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ELECTORES 2.0 Y PARTIDOS VIEJOS. LAS ELECCIONES MEXICANAS DEL 2018

Martha Gloria Morales Luis Alberto Fernรกndez (Coordinadores)


ELECTORES 2.0 Y PARTIDOS VIEJOS. LAS ELECCIONES MEXICANAS DEL 2018


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH

María José Añón Roig

Javier de Lucas Martín

Ana Cañizares Laso

Víctor Moreno Catena

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Ángel M. López y López

Tomás S. Vives Antón

Marta Lorente Sariñena

Ruth Zimmerling

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


ELECTORES 2.0 Y PARTIDOS VIEJOS. LAS ELECCIONES MEXICANAS DEL 2018

Martha Gloria Morales Luis Alberto Fernández [coordinadores]

Universidad Autónoma de Querétaro

tirant lo blanch Ciudad de México, 2020


Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/ Este libro fue sometido a un proceso de dictaminación doble ciego, de acuerdo con las normas editoriales establecidas por la FCPS-UAQ.

Dra. Margarita Teresa de Jesús García Gasca Rectora Dr. Javier Ávila Morales Secretario Académico Dra. María Teresa García Besné Secretaria de Extensión Universitaria Diana Rodríguez Fondo Editorial Universitario Coordinadora Federico de la Vega Editor Gisella Cordero Jiménez Cuidado de la edición Primera edición: 2020

© VV. AA.

© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Alcaldía Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: +52 1 55 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-1355-556-0 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


DIRECTORIO DEL INSTITUTO ELECTORAL DEL ESTADO DE QUERÉTARO Gerardo Romero Altamirano

Consejero Presidente del Consejo General y Presidente de la Comisión de Vinculación

Luis Octavio Vado Grajales

Consejero Electoral, Presidente de las Comisiones de Seguimiento al SPEN y Transitoria de Formación del Funcionariado con motivo del proceso electoral 2020-2021

Yolanda Elías Calles Cantú

Consejera Electoral, Presidenta de las comisiones de Fiscalización e Igualdad Sustantiva

Gema Nayeli Morales Martínez

Consejera Electoral, Presidenta de las comisiones de Educación Cívica y Participación Ciudadana, y Asuntos Internacionales

María Pérez Cepeda

Consejera Electoral, Presidenta de las comisiones Jurídica y de Asuntos Indígenas e Inclusión

Carlos Rubén Eguiarte Mereles

Consejero Electoral, Presidente de la comisión de Organización Electoral, Prerrogativas y Partidos Políticos

Luis Espíndola Morales

Consejero Electoral, Presidente de la Comisión de Transparencia y Acceso a la Información Pública

José Eugenio Plascencia Zarazúa Secretario Ejecutivo

Martín Arango García

Representante del Partido Acción Nacional

Juan Carlos Arreguín Baltazar

Representante del Partido Revolucionario Institucional

José de Jesús Acosta Talamantes

Representante del Partido de la Revolución Democrática

Alberto Sosa Hernández

Representante del Partido Movimiento Ciudadano

Ricardo Astudillo Suárez

Representante del Partido Verde Ecologista de México

Norman Fernando Pearl Juárez Representante del Partido Morena

Ricardo Domínguez Álvarez Representante del Partido del Trabajo

Ma. Concepción Herrera Martínez

Representante del Partido Querétaro Independiente

Daniel Dorantes Guerra

Director Ejecutivo de Organización Electoral, Prerrogativas y Partidos Políticos

Juan Rivera Hernández

Director Ejecutivo de Asuntos Jurídicos


Oscar Hinojosa Martínez

Titular de la Unidad de Acceso a la Información Pública

Héctor Maqueo González

Coordinador de Comunicación Social

Raúl Islas Matadamas Coordinador de Informática

Rosa Martha Gómez Cervantes Coordinadora Jurídica

Gloria Luz Duarte Valerio

Coordinadora de Instrucción Procesal

Óscar Torres Rodríguez Coordinador Administrativo

CONSEJO DIRECTIVO DE LA SOCIEDAD MEXICANA DE ESTUDIOS ELECTORALES A.C. 2019-2021 Angélica Cazarín Martínez Presidenta

Olga González Martínez Secretaria General

Marcela Ávila-Eggleton Secretaria Académica

Ricardo de la Peña

Secretario de Organización

Carlos González

Secretario de Comunicación y Vinculación

Martha Elisa Nateras Tesorera


ÍNDICE

Prólogo 13 Gerardo Romero Altamirano Introducción 15 Martha Gloria Morales G. Luis Alberto Fernández G.

