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COLECCIÓN PROSOPOPEYA Dirección: Manuel Asensi Pérez Consejo editorial: Darío Villanueva, José Domínguez Caparrós, José María Pozuelo Yvancos, J. Hillis Miller, Juan Bruce-Novoa, Manuel Jiménez Redondo, Sergio Sevilla, Carl Good Consejo de redacción: Meri Torras, Tom Cohen, Andrejz Warminski, Benita

Parry, J. L. Falcó, M. Ángeles Hermosilla, Greg Stallings

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UN MODELO INTEGRAL DEL HABLAR NIVELES, UNIDADES Y CATEGORÍAS Hacia la lingüística del hablar

EUGENIA VUCHEVA

Valencia, 2016


Copyright ® 2016 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com

Este libro fue editado con el apoyo financiero de la Facultad de Letras Clásicas y Modernas de la Universidad de Sofía «San Clemente de Ojrid»

© Eugenia Vucheva

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia Telfs.: 96/361 00 48 - 50 Fax: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-16349-38-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro Procedimiento de quejas.


La edición española de esta obra no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda del Dr. José Polo, quien, con su alta erudición y competencia, la dedicación ejemplar a la ciencia del lenguaje —incluida su permanente vigilancia por la ortotipografía—, me ha brindado sutiles y valiosas sugerencias, siempre oportunas, pero sin limitar en ningún momento mi libertad de criterio.


A la memoria de Eugenio Coseriu


I PRESENTACIÓN

La lingüística tiene conexiones muy estrechas con varias ciencias, unas que le dan datos, otras que se los toman. Ferdinand de Saussure (1916; 1973: 46-47)


Este libro fue publicado en búlgaro por la Editorial Universitaria «San Clemente de Ojrid», Sofía, 2006. En la versión española se han omitido el último capítulo, «Una comprobación del modelo propuesto para la descripción del hablar: estrategias comunicativas, tácticas discursivas y técnicas verbales de exhortación en español y en búlgaro», y las conclusiones concernientes a este capítulo. Asimismo, se han actualizado los datos bibliográficos, en la medida de lo posible, con la inclusión de algunas obras que se sitúan en el mismo plano conceptual. La traducción del texto original y de las citas del búlgaro, ruso, francés y portugués es mía. En la transliteración de los datos bibliográficos del búlgaro y del ruso al español he seguido las indicaciones de Julio Calonge, Transcripción del ruso al español (opúsculo), Gredos, Madrid, 1969, recogido en Calonge 2005, págs. 405-439, así como el artículo «Más sobre transliteración», en Criterios tradicionales y renovadores en la ortografía. Transcripción de una histórica mesa redonda (SEL, diciembre de 1984), dispuesto para la imprenta por José Polo, SEL (edición no venal), Madrid, 2001, recogido igualmente en Calonge 2005, págs. 441-446. De esta forma, he reducido, en la medida de lo posible, los símbolos diacríticos, así como las grafías que —si bien admitidas por ISO R-9— podrían perturbar la lectura en español de los textos transliterados. En los ejemplos del idioma búlgaro, por razones de tipografía, me he limitado a la transliteración de las formas originales (señalando la posición del acento prosódico), dado que, desde el punto de vista de la coherencia del texto, el sentido se mantiene inalterado. El trabajo consta de una introducción, cinco capítulos nucleares, conclusiones, un breve epílogo emblemático, referencias bibliográficas y dos índices auxiliares (onomástico y temático). El capítulo II constituye el programa de estudio. En él se presentan la base conceptual y el aparato metodológico que se utilizarán en el proceso investigador, se fundamentan las posiciones de partida para la creación del modelo integral del hablar. Se exponen, asimismo, los principios y la dirección que se seguirá en la descripción de los niveles básicos del hablar.


