COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
VIVO POR MI MADRE Y MUERO POR MI BARRIO Significados de la violencia y la muerte en el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha 2ª Edición
ALFREDO NATERAS DOMÍNGUEZ
Prólogo: JOSÉ MANUEL VALENZUELA ARCE
México D.F., 2015
Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/ Este libro ha sido dictaminado positivamente por pares académicos ciegos y externos, a través del Comité Editorial del Departamento de Sociología de la UAM IZTAPALAPA.
© Alfredo Nateras Domínguez 1ª Edición en Tirant lo Blanch. © Universidad Autónoma Metropolitana Prolongación Canal de Miramontes 3855 Ex Hacienda San Juan de Dios Delegación Tlalpan, C.P. 14387, México, D.F. Unidad lztapalapa Comité Editorial del Departamento de Sociología San Rafael Atlixco No. 186, edificio H, Primer Piso, H-101 Colonia Vicentina, C.P. 09340 lztapalapa Ciudad de México, D.F., México ISBN UAM: 978-607-28-0496-8 Responsable de la edición: Mtra. Erika Granados Aguilar © EDITA: TIRANT HUMANIDADES DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH HUMANIDADES MÉXICO Río Tiber 66, PH Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 MÉXICO D.F. Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-16349-98-2 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.
A mi madre (q. e. p. d.), la abogada Marina Domínguez Herrera, quien tuvo la fortaleza para sortear todas las adversidades: una mujer que con su inmenso amor y declarada dedicación, nos formó. A mi padre (q. e. p. d.), el abogado Octavio Nateras Ramírez, por haberme enseñado el respeto a la diferencia cultural, inculcarme el estudio y el cariño por los libros como una forma de estar en el mundo. A mi hermano (q. e. p. d.) gemelo Eduardo: su inesperada pérdida devino entrañable suspiro, que llenó de intensidad mi vida. A mis queridas hijas, Tamara y Ximena, por las sonrisas plenas y traviesas, y sus infaltables presencias.
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA Rector General
Dr. Salvador Vega y León Secretario General
M. en C. Q. Norberto Manjarrez Álvarez
UNIDAD IZTAPALAPA Rector
Dr. J. Octavio Nateras Domínguez Secretario
Dr. Miguel Ángel Gómez Fonseca Directora de la División de Ciencias Sociales y Humanidades
Dra. Juana Juárez Romero Jefe del Departamento de Sociología
Dr. Enrique Cuna Pérez Coordinadora del Consejo Editorial de la División de CSH
Dra. Alicia Lindón Villoria Asistente Editorial Departamento de Sociología
Mtra. Erika Granados Aguilar
Agradecimientos A la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa (UAM-I), de la cual soy egresado y profesor/investigador, por la generosidad en proveer los mecanismos institucionales, a partir de los cuales fue viable seguir las trayectorias de mi formación académica en condiciones muy favorables. Al Departamento de Antropología, a la Comisión de Posgrado, por haberme aceptado en su programa de doctorado y maestría; ya que representó para mí un espacio lúdico novedoso —dada la calidez— y, de aprendizaje invaluable —dada la calidad—. Al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT); en virtud de la beca otorgada en apoyo a mis estudios de posgrado en ciencias antropológicas, ayuda necesaria/valiosa; máxime por los tiempos de precariedad presupuestal en que se encuentran las universidades públicas de nuestro país. A mi Director de tesis, Dr. José Manuel Valenzuela Arce —las deudas son múltiples y amplias—; por haber aceptado dirigir este trabajo de investigación; los diálogos fructíferos y las reflexiones teórico-metodológicas compartidas; la seriedad en el análisis sociocultural y el posicionamiento claro con respecto a las problemáticas políticas más acuciantes de nuestra sociedad y, he de decir también, que es uno de los sociólogos, investigadores e intelectuales que más sigo y, sin duda, referente imprescindible, no sólo de nuestro país, sino de América Latina. A la División de Ciencias Sociales y Humanidades (CSH)/UAMI; quien resolvió a mi favor la “Beca a proyectos de investigación en el extranjero”, con la que pude llevar a cabo mi trabajo de campo en la Región del Triángulo del Norte Centroamericano (RTNC), que incluye a los países de El Salvador, Honduras y Guatemala, de octubre a diciembre de 2008.
