humanidad
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Los suelos, los muros, el mobiliario urbano, los balcones y también la propia vestimenta transportan cada día palabras que a veces inspiran conversaciones, adhesiones y posicionamientos diversos ante determinados asuntos de interés colectivo. Y otras, en un tono más íntimo, que exhiben una gran amistad e incluso son auténticas declaraciones de amor eterno. Ricard Morant es Catedrático de Lingüística General de la Universitat de València. Su campo de investigación principal es el de las relaciones entre la lengua y la cultura. En los últimos años también ha investigado sobre los lenguajes especiales y la manipulación lingüística. Arantxa Martín es periodista y Doctora en Comunicación por la Universitat de València. Ha investigado el reflejo del tiempo en el lenguaje y con Ricard Morant ha desarrollado trabajos sobre el lenguaje de la belleza, el tratamiento informativo de la gripe A y los mensajes transmitidos por las etiquetas, las bolsas comerciales, los balcones y los pavimentos.
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humanidades prosopopeya
Ricard Morant Marco / Arantxa Martín López
En una sociedad saturada de información, cada superficie al aire libre susceptible de convertirse en soporte comunicativo, se transforma ofreciendo un cauce muy atractivo para transmitir múltiples mensajes personales. Son estos mensajes, los difundidos por ciudadanos que desean mostrar públicamente sus opiniones, emociones y sentimientos, los que constituyen el objeto de atención de este libro, por su variedad, por su riqueza y por ser los que con mayor frecuencia pasan inadvertidos al transeúnte poco atento.
Tatuajes urbanos
La ciudad, lejos de ser un espacio inerte, es un organismo vivo, que cada día muestra una inmensa gama de mensajes. La ciudad habla, y lo hace con voces múltiples y a diferente volumen, que definen su personalidad y la de quienes la integran.
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Ricard Morant Marco Arantxa Martín López
Tatuajes urbanos Los susurros, murmullos y gritos de la ciudad
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COLECCIÓN PROSOPOPEYA Dirección: Manuel Asensi Pérez Consejo editorial: Darío Villanueva, José Domínguez Caparrós, José María Pozuelo Yvancos, J. Hillis Miller, Juan Bruce-Novoa, Manuel Jiménez Redondo, Sergio Sevilla, Carl Good Consejo de redacción: Meri Torras, Tom Cohen, Andrejz Warminski, Benita
Parry, J. L. Falcó, M. Ángeles Hermosilla, Greg Stallings
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
TATUAJES URBANOS LOS SUSURROS, MURMULLOS Y GRITOS DE LA CIUDAD
RICARD MORANT MARCO ARANTXA MARTÍN LÓPEZ
tirant humanidades Valencia, 2017
Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© Ricard Morant Marco Arantxa Martín López
Imagen de portada: Belén Martín López. © TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia Telfs.: 96/361 00 48 - 50 Fax: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-16786-31-2 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro Procedimiento de quejas.
A Marc, a Inma y a Maria, infatigables exploradores del paisaje de la ciudad. R.M. A Rodolfo, Óscar, Mario, Gloria, Belén y Alfonso, que se han entregado de modo altruista y apasionado a nuestra búsqueda de tatuajes urbanos, llevando en sus paseos cotidianos y mochilas de viaje nuestro interés investigador. A.M.
Introducción La ciudad, lejos de ser un espacio inerte, es un organismo vivo, que cada día muestra una inmensa gama de mensajes. La ciudad habla, y lo hace con voces múltiples y a diferente volumen, que definen su personalidad y la de quienes la integran. En una sociedad saturada de información, cada superficie al aire libre susceptible de convertirse en soporte comunicativo, se transforma ofreciendo un cauce muy atractivo —por su elevada visibilidad y su presencia prolongada— para transmitir no solo mensajes institucionales y publicitarios sino también personales. Son estos mensajes, los difundidos por ciudadanos que desean mostrar públicamente sus opiniones, emociones y sentimientos —sin importarles, en algunos casos, transgredir la legalidad—, los que constituyen nuestro objeto de atención, por su variedad, por su riqueza y por ser los que con mayor frecuencia pasan inadvertidos al transeúnte poco atento. Y también por la carencia de estudios acerca de ellos, a pesar de su enorme interés, por la valiosa información que aportan sobre la sociedad a la que pertenecen. Los suelos, los muros, el mobiliario urbano, los balcones y también la propia vestimenta transportan cada día palabras que a veces inspiran conversaciones, adhesiones y posicionamientos diversos ante determinados asuntos de interés colectivo. Y otras, en un tono más íntimo, que exhiben una gran amistad e incluso son auténticas declaraciones de amor eterno. La ciudad se escribe y reescribe de un modo continuo, mostrando a plena luz textos de procedencias muy diversas que, en algunas ocasiones, se quedan inmóviles y perduran hasta que se desvanecen por el paso del tiempo o la actuación de las brigadas de limpieza y en otras, se trasladan con quienes, en cierto modo, los hacen suyos. La ciudad evoluciona día a día y nunca es igual a sí misma. Afirma Ugo Volli (2014: 1029) que la ciudad es “legible como un libro”, y se refiere así a la complejidad que entraña su lectura:
Ricard Morant Marco y Arantxa Martín López No es sólo un signo, algo que tenga un significado único y un significante bien determinado y estable, ni, sin duda, un mensaje único que alguien lleva a otros, sino un texto, etimológicamente un tejido (recordemos la expresión: tejido urbano) o más bien un entrelazamiento de elementos de sentido relacionados entre sí. Se trata, evidentemente, de un texto complejo, estratificado en el tiempo y variable en el espacio, por ende siempre inconcluso, en rigor invisible —a menudo se trata de un texto conflictivo, porque sobre el rostro de la ciudad son reconocibles los diversos intereses que se miden, se combaten, se alían1.