Primera parte ESCENARIO NACIONAL capítulo i ¿Por qué ganó López Obrador? Martha Gloria Morales Garza Luis Alberto Fernández García capítulo ii Facebook en las campañas digitales de los candidatos a la presidencia de México 2018 Sergio Rivera Magos Karla Negrete Huelga capítulo iii Construcción del fenómeno mediático 2.0 de las campañas presidenciales 2018, en torno a las temáticas publicadas por periódicos digitales, a partir de un acercamiento teórico-conceptual de Comunicación y Cultura Digital Lidia Á. García-González

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capítulo iv Independientes: temprano agotamiento y crisis de representación 119 Efraín Mendoza Zaragoza José Luis Durán Olvera capítulo v México está donde estás tú. Avances institucionales para la participación política-electoral de los migrantes mexicanos en el extranjero 163 Mauricio Olivares-Méndez

Segunda parte ESCENARIO LOCAL capítulo vi ¿Jaque a la hegemonía? 187 Marcela Ávila-Eggleton Silvestre Orozco Sánchez capítulo vii Las elecciones del 2018 en Querétaro. Triunfo o derrota de acción nacional 209 Martha Gloria Morales Garza Fabiola Rodríguez capítulo viii Desencanto político en Querétaro 235 Héctor Gutiérrez Sánchez


Prólogo

L

a democracia, como construcción social colectiva, requiere oxigenarse y renovarse constantemente por actores distintos a los que integran las instituciones electorales y los partidos políticos. De manera particular, las instituciones académicas son esenciales en este proceso de retroalimentación porque suelen identificar otras variables y otros factores que también influyen en los procesos electorales, sin menoscabo del papel que juegan otros sectores como los medios de comunicación, los gremios empresariales, las asociaciones civiles y en general, la sociedad en su conjunto. Este mosaico de contextos, intereses y objetivos, a veces radicalmente distintos e incluso opuestos, es el que mantiene con vida y dota de sentido a nuestro régimen democrático, ya que convergen en un fin: la plena garantía de los derechos y libertades de los individuos. Es por eso que las autoridades electorales deben fortalecer su vinculación con las instituciones académicas, no solo en el ánimo de procurar la colaboración interinstitucional, sino en el interés legítimo de escuchar de primera mano, la crítica constructiva que se hace de su trabajo, de los partidos políticos, de los candidatos y candidatas, de las elecciones y de los resultados de las mismas. Y qué mejor que la Universidad Autónoma de Querétaro, a través de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) y la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales (SOMEE) para desarrollar una obra editorial como la presente, en la que podemos encontrar nuevas luces sobre las fortalezas y debilidades del sistema electoral, sobre las amenazas que lo rodean y sobre las oportunidades que se pueden tomar. Esta obra analiza algunos de los tópicos de mayor relevancia del proceso electoral 2017-2018 tanto a nivel federal como local, tales como el comportamiento de los partidos políticos, el desempeño de las candidaturas independientes, los avances en la participación política del electorado residente en el extranjero, la utilización de los medios electrónicos y las redes sociales por parte de los actores políticos, entre muchos aspectos más.