Alfredo Nateras Domínguez
A Roxana Martel, por su hospitalidad y, ayuda incondicional que posibilitó mi estancia como profesor huésped invitado en la Universidad Centroamericana, “José Simeón Cañas” (UCA), en El Salvador, así como, a Antonio Rodríguez, el padre “Toño”, quien en todo momento dispuso de su tiempo y, con paciencia religiosa, me fue introduciendo a los escenarios más complejos de la violencia/la muerte y, estuvo al tanto, en todo momento, de mi seguridad. A los académicos e investigadores, de la Región del Triángulo del Norte Centroamericano (RTNC) —El Salvador, Honduras y Guatemala—, que me cuidaron y acompañaron; ya que sin ellos/ellas, sencillamente no hubiese sido posible haber realizado los recorridos en las comunidades, en los barrios, las clínicas de remoción de tatuajes y ni tampoco llevar a cabo las entrevistas y el levantamiento fotográfico. A los integrantes de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), quienes compartieron sus experiencias y sus preocupaciones desde su quehacer comprometido en el asunto de las violencias sociales y en la lucha por el respeto a los Derechos Humanos, en lo particular, de los integrantes tanto de la pandilla del Barrio-18 (B-18), como de los afiliados a la Mara Salvatrucha (MS-13). A las voces de los/ las líderes comunitarias, que aun con su dolor social, no han perdido las esperanzas en seguir trabajando para disminuir los climas de violencia y de muerte que acechan a sus barrios/a sus colonias/a sus hijos/hijas y a sus demás familiares. A las/los jóvenes integrantes de las clicas de la pandilla del B-18 y de la MS-13, que se dejaron entrevistar y tomar fotografías, aún y con los climas “calientes”, en los que están sorteando sus vidas cotidianas en atmósferas de acoso, de represión y de exterminio. Eric Hernández (Homies Unidos, El Salvador) Jovel Miranda (“Generación X”, Honduras) Luis Romero (Homies Unidos/“El panzaloca”, El Salvador) A las/los colegas, por su disposición al intercambio,
Vivo por mi madre y muero por mi barrio
Ángela Giglia Anne Reid Carles Feixa Carlos Garma Carlos Monsiváis Edgar Morín Federico Besserer Gabriel Medina José Antonio Pérez Islas José Manuel Valenzuela Octavio Nateras Domínguez Raúl Nieto Ricardo Falomir
Laura Loeza Luciana Ramos Luis Reygadas Manuel González Navarro María Eugenia Olabarría Maritza Urteaga Castro-Pozo Martha de Alba González Miguel Ángel Aguilar Néstor García Canclini Oscar Rapálo Rodrigo Díaz Rossana Reguillo
En especial a la Dra. Anne Reid, que desde la espontaneidad y sensibilidad de su mirada social, hizo que cayera en la cuenta del aspecto político de mi investigación; a la Dra. Martha de Alba, quien a partir de su cálido acompañamiento y de su insistente solidaridad que le caracteriza, hizo que saliera de mi letargo y escribiera ¡por fin!, el apartado del diseño metodológico en versión de artículo para revista. A mis asistentes, ambos jóvenes; Arturo Hernández Valencia, siempre atento y preocupado, para que no se me olvidaran las múltiples tareas administrativo/académicas, en el trayecto de esta investigación y, sobre todo, por su paciencia infinita en la transcripción de las entrevistas y en el trabajo audiovisual; a Michael Robert, interesada en los acontecimientos sociales de la condición juvenil, que en lo particular estuvo también en los momentos más densos, no sólo en el quehacer de transcribir las entrevistas a profundidad, sino en la ardua tarea de sistematizar una diversidad de documentos impresos, las búsquedas en internet, junto con el material visual (las fotografías).
