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Kant y la guerra Una revisión de La paz perpetua desde las preguntas actuales

Francisco José Contreras Peláez Catedrático de Filosofía del Derecho Universidad de Sevilla

Valencia, 2007


Copyright ® 2007 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

Obra editada bajo el patrocinio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, en el marco de la primera convocatoria de ayudas a la publicación de tesis doctorales y monografías inéditas (año 2006), y en virtud de la subvención concedida a tal fin por la Fundación El Monte, presidida por el Prof. Dr. Ángel M. López López.

© Francisco José Contreras Peláez

© tirant lo blanch edita: tirant lo blanch C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia telfs.: 96/361 00 48 - 50 fax: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es deposito legal: i.s.b.n.: 978 - 84 - 8456 - 850 - 6


A tío Carlos y a tío Joselín, in memoriam. Y a tío José Manuel, que me contaba las Guerras Médicas.


ÍNDICE Prólogo ...................................................................................................

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1. EL CONTEXTO HISTÓRICO DE : DE LA COALICIÓN ANTIRREVOLUCIONARIA A LA PAZ DE BASILEA....................................................................

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2. ¿UNA OBRA MENOR?.............................................................

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3. LA PAZ COMO IMPERATIVO MORAL Y LA PAZ COMO FINALIDAD DE LA NATURALEZA: KANT FRENTE A HEGEL.......................................................................................

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4. LAS CONDICIONES PRELIMINARES PARA LA PAZ....... 4.1. La paz no es un mero armisticio ........................................ 4.2. Del Estado-patrimonio al Estado-persona moral.............. 4.3. ¿Desarme? Del ejército profesional al “pueblo en armas”.. 4.4. La guerra y las finanzas ..................................................... 4.5. No injerencia en los asuntos internos................................ 4.6. ¿ ?: Kant y el 4.7. El Kant “belicista”: y guerra justa..............

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5. LAS CONDICIONES DEFINITIVAS PARA LA PAZ ........... 5.1 Republicanismo y paz internacional: ¿son más pacíficas las democracias? ....................................................................... 5.2 ¿Estado mundial o “liga de los pueblos”?........................... 5.3 Libertad comercial, derecho de visita y colonialismo........

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6. LA “GARANTÍA” DE LA PAZ PERPETUA: ¿NECESIDAD HISTÓRICA O ESPERANZA? (CON UN EPÍLOGO TEOLÓGICO) ......................................................................................... Bibliografía............................................................................................

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Prólogo

Mi propósito en este libro es analizar la doctrina ética y jurídico-política de Immanuel Kant sobre la guerra, la paz y la sociedad internacional. La obra fundamental de Kant sobre el tema es, por supuesto, Hacia la paz perpetua (1795), y el libro consiste —en buena parte— en una cuidadosa exégesis de dicho escrito. Ahora bien, no toda la doctrina internacionalista de Kant está recogida en Hacia la paz perpetua; de hecho, está dispersa en una serie de obras que van desde Idea de una historia universal en sentido cosmopolita (1784), hasta El conflicto de las Facultades (1798), y entre las que figuran también, entre otras, Acerca del dicho común: “eso puede ser cierto en teoría, pero no sirve para la práctica” (1793) y La metafísica de las costumbres (1797). Por tanto, aunque el hilo conductor sea el comentario sistemático de Hacia la paz perpetua, se establecen constantemente las oportunas remisiones y comparaciones con otros escritos kantianos (constatando, a veces, vacilaciones y evoluciones en puntos importantes). He prestado considerable atención al contexto filosófico, jurídico-político y bélico de la doctrina internacionalista kantiana (de ahí que el trabajo arranque con un vistazo a la coyuntura internacional de 1795: primera coalición antirrevolucionaria, Paz de Basilea, etc.). Y he intentado rastrear los antecedentes doctrinales de ésta. Estimé, sin embargo, que, en lugar de anteponer el típico capítulo histórico dedicado a los precursores, podía ser más oportuno ir refiriéndome a éstos —muchas veces, en “entremeses” en letra pequeña— a medida que la propia exposición de las tesis kantianas lo propiciaba. El lector encontrará, pues, breves presentaciones de las tesis internacionalistas e irenológicas de Erasmo, Vitoria, Sully, Penn, Saint-Pierre, Rousseau, etc., así como alusiones a la animada Friedensdiskussion —desencadenada precisamente por la publicación de Hacia la paz perpetua— que tiene lugar en el ámbito cultural