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El título de esta publicación es positivamente provocador; en un primer momento, hace referencia a una generación con cada vez mayor presencia en nuestra sociedad democrática: Electores 2.0. Conforme pasa el tiempo, las nuevas generaciones de ciudadanas y ciudadanos se van apropiando de la esfera pública, tendencia que, lejos de desacelerarse, va en incremento constante. Esto, sumado a la irrupción de las tecnologías y plataformas digitales, provoca que la idea generalizada de “democracia” vaya adoptando nuevas características y significados para la ciudadanía. Lo anterior implica que las instituciones se replanteen en qué manera se pueden eficientar los canales de comunicación con el propósito de impactar positivamente a un mayor número de ciudadanas y ciudadanos, ya que las elecciones se han convertido, más que nunca, en un proceso esencialmente comunicativo. Por otro lado, bajo el término Partidos viejos, las y los autores coinciden en hacer visible la importancia de que las autoridades y los actores políticos busquen un mayor y más efectivo acercamiento de la democracia a las y los jóvenes utilizando con mayor inteligencia y eficiencia los nuevos medios y plataformas digitales. En este contexto, surge la disyuntiva de quién se debe adaptar a quién. ¿La ciudadanía es la que se debe adecuar a las formas institucionales de participación política electoral establecidas o, por el contrario, son las instituciones quienes deben moldear las vías de acercamiento a fin de que la ciudadanía se aproxime de una manera más espontánea a los canales democráticos? Ninguno de los dos planteamientos parece satisfacer el ideal democrático. La democracia debe ser una realidad que se exprese a través de los medios que cada uno juzgue más convenientes, siempre y cuando sean los principios rectores los que prevalezcan. Enhorabuena a todas y todos los autores que colaboraron en la presente publicación. Su esfuerzo y conocimientos vertidos en ella, demuestran que la democracia se fortalece cuando la sociedad en su conjunto se interesa en los asuntos públicos. Retomando el comienzo, espero que la lectura de este material sea de utilidad no solo para los distintos actores políticos, sino para cualquier ciudadana o ciudadano que le interese el devenir histórico de su comunidad y la oxigenación constante de la democracia. Gerardo Romero Altamirano


Introducción

E

ste libro es producto del trabajo colectivo de académicos que reúnen dos líneas de investigación claramente relacionadas. Un grupo realiza investigaciones electorales y de partidos desde finales de la década de los noventa, sobre todo en el ámbito local, y a partir del 2012, gira hacia el análisis nacional con la publicación del libro La elección presidencial de México, 2012. Miradas divergentes, editado por Fontamara y Ediciones uaq y coordinado por los mismos autores de la actual publicación. Por otro lado, también en ese año se integra un grupo de investigadores preocupados por el papel de las campañas electorales y de los medios digitales en los procesos electorales. El trabajo conjunto ha sido sumamente importante, pues los resultados de ambas líneas de investigación, en su diálogo, ya se refuerzan, ya se refutan. Desde 2017, ambos grupos iniciaron reflexiones en torno a los escenarios para el 2018; algunos pensaban que la democracia colapsaría y se preveía una regresión autoritaria y el no reconocimiento al triunfo de Andrés Manuel López Obrador, que ya se anticipaba como un candidato muy poderoso para la elección del 2018. Otros, sin embargo, pensaban que las cosas no cambiarían demasiado y que las preferencias a favor de amlo se derrumbarían, como sucedió en 2012. Ambas posturas partían de dos supuestos diferentes. En un caso se asumían como ciertas las reflexiones del 2012 acerca de un fraude alentado por la vía de la participación electoral, mientras que en el otro se priorizaban los errores de las campañas de amlo, tanto en 2006 como en 2012. Ninguno de los supuestos se convirtió en realidad y la elección del 2018 nos mostró un nuevo tipo de electorado y una desmedida incapacidad de los partidos tradicionales para enfrentar o convencer con éxito a estos electores. Eso queremos expresar con el título de esta entrega: Electores 2.0 y partidos viejos. Las elecciones mexicanas del 2018. Todos los partidos que postularon candidatos, e inclusive los candidatos independientes, se observan tradicionales en sus formas de acción, mientras que ha surgido un tipo de electorado impermeable a los mensajes hasta


