Coordinadores
Diego Medina Morales Adolfo Jorge Sánchez Hidalgo
ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA
DIEGO MEDINA MORALES ADOLFO JORGE SÁNCHEZ HIDALGO Coordinadores
ESTUDIOS DE RETÓRICA JURÍDICA ESTUDIOS DE RETÓRICA JURÍDICA
La crisis de la escuela positivista de los siglos XIX y XX, junto a la sustitución del espíritu analítico por el pragmatismo, ha supuesto en las últimas décadas la recuperación de la Filosofía práctica; esto es, aquélla que se ocupa de estudiar las acciones del hombre. Consecuentemente, se ha revitalizado el interés por la ética, la argumentación racional y, como no puede ser de otro modo, por la retórica clásica. Este renovado interés por la práctica no ha sido extraño tampoco al estudio del Derecho y desde mediados del pasado siglo puede percibirse nítidamente un giro retórico en la reflexión jurídica. Los autores de esta obra participan de este creciente interés por la Retórica y proponen al lector rigurosos trabajos, que le servirán de orientación para comprender la vital importancia que tiene el estudio de la Retórica en la formación del jurista, así como la necesidad de una especialidad jurídica de la misma. Los estudios que se presentan suponen una innovación (podría decirse también renovación) en la técnica para la práctica jurídica, en el análisis de la realidad dogmática e institucional y en los métodos para la enseñanza del Derecho, que se nutre –como podrá comprobarse– de la particular experiencia que sobre la Retórica ha tenido cada uno de los profesores, que conforman este libro.
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ESTUDIOS DE RETÓRICA JURÍDICA
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Ana Cañizares Laso
Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González
Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Javier de Lucas Martín
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Víctor Moreno Catena
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania) Miembro de la Comisión de Venecia
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
ESTUDIOS DE RETÓRICA JURÍDICA
Coordinadores
DIEGO MEDINA MORALES ADOLFO JORGE SÁNCHEZ HIDALGO Autores
JOSÉ J. ALBERT MÁRQUEZ JOSÉ JAVIER AMORÓS AZPILICUETA ANGELO ANZALONE ANTONIO CASADO NAVARRO JOAQUÍN GARRIDO MARTÍN DIEGO MEDINA MORALES PAOLO MORO GREGORIO ROBLES MANUEL RODRÍGUEZ PUERTO ADOLFO J. SÁNCHEZ HIDALGO CLAUDIO SARRA JOSÉ MANUEL SERRANO CAÑAS
tirant lo blanch Valencia, 2020
Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© VV.AA.
© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9053-846-3 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Índice INTRODUCCIÓN................................................................................... 11 DIEGO MEDINA MORALES ADOLFO J. SÁNCHEZ HIDALGO
PROEMIO. LA CLASE COMO ACTO RETÓRICO................................ 17 PROF. DR. JOSÉ JAVIER AMORÓS AZPILICUETA
Capítulo primero
EL RETORNO DE LA RETÓRICA......................................................... 31 PROF. DR. GREGORIO ROBLES
I. EL RETORNO DE LA RETÓRICA.............................................. 31 II. LA IMPORTANCIA PRÁCTICA DE LA RETÓRICA................... 39 III. CONVENCER, PERSUADIR, ACORDAR.................................... 45 IV. TIPOS DE DISCURSOS: EPIDÍCTICO, DELIBERATIVO Y FORENSE; OTROS TIPOS................................................................. 47 V. EL DISCURSO COMO ACTO COMUNICACIONAL. SUS COMPONENTES...................................................................................... 48 VI. LA ESTRUCTURA COMUNICACIONAL DEL DISCURSO........ 51 VII. LAS TAREAS DEL ORADOR: LA PREPARACIÓN DEL DISCURSO.......................................................................................... 53
Capítulo segundo
LA RETÓRICA JURÍDICA COMO RECURSO TÉCNICO DEL ABOGADO................................................................................................. 57 PROF. DR. DIEGO MEDINA MORALES
I. INTRODUCCIÓN........................................................................ 58 II. LA TECNICA EN LA ACTIVIDAD DE LOS TRIBUNALES......... 63 II.1. La función de los abogados.................................................... 65 II.2. La Retórica en la formación facultativa................................. 68 II.3. La Retórica como recurso jurídico del abogado..................... 72 A. La demanda..................................................................... 72 B. El Informe o trámite de conclusiones................................ 77 III. CONCLUSIONES......................................................................... 81
