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COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Belén Campuzano Laguillo

Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad CEU San Pablo

Jorge A. Cerdio Herrán Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Owen M. Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

José Ignacio Sancho Gargallo Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


EL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS Una visión desde dentro

En homenaje al Juez Josep Casadevall

Coordinadores

LUIS LÓPEZ GUERRA CARMEN MORTE GÓMEZ ANNA MARIA MENGUAL I MALLOL GUILLEM CANO PALOMARES

Valencia, 2015


Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© AA.VV.

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9119-099-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro Procedimiento de quejas.


Presentación Durante diecinueve años (de enero de 1996 a noviembre de 2015) Josep Casadevall ha sido juez, a título del principado de Andorra, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Para los que hemos convivido y colaborado con él, el presente volumen sirve para expresar, no solo nuestro afecto personal, sino también nuestro reconocimiento a una labor de extraordinaria relevancia en el desarrollo del Tribunal, y más profundamente, en la protección de los derechos humanos en Europa. Destaquemos primero el contexto de Josep Casadevall. Tras la reforma constitucional del Principado de Andorra, que hizo posible la entrada del Principado en el Consejo de Europa y su adhesión al Convenio Europeo de Derechos Humanos, Josep Casadevall fue elegido en 1996 por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa como primer juez andorrano en el Tribunal de Estrasburgo. Es importante tener en cuenta la fecha. Aún se mantenía entonces casi intocado el esquema ideado en 1950 por los autores del Convenio: un Tribunal que funcionaba a tiempo parcial, y que se pronunciaba, casi exclusivamente sobre los casos (no muchos, comparativamente) que le presentaba la Comisión Europea de Derechos Humanos, que actuaba así como filtro entre los individuos y el Tribunal. Pero poco después de la llegada de Josep Casadevall al Tribunal, este panorama se altera radicalmente; la entrada en vigor en 1998 del Protocolo n° 11 de reforma del Convenio, suprime la Comisión y crea un nuevo Tribunal de carácter permanente y al que pueden acudir directamente los demandantes que consideren vulnerados sus derechos por las autoridades de los Estados firmantes. El juez Casadevall, como integrante primero del antiguo, y después del «nuevo» Tribunal, se encontró así a caballo entre dos épocas del sistema europeo de protección de derechos humanos. Y se encontró también —junto a sus compañeros de la misma generación judicial— ante la ímproba tarea de rediseñar casi totalmente el sistema, dentro de su nueva normativa. La concesión de legitimación procesal activa a las personas físicas y jurídicas, la supresión de la Comisión, y el aumento del número de países firmantes del Convenio (que ascendió a 47 en 2006) planteaban el desafío de acomodar el funcionamiento del Tribunal a una auténtica explosión en el número (y aún en la naturaleza) de las demandas ante él presentadas. Desafío, por cierto, que volvió a plantearse años más tarde (aunque con menor intensidad) a partir de la entrada en vigor del Protocolo n° 14, con sus profundas reformas en el sistema de admisión de recursos y en cuanto a la duración del mandato de los jueces.


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L. López Guerra - C. Morte Gómez - A.M. Mengual i Mallol - G. Cano Palomares