Marcajes de las juventudes violentadas (Presentación a la Segunda Edición) En el primer trimestre del año de 2014, salió publicado el libro: Vivo por mi madre y muero por mi barrio. Significados de la violencia y la muerte en el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha”, editado por la Secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL), el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) y, con sello de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). El tiraje fue de 1000 ejemplares, el cual agotó su distribución en bibliotecas, centros de investigación, casas de cultura, universidades, asociaciones de la sociedad civil y, en la red de estudiosos, e investigadores de juventud en Iberoamérica. Asimismo, el Prólogo estuvo a cargo de uno de los sociólogos más importantes en Latinoamérica: el Dr. José Manuel Valenzuela Arce, de El Colegio de la Frontera Norte. Tijuana, Baja California. México. Una vez que recuperé los derechos intelectuales de la obra, la UAM-Iztapalapa, a través del Departamento de Sociología y, del Departamento de Antropología, mostraron interés y, sensibilidad académica, a fin de editar la segunda edición del libro referido. Situación que agradezco, máxime de que los recortes presupuestales cada vez son más frecuentes y, considerables para nuestras universidades públicas, ya que han impactado en los alcances de la función social y, cultural de los centros educativos, es decir, en la construcción de conocimientos y, de saberes, que permiten una mejor comprensión, e incidencia en las múltiples realidades complejas de nuestra sociedad mexicana y, latinoamericana. Ante tales circunstancias y, dificultades evidentes ¿Por qué editar una segunda edición del texto? Una de las razones: el IMJUVE, por su cualidad de institución y, razón social, no puede vender obra, lo cual implica que los textos que edita no están a la venta en las librerías para los estudiantes, los profesores, los interesados y, la gente en general. Aspecto que limita la distribución y, la difusión de determi-
Alfredo Nateras Domínguez
nadas temáticas y, líneas de investigación, junto con las repercusiones académicas asociadas. Otro motivo: es una responsabilidad de las universidades, e institutos de investigación, invertir en la difusión y, en la distribución del conocimiento científico, en este caso, de las Ciencias Sociales y Humanistas, a fin de que —junto con alguna casa editorial de prestigio— lo producido por su planta docente y, de investigación, no se quede en las bodegas de las respectivas instituciones. Y otra consideración más: los conocimientos y, los saberes, cualesquiera sean éstos, son públicos y, por lo tanto, adquieren significado en la medida en que estén al alcance de todos y, de todas y, principalmente de quienes los requieran y, los necesiten.