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hoy habituales y sensible, en cambio, a nuevas formas de comunicación. Esta característica, aunque se atribuye particularmente a las cohortes de edad más jóvenes, está presente en otros grupos de electores y parece más relacionado con el acceso a las nuevas tecnologías. Por lo que se refiere a los medios digitales, éstos han hecho su aparición como relevantes en las campañas electorales, no necesariamente desde los candidatos, sino sobre todo desde los propios ciudadanos. Los electores aparecen volátiles, los viejos votos duros deben ser buscados con lupa y las emociones parecen ser definitivas en la definición de las preferencias. Los partidos parecen ajenos a esta nueva realidad, desconcertados y con diseños de campaña que no logran atrapar a los electores. Sin duda hay constantes que, aunque a nivel nacional se desvanecen, con los estudios de caso salen a flote. Por ello tiene relevancia el breve apartado que se presenta en esta obra sobre los resultados en Querétaro, que valora trayectorias y cambios. En síntesis, esta entrega muestra la consistencia de una reflexión colectiva que pretende acercarse, de manera crítica, a la realidad política y electoral a través de marcos analíticos adecuados para entender los cambios radicales que se observan actualmente. En virtud de un proceso electoral al que podríamos calificar de estándar en sus procedimientos, Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el presidente de México con un gran margen de victoria, pues obtuvo más del doble de votos que su más cercano competidor y triunfó en 31 de los 32 estados de la federación. Él, con su fuerza de atracción, y no tanto su propio partido ni los candidatos del mismo, logró mayoría simple en ambas cámaras del legislativo federal, ganó cinco de las nueve gubernaturas en disputa, un gran número de ayuntamientos y mayorías o segundas fuerzas en los legislativos locales. Además, casi desaparecen los partidos otrora pequeños —a pesar de sus alianzas con los tres más grandes— y los antes grandes quedaron políticamente noqueados. Sobre todo el pri, el legendario “partidazo”. En el primer trabajo se exploran las hipótesis que explican este fenómeno. Para empezar, se señala un periodo tan largo de volatilidad, que ésta parece convertirse en un comportamiento estructural que indica que los electores no votan ya por los partidos, sino por candidatos específicos, a los que siguen cuando abandonan el amparo de determinadas siglas. No obstante, hay que apartarse de las explicaciones simples. Si todo se debiera a las características del personaje (amlo en este caso), no sabríamos el por qué de las diferencias en, por ejemplo, los márgenes de victoria entre las entidades federativas, diferencias que no muestran relación ni siquiera con el partido a cargo del gobierno de cada estado; es decir, el fenómeno parece menos general que lo que hacen creer los resultados nacionales.


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Los autores proceden entonces a relacionar la magnitud de los triunfos de López Obrador con la condición de pobreza y vulnerabilidad en cada estado, sin encontrar vinculación estadística. Al comparar la dimensión de las victorias de morena con estos índices socioeconómicos, se detectó que los votantes captados por amlo pertenecen en diferente medida a todos los grupos sociales; sin embargo, en ninguno de ellos se posiciona de manera particularmente fuerte. Tampoco se detecta correlación estadística significativa con la percepción de inseguridad y el voto a favor de amlo, ni de su derrotado competidor, Ricardo Anaya, aunque sí hay una muy leve, de signo negativo, entre aquélla y el voto por el candidato del pri; es decir, este partido parece pagar con pérdida de votos su lesiva y fracasada política de seguridad. Se prueba así la correlación entre el sentido y magnitud del voto y la confianza en instituciones clave del sistema (justicia, partidos políticos y gobiernos estatales). Ello implica, en palabras de los autores, que “la confianza es un indicador que se relaciona con el voto, en forma positiva hacia el pri y en forma negativa hacia la alianza presidencial de morena; es decir, en la medida en que disminuye la confianza en las instituciones, los electores se inclinan a favor de morena”. Lo que parece explicar la orientación del voto, más que los factores institucionales de la elección misma, las estructuras sociales o culturales, e incluso que la influencia de las campañas políticas, es la desconfianza en el sistema de justicia, la pérdida de esperanza en los partidos y el desprestigio del gobierno en turno, “la veta analítica” más potente. No cabe duda de que esta desconfianza se ha visto aumentada en los últimos tiempos por las nuevas vías de comunicación, las “benditas redes sociales”, por ejemplo. Esta, a nuestro juicio, importante conclusión, enfrenta claramente las dos épocas, las dos formas de hacer y entender la política. Será fructífero seguir observando estas conductas. Sin llegar a medir el efecto que tuvo en las campañas, el trabajo de Sergio Rivera Magos y Karla Negrete inspecciona el nivel de aprovechamiento de Facebook por parte de las campañas de los candidatos presidenciales. Proponen para ello un modelo para el análisis de la apropiación 2.0 de esta red. “Utilizando como observables la arquitectura propia de Facebook y las interacciones que en ella se llevan a cabo, planteamos una metodología que permite analizar el uso y aprovechamiento de los recursos digitales ligados a la interacción, multimedialidad y convergencia de las cuentas oficiales de Facebook” de los cuatro candidatos. En primer lugar, la mitad de los seguidores de las cuentas de todos los candidatos son bots (67%, para el caso de la cuenta en Twitter de amlo). Naturalmente, aquí no hay interacción posible. Los autores demuestran enseguida que los equipos de campaña no hicieron en general un uso bidireccional de las redes. Sólo las redes de Jaime Rodríguez Calderón, el candidato que obtuvo el menor número de votos, permitían el envío