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germánico en los últimos años del siglo XVIII (Gentz, Görres, Wieland, etc.). Del mismo modo, he intentado mostrar que la doctrina irenológica de Kant y su teoría de la sociedad internacional no poseen un interés meramente arqueológico, pues buena parte de las cuestiones abordadas por él siguen abiertas hoy día. Como en el caso de los antecedentes, tampoco he querido confinar estas proyecciones contemporáneas a un capítulo final específico, sino que he ido atando cabos con la actualidad filosófica au fur et à mesure, cuando los conceptos introducidos por Kant parecían pedirlo. Por ejemplo, aludo a la polémica jurídico-internacional e iusfilosófica actual sobre la “intervención humanitaria” al final de mi comentario al quinto artículo preliminar de Hacia la paz perpetua (donde Kant establece el principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados, y discute sus límites). De igual forma, en diversos momentos de la exposición el lector irá encontrando referencias a la teoría de la “guerra virtual” o “postmoderna”, a la polémica sobre la (in)eficacia del sistema de seguridad de Naciones Unidas en la prevención de conflictos, a las tesis rawlsianas sobre el “Derecho de gentes”, a la tipología irenológica de Raymond Aron, al surgimiento y evolución del Derecho internacional humanitario, a la concepción “realista” de las relaciones internacionales (Kennan, Morgenthau, etc.), al juicio retrospectivo de Habermas sobre los aciertos y debilidades de la irenología kantiana, a las distintas visiones de la sociedad cosmopolita en Toulmin, Kymlicka, Sartori, etc. Finalmente, así como no toda la teoría kantiana sobre la paz y la sociedad internacional está contenida en Hacia la paz perpetua, tampoco todo el opúsculo trata propiamente sobre pacificación y Derecho internacional. Por eso he concentrado mi atención preferentemente sobre el “articulado” y el “primer suplemento”, quedando fuera del análisis (salvo en algunas citas muy concretas) el “segundo suplemento” y los apéndices.


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El segundo suplemento (o “artículo secreto”) trata sobre la colaboración de los filósofos en la tarea política: tiene que ver mucho más con la libertad de pensamiento y la función áulica de los Gelehrten (tema que he tratado en publicaciones anteriores) que con la paz y la sociedad internacional. Los dos apéndices tratan sobre la relación entre moral y política, asunto que también he analizado en trabajos previos . Ésta es la razón por la que la exégesis se detiene en el primer suplemento. La base de este libro es el ejercicio de investigación presentado en septiembre de 2005 al concurso-oposición celebrado en Santiago de Compostela, en el que obtuve la habilitación para cátedra de universidad. En los meses transcurridos desde entonces, he completado y pulido el texto (en especial, con la adición del epígrafe relativo a la teoría kantiana del ius ad bellum, cuya ausencia hizo notar oportunamente en aquella ocasión el profesor Robles Morchón). Agradezco a los integrantes del tribunal (profesores Martínez Roldán, Peces-Barba Martínez, Martínez de Pisón, Puy Muñoz, Estévez Araujo e Igartua Salaverrías, además del ya citado Gregorio Robles) su estimación positiva del ejercicio, así como las inteligentes observaciones y sugerencias emitidas. Gratitud que hago extensiva a Antonio E. Pérez Luño, sin cuyo apoyo y consejo durante veinte años no habría llegado hasta aquí.

CRITERIO LINGÜÍSTICO PARA LAS NOTAS AL PIE: dejaré en su idioma original las citas procedentes de obras extranjeras cuando el contenido de aquéllas haya sido ya resumido o traducido al castellano en este libro (bien en el texto principal, bien en las propias notas); las traduciré al español en caso contrario. Vid. KANT, I., Zum ewigen Frieden: ein philosophischer Entwurf [1795], en Kants Werke, Akademie-Textausgabe, Walter de Gruyter, Berlín, 1968, Bd. VIII, pp. 368 ss. CONTRERAS PELÁEZ, F. J., El tribunal de la razón: el pensamiento jurídico de Kant, MAD, Sevilla, 2005, pp. 69 ss. Vid. KANT, I., Zum ewigen Frieden, cit., pp. 370 ss. Por ejemplo: CONTRERAS, F. J., El tribunal de la razón, cit., pp. 47 ss.