Capítulo tercero
UNA REFLEXIÓN SOBRE LA CONCEPCIÓN PURAMENTE RETÓRICA DEL DERECHO....................................................................... 85 PROF. DR. MANUEL RODRÍGUEZ PUERTO
I. INTRODUCCIÓN........................................................................ 86
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Índice
II. LA CIENCIA JURÍDICA ROMANISTA........................................ 86 III. LA FUNDAMENTACIÓN RETÓRICA DE LO JURÍDICO.......... 95 IV. LAS AMBIGÜEDADES DE PERELMAN...................................... 106
Capítulo cuarto
RETÓRICA JURÍDICA. UNA APORTACIÓN DESDE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO................................................................................. 113 PROF. DR. JOSÉ J. ALBERT MÁRQUEZ
I. INTRODUCCIÓN........................................................................ 114 II. ¿NUEVOS CAMINOS? EL “ETERNO RETORNO” DE LA RETÓRICA........................................................................................ 116 III. RETÓRICA, RAZÓN PRÁCTICA, Y DEMOCRACIA. UNA VISIÓN ACTUALIZADA.................................................................. 121 IV. DIALÉCTICA, TÓPICA Y RETÓRICA JURÍDICAS...................... 123 V. CONCLUSIONES PROBABLES.................................................... 128
Capítulo quinto
RETORICA CLASSICA E GIURISPRUDENZA. IL FONDAMENTO DIALETTICO DELL’ARGOMENTAZIONE GIUDIZIALE.............. 137 PROF. DR. PAOLO MORO
I. RETORICA E GIURISPRUDENZA. LA FONTE CLASSICA DEL METODO GIURIDICO................................................................ 137 II. LA DIALETTICA DELLA CRISI NELLA RETORICA DI PLATONE................................................................................................. 143 III. LA DIALETTICA DEGLI OPPOSTI NELLA RETORICA DI ARISTOTELE................................................................................ 147 IV. DIALETTICA E RETORICA DELLA VERITÀ.............................. 153
Capítulo sexto
EL DISCURSO JURÍDICO Y EL ARTE RETÓRICO: DIVISIÓN FUNCIONAL, ORÍGENES Y SIGNIFICADO EN LA CIVILIZACIÓN CLÁSICA............................................................................................ 157 PROF. DR. ADOLFO J. SÁNCHEZ HIDALGO
I. INTRODUCCIÓN. LA RETÓRICA CLÁSICA: PARADIGMA DEL ARTE RETÓRICO................................................................ 158 II. LA TÉCNICA RETÓRICA............................................................ 160 III. LA ENSEÑANZA RETÓRICA..................................................... 163 IV. LA TEORIZACIÓN DE LA RETÓRICA....................................... 165 V. LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA RETÓRICA............................... 171
Índice
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VI. LA DIMENSIÓN AGONAL Y DIALÉCTICA DE LA RETÓRICA................................................................................................. 172 VII. CONCLUSIONES......................................................................... 176
Capítulo séptimo
NOTAS SOBRE ORALIDAD Y TRADICIÓN JURÍDICA....................... 183 PROF. DR. JOAQUÍN GARRIDO MARTÍN
I. ORALITY Y LITERACY EN EL NACIMIENTO DE LA JURISPRUDENCIA................................................................................. 184 II. ORALIDAD Y MEMORIA EN LA CIENCIA JURÍDICA MEDIEVAL............................................................................................... 193 III. LA MODERNIDAD TEXTUAL, O EL OLVIDO DE LA MEMORIA (DE COSTUMBRE A LEY).................................................... 198
Capítulo octavo
LA CRISIS DE LA CULTURA JURÍDICA EN LOS ACTUALES SISTEMAS DE ENSEÑANZA...................................................................... 207 PROF. DR. ANGELO ANZALONE
I. LENGUAJE Y DERECHO, SOCIEDAD Y COMUNICACIÓN. A MODO DE INTRODUCCIÓN..................................................... 208 II. ENSEÑAR Y APRENDER A HABLAR “EN” DERECHO............ 211 III. LA CRISIS DE LOS ESTUDIOS JURÍDICOS................................ 214 IV. LA NECESARIA FORMACIÓN DE VIVOS Y VIGILANTES INTÉRPRETES DE LOS TIEMPOS................................................... 218 V. LA BÚSQUEDA DEL JURISTA MODELO EN UNA SANA CULTURA JURÍDICA. REFLEXIONES FINALES............................... 222
