COMUNICAR PARA SEGUIR CONTANDO
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH MARÍA JOSÉ AÑÓN ROIG
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
ANA CAÑIZARES LASO
Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
JORGE A. CERDIO HERRÁN
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
EDUARDO FERRER MAC-GREGOR POISOT
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
OWEN FISS
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
JOSÉ ANTONIO GARCÍA-CRUCES GONZÁLEZ
Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
LUIS LÓPEZ GUERRA
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
ÁNGEL M. LÓPEZ Y LÓPEZ
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
MARTA LORENTE SARIÑENA
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
JAVIER DE LUCAS MARTÍN
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
VÍCTOR MORENO CATENA
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
FRANCISCO MUÑOZ CONDE
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
ANGELIKA NUSSBERGER
Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania). Miembro de la Comisión de Venecia
HÉCTOR OLASOLO ALONSO
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
LUCIANO PAREJO ALFONSO
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
TOMÁS SALA FRANCO
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
IGNACIO SANCHO GARGALLO
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
TOMÁS S. VIVES ANTÓN
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
RUTH ZIMMERLING
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
COMUNICAR PARA SEGUIR CONTANDO
Elena Fernández-Blanco Nuria Quintana Paz Juan Medina Contreras David Alameda García Coordinadores
Mercedes Ramos Gutiérrez Fernando Galindo-Rubio Editores
tirant humanidades Valencia, 2021
Copyright ® 2021 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
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© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1880-288-1 MAQUETA: Disset Ediciones Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Índice Prólogo................................................................................................ 11 JUAN JOSÉ ALMAGRO
1.- Introducción.................................................................................... 13 2.- Historia, memoria y comunicación: Una relación necesaria.................... 14 GLORIA GARCÍA GONZÁLEZ
3.- Uniones humanas, timón del navío social en el siglo XXI....................... 22 MARÍA ROSA PINTO LOBO
4.- La mirada del comunicador: enfocando lo humano................................ 29 RICARDO DE LUIS CARBALLADA
5.- Una nueva escritura para el siglo XXI.................................................. 39 ASUNCIÓN ESCRIBANO HERNÁNDEZ
6.- Convergencia, integración e hibridación en el proceso comunicativo. La Teoría de la Comunicación se asoma al futuro...................................... 46 MARÍA ROSA PINTO LOBO
7.- Proyección 2030: dinámicas internacionales en el futuro próximo.......... 54 PABLO REY-GARCÍA GUILLERMO BOSCÁN CARRASQUERO
8.- Relevancia de la Estructura de la Comunicación: enfoque para un contexto en evolución............................................................................... 62 SONIA VIÑUELA HERNÁNDEZ
9.- El papel de la ciencia económica en la comunicación y la sociedad: un cambio de paradigma........................................................................ 69 LUIS ALBERTO RIVAS HERRERO
10.- La reinvención de la empresa informativa en tiempos de modernidad líquida. Retos de sostenibilidad......................................................... 77 IRENE MARTIN MARTÍN
11.- La legitimidad de la Comunicación Corporativa ante la encrucijada del liderazgo en la IV Revolución Industrial.............................................. 86 ÁNGEL LOSADA VÁZQUEZ
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Índice
12.- Posverdad, política y (po)ética. Desafíos democráticos y deontológicos en el primer tercio del siglo XXI........................................................ 95 ÓSCAR SÁNCHEZ ALONSO GUILLERMO BOSCÁN CARRASQUERO
13.- El Derecho ante las nuevas tendencias de la comunicación en sus diferentes sectores................................................................................ 103 MERCEDES RAMOS GUTIÉRREZ
14.- La radio cambia, el audio permanece: innovación temática y libertad creativa.......................................................................................... 111 AURORA PÉREZ-MAÍLLO
