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La huelga y el cine: escenas del conflicto social MARÍA DEL MAR RUIZ CASTILLO JUAN ESCRIBANO GUTIÉRREZ

tirant lo b anch Valencia, 2007


Copyright ® 2007 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

Director de la Colección:

JAVIER DE LUCAS Catedrático de Filosofía del Derecho

© MARÍA DEL MAR RUIZ CASTILLO JUAN ESCRIBANO GUTIÉRREZ

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 84 - 8456 - 768 - 0


A nuestras hijas, Julia y Leonor


Profa. Dra. María del Mar Ruiz Castillo ha confeccionado los capítulos III y VII relativos, respectivamente, a La Sal de la Tierra y Pan y Rosas. Titular de Universidad. Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Universidad de Almería Prof. Dr. Juan Escribano Gutiérrez es el autor de los capítulos I (El derecho de huelga y el cine: dos compañeros de viaje), II (La madre/La huelga), IV (Todo Va bien), V (Billy Elliot), VI (Recursos Humanos), VIII (Bibliografía recomendada) y IX (Una filmografía sobre la huelga). Titular de Universidad. Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Universidad de Almería Han colaborado intensamente en toda la fase previa de elaboración de este libro, especialmente en la selección de las películas comentadas: Rocío García Adán y María García Adán, alumnas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Almería. Para ellas, nuestro más sincero agradecimiento por despertar nuestro interés e ilusión en un proyecto conjunto que confiamos contribuya a avanzar hacia una docencia más participativa y libre.


Índice

I. EL DERECHO DE HUELGA Y EL CINE: DOS COMPAÑEROS DE VIAJE ..........................................................

II. LA HUELGA (SERGUEÏ MIKAÏLOVITCH EISENSTEIN) Y LA MADRE (VSEVOLOD PUDOVKIN) 1. El cine al servicio de la revolución .......................... 2. Sinopsis argumental: dos modos de transmitir un mismo mensaje ......................................................... 3. La vanguardia artística en la Rusia prerrevolucionaria y el cine ..................................................................... 4. La huelga en La Madre y La Huelga: la huelga política ....................................................................... 5. Fichas técnicas .......................................................... 6. Bibliografía ...............................................................

III. LA SAL DE LA TIERRA Herbert J. Biberman 1. El ocaso de la utopía ................................................ 2. El abandono de la represión y la tolerancia de la huelga ........................................................................ 3. Un contexto político asfixiante: el maccarthysmo .. 4. La película: un fundido de realidad y ficción ......... 5. Ficha técnica ............................................................. 6. Bibliografía ...............................................................

IV. TODO VA BIEN Jean-Luc Godard y Jean-Pierre Gorin 1. El mayo del 68 y el movimiento obrero .................. 2. Sinopsis argumental: «obreros que trabajan y burgueses que acumulan capital» ................................. 3. La huelga en Todo Va Bien: la ocupación del centro de trabajo .................................................................. 4. Ficha técnica ............................................................. 5. Bibliografía ...............................................................

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Índice


La huelga y el cine: escenas del conflicto social

Índice V. BILLY ELLIOT Stephen Daldry 1. La involución ultraliberal de Margaret Thatcher y la reacción del movimiento obrero .............................. 2. El cine social británico. Nuevas formas de una tradición histórica. El caso de Stephen Daldry .............. 3. Sinopsis argumental: la huelga como telón de fondo (¿promocional?) de la película ................................. 4. La huelga en Billy Elliot: huelga de solidaridad y crisis de empleo ........................................................ 5. Ficha técnica ............................................................. 6. Bibliografía ...............................................................

VI. RECURSOS HUMANOS Laurent Cantet 1. El mundo del trabajo en la Europa postindustrial . 2. Nuevo cine social francés ......................................... 3. Sinopsis argumental. La negociación de las treinta y cinco horas ................................................................ 4. La huelga en la película. Nuevas dificultades de la institución ................................................................. 5. Ficha Técnica ............................................................ 6. Bibliografía ...............................................................

VII. PAN Y ROSAS Kenneth Loach 1. Queremos pan, pero también queremos rosas ....... 2. La historia se repite: seguimos reclamando pan, pero también queremos rosas .......................................... 3. Un retrato en color del proletariado ........................ 4. Un conflicto sin huelga ............................................ 5. Una película militante en formato comercial ......... 6. Ficha técnica ............................................................. 7. Bibliografía ...............................................................

