alternativa
Luca Valera
Luca Valera
Ecología humana Los desafíos éticos de la relación entre ser humano y medio ambiente
Ecología humana
alternativa
978-84-1130-105-3
9 788411 301053
alternativa
La confusión actual sobre las cuestiones medioambientales se debe a la dificultad de comprender la posición del ser humano en el cosmos, de interpretar su esencia y de conocer el orden de las cosas. El concepto de ecología humana es útil precisamente para hacer frente a la desertificación de la realidad, causada principalmente por un empobrecimiento espiritual del ser humano. Para reformular el concepto de ecología humana es necesario, por tanto, discutir la relación del ser humano consigo mismo, con sus semejantes y con los demás seres vivos. En este sentido, la dimensión del “habitar” virtuoso se convierte en la principal vía educativa para un uso adecuado de la técnica, forma privilegiada para cultivar y custodiar el “oikos”, es decir, nuestra casa común.
ECOLOGÍA HUMANA Los desafíos éticos de la relación entre ser humano y medio ambiente
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Javier de Lucas Martín
Ana Cañizares Laso
Víctor Moreno Catena
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Jorge A. Cerdio Herrán
Francisco Muñoz Conde
José Ramón Cossío Díaz
Angelika Nussberger
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania) Miembro de la Comisión de Venecia
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
ECOLOGÍA HUMANA Los desafíos éticos de la relación entre ser humano y medio ambiente
LUCA VALERA Prefacio de Adriano Fabris Traducción de María Carolina Maomed Parraguez y Virginia Modafferi
tirant lo blanch Valencia, 2022
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Luca Valera
TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: https://editorial.tirant.com/cl ISBN: 978-84-1130-106-0 Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Para Silvia y Achille, mi hogar
Índice Prefacio de Adriano Fabris...........................................................................
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Catastróficos y confusos Una época catastrófica, una época confusa.................................................
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La necesidad de una limpieza semántica.....................................................
25
Agradecimientos............................................................................................
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Capítulo I En el límite entre ciencia y filosofía: la ecología 1.1. Una breve historia: de Haeckel a la Human Ecology......................... 1.1.1. Los orígenes: tentativas de definición...................................... 1.1.2. Una idea que se difunde........................................................... 1.1.3. “Cómo” y “qué”: objeto y método de investigación de la ecología............................................................................................ 1.1.4. ¿Ecología o Ecologías?.............................................................. 1.2. Ecologismos. Ecología Profunda, Ecología Superficial y Ecofeminismo........................................................................................................... 1.2.1. Deep (y Shallow) Ecology......................................................... 1.2.1.1. Un retorno a Spinoza................................................. 1.2.2. Verde más Rosa igual Ecofeminismo....................................... 1.2.2.1. Raíces de una afinidad: mujer y naturaleza.............. 1.2.2.2. La mujer Gaia.............................................................. 1.2.2.3. Madres y madrastras................................................... 1.2.2.4. De la dependencia a la explotación.......................... 1.2.2.5. Paga el que explota. Del antropocentrismo al androcentrismo............................................................... 1.2.2.6. ¿Dos son mejor que uno? Apología de las relaciones y condena del dualismo.............................................. 1.2.2.7. Hombres y mecánicos................................................. 1.2.2.8. Razones emotivas........................................................ 1.2.2.9. Impresiones ni muy “eco” ni muy “feministas”......... 1.2.3. Paradigmas irreconciliables...................................................... 1.2.3.1. El hombre de Vitruvio: el antropocéntrico............... 1.2.3.2. Biocentrismo. Más derechos para todos.................... 1.2.3.3. Los sintientes en el centro......................................... 1.2.4. Más allá de los paradigmas… ¿realmente?..............................
34 35 40 42 44 50 53 61 63 66 68 72 75 78 80 85 87 90 92 94 98 101 105
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Índice
Capítulo II Negar y naturalizar al ser humano 2.1. La naturaleza humana en el pensamiento filosófico. Gafas para la lectura....................................................................................................