El resultado, como afirma Baliña García (2009: 90) es “una verdadera biblioteca borgiana: infinita, compleja, fantástica”, que es producto de la expresión colectiva (2009: 127): “[…] todo lo 1
Son las características de una sociedad en un momento dado las que influencian los contenidos que los ciudadanos difunden en el espacio público. Tanto es así, que a la vista de una instantánea de una población cualquiera, podría adivinarse con aproximación el año en que fue captada. Y no solo por indicios muy visibles, como los modelos de los coches y las modas de la vestimenta —que también— sino por el tipo de mensajes que puedan difundirse multidireccionalmente en su interior. Así, como veremos más adelante, en la actual sociedad española, los suelos y muros se han convertido en soportes de textos predominantemente afectivos, frente a, por ejemplo, la etapa franquista en la que albergaban, sobre todo, mensajes de protesta política. En aquel momento, estas superficies propiciaban la expresión ciudadana anónima, puesto que la opinión divergente se sancionaba con extrema dureza. En cambio hoy, en un marco democrático, ese anonimato —que, en realidad, no lo es del todo, puesto que el destinatario en el que piensa el emisor tiene datos para saber quién ha escrito ese texto callejero— se ha desplazado tal vez más al ámbito de la amistad y el amor y parecen ser otros soportes —como los balcones o las camisetas— los que han recogido el testigo de la reivindicación, señalando con mayor o menor claridad a quien muestra abiertamente su opinión. Teniendo en cuenta periodos temporales más cortos, es también perceptible cómo la ciudad se reescribe ante determinados hechos o acontecimientos, como la celebración de elecciones. Ante su cercanía, el paisaje urbano se transforma, llenándose de fotos de los candidatos y eslóganes de los partidos, que cubren los soportes previstos para ello —como farolas o vallas— y también otros no autorizados —como los contenedores de basura, bancos o paredes—, robando protagonismo a los discursos habituales de los ciudadanos, que intervienen, en ocasiones, arrancando las fotos de los políticos que no son de su agrado, pintarrajeando sus imágenes o añadiendo pegatinas rojas sobre sus narices.
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que el pueblo piensa como conjunto de individuos y lo que cada individuo piensa como parte de un pueblo queda genuinamente plasmado, guste o no, en las calles, en los edificios, en los árboles… de ese pueblo”. Para la realización del presente trabajo, hemos consultado una extensa bibliografía multidisciplinar y hemos recogido, para su posterior estudio, una amplia gama de mensajes escritos sobre diferentes superficies eventualmente convertidas en pizarras por ciudadanos atrevidos. Nuestro trabajo de campo se ha centrado en la recopilación de muestras en su mayoría ubicadas en Valencia —por ser esta la ciudad en la que vivimos— pero incluye también otras muchas que hemos captado personalmente en diversas localidades de la Comunidad Valenciana y otras españolas e incluso de otros países, donde nos hemos desplazado de modo ocasional, o de las que hemos tenido conocimiento a través de diversas fuentes, como artículos de prensa o internet2. En total, han sido alrededor de 4.000 los mensajes analizados, que hemos clasificado teniendo en cuenta tanto el soporte utilizado como la intencionalidad principal del emisor. A lo largo de las siguientes páginas, ahondamos en los mensajes que circulan por las calles, que, siendo todos ellos públicos, lo son en diferente medida en función de su ubicación, recorriendo el camino desde los más accesibles y anónimos a los que más se
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Entre los municipios valencianos que hemos visitado en busca de mensajes sobre muros y pavimentos se encuentran, además de Valencia: Alcossebre, Almoines, Bellreguard, Beniarjó, Burjassot, Daimús, El Puig, Foios, Gandia, Godella, Guardamar de la Safor, La Pobla del Duc, Miramar, Oliva, Palmera, Piles, Puçol, Rafelcofer y Xàbia. Nuestros propios desplazamientos y otras fuentes —entre las que se encuentran familiares y amigos, convertidos en colaboradores entusiastas, a quienes hemos contagiado el interés por los textos que muestran en la calle los ciudadanos— nos han permitido acceder también a mensajes escritos en estas y en otras poblaciones españolas, como Almazán y Burgo de Osma (Soria), Barcelona, Burgos, Ciudadela (Menorca), Granada, La Granja (Segovia), Madrid, Murcia, Navarra, Santiago de Compostela y Sevilla, y en localidades de otros países como Italia, México o Venezuela.