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VIII. BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA ...............................

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IX. UNA FILMOGRAFÍA SOBRE LA HUELGA .................

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I. El derecho de huelga y el cine: dos compañeros de viaje

El estudio del derecho de huelga en el cine no puede disociarse de un análisis más general acerca del reflejo de la clase trabajadora en esta forma artística de expresión. Una cuestión destaca de manera inmediata: cuando el movimiento obrero es el protagonista indiscutible de una película, la elección del tema por parte del director no resulta accidental. Por una parte, se detecta una identificación entre éste y dicha clase; por otra, es habitual que se utilice la película para hacer ver una realidad disimulada a nivel oficial y olvidada en el cine comercial, como es la penuria material de la clase trabajadora. Al mismo tiempo, el cine se convierte en un vehículo muy útil de estudio de este grupo social. En las películas escogidas en este libro se condensa la historia del movimiento obrero a lo largo del siglo XX y los comienzos del siglo XXI. De este modo, se aprecia una primera fase en la que la clase trabajadora es la portadora del germen de un nuevo mundo y

en la que los trabajadores son conscientes de su pertenencia a una entidad más amplia, la clase. Ello contribuye a que no se consideren perdidos en sus problemas individuales, sino que, por el contrario, vean como propias las dificultades del resto del proletariado. Como consecuencia de este punto de partida, las películas que mantienen esta concepción son obras de carácter coral, sin que ello implique que no se refleje con mayor intensidad la vivencia de algún trabajador concreto, normalmente el líder, el individuo más consciente que destaca sobre el resto y que por ello asume el mayor protagonismo en el devenir de los acontecimientos. En este primer grupo destacan películas coetáneas a los acontecimientos que reflejan y con directores plenamente identificados con el movimiento obrero. Como ejemplos paradigmáticos pueden mencionarse La huelga o La madre. Especialmente significativo, para poder entender el sentido último de esta fase, resul-

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I. El derecho de huelga y el cine: dos compañeros de viaje


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María del Mar Ruiz Castillo y Juan Escribano Gutiérrez

ta el parlamento pronunciado por Henry Fonda en la película Las Uvas de la Ira (J. Ford, 1940, basada en la novela homónima de John Steinbeck): «los trabajadores pertenecemos a un alma colectiva, no importa lo que a mí me pase; pues yo siempre seguiré vivo en la sonrisa de un niño que ha podido comer esa noche y en la satisfacción de un padre al contemplar esa sonrisa». A esta primera fase sigue otra en la que el proletariado no es enfocado como ese sujeto social que es el portador romántico de una misión de autoliberación que es simultáneamente liberación universal de la humanidad. El eje central del filme continúa encontrándose claramente en torno a la emancipación de esta clase, pero comienzan a aparecer elementos distorsionadores del conflicto clásicamente planteado, como las mafias (sobre todo en los EE.UU.), la represión indirecta del movimiento obrero o la criminalización por delitos comunes de sus líderes. Sin duda se trata de un enfoque mucho más centrado en el individuo que el de la etapa anterior. Comienzan a resaltarse aspectos particulares de algunos de los luchadores, centrados en cuestión de género, inmigración, etc. De este modo, en películas como La Sal de la Tierra (H. Biberman, 1951), si bien centradas en el fenómeno huelguístico,

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la relación entre sexos y el papel que a la mujer corresponde en el movimiento obrero, están especialmente presentes. Sin duda, la II Guerra Mundial supone en Occidente un progresivo declive del movimiento obrero, lo que se traduce, desde el punto de vista que aquí interesa —el del mundo del trabajo—, en una progresiva profundización en aspectos claramente pesimistas y negativos, a lo que se une un enfoque mucho más individualista (especialmente significativa es, a este respecto, La Clase Obrera Va al Paraíso, E. Petri, 1970). Ésta es la tendencia general, aunque debe contarse con las excepciones del cine latinoamericano de fines de los sesenta y principios de los setenta, así como del cine europeo inspirado en la revolución del Mayo del 68 y algunas de las ideologías que florecieron a su alrededor (véase especialmente el cine de J.L. Godard). Al margen de estas excepciones, el nuevo cine de los sesenta y setenta será un cine de marcado carácter pesimista acerca de las posibilidades del movimiento obrero en cuanto clase revolucionaria. El individualismo llega hasta sus últimas consecuencias: el individuo reflejado por el cine de este período no sólo se siente alienado en su trabajo, sino también en cuanto perteneciente a la clase trabajadora.


