001). Sin embargo, muchas investigaciones han demostrado que podemos calificar a la música de lenguaje y que existen paralelismos y contrastes entre estos dos conceptos (Gómez– Ariza, Bajo, Puerta–Melguizo y Macizo, 2000a; Gómez–Ariza, Bajo, Puerta–Melguizo y Macizo, 2000b; Igoa, 2010; Vilar i Monmany, 2004). Para Fuentes y Cervera (1989), esta afirmación debería hacerse con ciertas salvedades o puntualizaciones ya que a menudo se incurre en expresiones que tienen más visos de hipérbole o de metáfora que de realidad. La música, igual que otras manifestaciones, es un verdadero lenguaje, pero no una lengua, y el término lenguaje aplicado a la música debe entenderse con un sentido restringido, cuyas funciones expresiva y comunicativa en modo alguno son homologables a las de una lengua de relación. El primer aspecto de la música análogo al discurso es la división en unidades organizadas jerárquicamente. Tanto la música como el discurso consisten en unidades que tienen un principio y un final bien definido (Gustems, Calderón y Calderón, 2016).

II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

Sea como fuere la ciencia da cuenta de numerosos estudios (Aiello, 1994; Norma, Aiello y Bever, 1981; Sloboda, 1985, 1991) que han establecido paralelismos entre el lenguaje verbal y musical (Di Domenico, 2017) en cuanto que ambos comparten elementos comunes, aunque también difieren substancialmente en otros. Ambos lenguajes son propios del ser humano y “permiten la producción y el intercambio de mensajes más o menos evolucionados, que son producidos con una clara intencionalidad expresiva y comunicativa” (Vilar i Monmany, 2004, p. 6). La consideración de la música como lenguaje surge precisamente de esta función expresiva y comunicativa. Gómez (1990, p. 374), en una aproximación general al concepto de lenguaje, aporta la siguiente idea:

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Un lenguaje implica la totalidad del individuo que se comunica para expresar emociones, sentimientos, estados de ánimo, conflictos, etc. que vivencia relaciones afectivas con los demás y con el medio y que transmite y elabora ideas, conocimientos y respuestas críticas e individualizadas. Los individuos se sirven de diferentes lenguajes (plástico, musical, verbal, corporal, matemático) para estos objetivos, con finalidades artísticas y científicas; de aquí la importancia educativa de su aprendizaje. Éste pone en juego diferentes funciones: motórica, perceptiva o cognitiva (procesos mentales de análisis y síntesis, pensamiento deductivo, memoria...).

Puede afirmarse, por tanto, que la música es un instrumento de expresión individual y de comunicación entre los miembros de una sociedad, en el que confluyen tres valores fundamentales: la percepción, la expresión y la comunicación; valores muy relacionados con la audición musical y la escucha. Íntimamente ligada con estas capacidades está la audición que nos ayuda a entender todo aquello que nos rodea (Subirats, 2011).

II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

2. LA MÚSICA COMO EXPRESIÓN EMOCIONAL Y ARTÍSTICA Una de las principales funciones de la música ha sido expresar sentimientos y estados de ánimo, es decir, mover las emociones del público. Está claramente vinculada a las emociones (Merriam, 1964; Oriola y Gustems, 2016) e íntimamente unida a la necesidad de expresión artística propia del ser humano (Riera, 2000). Es más, la presencia de la música en la vida de cada persona es de naturaleza diferente respecto a la aproximación académica por tener un componente afectivo importante (Nora, 2000). Gran parte de los filósofos de la música, como Peter Kivy, Stephen Davies, Francis Sparshott, Jennifer Robinson y Jerrold Levinson, sostienen que la música puede expresar determinados sentimientos (Elliot, 2009). Además, han sido varios los intentos de significar la manera en que la música transmite un significado emocional (Gómez–Ariza, Bajo, Puerta–Melguizo y Macizo, 2000a). Por otra parte, diversos estudios –como el de Shaw (1990)–, han demostrado, que aprendemos mucho mejor cuando el pensamiento está relacionado con las emociones. Y la música puede provocar nuestros sentimientos más delicados. Es un elemento emocional más de las personas (Gustems y Calderón, 2005), idea que ya estaba presente en el ethos griego o en la teoría musical medieval y en la forma rítmica (talas). Copland (1988) atribuye al plano expresivo este significado emocional de la música que actúa directamente sobre las emociones y tiene una íntima conexión con el estímulo físico o psíquico de los afectos.