109
2.2. La naturaleza humana está corrompida..............................................
111
2.3. Figuras contemporáneas....................................................................... 2.3.1. El transhumanismo................................................................... 2.3.1.1. ¿Una evolución “autodirigida”?................................. 2.3.2. El funcionalismo y la noción de persona................................. 2.3.3. Más allá del límite humano: Peter Singer y la gran ruptura antropológica............................................................................. 2.3.3.1. Un zibaldone semántico............................................. 2.3.3.2. El ser humano sin cualidades. Las cualidades sin ser humano....................................................................... 2.3.3.3. Quién es persona: hacia una nueva definición......... 2.3.4. Las “buenas razones” del animalismo...................................... 2.3.4.1. Derechos de los animales y deberes de los animales.............................................................................. 2.3.4.2. Cuando los cerdos tenían alma.................................. 2.3.4.3. Animales inmortales. Eugen Drewermann............... 2.3.4.4. Políticamente incorrectos.......................................... 2.3.5. ¿Hombres animales o animales hombres? Un cambio de tendencia......................................................................................... 2.3.6. El ser que se posee. Romano Guardini.................................... 2.3.6.1. Persona y personalidad. Conceptos catastróficos..... 2.3.6.2. Persona y ser humano. La tensión existencial.......... 2.3.6.3. Persona y mundo. Naturaleza, técnica y encuentro. 2.3.6.4. Una catástrofe que hay que contener........................
116 121 125 130 132 133 137 144 155 159 165 167 172 178 182 183 192 199 204
Capítulo III Ecología humana 3.1. ¿Dónde estás?......................................................................................... 3.1.1. Habitar la casa: ethos y morada................................................ 3.1.2. Habitar la casa: la técnica.........................................................
215 222 229
3.2. Seres humanos, personas, personas humanas.....................................
236
3.3. La anti-ecología: el mito del progreso y de la técnica........................... 3.3.1. La necesidad de captar la esencia del medio..........................
243 249
3.4. Apostilla sobre el orden: cada cosa en su lugar...................................
256
3.5. ¿Relaciones/sustancias o redes/individuales?.....................................
262
3.6. La normatividad de la naturaleza humana: una propuesta................
270
Índice
3.7. Pedagogía de la ecología humana: las virtudes ecológicas................. 3.7.1. Fortaleza: aceptación de las heridas y del sacrificio................ 3.7.2. Templanza: orden, tranquilidad de espíritu y humildad........ 3.7.3. Justicia: exigencia y alteridad................................................... 3.7.4. Prudencia: los mejores caminos para alcanzar los fines.........
11 279 286 288 291 293
Conclusiones El ser humano con el ser humano. Una antropología relacional para una ecología humana............................................................................................
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Prefacio Hoy en día se habla cada vez más de ecología. Sin embargo, como subraya Luca Valera, se lo hace oscilando entre la concepción científica del término y su uso ideológico. Esto sucede también porque —como remarca el autor— a menudo descuidamos las palabras que utilizamos. De hecho, con demasiada frecuencia, viajan de boca en boca de modo instrumental. Es necesario, por tanto, hacer “limpieza”. Es por eso que el primer capítulo de este libro está dedicado a delinear una breve historia de la ecología y analizar su objeto y su método, a discutir los actuales desarrollos de esta disciplina: de la ecología “profunda” a la “superficial”, hasta el ecofeminismo. El resultado de un tal análisis es que, precisamente, contra esas concepciones, la cuestión ecológica no puede ser abordada adecuadamente si se acepta la idea de fondo de una nivelación del ser humano con respecto a los demás seres vivos. Al contrario, se refiere a la relación del ser humano con el medio ambiente en el cual vive —su “casa”: el oikos— y consigo mismo. La piedra angular, el “punto crucial” para comprender el significado de una disciplina como la ecología y para guiar de modo adecuado la investigación que ella desarrolla, la cual se aborda desde una perspectiva antropológica. Esta es la razón del título —“ecología humana”— que Valera quiso darle a su libro. Se trata de un enfoque que permite una confrontación rigurosa con tesis actualmente muy difundidas, a menudo, aceptadas acríticamente: por ejemplo, el antiespecismo sostenido por Peter Singer y el animalismo propuesto por Tom Regan. Valera trata ampliamente esta confrontación en el capítulo segundo del libro. Se advierten algunos errores en el planteamiento de las tesis defendidas por Singer y Regan, por ejemplo: sobre todo, la idea de que el adjetivo “ecológico” se refiere a la cualidad de un objeto concreto —por ejemplo, se habla de “tren ecológico”— mientras que se trata de algo que, más bien, es característico de la actividad humana. El problema entonces es cómo normar esta actividad y sobre qué criterios y principios establecer si es buena o no.