15.- Nuevas perspectivas del marketing.................................................... 120 DAVID ALAMEDA GARCÍA
16.- Nuevas estrategias para enseñar Ciencia Política: de los contenidos a las competencias cívicas........................................................................ 130 GUILLERMO BOSCÁN CARRASQUERO ÓSCAR SÁNCHEZ ALONSO
17.- Cinco claves para el nuevo periodismo............................................... 137 FERNANDO MARTÍNEZ VALLVEY
18.- Repensando la estrategia publicitaria: Personas. Marcas. Contenidos..... 145 ELENA FERNÁNDEZ-BLANCO
19.- La documentación aplicada a las ciencias de la información. Nuevas aplicaciones.................................................................................... 154 JOSÉ CARLOS TORO PASCUA
20.- Marketing Digital: de inspiración innovadora a herramientas para el día a día.............................................................................................. 164 MARÍA ELENA RODRÍGUEZ BENITO
21.- La creatividad publicitaria al servicio de la agencia, las marcas y el consumidor.......................................................................................... 171 CARMEN MARÍA ALONSO GONZÁLEZ
22.- Las promociones de ventas en el retail: una actividad que comunica y genera ventas.................................................................................. 179 SANDRA LIZZETH HERNÁNDEZ-ZELAYA
23.- La necesidad de la alfabetización audiovisual: lenguaje y herramientas discursivas para futuros realizadores.................................................. 187 PEDRO SANGRO COLÓN
Índice
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24.- Diseño centrado en las personas: de los formatos a los procesos........... 195 JUAN-RAMÓN MARTÍN-SANROMÁN FERNANDO SUÁREZ-CARBALLO
25.- Fotografía en el siglo XXI: apuntes pedagógicos y didácticos................ 203 PABLO REY-GARCÍA
26.- La estética audiovisual en la era de las pantallas: ¿de dónde venimos, quiénes somos y a dónde vamos?....................................................... 211 MIGUEL ÁNGEL HUERTA FLORIANO
27.- La importancia del marketing y el análisis de la información en toda la cadena organizativa......................................................................... 219 GUSTAVO FERRARETTO MERLO
28.- De la presentación del busto parlante a la narración audiovisual de autor................................................................................................. 226 ANA ZULIMA IGLESIAS CRUZ NURIA QUINTANA PAZ
29.- El periodismo que suena: Periodismo Radiofónico, desarrollo y evolución en nuevos canales............................................................................ 235 CHELO SÁNCHEZ SERRANO
30.- Periodismo cultural en la era del algoritmo. Leer, interpretar, narrar..... 244 ANTONIO MARCOS SÁNCHEZ
31.- El mañana de la televisión. Tiempos hipertelevisivos para un cambio de ciclo............................................................................................... 252 NURIA QUINTANA PAZ ZULIMA IGLESIAS CRUZ
32.- La evolución del marketing “B2B”: Desde las fábricas al internet.......... 261 FERNANDO REYES-REINA
33.- La técnica de saber cómo producir: herramientas digitales para mejorar la obra audiovisual........................................................................... 266 MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ ROBLEDO
34.- El montaje y la postproducción audiovisual en el aula del siglo XXI...... 275 JUAN MEDINA-CONTRERAS
35.- El diseño gráfico en el contexto digital contemporáneo: nuevos y viejos paradigmas..................................................................................... 283 FERNANDO SUÁREZ-CARBALLO JUAN-RAMÓN MARTÍN-SANROMÁN
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Índice
36.- Tecnología de la Comunicación: Más McLuhan que nunca, más comunicación que nunca............................................................................. 291 FERNANDO GALINDO-RUBIO JORGE MIRANDA GALBÉ