Este libro da cuenta de un trabajo de investigación extenso, e intenso y, de una etnografía multisituada (Marcus, George, 2001), que llevé a cabo a finales del año de 2008, en lo que se conoce como la Región del Triángulo del Norte Centroamericano (RTNC), que incluye a los países de El Salvador, Honduras y, Guatemala —las patrias de origen y, la más peligrosa de América Latina— en relación a los significados de las violencias y, de la muerte, construidos y, asociados, a uno de los sujetos y, de los actores sociales —trasnacionales (Courtney, Robert, 2006)— más espectaculares en los espacios públicos de las ciudades, e incluso, en los del encierro —las cárceles—. Me refiero a las y, a los integrantes de la “pandilla” del Barrio 18 (B-18) y, de la Mara Salvatrucha (MS-13), hombres y mujeres, cuyas coordenadas de constitución se sitúan a finales de la década de los años setentas del siglo pasado en un territorio definido: los Estados Unidos de Norteamérica, en los Ángeles California —la patria de llegada—. Es claro que las violencias sociales (Sosa, Raquel, 2004)1 son uno de los ordenadores y, de los marcadores socioculturales, a partir de
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Para Raquel Sosa, las violencias sociales son una de las formas en las que se expresa la violencia política en los estados liberales, es decir, implican imposición y, terror promovidos desde y, para el poder. En esta lógica de pensa-
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los cuales se están configurando y, reconfigurando, una serie de relaciones intersubjetivas entre varios actores como los son; los cuerpos de seguridad de los estados, los grupos policiacos de élite, los militares, los escuadrones de la muerte, de la limpieza social, el crimen organizado, los para militares —los profesionales de las violencias (Tilly, Charles, 2003)— los integrantes de las comunidades, e incluso, los afiliados de las denominadas “pandillas” trasnacionales, en este caso que nos interesa y, ocupa: la Mara Salvatrucha (MS-13) y, la “pandilla” del Barrio 18 (B-18). La mayoría de las narrativas académicas y, de los discursos de los medios masivos de información y, de comunicación, han centrado el análisis de las violencias en los integrantes de las “pandillas” y, de las maras cuando las ejercen y, las llevan a cabo, es decir, desde el lugar de ser sujetos de las violencias, sin embargo, han callado e invisibilizado cuando las padecen y, son objetos de ellas. En este sentido, mi pretensión a partir de la reflexión teórica-metodológica y, del quehacer etnográfico realizado, ha sido justamente dar cuenta de los hechos y, de los acontecimientos, cuando las y, los afiliados a estos grupos han padecido las violencias (de muerte) desde distintos formatos: la represión, la criminalización de sus adscripciones identitarias incluyendo sus estéticas corporales —los tatuajes, por ejemplo—, las masacres deliberadas que se han suscitado en varios lugares del encierro —las cárceles—, la persecución, el aniquilamiento —por los escuadrones de la muerte y, de la limpieza social— y, los múltiples asesinatos y, ejecuciones extrajudiciales, que se han perpetrado en contra de ellos y, de ellas. Estamos claramente ante lo que podríamos denominar, junto con José Manuel Valenzuela (2012), de hechos y, de sucesos, que dan
miento podemos deducir que los Estados-nacionales de El Salvador, Honduras y, Guatemala, ejercen una violencia de Estado contra los agrupamientos infanto-juveniles de la MS-13 y, de la “pandilla del B-18”. Ver, Sosa, Raquel (Coord.) (2004) Sujetos, víctimas y territorios de la violencia en América Latina. Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). México.
Alfredo Nateras Domínguez
cuenta de una situación de “juvenicidio”2, caracterizada como “la muerte artera”, contra las y, los integrantes de estos agrupamientos identitarios infanto-juveniles, así mismo, de la condición juvenil en general y, en lo particular, de las masculinidades. En este sentido, hay una contradicción y, tensión, ya que cuando uno revisa las cifras de las violencias que se están dando en la RTNC, incluso emitidas por los cuerpos de seguridad de los estados de Honduras, de Guatemala y, de El Salvador, las cifras son muy reveladoras, ya que apuntan y, fluctúan, entre el 8% y, el 15 %, de las violencias (de muerte), son llevadas a cabo por algunos integrantes de la “pandilla” del B-18 y, de la Mara Salvatrucha (MS-13). Por lo que la pegunta obligada sería: ¿y, el 92%, o el 85%, respectivamente, quién o quiénes la ejercen? Respuesta: principalmente los miembros del crimen organizado desde sus diferentes giros, rostros y, tesituras: el narcotráfico, la extorsión, el secuestro, el sicariato, el tráfico de humanos, el asalto a migrantes, los cuerpos de seguridad y, ciertas estructuras de los Estados-nacionales. A partir de lo anterior, un aspecto interesante a señalar es: ¿Cómo y, por qué se edifica el imaginario colectivo a partir del cual se les atribuyen las responsabilidades absolutas de las violencias (de muerte) a estos agrupamientos cuando hay otros actores con mayor responsabilidad y, con datos duros que así lo demuestran? Creo que estamos frente a los mecanismos de la demonización, es decir, de la edificación de un personaje al que se le depositan y, condensan todos los males que una sociedad y, una cultura, no han podido procesar o solventar como es el caso de las violencias (de muerte) en la RTNC.