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El presente trabajo fue uno de los premiados en el concurso de monografías científicas de la Facultad de Derecho de Sevilla en 2006. La correspondiente dotación económica ha contribuido a hacer posible su publicación. Agradezco muy sinceramente a Alfonso Castro y Alfonso de Julios que me informaran en su momento sobre las bases y me animaran a presentarme. Este año alcanza la jubilación el iusinternacionalista José Manuel Peláez, coronando una ejemplar trayectoria docente e investigadora. Son muy relevantes sus aportaciones al estudio del Derecho comunitario y del Derecho internacional del desarrollo. Cuando yo era niño, haciendo apartes en las reuniones familiares, hablábamos a veces de las cosas del espíritu (Kipling, el Golem, la trascendencia... él sabe). Más tarde, su ejemplo pesó de manera decisiva en mi elección de la docencia universitaria como profesión. Este libro —cuyo tema se encuentra en la frontera entre nuestras respectivas especialidades— está dedicado a él. Sevilla, 31 de enero de 2007


1. El contexto de Hacia la paz perpetua: de la coalición antirrevolucionaria a la Paz de Basilea Un día impreciso de agosto de 1795, Immanuel Kant propuso a su editor habitual, Nicolovius, un manuscrito titulado Zum ewigen Frieden (Hacia la paz perpetua o Para la paz perpetua; las traducciones españolas omiten a menudo la preposición, escamoteando así un matiz que, como veremos después, no carece de importancia) . Con fino olfato editorial, Nicolovius intuyó que tenía entre manos un posible best seller, y comunicó en el mismo día su aceptación al viejo profesor, proponiéndole lanzar una “edición doble” . La decisión se iba a revelar correcta; el Friedensschrift alcanzaría un éxito inmediato, convirtiéndose en la obra de Kant más leída por sus contemporáneos: las reediciones se suceden en pocos años, y pronto llegarán las traducciones a otros idiomas . Se convierte en pieza de discusión obligada para los intelectuales, que reaccionan a él, primero

La preposición zu podemos traducirla al castellano como “sobre, acerca de” o como “hacia”; quizás la segunda traducción es más coherente con el espíritu de la obra. Vid. consideraciones de Félix DUQUE al respecto en DUQUE, F., “Natura daedala rerum: De la inquietante defensa kantiana de la máquina de guerra”, en RODRÍGUEZ ARAMAYO, R. - MUGUERZA, J. - ROLDÁN, C. (eds.), La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración: A propósito del bicentenario de Hacia la paz perpetua de Kant, Tecnos, Madrid, 1996, p. 191. Sobre los avatares de la edición, vid. CAVALLAR, G., Pax kantiana: Systematisch-historische Untersuchung des Entwurfs “Zum ewigen Frieden” (1795) von Immanuel Kant, Böhlau Verlag, Viena-ColoniaWeimar, 1992, p. 7. En el curso de 1796 fueron publicadas tres traducciones al francés; en años posteriores, versiones en español, inglés e italiano. Vid. BORRIES,


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en sus debates epistolares , y después mediante recensiones y escritos de respuesta . Hacia la paz perpetua (en lo sucesivo, HPP) se convierte así en el punto de partida de la klassische deutsche Friedensdiskussion, la polémica ética y filosófico-jurídica en torno a la paz y la guerra, que alcanza gran intensidad en Alemania en la década 1795-1805, y en la que terciarán resonantemente autores como Johann Gottlieb Fichte, Friedrich Schlegel, Joseph Görres y Friedrich Gentz. Más adelante habremos de aludir a algún aspecto de ese debate. Kant probablemente escribió HPP bajo la onda emocional de la Paz de Basilea (5 de abril de 1795), acuerdo franco-prusiano en virtud del cual Federico Guillermo II abandonaba la coalición de monarquías que hostigaban a la Francia revolucionaria. El acuerdo fue saludado con entusiasmo en Prusia y con indignación en el resto de los países coaligados, que interpretaron esta “paz por separado” como una traición de Prusia a sus compro-

