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JACSON ZILIO

DIREITO PENAL DE EXCEÇÃO


JACSON ZILIO

DIREITO PENAL DE EXCEÇÃO

2020


Copyright© Tirant lo Blanch Editor Responsável: Aline Gostinski Capa e Diagramação: Renata Milan CONSELHO EDITORIAL CIENTÍFICO: EDUARDO FERRER MAC-GREGOR POISOT Presidente da Corte Interamericana de Direitos Humanos. Investigador do Instituto de Investigações Jurídicas da UNAM - México

JUAREZ TAVARES Catedrático de Direito Penal da Universidade do Estado do Rio de Janeiro - Brasil

LUIS LÓPEZ GUERRA Magistrado do Tribunal Europeu de Direitos Humanos. Catedrático de Direito Constitucional da Universidade Carlos III de Madrid - Espanha

OWEN M. FISS Catedrático Emérito de Teoria de Direito da Universidade de Yale - EUA

TOMÁS S. VIVES ANTÓN Catedrático de Direito Penal da Universidade de Valência - Espanha

É proibida a reprodução total ou parcial, por qualquer meio ou processo, inclusive quanto às características gráficas e/ ou editoriais. A violação de direitos autorais constitui crime (Código Penal, art.184 e §§, Lei n° 10.695, de 01/07/2003), sujeitando-se à busca e apreensão e indenizações diversas (Lei n°9.610/98). Todos os direitos desta edição reservados à Tirant Empório do Direito Editoral Ltda.

Todos os direitos desta edição reservados à Tirant lo Blanch. Av. Brigadeiro Luís Antônio, 2909 - sala 44 Jardim Paulista, São Paulo - SP CEP: 01401-002 www.tirant.com/br - editora@tirant.com.br Impresso no Brasil / Printed in Brazil


JACSON ZILIO

DIREITO PENAL DE EXCEÇÃO

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“Y así, soportémonos unos a otros, ya que nos soportamos a nosotros; y tal vez le llegue a cada cual algún día también la hora más jubilosa en que diga. “¡Amigos, no hay amigos!”, exclamó el sabio moribundo; “¡Enemigos, no hay enemigos”, exclamo yo, el necio viviente” (NIETZSCHE, Friedrich Wilhelm. Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres. Madrid: Aka1, 2007, p. 200).


Aos meus mestres, Juarez Cirino dos Santos e Francisco Muñoz Conde, em eterno agradecimento. À Bella, idólatra da boa filosofia emancipatória, pelos anos de “enamoramiento encarnizado”


SUMÁRIO PRÓLOGO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 APRESENTAÇÃO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17 NOTA DE ESCLARECIMENTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21

CAPÍTULO I.

INTRODUÇÃO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23

CAPÍTULO II.

O DIREITO PENAL DE EXCEÇÃO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1. AS JUSTIFICATIVAS FILOSÓFICAS . . . . . . . . . . . . . . . . . 2. AS JUSTIFICATIVAS POLÍTICAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3. AS JUSTIFICATIVAS JURÍDICAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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A) O EMBRIÃO AUTORITÁRIO DA NEUTRALIZAÇÃO . . . 58 B) O SISTEMA DE TIPOS DE AUTOR A PARTIR DE PARTICULARIDADES BIOLÓGICO-CRIMINAIS . . . . . . 67 C) DESPERSONALIZAÇÃO E RESSURGIMENTO DA NOÇÃO DE INIMIGOS PERIGOSOS . . . . . . . . . . . . . . . . . 81

CAPÍTULO III.

OS ARQUÉTIPOS MODERNOS DA EXCEÇÃO PENAL . . . . . . 91 1. POLÍTICA DO ANTITERRORISMO: AS PRISÕES MILITARES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91 2. POLÍTICA MIGRATÓRIA: OS CENTROS DE DETENÇÃO DE IMIGRANTES ILEGAIS . . . . . . . . . . 96 3. POLÍTICA DE DROGAS: DA LETALIDADE POLICIAL AO ENCARCERAMENTO MASSIVO . . . 100

CAPÍTULO IV.