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acercan al ámbito privado y más identifican a sus autores, llegando a mostrar incluso su rostro. Comenzaremos, así, por los que se fijan sobre los suelos y muros que conforman el continente urbano; continuaremos con los que se deslizan por el mobiliario y los que se suben por los balcones a las viviendas particulares; y finalizaremos por los que se depositan sobre los ciudadanos mismos, incorporándose a su propio atuendo o a las bolsas y objetos que pasean. Veremos que los mensajes vertidos sobre todos estos soportes tienen en común que muestran la voz de ciertas personas, extrovertidas y valientes, que sienten la necesidad de expresarse de forma abierta y desean revelar lo que piensan en vez de esconderlo3. Veremos también que cada soporte marca diferencias respecto a los demás, propiciando en la actualidad un tipo de mensajes, que, en el caso de suelos y muros y algunos elementos del mobiliario urbano, suelen ser expresivos; en los balcones, reivindicativos; y en la vestimenta, reflejo fiel del carácter de quien los lleva. Y veremos, además, que quien suscribe remite a un tipo de emisor muy diferente, que es mucho más homogéneo en el caso de las superficies más abiertas —a quienes acuden mayoritariamente personas adolescentes y muy jóvenes— y más heterogéneo —en cuanto a edad e inquietudes— en el resto. Nuestra intención última ha sido llamar la atención sobre esta inmensa cantidad de mensajes que invaden el paisaje urbano y que, a pesar de estar a la vista de todos, solo son percibidos por algunos viandantes. Y también despertar una mirada reflexiva, detenida y analítica hacia los múltiples soportes a los que recurren 3
En este sentido, Volli (2014: 1031) se refiere al “rumor semiótico producido por la actividad de la población y por su necesidad de comunicación privada”. Es esa necesidad la que lleva a los ciudadanos a la búsqueda constante de espacios que les permitan expresarse, de modo que cuando alguno de ellos se les veta, se desplazan hacia otros alternativos. En cierto modo, esta imposibilidad de silenciar a las personas se resume en la famosa pintada, reproducida con variantes en muros de infinidad de ciudades de todo el mundo, en la que se podía leer Mientras los medios sigan mintiendo, las paredes seguirán hablando.
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los ciudadanos para expresarse en un espacio a la vista de todos, con la intención de impactar a su destinatario que, unas veces, es una sola persona y otras, la sociedad entera. Hemos querido, en fin, invitar a observar y no contentarse con mirar; a escuchar, en lugar de oír; y a disfrutar leyendo la ciudad adentrándose en las páginas —repletas de susurros, murmullos y gritos— que son sus calles4.
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La mirada que proponemos es una mirada audaz, curiosa, detectivesca incluso, la misma que inspiró a los pintores impresionistas, a quienes se refiere de este modo Jorge Sans Vila (2014:16): “Los pintores impresionistas y en especial Monet nos han enseñado a mirar. En su época se los comparaba con los detectives. Andaban husmeando por las calles y descubrían espectáculos, colores, encuadres interesantes en cualquier esquina. Estaban allí, al alcance de todos, pero sólo ellos los veían. Esto me recuerda la respuesta que un colega mío, Sherlock Holmes, dio a Watson, cuando éste le reprochó con envidia que fuera capaz de ver cosas invisibles: ‘Invisibles no, Watson, sino inobservadas. Usted no supo dónde mirar y por eso se le pasó por alto todo lo importante. Si yo lo he descubierto es porque lo andaba buscando’. He aquí una enseñanza utilísima. Hay una mirada inerte, pasiva y aburrida, que se deja llevar por la rutina, y pasea lánguidamente por las cosas como un caracol. Y hay miradas inventivas, descubridoras, iluminadoras. La actitud acaba creando el fenómeno”. La comprensión de los mensajes que nos rodean, no son, en fin, responsabilidad única de sus autores sino compartida con todos aquellos que pasan a su lado y su capacidad para verlos, interpretarlos y descifrarlos. A esta percepción atenta del paisaje urbano se refieren también Téllez (2015) y Volli (2014: 1037), según quien “Como todos los textos sin emisor único, no vinculados estructuralmente al control autoral del proyecto, el texto urbano depende, para su sentido, de la percepción que se tiene de él, del consumo que se hace de él”.