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En los tres capítulos siguientes se desarrolla por etapas el modelo propuesto en el marco de la ciencia del lenguaje. La descripción de cada uno de los tres niveles del hablar —universal, particular (o histórico) e individual— es objeto, respectivamente, de los capítulos III, IV y V. La exposición sigue la dirección del contenido básico de cada nivel a las categorías que le corresponden. Entre niveles y categorías se fijan contenidos más concretos, o sea, unidades semántico-formales alrededor de las cuales se colocan, siguiendo criterios semántico-funcionales, las categorías específicas de cada nivel. En el capítulo VI se sistematizan las conclusiones formuladas en el curso de la exposición y se presentan las bases teóricas y metodológicas para la descripción del hablar. Tomando como base el modelo presentado, se esbozan los principios, tareas y posibles programas de investigación de una lingüística del hablar. En las conclusiones se resumen los principales resultados teóricos conseguidos en el trabajo.


Un modelo integral del hablar

1.1

Los problemas del hablar son objeto de muchos estudios, desde la perspectiva de distintas ciencias, cada una de ellas siguiendo sus prioridades. Han surgido diferentes enfoques con el propósito común de definir los parámetros y la estructura de este fenómeno humano. Los estudiosos que trabajan en esta dirección comparten la opinión de que la conducta verbal es una actividad finalista, subordinada a las necesidades subjetivas de los hablantes y, a la vez, a una serie de normas objetivas, comunes y respetadas por todos los participantes en la comunicación. Este hecho explica el interés de las teorías lingüísticas actuales por el lenguaje en cuanto dimensión más representativa de la esencia del ser humano, por su relación con la vida social, en la que este encuentra su razón de ser o, aun más, por los lazos del lenguaje con la conducta verbal y, de ahí, con la conducta social del individuo. En todo proceso científico, las ideas que se tienen sobre el objeto de investigación evolucionan constantemente, cambian los aspectos de su representación y los modelos de interpretación. Fiel a esta tendencia, la lingüística entra en relaciones cada vez más estrechas con otras ciencias. Ello de ningún modo supondría disipar las fronteras entre las ciencias ni adoptar enfoques eclécticos en la explicación de los fenómenos del hablar. En el interés general por integrar datos de distintos ámbitos del saber humano, la lingüística tradicional y «sistemocéntrica» se ve obligada a orientarse cada vez más hacia el análisis de los procesos verbales, saliendo del marco del paradigma estrictamente lingüístico (cf. Pishchalnikova 2003: 5-7). Como consecuencia de la orientación antropocéntrica de las investigaciones lingüísticas, el estudio del hablar lleva consigo inevitablemente replantear, en el plano teórico, el enfoque hacia el lenguaje en dos aspectos. En primer lugar, tomar en consideración, en el análisis de los hechos lingüísticos, los alcances de todas las ciencias del lenguaje. Aplicar un enfoque multifacético que integre ideas de distintos ámbitos lingüísticos de ninguna manera equivaldría a borrar las fronteras entre las ramas de la lingüística, perdiendo estas su


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estatuto de esferas autónomas del conocimiento científico. Todo lo contrario, al situar el hablar en el centro de los estudios lingüísticos, los datos almacenados en los varios dominios científicos podrán ser utilizados para elaborar una imagen científica más completa del funcionamiento real de la lengua. Tal integración es posible en el marco de un paradigma semántico-funcional, donde los parámetros más característicos del comportamiento verbal podrían encontrar su explicación. En segundo lugar, tomar en cuenta, en el estudio de las manifestaciones concretas del hablar, los datos recopilados en este campo por la psicología, la sociología, la lógica, la filosofía, la semiótica, la historia de la cultura y la antropología que pudieran esclarecer algunos aspectos de la naturaleza multidimensional del lenguaje. Los replanteamientos señalados siguen los cauces de la tradición lingüística, que cada vez más se concentra en los problemas de la comunicación verbal, convertida esta en los últimos decenios, en objeto de la teoría de la comunicación, la psicolingüística, la sociolingüística, la lingüística del texto, la pragmática lingüística y el análisis del discurso. En otros términos, las prioridades de la lingüística se están reconduciendo: la atención ya no se centra exclusivamente en el estudio de los medios lingüísticos, su utilización y el producto final, sino en los objetivos con que se usan los medios lingüísticos y no lingüísticos y los resultados que se logran con su utilización premeditada y finalista1. La necesidad de modelar el hablar sobre una base multifacética parte de su compleja naturaleza en cuanto objeto dinámico, fundada en la unión orgánica de dimensiones muy variadas: cognitivas, lingüísticas, psicológicas y sociales. Su interacción puede

