COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH MARÍA JOSÉ AÑÓN ROIG
VÍCTOR MORENO CATENA
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
ANA BELÉN CAMPUZANO LAGUILLO
FRANCISCO MUÑOZ CONDE
Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad CEU San Pablo
JORGE A. CERDIO HERRÁN Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
OWEN M. FISS Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
LUIS LÓPEZ GUERRA Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
ÁNGEL M. LÓPEZ Y LÓPEZ Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
MARTA LORENTE SARIÑENA Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
JAVIER DE LUCAS MARTÍN Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
ANGELIKA NUSSBERGER Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
HÉCTOR OLASOLO ALONSO Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
LUCIANO PAREJO ALFONSO Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
TOMÁS SALA FRANCO Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
JOSÉ IGNACIO SANCHO GARGALLO Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
TOMÁS S. VIVES ANTÓN Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
RUTH ZIMMERLING Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: http://www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
TERCERA EDAD Y AYUDA A LA DEPENDENCIA
MARÍA JOSEFA GARCÍA-MAESTRO GARCÍA Profesora Dra. Titular E.U. de Derecho Administrativo Universidad de Salamanca
Valencia, 2015
Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www. tirant.com).
© María Josefa García-Maestro García
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A toda mi familia, especialmente a mi madre
“Hay que abandonar la creencia de que la delimitación, contenido y alcance de la acción conducente a hacer efectivos los derechos sociales, está vinculada esencialmente a la coyuntura económica, de forma que pueda prescindirse de ella o reducirse su contenido prestacional en tiempo de crisis. No tengo esta aseveración por ajustada a los valores y principios que consagra nuestra Constitución, porque la eliminación o reducción de las políticas sociales puede afectar directamente a la dignidad humana, que es un valor situado en el artículo 10,1, a la igualdad y a la consecución de una convivencia más justa y solidaria”. Santiago Muñoz Machado: “Sobre la pobreza y el Derecho”, Iustel, Madrid, 2014, p. 90.
Agradecimientos El contenido de este libro es el resultado de la investigación que constituyó la tesis doctoral defendida en la Universidad de Salamanca el 20 de diciembre de 2013, que obtuvo la caliicación de sobresaliente cum laude. A través de estas líneas, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos los miembros de la Comisión que valoraron este trabajo, al profesor Dr. D. Enrique Rivero Ysern, presidente de la misma, al que tanto tengo que agradecer, ya que con él di mis primeros pasos en la Universidad, al profesor Dr. D. Fernando Rey Martínez, al profesor Dr. D. Estanislao Arana García, a la profesora Dr. Dª Mª Asunción Torres López y a la profesora Dr. Dª Encarna Pérez Álvarez. Todos ellos con sus certeras observaciones me han ayudado a mejorar y enriquecer el contenido de este trabajo. Deseo manifestar mi gratitud muy especialmente al profesor Dr. D. Ricardo Rivero Ortega, director de la tesis, por contar siempre con su ayuda y sus consejos, que han posibilitado que hoy vea la luz esta monografía.