Muros y suelos que enamoran Los muros y suelos de la ciudad ofrecen una superficie casi infinita, cercana y accesible que se presta a albergar los mensajes de quienes sienten una intensa necesidad de expresarse y desean mostrar abiertamente sus opiniones y sus sentimientos5. Decía Eduardo Galeano que “Las paredes son la imprenta de los pobres6” y cabría hacer extensiva su
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En este trabajo nos ocupamos exclusivamente de los mensajes escritos espontáneamente por ciudadanos en las paredes y pavimentos del espacio urbano. Quedan fuera de nuestro ámbito de estudio los grafitis artísticos, cuyos objetivos son completamente diferentes, si bien los autores de ambos tipos de inscripciones tienen algunas similitudes, como el querer dejar una huella visible en un espacio público, incluso a riesgo de poner su vida en peligro, y la intervención clandestina, casi siempre nocturna, puesto que suelen actuar sobre superficies prohibidas. Así, los ciudadanos que plasman sus mensajes en las calles comparten algunos rasgos con los grafiteros, cuyas motivaciones Pérez-Reverte, en una entrevista realizada a raíz de la publicación de su libro El francotirador paciente, resume en estos términos: “Hay una cosa muy singular que es que la aspiración de todo grafitero es que lo vean, que lo lean, que lo lean mucho, que lo vean mucho. […] El grafitero es alguien que quiere hacerse oír. Igual que yo soy alguien que quiere hacerse oír con la escritura. Otros hacen cine, o hacen radio…Y estos se hacen oír pintando paredes. El dónde ya es otra cosa. Poner su nombre y hacer que la gente lo vea ya es una afirmación: existo […]. Para ellos su nombre en una pared es: escribo, luego existo, soy”. Por su parte, Silva (2012) señala los requisitos que debe cumplir un grafiti para considerarse como tal, y que son aplicables —aunque con matices diferentes— a los mensajes que constituyen el objeto de estudio del presente trabajo. Silva habla de siete valencias, que son correlativas: tres de ellas son pre-operativas (marginalidad, anonimato y espontaneidad); tres, operativas (escenicidad, precariedad y velocidad); y una, la última, post-operativa (fugacidad). <www.dialogosfelafacs.net/wp-content/uploads/2012/01/23-revista-dialogos-la-ciudad-comocomunicacion.pdf> En el mismo sentido se expresa Lombo Montañés (2014: 123-124), quien hace la siguiente afirmación: “Las ciudades escriben en los libros su historia; pero en los lugares marginales de las ciudades, ocultas en barrios de paredes cochambrosas, la gente común escribe su propia historia. Cuentan siempre lo mismo, que no se les escucha, que son los grandes olvidados de la historia”. Y es que los seres humanos sentimos la necesidad de dejar nota gráfica de nuestras vivencias, nuestras acciones, nuestro paso por este mundo. Quie-
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afirmación también a los suelos, puesto que ambos planos se alían permitiendo una continuidad de la escritura, que, en algunas ocasiones, sube del pavimento a la pared y en otras, desciende en dirección contraria. Los muros y los suelos muestran pintadas de muy diverso tipo, que se superponen y suceden a lo largo del tiempo, sin que su autor pueda controlar plenamente su pervivencia, que depende de las inclemencias meteorológicas y de la intervención de los servicios públicos de limpieza. Estos elementos del paisaje urbano cobran vida contando retazos de vivencias personales y desvelando sentimientos que afloran a la superficie. Algunos de los mensajes que cubren estas áreas pretenden informar sobre un determinado acontecimiento, que puede ser desde la celebración de una ceremonia (Se casan Jose y Alba 07-11-2015)7 hasta una huelga (29 M Vaga general); otras, protestar, bien por cuestiones que afectan a muchos (Stop desahucios; Menos bellas durmientes y más feas despiertas)8 o
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nes ostentan el poder lo hacen mediante grandes infraestructuras e inscripciones en monumentos que ellos mismos mandan erigir, a través de los que desean ser recordados eternamente. Los ciudadanos de a pie tratan de dejar su huella a través de los medios que están a su alcance, como los pavimentos, fachadas y muros, que les permiten escribir sobre ellos sus mensajes. Hay pintadas de anuncio de boda que invaden diferentes espacios de la calle. Como esta, que anunciaba una celebración inminente, escrita en grandes letras y ocupando gran parte de la acera, junto al dibujo de un corazón atravesado por una flecha: Se casan Javi y Patri 30-04-15. El evento se anunciaba, además de con la frase escrita en el suelo, con dos carteles pegados en un coche —supuestamente, el de uno de los contrayentes— junto a una foto de los protagonistas: Se busca pareja de locos enamorados. Se casan el 30 de abril!!!!, y Tengo una idea!! Y si nos vamos de bodorrio??? Se casan. Hay una amplia variedad de pintadas reivindicativas, como las que reclaman un reconocimiento del trabajo no remunerado de las mujeres, como esta, firmada por el símbolo feminista: Cuidar els altres també es treballar # Vaga de