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Con respecto al modo en que la lingüística se encamina hacia sus nuevos objetos y modelos de investigación es bastante significativa la constatación irrefutable de Zvegintsev (1973: 92): el desarrollo de la ciencia del lenguaje, la incorporación de nuevos problemas, el enriquecimiento con nuevos métodos y el replanteamiento de las viejas tareas posee una peculiaridad sumamente importante, a saber: cada nueva etapa en el desarrollo de la lingüística, como regla general, no rechaza las anteriores.


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ser presentada en una perspectiva de investigación, capaz de ofrecer un análisis íntegro, sistémico y finalista dentro de un determinado paradigma científico. En tal entramado de contenidos heterogéneos, el enfoque semántico-funcional hacia el hablar puede cumplir los requisitos señalados2. En nuestra opinión, semejante vista «panorámica» del hablar no fija criterios contradictorios ni se pierde en fronteras borrosas. Por el contrario, este enfoque sigue criterios semánticos sin desatender en lo más mínimo el carácter específico y polifacético del hablar. En este sentido precisamente, la pluridimensionalidad del modelo integral que nos proponemos establecer puede valorarse no como rivalidad entre distintas ramas de la lingüística que se disputan mutuamente el estatuto epistemológico, sino como una posibilidad de participar de manera solidaria en la descripción semántico-funcional para ampliar la visión antropocéntrica del hablar. Desde el punto de vista gnoseológico, la creación de un modelo integral del hablar necesariamente se sitúa en la dirección de la antropología lingüística —definida por T. Todorov como

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Aquí cabe aclarar que, cuando hablamos de la descripción multifacética del hablar, tenemos en cuenta sus parámetros en cuanto objeto dinámico, así como su modelación, «vista» a través de una ciencia concreta, en este caso, la lingüística. De esta forma, intentaremos acercarnos a la idea de una lingüística integral, idea que se transparenta en toda la obra de Eugenio Coseriu. Dicha concepción ha sido explicitada por primera vez en su intervención «Fundamentos y tareas de la lingüística integral» y recogida en Segundo Congreso Nacional de Lingüística, 16 al 19 de Setiembre de 1981, Actas, I, San Juan (R. Argentina), 1984, págs. 37-53. La lingüística integral de Coseriu es, en opinión de J. Kabatek (2003: 98), un programa de investigación lingüística cuya tarea consiste en «la recepción crítica» de todas las aportaciones de las distintas ramas de la lingüística, «su posicionamiento y su integración». La tesis de la integridad conceptual, o sea «integralidad/integralismo», de la obra de Coseriu viene sólidamente argumentada por C. Munteanu (2012), quien considera la lingüística integral coseriana como Organon para el estudio del lenguaje en su aspecto teórico, terminológico y metodológico, ilustrando el inmenso marco de investigación lingüística que proporciona la doctrina del maestro.


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la ciencia del hablar en la sociedad—3, es decir, en aquella zona donde se entrecruzan lingüística, psicología, lógica, filosofía y sociología; ahí donde se realiza la actividad lógico-cognoscitiva y sociocomunicativa de los hablantes, que utilizan la lengua como medio principal para su comunicación. Como una meta específica, la elaboración de un modelo para la descripción del hablar se inscribe en aquella rama de la ciencia que Eugenio Coseriu denomina «lingüística del hablar», necesaria en igual medida que la «lingüística de las lenguas» y la «lingüística del texto» para una comprensión efectiva del lenguaje (Coseriu 1973; 1981a: 275-276). En la misma dirección, B. Kasevich (2001) señala que la teoría lingüística general comprende la teoría del sistema lingüístico, la teoría del hablar y la teoría del texto. De los dominios de investigación lingüística así reformulados, se deducen tres momentos decisivos para la teoría del lenguaje y la metodología lingüística y, en especial, para la concepción de la lingüística del hablar como un dominio específico de la ciencia del lenguaje, con su objeto propio y diferente del de la lingüística de la lengua y la lingüística del texto. El primero concierne a las tareas inmediatas que E. Coseriu plantea ante la lingüística del hablar: el estudio, en primer lugar, «de la técnica universal del hablar». El segundo atañe a la distinción rigurosa que se traza entre los parámetros particulares (históricos) y los parámetros universales del lenguaje, o sea, del hablar (tal como lo entiende Coseriu, 1973; 1981a: 275): […] si es cierto que hablamos siempre de acuerdo con una técnica