Capítulo noveno
EL APRENDIZAJE DEL DERECHO MERCANTIL A TRAVÉS DE LA PRAXIS JUDICIAL Y DE LA RETÓRICA: SIMULACIÓN DE JUICIOS Y COMPETICIONES DE DERECHO MERCANTIL (MOOT MADRID)........................................................................................... 231 PROF. DR. JOSÉ MANUEL SERRANO CAÑAS PROF. DR. ANTONIO CASADO NAVARRO
I. INTRODUCCIÓN........................................................................ 232 II. EN BUSCA DEL BUEN MÉTODO DOCENTE: DE LA LECCIÓN MAGISTRAL AL MÉTODO DEL CASO........................... 240 II.1. Los instrumentos tradicionales de enseñanza del Derecho...... 241 II.2. El método del caso................................................................. 246 III. PUESTA EN MARCHA DEL MÉTODO DEL CASO.................... 248
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Índice
IV. UNA PROPUESTA METODOLÓGICA CONCRETA PARA EL EMPLEO DEL MÉTODO DEL CASO EN LA ENSEÑANZA DEL DERECHO MERCANTIL..................................................... 250 IV.1. Metodología.......................................................................... 250 IV.2. Actividades concretas............................................................. 252 V. CONCLUSIONES......................................................................... 257
Capítulo décimo
“FORMED OUT OF FIRE AND EARTH”. LEGAL METAPHORS AND THE QUEST FOR RATIONAL COMMENSURABILITY................. 261 PROF. DR. CLAUDIO SARRA
I. INTRODUCTION......................................................................... 262 II. THE PLACE OF METAPHOR IN CONTEMPORARY RHETORIC................................................................................................ 265 III. THE WONDER OF SPEECH........................................................ 270 IV. A NEW SURVEY OF AN ARISTOTELIAN TOPIC....................... 275 V. METAPHOR AND LAW: TAXONOMY AND CONCLUDING REMARKS.................................................................................... 286
INTRODUCCIÓN Al inicio de La Política, escribe Aristóteles que a diferencia de otros seres que apenas son capaces de emitir sonidos o voces, sólo el hombre posee la palabra y ésta sirve para transmitir el conocimiento (logos) de todo orden: lo bello y lo desagradable, lo bueno y lo malo; y, en lo que a nuestro oficio se refiere, lo justo y lo injusto. Es decir, que el conocimiento es esencialmente lingüístico y como lenguaje, presupone un acto de comunicación o socialización. En el principio fue la palabra, gracias a la palabra accedemos al conocimiento, porque todas las cosas y su naturaleza (el conjunto de la realidad) las conocemos por el particular lenguaje que encierran sus nombres. Pero, además, de nada servirían estos hallazgos de sentido sin una comunidad donde arraigue y fructifique el conocimiento; la siembra y cosecha de los descubrimientos de la razón, también, se realiza mediante el lenguaje. Palabras convertidas en acción, esto es, el verbo dinámico, comunicativo y socializador. Y, como toda acción o proceso, el lenguaje necesita sus descriptores, sus complementos y ornatos con los que la realidad se hace sensible, colorida y armónica, se adjetiva. El conocimiento para lograrlo y transmitirlo exige de un determinado orden: los bienes u objetos requieren nombres, las cualidades necesitan adjetivos y el acontecer espacio-temporal tiene sus formas verbales. La sabiduría clásica no albergaba duda ninguna respecto al carácter lingüístico del conocimiento, de hecho, palabra y razón convergen en el término griego logos. Por ello, el conocimiento como el lenguaje eran el patrimonio espiritual de la comunidad ciudadana, al igual que sus tradiciones, ritos religiosos y leyes. No sorprende que cuando estos clásicos trataron de estudiar el lenguaje lo concibiesen, conforme a su particular universalidad o cosmovisión, como una realidad unitaria tanto en lo que se refiere al hallazgo de las palabras como al servicio que éstas pueden rendir en comunidad. La disciplina que se instauró para el cultivo de la palabra, para el dominio e instrucción del lenguaje, se llamó Retórica, que englobaba el estudio total del lenguaje desde la preceptiva gramática, la argumentación racional, la lógica hasta la elocución poética o literaria. La Retórica era entendida como el arte de hablar bien, correcta y ordenadamente para conseguir la transmisión del conocimiento, para que las palabras cumpliesen su