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A decir de Valenzuela, el “juvenicidio”, no sólo se refiere al incremento de las muertes “arteras”, contra las y, los jóvenes, sino también a sus condiciones reales de precariedad en lo económico, en lo laboral, en lo educativo, en la salud, en la recreación y, en sus habitad que repercuten en lo simbólico Cfr. Va-
lenzuela, José Manuel (2012) Sed de Mal. Feminicidio, jóvenes y exclusión social, El Colegio de la Frontera Norte. Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), México.
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A partir de aquí se construye un discurso y, una narrativa, que sostiene que estos agrupamientos, el B-18 y, la MS-13, hacen fracasar al Estado y, a sus instituciones, afean el paisaje neoliberal, por lo tanto, son “sujetos desechables” (Martín-Barbero, 2008). Además, la teatralidad, la performatividad y, la espectacularidad de la creación de sus presencias (Díaz, Rodrigo, 2002), del diseño de sus estéticas corporales, de los emblemas culturales —los tatuajes en el rostro, por ejemplo— de su adscripción identitaria infanto-juvenil, atraen poderosamente como para atribuirles fácilmente tales responsabilidades sin tener pruebas fehacientes de ello. Desde la vertiente de ciertos discursos y, narrativas académicas, algunas suelen ser francamente conservadoras, ya que reproducen los estigmas (Goffman, Erving, 1993) contra estas identidades deterioradas, al considerarlos como; “máquinas de guerra”, “casos perdidos”, “con el demonio adentro”, “la nueva mafia”, “crimen organizado”, “terroristas” y, factibles de ser “desechables”. Por lo tanto, cuando uno centra la discusión, o invierte el eje de análisis con respecto a situarlos como objetos de violencia —al padecerla— y, no sólo como sujetos de violencia —al ejercerla—, la crítica de las y, de los colegas, es que uno está haciendo apología de las violencias, o que idealizamos a nuestros sujetos y, objetos de la investigación y, de la intervención. Simplemente los construimos desde otros lugares epistémicos y, tratamos de dar cuenta de las condiciones a partir de las cuales se diseñan esas violencias de muerte y, de los sentidos y, los significados de las narrativas y, los discursos hegemónicos que los estigmatizan y, satanizan.
En tanto que el trabajo de campo se realizó bajo el método de una etnografía multisituada (Marcus, George, 2001), en los últimos tres meses del año de 2008 y, en virtud de que se van a cumplir 7 años de haber llevado a cabo las entrevistas a profundidad, el levantamiento de imágenes fijas —la fotografía— y, de los relatos construidos de varios actores importantes —académicos, organizaciones de la sociedad civil, integrantes de la MS-13 / del B-18 y, de miembros de la
Alfredo Nateras Domínguez
comunidad— habría que preguntarse: ¿qué tan vigente es la información que en su momento se obtuvo? ¿Qué hay con respecto a la evidencia empírica recabada? En su esencia de contexto y, en la configuración estructural, la situación de las violencias (de muerte) en la RTNC, no han variado de manera significativa. El B-18 y, la MS-13, han perdido visibilidad y, presencia en los discursos de los aparatos de seguridad del Estado salvadoreño, hondureño y, guatemalteco, así como en las narrativas mediáticas de los países centroamericanos. A su vez, lo que ha cambiado, en particular, en El Salvador3, ha