histórica, no es menos cierto que hablamos también (y ante todo) de acuerdo con una técnica universal, puesto que al hablar no utilizamos solamente la lengua (el «saber idiomático»), sino también determinadas posibilidades universales del lenguaje […].

3

Cf. Hymes (1984: 189), remitiendo a Tzvetan Todorov, «Connaissance de la parole» (Word 23, 1-3, Linguistic Studies presented to André Martinet. Part One: General Linguistics, 1967: 500-517), quien resume las tareas de la ciencia del hablar en la sociedad del modo siguiente: «Cette future science de la parole dans la société – appelons-la ici la linguistique anthropologique» (Todorov 1967: 511; el formato de la cita es original).


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El tercer momento capital concierne al establecimiento de los componentes principales de esta técnica universal: la utilización en el hablar de las posibilidades de la entonación y de una serie de medios no lingüísticos, el apoyo en los principios del pensar humano, la constante referencia a los hechos extralingüísticos (contextos objetivos, situaciones, conocimiento general del mundo). En efecto, la tripartición esbozada por Coseriu en la investigación lingüística y sus corolarios para el lugar que debería ser asignado a la lingüística del hablar permiten definir el sistema de coordenadas en que vamos a trabajar. Nuestro objeto de estudio será el hablar. Ahora bien, desde el inicio mismo habrá que precisar que el concepto hablar se usará en su sentido más amplio y se extenderá tanto a la actividad misma (actividad discursiva) como al producto final (producto textual). Es decir, el concepto hablar abarcará la actividad y el producto resultante de esta actividad. Asimismo, cabría señalar que el modelo que nos proponemos crear parte de las dimensiones universales del hablar como actividad humana general para acercarse a sus realizaciones específicas y concretas, intentando establecer principios que abran la perspectiva de aplicar un enfoque multidimensional a los hechos lingüísticos. Nuestro interés por los fundamentos del hablar se ha ido formando a lo largo de los años (desde 1988) en estrecho vínculo con los problemas que planteamos en el curso universitario de Estilística del español actual. En el proceso de la enseñanza y junto con las soluciones prácticas, relacionadas con la explicación de la naturaleza del fenómeno estilístico, se imponía la necesidad de exponer algunas tesis teóricas y metodológicas y formular determinadas revaloraciones concernientes a la esencia del hablar. El análisis semántico-funcional de las unidades lingüísticas nos llevaba a los aspectos pragmáticos del lenguaje por la necesidad de describir el contenido adicional, de índole extralingüística, que puede expresarse en determinados contextos. Al mismo tiempo, nos veíamos obligados a recurrir, cada vez con motivos más concretos, a los aspectos psicolingüísticos de la actividad discursiva para buscar la correspondencia entre los productos textuales y las intenciones comunicativas que subyacen en todo enunciado. Para dilucidar una serie de signi-