Pues bien, valga señalar el papel de Josep Casadevall en esta tarea como juez, como Vicepresidente de las Secciones Primera y Cuarta del Tribunal y después como Presidente de las Secciones Tercera y Quinta del Tribunal, desde el 1 de febrero de 2008 y desde el 1 de septiembre de 2015, respectivamente, así como Vicepresidente del Tribunal desde el 4 de noviembre de 2011 y como Presidente del Comité permanente sobre el Reglamento del Tribunal. Con su trabajo contribuyó en forma destacada a hacer posible la continuación y el progreso de la labor protectora de los derechos humanos del Tribunal, superando con éxito lo que en un momento inicial pudieron parecer a muchos dificultades insolubles, derivadas sobre todo de la extraordinaria afluencia de demandas al Tribunal. Y todo ello sin renunciar a lo que en palabras reiteradas del juez Casadevall representaba la meta del Tribunal: el que, incluso en las peores circunstancias, y pese a la carga de trabajo, cualquier persona en cualquiera de los países del Convenio pudiera abrigar la esperanza fundada de que, al final, sus derechos fundamentales se verían protegidos por el Tribunal de Estrasburgo. En efecto, y sin olvidar las consecuencias más amplias de las Sentencias del Tribunal, Josep Casadevall ha insistido siempre —como puede por otro lado apreciarse en el contenido de sus votos particulares de los que también se trata en el presente volumen— que en último término en sus decisiones se viene a resolver sobre situaciones, aspiraciones y problemas de personas concretas, que piden la protección del Tribunal, y no sólo sobre cuestiones de interpretación del Convenio. Muy posiblemente —o al menos esa opinión tenemos muchos de los que le conocemos— esa profunda visión humanista le viene de su experiencia profesional, como profesor de Derecho Romano en la Universidad española de educación a distancia (UNED), como abogado desde 1980 y fundador de un destacado despacho en Andorra, de cuyo Colegio de Abogados fue Decano, experiencia en la que ha debido, durante muchos años, enfrentarse con cuestiones y problemas prácticos que afectaban a personas determinadas en un momento determinado. Pertenece el juez Casadevall a esa familia de jueces —Pettiti, Bratza, Fura, Spielmann, entre otros muchos— que proceden de la práctica forense y que, por así decirlo, han estado «al otro lado de la valla» frente a los Tribunales y saben de primera mano lo que significa para una persona estar pendiente, para la protección de sus derechos, de la decisión de uno o varios jueces. Los que hemos trabajado con Josep Casadevall, en una u otra capacidad, conocemos esa actitud, heredada de la práctica de la abogacía, consistente en unir, a un profundo conocimiento del Derecho y, muy particularmente, de la jurisprudencia del Tribunal, una visión práctica de las características del


Presentación

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caso y de la cuestión concreta en él planteada respecto de los derechos del recurrente. En cuanto a lo primero, prueba destacada de ello es su libro El Convenio Europeo de Derechos Humanos: el Tribunal de Estrasburgo y su jurisprudencia, que hoy representa la más acabada exposición, en lengua española, de la labor del Tribunal. En cuanto a lo segundo, para apreciar su cercanía a la función del abogado baste referirse a su trabajo sobre «L’avocat et la liberté d’expression» publicado en el libro-homenaje a Sir Nicolas Bratza. El presente volumen reúne las contribuciones de quienes, en una forma u otra, hemos sido testigos de la actuación de Josep Casadevall en su labor de jurista; casi todos dentro del Tribunal y algunos en áreas conexas a la labor de éste. Por ello hemos querido que el presente homenaje por una parte ofrezca una visión de la persona del juez Casadevall y del contexto en que se desarrolló su carrera jurídica, el Principado de Andorra; por otra, y en forma más amplia, que lleve a cabo el análisis de diversos aspectos del Tribunal de Estrasburgo por quienes, con funciones diversas, hemos tomado parte en sus tareas. Este análisis se refiere a la organización, procedimiento y jurisprudencia del Tribunal, junto con dos secciones que versan sobre el contexto internacional del Tribunal y sobre sus perspectivas de desarrollo y evolución. No se nos oculta que una visión «desde dentro» puede ser parcial y sesgada; pero al tiempo, creemos que puede ser útil para un mejor conocimiento del sistema europeo de protección de derechos humanos, y al tiempo, del objeto de este homenaje, el papel que en ese sistema ha desempeñado el juez Josep Casadevall. Nuestro más caluroso agradecimiento a los autores de los artículos que componen esta obra de homenaje a Josep Casadevall, y toda nuestra gratitud a Ana Amella Vela, por la inestimable ayuda prestada para la realización de este libro. Estrasburgo, julio de 2015 LUIS LÓPEZ GUERRA CARMEN MORTE GÓMEZ ANNA MARIA MENGUAL I MALLOL GUILLEM CANO PALOMARES