I. El derecho de huelga y el cine: dos compañeros de viaje

Muerte de un ciclista, sí que abordan, si quiera indirectamente, la situación de penuria y desigualdad de los trabajadores. El fin del franquismo genera una relativa eclosión del tema, si bien cae rápidamente en un acentuado declive. El triunfo electoral del P.S.O.E. en 1982 produce un cine de carácter marcadamente escapista (especialmente la llamada Comedia madrileña y el cine de P. Almodóvar), que da la espalda a las graves consecuencias sociales que las reconversiones industriales ocasionan en importantes sectores de la población española. Es recientemente cuando autores como Fernando León de Aranoa o Benito Zambrano han propiciado un cine más próximo al que reivindicaba Juan Antonio Bardem. No obstante, no podemos dejar de mencionar alguna muestra de cine anterior de temática obrerista y, particularmente, sobre la huelga como es el caso de Victoria (A. Ribas, 1983) o Doblones de a Ocho (A. Linares, 1991). La elección de la temática de la huelga en este trabajo facilita el examen hasta aquí esbozado, pues es en ella donde, con mucha frecuencia, se condensan y estallan finalmente todos los conflictos que se han ido acumulando, constituyendo además el momento clave en el que los trabajadores arriesgan su puesto de trabajo, o

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Los procesos privatizadores en lo económico y flexibilizadores en lo laboral van a producir un empobrecimiento de importantes sectores de los trabajadores a partir de finales de la década de los setenta. Fenómenos como las reconversiones industriales irán eliminando las garantías de las que éstos gozaban en el denominado Estado del Bienestar. El puesto de trabajo concebido como una parte del patrimonio, al menos psicológico, del trabajador, va convirtiéndose, a lo largo de la década de los ochenta, en un bien escaso y, sobre todo, precario. A raíz de este fenómeno, el cine comienza a retomar, de la mano de algunos autores (especialmente ingleses, como K. Loach, S. Frears o M. Leigh), el tema obrerista, sobre todo con el objetivo de denuncia de la creciente injusticia social. Nuestro cine no se caracteriza, por regla general y de modo significativo, por abordar temas relacionados con la clase trabajadora. La larga dictadura puso fin al cine obrerista de marcado sesgo ideológico de la II República. Durante más de cuarenta años, el trabajador no podía ser entendido como miembro de una clase, dado que la raíz ideológica del régimen, de base corporativa, negaba incluso la existencia de las clases. No obstante, películas como El cochecito, El verdugo o


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incluso más cosas, y necesitan de la unidad para poder lograr sus objetivos. A la hora de abordar el estudio del tratamiento que hace el cine del derecho de huelga, así como de aprovechar dicha recepción para analizar esta figura jurídica diacrónica y sincrónicamente, hemos partido de la diferente consideración que a lo largo de la historia ha tenido, en los distintos ordenamientos jurídicos, el derecho de huelga. Es decir, que serán el reconocimiento o no de ese derecho, así como las consecuencias jurídicas de la diferente actitud del legislador frente al fenómeno huelguístico, los hilos conductores de todo el análisis aquí esbozado. Como consecuencia de esta opción, serán las diferentes etapas históricas las que nos conduzcan a la selección de la película en cuestión y no al contrario. Partiendo de esta premisa, el estudio aquí desarrollado se irá desenvolviendo a través de los siguientes grandes hitos históricos: a) La huelga es considerada como hecho delictivo y perseguida como tal. Los trabajadores que se atreven a ejercer la huelga se verán compelidos por parte del ordenamiento jurídico —que empleará para ello todos los medios a su alcance— a abandonarla. En esta primera etapa, la huelga adquiere una dimensión que