Prólogo Las mujeres y los hombres nacidos en España a principios del siglo XXI vivirán más de cien años. Apenas hace un siglo, los españoles sólo alcanzaban los cuarenta de media. Gracias a las vacunas, las redes de saneamiento, el acceso universal al agua potable y los servicios sanitarios, nuestras sociedades ven coexistir hasta cuatro generaciones sucesivas: bisabuelos, abuelos, padres e hijos. Ya casi no quedan entre nosotros supervivientes de la última gran pandemia de 1918 —la gripe española—, que en un solo año acabó con más de cincuenta millones de personas. Tras nuestra terrible guerra civil y su dramática posguerra, la cifra de neonatos fallecidos durante su primera infancia se fue reduciendo espectacularmente. Desde los años cincuenta, en torno al 5% anual. El incremento más notable de la esperanza de vida se produce sin embargo a partir de 1975, con una ganancia de un año cada lustro, aproximadamente. Resulta atractiva tal presentación diacrónica por su perfecta coincidencia con el período democrático, señalando ciertas correlaciones (¿tal vez causalidades?) entre régimen político, cohesión social, progreso económico y horizonte vital. Por supuesto es sobre todo el Estado de Bienestar, con su asistencia generalizada a las personas de la tercera edad, la clave de este éxito exponencial frente al tiempo del ser humano. A día de hoy, nos situamos en torno a los ochenta años de media (84 para las mujeres y 78 para los hombres). España es uno de los países del mundo mejor puntuados en este esperanzador ranking. Pero más allá de lo cuantitativo, no deben pasar desapercibidas las múltiples transformaciones sociales asociadas a estos datos: sus efectos sobre la familia, la natalidad, la prolongación de etapas de maduración (adolescencia tardía y recidiva) o la neotenia (¿quizás un rasgo evolutivo avanzado?). Paradojas del síndrome de Peter Pan en cuerpos cada vez más envejecidos. Aunque con frecuencia las noticias cientíicas parecen acercarnos a la fuente de la eterna juventud, no resultará sencillo revertir nuestra obsolescencia programada. Y son insostenibles los costes presupues-
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tarios de pretender que sea sólo el Estado, la Administración pública, quien mantenga en las mejores condiciones vitales y sanitarias a una población inactiva, siendo ésta porcentualmente mayoritaria. Estas aporías del Estado Social realzan la importancia trascendental de un estudio como el que se presenta al lector, decididamente comprometido con la atención administrativa y las políticas públicas, constitucionalmente necesarias. Partiendo de la necesidad de garantizar que todas las personas disfruten de condiciones básicas de calidad de vida, habrá que pensar cómo realizarlas, no sólo prometerlas. Para ello, vuelve a ser capital la actitud de la persona, porque también los ancianos (antes o después, todos) han de adherirse al mensaje del envejecimiento activo. Y el poder público no debe limitarse a evitar su discriminación, sino que debe garantizar la ayuda a la dependencia y, superando ésta, la intervención para evitar o retrasar la imposibilidad de valerse por uno mismo. Para que la libertad y la igualdad sean verdaderamente reales y efectivas. La autora de este libro, la Profesora Doctora Mª Josefa GarcíaMaestro, ofrece el mejor ejemplo del adagio nunca es tarde. Tras más de veinticinco años de plena dedicación docente universitaria, reconocida por estudiantes y compañeros, decidió volcar su experiencia y saber, como docente acreditada en trabajo social, escribiendo un estudio monográico y fructífero. Más fácil y mucho menos esforzado para ella hubiera sido adaptarse a la tendencia acomodaticia propia de quien, funcionaria con muchos trienios, cumple sus obligaciones sin ir más allá. Pero sabe que la Universidad no debería convertirse en un lugar donde sirva para siempre lo estudiado hace décadas, donde quepa contemplar plácidamente el paso del tiempo académico. Su lección es inolvidable. Delante de colegas acostumbrados a valorar trabajos elaborados por jóvenes en período de formación. Trabajando en paralelo con personas mucho menos experimentadas. Sometiéndose al juicio de un tribunal de extraordinaria capacidad técnica (integrado por catedráticos de Derecho constitucional y administrativo) para alcanzar al in un merecidísimo Vítor. Igual que ella, muchas personas queremos vivir más, aunque lo haremos de un modo que ninguna generación anterior ha experimentado. Quien quiera disfrutarlo de verdad, habrá de estar preparado
Prólogo
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para ello. Y aunque los poderes públicos deberían generar las condiciones para propiciarlo, también cada uno de nosotros hemos de asumir nuestra propia cláusula de progreso, físico y mental, retrasando la dependencia. RICARDO RIVERO ORTEGA Catedrático de Derecho Administrativo Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca
Introducción 1. Víctor Alba inicia su “Historia social de la vejez” con una relexión sobre lo que parecería una obviedad, pero que da sentido a muchas de las páginas que siguen: “Todo cuanto existe envejece. Pero sólo en los seres vivos conduce a la muerte, es decir, a la cesación de la vida. No resulta exagerado, pues, decir que el envejecimiento es un fenómeno inevitable”1.