I. LA FIGURA DE UN JUEZ


Josep Casadevall: Un ami passionné des droits de l’homme MARC FISCHBACH

Ancien juge à la Cour européenne des droits de l’homme

C’est avec un profond sentiment de gratitude mêlé de nostalgie que je m’associe à l’ensemble de la Cour pour l’au revoir à son vice-président et éminent juge Josep Casadevall. Ayant eu pendant cinq années le privilège de côtoyer Josep Casadevall, de partager sa passion pour les droits de l’homme et d’apprécier ses qualités humaines et professionnelles, j’ai bien du mal à m’imaginer la Cour européenne des droits de l’homme sans Josep Casadevall. Depuis son jeune âge, depuis qu’il était inscrit au barreau d’Andorre, Josep n’avait de plus beau rêve que de d’avoir un jour l’honneur de siéger comme juge à la Cour européenne des droits de l’homme. Un rêve qui allait devenir réalité en 1995 quand Josep Casadevall fut désigné comme juge à l’ancienne Cour par le gouvernement d’Andorre. Juge élu à la nouvelle Cour depuis 1998, Josep Casadevall est un des très rares magistrats à pouvoir se prévaloir de plus de 20 années de service dans la plus haute instance européenne des droits de l’homme. Tout au long de ces années Josep Casadevall a toujours considéré, interprété et appliqué la Convention européenne des droits de l’homme comme un instrument vivant qui demande continuellement à être réévalué à la lumière des évolutions économiques sociales et éthiques de notre société démocratique. Durant toutes ces années il n’a eu d’autre ambition que de contribuer à faire évoluer vers le haut les standards applicables et par là le niveau de protection que les États Parties à la Convention doivent respecter au minimum. Véritable professionnel, Josep Casadevall était un juge qui vivait sa passion des droits de l’homme bien au-delà des heures de travail dans son bureau et de son engagement dans la section dont il était successivement le vice-président et le président. Je me rappelle avec grand plaisir de tous ces dîners que nous avons pris ensemble, de ces innombrables soirées que nous avons passées ensemble à discuter de questions d’interprétation de la Convention et à échanger nos opinions sur le fondement et le mérite des requêtes dont nous étions saisis dans nos sections respectives. Un


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Marc Fischbach

heureux concours de circonstances a voulu que nous n’allions pas tarder à partager notre amitié avec deux autres collègues juges en l’occurrence avec Willy Thomassen, la juge néerlandaise, et avec Françoise Tulkens, la juge belge. L’amitié et la complicité qui nous liaient étaient telles que nous passions aux yeux des collègues et de nombreux collaborateurs de la Cour comme une petite équipe solidaire et inséparable. Le rendezvous le plus apprécié du groupe était le rendez-vous du lundi soir où nous nous retrouvions habituellement à la Cour de Honau pour notre séance sportive hebdomadaire suivie généralement d’un apéro pris sur place et d’un dîner à la «Petite Mairie», un petit restaurant typique situé au centre de Strasbourg. Je n’oublierai surtout pas les différents weekends que nous avons passés ensemble avec nos épouses et nos époux, que ce soit en Andorre, à Bruxelles, à Luxembourg ou à Amsterdam, qui furent autant de séjours merveilleux et enrichissants tant du point de vue humain que du point de vue touristique et culturel. Tout cela mais surtout l’amitié que j’ai vécue à Strasbourg fût pour moi tellement stimulante qu’en fait les cinq années que j’ai passées à la Cour comptent parmi les plus belles années de ma vie professionnelle. Aussi voudrais-je remercier profondément Josep Casadevall pour la générosité de cœur et d’esprit avec laquelle il a largement contribué à la convivialité et à la collégialité de la nouvelle Cour et lui rendre hommage pour son dévouement continu au service des droits de l’homme, sa sensibilité particulière pour les droits de la défense et surtout son apport personnel à la jurisprudence de la Cour et au renforcement de la protection des droits de l’homme. Pour avoir rempli ses différends mandats de juge avec bravoure et distinction, Josep Casadevall a amplement mérité de la Cour des droits de l’homme. Chapeau Josep! MARC FISCHBACH Ton ami et ancien collègue