PRÓLOGO El prólogo, como el epílogo, debe ser breve y conciso; si el epílogo, dice Aristóteles, está para “martillear” el tema, el prólogo debe servir sin excesos para presentar la obra y destacar aquellos aspectos que puedan merecer especial interés en ese bendito y vicioso proceso que es el de la lectura. Este libro, que ya es de referencia (y un texto básico para encarar como debe enseñarse la Comunicación del porvenir), nace por el compromiso del claustro de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca y por el decidido esfuerzo personal de sus profesores e investigadores animados por el Decano Fernando Galindo. Es un riguroso texto de presente y de futuro, y un ejemplo de responsabilidad institucional en el sentido que Williams Faulkner trazó para esa hermosa palabra, la responsabilidad, cuyo ejercicio parecemos haber olvidado en una época irreverente y egoísta. Decía el Nobel, “...de eso hablo, la responsabilidad: no solo el derecho y el deber del hombre de ser responsable, sino la necesidad del hombre de ser responsable si desea permanecer libre...El deber del hombre, el individuo, cada individuo, todos los individuos, de ser responsables de sus actos, pagar sus propias cuentas, no deberle nada a otro hombre.” Quiero reivindicar, hoy y siempre, el poder transformador de la Educación y, singularmente, de la Universidad, sin olvidar que, como recoge un proverbio africano, es toda la “tribu” la que debe educar, pero ha llegado la hora del cambio: además de capacitar, de educar y de fomentar el estudio y la investigación, la Universidad debe ser la conciencia cívica, ética y social de la ciudadanía. Estamos viviendo en la sociedad de la información, pero todavía no en la sociedad del conocimiento y, para conseguirlo, es preciso que la Universidad lidere un proceso de transformación que suponga variar conductas, valores, comportamientos; sobre todo comportamientos inertes que nos atan al pasado y nos arrastran al agotamiento. Y educar es el camino porque, no lo olvidemos, liderar es también educar. La Universidad líder debe ser capaz de vivir, y de resistir también, un cambio que le acerque a la siempre incierta realidad y nos ayude como seres humanos a buscar la verdad y a reforzar los fundamentos morales y éticos de una Sociedad que se ha hecho frágil y temerosa. Este trabajo es un valiente ejercicio de responsabilidad intelectual y ética, adelantándose al futuro, porque la Facultad de Comunicación de la UPSA es sabedora y consciente de que quien daña la palabra destruye el mundo. Y la Comunicación, la palabra, el lenguaje, como explicó Heidegger, tiene
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Juan José Almagro
dos funciones muy distintas: una función o valor instrumental -como medio para comunicarnos o informarnos- y otra función o valor ontológico mucho mas radical: expresar nuestro ser profundo y nuestro estar en el mundo, con todas sus dudas, inquietudes y oscuridades. Y esta función es absolutamente indispensable y es la que explora el pensamiento. Esta ultima y profunda función esta siendo arrinconada, olvidada y dañada por la superficialidad y, en ocasiones, por la falsedad de la avalancha de comunicaciones instrumentales (redes fecales y “fake news” mediante) a la que, entre todos, habremos de poner remedio. Ese es el verdadero desafío, un reto que la Facultad de Comunicación asume y hace suyo y que cumple aquel viejo deseo escrito hace cien años: “La Universidad tiene que echarse a la calle para compenetrarse con el pueblo y vivir con él”, como pedía don Miguel de Unamuno, atisbando ese divorcio entre Universidad, Empresa y Sociedad del que cada día nos quejamos y nos arrepentimos con un engañoso propósito de enmienda. Disfruten con la lectura de una obra singular que hinca sus raíces en el esfuerzo, el trabajo y la decencia de sus autores y autoras, pero también en el rigor y en la honestidad intelectual, la única forma en la que, éticamente, cabe hacerlo. JUAN JOSÉ ALMAGRO Doctor “Honoris Causa” por la Universidad Pontificia de Salamanca
1.- INTRODUCCIÓN Le dimos mil vueltas. Al final, comprendimos que esta sería la mejor forma de entender este libro y su encaje en nuestro proyecto transmedia colaborativo. Esto es Comunicar para seguir contando. Aquí empieza ComActually
El claustro de profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, 2021
2.- HISTORIA, MEMORIA Y COMUNICACIÓN: UNA RELACIÓN NECESARIA GLORIA GARCÍA GONZÁLEZ