sido que entre varias clicas —micro grupos— de tales colectividades, se han dado treguas y, compromisos de no agresión y, no ejercer las violencias en contra de sus comunidades, de sus vecinos, a fin de favorecer las mesas de diálogo y, de paz, que se han establecido, para detener las violencias de muerte. Estas mesas de diálogo y, de paz, también se han instaurado en Honduras, sin embargo, en ambos países parece ser que se han institucionalizado demasiado, se les han boicoteado, no se han incluido a los actores principales en el entramado de las violencias y, han asesinado, en el caso Hondureño, a gestores culturales importantes como Jovel Miranda, ex integrante de la “pandilla” del Barrio 18 (B-18) y, miembro activo de la asociación civil JHA JA y, de Generación “X”. A su vez, en El Salvador, se encarceló al Padre Antonio Rodríguez, de nacionalidad española, mejor conocido como el padre “Toño”, quien es uno de los principales activistas sociales que llevan más de 15 años trabajando en los barrios con integrantes del B-18 y, de la MS-13, acusado de estar “a favor” de éstos agrupamientos. Y dadas las presiones y, las amenazas de muerte en su contra, una de las condiciones para dejarlo libre, fue que abandonara El Salvador. 3
Los lectores interesados con respecto a un análisis detallado y, profundo de lo que ha y, está sucediendo con el asunto de la MS-13 y, de la “pandilla” del B-18, del 2008 al 2012, en la RTNC, pueden consultar: “Prólogo a la segunda edición”, en: Nateras, Valenzuela y Reguillo (coord.) (2013) Las Maras. Identidades juveniles al límite. UAM-Iztapalapa. El Colegio de la Frontera Norte y, Juan Pablos Editor. México.
Presentación
El contenido teórico y, la etnografía, en esta segunda edición del libro, no varió, se mantuvo tal cual, así como el Prólogo, el capitulado y las fotografías. Al final de cada capítulo se agregaron varias imágenes tomadas en los países del El Salvador, Honduras y Guatemala.
He de decir, que con este trabajo de investigación etnográfica, acerca de las violencias (de muerte), la reconstrucción de sus sentidos y, de sus significados, edificados en particular por los afiliados a las adscripciones identitarias infanto-juveniles de la “pandilla” del Barrio 18 (B-18) y, de la Mara Salvatrucha (MS-13), hombres como mujeres y, todo el trabajo visual, a través de las imágenes fijas levantadas —la fotografía— doy por concluida y, cerrada mi contribución académica, e intelectual, a la temática y, a sus aspectos relacionados. Es tiempo que demos los “pases”, e incentivemos a las nuevas “camadas” de jóvenes estudiosos de las juventudes, no sólo de nuestro país —México— sino de América Latina, para que hagan los necesarios relevos generacionales. Serán ellos y, ellas quienes tendrán que retomar y, replantear las temáticas más relevantes, las investigaciones emergentes y, urgentes, a fin de contribuir desde sus miradas disciplinares, a una mejor comprensión de las realidades y, así influir, a partir de los conocimientos y, de los saberes construidos, en la construcción de espacios más democráticos, donde las diferencias culturales del “otro” y, de “los otros”, sean respetadas y, los derechos humanos adquieran valor, así como las inequidades sociales entre las juventudes, tiendan a reducirse, para alcanzar sociedades más dignas y, justas para todas y, todos. Alfredo Nateras Domínguez México, D.F. 23 de junio de 2015.