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Dentro de la educación musical, podemos distinguir distintos tipos de expresión relacionadas con la música (Fuentes y Cervera, 1989): a. Expresión lingüística: manifestaciones que tienen como base la palabra oral y escrita. b. Expresión corporal: manifestaciones gestuales mímicas y de posturas. c. Expresión plástica: manifestaciones artístico–técnicas como soporte material (luz, color, volumen y forma). d. Expresión rítmico–musical: manifestaciones que emplean el movimiento y el sonido reglados, casi siempre interrelacionados. La pedagogía actual viene a confirmar, desde perspectivas rigurosamente científicas, la necesidad de diseñar modelos educativos que potencien todas las facetas del ser humano, siendo muchos los autores que han fundamentado la importancia de la educación musical en la formación integral de los alumnos. Leiva y Mates (1998) o Ramírez (2006) entre otros, coinciden en destacar la gran diversidad de emociones, sentimientos y afectos que se experimentan al vivir la experiencia musical, lo que sin duda favorece en los alumnos la confianza en sí mismos, el respeto a su persona y a los demás, el desarrollo del espíritu crítico, etc., componentes esenciales en la concepción de una educación verdaderamente integral, que supere el enfoque de la educación meramente constructivo–cognitivista, que es en realidad el fin último de la educación

II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

La educación limitada exclusivamente al intelecto se ha demostrado insuficiente en algunos aspectos, consiguiéndose mejores resultados en el proceso de enseñanza– aprendizaje cuando se abordan, además, las dimensiones afectivas y de relación interpersonal (Botella y Gimeno, 2012). Tanto es así, que podríamos considerar que la enseñanza que no tiene en cuenta la inteligencia de las emociones y los sentimientos corre el peligro de educar sólo a una parte de la persona, pero no al alumno de una manera integral (Campbell, 1998; Leiva y Mates, 1998; Ramírez, 2006) y es en este contexto donde queremos situar la educación musical que debe recibir el alumnado. Es innegable la importancia de la educación musical en la formación integral de los alumnos, hecho que confirma la importancia del desarrollo de las capacidades perceptivas en la etapa educativa de primaria (Botella y Gimeno, 2013; Botella y Gimeno, 2015). Debemos procurar en el alumnado una audición más activa, pues: “lo mismo si escuchamos a Mozart que a Duke Ellington, podremos hacer más honda nuestra comprensión de la música con sólo ser unos oyentes más conscientes y enterados, no alguien que se limita a escuchar, sino alguien que escucha algo” (Copland, 1994, p. 35).

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3. LA MÚSICA COMO ENTRETENIMIENTO

GOCE

ESTÉTICO

Y

Es evidente la función pedagógica de la música en el desarrollo del proceso educativo general. A lo largo del siglo XX ha quedado demostrada la importancia de la música en el desarrollo de las capacidades intelectuales de la persona (Campbell, 1998; Gardner, 1995). Toda educación implica el desarrollo de un proceso, condicionado por el crecimiento y la maduración, pues siguiendo a Maideu (1983, p. 13) “no podemos imaginar un proceso educativo correcto sin música”. La música potencia y estimula facultades como la inteligencia, la memoria, la voluntad o la comunicación (Alsina, 2004). De acuerdo con Pascual (2002, p. 14) destacamos los siguientes principios básicos: ¹ Valor educativo de la música: la finalidad es la formación integral de todas las facultades del hombre4 , no sólo las musicales. ¹ Para todos: no sólo está dirigida a los dotados musicalmente de manera excepcional. No se trata de hacer músicos, sino personas que amen la música y sepan valorarla5 ¹ Libertad y creatividad: en la Educación Musical no importan los resultados, sino el proceso de creación y participación. Prima la espontaneidad y no la intelectualización ni la inteligencia compositiva.