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Diego Medina Morales y Adolfo J. Sánchez Hidalgo
cometido racional. Ahora bien, el paso de los siglos empobreció los dominios de la Retórica, cada vez más cercenados por el avance de las nuevas ciencias del lenguaje: la Filología, la Gramática y la Lógica. Es el fenómeno que Genette calificó como la rhetorique restreinte. Así, se entiende el desprecio de la modernidad por la Retórica, entendida vulgarmente como el arte de la persuasión, reducida al dominio técnico e ingenioso de los adjetivos y la elocuencia vacía o superflua. A la ciencia correspondía el dominio de los nombres y los tiempos del acontecer, los adjetivos no eran sino deformaciones “retóricas” detrás de los que se oculta la caprichosa y siniestra voluntad de poder de los hombres. Afortunadamente, este desorden ha empezado a administrarse. La crisis de la escuela positivista de los siglos XIX y XX, junto a la sustitución del espíritu analítico por el pragmatismo, ha reportado, no sólo en los dominios de la Filosofía del lenguaje, la revitalización de la Filosofía práctica; esto es, aquélla que se ocupa de estudiar las acciones del hombre. Consecuentemente, se ha recuperado el interés por la ética, la argumentación racional y, como no puede ser de otro modo, por la retórica clásica. Sin embargo, este proceso aún estaría incompleto, si no se tomara nota de la revolución tecnológica del siglo XXI, que ha tenido una incidencia enorme en la comunicación humana, alterando sustancialmente los instrumentos y las maneras tradicionales de su realización. Estos cambios han supuesto una modificación no indiferente en los modos de acceso al conocimiento, una nueva semántica visual que prescinde por innecesaria de la fuerza racional de la palabra. La era del homo videns, como recoge Sartori. Estas circunstancias no han sido ajenas tampoco al estudio del Derecho y desde mediados del pasado siglo puede percibirse nítidamente un giro retórico en la reflexión jurídica, desde la tópica de Viehweg hasta la equívocamente nombrada “nueva” retórica de Perelman. Erróneamente, porque no tiene nada de nuevo y, por el contrario, cuenta en su haber con mucho de clásico. Estos autores y otros muchos de su tiempo (Searle, Toulmin, Aarnio, Villey, Puy Muñoz, etc.) han sido los precursores de una nueva manera de entender la Filosofía del Derecho en este siglo, la llamada teoría de la Argumentación que encuentra cada vez más simpatizantes (Alexy, MacCormick, Vega Reñón, Atienza, García Amado, Lifante Vidal, Amaya, etc.). Una teoría del Derecho que se sirve del estudio del discurso práctico racional y
Introducción
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su multiforme congenie de tipologías y modelos de argumentación para ofrecer una explicación del complejo proceso de comprensión, explicación y aplicación del material jurídico, en todos los niveles inherentes a esta praxis. Los profesores que participan en esta obra no podrían encuadrarse estrictamente en esta nueva dirección del pensamiento jurídico; pero, sí participan de este creciente interés por la Retórica y, por esta razón, proponen al lector rigurosos trabajos, que le servirán de orientación para comprender la vital importancia que tiene el estudio de la Retórica en la formación del jurista, así como la necesidad de una especialidad jurídica de la misma. Los estudios que se presentan al lector suponen una innovación (podría decirse también renovación) en la técnica para la práctica jurídica, en el análisis de la realidad dogmática e institucional y en los métodos para la enseñanza del Derecho, que se nutre —como podrá comprobarse— de la particular experiencia que sobre la Retórica ha tenido cada uno de los profesores, que conforman este libro. La obra comienza con el proemio a cargo del catedrático de Derecho canónico Javier Amorós Azpilicueta, quien durante décadas impartió a sus alumnos extraoficialmente preciadas lecciones de oratoria jurídica. Ya a las puertas de su