Prólogo El tema de las llamadas pandillas juveniles y, en especial, la Mara Salvatrucha y, El Barrio 18, dupla que mantiene una rivalidad acendrada, ha sido objeto de múltiples recreaciones estereotipadas y estigmatizantes, así como construcciones oficiales y mediáticas criminalizantes y efectistas, empeñadas en consolidar una imagen endurecida y atemorizante, sin matices, ni diferenciaciones, donde mareros y pandilleros devienen criminales irredentos, socios de organizaciones terroristas, máquinas de muerte o simple escoria social cuyos alcances y capacidad de acción los convierte en una amenaza para la seguridad nacional, como fueron considerados en Estados Unidos, México, El Salvador, Honduras y Guatemala, durante la década pasada, cuando se bombardeó a la población con información de corte amarillista y magnificada sobre estas agrupaciones juveniles. El campo académico no ha escapado a la recreación estigmatizada de los mareros reproduciendo perspectivas que reproducen rasgos que delimitan las identidades desacreditadas de las y los mareros, por ello, resulta de enorme interés el libro de Alfredo Nateras: Vivo por mi madre y muero por mi barrio. Significados de la violencia y la muerte en el Barrio 18 y La Mara Salvatrucha, en el cual se analiza de manera densa y aguda los entramados en los cuales cobran sentido y significado las prácticas colectivas, los emblemas, los rituales y los referentes identitarios de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18, así como sus vínculos y mediaciones con otros ámbitos sociales, incluido el institucional. Investigador consolidado en temas juveniles donde ha trabajado y estudiado culturas e identidades juveniles, así como el cuerpo y sus significaciones, o el uso social de drogas, Alfredo Nateras, ha publicado obras relevantes e imprescindibles no solo para los juvenólogos, sino para todos los estudiosos de los procesos socioculturales del mundo contemporáneo, pues asume la condición relacional de lo juvenil que no se explica a sí misma fuera del conjunto de redes
José Manuel Valenzuela Arce
de relaciones sociales donde se inscribe. Entre las obras señeras de Nateras, se encuentran; Tinta y Carne, (2009). Ed. Cultura Contracultura, México: en coordinación con Edgar Morín; Artistas de la piel y decoración corporal en jóvenes (2007). Ed. Ríos de Tinta, México y Tinta Fresca, Argentina; Las Maras. Identidades Juveniles al límite (2013. 2da. Edición y 2007, 1ª. Edición). UAM-I, El Colegio de la Frontera Norte y Juan Pablos Editores. México, coordinado con Rossana Reguillo y José Manuel Valenzuela Arce y; Jóvenes, Culturas e Identidades Urbanas (2002) Miguel Ángel Porrúa, UAM-I. México. Vivo por mi madre y muero por mi barrio, constituye una obra indispensable para quienes buscan conocer el tema de maras y pandillas detrás de los espejos, pues en ella Alfredo Nateras realiza un trabajo de campo denso con jóvenes mareros centroamericanos, adentrándose en sus entornos cotidianos, sus códigos, sus odios, sus miedos, sus actividades delictivas, su vulnerabilidad, sus negociaciones cotidianas con los sentidos de vida y de muerte, referentes adulterados por condiciones extremas donde la vida es intensa y se vive al límite, mientras que la muerte es artera y cercana, tirar barrio, cargar cuete y filera o se aproxima portando uniformes de colores distintos y refrendo legal. Siendo una obra de interés para públicos amplios y de campos diversos, Vivo por mi madre y muero por mi barrio, construye una plataforma interpretativa que recupera y discute críticamente la literatura socio-antropológica mediante la construcción solvente de una reflexión teórica apoyada en categorías interpretativas pertinentes, así como por el acercamiento metodológico que prioriza el trabajo etnográfico, las entrevistas y la observación participante. Con estos elementos como equipaje, Nateras realiza un interesante recorrido por barrios y colonias donde viven los homies y logra otear sus miedos, sentir sus pesares, atrapar los atisbos de esperanza que alimentan, descifrar los códigos que definen sus odios y sus afectos. También interpreta los elementos que cargan de sentido sus espacios, la intensidad del barrio, la construcción social de sus territorios marcados por placazos que rinden tributo a las lealtades, a los compas, a los carnales y a los homies muertos.