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de mensajes privados por parte de los ciudadanos. Al comparar muestras de los contenidos de las redes de cada candidato en fechas escogidas al azar, se confirma que es precisamente este aspirante el que “logra mayor apropiación de la filosofía 2.0 al incorporar elementos de interacción, convergencia y multimedialidad. Esto se comprueba con la capacidad de permitir a los ciudadanos postear, enviar mensajes, comentar e incluso proporcionar sus datos de contacto a través de otras plataformas, incluida WhatsApp”. Es más, de acuerdo con los autores, los resultados de su investigación “muestran la baja o nula atención de los candidatos a los comentarios de los usuarios de su cuenta Facebook. La mayoría de ellos no incorpora esta dinámica de interacción. López Obrador incluso no contestó a uno sólo de los comentarios —que le hicieron a través de la red—. Su comunicación es vertical y unidireccional, usa la plataforma más como un canal para comunicados propios y promoción personal”. Asimismo, amlo fue quien publicó el menor número de mensajes desde sus redes oficiales, es decir, en general, los candidatos hacen un uso “anticuado” de las nuevas tecnologías. La paradoja de que, al menos en apariencia, el candidato que mostró a este respecto la conducta más tradicional fuera finalmente el triunfador, pudiera revelar alguna característica de esa mayoría que lo llevó al poder. Pero esto no puede ir, por ahora, más allá del nivel de la conjetura. Lo anterior les permite a los autores formular la siguiente hipótesis: “Podríamos pensar que el grueso de la comunicación digital del candidato para colocar su mensaje y promover el voto en su favor, no se dio desde sus perfiles oficiales sino desde canales alternativos construidos en clave ciudadana y estética de prosumición, diseñados para ocupar el espacio público desde lo digital”. Queda pendiente la comprobación. Sorprende el contraste entre el ganador y el “más perdedor”, aunque no podemos especular qué resultados hubieran obtenido los candidatos si hubieran hecho un uso diferente de estas herramientas. Finalmente, encuentran los autores que los mensajes pretenden más emocionar que convencer o quizá, mejor dicho, para convencer apelan más al sentimiento que al razonamiento. Al parecer, el uso pleno de las redes sociodigitales en las campañas políticas en México es un capítulo que aún no se escribe. En la misma línea, el trabajo de Lidia García pretende mostrar que el desarrollo de los medios digitales de comunicación es apenas incipiente. Esto en pleno auge de las fake news, la institucionalización de la mentira y la devaluación de la verdad periodística en el mundo. Este tipo de fenómenos estuvo presente en los medios digitales durante el proceso electoral e incluso se refirió a la influencia extranjera y al uso indebido de los datos personales para inclinar las posturas de los electores, como se ha documentado en otros países; fue, sin embargo, un tema poco aludido


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por los candidatos. Una vez más, y desde otro ángulo, nos percatamos del contraste entre la evolución de al menos una parte de la sociedad, en materia de comunicación política y las prácticas de los equipos de los candidatos mexicanos en 2018. Efraín Mendoza y Luis Durán, por su parte, retoman una antigua cuestión: ¿los mecanismos de las democracias representativas se diseñaron para amparar la participación popular o para impedirla? Al analizar las normas para la participación de candidatos sin partido y su evolución, los autores concluyen que, en el caso de México, habrá que responder que todo se ha ido forjando para entorpecer las aspiraciones políticas fuera de los partidos registrados. Sin embargo, la existencia de dichas normas y su desarrollo también son reflejo del descrédito de los partidos como canales legítimos de participación y búsqueda del poder. Los legisladores y, hasta hoy, los gobernantes, son miembros conspicuos de los partidos; así, la formación y vida de los mismos está protegida por las leyes y sus hacedores. Los autores llaman nuestra atención sobre la asimetría entre las exigencias legales para formar un partido nuevo y lo requerido para registrar una candidatura presidencial independiente: “con el número de respaldos que se exige para la presidencia, se podrían crear cuatro partidos políticos nacionales”. Los obstáculos se presentan, asimismo, en la obtención del financiamiento público para las campañas de los sin partido. Por si fuera poco, la ley no restringe el tránsito inmediato de un partido (donde no se ha obtenido la candidatura) a la figura de “independiente”. La vía, por lo tanto, parece inaccesible para el ciudadano medio, dado que resulta imposible hacer una campaña política con recursos tan escasos, en comparación con los que tienen los partidos. Para que no quede duda, los autores reproducen párrafos enteros del dictamen a esta reforma en el Senado de la República, que revelan la desconfianza hacia la figura de políticos externos a los partidos y la preocupación por mantener la supremacía partidista. Este camino no ha resultado, por lo tanto, una canalización eficiente de los déficits de representación y legitimidad en el sistema de partidos. Los candidatos que por fin alcanzan el registro legal no reciben la simpatía ciudadana. Algunos de los que lograron aparecer en la boleta fueron evidenciados como maestros del fraude y la simulación, pero tampoco ganaron quienes no fueron señalados: ningún candidato independiente triunfó en los comicios federales del 2018, y en los locales, por ejemplo, en Querétaro, sus logros se limitaron a dos (de dieciocho) presidencias municipales y un regidor en la mitad de los ayuntamientos. Es corto el tiempo transcurrido y, sobre todo, escasos los estudios para poder llegar a conclusiones, pero por lo pronto parece plausible la hipótesis de que el triunfo contundente en la elección presidencial de un candidato que se presentó como extra o antisistema le pudo haber res-