DESVELAMENTOS CRÍTICOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1. A OPOSIÇÃO ENTRE HOMO SACER (A VIDA NUA) E EXISTÊNCIA POLÍTICA (A VIDA QUALIFICADA) . . 2. NECROPOLÍTICA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3. A REGRESSÃO AO ESTADO DE BARBÁRIE: O PENSAMENTO ÚNICO NEOLIBERAL . . . . . . . . . . 4. RAZÃO DA FORÇA OU FORÇA DA RAZÃO? . . . . . . . . .

CAPÍTULO V.

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REFLEXÕES CONCLUSIVAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145 BIBLIOGRAFÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149


PRÓLOGO Toda regulación normativa de la realidad -y el Derecho penal, como todo Derecho, es una forma de regulación de la convivencia, quizás no lo más importante, pero sí una de las más llamativas- está expuesta a que la realidad sea mucho más rica de lo que prevén las normas que la regulan, y a que muchos de los hechos que se dan en ella se escapen o se sustraigan a la regulación. Pero también puede suceder que esta discordancia entre realidad y regulación normativa dé lugar a que las normas cumplan una función distinta a la que tienen oficialmente asignada, y que junto a o en lugar de las funciones que formalmente se le asignan cumpla otras “funciones latentes” u ocultas, distintas e incluso contrapuestas a las oficiales. Este fenómeno, puesto ya de relieve hace tiempo por la Sociología, es hasta cierto punto inevitable, en la medida en que las normas penales son de por sí insuficientes y paradójicamente demasiado débiles para mantener el sistema de valores sobre el que descansa una sociedad. Prohibiciones tan fundamentales como no matar, o no robar, carecerían de toda eficacia, si no fueran acompañadas e incluso previamente aprendidas como prohibiciones morales, sociales, religiosas, etc. Por eso, el castigo de los llamados “delitos artificiales” (“punitur quia prohibita”) tienen poca eficacia intimidatoria, en la medida en que no están plenamente asumidos como comportamientos negativos desde el punto de vista social o moral por los grupos sociales que más los practican. Así, por ejemplo, las infracciones tributarias, los delitos de “cuello blanco” e incluso determinadas formas de corrupción política muy extendidas en las prácticas, cuentan con el beneplácito o por lo menos la tolerancia de grandes grupos de presión que no los ven con malos ojos en la medida en que ayudan al funcionamiento del sistema en el que ellos se mueven, a pesar de que esto ocurra a cambio de dejar vacío contenido el funcionamiento oficial de las normas que los prohíben.


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Lo mismo puede suceder cuando ante situaciones de emergencia o de crisis social, los Gobiernos realizan una política de hechos consumados que intenta controlar esa emergencia utilizando sistemas fácticos desprovistos de todo fundamento jurídico. Estas políticas de facto son sin duda más propias de las dictaduras que de un Estado de Derecho; es más, en un Estado de Derecho no deberían existir por ser masivamente contrarias a sus principios, pero también en el Estado de Derecho se recurre a veces a instrumentos “jurídicos” que no están dentro de sus parámetros o incluso entran en contradicción manifiesta con los principios que lo sustentan. Ante esta realidad caben dos posturas claramente antitéticas entre sí: – La de denunciar el fenómeno que algunos llamaban con disimulo “el valor normativo de lo fáctico”, y procurar que las normas jurídicas cumplan también realmente la función oficialmente asignada, no admitiendo otro recurso para enfrentarse a los conflictos sociales que el que ofrecen las propias normas jurídicas; – O la de asumir que la realidad es la que es y que si no puede ser regulada con las normas oficialmente vigentes habrá que utilizar otras bien como normas fácticas exentas a todo control de juridicidad, bien como normas jurídicas, pero de un contenido distinto al de las del Estado de Derecho. La primera alternativa ha sido frecuentemente utilizada por las dictaduras más burdas, o en momentos de guerra civil encarnizada y sin cuartel en la que el único principio que rige es el “homo homini lupus”. La segunda es, en cambio, más sofisticada; se utiliza en los estados de excepción o de sitio, en las dictaduras ya consolidadas o disimuladas de aparente Estado de Derecho, pero incluso en el Estado de Derecho mismo, aunque sea de forma encubierta y siempre bajo el pretexto de la excepcionalidad de las circunstancias que justifican recurrir a estos otros sistemas.