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sobrepasa las meras reivindicaciones laborales. Se concibe como instrumento revolucionario de lucha contra el capitalismo y no exclusivamente como mecanismo de conquista de mejores niveles laborales. El cine ha reflejado esta primera fase de manera muy temprana, en lo que hoy se consideran grandes joyas del cine mudo, sin olvidar algunas muestras de retrospección histórica desde épocas muy posteriores. Sin duda, el cine refleja esta primera fase de la huelga como una parte de la gran epopeya de la clase trabajadora en la búsqueda de su dignidad. La elección para esta primera época de La huelga, de Eisenstein, y La madre y El fin de San Petesburgo (1927), de Pudovkin, responde a que dichas películas se ajustan bastante bien a dicho modelo. El cine es concebido, en palabras de Lenin, como un arma al servicio de la revolución, y como tal es utilizado en el tratamiento de la huelga. b) La huelga como hecho social meramente tolerado, aunque sin ser considerado como un derecho. La huelga deja de ser un delito, pero su ejercicio no se encuentra respaldado por el ordenamiento jurídico. Los riesgos de los trabajadores que la llevan a cabo son menores en el plano penal, aunque igualmente significativos en lo que a la conservación de su puesto de trabajo se


I. El derecho de huelga y el cine: dos compañeros de viaje

punto de vista cinematográfico, con este tipo de huelgas, más pacíficas, se compensa con la aparición de otros elementos dramáticos hasta ahora soslayados. De este modo, ya no habrá escenas de alta emoción, tales como los enfrentamientos directos entre trabajadores y fuerzas del orden público, pero sí que serán más ricas las descripciones de las vivencias de los huelguistas particulares. Además, esta fase coincide con la progresiva institucionalización de la huelga, de manera que ésta se somete a una serie de reglas que la convierten en un acontecimiento mucho menos costoso para la parte empresarial. De esta forma, los trabajadores ganan en seguridad en su ejercicio, pero pierden en efectividad. Del mismo modo, en esta época aparece un nuevo fenómeno que resulta altamente cinematográfico: la separación entre la clase trabajadora y las organizaciones sindicales (Todo Va Bien, de J.L. Godard, 1972). Los trabajadores de La Clase Obrera Va al Paraíso (E. Petri, 1970) o de Recursos Humanos (L. Cantet, 1999) no se sienten identificados con sus organizaciones sindicales, desconfían de ellas o simplemente las consideran ajenas a ellos mismos, siendo sus miembros considerados como una élite. La clase trabajadora olvida el orgullo de clase que la había ca-

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refiere. Evidentemente, desde el punto de vista cinematográfico, la huelga recibe un tratamiento menos grandioso, si bien esto se compensa merced a un estudio más particularizado de los integrantes de la acción huelguística. Nuestra selección está presidida por La Sal de la Tierra, paradigma de la represión maccarthysta en el Hollywood de la segunda posguerra. La huelga ya no se reprimirá directamente con violencia, pero sí se aplicará toda una serie de mecanismos más o menos legales para impedir sus efectos: sustitución de los huelguistas por esquiroles, criminalización de todos o parte de los huelguistas mediante la acusación a los mismos de delitos comunes tales como alteración del orden público, etc. A este respecto, son especialmente significativas películas tales como Joe Hill (B. Widerberg, 1971), Sacco e Vanzetti (G. Montaldo, 1971) o La Verdad sobre el Caso Sabolta (A. Drove, 1979). c) La huelga como derecho y, en ocasiones, como ocurre en nuestro ordenamiento jurídico, como derecho fundamental. El huelguista se encuentra respaldado en su ejercicio por una serie de derechos, por lo que el riesgo teórico asumido por el trabajador que secunda la huelga será, evidentemente, mucho más reducido. Lo que se pierde, desde el


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racterizado y, desideologizada, pierde la esperanza en las soluciones colectivas (para las que la huelga era el instrumento ideal), considerando que las causas y, por tanto, también las soluciones a sus problemas, se encuentran en un plano estrictamente individual. Especialmente significativa es, a este respecto, la ya citada La Clase Obrera Va al Paraíso, donde ni siquiera la consecución de todos los objetivos de la huelga resulta suficiente para que el protagonista de la película e instigador —involuntario— de la huelga quede satisfecho. Obvia consecuencia de lo anterior es la descripción de la derrota de la huelga. Tras largas jornadas de huelga, la empresa —o el Estado en el caso de la empresa pública— sale victoriosa, por lo que los trabajadores han de acudir de nuevo a sus puestos de trabajo con el orgullo dolido y los objetivos perdidos. Paradigmática en este sentido, por estar inspirada en una de las más importantes huelgas de las dos últimas décadas, la huelga de la minería en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, es la película Billy Elliot (S. Daldry, 2000). d) Consecuencia de las características recién descritas resulta la última de las etapas aquí consideradas. Ante la falta de resultados prácticos de los mecanismos de huelga tradicional, tiene lugar