retirada, vería cumplida esta vocación docente en el año 2010 con el reconocimiento de la asignatura de Oratoria y Fuentes de Información Jurídica en los planes de estudios del Grado en Derecho. El texto que ahora ofrece al lector puede concebirse como la más reciente lección magistral del maestro, pero, esta vez, no está dirigida a sus alumnos de la facultad; sino al profesor universitario para que haga honor a las exigencias retóricas implícitas en su oficio, el de enseñar. El primer capítulo lo firma Gregorio Robles Morchón, catedrático de Filosofía del Derecho, quien recientemente ha publicado la obra Retórica para Juristas (Olejnik, Santiago de Chile, 2019) y nos presenta aquí un estudio sobre las causas del resurgir de la Retórica como centro de interés de los juristas, así como de la conveniencia de fijar las premisas gnoseológicas y metodológicas desde las que enfrentar su estudio. A continuación, en el capítulo segundo Diego Medina Morales, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Córdoba,
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Diego Medina Morales y Adolfo J. Sánchez Hidalgo
presenta su estudio, que aborda la importancia de la retórica en toda actividad jurídica; pero, especialmente, en la labor de postulación del abogado. En este sentido, el autor ofrece una visión de la retórica centrada en el aspecto técnico, que considera de enorme importancia para el ejercicio de la profesión del abogado y recomienda, encarecidamente, la introducción de esta materia en los planes de estudios de los másteres de abogacía. Además, el autor no pierde la ocasión de sintetizar los rasgos retóricos esenciales y el iter argumentativo de los dos momentos procesales decisivos para el abogado: la demanda y las conclusiones. El capítulo tercero viene a cargo de Manuel Jesús Rodríguez Puerto, profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad de Cádiz, quien afronta el delicado debate de la verdad moral en el mundo del Derecho y, más concretamente, el análisis de la posición retórica de Perelman al respecto, al igual que el juicio crítico acerca de la oportunidad y utilidad de la filosofía de la argumentación, que este autor construye, con particular atención a la idea de auditorio universal. En una dirección similar, el capítulo cuarto contiene el trabajo de José J. Albert Márquez, profesor contratado doctor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Córdoba; quien, tras analizar el desarrollo e implantación de la teoría de la argumentación en el mundo del Derecho, propone un estudio funcional y complejo de la praxis jurídica, en virtud del cual la aproximación retórica, tópica y dialéctica de la actividad jurídica, más allá del cometido justificador de la idea de consenso, se construya desde un sustrato ontológico objetivo. Tal puede ser el cometido de la idea de naturaleza de las cosas. El quinto capítulo presenta el estudio de Paolo Moro, profesor ordinario (equivalente a catedrático en España) de Filosofía del Derecho de la Universidad de Padua, quien desde los postulados de su particular concepción procesal del Derecho nos ofrece un cuidado análisis del método dialéctico clásico y su reflejo en el proceso judicial. Un estudio de gran utilidad para comprender los fundamentos epistemológicos y éticos de las reglas de la confrontación dialéctica, sobre las que se ha construido todo procedimiento contradictorio. Siguiendo el camino trazado por los clásicos, el capítulo sexto recoge el estudio de Adolfo Sánchez Hidalgo, profesor contratado doctor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Córdoba, que
Introducción
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desarrolla el análisis histórico de la retórica grecorromana, entendida en un sentido complejo como un arte y dividida funcionalmente como destreza técnica, dogmática, didáctica, ética y dialéctica. El objetivo último es tratar de recuperar la retórica como base de una formación humanista del jurista, que le permita enfrentar críticamente los desafíos de la sociedad tecnológica y de masas del siglo XXI. Igualmente, el capítulo séptimo firmado por Joaquín Garrido Martín, profesor de Derecho Romano en la Universidad de Sevilla, desarrolla también un estudio histórico en el que explica la tensión psico-cognitiva entre oralidad y escritura. Un análisis