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En este segundo caso, ya no se trata de cerrar los ojos ante la realidad y mirar para otro lado, sino de asumirla plenamente justificando que en casos excepcionales se tiene que proceder “de otro modo”. Esta es, a mi juicio, la actitud que caracteriza la construcción que últimamente ha dado tanto que hablar del “Derecho penal del enemigo”, expresión acuñada por el penalista alemán Günther Jakobs, que se corresponde con la que en otros tiempos se ha denominado con expresiones como “Derecho penal de excepción”, “Derecho penal de la emergencia”, “Derecho penal de la seguridad nacional”, etc. Nada nuevo bajo el sol, sino fuera porque unido al prestigio de que indudablemente goza el profesor Jakobs, sobre todo en las generaciones más jóvenes de los penalistas latinoamericanos, la construcción del Derecho penal del enemigo está siendo utilizada para legitimar la (de) construcción del Derecho penal del Estado de Derecho. No digo que esta sea la intención de Jakobs ni de todos los que más o menos ingenuamente siguen sus planteamientos; simplemente afirmo que cuando se asume la necesidad y legitimidad de tener junto al Derecho penal del Estado de Derecho, con sus principios y garantías, un Derecho penal, en el que esos principios y garantías no existen, se está rompiendo o poniendo en cuestión la propia esencia del Estado de Derecho, es decir, de un modelo que, con todas sus imperfecciones e insuficiencias, es el único que tras amargas experiencias históricas, incluso muy recientes, puede darle una cierta dosis de humanidad, racionalidad y autocontrol al poder punitivo del Estado. Renunciar expresamente a ello, supone darle valor normativo al poder punitivo puramente fáctico que indudablemente también puede ejercer el Estado. Afortunadamente, también hay muchos penalistas, que se oponen (nos oponemos) a esta descarnada “desjuridificación” del Derecho penal, no porque creamos que el Derecho penal del Estado de derecho sea la panacea para todos los problemas sociales, sino porque conociendo sus limitaciones sabemos que un uso prudente y proporcionado del mismo puede cumplir, junto con otros sistemas

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de control social, tareas de regulación de la conflictividad social, sin tener por ello que renunciar a los principios básicos y garantías que son consustanciales al propio Estado de Derecho. Me alegra por eso ver que un joven alumno del doctorado que he dirigido en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, durante el bienio 2006-2008, haya elegido como tema de su trabajo para alcanzar el Diploma de Estudios Avanzados, el tema del Derecho penal del enemigo en sus manifestaciones históricas y actuales como objeto central de sus reflexiones y preocupaciones. El joven penalista brasileño, Jacson Luiz Zilio, ha manifestado ya durante la realización de los cursos del doctorado un gran interés por la Criminología crítica y por otros planteamientos que cuestionan el papel del Derecho penal como sistema de opresión de las clases más desfavorecidas, pero también, y precisamente por eso, se ha manifestado a favor de un planteamiento garantista del Derecho penal incompatible con los postulados del Derecho penal del enemigo, que en definitiva no deja de ser un Derecho penal de autor, y un derecho penal clasista, convirtiendo a determinados grupos de delincuentes (si no a todos) en “enemigos” contra los que sólo cabe luchar hasta su exterminio o neutralización o exclusión jurídica. Sobre ello ya se ha manifestado también en otro trabajo que presentó durante sus estudios de doctorado y que publicó en la Revista argentina “Criminología” (“La Criminología crítica como deconstrucción el Derecho penal”). Ahora con esta monografía demuestra que está dispuesto a continuar en sus investigaciones por un modelo de Derecho penal coherente con los principios democráticos y humanistas del Estado de Derecho. Constituye para mi, por tanto, un motivo de satisfacción escribir el presente Prólogo a su excelente trabajo. Francisco Muñoz Conde, Catedrático de Derecho penal, Universidad Pablo de Olavide.