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el surgimiento de huelgas al margen de la legalidad que tratan de obtener a corto plazo los objetivos que las huelgas tradicionales son incapaces de conseguir. Además, la existencia de nuevos colectivos de trabajadores al margen de aquellos para los que se han ideado legalmente los instrumentos de conflicto colectivo hace necesarias unas nuevas formas de lucha. A este respecto, Pan y Rosas (K. Loach, 2000) se convierte en paradigmática, al convertir a los trabajadores inmigrantes ilegales en centro del conflicto, aunque sin abandonar algunos de los más significativos elementos enumerados en el apartado anterior. Recuérdese, simplemente, el reproche de la protagonista al líder sindical de la limpieza: «¿Tú cuánto ganas? ¿Qué te juegas con la huelga?» Junto al análisis de las relaciones entre Estado y huelga en distintos momentos históricos, otro de los ejes vertebradores de este libro es el del análisis de los aspectos más sobresalientes de la huelga como institución jurídica en los distintos ejemplos cinematográficos aquí escogidos. Es decir, se seleccionarán, para su análisis, aspectos fundamentales de la misma, tales como ocupación del centro de trabajo, huelga política, convocatoria, etc., relacionándose éstos con el régimen jurídico de la huelga en nuestro


I. El derecho de huelga y el cine: dos compañeros de viaje

esa suspensión. La huelga implica también un movimiento hacia la igualdad y una participación democrática. Es por ello que trasciende los corsés del Derecho del Trabajo, implicando otras muchas realidades: relación hombre-mujer, relaciones intergeneracionales, manifestación no sólo de problemas estrictamente laborales, etc.

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país. En definitiva, el conjunto de los filmes estudiados contribuye a un conocimiento del derecho de huelga desde su perspectiva social y, lógicamente, también desde su perspectiva jurídica. Por último, la huelga no sólo debe ser contemplada desde la perspectiva de la suspensión del contrato de trabajo y la reacción del ordenamiento jurídico ante


II. La huelga (Sergueï Mikaïlovitch) y la madre (Vsevolod Pudovkin)

1. El cine al servicio de la revolución No imaginamos una forma mejor de dar comienzo al análisis de la realidad fílmica generada en relación al fenómeno de la huelga que estas dos muestras del cine anterior al sonido. Sin embargo, hay que decir que no fueron éstas las pioneras en el tratamiento de dicho fenómeno. Efectivamente, con carácter previo ya habían emergido otras interesantes muestras de la atención que la huelga ha venido suscitando entre algunos de los más prestigiosos directores de cine. Baste mencionar, por ejemplo, La Huelga (Strejken, 1914), de V. Sjöström, de imposible localización en la actualidad. Desgraciadamente, el director de esta película sólo es recordado en nuestro país por la magnífica interpretación del viejo profesor Isak Borg en la extraordinaria Fresas Salvajes, de Ingmar Bergman. En ella, el director llegó a utilizar, inclu-

so, diversas escenas grabadas en huelgas reales, considerándose por ello un claro precursor de la corriente neorrealista. La elección de estas películas responde no sólo a que éstas constituyen dos de las primeras manifestaciones de la historia del cine en que la huelga adquiere un protagonismo fundamental, sino también a que la misma es abordada, como ocurrirá en buena parte de los casos en el futuro, desde una perspectiva militante. Efectivamente, tanto Eisenstein como Pudovskin, fieles a su ideología bolchevique, describen, a través de un acontecimiento huelguístico particular, parte de la epopeya de la clase trabajadora en el camino de la conquista del poder en Rusia. Sin duda, hay que decir que una de las características definidoras de las películas que sobre huelga ocupan los albores del arte cinematográfico

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II. La huelga (Sergueï Mikaïlovitch Eisenstein) y la madre (Vsevolod Pudovkin)