K., Kant als Politiker: Zur Staats- und Gesellschaftslehre des Kritizismus [1928], Scientia Verlag, Aalen, 1973, p. 200, nota 2. Algunas reacciones son sabrosas. El príncipe AUGUSTO DE SAJONIAGOTHA escribe a GOETHE: “no creo que la obra guste especialmente a los príncipes y demás altos potentados”; pero no hay peligro, pues “estos señores no leen nada, salvo los escalafones de sus ejércitos” (Príncipe Augusto a Goethe, citado por DIETZE, W. y A. (eds.), Ewiger Friede? Dokumente einer deutschen Diskussion um 1800, Kiepenheuer, LeipzigWeimar, 1989, p. 129). Wilhelm von HUMBOLDT se muestra severo en su valoración del escrito; escribe a SCHILLER: “en conjunto [...] no muy importante”; “nuevas ideas no hay casi ninguna, y parte de ello me parece casi totalmente arbitrario y descabellado [mehreres scheint mir fast ganz willkürlich und gewagt]” (DIETZE, W y A., op. cit., pp. 125 y 133). La acusación de falta de originalidad (de haber repetido con otras palabras lo que ya propusiera a principios de siglo el abbé de SAINTPIERRE) volverá a menudo en las recensiones y escritos de respuesta. Es bastante infundada, como tendremos ocasión de ver. La temprana Wirkungsgeschichte de Hacia la paz perpetua ha sido reconstruida por Walter y Anita DIETZE: Ewiger Friede?, cit., pp. 110 ss.


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misos10. Es cierto que Kant no menciona en ningún momento la Paz de Basilea (ni ningún otro acontecimiento político reciente) en HPP, lo cual ha llevado a algún comentarista a dudar que haya sido ése el hecho inspirador del escrito (Klemme)11, o incluso a negar abiertamente dicha posibilidad (Berkemann)12. Son mayoría, sin embargo, los que dan por segura la conexión (Borries13, Ruyssen14, Höffe15, Cavallar16, Saner17, Gerhardt18, Bohman y Lutz-Bachmann19, entre otros). Hoy sabemos que

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Austria y algunos principados alemanes continuaron la guerra contra Francia dos años más; la defección de Prusia fue, así, interpretada como traición: “er wurde [...] im Reich, das den Krieg noch zwei Jahre weiterführte, als Verrat empfunden” (SANER, H., “Die negativen Bedingungen des Friedens”, en HÖFFE, O. (ed.), Immanuel Kant: Zum ewigen Frieden, Akademie Verlag, Berlín, 1995, p. 43); “es sich auf der Seite Preuβens um einen klaren Verrat an seinen Verbündeten handelte” (PATZIG, G., “Kants Schrift Zum ewigen Frieden”, en MERKEL, R. - WITTMANN, R. (eds.), “Zum ewigen Frieden”: Grundlagen, Aktualität und Aussichten einer Idee von Immanuel Kant, Suhrkamp, Francfort del M., 1996, p. 14). KLEMME, H. F., “Vorwort”, en KANT, I., Über den Gemeinspruch: Das mag in der Theorie richtig sein, taugt aber nicht für die Praxis - Zum ewigen Frieden: ein philosophischer Entwurf, ed. de H. F. KLEMME, Felix Meiner, Hamburgo, 1992, p. XI). BERKEMANN, J., Studien zu Kants Haltung zum Widerstandsrecht, Felix Meiner, Hamburgo, 1972, p. 126. BORRIES, K., Kant als Politiker, cit., p. 200. RUYSSEN, T., “La philosophie de l’histoire selon Kant”, en VVAA, La philosophie politique de Kant, Presses Universitaires de France, París, 1962, p. 46. HÖFFE, O., “Einleitung: Der Friede - ein vernachlässigtes Ideal”, en HÖFFE, O. (ed.), Immanuel Kant: Zum ewigen Frieden, Akademie Verlag, Berlín, 1995, p. 5. CAVALLAR, G., Pax kantiana, cit., pp. 5 ss. SANER, H., “Die negativen Bedingungen des Friedens”, cit., p. 43. GERHARDT, V., Immanuel Kants Entwurf Zum ewigen Frieden: eine Theorie der Politik, Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1995, p. 19. BOHMAN, J. - LUTZ-BACHMANN, M., “Introduction”, en BOHMANN, J. - LUTZ-BACHMANN, M. (eds.), Perpetual Peace: Essays on Kant’s


