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haciendo una tesis

Emilio Beltrán Sánchez Jesús Ignacio Fernández Domingo

tirant lo b anch Valencia, 2012


Copyright ® 2012 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

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índice PRESENTACIÓN....................................................................................

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PRIMERA PARTE

I. QUÉ ES LA TESIS.......................................................................

21

II. LA ELECCIÓN MÁS DIFÍCIL.....................................................

27

III. EL MIEDO AL VACÍO.................................................................

33

IV. UN BUEN ESQUEMA: ESENCIAL............................................

37

V. Y AHORA NOS TOCA COMPARAR............................................

41

ENTRAMOS EN SU DESARROLLO (EL FONDO)

I. LA SOLEDAD DE LA EXPOSICIÓN..........................................

47

II. LA ELABORACIÓN DE LAS CONCLUSIONES........................

51

III. ÍNDICES Y BIBLIOGRAFÍA.......................................................

55

57

IV. LA TESIS Y EL MUNDO............................................................. CUESTIONES DE FORMA

I. UNA CUESTIÓN DE REDACCIÓN............................................

63

II. SABER EXPRESAR LO QUE SE QUIERE................................

67

III. NO ANDARSE POR LAS RAMAS...............................................

69

IV. DEL HILO AL OVILLO, O LOS DOS SISTEMAS.....................

73

SEGUNDA PARTE

I. AQUÍ ESTÁN LAS CITAS............................................................

77


8

Índice II. AUTORES.................................................................................... 1. Cuestión esencial................................................................... 2. Otras cuestiones..................................................................... 3. Problemas con algunos autores............................................ 4. Autoría varia........................................................................... 5. Directores, coordinadores, compiladores de obra............... 6. Autoría institucional.............................................................. 7. Traductores............................................................................. 8. Prologuistas............................................................................

85 85 86 87 88 90 91 92 93

III. LIBROS........................................................................................ 1. Título...................................................................................... 2. Número de edición................................................................. 3. Publicación............................................................................. 4. Posibles dudas........................................................................

95 95 96 98 98

IV. ARTÍCULOS................................................................................. 1. Artículos de LIBRO................................................................ 2. Artículos de REVISTA............................................................ 3. Artículos de PERIÓDICO......................................................

101 101 103 106

V. Congresos, Simposium, Tesis, Folletos, etc...........

109

VI. Páginas WEB............................................................................

111

VII. Medidas audiovisuales.....................................................

115

VIII. TESTIMONIOS y CONVERSACIONES....................................

117

IX. MANUSCRITOS y OTROS DOCUMENTOS.............................

119

X. DISPOSICIONES NORMATIVAS...............................................

121

XI. SENTENCIAS y OTRAS RESOLUCIONES..............................

123

XII. TEXTOS LEGALES.....................................................................

125

XIII. DICCIONARIOS, ENCICLOPEDIAS, etc. ..............................

127

XIV. OTRAS CITAS.............................................................................. 1. Citas de citas.......................................................................... 2. Citas de las Editoriales..........................................................

129 129 131

XV. Y LLEGA LA HORA DE CITAR..................................................

133


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Índice TERCERA PARTE

I. LA REDACCIÓN DEL DOCUMENTO........................................

143

II. LAS MAYÚSCULAS..................................................................... 1. Utilización de mayúsculas REVERENCIALES.................... 2. Utilización de mayúsculas DIACRÍTICAS o DIFERENCIALES......................................................................................... 3. Uso ENFÁTICO de las mayúsculas.......................................