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He aquí porqué, como Valera explica con gran claridad, la ecología humana es parte de la ética. Y esto nuevamente es confirmado contra cualquier concepción reduccionista pero también contra las actuales definiciones de “ecología humana”: en la medida en que, según el autor, esta disciplina estudia la relación del hombre con el medio ambiente y del hombre consigo mismo, está destinada a establecer “cómo tal relación debe ser no solo cómo es”. Esta es la única manera de delimitar y abordar adecuadamente esos desafíos —precisamente, los desafíos éticos— que se refieren al lugar que le corresponde al ser humano en su ambiente. Si este es el caso, entonces, la clarificación de quién es el ser humano, quién puede ser y quién debe ser se torna central. Decisiva, en efecto, es la comprensión del vínculo entre estos tres aspectos. Sobre todo, es así, porque hoy en día, junto a las ideas ya mencionadas, que tienden a reconducir la especificidad del ser humano a una dimensión puramente natural o animal, hay otras que, en virtud de la técnica y sobre todo de las nuevas tecnologías, pretenden ofrecerle la posibilidad de un perfeccionamiento, incluso de un perfeccionamiento total. Me refiero a las posiciones del transhumanismo y del posthumanismo, de las que Valera también se ocupa. Pero sus presupuestos son análogos a los de las perspectivas naturalistas o evolutivas: también aquí el desarrollo prometido concierne solo a ciertos aspectos particulares del ser humano, que pueden ser considerados como totalidad solo si se adopta un punto de vista reduccionista. Por el contrario, una vez más, tanto para plantear debidamente la ecología como ecología humana, como para mostrar cómo puede cumplir su tarea más allá de una mera descripción del dato, es decir, asumiendo una perspectiva ética, es necesario elaborar una antropología que sea correcta y adecuada. Valera lo hace, inicialmente, trayendo a la memoria la reflexión de Romano Guardini y su noción de “persona”. De este modo, Valera puede identificar un camino alternativo ya sea con respecto a las tesis de quienes niegan la especificidad del ser humano como tal, ya sea respecto a las posiciones de quienes lo hacen susceptible de las manipulaciones tecnológicas.
Prefacio
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Podríamos decir que se trata de encontrar un punto de equilibrio entre la pura y simple remisión del ser humano a una dimensión “natural”, cualquiera que sea el modo en que esta “naturaleza” se entienda, y la idea de que, prescindiendo de lo que la tradición ha identificado como “naturaleza” y “sustancia”, es posible hacer, en su caso, transformaciones arbitrarias. De hecho, no basta con presentar una instancia ética, precisamente, en lo que respecta a la relación del ser humano con su medio ambiente y del ser humano consigo mismo. Es necesario, sobre todo, dar indicaciones concretas de comportamiento, después de haber elaborado un marco antropológico general. Valera lo hace de manera amplia en el tercer capítulo del libro. Yendo más allá de la reflexión de Guardini, Valera muestra que no solo la noción de “persona” permite subrayar el carácter estructuralmente relacional del ser humano, sino que su naturaleza necesita ser aclarada: precisamente, la naturaleza humana. En otras palabras, como se afirma en el texto: “Las dos nociones [“naturaleza humana” y “persona”] no son opuestas, ya que describen dos niveles diferentes de realidad: el nivel de la naturaleza, fijo y universal, por un lado; el nivel de la individualidad concreta, de las formas de ser de esa naturaleza, por el otro”. Por tanto, queda por establecer el vínculo entre estos dos niveles, y establecerlo especialmente a nivel ético. Esto se puede hacer, por una parte, aludiendo a la sentencia de Píndaro, “transfórmate en lo que eres”: es decir, considerando las peculiaridades del ser humano como directrices para lo que está llamado a realizar; por otra parte, elaborando a partir de aquí una particular “doctrina de las virtudes”, donde las virtudes son las que permiten realizar su ser bueno en las distintas situaciones. En lo que respecta a las cuestiones más específicas planteadas en el contexto de una “ecología humana”, es necesario desarrollar formas concretas de concebir y promover, también desde el punto de vista pedagógico, las virtudes de la fortaleza, de la templanza, de la justicia y de la prudencia. En conclusión, como se verá, hay que decir que el libro de Valera es un intento inteligente de abordar las cuestiones ecológicas
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desde el punto de vista de la filosofía, a las que a menudo se hace referencia solo porque funcionan como campo de batalla entre ideologías contrapuestas. Este proyecto se lleva a cabo con gran competencia, con un profundo conocimiento de los diversos aspectos del debate actual, con una conciencia de los desafíos éticos que estos asuntos implican. La elaboración final de una antropología relacional — dentro de la cual se definen los buenos modos de “custodiar” y “construir”, de forma ordenada, las relaciones del ser humano con la propia casa y consigo mismo— brinda una adecuada confirmación de esto. Por eso este libro es una excelente contribución, oportuna y no previsible, para volver a proponer dentro del debate actual una idea concreta de ser humano —más aún: una idea adecuada de “humanismo”—, con el fin de orientar nuestros comportamientos y nuestras elecciones. Y, por tanto, su lectura es verdaderamente útil: ya sea para delimitar en su significado filosófico un tema que es central hoy en día, ya sea para hacer limpieza de las innumerables interpretaciones instrumentales.