El contenido de cualquier rama del ordenamiento jurídico está condicionado por la realidad que regula y por los objetivos que el legislador busca con su regulación. Uno de los rasgos de nuestra sociedad, de esa realidad que hay que regular, es el de su envejecimiento, lo que conduce a un primer plano las consecuencias que este hecho tiene sobre la respuesta que frente al mismo debe dar el Estado diseñado en nuestra Constitución. Efectivamente, la situación de las personas mayores2, entendiendo por tales, aquellas que tienen una mayor vulnerabilidad debido a su edad avanzada, ha cambiado en los últimos años, debido al aumento de las expectativas de vida3, lo que, como enseguida veremos, ha ocasionado a lo largo de todo el siglo XX, un gran incremento demográico, con consecuencias de todo tipo, sociales, económicas, culturales y, por supuesto también jurídicas. Esta nueva realidad llevó a Miret Magdalena a airmar, que “este siglo se tendrá que llamar el “Siglo de los Mayores”. Igual, que el siglo XIX se llamó el Siglo del Niño, tras la aparición del Emilio de Rous-
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Alba, Víctor: “Historia social de la vejez”, Laertes, Barcelona, 1992, p.11. El término personas mayores es impreciso, ya que se puede decir que todos los adultos somos “personas mayores” de edad. Cuando se utiliza la expresión “personas mayores” se trata de señalar que esas personas son tan mayores que necesitan una mayor protección debido a su vulnerabilidad, requieren un status diferente. En el siglo XX, hay más mujeres que varones en el mundo, unas cien mujeres por cada ochenta y un varones. Además las mujeres son más longevas que los varones. Con carácter general el desarrollo de la medicina, ha conseguido incrementar la edad de los mayores.
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seau y la presencia de grandes iguras de educadores como Herbat, Makarenko, Pestalozzi o Spencer, y el siglo XX, con la irrupción del feminismo, es conocido como el Siglo de la Mujer”4. España es uno de los países donde este cambio demográico es más acusado, lo que nos llevará, a lo largo de los años venideros, a ser una nación envejecida. Esta situación de futuro hace, que sea básico analizar desde ahora la estructura de la sociedad actual, e intentar abordar el diseño de políticas, en buena medida económicamente condicionadas, que aseguren los derechos correspondientes a las cada vez más numerosas personas, a las que, su edad avanzada, puede llevar a una potencial situación de desigualdad en nuestra sociedad. 2. Los datos, del informe sobre el envejecimiento de la población mundial 1950-2050 de Naciones Unidas, dan la razón a las palabras del fallecido teólogo Miret Magdalena y nos permiten ayudar a comprender, la dimensión del problema. Este informe, se elaboró, para “proporcionar fundamentos demográicos sólidos para los debates” de la Segunda Asamblea Mundial, sobre el envejecimiento, que se celebró, en Madrid en el año 2002. En él, se estudia el proceso de envejecimiento de la población, desde el punto de vista mundial, en las regiones más y menos desarrolladas, en las principales zonas y regiones y en los distintos países. El informe, subraya la dimensión universal del envejecimiento, y cómo afecta a todos los aspectos de la vida: al económico, al social y al político. Tiene mucho interés tomar, como punto de partida, las conclusiones del informe, que realizó la División de Población de Naciones Unidas, entidad, que se encarga junto a otras5, de los asuntos de población y desarrollo del Sistema de Naciones Unidas. Las conclusiones, como vamos a señalar, ponen de relieve la entidad y la importancia del problema y son las siguientes: – El envejecimiento de la población, carece de precedentes y no tiene paralelos en la historia de la humanidad. Pues, a la vez que se
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Miret Magdalena, E., “El siglo de las personas mayores”, en Blázquez Martín, D. (editor): Los derechos de las personas mayores. Perspectivas sociales, jurídicas, políticas y ilosóicas, Dykinson, Madrid, 2006, p. 9. Las otras entidades son: Las Comisiones Regionales de las Naciones Unidas, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y los Organismos especializados de las Naciones Unidas.