De la Casa Nova de Cal Pere, a Encamp, al Tribunal de Drets humans, a Estrasburg JOSEP DALLERÈS CODINA

Antic Representant Permanent d’Andorra davant del Consell d’Europa

Què dir de Josep Casadevall, jutge per Andorra al Tribunal de Drets Humans d’Estrasburg? Ni sóc jurista, ni he seguit la seva trajectòria al llarg d’aquests dinou anys d’exili voluntari a mil quilòmetres de casa, sota un cel ennuvolat d’hivern mentre que, a les Valls, el sol lluu sobre la neu que en reflecteix l’esclat amb deler. Del Josep d’Estrasburg, n’he de lloar l’acollida que em va brindar quan vaig exiliar-me, voluntàriament, jo també, a la ciutat alsaciana. Ell i jo vàrem arribar a Estrasburg representant Andorra, no és menys cert que tant ell com jo veníem de la mateixa parròquia i del mateix poble: Encamp. No diré que érem amics íntims, faltaria a la veritat, però ens coneixíem i crec poder afegir que ens coneixíem bastant bé. L’Andorra, encara essencialment rural de finals dels anys cinquanta i d’inicis dels seixanta del segle passat era força diferent de la predominantment urbana que caracteritza ara el principat, i que diferencia les valls andorranes de les altres valls pirinenques, en aquest començament de segle vint-i-u. Des del punt de vista polític, llavors també n’hi havien de diferències entre les nostres valls i les del voltant. Subsistien encara, a casa nostra, institucions vingudes de l’Edat Mitjana mentre que a les que havien estat incorporades als països gegants veïns aquestes havien esdevingut caduques. Andorra havia sabut envernissar-les de democràcia però concentraven, de fet, tots els poders en mans dels Senyors, sobirans, als que cada vegada més s’anomenava Prínceps, per admiració o imitació, secreta o no, d’altres petits territoris europeus als que es tendia a referir-se sempre que venia a tomb, a citar com a exemple. Un cert grau d’autonomia comunal, sorgida dels trasbalsos que varen conèixer les Valls en el decurs dels darrers decennis del segle dinou, era suficient per tal que els Senyors no haguessin d’intervenir en les querelles menors que sorgien entre llurs súbdits, la correlació i avaluació de forces dels quals era posada al dia i comptada mitjançant eleccions periòdiques.


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Josep Dallerès Codina

Si una determinada qüestió esdevenia massa candent, sempre es trobava així la manera de saber, en el moment oportú, com tractar-la, com i cap a quin costat fer-la decantar de manera a reequilibrar la balança, cap el bon costat. Turisme i comerç, imatge de marca actual del Co-principat d’Andorra (denominació oficial inscrita en la Constitució del 1993), eren, llavors, a les beceroles, tot just en estat embrionari. La Parròquia, demarcació territorial, la delimitació de la qual es confon amb l’eclesiàstica, gaudia d’una autonomia real (que la Constitució ha conservat en part) i podia arribar a constituir un veritable Estat dins de l’Estat. Sota el control del Consell de Comú, els Cònsols la representaven i en defensaven les prerrogatives. Eren, són encara, en part, centres de gravetat al tomb dels quals s’articula la societat. Encamp, segona parròquia seguint l’ordre protocol·lari establert a les Valls des de temps immemorials, sumava, a l’època, i a tot estirar, un miler d’habitants. És evident: tothom es coneixia i si, al poble, arribava algú de bell nou, no es tractava de quelcom que passés desapercebut. Tot el contrari, esdevenia un adveniment que calia seguir de prop. Recordo que jo cursava primària i preparava l’ingrés a secundària, per anar al «Collège». Llavors no tothom era acceptat i la major part passava el certificat de finals d’estudis primaris abans d’iniciar, just després, la vida laboral. A l’escola no hi havia pati per a l’esbarjo. Feia de pati l’espai constituït per la plaça del poble amb el tram de la carretera que passava al costat i que podíem utilitzar per a les nostres corregudes uns cinquanta metres amunt o avall, mentre no sortíssim del radi de visibilitat dels mestres que passejaven amunt i avall vigilant-nos de reüll. En aquells temps, els cotxes que circulaven eren ben pocs i si mai n’hi havia un que s’aventurés a passar per l’espai de jocs a l’hora de l’esbarjo, la circumstància era suficient per que el joc, fos el que fos, perdés tot interès. El vehicle esdevenia l’únic punt d’atracció per a la gran majoria. És en aquest context, en aquell temps que pot semblar molt llunyà i que potser tampoc ho és tant, que ens vàrem conèixer en Josep Casadevall i jo. Un dia, uns obrers van ocupar la voravia de la casa Nova de Cal Pere, on solíem jugar. Es disposaven a transformar, a l’entrada, una part del passadís que conduïa a l’escala en taller per a un rellotger que s’hi anava a instal·lar.