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la Paz de Basilea desencadenó una auténtica marea editorial: decenas de opúsculos, manifiestos y hojas volantes (Otto Tschirch pudo exhumar ochenta de ellos, sólo en la Preussische Staatsbibliothek de Berlín y la Sächsische Landesbibliothek de Dresde)20. Tenemos, por otra parte, el testimonio del biógrafo Reinhold Jachmann, que certifica el alborozo de Kant ante la noticia de la Paz de Basilea, y lo interpreta de este modo: “[...] que él era un verdadero patriota, lo demuestra no sólo su apego a su patria [...], sino también su sensato y frecuentemente expresado deseo de que nuestro Estado no se inmiscuyese en los asuntos internos de una nación extranjera, y su alegría íntima [seine innige Freude darüber] cuando este deseo se vio realizado”21.

La obligación de “no interferir por la fuerza en la constitución y gobierno de otro Estado”22 aparece consagrada —como veremos con más amplitud infra— en el quinto “artículo preliminar” de HPP (escrito que, adelantémoslo desde ahora, imita el lenguaje y la estructura de los tratados internacionales de la época, incluyendo “cláusulas salvatorias” y “artículos secretos”). La coalición plurinacional contra Francia a partir de 1792 había representado, sin duda, un masivo intento de injerencia extranjera en los “asuntos internos” del país en que tenía lugar el “costoso experimento”23 histórico de la Revolución (un

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Cosmopolitan Ideal, The MIT Press, Cambridge (Mass.) - Londres, 1997, p. 3. TSCHIRCH, O., Geschichte der öffentlichen Meinung in Preußen vom Baseler Frieden zum Zusammenbruch des Staates (1795-1806), Bd. I, Deutsche Bibliothek, Weimar, 1933, p. 64. JACHMANN, R. B, “Zwölfter Brief”, en GROSS, F. (ed.), Immanuel Kant: sein Leben in Darstellungen von Zeitgenossen. Die Biographien von L. E. Borowski, R. B. Jachmann und A. Ch. Wasianski [1912], Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt, 1980, p. 175. “Kein Staat soll sich in die Verfassung und Regierung eines andern Staats gewaltthätig einmischen” (KANT, I., Zum ewigen Frieden, cit., p. 346). KANT, I., Der Streit der Facultäten, en Kants Werke, Akademie Textausgabe, cit., Bd. VII, p. 85.


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experimento con el que Kant simpatizaba en lo fundamental24, sin por ello cerrar los ojos a las “miserias y atrocidades” que lo habían acompañado25).