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incrementan los porcentajes de las personas de 60 años o más, se produce un descenso, en los porcentajes de los menores de 15 años. Para el año 2050, “por primera vez en la historia, las personas de edad en el mundo superarán en número a los jóvenes”. – El envejecimiento de la población, es un fenómeno mundial, que afecta a todos los hombres, mujeres y niños. La población de personas de edad, aumenta, a razón de 2% por año considerablemente más rápido, que el porcentaje de aumento de la población total. Al menos, en los próximos 25 años, la población de edad avanzada, continuaría aumentando con más rapidez que ningún otro grupo de edad. La tasa anual de crecimiento del grupo de 60 años o más, será de 2,8% entre 2025 y 2030. Este crecimiento acelerado, exigirá ajustes económicos y sociales de largo alcance en la mayoría de los países. – Las consecuencias del envejecimiento tienen relejo en todas los aspectos de la vida humana: en el económico (ya que incide en el crecimiento económico, en el ahorro, en la inversión y en el consumo, en los mercados de trabajo, en las pensiones, en la tributación y en las transferencias intergeneracionales), en el social (en la salud, en la atención de la salud, en la composición de la familia y en las condiciones de vida, así como en la vivienda y en la migración), así como en el aspecto político (en las pautas de voto y en la representación). – El envejecimiento es progresivo. Durante el siglo XX, el porcentaje de personas de edad ha seguido en aumento, y se espera, que esta tendencia, continúe durante el siglo XXI. Por ejemplo, en 1950, el porcentaje de personas de edad era de 8%, pasó en 2000, al 10%, y se prevé que en 2050, llegue a un 21%. Al inicio del siglo XXI, la población del mundo, incluía aproximadamente 600 millones de personas de edad, tres veces la cifra registrada 50 años antes. A mediados de siglo, habrá alrededor de 2.000 millones de personas de edad, lo que signiica que, una vez más, este grupo de edad se habría triplicado en un lapso de 50 años. Evidentemente, la distribución de esta población y su porcentaje no es homogéneo, pues existen diferencias muy acusadas entre las distintas regiones del mundo. En las regiones más desarrolladas, casi una quinta parte de la población, tenía 60 o más años en 2000; para
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2050, se espera, que esta proporción sea de un tercio. En las regiones menos desarrolladas, sólo el 8% de la población, tiene actualmente más de 60 años; no obstante, para 2050, las personas de edad, constituirán casi el 20% de población. Igualmente, es distinta, la posición social de las personas de este tramo de edad, en el primer mundo que en el tercero. La desigualdad tiene una dimensión internacional, que, con carácter general, también se exterioriza en la respuesta que desde los Estados se da a esta situación demográica. 3. En España, según datos señalados en el Libro Blanco de la Dependencia6, en las últimas décadas la población española de más de 65 años, ha experimentado un crecimiento muy considerable. El número de personas de este tramo de edad, se ha duplicado en los últimos treinta años del siglo XX, pasando de 3,3 millones de personas en 1970 (un 9,7 por ciento de la población total) a más de 6,6 millones en 2000 (16,6 por ciento de la población total). Ante esta situación, en marzo de 2012, en el 54 Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología7 y de la Sociedad Gallega de Gerontología y Geriatría, se alertó de un “grave tsunami generacional”, si no se camina hacia un nuevo envejecimiento activo ya que la esperanza de vida de España es la más alta de toda su historia8.