erudito en el que se reflejan las diferentes implicaciones que la palabra declamada y escrita producen en la mente de los hombres, en su modo de vida y en su modo de comprender el acontecer. Este cambio de paradigma (de la oralidad a la textualidad) es determinante para el tránsito a la modernidad y para nuestro modo de entender el fenómeno jurídico. Una formación de los juristas excesivamente textualizada y dirigida a la reproducción mecánica de dogmas es la que se denuncia en el capítulo octavo por Angelo Anzalone, profesor ayudante doctor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Córdoba. Este profesor propone la preparación retórica y la revitalización del espíritu dialéctico en la enseñanza del Derecho para recuperar al jurista como hombre de cultura y acción, llamado a gestionar los excesos de las sociedades del siglo XXI con un espíritu humanista y crítico. El capítulo noveno está desarrollado por los profesores José Manuel Serrano Cañas (profesor titular de Derecho Mercantil de la Universidad de Córdoba) y Antonio Casado Navarro (profesor de Derecho Mercantil de la Universidad de Córdoba). Estos profesores presentan las virtudes de la enseñanza fundada en el método casuístico para el aprendizaje de las instituciones y categorías jurídicas del derecho privado, como una alternativa plausible al tradicional método dogmático. Tras esta innovación metodológica no se ocultan más que las ventajas y oportunidades que la tópica jurídica y la dialéctica ofrecen en la formación de los juristas. Finalmente, el capítulo décimo es elaborado por Claudio Sarra, professore associato (equivalente a profesor titular en España) de la Universidad de Padua, quien ha redactado íntegramente en inglés el texto de su contribución para favorecer, sin duda, la difusión interna-
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Diego Medina Morales y Adolfo J. Sánchez Hidalgo
cional de esta obra e incentivar su lectura más allá del Mare Nostrum. Este capítulo examina las causas del interés que la metáfora conceptual ha adquirido dentro de los dominios de la escuela cognitiva del Derecho; pero, al mismo tiempo, se denuncia el descuido de la naturaleza retórica de la metáfora. Una cuestión de enorme interés para trazar los límites semánticos de la metáfora y, así, poner freno a extensiones y analogías irrealizables, especialmente, en el campo jurídico. Esta es, en síntesis, la obra colectiva que el lector tiene entre sus manos y deseamos gentilmente que pueda encontrar en estas páginas alguna ayuda para entender mejor el complejo fenómeno jurídico y sepa percibir la importancia que para la praxis jurídica tiene la reflexión prudente, el cultivo del lenguaje y la expresión elocuente. En la ciudad de Córdoba. 14 de mayo 2020.
DIEGO MEDINA MORALES ADOLFO J. SÁNCHEZ HIDALGO
PROEMIO. LA CLASE COMO ACTO RETÓRICO PROF. DR. JOSÉ JAVIER AMORÓS AZPILICUETA
Universidad de Córdoba
El hombre se instala en el mundo y lo domina mediante el lenguaje. Lo que humaniza al hombre, lo que hace superior al hombre es el lenguaje. Al final está siempre la palabra, como al principio. La ciencia, la técnica, la informática, la robótica están hechas con palabras. Todo intento de sustituir al hombre por la máquina es obra del hombre a partir del lenguaje. En un ensayo reciente sobre el origen del lenguaje (El reino del lenguaje), dice el agudo escritor y periodista americano Tom Wolfe que “las palabras son artefactos, y hasta que el hombre no fue capaz de hablar, no pudo crear otros artefactos, ya fuera una honda, un iPhone o el tango. Pero el habla, fuente de artefactos, tiene una vida propia al margen de todos ellos”. La inteligencia es lingüística, la convivencia es lingüística, y la recepción de la cultura es lingüística. El gran poeta español de la generación del 27, Pedro Salinas, sostiene en El defensor que “el hombre se posee en la medida que posee su lengua. No habrá ser humano completo, es decir, que se conozca y se dé a conocer, sin un grado avanzado de posesión de su lengua. En realidad, el hombre que no conoce su lengua vive pobremente, vive a medias, aun menos”. Y después de extenderse en consideraciones sobre la incapacidad expresiva, concluye que la persona que lucha sin éxito por dar con las palabras adecuadas, “sufre como de una rebaja de su dignidad humana”. Un profesor, muy principalmente un profesor universitario, tiene la obligación profesional de poseer el lenguaje en un grado avanzado. Un profesor, cualquiera que sea su nivel en el sistema educativo, tiene la obligación profesional de saber hablar. De saber hablar con elegancia, de saber hablar con precisión, de saber hablar con emoción. Porque el lenguaje es el fundamento de toda educación, empezando por la del profesor. La calidad del lenguaje del profesor se traslada al alumno, y es una invitación a que se vaya construyendo una personalidad refinada. Como quien se construye una casa. La casa del ser, que