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Sobre la compleja relación de KANT con la Revolución Francesa (cuestión que, por razones de espacio y oportunidad, no abordaremos aquí), pueden consultarse entre otros muchos: FOUCAULT, M., “Seminario sobre el texto de Kant Was ist Aufklärung?”, en JARAUTA, F. (ed.), La crisis de la razón, Universidad de Murcia, 1986, pp. 20 ss.; BOBBIO, N., “Kant y la Revolución Francesa”, en El tiempo de los derechos, trad. de R. de Asís, Sistema, Madrid, 1991, pp. 183 ss.; MUGUERZA, J., “Kant y el sueño de la razón”, en THIEBAUT, C. (ed.), La crisis ética de la Ilustración, Crítica, Barcelona, 1991, pp. 31 ss.; COLOMER MARTÍNCALERO, J. L., La teoría de la justicia de Immanuel Kant, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1995, p. 366; GRAB, W., “Zwischen Obrigkeitsgehorsam und Revolutionsbejahung: Immanuel Kants Einstellung zur Französischen Revolution”, en BEUTIN, W. (ed.), Hommage à Kant: Kants Schrift Zum ewigen Frieden, Von Bockel Verlag, Hamburgo, 1996, pp. 25 ss; PHILONENKO, A. Théorie et praxis dans la pensée morale et politique de Kant et de Fichte en 1793, J. Vrin, París, 1968, pp. 72-73; LUF, G. Freiheit und Gleichheit: Die Aktualität im politischen Denken Kants, Springer Verlag, Viena-Nueva York, 1978, pp. 184 ss.; BOBBIO, N., Diritto e Stato nel pensiero di Emanuele Kant, G. Giappichelli Editore, Turín, 1969, pp. 222 y 260 ss.; WILLIAMS, H., Kant’s Political Philosophy, B. Blackwell, Oxford, 1983, pp. 208 ss.; SOLARI, G., “Il liberalismo di Kant e la sua concezione dello Stato di diritto”, en SOLARI, G., Studi storici di filosofia del diritto, Giappichelli, Turín, 1949, p. 231; BURG, P., Kant und die Französische Revolution, Duncker & Humblot, Berlín, 1974; GURWITSCH, A., “Immanuel Kant und die Aufklärung” y HENRICH, D., “Kant über die Revolution”, ambos en BATSCHA, Z. (ed.), Materialien zu Kants Rechtsphilosophie, Suhrkamp, Francfort del M., pp. 331 ss. y 359 ss.; LOSURDO, D., Autocensure et compromis dans la pensée politique de Kant, trad. fr. de J. M. Buée, Presses Universitaires de Lille, Lille, 1993, pp. 133 ss. Vid. mi comentario al famoso texto del Conflicto de las Facultades en el que KANT alude a la Revolución Francesa como signum rememorativum, demonstrativum, prognostikon del “constante progreso [de la especie humana] hacia lo mejor” en CONTRERAS PELÁEZ, F. J., El tribunal de la razón: el pensamiento jurídico de Kant, cit., pp. 87-88 [nota 256]. (Tendré que incurrir en la poco elegante práctica de la autocita frecuente. Evitaré tocar en este trabajo puntos que ya he tratado en publicaciones anteriores: de ahí las inevitables remisiones).


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La gran ofensiva de las monarquías europeas —horrorizadas por la Revolución en su conjunto, y por la ejecución de Luis XVI en particular— estuvo a punto, en efecto, de conseguir su objetivo, destruyendo al nuevo régimen in statu nascendi. Alguna mención merecen aquellos acontecimientos, que constituyen el trasfondo histórico inmediato, bajo cuya influencia diseña Kant su propuesta de “paz perpetua”. Ya en agosto de 1791 (Declaración de Pillnitz) se habían pronunciado formalmente los monarcas Federico Guillermo II de Prusia y Leopoldo II de Austria por el restablecimiento del statu quo ante en Francia, agitada desde julio de 1789 por el proceso revolucionario. El inicio de hostilidades corresponde, sin embargo, a las propias autoridades revolucionarias, que el 20 de abril de 1792 declaran la guerra al “rey de Bohemia y Hungría” (el emperador austríaco). Arrastrada Prusia al conflicto por razones ideológicas y por el automatismo de las alianzas, Francia se va a ver de hecho acosada por los cuatro costados: a la presión austro-prusiana desde el Este se sumará el hostigamiento español desde los Pirineos (España y Gran Bretaña se incorporan a la Coalición en 1793), y británico desde el Norte y el Mediterráneo (desembarcos en los Países Bajos, Marsella y Toulon); a todo ello habría que añadir los importantes levantamientos católico-monárquicos en la Vendée, Normandía (comarca de Dol) y otros puntos del Oeste francés, sangrientamente reprimidos por la Convención. Las tropas del nuevo régimen, contra todo pronóstico, conseguirán contener al enemigo; tras una primera y fundamental victoria defensiva en Valmy el 20 de septiembre de 1792 (que contará con Goethe como espectador de excepción: “de aquí y de hoy arranca una nueva era de la historia del mundo”)26, pasarán al contraataque a partir de 1793 (victorias de Wattignies y Fleurus), rebasando las fronteras internacionales (toma de San Sebastián, invasión de los Países Bajos). De esta forma, lo que en un primer momento había sido un combate defensivo, con la República resistiendo a la desesperada frente a sus agresores, se convierte ahora en una suerte de “imperialismo revolucionario”. Ya el 31 de enero de 1793 proclamaba Danton el derecho de Francia a sus “fronteras naturales”: desde el Atlántico a los Alpes, desde los Pirineos hasta el Rin; la aplicación de estas lindes requería la adquisición de territorios que no pertenecían a Francia antes de 1792 (Savoya, Renania, Bélgica). Este vulgar expansionismo territorial será vestido con el ropaje ideológico de la lucha por la libertad: hay que llevar la buena nueva revolucionaria a los demás pueblos, hay que derrotar de una vez para siempre al despotismo. Surge en aquellos días, como ha hecho notar Cavallar, el mito de la “lucha final”: Francia se considera eximida de las restricciones humanitarias propias de la conducta bélica “civilizada” (en la represión de la