1.- COMPETENCIAS ESENCIALES Y SABERES INDISPENSABLES El Libro Blanco de Títulos de Grado en Comunicación1 contemplaba en 2005 cuatro tipos de competencias para cada una de las tres titulaciones entonces propuestas -Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas-: conocimientos disciplinares, competencias profesionales, competencias académicas y otras competencias específicas. Su interés práctico residía en la relación que guardaban con los perfiles profesionales posibles a que conducía cada una de las titulaciones propuestas. Todo ello significaba, en síntesis, que para que el futuro comunicador contribuyera a una mejor vida colectiva, la universidad había de procurarle la formación necesaria que le hiciera más hábil en el conocimiento e interpretación de la realidad social, en el manejo de las tecnologías, en el dominio de los nuevos lenguajes y narrativas y en la posibilidad de reciclarse de manera innovadora y creativa. Antes incluso de que se elaborara el Libro Blanco sobre el que diseñar nuevos planes de estudio, Jesús Martín Barbero (2001, p.13) constataba que la flexibilidad laboral estaba acabando con la figura del trabajador para toda la vida y la estaba sustituyendo por la del “trabajador camaleón”, ejecutor de tareas diversas, obligado a innovar y a demostrar continuamente capacidad de iniciativa. En consonancia con ello, la universidad había de desempeñar un papel igualmente creativo y no solo adaptativo a las tendencias coyunturales impuestas por el mercado. Esto significaba conjugar con eficiencia los saberes profesionales, considerados rentables, con los saberes indispensables, poco rentables en apariencia, pero irrenunciables en términos de formación académica. A fin de materializarlo en los Planes de Estudio, se determinó que a las competencias generales, relacionadas con las habilidades requeridas para todo ciudadano crítico y responsable, se añadieran las competencias específicas o habilidades vinculadas a cada titulación, las competencias instrumentales, 1
http://www.aneca.es/activin/docs/libroblanco_comunicacion_def.pdf
2.- Historia, memoria y comunicación: Una relación necesaria
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es decir, las herramientas para el aprendizaje y la formación –organización del tiempo, estrategias de aprendizaje autónomo, resolución de problemas, toma de decisiones, planificación, comunicación verbal, escrita, dominio de idiomas...-, las competencias interpersonales, aquéllas que permiten mantener una buena relación con los demás y trabajar en equipo –automotivación, adaptación al entorno, sentido ético, habilidad en la comunicación interpersonal, en la resolución de conflictos, la negociación...- y las competencias sistémicas, relacionadas con la capacidad de gestionar la actuación profesional -creatividad, espíritu emprendedor, capacidad innovadora, gestión por objetivos, estímulo intelectual, valoración de la calidad...-. Este catálogo competencial conseguía acabar con el falso dilema entre formar técnicos solventes o titulados en saberes poco prácticos, para hacer de los titulados en Comunicación unos ciudadanos ampliamente competentes en el desempeño de su profesión. El interés por afianzar los estudios de Comunicación sobre materias de carácter teórico ya se puso de manifiesto en España en el texto del Libro Blanco, inspiración y guía de los Planes de Estudio en éste área de conocimiento. A esas materias, referidas en el Libro como “contenidos comunes obligatorios”, reservaba el 50% de los créditos repartidos entre materias diversas, incluidas aquellas ocupadas del estudio de la Historia en diferentes variantes. En la titulación de Periodismo, encontramos 14 ECTS asignados a la materia “Mundo actual. Comprensión y evolución contemporánea”, en la de Comunicación Audiovisual, otra titulada “Teoría e historia de los medios audiovisuales y nuevos soportes multimedia” a la que reserva 22 ECTS y en Publicidad y Relaciones Públicas una materia designada “Interacción del entorno sociocultural y su evolución con la comunicación” con 7 ECTS. El principal común denominador de tan dispar asignación era el reconocimiento del valor de la formación histórica para los estudiantes en Comunicación al efecto de alcanzar las competencias que en cada caso se mencionan, es decir, “conciencia crítica de la relación entre los acontecimientos y procesos actuales”, “conciencia de los métodos más relevantes de la interpretación historiográfica” y “capacidad para entender e interpretar el entorno y adaptarse al cambio”. Es precisamente en este apartado de “competencias” donde se encuentra una importante llamada de atención hacia la necesidad de formar a los estudiantes en un conocimiento de la Historia eminentemente útil, que les capacite tanto para entender de manera crítica el presente como para adaptarse al cambio, avanzando así en la quiebra de esa caduca línea divisoria entre saberes teóricos y saberes prácticos.