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ficados modales, el análisis del hablar como producto (ergon) se iba encaminando hacia su carácter peculiar de actividad humana (energeia), subordinada a determinados objetivos y efectuada en el marco de una situación comunicativa dada. El ampliar la perspectiva de valoración de los hechos lingüísticos permitía adentrarse en el estudio de distintos factores de la situación comunicativa que influyen en la conducta verbal y resultan determinantes para la realización eficaz de la respectiva intención comunicativa. En otros términos, en esta etapa se hacía necesario dar un paso más, yendo del contenido de la intención comunicativa del hablante (¿qué es lo que pretende hacer con determinado enunciado?) a las posibilidades de su realización lingüística más eficaz (¿cómo puede lograrse el objetivo planeado en la situación particular de comunicación?), en función, ante todo, del estatus social de los interlocutores y de sus relaciones intersubjetivas. La incorporación de los aspectos sociolingüísticos acrecentaba la posibilidad de observar el hablar desde distintos puntos de vista, estudiando no solo su lado intencional (como manifestación de la intención comunicativa), sino también su lado social, que es de suma importancia para que la comunicación humana cumpla en principio su objetivo (como manifestación de determinado propósito, conforme a la situación). Las tareas que nos planteábamos en la exposición de la materia específica y en las discusiones en el aula nos impulsaban a buscar soluciones holísticas e integradoras, basadas en los alcances teóricos del dominio de la pragmática, la psicolingüística, la lógica, la sociolingüística y la filosofía del lenguaje. Para desentrañar la esencia del hablar como actividad humana finalista, en el mismo curso universitario teníamos que formular una serie de cuestiones teóricas, tales como: • ¿Qué relaciones se dan entre el significado lingüístico y el sentido textual? ¿Tienen puntos comunes y cuáles son dichos puntos? • ¿Qué relaciones existen entre designación, significado lingüístico y sentido? • ¿En qué se funda la equivalencia de los sinónimos: en el significado, en el sentido o en la designación?


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• ¿Cómo participa el contexto en la expresión apropiada y en la interpretación adecuada del propósito comunicativo? • ¿En qué medida influye la personalidad del interlocutor en el modo de presentar el propósito comunicativo? • ¿Cuál es el papel de los medios no verbales y cómo participan en el proceso comunicativo? • ¿Qué tipo de conocimientos configuran la competencia comunicativa? • ¿De qué índole es la competencia comunicativa?: ¿lingüística, discursiva, social? Indudablemente, cada una de estas cuestiones, tomada por separado, constituye un programa de investigación autónomo que sobrepasa los límites de un curso universitario y hasta las posibilidades de un investigador. Pero en todos estos años de nuestra labor universitaria tratamos de aclarar los aspectos sustanciales de los asuntos planteados. Muchos de los problemas señalados, los principales puntos de partida y posibles enfoques, así como algunas hipótesis de trabajo, han conformado las bases teóricas de los cursos Las categorías del hablar y Estrategias comunicativas y tácticas discursivas que ofrecemos en el programa de Máster en Lingüística Aplicada del Departamento de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Sofía «San Clemente de Ojrid».

1.2

Las respuestas a las cuestiones señaladas, así como las delineaciones teóricas y metodológicas que se imponen al respecto, pueden buscarse precisamente en el campo de aquella rama de la ciencia del lenguaje que E. Coseriu denomina lingüística del hablar. En efecto, este es el dominio donde el lenguaje puede ser observado en su funcionamiento real para los propósitos de la interacción humana. Así concebida, la lingüística del hablar tiene muchos puntos de contacto con la lingüística comunicativa, cuyas tareas G. V. Kolshanski define en su obra Kommunikativnaia