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Un altre dia, vàrem saber que el rellotger era un senyor casat que venia a viure al poble amb tota la família, que era nombrosa. Finalment, un altre dia, en el decurs del temps d’esbarjo, van aparèixer uns nous infants al pati-plaça-carretera-camp-de-jocs. No em costa gens confessar que, personalment, va seduir-me, i molt, una de les filles del rellotger, l’Aurora, de la mateixa edat que jo i amb unes trenes magistrals que li penjaven tot al llarg de l’esquena i que em fascinaven. Els dies varen anar passant. Vaig saber que l’Aurora tenia un germà més gran que sabia de rellotges i que, de ben segur, treballaria amb el pare. Quan, de vegades, passant per la voravia que havia deixat de ser espai de jocs i corredisses, vèiem darrere dels vidres algú que no fos el rellotger, tots sabíem que era el seu fill que, també ho sabíem, no era gaire més gran que nosaltres, però ja treballava i, el sol fet de treballar feia que els dos o tres anys que podia tenir de més esdevinguessin l’equivalent d’una vida sencera, d’un segle! Si la memòria no em falla, la primera vegada que vaig trobar-me amb en Josep Casadevall va ser per l’intermediari de la Maria Cinta, que uns quants anys més tard va esdevenir la seva esposa. Amb la Maria Cinta ens portem pocs mesos i, aquell any, tot i que ella anava un curs per davant meu, o potser justament per això, a classe, seiem l’un al costat de l’altre, compartint el mateix pupitre. Un dia, em demanà, així com a d’altres, si m’interessaria formar part d’un grup de teatre. El fill del rellotger, el Josep, que ja n’havia fet, de teatre, s’encarregaria d’organitzar-ho tot. De fet, ja disposaven d’un espai on poder assajar: el garatge del costat de l’escola. Ja en tenia l’autorització. Per a poder representar l’espectacle no hi hauria problema, es podria dur a terme al menjador de l’hotel familiar on ja, de tant en tant, hi havia representacions teatrals d’adults i on, fins i tot es feia el ball del poble. Vaig acceptar la proposta sense pensar-ho dues vegades i el diumenge següent, després de dinar, a la tarda, un grup de set o vuit ens vàrem reunir al garatge on hi havia apilades gairebé fins al sostre unes garbes d’herba seca gegants. Van transformar-se en un autèntic mur d’escalada des del que ens deixàvem caure sobre les garbes de sota oblidant gairebé el motiu que ens havia aplegat allà. Jo no formava part dels que més rebombori armaven, tanmateix, reconec que seguia el moviment gairebé general.