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2.- EL PASADO, MÁS PRESENTE QUE NUNCA Como ya se encargó de precisar Santos Juliá (2003), hacer memoria no es recordar, como echar al olvido no es simplemente olvidar. Al contrario que recordar u olvidar, hacer memoria y echar al olvido dependen de la voluntad, ya sea individual o colectiva. Hacemos memoria de algo cuando nos esforzamos por traer al presente aquello que, sin desearlo, olvidamos en un momento dado y hoy puede sernos útil para alcanzar un fin y, a su vez, echamos al olvido aquello que, estando bien presente en nuestra memoria, decidimos hoy dejar de lado para evitar que interfiera en nuestro vivir cotidiano o en nuestros planes de futuro. La presencia del pasado en la agenda mediática no es reciente. A lo largo del último siglo la mirada hacia el pasado ha sido constante y especialmente llamativa en los medios audiovisuales, si bien fueron los medios impresos los que desde la segunda mitad del XIX, de una manera sistemática y rutinaria comenzaron a dedicar escuetos espacios informativos a la reseña anecdótica de sugerentes efemérides. La referencia al pasado parecía no trascender la mera curiosidad. Sin embargo, el recuerdo de personas que por sus actos eran considerados excepcionales permitía recuperar y exaltar los valores y virtudes que en el presente debían seguir cultivándose. Hechos políticos, descubrimientos o invenciones dignos de recuerdo eran reseñados como una forma de corroborar el puesto que la Historia ya había reservado a sus protagonistas y de revalidar para la prensa su papel como agente de legitimación histórica. Hoy día, de manera cotidiana, las referencias a lo ocurrido tiempo atrás se dejan ver de manera habitual en los medios de comunicación más solventes como un signo de distinción periodística. El conocimiento histórico se coloca al servicio del análisis y la información aportando a la noticia un añadido de calidad, a la vez que afianzando una noción lineal del tiempo, conforme a la cual toda referencia al pasado hace inteligibles los sucesos del presente. La actualidad, entendida de este modo, se constituye en relación a la experiencia de un pasado nunca del todo cerrado y a las expectativas en un futuro nunca del todo abierto. Y mientras el porvenir, cargado de proyectos, se presenta como un tiempo de incertidumbres, el pasado, cargado de certezas, ayuda a comprender esa vertiginosa sucesión de acontecimientos a la que se refiere Claudio Magris (1998, p. 135) cuando habla de un “laberíntico presente que arroja sin descanso el pasado en el futuro”. El relato de actualidad, así concebido, no persigue únicamente la comprensión de lo que sucede, sino el impacto emocional que hace sentir todo acontecimiento tildado de histórico como una realidad verdaderamente “vivida”.
2.- Historia, memoria y comunicación: Una relación necesaria
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Recordamos lo visto/oído/leído como si lo hubiéramos vivido porque, en cierto modo, lo vivimos en lo que fue nuestro presente, desde nuestra condición de receptores mediáticos de aquel acontecer. Nunca con la intensidad con que lo vienen haciendo en las últimas décadas, los medios han conseguido incorporar a la memoria individual de los ciudadanos lo seleccionado en sus agendas como parte esencial de su particularisimo acontecer cotidiano. Lo acaecido en el espacio mediático ha pasado a formar parte de nuestras propias vivencias y, en consecuencia, de nuestras propias memorias individuales, integradas, desde la interpretación y valoración suministrada por los medios, en una suerte de memoria mediática masivamente compartida. Este interés de los medios por adentrarse en el pasado, ahora compartido por YouTube, Instagram o Twitter, no sólo tiene que ver con su natural propensión a la divulgación, también con el poder de fijar en la memoria pública el significado histórico de un hecho, un proceso o un personaje y, por supuesto, con el propósito de constituirse en referentes principales de conocimiento y juicio histórico para su propia audiencia. Que los medios de comunicación -y hoy también redes sociales- determinan la percepción que nos hacemos del mundo, no es hoy día cuestionable, que intervienen en la percepción que tenemos del pasado, pocos podrían ponerlo en duda. Alain Touraine (2000, p.200) hace años llamó la atención a este respecto señalando que en la sociedad actual lo que se reconoce como histórico cada vez depende menos de la selección hecha por los historiadores y cada vez más de quienes delimitan la agenda informativa de los medios de comunicación, del mismo modo que lo que la mayoría social conoce sobre el pasado proviene más de lo recibido de los medios que de lo aprendido en las aulas. Por ello, además de recurrir al pasado para dar sentido a lo que sucede en el presente, los medios tienden a mirar atrás movidos por una suerte de misión histórica consistente en traer al presente y divulgar lo ocurrido, haciendo memoria de episodios, procesos o figuras históricas que pudieran dar respuesta a inquietudes nuevas y servir de referencia moral para las generaciones presentes. Esta forma de hacer memoria designa un proceso por el cual los conflictos, intereses, carencias e inquietudes del presente operan sobre el pasado en busca de respuesta. Su resultado es la memoria histórica, fruto de un proceso eminentemente comunicativo por el que actores sociales diversos, partidos, gobiernos y otras instituciones acaban haciendo suya y socializando una singular lectura moral de lo ocurrido tiempo atrás. Su discurso sobre el pasado, guiado siempre por un interés finalista, no persigue estrictamente el conocimiento sino la ejemplaridad, la legitimidad, la conmemoración y la identidad.