APRESENTAÇÃO Naturaliza-se o absurdo, mesmo quando o horror parece estar perto demais. Diante de tanto sofrimento evitável, constata-se um silêncio que, em princípio, soa incompreensível. O caos parece reinar em meio à crença generalizada de que “não existem alternativas”. No campo do Sistema de Justiça criminal instaura-se uma espécie de “vale-tudo” que permite afastar o princípio da legalidade estrita e ignorar as teorias penais que buscam racionalizar, ainda que minimamente, o exercício do poder penal. Tudo aquilo que é visto como um limite à “eficiência punitiva” do Estado ou aos interesses dos detentores do poder econômico, desde as tentativas de regulação normativa da realidade até as construções doutrinárias de viés crítico, passa a ser tratado como um obstáculo a ser afastado. As pessoas, mesmo percebendo que há algo de errado, não sabem como agir para fazer diferente. Aliás, parecem ignorar que é possível fazer diferente. O agigantamento do Estado Penal, por exemplo, é percebido como algo natural e inevitável. É diante desse contexto, em meio à hegemonia da racionalidade neoliberal e à naturalização do pensamento autoritário, que faz de tudo e de todos objetos descartáveis em atenção aos interesses dos detentores do poder econômico e do poder político, que Jacson Zilio, um dos mais sofisticados e corajosos intelectuais do campo jurídico, nos oferece a sua obra “Direito Penal de Exceção”. Esse livro, que o leitor de sorte tem em mãos, é construído de maneira engenhosa e didática, mas sem ceder à tentação da simplificação excessiva, a partir da conexão entre diversas disciplinas. Jacson, um raro penalista que se aprofundou no estudo da filosofia, sabe que direito penal precisa ser ressignificado para servir à contenção do arbítrio e da opressão. Por isso, ao logo dessa obra, o autor investiga as “justificações” políticas, filosóficas e jurídicas para o crescimento


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do pensamento autoritário em matéria penal, bem como realiza o desvelamento crítico daquilo que se esconde no fenômeno contemporâneo de transformar a exceção penal em regra. Jacson Zilio investe também contra os efeitos do neoliberalismo em matéria penal. O autor sabe que o neoliberalismo não pode mais ser reduzido a uma teoria econômica ou a um modo de governar, como deixa claro ao longo do quarto capítulo desse impressionante pequeno grande livro. Hoje, o neoliberalismo deve ser percebido como uma racionalidade, um modo de compreender o mundo, que gera tanto uma normatividade quanto um imaginário próprios. Surgem, com o neoliberalismo (hoje, com uma configuração ultra-autoritária), novos mandamentos de conduta que favorecem a “ilimitação” na busca por lucros ou vantagens pessoais, bem como um conjunto de novas imagens construídas a partir das ideias de “empresa” e de “concorrência”. Em apertada síntese: o mercado passa a ser apresentado como o espaço da virtude e o modelo ideal para o Estado e também para todas as relações sociais, inclusive as amorosas e familiares. A única postura “racional” e “aceitável” é aquela direcionada à obtenção de alguma forma de lucro. Instaura-se a tragédia do não-comum e o egoísmo acaba transformado em virtude. Desaparecem, ainda, o laço social: o “outro” passa a ser visto como uma coisa, uma empresa concorrente que precisa ser destruída, um inimigo (um não-cidadão) que deve ser neutralizado ou um objeto que pode ser usado e/ou descartado. O autor deste livro sabe que o modo neoliberal de ver e de atuar no mundo passa necessariamente por decisões que autorizam a morte e potencializam o sofrimento humano. Porém, grande parte da população permanece sem compreender a relação entre o crescimento do número de mortos, as prisões desnecessárias, a neutralização de indivíduos, a seletividade do sistema penal e as opções políticas condicionadas pela racionalidade neoliberal. O Direito Penal de Exceção é, apesar da inconsciência de vários atores jurídicos, um instrumento à realização dos fins do Estado Neoliberal (a que chamei, em outra oportunidade, de Estado Pós-Democrático).