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Tant la Maria Cinta com les demés nenes que formaven el grup intentaven fer que ens calméssim augurant que si continuàvem amb aquell comportament no se’ns deixaria tornar a utilitzar l’espai; que érem allí per altra cosa i no per fer el boig, com estàvem fent… – Pensava que érem aquí perquè estàvem interessats pel teatre. Si no varen ser literalment aquests els mots, l’essència de les paraules dites no se n’allunyava massa. Havia estat el fill del rellotger, el Josep, que la majoria de nosaltres acabàvem tot just de conèixer i que vaig percebre exasperat per la nostra actitud, qui acabava de pronunciar-les. Els esperits es varen calmar i ens vàrem posar a treballar. El Josep va començar per demostrar que, quan parlava de teatre, sabia de què parlava. Així ho vaig percebre jo. Ens va fer una demostració: recitant, declamant, interpretant diferents personatges alhora, tot sense ni una treva. Crec poder dir que ens va impressionar a tots. Després, ens feu part del projecte. Havia triat una obra senzilla d’entre les que figuraven en un petit opuscle que havia portat. Ens la va llegir. Ens va demanar si ens agradava i si ens estava bé per preparar-ne la representació. Tothom va estar-hi d’acord. Aparentment, havia previst que seria així doncs ja n’havia fet còpies amb la màquina d’escriure, tantes com el paper calc interposat entre els fulls blancs havia donat de si. Serien per als papers principals; per als personatges menys importants, els que tenen menys rèpliques, caldria fer les còpies a mà. Tampoc seria massa feina. Un cop llegit el text, es va passar a la distribució dels papers i vàrem procedir a una primera improvisació per tal ve veure com cadascú veia la seva interpretació del personatge. Finalment, abans de separar-nos, es varen establir el nombre de rèpliques que calia memoritzar per al diumenge següent. Els assajos varen començar. Pel que recordo va instal·lar-se una bona relació entre el Josep i jo. En tinc presents, però llunyanes, algunes visites al taller on treballava, sempre, però, quan el pare no hi era, i, generalment, per parlar de l’obra que preparàvem, tot i que, potser també, per pura curiositat i per veure, des de l’altre costat dels vidres com es barallava amb unes peces minúscules, que costava veure a ull nu.


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Sóc incapaç de dir, tanmateix, si l’obra que havíem començat a assajar va arribar a bon port. Diria que no ja que, suposo, quelcom me’n restaria en la ment, i no és el cas. No vaig tardar gaire, però, en deixar Andorra darrere meu en ser admès al lycée de Prada de Conflent on passaria els següents set anys. Andorra i gran part dels amics d’infància d’Encamp, a excepció del Jordi, ja que vàrem marxar junts, varen anar esdevenint punts de referència del passat. El Josep i jo ens vàrem perdre de vista. Això no significa pas que l’un no sabia del que feia l’altre: Encamp continuava sent el mateix poble, amb la mateixa gent per més que anés creixent. Qui no sabia que el fill gran del rellotger havia esdevingut Secretari del Comú d’Andorra-la-Vella, la parròquia més poblada que encara no era la capital que la Constitució reconeixeria, anys més tard, però que se’n donava els aires? Qui no sabia que continuava estudis universitaris tot i treballant, fent mostra d’una força de voluntat de ferro?… Quan, prop d’una dècada més tard vaig retornar a Andorra amb intenció de quedar-m’hi per treballar, ambdós havíem passat a formar part de mons diferents. Josep Casadevall estava plenament integrat al nucli de professionals que giren al tomb de la justícia. Jo, abans d’acabar integrant-me, definitivament, en el planeta estrany de l’ensenyament, vaig flirtejar un primer temps amb el del comerç. En definitiva, per més que l’un i l’altre seguíem vivint a Encamp, els nostres camps d’actuació no tenien cap punt de connexió a no ser el de poder coincidir en algun acte festiu de caire més o menys popular o en algun enterrament. Fins i tot en l’àmbit polític pertanyíem o donàvem suport a grups oposats dins de la parròquia. No obstant això, quan es donava el cas d’un encontre, la relació era d’una extrema cordialitat i franquesa, talment com si subsistís quelcom de l’antiga i reduïda relació del temps, en particular en el meu cas, de la preadolescència. Tanmateix, en una elecció comunal, ens vàrem trobar del mateix costat; per tornar a emprendre no gaire temps més tard caminois diferents. Una vegada més, això no va significar pas que nosaltres no ens veiéssim, que no parléssim si se’n presentava l’ocasió, però cal reconèixer-ho, cap de nosaltres la buscava: les nostres vides corrien per vies diferents. Res més. En canvi, així és la vida, a partir d’un cert moment, la relació amb la Maria Cinta, va reprendre de manera totalment natural, com si només