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Es aquí, en su carácter finalista, donde reside la principal particularidad de la memoria colectiva y de la que los estudiantes de Comunicación debieran ser especialmente conscientes. Paul Ricoeur (2005, p.122) hablaba del deber de memoria para referirse al requerimiento democrático de liberar de la represión del silencio episodios traumáticos del pasado. Desde su perspectiva, construir la memoria colectiva no es sólo un asunto de historiadores. Es un trabajo que concierne al conjunto de la sociedad y, particularmente, a los medios de comunicación como agentes relevantes en la ejecución de lo que Freud llamaba rememoración o trabajo de la memoria, es decir, del esfuerzo por devolver al presente lo que en el pasado fue enterrado por tabúes culturales, frenos políticos o resistencias sociales. En términos sociomediáticos, la rememoración podría considerarse una forma de liberación colectiva dirigida a que los ciudadanos conozcan pero, también se reconozcan como parte de una misma sociedad y herederos de un mismo pasado. Desde este punto de vista, se trataría de una interesante apropiación del pasado guiada por el doble propósito de enarbolarlo como vínculo afectivo e identitario en el presente, al tiempo que divulgarlo como referencia moral desde la que seguir avanzando en el futuro. Este proceso requiere de investigación histórica, pero no sólo. La proyección mediática de lo investigado, la construcción de relatos de ficción -literarios o cinematográficos-, la divulgación de testimonios fotográficos, la publicación de relatos y la emotiva exhibición de objetos persiguen la sensibilización pública y la creación de un clima emocional favorable a que la ciudadanía interiorice aquello que debe sentir, de alguna manera, suyo. Esta reconstrucción selectiva del pasado supone el reconocimiento de su innegable actualidad, pero también de su funcionalidad en la conformación de una identidad colectiva en la que el pasado demarca un espacio de experiencia propio cuajado de referentes ideológicos, tradiciones políticas, ejemplos de vida y valores necesarios en los que mirarse y poder reconocerse como parte de una misma comunidad cívica. Así pues, indagar en el pasado y construir una memoria colectiva forma parte de la responsabilidad pública de los agentes sociales, pero también de los medios de comunicación, conscientes de que no hay identidad sin memoria y de que, como sostiene Géraldine Schwarz, el recuerdo de los traumas colectivos debe poder colocarse al servicio de la concordia social. La alternativa es la amnesia, la reinvención interesada del pasado, la proliferación de mitos y la fragmentación de la identidad colectiva en particularismos incompatibles con el proyecto común que debe vincular a toda sociedad democrática.