147 147

III. LAS ABREVIATURAS.................................................................

149

IV. LA BIBLIOGRAFÍA FINAL.........................................................

151

V. LA Utilización de BASES DE DATOS.................................

157

147 148


PRESENTACIÓN Considerando el número de obras dedicadas a la redacción de una tesis doctoral, no puede dejar de pensarse que una más sería sólo eso, una de tantas. Como no es ésa nuestra intención, parece conveniente presentar “Haciendo una tesis”, indicando por qué y para qué se ha escrito. Podría partirse de una premisa satisfactoria, cual sería la de que todo libro se justifica por sí mismo; pero eso, además de convencer sólo al sentido del “ego” en la autoría, resulta en este caso inservible; sobre todo dada la calidad de tantas obras referidas al mismo tema. Porque ¿cuántos libros existen para ayudar a la redacción de una tesis? Desde la obra clásica de Umberto Eco1, podríamos decir que el número de libros dedicados a las elaboraciones de tesis es, sencillamente, abrumador. No obstante, ello conlleva un riesgo del que ya queremos advertir: estamos convencidos de que quien siga al pie de la letra las valiosas instrucciones que en ellos se destacan jamás, entiéndasenos bien, “jamás”, logrará terminar una tesis doctoral. Es tal el cúmulo de advertencias, señales, indicaciones…, que cohonestarlas todas, amén de desarrollar la idea prístina en qué consiste la tesis o la pretendida tesis, resulta prácticamente imposible. Un panorama tan desolador como desalentador se inicia ante el doctorando, que ve rebajada su autoestima hasta cotas insospechadas, y ¡claro!, así no hay quien haga nada. Es decir, que, como primera premisa, no es que incitemos a la ignorancia de tales libros —nada más lejos de nuestro ánimo—, pero sí pedimos que se consideren en su justa medida, de asesoramiento, de indicación, de guía…, en lo que resulte imprescindible. Luego, para eso está el director, que es una figura clave y que, en cumplimiento de la tarea,

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Cómo se hace una tesis doctoral. Técnicas y procedimientos de estudio, investigación y escritura, Gedisa, Barcelona, 2001.


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quizá más ingrata, pero más universitaria, debe dedicarse a la ardua labor de reconducir un pensamiento inicial —que puede o no ser original, más tarde trataremos de ello— por los difíciles derroteros de la investigación, que están llenos de trampas y asechanzas que denominamos, sin más “ramas”. Ese “andarse por las ramas” que en tantas ocasiones impide continuar por la única línea recta que señala el tronco; la directriz sin duda del esquema argumental, que puede perderse en las tentaciones de lo que, quizá ingenuamente, hasta pensamos que es original y que no debe hurtarse en nuestra relación investigadora. Queremos también advertir sobre algo que, quizá, haya pasado desapercibido: el propio título de este libro. Si un título indica —o debe indicar— cuál sea el contenido, en este caso resulta significativo: no se trata tanto de enseñar “cómo” debe hacerse una tesis doctoral; para eso está la abundante bibliografía que puede consultarse en cualquier biblioteca que se precie; sino de trazar unas directrices cuando ya se está “haciendo” la tesis doctoral. Lo que no impide, obviamente, que deba también indicarse la manera de afrontarla. De alguna manera nos sirve de acicate esa hermosa técnica de los gerundios (el libro se inició con uno, precisamente), en callado homenaje a nuestro más alto Tribunal, que es el Supremo, y que parecía haberse apropiado indefinidamente de los mismos, con sus conocidos “considerandos”. Pero no olvidemos tampoco que en nuestra literatura el gerundio ha sido muy tenido en cuenta, si bien aunque no se dignifica —no podemos dejar de lado el aspecto sarcástico, para lograr definitivamente el destierro de la oratoria culterana—, se le coloca como nombre propio y se le dota de dignidad eclesiástica. ¡Ah, el padre Isla!2

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En su conocida Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. Según la novela, el nombre se lo impuso su padre Antón Zote, en recuerdo del gran éxito que él había tenido siendo estudiante al demostrar su mucha sabiduría en el gerundio gramatical.