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a particulares (Me aburro; Tengo dos bebés y un perro y me estáis destrozando la vida. Un vecino de la plaza); otras, mostrar una opinión con tintes políticos (En aquest poble aburguessat i venut al turisme encara hi resta gent que resisteix i ataca el capitalisme. Contra l’explotació i l’autoritat Acció Directa) o sobre cualquier tema (Cuanto más listo es tu móvil más tonto eres tú), a veces con tintes filosóficos (Pienso luego estorbo; Te llaman porvenir porque no llegas nunca)9, dejando, en ocasiones, deliberadamente la firma (Subrayo: lo que no perece crece. Alonso); otras, divertirse (¿Hay birra después de la muerte?); otras, indicar una pasión (Viva la bicicleta www.cyclerevolution. net; Bikerextreme; Porritos de Marihuana, cerveza por la mañana. Sol, Playa. Jarana); y otras, mostrar un sentimiento, bien sea de enfado (Joder!), de disconformidad respecto a un grupo (como este, encontrado en una calle de Valencia: No me gustan las paellas ni los petardos), de desolación (Todo me male sal), de ánimo (¡Anímate!), de orgullo (A l’atzar agraeïxo tres dons: haver nascut dona, de classe baixa i nació oprimida) o de afecto hacia otros (Te queremos! TKM! Tus amigos)10.
totes. O como las encontradas en torno al Día contra la Violencia de Género, escritas en letras moradas: Yo soy la mujer de mi vida, Love Yourself y Sin ti, soy yo. O como en esta otra, reiterada en muchas paredes como proclama a favor de los derechos de la mujer: Manolo, hazte la cena tú solo. Hemos encontrado también una pintada sobre la pared de un edificio universitario, acompañada también del símbolo feminista en morado, que es una reacción a los crímenes de género: Machete al machote. Y otra contra el machismo, enmarcada entre dos símbolos feministas: @laslilasvlc Antes muerto que machista. Por otra parte, algunas personas aprovechan los grandes espacios para hacer protestas tan genéricas como esta, sobre una valla en la calzada: Ni nazis ni pijos ni hostias. 9 En esta línea, pueden citarse otras pintadas, que provocan una profunda reflexión, como la que afirma: Nadie les dijo que era imposible y fueron y lo hicieron (Bernabé, 2007: 13); o la encontrada en una pared de Homs, en Siria, cuya traducción es la siguiente: Cuando me vaya, que se sepa que hice todo lo posible para quedarme (Thorleifsson, 2014: 23-25). 10 Los suelos, además, se tiñen de fiesta ante algunas celebraciones, convirtiéndose en base de tapices florales o de alfombras de plantas aromáticas que marcan el recorrido de algunas procesiones. Otras, adornan la puerta de determinadas personas en fechas señaladas, como las comuniones, escribiendo con flores el nombre del niño o la niña (Miranda). Y, a veces, también acogen mensajes parasitarios, que complementan elementos existentes, como cuando algún transeúnte aprovecha las líneas de la calzada y las transforma en monigotes añadiendo cabeza, brazos y piernas.
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Son estos últimos —los que nacen de la amistad o del amor— los mensajes en los que nos centraremos a lo largo de las siguientes páginas, por ser los que con mayor asiduidad se suelen encontrar sobre estas superficies. En general, quien escribe un mensaje sobre el pavimento o el muro, lo hace como demostración pública de su amor o de su simpatía por otra persona11. Frente a mensajes de otro tipo, los afectivos se dirigen a un destinatario muy concreto, en quien se pretende despertar una reacción, que suele producirse. Una alumna universitaria expresó del siguiente modo lo que sintió al descubrir, la noche antes de partir como estudiante Erasmus a Francia, la pintada Bon voyage, Te queremos, que le escribieron sus amigas sobre el pavimento: “¡Uf!…Algo increíble. Un cúmulo de sentimientos… Me reía, lloraba, abrazaba al que tuviera al lado, desperté a mis padres para que se asomaran al balcón… Fue increíble12”.