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Catastróficos y confusos La creciente falta de pensamiento reside así en un proceso que consume la médula misma del hombre contemporáneo: su huida ante el pensar1.
UNA ÉPOCA CATASTRÓFICA, UNA ÉPOCA CONFUSA La época en la cual vivimos ha visto alternarse grandes catástrofes —naturales y artificiales— y por esto se encuentra en crisis, es incapaz de reaccionar: es la época de las grandes crisis, entre ellas, la ecológica. Es cierto también que cualquier época siempre ha sido concebida como una “época profundamente crítica” y por ello sería más correcto hablar de una época confusa, por ser catastrófica (y catastrofista). Al mismo tiempo, y viceversa, la época en la cual vivimos es también una época catastrófica, por ser confusa. Surge, por tanto, espontáneamente la pregunta: ¿qué es primero, la confusión o la catástrofe? ¿Primero Babel o el Apocalipsis? Es cierto que la catástrofe crea confusión, pero también es cierto que la catástrofe es, a su vez, generada por la confusión. Es una confusión distinta, más adormecida y latente, que la precede y no crea ruido de inmediato, sino que tiene enorme resonancia en los efectos: la confusión intelectual. Quizá, esto también explica el surgimiento de nuevas profecías apocalípticas y la creencia repentina e irracional en ellas, por parte del público en general. Con eso no se quiere etiquetar, por cierto, cada acontecimiento catastrófico —especialmente, el natural— como síntoma de la crisis de sentido de nuestro tiempo, sino, al menos plantear el
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M. Heidegger, Serenidad, Barcelona: Ediciones del Serbal, 2002. Trad. de Yves Zimmermann, p. 18.
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problema que se vislumbra en cualquier acontecimiento trágicamente similar y en las reflexiones que de él surgen: ¿estamos seguros que nosotros, los seres humanos, no tuvimos nada que ver? ¿Nada en absoluto? ¿Estamos seguros de que lo que está pasando fuera de nosotros no está incluso determinado por lo que está pasando dentro de nosotros? Una primera dificultad que hay que enfrentar y aclarar es la relativa al límite dentro/fuera del ser humano: ¿dónde comienza el ser humano y dónde termina la naturaleza? Y aún más: ¿dónde comienza el ser humano es dónde termina la naturaleza? La cuestión, tal y como la planteamos, genera ulteriores problemas ya que se excluye a priori la posibilidad de que el ser humano sea parte de la naturaleza, y se apoye implícitamente la tesis de la lucha perenne entre naturaleza y cultura, que ha dominado gran parte de la especulación filosófica occidental. El punto de partida de la hipótesis de nuestro trabajo consiste, en cambio, en afirmar precisamente el principio opuesto: el ser humano es parte de la naturaleza, no tanto como un huésped indeseado ni como un ser entre otros seres vivos, sino como un ser cultural. El ser humano es un huésped muy especial, un huésped —el único huésped— capaz de “mejorar considerablemente la fiesta”, tanto como para “arruinarla completamente”: es el protagonista incómodo, aquel que, bien o mal, acapara siempre la atención. Todo esto gracias a su peculiaridad que lo vuelve tan natural: la cultura, la cual, por su naturaleza es libre y, por tanto, indeterminada, es al mismo tiempo posibilidad de salvación y destrucción. Ser natural, para el ser humano, significa ser cultural. A los filósofos que han perdido de vista este principio, reduciendo al ser humano a “mero cuerpo sin alma” o “espíritu encarnado”, de hecho, les ha resultado difícil justificar la peculiaridad del ser humano como ser natural, su libertad y, al mismo tiempo, su dependencia. Del mismo modo, la concepción errónea del ser humano genera también una interpretación falaz de lo que le rodea, es decir, el medio ambiente: por un lado, se tiende inmediatamente a convertir la naturaleza en algo divino; por otro, a descalificarla como