Presentación

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Este libro surge, exclusivamente, con una intención didáctica, a la vez que con una dimensión práctica evidente; sin mayores pretensiones. Se trata de facilitar, en cuanto sea posible, la realización de esa ardua tarea consistente en llevar a buen puerto una tesis doctoral, y, por añadidura, cualquier otro trabajo de investigación de los muchos a los que ya debemos enfrentarnos a lo largo de la formación universitaria. El tema se ha considerado desde un punto de vista práctico porque no se trata tanto de abrumar con ideas y con pensamientos como de exponer, de manera clara y lo más sucintamente posible, cuáles son los caminos más cortos, más sencillos o más convenientes para llevar a cabo nuestro trabajo. Esto se traduce en algo que ya se intuye: “Haciendo una tesis” es un libro destinado a todos aquellos que deben llevar a cabo una tesis o una tarea de investigación. Como ayuda a doctorandos, sí; pero también, y sobre todo, es un libro que se escribe y se publica para aliviar la pesada carga de los directores a quienes, con harta frecuencia, la imprescindible corrección formal de los trabajos que se les muestran impide —literalmente— penetrar en el fondo de ellos. Aunque hayamos tratado de darle una dimensión generalista, no podemos obviar que “Haciendo una tesis” se dirige, preferentemente, a las disciplinas humanísticas y, más concretamente, al campo de lo jurídico. Ello no obsta a que, como iremos exponiendo, se consideren otros campos del saber o de “los saberes”, que es expresión muy universitaria y polivalente. “Haciendo una tesis” pretende, en fin, en la medida de lo posible, dignificar las tesis y la carrera universitaria; porque la presentación de buenos trabajos redunda, cómo no, en el prestigio de las propias Universidades, en su nivel de calidad, en ese escaparate en el que ahora miramos esos reflejos que inciden directamente sobre la empresa y sobre la sociedad. Llegados a este punto, ha de responderse a un interrogante, el interrogante por antonomasia: ¿qué es una tesis doctoral?


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El DRAE lo expresa con claridad: “Conclusión, proposición que se mantiene con razonamientos”; y como segunda acepción ofrece esta otra, más centrada en nuestro tema: “Disertación escrita que presenta a la universidad el aspirante al título de doctor en una facultad”. Las dos, sin embargo, son válidas, porque son ineludibles y complementarias. Una tesis es una proposición lógica, integrada por otros dos elementos: la antítesis y la síntesis. Y en cuanto a la segunda acepción, el hecho de que se trate de una disertación o discurso nos lleva a comprender qué es ese largo razonamiento plasmado en una obra. Dado que la redacción de una tesis doctoral es, siempre, una tarea difícil, costosa y llena de sobresaltos y de desilusiones, intentaremos, a lo largo de este trabajo, facilitar, en lo que sea posible, la tarea, ardua y complicada, de su arribada a feliz término. Partimos también de un presupuesto: tal redacción no deja de ser algo que, en ocasiones, incluso se vuelve obsesivo, cuando no de imposible realización; ya sea por agotamiento, por abandono, por la propia pesadez de la investigación. Conviene también destacar que, en muchas ocasiones, la tesis o el trabajo investigador resulta ser —aunque cada vez menos, tal y como se plantean los planes de estudios— un “primer” trabajo. Y es ahí donde hay que buscar la clave de todo ello: en que si se trata de la primera investigación —la primera seria—, “ópera prima”, presenta siempre unas carencias lógicas, más o menos destacables. Y no sólo eso, la tesis o el trabajo es, fundamentalmente, una carrera a dos bandas: la que corre, como corredor de fondo, el propio doctorando; y la paralela, que debe llevar el director de la misma, que es la figura, si no protagonista, como es lógico, la estelar. El binomio director-doctorando es algo consustancial a la tesis doctoral. Y es más, es allí, en esa feliz conjunción, donde se alcanza la mayor dignificación universitaria del trabajo, porque la simbiosis maestro-discípulo es la esencia misma del hacer —del buen hacer— universitario.