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Así lo entienden Los Tíos Queridos en la canción en la que dicen: Voy a pintar las paredes con tu nombre, mi amor, para que sepas que te quiero de verdad. 12 Hay múltiples historias de amor tejidas en los muros y pavimentos. Dele quiso demostrar sus sentimientos por Susu, internada temporalmente en una unidad de psiquiatría, y aliviar su estancia allí pintando mensajes de
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A veces, la reacción positiva comporta incluso una respuesta explícita, como la que se produjo ante el mensaje T.A.M. [Te amo mucho] Vid@ 14/12/10, escrito a la puerta de un pub, que fue contestado por la pareja de este modo: X [por] siempre tuya. Y otras, en que se produce una reacción negativa como cuando supuestamente el destinatario del mensaje lo tacha o lo intenta borrar porque no está de acuerdo con el contenido. Así ocurrió, por ejemplo, ante el mensaje: Me gusta tu culo Sheyla, que fue parcialmente borrado con pintura blanca, probablemente por la mujer aludida13. El hecho de que este tipo de pintadas estén en el exterior hace que sean leídas también por quienes no son sus receptores directos. De hecho, en los muros y pavimentos aparecen mensajes íntimos que pueden causar cierto pudor en los viandantes, a pesar de exhibirse en un lugar tan público como es la calle14. amor sobre las paredes de un edificio contiguo a medio construir: “Comenzó con un enorme corazón rojo pintado en el suelo de la entrada del edificio abandonado. En el centro del dibujo, un mensaje: ‘Susu, tú vales mucho’. El objetivo de Dele se cumplió. Ella resumía así el efecto que le causaron estas inscripciones: “Son un dispendio de amor puro y duro. Siempre que descubría que había uno nuevo me hacía revivir”. Durante los cuatro meses que ella estuvo hospitalizada, pasó muchas horas observándolas, y él, cuando la visitaba, pensaba en la siguiente ubicación: “Así lo fue haciendo durante semanas, y su obra fue ascendiendo por el edificio. Al rojo le siguieron corazones rosas, más tarde aparecieron los de color verde”. Dele pintaba por la noche, para no ser sorprendido y que los resultados fueran visibles de repente, al llegar la luz del día, y tuvo que precisar ayuda porque no era fácil manejar los botes de pintura subido a una escalera, pero siempre con una fuerte motivación. <http: //m.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/ una-historia-amor-1290875> 13 Es negativa también la reacción que suscitan algunas pintadas en los gobernantes, puesto que, desde su punto de vista, ensucian el espacio público. La rapidez en eliminarlas depende de diversos aspectos, como el nivel de crítica, en caso de protestas políticas y, por supuesto, el presupuesto disponible para su limpieza. 14 Durante la realización de este trabajo nosotros mismos nos hemos sentido, en ocasiones, como auténticos intrusos, al traspasar algunas barreras sin haber sido expresamente invitados a ello e invadir un espacio íntimo que no nos pertenece, y que, además, hemos fotografiado. Nos ha ocurrido especialmente al amplificar mensajes encontrados en lugares públicos pero recónditos —como el respaldo de los bancos, a los que nos referiremos luego—, escritos en letra minúscula y alejados de las miradas de los transeúntes.
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Estos arañazos en el suelo y la pared sacan a la luz sentimientos ajenos, que unas veces muestran pasión y júbilo y otras, desengaño y rabia pero que, en cualquier caso, colocan ante los ojos de todos fragmentos de vidas de otros que emocionan, que despiertan curiosidad y dejan vagar la imaginación pensando en lo que habrá ocurrido después. Este efecto queda reflejado en tono de humor en el siguiente tweet: Cuando pintéis una pared con un ‘Mari, vuelve’, deberíais volver a escribir si volvió. Que pasan los años y los del barrio sufrimos15. En cualquier caso, el paisaje escrito de la ciudad influye, sin querer, en el pulso emocional de los viandantes, a quienes puede arrancar una
Laborda (2015: 372) hace esta reflexión entusiasta sobre los diálogos de personas desconocidas captados en lugares públicos, que es comparable al encuentro de los textos escritos que estamos estudiando: “Los diálogos componen microrrelatos, historias fragmentadas, con adagios y argumentaciones. Al escucharlas accidentalmente, quien esto escribe se ha convertido en espectador afortunado, pues ha vivido esa experiencia como una invitación a trabajar en lo que acostumbra. ¿Qué le atrae de esas palabras cruzadas al vuelo? La manera impulsiva y desenvuelta de expresión; la coincidencia insólita; la ventana al mundo narrativo de unos contertulios; el exhibicionismo verbal; la presión de los sentimientos. En todas las situaciones se palpa un mismo principio: la profunda necesidad de comunicarse”. 15 En internet hemos encontrado comentarios sobre mensajes, como el que suscitó este, en Burgos, escrito sobre el asfalto con pegatinas circulares de color rosa: Felicidades Tati. Un lector ajeno quiso hacer extensiva la felicitación al autor o autores del mismo: “Es de suponer que, de noche, alguien en la calle Luis Alberdi se ‘ha currado’ esta curiosa felicitación pegada en el asfalto para ver desde una ventana. Pues desde aquí a los anónimos felicitantes y a Tati, ¡Felicidades!”. Hay veces que terceras personas intervienen para modificar un mensaje escrito llegando a cambiar su sentido por completo. Así, ante el mensaje No te quedes con las ganas, quédate conmigo, hubo alguien que pintó de blanco algunas palabras, de modo que lo que se leía era: No te quedes conmigo. Fuera del ámbito amoroso, hay también inscripciones cuyo contenido alguien decide alterar deliberadamente. Es el caso de esta, escrita sobre un muro: ¡Viva Franco!, a la que alguien añadió el apellido del cantante italiano del mismo nombre: Batiato. O la que transformó el mensaje Violencia es trabajar sin contrato, tachando el término sin contrato del primer mensaje. O el siguiente, que modificó completamente el sentido del mensaje inicial —Karla la Puta Ama—, al tachar una palabra: Karla la Puta. Por supuesto, otra posible reacción ante los mensajes callejeros es la indiferencia, en parte debido a la sobreabundancia de información que llega a saturar el ambiente y a una mirada poco atenta del entorno.