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tado votos a los independientes. Con ello, los partidos habrían logrado su objetivo. En el siguiente capítulo, Mauricio Olivares nos advierte que es necesario enfocar desde la óptica del transnacionalismo, el estudio de los derechos políticos de los emigrantes y su ejercicio como una alternativa al asimilacionismo, toda vez que se muestra la migración internacional como generadora natural de conexiones transfronterizas, es decir, que los migrantes forjan y mantienen “relaciones sociales multi-situadas que conectan sus sociedades de origen y de residencia”. Bien informado, nos pone al día de la literatura sobre el particular. La evolución de las normas e instrumentos para posibilitar el voto de los mexicanos residentes en el extranjero muestra que, a pesar de que la movilización requerida representa “altos costos y pocos beneficios directos, y que las opciones para participar son limitadas y los obstáculos grandes”, ha crecido en México una óptica que privilegia los derechos elementales de los mexicanos que emigran sobre consideraciones utilitarias. Para la elección del 2018, no sólo se modificaron las normas y mecanismos para facilitar el registro y la votación misma de los mexicanos en el extranjero, sino que el ine desplegó una intensa actividad de comunicación en contacto con organizaciones de emigrantes, sobre todo, en los Estados Unidos. Los resultados no son espectaculares, pero sí su crecimiento: el listado de electores en el extranjero pasó de menos de sesenta mil a más de 180 mil electores, mientras que la votación creció en 140%, al pasar de 40,714 a 98,470 entre 2006 y 2018. No hay datos que nos permitan atribuir los cambios a factores institucionales o de conducta de los electores. La segunda parte del libro se dedica al análisis de la contienda en el caso específico de Querétaro, como un esfuerzo por vincular los factores generales con estudios más limitados geográficamente. Marcela ÁvilaEggleton, con la colaboración de Silvestre Orozco, analiza la hipótesis ya planteada por ella en trabajos anteriores, la que responde a la cuestión de si el pan es un nuevo partido hegemónico o cuasihegemónico en Querétaro, en un contexto de débil bipartidismo y donde los resultados que no le favorecen parecen excepcionales. Para ello analizan los resultados de las elecciones para diputados federales en la entidad entre 1991 y 2018. Comparan estas elecciones a través de varios indicadores: margen de victoria, fraccionalización, número efectivo de partidos y volatilidad y, finalmente, el índice de desempeño electoral de los partidos. Al parecer, Querétaro se aleja del bipartidismo con un número efectivo de 4.19 partidos y desde luego, la elección del 2018 presenta el valor de fragmentación más alto. Esto sin que la competitividad se incremente, sino que disminuya. De esta manera, pueden afirmar que en la entidad