Prólogo
El trabajo de campo con grupos juveniles organizados en barrios, clicas y pandillas conlleva importantes problemas de inmersión, debido a los niveles de violencia y desconfianza que han definido tanto los tratamientos institucionales y para legales frente a estos jóvenes, como por los procesos de rivalidad y violencia originados en conflictos juveniles. A pesar de este escenario, Nateras logra incursionar en territorios habitados y significados por el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha en tres contextos nacionales distintos: El Salvador, Honduras y Guatemala, interpretando sus códigos lingüísticos, corporales, gestuales, sus formas organizativas, sus rituales de iniciación, su relación con las instituciones, los rasgos de la violencia y su reconstrucción de la relación entre vida y muerte. Vivo por mi madre y muero por mi barrio, constituye una importante aportación para los estudios socio-antropológicos sobre las juventudes en América Latina, así como al conocimiento de sus entramados de violencia y de muerte, al mismo tiempo que ayuda a identificar nuevos procesos socioculturales en los cuales se expresa la condición transnacional, transfronteriza, translocal y transbarrial de las culturas juveniles y sus expresiones organizadas en barrios, calles, clicas y pandillas, como ocurre con la MS y el B-18, interpretados como barrios trasnacionales que actúan en Estados Unidos, México y los países centroamericanos. Vivo por mi madre y muero por mi barrio, es una relevante aportación a los estudios urbanos en contextos trasnacionales, de manera especial, en la dimensión reflexiva que recoloca la relación del antropólogo y lo obliga a una interpretación que necesariamente se ubica fuera de los sesgos de exotización, ventriloquismo o autoría difusa destacados por Clifford Geertz, posición aún más necesaria cuando se trabaja dentro de escenarios urbanos reconocibles, en ciudades que son las nuestras y con personas cuyos preconstruidos culturales compartimos o nos resultan cercanos. Vivo por mi madre y muero por mi barrio, es una obra inscrita en escenarios de violencia social. La violencia es inherente a nuestras vidas y responde a condiciones multicausales. En la mayoría de los
José Manuel Valenzuela Arce
casos las y los jóvenes son víctimas de condiciones que les anteceden y rebasan, como los conflictos civiles en Centroamérica con sus enormes cargas de dolor y muerte generada por los propios gobiernos apoyados en sus instituciones, sus militares y sus organizaciones paramilitares y sus políticas de tierra arrasada. La violencia recorre las calles, los barrios y los callejones habitados por los pobres de Estados Unidos, de México y de Centroamérica, en ellos la muerte violenta es presencia cotidiana y con ella negocian muchos jóvenes que, en ocasiones, también recurren a recursos extremos de violencia. Tres ejes importantes definen los sentidos de vida de los jóvenes pobres: El primero refiere a la precarización de sus condiciones de vida, precarización que conlleva desempleo, informalidad y ausencia de seguridad social. El segundo eje refiere a la precarización de las instituciones y los espacios sociales que participan en la conformación de proyectos de vida, entre los cuales se encuentra la atenuación de la educación escolarizada como recurso certero de éxito o de movilidad social ascendente, así como el desplazamiento o la migración como recurso obligado para millones de jóvenes y la llamada crisis de la familia y la violencia social. Muchos jóvenes latinoamericanos se ven obligados a buscar en otros sitios lo que no encuentran en sus lugares de origen, para ellos, la migración o el desplazamiento es el recurso disponible para tratar de realizar proyectos de vida viables, empresa donde muchos de ellos perderán la vida en accidentes que incluyen a la bestia, o sucumbirán frente al ataque de polleros, policías, bajapollos o miembros del llamado crimen organizado, muchas veces en connivencia con autoridades oficiales como muestra el infame asesinato de 72 inmigrantes (muchos de ellos jóvenes) en San Fernando, Tamaulipas, en agosto de 2010. El tercer eje corresponde a la fractura del marco axiológico que incluye un profundo descredito de figuras y personajes de la esfera pública como son las y los políticos, las instancias de procuración de justicia, los procesos electorales y las figuras del orden como policías, judiciales y militares. En este contexto se inscribe el trabajo de Alfredo Nateras, quien se introduce en los entramados más cercanos de la vida de los jóvenes