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José Javier Amorós Azpilicueta
eso escribió Heidegger que es la palabra. Cuando el profesor da una clase, no sólo enseña los contenidos de su asignatura, enseña también lenguaje y el modo de usarlo. Si el profesor no viene del dominio del lenguaje, no llegará a la inteligencia de sus alumnos. Porque la estructura de la inteligencia del alumno, como la del profesor, es lingüística. Pensamos con palabras, sentimos con palabras, aprendemos y enseñamos con palabras. El mismo aprendizaje de las virtudes morales, lo que puede llamarse el aprendizaje por la conducta, el aprendizaje por el ejemplo, necesita ser explicado con el lenguaje. También la moral es una forma de lenguaje, está en el lenguaje. El hombre es su vocabulario y el uso que hace de él. No es una cuestión menor el empleo de un lenguaje adecuado por el profesor: claridad y belleza, como querían los clásicos. Sin las palabras adecuadas y adecuadamente dichas, el profesor no logrará la atención y el interés de sus alumnos. Si el profesor no se ha procurado un vocabulario amplio —que es mucho más que un vocabulario de especialista—, y no ha aprendido a manejarlo con elocuencia, no sólo no podrá transmitir su pensamiento al alumno, tampoco podrá pensar, ya que el pensamiento se construye con conceptos, y los conceptos vienen del lenguaje. ¿Para qué nació la Universidad? Para aprender los saberes, que es mucho más que titularse de abogado, de médico o de ingeniero. Para aprender a pensar por cuenta propia, que es el primero de los saberes y el fundamento de todos los demás. Eso exige una posesión solvente del idioma, pues ya hemos visto que son las palabras las que hacen el pensamiento. Enseñar es enseñar a pensar, y aprender es aprender a pensar. La Universidad no es exclusiva ni preferentemente un centro de preparación para el ejercicio de algunas profesiones, una fábrica de oficios. Un hombre y una mujer son mucho más que la profesión que ejercen. Y si han tenido la precaución de construirse una personalidad refinada y creativa, influirán con ella en su trabajo, lo sublimarán, lo trascenderán. Un oficio no constituye el límite de la personalidad, sino que se incorpora a ella; y también influye en ella, la matiza, le aporta carácter. Y en eso tiene el lenguaje un papel decisivo, porque los seres humanos somos esencialmente lenguaje, nos vamos edificando con el lenguaje. La enseñanza es seducción, y el más importante instrumento de seducción de que dispone el profesor es el lenguaje. Por eso me sorprende que de un candidato a la docencia universitaria se dé por supuesto que sabe enseñar, cuando es lo primero que debería probar-
Proemio. La clase como acto retórico
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se y comprobarse. La humanidad profesoral, en la que está incluida la palabra en lugar preferente y en grado eminente, es previa a la competencia profesional y el saber científico. Para enseñar no sirve cualquiera. Profesor universitario no es quien explica las lecciones de un programa y evalúa después lo aprendido por el alumno; para eso basta con ser un funcionario diligente. Lo que justifica primariamente el tipo humano del profesor universitario —sigo en todo esto el magisterio de Julián Marías, el brillante discípulo de Ortega— es el pensamiento y su manera de explicarlo: contagiar el pensamiento, pensar ante los alumnos y con los alumnos, transmitirles un vivo interés por el mundo de las ideas. Y eso sólo puede hacerse con un lenguaje rico y bien expresado. No hay otro modo. Lo esencial de la misión del profesor universitario es suscitar en el alumno con carácter permanente el deseo de aprender y formarse. Y para