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GOETHE, J. W. V., “Kampagne in Frankreich”, en Poetische Werke, Berliner Ausgabe, Bd. 15, Berlín, 1962, p. 117.


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Vendée se envenenarán fuentes y se fusilará masivamente a civiles desarmados) y de la obligación de respetar las fronteras (ocupación de Bélgica, Savoya, Niza, etc.) porque se trata del último combate, ganado el cual advendrán la felicidad y la paz perpetuas. Ya en 1791 había declarado Brissot que “el pueblo francés, tras diez siglos de esclavitud, necesita ahora una guerra para consolidar la libertad”27. Y el general Dumouriez justificaba ante la Convención las conquistas francesas de esta forma: “las leyes constitucionales en las que ahora trabajáis serán los fundamentos de la felicidad y la fraternidad de las naciones. Ésta será la última de las guerras”28. Francia resiste victoriosamente a la Primera Coalición (en medio de tempestades internas terribles: abolición de la Monarquía y ejecución del rey, ascenso y caída de Robespierre, Terror jacobino, reacción termidoriana, etc.), por lo demás, merced a un “arma secreta” de enjundiosas implicaciones histórico-políticas: el “pueblo en armas”, la milicia de ciudadanos. La levée en masse de 1793 permite a Carnot encuadrar un ejército de un millón de hombres29 (controlado por comisarios políticos: otro rasgo de “modernidad” un tanto siniestro) que afronta con éxito a las tropas profesionales de las monarquías. El dato es importante: las guerras principescas del siglo XVIII, desatadas a menudo por caprichos personales de los monarcas o querellas dinástico-familiares (guerra de Sucesión española, guerras de la Pragmática Sanción, etc.), van a ceder paso a las guerras nacionales del XIX y el XX. La guerra se va a democratizar y nacionalizar: no son ya dos príncipes los que se enfrentan (cada uno moviendo sobre el tablero a sus mercenarios), sino dos pueblos totalmente movilizados, emocionalmente implicados en el combate y materialmente afectados por sus consecuencias (las guerras del XVIII rara vez salpicaban seriamente a la población civil: las batallas se libraban en campo abierto; en las guerras totales del siglo XX, los pueblos buscarán la aniquilación respectiva, y las víctimas civiles llegarán a superar a las militares)30.

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Citado por FEHRENBACH, E., Vom Ancien Régime zum Wiener Kongress, Oldenbourg, Múnich-Viena, 1993, p. 38. Citado por CAVALLAR, G., Pax kantiana, cit., p. 32. La levée se basó en el reclutamiento forzoso. La componente cívicodemocrática viene aportada, no por la (inexistente) voluntariedad del alistamiento, sino por la motivación ideológica subyacente a la movilización: salvar la República (el régimen “popular”, “democrático”); la nación de ciudadanos defendiéndose contra el enemigo absolutista. “Tous les Français sont soldats”, proclamaba el art. 107 de la Constitución francesa de 1793. Vid. mi comentario al artículo preliminar n.º3 de Hacia la paz perpetua. En la primera “guerra total” (la Primera Guerra Mundial) son llevados al extremo estos factores (nacionalización, democratización, a los que


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La Paz de Basilea certificaba, pues, el fracaso de las potencias absolutistas en su empeño por revertir la Revolución Francesa. Es probablemente este dato —la Revolución no ha sido vencida— el que explica el júbilo de Kant31, por más que a Jachmann le aduzca que su alegría se debe a ver triunfar el principio de no intervención (quinto artículo preliminar de HPP). Pues, desde el punto de vista del principio de no intervención, las condiciones de la Paz de Basilea dejaban mucho que desear. Ciertamente, Francia salvaba su régimen de la intervención extranjera, pero diversos países vecinos eran, no ya “intervenidos”, sino, peor aún, intercambiados como si fueran mercancías, en abierta violación del principio de autodeterminación estatal que Kant reconocerá implícitamente (2.º art. preliminar y 2.º art. definitivo) en HPP. Prusia entregaba a Francia los territorios de la orilla izquierda del Rin, sin consultar a la población de