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Estos datos se pueden consultar en, http:// www.imserso-mayores.csic.es. SEGG-Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, http://www.segg.es. Según el Dr. Andrés Vázquez, presidente de la Sociedad Gallega de Gerontología y Geriatría y el Dr. Pedro Gil, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología “el increíble envejecimiento mundial de la actualidad es un fenómeno absolutamente nuevo en nuestra civilización”. “Nunca antes en la historia del ser humano se había llegado a una esperanza de vida y una longevidad tan altas ni a una inversión demográica en la que los mayores de 65 superan al colectivo de niños de 0 a 14 años”. Una circunstancia que “de no empezar a afrontarse inmediatamente” advierte Vázquez, “a partir de 2025 va a generar un tremendo tsunami generacional que la sociedad no va a ser capaz de solucionar”. El descenso de la mortalidad, la caída de la fecundidad, los avances sanitarios y tecnológicos y la tendencia al retorno de los inmigrantes están generando un envejecimiento nunca antes conocido, sobre todo en Europa, donde la esperanza de vida es la más alta de toda su historia: 84 años de media en Francia y 83 en España (la segunda del continente y una de las más altas del planeta según estudios de Eurostat de 2009) y cuyo crecimiento se va a acelerar a partir de 2025 llegando a los 15 millones de personas mayores de 65 años en España (datos de previsión del INE), es decir, el 32 por ciento de la población.
Introducción
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El pasado diciembre el Instituto Nacional de Estadística (INE) hizo públicos los datos del censo de 2011, que ponen de maniiesto, que la edad media de la población española ha aumentado en 1,5 años en la última década, de 40 en 2001 a 41,5 en 2011. Entre las consecuencias derivadas de este hecho, está el aumento de la tasa de dependencia, que es la relación entre ciudadanos no activos (menores de 16 y mayores de 64) y los considerados activos (de 16 a 64), que en 2010, se situaba en 0,485 y en 2011 subió a 0,500. Es decir, que ahora solo hay dos personas en edad de trabajar para mantener a cada menor o jubilado. La situación es más grave aún en Castilla y León, donde la edad media de la población es de 45,5, la segunda Comunidad Autónoma más envejecida, tan sólo superada por Asturias. El aumento de la longevidad en la sociedad actual, hay que vincularlo a causas plurales y complejas y su distribución dentro del mundo continúa siendo desigual, de la misma forma que también lo es dentro de cada sociedad9. Esta situación y estos hechos, conforman la realidad sobre la que se proyecta nuestra investigación, el análisis de la respuesta que el ordenamiento jurídico administrativo da a la tercera edad, que, obviamente ha variado a lo largo del tiempo y que aparece hoy política y económicamente condicionada. 4. Dentro de la sociedad, la vejez siempre ha generado consecuencias muy diversas, que han variado a lo largo del tiempo de una sociedad a otra, pues ancianos en mayor o menor número, siempre han existido. Hoy, la problemática de la vejez, debemos situarla, dentro de los rasgos del modelo de Estado contemplado en nuestra Constitución, es
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Posteriormente, hacia 2045 se empezará a perder población con un declive demográico en el que ni los nacimientos ni la inmigración compensará las defunciones. A ello hay que sumar que el crecimiento de los octogenarios se producirá a un ritmo mayor que el del resto de grupos de población. Si en la actualidad son 2´3 millones en España (INE) después de haberse multiplicado por 19 desde principios de siglo XX, en 2050 llegarán a los 5´6 millones (previsión del INE). Alba, Víctor: “Historia social…””, op.cit,, p.12 y ss., analiza los factores que determinan la longevidad y el carácter desigual de la misma