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3.- PROPUESTA TEÓRICO-METODOLÓGICA PARA UNA HISTORIA DEL TIEMPO PRESENTE Al objeto de alcanzar las competencias definidas en las diferentes titulaciones, el modelo educativo impulsado en Bolonia2 y sucesivas reuniones de ministros en Praga (2001), Berlín (2003) y Bergen (2005) obligaron igualmente a una transformación profunda del rol del profesor dentro de la Universidad, a un cambio sustancial de la metodología docente y hasta del propio significado del concepto de aprendizaje. Consciente de que su función iba más allá de la difusión del contenido de un programa académico, el profesor se ha habituado a inculcar en el estudiante la idea de que debe preguntar, dudar, buscar información de manera autónoma y no conformarse con las supuestas certezas científicas que le son transmitidas por una voz autorizada. Así, llevamos décadas avanzando en un modelo de enseñanza superior que no recae principalmente sobre la tarea informadora del profesor sino sobre el proceso de aprendizaje del estudiante y en sus logros, tanto en el terreno de los contenidos, como en el de las destrezas, habilidades y competencias marcadas para la titulación que esté cursando. Sin embargo, con ser este cambio importante, la convergencia de la educación superior en el espacio europeo no se limitaba en su planteamiento original a la sustitución de un modelo docente por otro sino al reforzamiento del papel de la universidad y de sus titulados como motor de innovación y cambio social. De acuerdo con lo expuesto, el “espíritu” competencial contenido en la Declaración de Bolonia y documentos posteriores, y la práctica profesional a la que han de enfrentarse los futuros comunicadores invitan a una reconsideración de los contenidos y metodología aplicados a las asignaturas de “Historia”. La conexión del pasado con un presente vivido obliga a repensar la concepción misma de lo que consideramos pasado para afrontarlo no como una realidad caduca sino integrada en las claves básicas del debate público. Es ahí donde los medios de comunicación, tanto en la producción informativa como de ficción o publicitaria intervienen en la reconstrucción de una Historia necesaria destinada a confrontar a los ciudadanos con el pasado del que provienen. A partir de esa consideración, el trabajo en las aulas debe incluir la propuesta de una lectura sistemática y no mitificada
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El 19 de junio de 1999, treinta estados europeos -los miembros de la Unión Europea más los pertenecientes al Espacio Europeo de Libre Comercio, además de países del centro y este de Europa- firmaban en Bolonia la Declaración que habría de sentar las bases del nuevo Espacio Europeo de Educción Superior conforme a los principios de calidad, movilidad, diversidad y competitividad.
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del pasado que invite a los futuros comunicadores a un conocimiento crítico y reflexivo del mismo. Para ello, es fundamental que se les familiarice con varios conceptos básicos: memoria colectiva, Historia del presente y uso público de la Historia, como también que se les haga conscientes de la responsabilidad pública que les espera a la hora de determinar desde el desempeño de su profesión el conocimiento público de lo acontecido. El material con el que se trabaje en el aula debe ser historiográfico, pero también mediático. La producción historiográfica es insustituible para que los futuros comunicadores se acerquen a lo investigado y asuman la existencia de interpretaciones diversas sobre los diferentes procesos históricos, así como los factores estructurales, coyunturales e individuales que intervinieron en su desarrollo. En este punto, la lectura y análisis crítico de artículos académicos propuestos en el aula debe ser un reto insoslayable para adquirir conceptos y categorías que hagan del aprendizaje un proceso coherente y académicamente riguroso en la adquisición de competencias intelectuales esenciales. Los medios de comunicación deben ser asimismo una fuente imprescindible para acercarse al conocimiento del pasado. El uso de material de época, hemerográfico, documental o de ficción puede ayudar al futuro comunicador a entender el modo en que un hecho o proceso histórico fue dado a conocer en su momento, qué cobertura informativa generó, qué producción audiovisual, si la hubo en su momento, se conserva, etc. La confrontación de ese material con la reconstrucción que ese mismo proceso ha generado en el presente en diferentes medios de comunicación puede resultar de extrema utilidad para suscitar en el aula un debate acerca del interés que desencadenó ese hecho en el pasado y también en el presente, así como qué uso público se haya podido hacer de él en cada momento: divulgador, memorialístico, mitificador, etc. De este modo, el estudiante de Comunicación podrá ejercitarse en la crítica de la producción mediática a partir de un hecho o proceso histórico. Tradicionalmente, la insistencia en los contenidos ha llevado durante décadas a construir programas sobrecargados, ligados a metodologías teóricas por parte del profesor y a prácticas de memorización por parte del alumno. La nueva metodología implementada a partir de los Planes de Estudio consecuentes a la Declaración de Bolonia ha abierto nuevas perspectivas para las disciplinas humanísticas y, particularmente, para la Historia. Concebir al profesor y al alumno como sujetos activos y participantes del mismo proceso de aprendizaje allana el camino a considerar viable la aplicación en el aula de una metodología más centrada en la Historia-problema. En este punto, los programas, aligerados en sus contenidos teóricos, ceden espacio a la participación guiada del alumno. A partir de la información suministrada por