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s’hagués estancat durant un interval d’uns quants anys perquè la vida ens havia portat per camins que no es creuaven. Tant ella com jo érem ensenyants i vàrem coincidir en el mateix centre: el lycée comte de Foix. Són coses que passen; coses pròpies d’espais reduïts i Andorra ho és, un espai reduït. Ara bé, malgrat que, aparentment, ens pugui semblar que és igual en molts aspectes, perquè és el mateix espai geogràfic, la mateixa història, la mateixa gent, ens cal reconèixer i acceptar, que l’Andorra de la nostra infància ha canviat. Andorra ha canviat, i molt. La població ha estat multiplicada per sis. Les Parròquies han passat de sis a set. Andorra la Vella ha estat reconeguda per tots com la capital de l’Estat. Les Prínceps continuen presents i són, «conjuntament i indivisa, el Cap de l’Estat», amb força menys poder, tanmateix. El Consell General ha esdevingut un veritable parlament. I, al llarg de tot aquests anys, sense sovint ni adonar-nos-en, el cabell se’ns ha anat emblanquinant de manera més o menys intensa; la nostra fisonomia també ha anat canviant imperceptiblement i inexorable. Imperceptiblement també i indiscutible, els canvis constitucionals ens han apropat de nou, als dos Joseps. Quan Josep Casadevall va ser presentat com a candidat en la terna per a poder cobrir el lloc de jutge per Andorra al Tribunal de Drets Humans d’Estrasburg, un sector important de l’oposició, de la que jo formava part, va mostrar-se força molest, en particular per la manera de procedir de la majoria, tenint en compte, entre altres coses, el vot en contra a la qüestió de confiança presentada pel Cap de Govern i que havia fet caure el primer govern sorgit de la Constitució. Tot i que ningú no va posar en dubte, ni la capacitat, ni la professionalitat de Josep Casadevall, no era gens evident, per raons purament politiqueres, que hi hagués acord sobre la terna presentada. Sabut és que, personalment, vaig mostrar-me favorable al seu nomenament, fins i tot en el cas que haguéssim hagut d’arribar a votació, trencant la disciplina de vot dins del grup parlamentari. I no vaig ser l’únic en adoptar tal posició.


De la Casa Nova de Cal Pere, a Encamp, al Tribunal de Drets humans, a Estrasburg

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El resultat, tots el coneixem: Jutge del 1996 al 1998 i del 1998 al 2015, President de secció des del febrer del 2008, Vice-President del Tribunal des del 2011, tornant a ser reelegit en les mateixes funcions al 2014. No crec que sigui necessari fer cap dibuix, els fets parlen per si sols. Cinquanta anys després d’aquell primer encontre, a Encamp, l’atzar, la vida, varen fer que les nostres vides es tornessin a creuar, a Estrasburg, en un teatre força diferent d’aquell primer, i, en aquest cas, l’obra sí que es representava, en viu i sense assajos previs. Vaig deixar l’ensenyament l’any 2009 i fer els meus adéus a la política activa dos anys més tard, en decidir no ser candidat en les eleccions del mars del 2011. M’estava preparant per a una nova etapa de la meva vida que albirava molt més tranquil·la que l’anterior quan vaig rebre, per part del Govern, la proposta d’assegurar la Presidència andorrana del Comitè de Ministres del Consell d’Europa. D’entrada vaig dir que m’agradava la idea, però vaig demanar un temps de reflexió abans d’acceptar i la primera persona amb la que vaig contactar va ser en Josep Casadevall, el nostre jutge a Estrasburg. M’interessava saber quina era la seva opinió, tant sobre la proposta ella mateixa, sobre la feina, sobre el meu perfil quant a la possibilitat de dur a terme la tasca que se m’encomanava. Era a començaments d’estiu i vàrem quedar a casa seva. Un cop instal·lats a la terrassa, vaig repetir i completar el que ja li havia anticipat per telèfon. Va exclamar: Suposo que has acceptat! Vaig reconèixer que el repte em feia gràcia, també vaig fer-li part dels handicaps que hi trobava. Va esbaldir-ho tot amb menys que canta un gall. Va posar-se a disposició per tot quant necessités. Va explicar-me amb profusió de detalls un dels temes majors que es trobava damunt de la taula: la reforma del Tribunal… com si ja estigués en funcions. Quan la Maria Cinta es va unir a nosaltres va exposar-li amb un entusiasme que em va corprendre tot el que ja m’havia dit, insistint que acceptés la proposta, argumentant per què no podia refusar. La Maria Cinta va obrar en el mateix sentit. Total, que en marxar cap a casa tenia pràcticament assumit que la resposta seria un sí.