Presentación

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Como ya se ha apuntado, la tarea del director es fundamental. Es él quien debe poner coto a las digresiones; quien debe reconducir el discurso y orientar las cuestiones trascendentes, reduciendo o suprimiendo cuanto de superfluo —por esencial que pudiera parecernos— encuentre en la investigación. Aunque, como es obvio, el trabajo principal es el del investigador; que es quien, a la postre, resultará el mejor conocedor del tema. O, lo que es lo mismo, que el trabajo en equipo tiene dos vertientes: una, intelectual y directiva; y otra, de asunción del peso del mismo. Con ello no hacemos sino evidenciar algo conocido: que la tarea de sacar adelante una tesis conlleva siempre un trabajo importante; y, desde el punto de vista de los docentes universitarios, con el “plus” añadido de su gratuidad tradicional. Ese “gratis et amore”, tan universitario, alcanza aquí sus cotas más destacadas; que, además, reservan todo el éxito —no podría ser de otra manera, no nos engañemos— para el redactor de la obra, relegando la dirección a un discretísimo segundo plano, en ocasiones inapreciable. Al docente sólo le sirve, a la hora de aducir méritos, para rellenar un pequeño apartado, que tiene por rúbrica “tesis dirigidas”. Más allá del título y de la calificación obtenida, nada se recuerda de su meritoria actuación, ni de sus esfuerzos, ni de sus fatigas. Pero no vamos a seguir hablando del director —ya lo haremos en sus momentos respectivos— sino del o de los doctorandos, porque son ellos quienes soportan el peso de la redacción, de la investigación, del desbroce. Y conviene entonces hacer una precisión acerca de quién o quiénes llevan a cabo las tesis doctorales. Hay, en efecto, dos tipos de doctorandos: los docentes y los profesionales. Son dos categorías distintas, con motivaciones bien diferentes, dado que, para un docente, la realización de una tesis es requisito “sine qua non” para hacer o continuar la carrera universitaria. Mientras que para un profesional la realización de la tesis significa, además de un evidente motivo de legítimo orgullo, la culminación de una formación intelectual, el broche de oro de su vida profesional,


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y, sobre todo, la satisfacción intelectual de llevar a cabo una investigación plasmada en una obra meritoria. Se lucha, por tanto, entre el diletantismo y la necesidad; y los resultados son muy distintos: una tesis de un profesional tiene unas connotaciones prácticas evidentes, mientras que una de un docente arrastra muchos más planteamientos especulativos. Son dos estilos distintos, y sus resultados, como es lógico, también son diferentes. Pero esta supuesta claridad conlleva también alguna reflexión. Quedémonos por un momento contemplando la figura del docente, ¿tiene algún nexo de unión con el profesional, más allá de esa dificultad compartida? Obviamente hemos de destacar nuevamente la figura del director, que debe jugar —conjugar— con esos elementos subjetivos y de motivación que llevan a la realización de la tesis. Y es que no es lo mismo dirigir una tesis a un docente, que “tiene necesidad” de una buena obra investigadora, que encauzar el trabajo de un profesional, que sólo busca con ello la satisfacción moral y personal de alcanzar el grado de doctor: la mayor dignidad académica. Todo ello sin olvidar tampoco algo que es evidente, que sobre esa relación maestro-aprendiz, “cuasi” paternofilial, si se quiere, entre director y dirigido, debe sobrevolar la idea de objetivación de la tesis, en el sentido de que debe dejar de resultar algo puramente personal, para integrarse en los proyectos de investigación de una Universidad o de varias Universidades. De este modo, al doctorando, sobre todo al docente, se le abrirían los proyectos investigadores, a los que se sumaría a través de un concurso de méritos; evitándose también la realización de investigaciones carentes de utilidad. Así pues, y quizá como mínimo aporte a esta tarea tan ardua, surge ahora “Haciendo una tesis”, libro que no tiene otro cometido que facilitar el desarrollo y consecución de las tesis doctorales. Como es lógico, viniendo de quienes viene, la referencia esencial ha de serlo siempre —ya lo hemos indicado— a las tesis “humanísticas”, dada la radical ignorancia de los autores respecto de los métodos de investigación de las tesis