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No ambiente neoliberal, os direitos fundamentais, os princípios liberais e mesmo a soberania popular são manipulados (ou, sempre que necessário, afastados) em atenção aos interesses dos detentores do poder econômico. Isso porque o Estado neoliberal caracteriza-se tanto pela aproximação pornográfica entre poder político e poder econômico quanto pela ausência de limites ao exercício do poder. Condicionado pela racionalidade neoliberal, o Estado precisa ser forte (e nisso reside a diferença em relação ao Estado Liberal) para estar a serviço dos detentores do poder econômico, auxiliando financeiramente os bancos e o mercado, atendendo aos desejos dos detentores do poder econômico e neutralizando parcela da população. As funções do Sistema de Justiça também sofrem profunda mutação em razão da racionalidade neoliberal. O Poder Judiciário e o Ministério Público, por exemplo, abandonam as tentativas de concretizar os direitos e as garantias fundamentais para se tornarem duas das principais agências voltadas à homologação das expectativas do mercado e ao controle dos indesejáveis (a saber: os pobres e os inimigos políticos do projeto neoliberal). Esse modo hegemônico de ver e atuar no mundo, que relativiza valores (como a verdade) e desconhece limites ao exercício do poder, colonizou o direito penal e favoreceu regressões típicas de um verdadeiro processo descivilizatório (mentalidade inquisitorial, cognoscitivismo ético, instrumentalização da pessoa humana, mercantilização dos valores “verdade” e “liberdade” etc.). Dentre os dispositivos com potencial descivilizatório destaca-se o objeto deste livro: o direito penal de exceção, uma normatividade marcada pela ilimitação no exercício do poder de impor penas e que, nas palavras do autor, corresponde a “um subsistema de polícia e de ordem pública excepcional, focado na repressão de determinados autores e caracterizado pela mera legalidade (quando existente) e desvinculado de princípios limitadores do poder de punir”. Não é por acaso, portanto, que o professor Jacson Zilio lança luzes sobre esse

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fenômeno e apresenta, nesta oportunidade, o melhor estudo sobre o tema já produzido no Brasil. Em “Direito Penal de Exceção”, Zilio fornece elementos que ajudam a compreender e a reagir às medidas de exceção penal. O encarceramento desnecessário de seres humanos, a mercantilização da liberdade, os pânicos morais e o populismo penal são, em grande medida, o resultado da ausência de reflexão. É preciso, portanto, insistir em confrontar com lucidez as exigências do presente e criar alternativas ao fenômeno do direito penal de exceção. Com o “Direito Penal de Exceção”, o professor Jacson Zilio, ele mesmo um “indesejável” aos olhos dos detentores do poder político e econômico (tanto por atuar contra a naturalização da opressão penal quanto por produzir uma teoria penal crítica em tempos de demonização do conhecimento e de ode à violência), presta uma contribuição fundamental à luta pela construção de alternativas ao pensamento autoritário. Este livro, ao ajudar no desvelamento e na compreensão dos mecanismos que afastam a legalidade democrática, ao denunciar os arquétipos modernos da exceção penal e ao relembrar o dever ético de impedir o regresso da barbárie, torna-se um livro de leitura obrigatória. Parabéns ao leitor. Rio de janeiro, 18 de maio de 2020. Rubens Casara


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