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“se ha desarrollado un comportamiento electoral sofisticado; ya que los electores tienden a diferenciar las diversas elecciones y en consecuencia, emiten su voto en función de sus identificaciones partidarias, pero también de la campaña y el perfil de los candidatos a los diversos puestos de elección”, constatación que coincide con lo encontrado, más adelante, por Martha Gloria Morales y Fabiola Rodríguez. Ahora bien, a pesar del aumento en el número efectivo de partidos y en la volatilidad, se puede observar que el pan mantiene un dominio importante en tres de los cinco distritos federales: uno en la zona más antigua de la ciudad capital, otro en la más lejana a ésta y un nuevo distrito asaz heterogéneo, mapa que recorre prácticamente todo el estado; si bien pierde el Distrito 2, con cabecera en la segunda ciudad del estado (San Juan del Río), que había conservado desde 1997. La elección mostró nuevas preferencias favorables a morena, quien sustituye al pri como segunda fuerza. Pero a pesar de los triunfos incuestionables de morena, o más precisamente, de amlo, Querétaro sigue mostrando cierta proclividad hacia el pan si se le compara con el conjunto de las entidades federativas. Cada elección parece mostrar con mayor claridad un hecho: el municipio de Querétaro, que alberga la ciudad capital y a casi la mitad de todos los electores del estado (46%), posee un grupo de electores volátiles, es pequeño pero suficiente para modificar el sentido del resultado, toda vez que la competitividad es muy alta. Aunque existen votantes duros, éstos ya no le alcanzan a ningún partido para triunfar, lo cual es aún más cierto cuando se tienen tres —y no sólo dos partidos efectivos. En contraste con los tradicionales, estos electores son marcadamente modernos. Es evidente que los electores switchers tienden a castigar determinadas conductas de partidos y candidatos. Pero, ¿cuáles son las conductas o actitudes que no les parecen, que los llevan a inflingir un escarmiento?, ¿son los resultados que obtuvieron de gobiernos anteriores? No podemos estar seguros. El hecho de que el mismo partido obtenga un diferente número de votos en el mismo municipio para las distintas elecciones (voto diferenciado), nos reafirma que los candidatos, su perfil y su conducta, aun en la campaña misma, son importantes para estos “cambiadores” que pueden definir los resultados. A estas cuestiones se refiere Héctor Gutiérrez a partir de una constatación: “En realidad es sorprendente lo poco que sabemos sobre la manera en que la gente juzga al gobierno y a la clase política”. Todo parece indicar que los electores inconformes —ya sea que se manifiesten absteniéndose o, como parece que ocurrió en 2018, volcándose por una opción que se presentaba como anti o extrasistémicano— se molestan tanto con el sistema (político, electoral o de gobierno) como con la forma en que determinados personajes lo manejan. Y, por lo tanto, la probidad de


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los políticos ha cobrado cada día mayor importancia como issue. Desde luego, ahí está Donald Trump para desmentirnos; pero en realidad, la virtud y la política no sólo estuvieron vinculadas en los autores de la Grecia clásica, sino que han sido aludidas por autores más cercanos como Durkheim y Gramsci y, a contario sensu, por Maquiavelo. Al referirse a una encuesta sin representatividad estadística, pero de gran utilidad heurística, Gutiérrez avisa: “valdría la pena incorporar esta dimensión a nuestros estudios políticos: [...] cómo el juicio pragmático y el moral parecen mezclarse de formas complejas, por lo que cualquier intento de explicación deberá involucrar ambos aspectos simultáneamente”. Por desgracia, hay pocos estudios empíricos que nos ilustren. Un instrumento que nos aportaría luces sobre el particular son las encuestas de salida, pues éstas intentan indagar los motivos del acto electoral a bote pronto. Sin embargo, en nuestro medio se hacen pocas y las que se realizan por lo general están cargadas de intereses partidistas y comerciales. A nuestro parecer, todos los ángulos nos obsequian indicios —incipientes pero ya reveladores— de que la sociedad mexicana, esa masa abigarrada de perfiles electorales, evoluciona con mayor agilidad que las formas de hacer política de los grandes partidos y, por cierto, que las teorías y los instrumentos del análisis electoral. Aunque no está claro si la normatividad cambia coherentemente, todo parece indicar que esta brecha habrá de angostarse en el futuro inmediato. Si, al contrario, las divergencias entre el perfil más generalizado de ciudadanos, las formas de hacer política de los partidos y las leyes correspondientes se profundizaran, la pérdida de legitimidad del sistema en su conjunto será previsiblemente grande. Si bien esta obra presenta más preguntas que respuestas, confiamos en que incentive la búsqueda científica de éstas. Martha Gloria Morales G. Luis Alberto Fernández G.


primera parte ESCENARIO NACIONAL


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