Presentación

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“científicas”. Es una merma, pero resultaría, inmoral hablar de algo en lo que somos perfectamente legos. Así pues, vamos a quedarnos con las primeras y, esencialmente, con las “jurídicas”. Ya de por sí el intento es arriesgado, pero en él, de alguna manera, se aporta una cierta experiencia que, desde este mismo momento, ponemos a disposición de todos cuantos quieran acercarse a la tarea investigadora. Para ello habremos de romper algunos tabúes, algunas ideas preconcebidas, algunas “normas” ya casi tradicionales, que se han ido pergeñando a lo largo de las diversas investigaciones y que, al menos en opinión de quienes esto escriben, no sólo no facilitan la tarea a los jóvenes investigadores, sino que pueden entorpecerla, por su prolijidad o por su inadecuación a la sistemática actual. Fijémonos también en que hemos de pasar ya del tradicional soporte papel a las pantallas de los ordenadores. Las tesis, aunque siguen escribiéndose en gruesos volúmenes —o menos gruesos, que también de ello habrá de tratarse—, se presentan ya en soportes digitales, ya sea en dispositivos de acumulación USB, o en CD o DVD (eso ahora mismo, mañana…. ¡a saber!). Ahí está este libro, escrito con la única finalidad de satisfacer necesidades y de servir de ayuda a todos aquellos que, dentro del mundo de las tesis doctorales o de los trabajos de investigación, quieran acercarse a él. Creemos firmemente que los libros —como las tesis— han de escribirse para ser leídos, y por eso hemos tratado de ser claros y precisos. Otra cosa es que lo hayamos conseguido. Por eso, nos atrevemos a pedir al lector que nos haga llegar cualesquiera otras consideraciones que pueda juzgar útiles a los efectos perseguidos, de modo que “Haciendo una tesis” haga honor a su título, y, sobre todo, al gerundio…


PRIMERA PARTE


I QUÉ ES LA TESIS Hemos visto que la propia palabra “tesis” implica un desarrollo lógico, junto con la “antítesis” y la “síntesis”. Es decir, que nos lleva, siempre y en todo caso, a un proceso mental, del cual podemos constatar dos realidades opuestas. Una, ya estudiada por Heidegger al tratar de la semiótica —como opuesta a la epistemología—, en la que el resultado nos sería conocido de antemano; esto es, que toda la tesis se dirigiría, entonces, a ratificar/fundamentar una idea inicial, preconcebida y acorde con los que serán luego nuestros planteamientos lógicos. Y otra, en la que se parte de una idea base, pero cuyo resultado es incierto o, cuando menos, sorprendente. Sin dejar de ser una tesis, conlleva un duro aprendizaje, sea éste científico o no —más tarde trataremos de lo “científico” en las tesis humanísticas—, en el que el “iter” resulta ser, quizá, lo más interesante; mientras que las conclusiones no son otra cosa que la justificación de cómo y por dónde se ha accedido a un cierto convencimiento. La tesis, por tanto, y en ambos supuestos, debe “convencer”. Y ello aunque esté errada; porque, al menos en el terreno de lo jurídico, la susceptibilidad de lo discutible es —y así debe ser— moneda corriente. Si debiéramos plantear resumidamente en qué consiste una tesis, estas ideas nos irían ofreciendo ya una aproximación coherente: una tesis —o varias tesis, porque las conclusiones pueden ofrecernos también el fruto generoso de varias ideas— es, en definitiva, una obra. Pero no una obra sin más, sino la culminación de unos años de dura y ardua investigación, que nunca se repetirán ni en intensidad ni en dedicación. Por ello constituyen, y han de ser sin duda, una gran obra. Y aunque las tesis se caracterizan —o se han venido caracterizando hasta ahora— por lo voluminoso (no parecen, en principio, concebibles, tesis con menos de 400 o 500 páginas), no creemos sin embargo que éste sea un requisito ineludible.