eso, dispone del lenguaje. Únicamente del lenguaje. El profesor ha de esforzarse para conseguir que sus alumnos sean universitarios durante toda la vida; esforzarse para que no cierren el cerebro cuando abandonen la Universidad, como se cierra una casa abandonada —la casa del ser—, negándose a seguir leyendo, estudiando, pensando. Mientras se limitan a trabajar y a esperar que en sus vidas suceda algo en lo que ellos no intervendrán. Esa es la cara sórdida de la condición humana, para eso no se levantó tan costosamente la casa de la sabiduría. Y la razón de ser de esa casa es el lenguaje, el mejor de sus instrumentos. El profesor enseña con palabras, con palabras traslada el conocimiento y el modo de llegar hasta el conocimiento. El lenguaje del profesor y su manera de usarlo —que es la que confiere peculiaridad— constituyen una invitación al alumno para que, a su vez, amplíe su vocabulario y lo diga bien. Si el profesor no sabe decir es igual que si no supiera. Un conocimiento científico sin elocuencia, sin la habilidad de transmitirlo eficazmente con las palabras adecuadas, con claridad y belleza, es un conocimiento inútil, que ni al propio beneficiario aprovecha. Y aun éste haría bien en preguntarse si sabe realmente lo que cree saber. Pericles, en el discurso en su propia defensa que le atribuye Tucídides, sostiene que “el que sabe pero no se explica claramente, está en igual situación que si no discurriera” (Historia de la guerra del Peloponeso, libro II). Es muy posible que tanto el profesor como el alumno crean estar en posesión de todo el vocabulario que necesitan para sobrevivir, y poco más deben hacer que dejarlo a su
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José Javier Amorós Azpilicueta
impulso. Utilizarlo sin reflexionar sobre él, sobre las relaciones entre palabras, sobre su asociación y expresividad, sobre la forma de construir las oraciones. Nos hacemos entender y ahí acaba todo. Eso es despreciar la inteligencia propia y la ajena. Como dejar el cuerpo a su aire, sin cuidarse de él. En eso, la responsabilidad es toda del profesor, porque es quien sabe, o debería saber, que el lenguaje nos convierte en personas con personalidad. Del profesor ha de adquirir el alumno la costumbre de cambiar de palabras —de adjetivos, de adverbios, de verbos—, lo mismo que por higiene se cambia de ropa. Para que su paso por la Universidad merezca la pena, el estudiante ha de cuidar el lenguaje desde el primer día. Sin lenguaje, sin un vocabulario amplio y bien usado, el trato con las asignaturas le será de poco provecho. Y es el profesor quien, directa o indirectamente, ha de favorecer ese proceso de enriquecimiento lingüístico. El alumno llega al aula con el lenguaje embastecido y chato de una convivencia basada en artefactos electrónicos, una convivencia de máquinas. El profesor ha de purificarlo con su inteligencia creadora de un lenguaje nuevo, distinto y superior, que permita al alumno comparar y elegir por elevación del espíritu. Esa palabra distinta y musical —“música verbal”, decía Bernard Shaw— es la que hará nido en el cerebro y en el corazón del alumno, y en ella vivirá el profesor como en un monumento a su memoria. Palabras así no pasarán. En clase, el profesor ha de comportarse como un orador. A pocos oficios como el de profesor universitario convienen las cualidades que Cicerón exigía a los buenos oradores: la profundidad del filósofo, la sensibilidad del poeta y la expresividad de los grandes actores. La personalidad de un profesor no está completamente realizada si a sus conocimientos no une la capacidad de saber expresarlos con fuerza y con elegancia. Y también eso hay que aprenderlo, no sólo los fundamentos de la asignatura que profese. La oratoria es estilo, y “el estilo es el ropaje del pensamiento”, como le escribió Lord Chesterfield a su hijo, aunque parece que el hijo no le hizo mucho caso. “La solidez y sutileza de pensamiento son un don: pueden aumentarse, pero no adquirirse; la elegancia y el estilo en la expresión, por el contrario, están al alcance de todo aquel que quiera tomarse el necesario interés y hacer un esfuerzo por adquirirlos”. Es la acertada opinión de un excelente orador, humanista y político inglés del siglo XVIII, que ha pasado a la historia de la literatura por las Cartas a su hijo, celebradas