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sonrisa y convencer de que vale la pena vivir. Una frase como la siguiente, escrita con spray rojo sobre un puente de madera no deja a nadie impasible: Quiero ser tu vida por el resto de la mía 0’1 [junto al dibujo de un corazón] Ni esta otra, exhibida sobre un muro: Orgullosa de tenerte a mi lado. Hogar eres tú. Ni mucho menos esta: Días de la Semana: Llueves, vienes, sábanas y dormimos. Los mensajes de amistad y de amor remiten, por lo general, a adolescentes y personas muy jóvenes —según unas veces queda constancia, y otras, se intuye—, que viven de una manera intensa una amistad por alguien de su grupo o su primera experiencia amorosa16, y se ubican en sitios clave, con el fin de garantizar su lectura.
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El amor a otras edades no suele generar este tipo de reacciones. Como explica Rojas (1997: 66-67): “Los primeros amores son inolvidables por la huella que dejan; parecen un río caudaloso que nos arrastra con sus corrientes y al que es difícil resistirse, sobre todo si sucede en edades tempranas, cuando la persona todavía no conoce el mecanismo de los sentimientos”. Y es que, como dice Miquel (2003: 25), para el adolescente, el paso a la edad adulta no resulta fácil: “L’explosió de sentiments i la necessitat d’autoafirmació compliquen les coses. Es considera incomprés o incompresa i sol sentir desconcert o disgust amb les transformacions físiques i psíquiques que està vivint. És l’època de les grans amistats, de les confidències, de les admiracions apassionades, dels grans enamoraments“. En la misma idea insisten Gutman y Lubochiner (2012: 35), quienes afirman que “els adolescents són grans vividors: viuen i pateixen la vida de manera intensa i apassionada. Per a ells tot és ara, tot és nou”. En definitiva, el amor de juventud “está recién estrenado, es la primera página de un cuaderno en blanco” (Allende, 2003: 106) mientras que, con el paso del tiempo, la impulsividad se atenúa, “no necesitamos a alguien que sea todo para nosotros, sino a alguien con quien podamos ser nosotros mismos” (Nessi, 2008: 59).
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Esta es la razón por la que se encuentran en los lugares que más frecuenta la persona a quien se dirigen, adaptándose a sus costumbres y movimientos rutinarios y tratando de llamar su atención, como el instituto o la universidad, la puerta de su casa (de modo que sean legibles al salir del portal o asomándose desde el balcón)17 o el espacio habitual de reunión, ese que parece ser como su segundo hogar, que comparten con sus congéneres en lugar de con su familia, y dejan que se impregne de sus sentimientos18. La mayoría de los mensajes sobre suelos y muros dejan al descubierto rasgos característicos del lenguaje juvenil, en el que tiene una fuerte impronta el uso habitual de las nuevas tecnologías. Hay en ellos varios aspectos comunes al código que, de modo general, emplea la juventud para comunicarse por escrito, al que se refieren autores como Garlito (2011: 140) y Hernando García-Cervigón (2012: 21-22), según quien: El sector juvenil de la población utiliza los elementos del sistema ortográfico de tal modo que está desencadenando la creación de un nuevo código que representa la marca propia del
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Hemos encontrado mensajes de amor en multitud de sitios, como una mesa de ping pong pública (Prefiero un minuto a tu lado que una vida sin ti. Te quiero 12), y otros tan poco románticos como un contenedor de basura, seguramente el más cercano a la casa del destinatario (T Q [dentro de la q aparece el número 16]). Por otra parte, hay veces que el enamorado escribe con la intención de dar rienda suelta a sus sentimientos sin dirigir su mensaje a nadie en especial. Es el caso de este, escrito en el respaldo de un asiento de un autobús urbano: Si antes no me he muerto de amor, el domingo cumplo 16 años. 18 Suele tratarse, en cualquier caso, de sitios teñidos de un cierto simbolismo, como demuestran los contenidos de algunos mensajes, como este, escrito delante de un portal, que actúa como una especie de placa conmemorativa de un momento que para su autor marcó un antes y un después: Nuestro primer beso. Te amo. Respecto a la ubicación, es interesante señalar, además, que hay calles y barrios en que estos son más habituales, mientras que hay zonas en las que son del todo improbables.