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decir, hay que examinar por tanto, cual es la respuesta que un Estado, que se caliica como social, debe dar frente a la realidad constatable de este cambio demográico. Desde un primer momento, hay que tener en cuenta, que el aumento del número de personas mayores, conlleva una mayor cantidad de servicios dirigidos a cubrir sus necesidades, es decir, una exigencia económica que se vincula a la aplicación de fondos públicos para su inanciación. Lo que supone un problema en momentos de crisis económica como la que actualmente vivimos. Por lo tanto, la diicultad con la que nos encontramos, es buscar una solución, que conjugue la gran longevidad de las personas mayores, necesitadas cada vez de mayores recursos sociales, y la crisis económica que atraviesa nuestro país, con la lógica consecuencia de penuria en nuestras instituciones públicas. Conjugar ambas situaciones supone un jeroglíico muy difícil de solucionar. Pero, como subraya Diego Blázquez Martín10, el envejecimiento de las personas, puede ser abordado, no como un problema sino como un logro de la sociedad11, del mundo actual12, ya que no puede olvidarse, que una constante del ser humano, ha sido siempre pretender vivir más y mejor13. El problema surge, cuando el envejecimiento está acompañado de “pobreza, discapacidad, enfermedad o aislamiento social”. 10
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Blázquez Martín, D., “Los Derechos humanos de las personas mayores”, en Blázquez Martín, D. (editor): Los derechos de las personas mayores. Perspectivas sociales, jurídicas, políticas y ilosóicas, Dykinson, Madrid, 2006, p. 18. Según Sánchez Viera, P., “La Participación como mecanismo de inclusión social”, en Blázquez Martín, D. (editor): Los derechos de las personas mayores. Perspectivas sociales, jurídicas, políticas y ilosóicas, Dykinson, Madrid, 2006, p.76 “el envejecimiento de la población es un indicador de progreso de las sociedades que responde al proceso de modernización de estas, siendo ante todo consecuencia de factores muy favorables tales como los avances en la medicina y en la higiene, la mejora de las condiciones de vida y que conlleva consecuencias muy positivas puesto que es un fenómeno que recorre todas las edades aumentando las probabilidades de supervivencia en todas ellas”. “El envejecimiento de la población es, ante todo y sobre todo, una historia del éxito de las políticas de salud pública, así como del desarrollo social y económico...” Gro Harlem Brundtland, Directora General de la Organización Mundial de la Salud, 1999. Sancho Castiello, T., Rodríguez Rodríguez, P., “Envejecimiento y protección social de la dependencia en España. Veinte años de historia y una mirada hacia el futuro”. Artículo publicado en el nº monográico de la Revista de Intervención Psicosocial con motivo de la II Asamblea Mundial del Envejecimiento Colegio de Psicólogos,
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En esta misma línea, en cualquier relexión sobre la vejez, es obligada la referencia a Cicerón y a su libro “Cato maior de senectute liber”, título real del libro conocido como “De Senectute”14. En él se realiza una defensa de la vejez, subrayando sus aspectos positivos, tanto para el que envejece como para la sociedad de la que forma parte. El librito, constituye realmente un tratado de “gerogogía”, como debería llamarse al arte de aprender a envejecer15. En su obra, el sabio tribuno, a través de su personaje Catón el Viejo, trasmite una imagen positiva del envejecimiento, llevando a cabo una apología de la vejez frente a la marginación de la que muchas veces es objeto. El viejo, ha sido una constante en la literatura con posiciones no coincidentes sobre su papel en la sociedad, desde el sabio al ridículo. También, como tendremos ocasión de exponer, siempre ha habido una relación causa efecto entre vejez y marginación o entre vejez y pobreza. El viejo, históricamente, en algunas sociedades ha ocupado el poder, aunque sin ningún género de dudas, es más exacto airmar, que algunos viejos, cuando son miembros de determinados grupos o clases sociales, han detentado poder, pero que la inmensa mayoría han sido socialmente marginados. Veinte siglos más tarde de la obra de Cicerón, Bobbio en su “De Senectute”, señala, que la sociedad margina a los viejos (Bobbio, desprecia el término anciano, término neutral), por lo que viven una “vejez ofendida, abandonada, marginada por una sociedad mucho más preocupada por la innovación y el consumo que por la memoria”. Con razón, Bobbio, recuerda la heterogeneidad de la vejez, si con carácter general “ser viejo no es ser bello”, los viejos cuando son “pobres iletrados aún están en una situación peor, están abocados al Alzheimer social”.