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un simple objeto, materia moldeable. O todo es divino —y entonces se convierte en algo sagrado, intangible— o todo es materia —y, por tanto, sin valor y sin reglas, ilimitadamente deformable; la radicalidad y la radicalización de las reflexiones cartesianas — ya presentes de manera embrionaria en algunos pensadores del Renacimiento— han llevado las cosas hasta este punto: hasta mostrar la imposibilidad de considerar al ser humano y la naturaleza como entidades más allá del pensamiento y de la extensión [como res extensa]. Dentro de este pensamiento, “las leyes que estructuran este universo no son aquellas que nos permiten concebir las cosas que están fuera de nosotros por analogía con el modo como los hombres nos entendemos unos a otros, es decir, como unidades autónomas independientes pero semejantes a nosotros. Son, más bien, leyes que nos permiten dominar la naturaleza precisamente porque convierten a la naturaleza en el ámbito de lo indiferente, de lo trivial”2. La época contemporánea es el reflejo más evidente de este pensamiento: una vez que la naturaleza ha perdido su significado (sentido y dirección), solo quedan dos alternativas (de hecho, no demasiado diferentes): a) modificar indefinidamente y sin ninguna restricción lo que está bajo nuestro poder, en busca de lo “perfecto” (posthumano y transhumano); b) imponer un nuevo significado a la materia, en su mayoría arbitrario o convencional (derechos del ecosistema y derechos de los animales). Antes hemos hablado de nuestra contribución a la catástrofe. Una contribución no sensible3, quizá, sin embargo, presente. Presente más allá de lo sensible, más allá de las manifestaciones inmediatas de la percepción y, sin embargo, por esto mucho más presente de lo que se cree. He aquí, precisamente: el pensamien-
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3
R. Spaemann, Lo natural y lo racional: ensayos de antropología, Madrid: Rialp, 1989, p. 42. En el sentido más preciso del término: tangible, visible.
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to. Un pensamiento —un cierto tipo de pensamiento— que se ha vuelto ausente, temeroso y subyugado por otro pensamiento —otro tipo de pensamiento— que coloniza el mundo de la existencia. El pensamiento sumiso es el pensamiento que huye: “Esta huida ante el pensar es la razón de la falta de pensamiento. Esta huida ante el pensar va a la par del hecho de que el hombre no la quiere ver ni admitir. El hombre de hoy negará incluso rotundamente esta huida ante el pensar. Afirmará lo contrario. Dirá —y esto con todo derecho— que nunca en ningún momento se han realizado planes tan vastos, estudios tan variados, investigaciones tan apasionadas como hoy en día”4. La paradoja que Heidegger capta con extrema profundidad es la siguiente: en un mundo obsesionado con la búsqueda, con las investigaciones y con el conocimiento meticuloso de lo infinitamente pequeño, el pensamiento se ha dejado de lado. No tanto el “pensamiento” como capacidad de pensar —“cuando somos faltos de pensamiento no renunciamos a nuestra capacidad de pensar”5— sino el “pensamiento” como meditación: el pensamiento se ha vuelto superficial, ha pedido su profundidad esencial, esa profundidad que le hizo abrazar las circunstancias sin quedar embarazosamente atrapado por ellas. La huida del pensamiento “meditativo”, que pretende continuamente captar la esencia del mundo, captar el más-allá en el hic et nunc, hoy se caracteriza como peregrinación hacia orillas más cómodas y acogedoras, hacia el pensamiento “calculador”. Sin embargo, “también sigue siendo cierto que éste es un pensar de tipo peculiar. Su peculiaridad consiste en que cuando planificamos, investigamos, organizamos una empresa, contamos ya siempre con circunstancias dadas. Las tomamos en cuenta con la calculada intención de unas finalidades determinadas. Contamos de antemano con determinados resultados. Este cálculo caracteriza a todo pensar planificador e investigador. Semejante pensar sigue siendo cálcu-
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M. Heidegger, Serenidad, op. cit., p. 18. Ibíd., p. 17.