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La formalidad del grosor ni hace mejor ni más sugestiva la tesis. Incluso puede que todo lo contrario, por el célebre “efecto perverso”. Quizá nos dejamos llevar, en ocasiones, por el subjetivismo objetivado del número de páginas: a mayor número, más dedicación o mayor trabajo. Obviando el tipo de letra, los espacios amplios, las sangrías, incluso exageradas…, a veces la tesis es un mamotreto engordado con grandes espacios que a nada conducen. Es más, resultan incluso más atractivas (y más manejables) esas otras que se escriben ya a doble página, con un consiguiente ahorro de papel (y de grosor, obviamente). Son más cómodas, menos pesadas, y hasta más estéticas. Pero, insistimos, eso no es más que una mera cuestión de forma o de presentación. Lo que realmente importa de una tesis es su contenido, su densidad, su trabajo y la explicación del mismo. Pero un trabajo que tampoco debe quedarse en una mera disquisición intelectual, sumida en un largo discurso. Es decir, que, como todo, el campo de las tesis también tiene su evolución, su desarrollo, su actualización. Desde las tesis originales, brevísimas, si se quiere, como la tan mentada de Savigny1, se ha ido pasando, paulatinamente, a esos gruesos trabajos investigadores, caracterizados por un enorme tedio intelectual y la dificultad de su lectura, hasta ir desembocando —lenta, pero inexorablemente— en trabajos de menor extensión —no por ello de menor calado—, y que se traducen en una mayor agilidad, una redacción más sencilla y más precisa, que no obvia los tecnicismos, como es lógico, y de mejor lectura; aunque, en ocasiones, se echa en falta esa carencia redactora… e incluso ortográfica, porque los correctores de las computadoras —y ya desde aquí lanzamos anatema contra ellos— no sirven sino para confundir. El Thesaurus de los medios digita-

Quien defendió en Marburgo una tesis sobre derecho penal: “El concurso formal de los delitos” (De concursum delictorum formali).

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Haciendo una tesis

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les, mientras el sistema siga siendo binario, sencillamente no sirve. Y si a eso le sumamos las naturales carencias, que se arrastran desde los inicios de una educación deficiente… los efectos pueden ser dignos de conmiseración —eso sí—, pero inaceptables. Una tesis tiene que reunir tres dimensiones. En primer lugar, la novedad, el elemento sorpresa de un punto de vista original, diferente y bien estructurado y razonado. En segundo lugar, la tesis debe reunir las ideas, opuestas pero convergentes, de la altura y la profundidad: altura en el raciocinio, en el planteamiento científico, en el conocimiento que debe exhibirse; y profundidad en cuanto a la densidad necesaria para hacer de ella un buen “peso pesado” intelectual. Finalmente, debe aparecer, necesariamente, una tercera: la utilidad. Si la tesis, el trabajo no es útil, sencillamente no sirve. El diletantismo es una manera elegante de perder el tiempo o de ostentar vanidosamente unos conocimientos; pero si no conduce a ninguna parte, caídos ya en desuso los juegos florales, no tiene sentido seguir por ese camino. La dimensión práctica de una tesis humanística, y la propia vertiente económica en una científica —hacemos ahora una distinción burda a los solos efectos expositivos— son, deben ser, inherentes a la misma. El planteamiento, tan socorrido, en las tesis jurídicas de la “lege ferenda”, sencillamente no debiera aceptarse. Es algo así como la ucronía en la investigación histórica. Y ni siquiera alcanza una finalidad propedéutica, porque suele basarse en lo conjetural (léase, inútil). Y si hablamos de una tesis científica… o hay demostración, o nos quedamos en casa. Otra cosa bien diferente es que, como resultado de la investigación, sí deban suscitarse soluciones legislativas, razonadas dentro de ese marco al que no suele acudirse, y que es, sencillamente, el único posible: el del ignorado artículo 3.1 del Código civil, que ordena en la interpretación tener en cuenta antecedentes, etc., y —¡ahí es nada!— “la realidad social del tiempo” en el que han de aplicarse las normas, así


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