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marzo, 2002, p. 2, señalan que “Una de las conquistas sociales más importantes del siglo XX ha sido el envejecimiento de la población, junto con la evolución del rol social de las mujeres. El cruce de ambos fenómenos está generando cambios profundos en nuestra estructura social y nuevas necesidades de protección a las que los poderes públicos han de responder con agilidad, para que desde los comienzos de este siglo XXI se pueda garantizar un envejecimiento de calidad”. Manejamos la edición mexicana de Agustín Millares Carrio, Marco Tulio Cicerón: Diálogos de la vejez y de la amistad, UNAM, México, 1958. Lolas Stepke, F.: “Marco Tulio Cicerón De Senectute”, Triacastela, Madrid, 2001, p. 184.
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Frente a esta realidad, que es una constante en la historia, cabe preguntarse cuál debe ser la respuesta de nuestra sociedad y de nuestro ordenamiento, ya que, aunque sean muy distintas las demandas de un viejo rico que las de un viejo pobre, el ordenamiento no debe ignorar esta realidad. Tampoco, aunque sea un camino que nos aleje del tema central de nuestra investigación, podemos olvidar, que es distinto el papel que juega y la posición que ocupa un anciano del primer mundo que el de un país del tercer mundo. 5. Hace ya unos años, en una brillante y sugerente monografía, signiicativamente titulada “El Poder Gris”, el sociólogo Enrique Gil Calvo16, abordaba el envejecimiento de la población desde otras perspectivas. En síntesis, su tesis no es otra, que el Estado no puede llevar a cabo su actuación frente al sector de la población que incluimos dentro de la vejez, como lo está haciendo hasta ahora. Actualmente, el contenido de la política está condicionado por los rasgos que se daban en ese sector de la población. Pero, el envejecimiento de nuevas generaciones, que va a generar “viejos modernos” poseedores de una mayor formación, y muy distintos de los “viejos antiguos” de ahora, va a llevar a que dejen “de estar afectados por el estigma de la vejez, que les caricaturiza como pasiva carga estatal y familiar, en tanto que ancianos-objeto dependientes y necesitados”17. De hecho, se da la paradoja, tal como se subraya en el capítulo inicial de este provocador libro, que la conquista de la longevidad ha traído consigo la pérdida de poder de los ancianos18. La situación futura, que ya comienza a llegar, no podemos medirla sólo con criterios cuantitativos, de cuál debe ser la política a seguir ante el aumento de la población envejecida, sino que tenemos que tener presente otros rasgos, no sólo los cronológicos, de ese sector de la población. No contemplarla únicamente como una carga en los presupuestos familiares o de la Administración, sino, como un activo que a corto plazo va a poseer nuestra sociedad.
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Gil Calvo, E.: “El Poder Gris. Una nueva forma de entender la vejez”, Mondadori, Madrid, 2003. Gil Calvo, E.: “El Poder Gris…”, op. cit., p.177. Signiicativamente el Capítulo inicial se titula “La abolición de la gerontocracia” Gil Calvo, E., “El Poder Gris”, op. cit., p. 21 y ss.