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resulta, sin duda, la clara implicación existente entre el director y aquellos que protagonizan tales películas. La Huelga comienza con una cita de Lenin que condicionará buena parte del desarrollo de la propia película. Según el ideólogo revolucionario, la huelga debía constituirse en un instrumento al servicio de la organización de los trabajadores en aras a la transformación social. Y, efectivamente, tanto en uno como otro filme la huelga trasciende la mera reivindicación económica o laboral para convertirse en un instrumento idóneo de lucha de los trabajadores que poseen en sus manos un arma fundamental: la negativa a la aplicación de su fuerza de trabajo. En el contexto social prerrevolucionario, la huelga se concibe, pues, más como hito en la organización de la lucha de la clase trabajadora que como derecho laboral. Efectivamente, nos encontramos en un momento primigenio en el que la huelga es utilizada como instrumento de lucha por parte de los trabajadores y en el que el ordenamiento jurídico, consciente de la peligrosidad de semejante opción, procura evitar sus perniciosos efectos a través de la represión más o menos violenta. Este primer hito de organización de una clase trabajadora que, tras la revolución industrial, ha

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tratado de organizarse contra las penosas condiciones de vida impuestas por el liberalismo económico, resulta, lógicamente, el más cinematográfico, dada la intensidad dramática de semejante enfrentamiento. Jurídicamente hablando, en ambas se encuentra presente la concepción marxista de que el derecho sólo es un instrumento al servicio de las clases dominantes. Este derecho, pues, sólo estará presente cuando se defiendan los intereses de los patronos (el grito del dueño de la fábrica de La Huelga de que dejar de trabajar es ilegal resulta bastante significativo a este respecto). Por el contrario, los trabajadores, conocedores de su posición de ilegalidad — y en sí misma la huelga lo es—, optan por actuar al margen del derecho o frente al mismo. Es decir, aceptan los riesgos de ir contra el derecho con distinta intensidad, desde secundar la propia huelga a actuar armadamente, pasando por todos los intermedios concebibles. Por otra parte, la huelga es utilizada como primer hito de lucha revolucionaria, siendo acompañada por la manifestación, la asamblea, el enfrentamiento abierto con las fuerzas del orden, etc. Al contrario que en otros capítulos de este libro en los que la huelga es analizada a través de una sola película, en éste opta-


II. La huelga (Sergueï Mikaïlovitch) y la madre (Vsevolod Pudovkin)

sus primeras fases; la huelga como parte de la revolución. Al mismo tiempo, se trata también de dos maneras bien diferenciadas de tratamiento estilístico de esta misma realidad.

2. Sinopsis argumental: dos modos de transmitir un mismo mensaje A. La Huelga «La organización es la fuerza de la clase obrera. Sin la organización de las masas el proletariado es nulo. La organización, es la unidad de acción, la unidad de la intervención práctica». Lenin, 1907. Con esta contundente cita del padre de la revolución rusa comienza La Huelga de Eisenstein. Gran fresco que pretende representar un episodio de los albores de la entonces reciente revolución soviética. En este sentido, la huelga en general, y la representada por el filme en particular, trasciende con mucho un mero episodio laboral, como será el caso de algunas de las películas más abajo analizadas. La huelga se concibe como un instrumento al servicio de la revolución por lo que supone de organización de la clase trabajadora; de comunión para la consecución de un objetivo concreto, la reivindicación la-

boral, pero, sobre todo, general, de conquista del poder por la clase trabajadora. Los primeros planos de la película tratan de describir el lugar, el espacio físico donde se habrá de desarrollar el drama posterior: la fábrica como lugar del conflicto siempre existente, latente o no. En estas primeras secuencias, el conflicto se mantiene solapado. Todo parece transcurrir conforme a los designios del empresario; las ruedas de la cadena de producción giran, simbolizando (en esta película casi todo trasciende su significado más inmediato) el movimiento de la historia. Pero bajo esta paz aparente se esconden enormes contradicciones. Sólo es necesario que surja el detonante para que el conflicto se exteriorice. Un obrero aislado es acusado de robo y, en consecuencia, sometido a vejación. Sin em-

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mos por un análisis paralelo de dos filmes, convencidos que se trata en realidad de dos tratamientos complementarios: dos maneras de reflejar la huelga en


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