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Josep Dallerès Codina

Tres mesos més tard era a Estrasburg i he de reconèixer que la quantitat de precisions i indicacions que el Josep m’havia donat van ser d’una extrema utilitat pràctica en el moment de la instal·lació i d’iniciar les meves funcions. No diria la veritat si no insistís sobre el fet que, a més de la xerrada mantinguda a la terrassa de ca seva, tot al llarg dels tres anys que va durar la meva estada a Estrasburg, vaig poder comptar sempre amb la seva ajuda efectiva i permanent. Només en recordaré una anècdota. Se situa quan, tot just arribat, tot just iniciada la meva tasca d’ambaixador m’arribà una invitació per assistir a una Conferència organitzada per la Presidència britànica sobre el futur del Tribunal. Vaig trucar-lo demanant-li consell. La meva idea era que em digués quin jurista andorrà prou coneixedor del sistema convencional del Consell d’Europa podia reemplaçar-me ja que ell, com a Jutge, hi estaria representat pel President del Tribunal. La resposta va ser, una vegada més, contundent: – Hi has d’anar tu! – No tinc ni la més mínima idea del Tribunal ni del que es discuteix ni… – Si hi envies un jurista només s’assabentarà dels detalls jurídics que posaran sobre la taula els juristes, quan el que es discutirà, realment, és purament polític i segur que ho entendràs millor tu… – Però m’hauràs de fer un curset… – Cap problema, et faré un resum del que calgui, del que s’ha fet fins ara, del que es discuteix en aquests moments, del que jo penso que caldria fer, que és la posició que defensarà el president del Tribunal, en tindràs prou per entendre de què va: no és dret, és política… La conversa va anar més o menys així i el Josep em va dedicar el temps necessari per dur a terme «el curset» que em va ser d’una extraordinària utilitat en el decurs de la Conferència de WiltonPark. Un autèntic master, per a mi. Del que vaig treure de la Conferència, compartit, analitzat i esbrossat amb la complicitat i ajuda del nostre jutge en va sortir l’informe que l’Ambaixador va enviar a Andorra amb una proposta de posició andorrana davant del que s’estava duent a terme, proposta que va ser acceptada i mantinguda tot al llarg del procés amb el resultat que tots coneixem.


De la Casa Nova de Cal Pere, a Encamp, al Tribunal de Drets humans, a Estrasburg

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Gràcies, Josep, gràcies encara pel teu suport al llarg de la meva estada a Estrasburg. Ara que, després de dinou anys, et disposes a tornar a casa, de fet una casa que no has deixat mai, sé que l’experiència del Consell d’Europa et continuarà donant l’energia que no t’ha fallat mai i farà que, contràriament a les teves pors, et continuï procurant hores i hores de treball enriquidor, diferent, sens dubte, però que t’omplirà plenament. … I, qui sap, potser ara que els nostres camins s’han tornat a apropar no es tornin a separar tant com van fer-ho en el passat.


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