II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

¹ Progresión: evoluciona con el niño y parte de lo más próximo a su realidad. La educación musical debe acompañar al niño a lo largo de todo su proceso evolutivo, adaptándose a sus intereses y capacidades específicas. ¹ Activo: supone una metodología basada en la experimentación y participación, ya que se debe dar prioridad a los procedimientos y actitudes respecto a los conceptos. Es decir, no intelectualista. ¹ Lúdico: se trata de jugar con la música con ejercicios con apariencia de juego que, por otro lado, responden a unos objetivos y una programación rigurosamente elaborada. ¹ Global: se relaciona con todas las áreas artísticas y con el desarrollo general (motricidad, sensorialidad, afectividad). 4 Psicológicas, sociológicas, psicomotoras e intelectuales. 5 En este sentido es interesante la lectura del libro: TUR, P. (1992). Reflexiones sobre educación musical. Historia del pensamiento filosófico–musical. Barcelona: Publicaciones Universitat de Barcelona

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¹ Impregna la vida del niño: la educación musical pretende que la música que se trabaja en la clase no se quede ahí, sino que se manifieste en su vida escolar, familiar, en el pueblo o barrio (música folklórica, acontecimientos culturales, etc.) de manera que le prepare para un ocio creativo. ¹ Variedad: debe incluir diversos aspectos (el canto, los instrumentos, el movimiento y la danza, la audición, etc.) Resulta evidente que escuchamos la música que nos gusta. El gusto musical debe ser considerado en el contexto más amplio de las modas (Hargreaves, 1998). El goce estético produce grandes emociones y controversias sobre los diferentes estilos y sus valores sociales. Pero el goce más placentero de la música radica en su escucha en directo. La función de goce estético es un parámetro que debe observarse tanto desde la perspectiva del autor como del oyente (Longueria, 2013). La educación musical debe garantizar esa formación crítica del alumnado y esa experimentación por diversificar sus gustos que se consigue muchas veces ampliando su universo sonoro y acercándolos a una nueva audición (Akoschky, Alsina, Díaz y Giráldez, 2008). La música involucra la estética desde el punto de vista del creador y del oyente. No hay seguridad de que esta función esté presente en todas las culturas (Merriam, 1964). De acuerdo con de Moya, Hernández y Hernández (2009), la educación musical, posibilitará vivir experiencias irrepetibles que reporten el goce estético y el disfrute cultural.

II. MÚSICA Y EDUCACIÓN

Como hemos visto, la música expresa especialmente emociones, sentimientos y estados de ánimo. No basta escuchar una pieza musical una sola vez para poder apreciarla, el goce y la satisfacción serán mayores si la puedes sentir, comprender y valorar (Orto, 1993). Escuchamos y hacemos música para responder a alguna necesidad humana y, sin lugar a dudas, repercute en nuestra calidad de vida. Nos aporta vitalidad y estímulos emocionantes y da coherencia y sentido a la vida (Conejo, 2012; Rudd, 1998, citado en Rudd, 2013). A escuchar música se aprende escuchando. Y la música en la escuela es básicamente eso: hacer música, o lo que Blacking (2006) denominaba, musicking6 (Calderón, 2014). Muchas de las principales metodologías de pedagogía musical conciben la educación musical de manera activa y no intelectiva donde aprender música es sinónimo de hacer música. La música en la escuela y en la medida 6 Nótese que el término musicking fue introducido por Small (1998) para definir la música como una actividad, un verbo, algo que adquiere su significado dependiendo del contexto.

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