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Esta atractiva línea de relexión, hay que pasarla por el iltro de una sociedad que continua siendo desigual y en la que también, dentro de las futuras generaciones de “viejos modernos”, vamos a seguir encontrando sectores, que por su formación, continúan respondiendo a los rasgos de los “viejos antiguos”. En síntesis, el problema no es la vejez, sino, las consecuencias derivadas de ella, la pobreza y la marginación, a las que históricamente y aún hoy puede conducir. La situación se torna más compleja, si se tienen en cuenta otros cambios que experimenta nuestra sociedad, vinculados a la mayor presencia que en todos los órdenes juegan las mujeres, cambios, que hacen que varíe de forma sustancial su papel dentro de la familia y especialmente en relación con los ancianos que se integran en ella. El examen de la evolución histórica, que la consideración de la vejez ha tenido en las distintas sociedades, constituye el contenido del primer capítulo de esta investigación, pues entendemos, que para analizar la situación actual, es necesario el estudio de los antecedentes que han llevado a ella, centrándonos en aquellas sociedades que cultural y jurídicamente son las raíces de la actual. 6. Para abordar aspectos cualitativos de la situación que en la actualidad tienen las personas incluidas dentro de la denominada tercera edad, tiene interés recordar, que la Cumbre Mundial para el desarrollo social, celebrada en 1995 en Copenhague19, señaló, que hay que considerar el envejecimiento “como un fenómeno que se extiende a lo largo de toda la vida” y que “incumbe a toda la sociedad, no exclusivamente a las personas de edad avanzada”. Por ello, hay que crear “una sociedad para todos” en la que “cada persona con sus propios derechos y responsabilidades tenga una función activa que desempeñar20”. 19
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En la Cumbre sobre Desarrollo Social, celebrada en Marzo de 1995 en Copenhague, los gobiernos alcanzaron un nuevo consenso sobre la necesidad de asignar a las personas el papel principal dentro del desarrollo. La Cumbre Social, hasta el momento actual, constituyó la mayor reunión de dirigentes mundiales. Allí expresaron la voluntad de considerar la erradicación de la pobreza, el objetivo del pleno empleo y el fomento de la integración social como las metas más importantes del desarrollo. Cinco años después, se reunieron de nuevo en Ginebra en junio del 2000 para evaluar lo que se había conseguido y se comprometieron a adoptar nuevas iniciativas. Capítulo IV del informe de la Cumbre dedicado a la integración social. En este mismo sentido se pronuncia la sociedad española de Geriatría y Gerontología (SE-
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Entre las acciones, que el informe elaborado en la Cumbre recoge para favorecer la integración social y concretamente dentro del apartado titulado “Atención de necesidades sociales especiales”, se señala: “En el contexto de los Principios de las Naciones Unidas en favor de las personas de edad y los objetivos mundiales del envejecimiento para el año 2001, los gobiernos deben examinar o elaborar estrategias para aplicar el Plan de Acción Internacional sobre el envejecimiento, a in de que las personas de edad puedan aportar la mayor contribución posible a la sociedad y desempeñar una función plena en la comunidad”. Esto es, se están reclamando políticas activas que permitan que las personas de edad avanzada participen en la sociedad, pues si no es así, existe el riesgo que su edad en muchos casos les lleve a la marginación. Ahora bien, la realidad en España se aleja bastante de alcanzar estos objetivos, pues, a la tercera edad, no se le asigna un papel dentro de la sociedad. Así, lo manifestó, Cugat i Leseurs, en su ponencia “La discriminación política de los mayores”21, en el VII Congreso Nacional de Organizaciones de Mayores de 2005, celebrado en Madrid, donde señaló que a los mayores de 64 años se les aparta de los órganos de representación política22.
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GG-Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, http://www.segg.es),cuando señala que para atender las nuevas demandas, necesidades y expectativas que genera el colectivo de las personas mayores, hay que cambiar el modelo de persona mayor, la atención social y sanitaria que se le presta, la formación de las profesiones que los atienden, la visión que tienen tanto los mayores como la sociedad de la propia vejez, en el que la persona mayor tenga más protagonismo individual y social, en el que participe activamente y de forma positiva en su entorno. Ponencia formulada por Mario Cugat i Leseurs, Presidente de Federación de las Asociaciones de personas mayores de Cataluña (FATEC).El objeto de la ponencia fue estudiar, en base a datos reales y comprobados, la discriminación política que se practica con la personas mayores. En ella se señala que “quizá no sea una actitud consciente ni desde luego premeditada, pero es real y efectiva. A partir de los 64 años, en los puestos de representación política, el número de personas mayores presentes es ínima”. Los mayores tampoco están en los cargos de libre designación para la acción ejecutiva y por haber cumplido la edad de jubilación, tampoco entre el funcionariado. Blázquez Martín, D., “Los Derechos humanos…”, op. cit., p. 19. Este autor recoge en un cuadro datos que aseveran la discriminación política de las personas