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funktsia i struktura iazyka [‘Función comunicativa y estructura de la lengua’], a saber: el estudio del aspecto lingüístico (verbal y paraverbal), psicológico, sociocultural y semiótico de la lengua (Kolshanski 1984: 23). La lingüística del hablar y la lingüística comunicativa se acercan no solo en los propósitos comunes, sino también en el principal punto de partida, ya que estudian la lengua en su utilización como medio de comunicación. Al mismo tiempo, estas dos denominaciones tan afines podrían concebirse como guías que indican el rumbo que debería seguir la lingüística. Hay que señalar, sin embargo, que la lingüística del hablar (al menos en la forma que aquí se entiende de acuerdo con la concepción de Coseriu) se plantea estudiar el hablar como un fenómeno multidimensional, situado a la vez en tres niveles: universal, particular e individual. Desde esta perspectiva, la lingüística comunicativa puede ser considerada como parte de la lingüística del hablar, centrada en uno de sus niveles, el individual (o el plano del sentido), donde en realidad se produce la comunicación. El hablar, en su totalidad, no es un objeto nuevo de investigación para la ciencia del lenguaje. Ya los representantes de la Escuela de Ginebra muestran un interés especial por el hablar, sus vínculos con los procesos cognoscitivos y psíquicos y los fenómenos sociales. Según Ch. Bally (1941, 31957: 17-20), la lengua hablada es la única verdadera manifestación del lenguaje, ya que es la única original. Para su estudio, la lingüística debe acudir a la psicología («que muestra cómo nada se dice que no haya sido también pensado») y a la sociología (que revela el lenguaje «como producto de la vida social»). La etapa en que se encuentra la lingüística a principios del siglo XX, según el estudioso ginebrino, permite ver mejor sus tareas, que parten de la concepción de que el lenguaje —en general y en todas sus manifestaciones— está «al servicio de la vida»: «su función es biológica y social». A. A. Leontiev (1965: 4) reconoce el marcado interés por el estudio de la lengua hablada e insiste en la necesidad de interacción entre las distintas ciencias del lenguaje, señalando que, tarde o temprano, nos veremos obligados a plantear con prioridad el problema de crear una teoría general del hablar.


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El enorme interés por los problemas del hablar y el empeño de los investigadores en penetrar en la naturaleza dinámica del lenguaje no es una novedad para la lingüística, ni tampoco para los dominios científicos colindantes: psicología, filosofía, lógica, sociología. Ya a principios de los años 70 del siglo XX destacan los precursores de este enfoque (cf. Hartung 1989a). Por un lado, la escuela psicológica de L. S. Vygotski, A. N. Leontiev y A. R. Luria, la cual, fundando la teoría de la actividad del hablar, encauza las investigaciones lingüísticas desde las relaciones del sistema de la lengua hacia el hablar —concebido este como «unidad de conducta social y conciencia» (Èlkonin 1983: 18)— con el planteamiento, clásico ya, de que la comunicación no es la transmisión de un mensaje codificado, sino un determinado tipo de actividad: la actividad del hablar. Por otro lado, la teoría de los actos de habla de J. Austin y J. Searle, ampliamente reconocida y presente en todos los estudios de la lingüística actual, influida en gran medida por las ideas de la segunda etapa de L. Wittgenstein4, quien afirma que el estudio de la lengua natural y la explicación de los mecanismos que determinan los distintos usos lingüísticos —llamados «juegos de lenguaje» y considerados formas simplificadas de conducta— indican que la lengua y los distintos tipos de actividades conforman un todo único (Wittgenstein 1953; 1985: §7, pág. 82). Ello significa que el hablar no es una actividad aislada y autónoma ni se reduce a la función de expresar el pensamiento; el hablar es un medio que se utiliza para realizar distintos géneros de actividades. Al concebir el hablar como una actividad, el objeto de las investigaciones lingüísticas se extiende hacia el carácter social de la comunicación. Se abren nuevas perspectivas de emprender estudios interdisciplinarios en la esfera de la comunicación verbal. Según una afirmación de A. A. Leontiev (1965: 81-82), ya no es la lengua, sino el habla la que se convierte en «punto de partida» para el lingüista, el lógico, el psicólogo y otros especialistas en los asuntos del hablar. En opinión del autor, «la lingüística en sí y para sí es contradictio in

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Las ideas de los últimos tratados filosóficos de Wittgenstein repercuten no solo en el análisis detallado del lenguaje hablado, sino también en el interés por la influencia del contexto en el uso lingüístico (cf. Petrov 1987: 4).