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habría que sumar la “industrialización” de la guerra: aviones, ametralladoras, etc.), como hace notar Raymond ARON: “La industria, la universalización del servicio militar y el crecimiento monstruoso del coeficiente de movilización, se encuentran todos ellos en el origen del carácter hiperbólico que adquirió la guerra de 1914-18: guerra democrática, puesto que enfrentaba a “civiles vestidos de soldados”; guerra ideológica, puesto que los ciudadanos “creían defender su alma” (Paul Valéry), y guerra de material, llevada hasta el agotamiento de las naciones enfrentadas” (ARON, R., Paz y guerra entre las naciones, trad. de L. Cuervo, Alianza, Madrid, 1985, p. 205). En un sentido similar Michael IGNATIEFF: “[T]uvo que llegar el siglo XX para que la relación entre ciudadanía democrática, movilización masiva y guerra total llegara a sus últimas consecuencias. [...] La movilización total demostró ser la consecuencia maligna de la asociación entre la democracia y el nacionalismo: si todos son ciudadanos, todos deben servir; si se ataca a la nación, todos sus hijos deben defenderla; si se les pide, todos deben sacrificarse” (IGNATIEFF, M., Guerra virtual: Más allá de Kosovo, trad. de F. Beltrán, Paidós, Barcelona, 2003, p. 152). Coincido en este aspecto con la interpretación de PATZIG: “En Kant prevalecía la alegría por el hecho de que la República Francesa, con la que ya desde 1789 simpatizaba vivamente, había podido afirmarse en la lucha contra la coalición de monarquías europeas” (PATZIG, G., “Kants Schrift Zum ewigen Frieden”, cit., p. 14).


Kant y LA Guerra

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éstos, de cultura y lengua alemanas; en un “artículo secreto”, Francia prometía a Prusia compensaciones monetarias —a concretar en una futura conferencia de paz— por estas cesiones territoriales. Se reconocía igualmente la anexión de Bélgica (bajo dominio austríaco desde 1713), Savoya y Niza, ocupadas por Francia manu militari. Y lo más grave: Prusia transige en todos estos asuntos a fin de tener las manos libres para participar en el tercer “reparto” de Polonia, que, tras las graves amputaciones territoriales producidas en el primero (1772) y el segundo (1793), comporta la pura y simple liquidación del Estado polaco, despedazado por sus vecinos (Rusia, Austria, Prusia), previo aplastamiento del desesperado levantamiento nacional liderado por Kosciuszko (batalla de Maciejowic). Una felonía histórica que el Freiherr Von Stein (el impulsor de las grandes reformas liberalizadoras prusianas a partir de 1807) no dudará en calificar de “genocidio”32. En conclusión: la guerra antirrevolucionaria de 1792-95 y su superación provisional por medio de la Paz de Basilea actuaron como catalizadores para la cristalización definitiva de las ideas kantianas sobre la paz y la sociedad internacional; ideas no improvisadas, pues venían siendo maduradas desde Idea para una Historia universal en sentido cosmopolita, 1784. Pero el diseño pacificador de Kant en HPP tiene poco o nada que ver con los términos de la Paz de Basilea. No podemos, por tanto, estar de acuerdo con G. Cavallar cuando éste señala que su entusiasmo ante la noticia de la firma del Tratado se debía a “consideraciones genuinamente iusfilosóficas”33. Más bien, Kant fue aquí víctima de cierto sectarismo ideológico, que obnubilaba precisamente su discernimiento filosófico-racional:

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Citado por FREUND, M., Deutsche Geschichte, Bertelsmann, Gütersloh, 1961, p. 448. “[B]egrüsste er den Frieden von Basel, weil Preussen damit implizit das revolutionäre Frankreich als Völkerrechtssubjekt anerkannte. [...] Es gaben also genuin rechtsphilosophische Erwägungen [...] den Ausschlag” (CAVALLAR, G., Pax kantiana, cit., p. 7).


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