Tatuajes Urbanos grupo. Sus peculiaridades, la supresión o reiteración de grafemas vocálicos, el empleo arbitrario de mayúsculas, la ausencia o repetición de determinados signos de puntuación, la aparición de onomatopeyas para imitar ciertos sonidos, la combinación de mayúsculas y minúsculas o de letras y números en una misma unidad léxica, o la de signos ortográficos para crear emoticones, que constituyen auténticas transgresiones de la normativa, suelen ser comunes al chat, el foro y el SMS.
Baliña García (2009: 89) afirma al respecto que “En muchas ocasiones el código se encuentra tan especializado que ni siquiera un lector de nivel medio puede llegar a comprenderlo […] A veces podemos intuir algo, otras veces ni eso; las consignas, abreviaturas, acrónimos, lemas, etc. son incomprensibles en bastantes muestras […]19”. Así, para condensar los textos es frecuente el uso de signos procedentes de las matemáticas —como + (más) o x (por)— y de determinadas fórmulas abreviadas, como TA (te amo); TQ y TK (te quiero); TQM y TKM (te quiero mucho); y TKMS (te queremos), algunas de las cuales sustituyen la q por la k. En los mensajes de amistad aparece también la abreviatura APS (amigos o amigas para siempre) y su equivalente en inglés BFF (best friends forever)20, MAPS (mejores amigos o amigas para siempre). Es usual también el empleo de emoticones, que desempeñan funciones semejantes a las de los gestos (Galán, 2002: 114 y Escandell, 2005: 111). Agnese Sampietro (2016: 43), en su tesis sobre los emoticones,
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Hemos visto mensajes que adoptan la forma de un jeroglífico, como este: RE 100 [junto al dibujo de una casa] 2 D Y M. Yo te extraño, que resulta relativamente fácil de descifrar: Recién casados D Y M. Yo te extraño. Pero hay otros que solo pueden entenderse con la ayuda de alguien conocedor del código habitual de los más jóvenes o incluso de los integrantes de un determinado grupo. Por ejemplo, el uso de un apóstrofe junto a un número (21’) puede interpretarse de varias maneras, como el día en que comenzó la relación o el día en que los enamorados se dieron el primer beso (que, a veces, coinciden). Esta cifra adornada con el apóstrofe se empleaba antes más a menudo, porque ahora muchos han sustituido el apóstrofe por un corazón 21 ♥. Por ejemplo, J 21 ♥ equivale a J está comprometido/a. En otros casos, aparece L’, que se interpreta como L es mi novio/a. Este tipo de cifras u otras como 25/11/11, que significa que lleva desde esa fecha saliendo con una persona, son habituales para describir el estado de ciertas personas en Facebook. 20 Ambas versiones conviven en el siguiente mensaje, encontrado sobre una farola: B.F.F. We are M.A.P.S.
Ricard Morant Marco y Arantxa Martín López
distingue dos clases: los textuales (secuencias de signos de puntuación) y los gráficos (los emojis) y defiende que aunque la etimología y la apariencia de estos elementos nos pueden hacer pensar que expresan emociones, su papel es mucho más amplio, dando mayor énfasis expresivo al texto escrito (Yus, 2010: 255)21. Según Torrego González (2011), “Algunos de los emoticones más frecuentes son =), ): (: P, para representar estados de ánimo o como <3 que representa el símbolo del corazón22”.
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Asimismo, contribuyen a enfatizar el contenido de los mensajes tanto el uso de mayúsculas como el de signos de admiración, que, cuando se multiplican, refuerzan el subrayado expresivo. En relación con los signos de admiración, es interesante destacar, también por influencia de las nuevas tecnologías, la frecuente omisión del signo de apertura. Las faltas ortográficas, intencionadas o no, son también como un puñetazo en el ojo, que llama la atención del transeúnte. Así ocurre, por ejemplo, con esta pintada: ♥ Te hamo. 22 Torrego González (2011) se refiere también así al uso de siglas en los mensajes juveniles: “Muchas nacen de anglicismos que han sido introducidos en nuestra lengua como ‘OMG’ (Oh my god!, que significa ¡dios mío!), ‘WTF’ (What the fuck? Que podría traducirse como ¿Qué cojones?) o ‘LOL’ (Laughing out loud que se traduciría como reírse a carcajadas). La aparición de estas siglas en nuestro idioma es bastante reciente y se las ha empezado a denominar ‘sigloemoticona’, término que se extiende por la red. Con este neologismo se hace referencia a las siglas que tienen una función similar a la de un emoticón. Así, ‘WTF’ sería equivalente a un emoticón de sorpresa o extrañeza como: O u o_o y ‘LOL’ se correspondería con un emoticón como: D o xD”.