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adjecto»; es decir: no existe una lingüística inmanente, lo mismo que no hay una «lengua en sí y para sí». El estudioso ruso subraya que solo mediante la investigación multilateral del hablar podemos llevar a un nivel superior su estudio y definir las características básicas de la lengua como tal, del sistema lingüístico, de las unidades lingüísticas, etc. A la luz de los últimos avances de la lingüística, cabría reformular esta idea de Leontiev y añadir que el hablar ya no es solo un punto de partida, sino que se va convirtiendo en meta final para los investigadores; la tarea que tienen por delante es establecer las dependencias que caracterizan el hablar como instrumento para la realización de distintas actividades humanas5: lógico-cognoscitivas, comunicativas y, también, prácticas. La universalidad del hablar y su innegable pertenencia a distintos dominios del conocimiento científico ponen a prueba la ciencia del lenguaje, ya que en cierto modo «amenazan» la autonomía de su objeto tanto desde el punto de vista de la concreción (en cuanto a su estatuto de ciencia independiente) como desde el punto de vista del conocimiento abstracto (en cuanto a su competencia teórica). Sin embargo, a estas alturas, lo fundamental es que los diversos enfoques que se aplican al hablar ensanchan los horizontes de diferentes esferas del saber humano, entre ellas, naturalmente, de la lingüística. En esta dirección, R. Jakobson plantea el problema de las relaciones de la lingüística con las otras ciencias. Partiendo de la advertencia de E. Sapir de que los lingüistas, quieran o no, están obligados a interesarse cada vez más por diversos problemas antropológicos, sociológicos y psicológicos, el célebre lingüista subraya que sin la relación estrecha entre autonomía e integración —dos conceptos que se complementan mutuamente— las investigaciones en lingüística corren el riesgo de tomar un rumbo equivocado. Hay que dedicar igual atención a las peculiaridades y al desarrollo de cada dominio de la ciencia, a la base común y a la ruta que siguen los distintos dominios del saber, a sus interdependencias mutuas (Jakobson 1985: 369-370). Esta advertencia de Jakobson, alentadora 5

En este sentido la lingüística del hablar se sitúa en el ámbito de la antropología lingüística.


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y preventiva al mismo tiempo, no deja de ser actual: ante la lingüística surge la importante tarea de discernir y sintetizar los datos de otras ciencias sin que ello altere el carácter específico del objeto de investigación lingüística. Así pues, sobre la base del interés general por el hombre, erigido como prioridad central de muchas esferas del saber, ante las investigaciones lingüísticas se extienden los amplios horizontes de estudiar la posibilidad de considerar el comportamiento verbal como una manifestación íntegra de la actividad cognoscitiva y práctica del hombre, de sus características personales y psicológicas, de su conducta social en distintas situaciones de interacción humana6. La descripción de la lengua va rebasando cada vez más el análisis del carácter nominativo de las unidades lingüísticas y de sus significados y se encamina hacia el carácter dinámico de su funcionamiento, o sea, hacia el estudio de la «interrelación entre las formas lingüísticas y el efecto del sentido en el acto discursivo»7. Porque, como afirma V. A. Zvegintsev (1973: 129), es imposible conocer el mecanismo de la lengua sin construir una teoría adecuada para ello. En tal sentido, siendo la lengua un fenómeno 6

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Desde el punto de vista de la teoría y la metodología, ello significa que en el ámbito de la lingüística antropológica pueden vincularse y desarrollarse, sobre bases filosóficas y metodológicas comunes, ramas de la lingüística como la gnoseología lingüística, la psicolingüística, la sociolingüística, el behaviorismo lingüístico, la etnolingüística (cf. Postovalova 1988: 9); es decir, todas las ramas de la lingüística que se dedican al estudio de problemas relacionados con la naturaleza funcional del lenguaje. Kolshanski (1984: 28, nota 36) argumenta esta comprobación apoyándose en la distinción que establece Wunderlich entre los dos niveles de análisis de la lengua. El primero se refiere al sistema de reglas gramaticales relacionadas con determinados significados (proposiciones) y con el orden de las palabras; este nivel es objeto de la lingüística y de la lógica. En el segundo nivel se estudian las reglas simbólicas, es decir, la actividad lingüística. Aquí, sobre la base de la relación entre el sentido y la forma del enunciado, se establecen las condiciones de la comunicación y las reglas comunicativas que aseguran la intersubjetividad y la comprensión de los enunciados. Así concebidos, los medios gramaticales son índices de los tipos de actos lingüísticos, sirviendo a la vez, en un sentido más amplio, de índices de las condiciones sociales de la comunicación.


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