UNA HISTORIA INACABADA EL AUTONOMISMO VALENCIANO DE LOS AÑOS TREINTA
UNA HISTORIA INACABADA EL AUTONOMISMO VALENCIANO DE LOS AÑOS TREINTA María Pilar Hernando Serra
tirant lo blanch Valencia, 2020
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María Pilar Hernando Serra
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ÍNDICE Abreviaturas
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Prólogo de Pilar García Trobat
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Introducción
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El largo camino hacia la autonomía
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1931, República y autonomía regional: el primer proyecto
45
1932, el año de la división. Nuevas propuestas de Estatuto
73
1933, dos campañas de propaganda y ningún avance estatutario
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1936, el espejismo de una nueva oportunidad para el Estatuto
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Consideraciones finales
131
Apéndice Documental
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Bibliografía
195
ABREVIATURAS ANV Acció Nacionalista Valenciana AR
Acción Republicana
AVD
Agrupación Valencianista de la Derecha
AVR Agrupació Valencianista Republicana CAV Centre d’Actuació Valencianista CCV
Centro de Cultura Valenciana
CEDA Confederación Española de las Derechas Autónomas CEEV Centro de Estudios Económicos Valencianos CNT Confederación Nacional del Trabajo CT
Comunión Tradicionalista
DLR
Derecha Liberal Republicana
DRV
Derecha Regional Valenciana
EV
Esquerra Valenciana
IR
Izquierda Republicana
PC
Partido Conservador
PC
Partido Comunista
PFD
Partido Federal Democrático
PL
Partido Liberal 9
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PP
Partido Progresista
PR
Partido Radical
PRC
Partido Republicano Conservador
PRDF Partido Republicano Democrático Federal PRLD Partido Republicano Liberal Demócrata PRRS Partido Republicano Radical Socialista PS
Partido Sindicalista
PSOE Partido Socialista Obrero Español PURA Partido de la Unión Republicana Autonomista PVE Partit Valencianista d’Esquerra URN Unión Republicana Nacional UV Unió Valencianista
PRÓLOGO Una historia inacabada. El autonomismo valenciano de los años treinta es una nueva publicación de la cátedra de derecho foral valenciano. Su director Javier Palao Gil, historiador del derecho de la Universitat de València, en los últimos años viene promoviendo investigaciones sobre el pasado jurídico y político valenciano que bien pueden servir de punto de partida para construir el presente. La historia no es ciertamente un manual de instrucciones que pueda aplicarse automáticamente a otras épocas, pero —como decía Kissinger— sí puede, por analogía, adelantarnos las consecuencias que se producirán en situaciones similares. Queda a cada generación “determinar por sí misma las circunstancias que, de hecho, son equiparables”.1 El fracaso del estatuto de autonomía durante la Segunda República es una de estas situaciones en las que no se escuchó a la historia como tampoco después, en la transición, ni siquiera hoy en día en que Valencia sigue enredada en la búsqueda de soluciones a unos mismos problemas que se plantearon en la segunda década del XX. El libro, cuya autora es María Pilar Hernando, completa la historia política hasta ahora conocida fundamentalmente a través de los trabajos de Alfons Cucó,2 1
Henry KISSINGER, Diplomacia, traducción de Mónica Utrilla, Barcelona, Ediciones B, S. A., 1998, p. 25.
2
Alfons CUCÓ, El valencianisme polític 1874-1939, Valencia, Cosmo, 1971;
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María Pilar Hernando Serra
a quien siguieron otros. Es una obra histórico-jurídica con dos partes diferenciadas. En la primera, estudia de forma minuciosa el difícil proceso en que se enrocó Valencia para alcanzar un estatuto de autonomía en los años de la Segunda República y que finalmente no consiguió. En la segunda, edita un apéndice documental que nos permite ahondar en el variado pensamiento valenciano en torno a la idea de un estatuto. Los numerosos proyectos y anteproyectos que se van conociendo nos permiten apreciar el grado de implicación de la clase política, económica y cultural valencianas, a la vez que sus discrepancias. Cucó mencionó y publicó cuatro: el proyecto promovido desde el ayuntamiento de Valencia (1931), el de la CNT (1936), el anteproyecto del partido de Esquerra Valenciana (1937), el proyecto del partido de la Unión Republicana (1937).3 María Pilar Hernando trae ahora otros dos proyectos: uno realizado por el consejo federal del Partido de la Unión Republicana Autonomista (1932) y otro de 1936, que como dice la autora “tal vez pudiera haber sido el que se pretendía aprobar en las cortes del 1 de diciembre de 1936 que se celebraron en Valencia, entonces capital de la República”.4 Estatutismo y valencianismo, Valencia, Fernando Torres ed., 1976; País i estat: la qüestió valenciana, Valencia, Tres i Quatre, 1989; “La problemática de l’Estatut valencià durant la guerra civil: el projecte d’Unió Republicana” en Fet nacional i canvi social al País Valencià, València, l’Estel, 1977; junto a Ricard BLASCO, El pensament valencianista (1868-1939). Antologia, Barcelona, La Magrana, Diputació de Barcelona, 1992. 3
Todos ellos volvería a editarlos conjuntamente Josep Lluís BLASCO, Els Estatuts del País Valencià, Barcelona, Edicions de La Mangrana, 1977.
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A estos se pueden añadir otros anteproyectos como el del centro de cultura valenciano presentado en el ayuntamiento cuando se está abordando por
Prólogo
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La dificultad y los motivos de alcanzar un acuerdo sobre cómo conformar el estatuto valenciano quedan reflejados claramente en esta obra. La autora, casi día a día, nos descubre una actividad frenética muy alejada del desinterés o apatía política que pudiera aventurarse por los resultados finales. Actividad infatigable pero sin un rumbo definido. Faltó, como diría Villalonga tiempo atrás, un Valentí Almirall,5 un programa común de acción alejado de intereses de partido y más centrado en las necesidades del País. Entender el proceso y su fracaso requiere retrotraernos en el tiempo para buscar en la historia sus paralelismos, la analogía a la que hacía referencia Kissinger. Y, aunque, una vez más, tendremos que recurrir a la falta de tiempo para poder concluir el estatuto, lo cierto es que en cada nueva oportunidad que la historia ofrece, en Valencia se partió desde cero, tropezando siempre con las mismas piedras que no supo apartar del camino. No fue durante la Segunda República cuando Valencia se encaminó hacia un proceso autonómico. Desde principios del siglo XIX se reivindicó una autonomía —primero administrativa—, se criticó el presupuesto y el centralismo, primera vez la tarea del estatuto, véase Pilar GARCÍA TROBAT, Nostalgia de los Fueros perdidos. La incesante reivindicación del derecho civil valenciano, Valencia: Tirant lo Blanch, 2020; o las bases que presenta la Agrupació Valencianista Republicana que María Pilar Hernando publica en el apéndice 1. 5
Ignacio VILLALONGA VILLALBA, Substantivitat del valencianisme, Valencia, 1919. Archivo general y fotográfico de la Diputación de Valencia, Central. Secretaría general. Expedientes generales, sig. A.3.1.2. caja 10 (1910-1919), 2ª campaña. Movimiento regionalista, II. Conferencia.
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se debatió sobre la lengua, el derecho, el territorio… aunque cuando parecía que se llegaba a un consenso entre las fuerzas políticas y culturales, la dictadura de Primo de Rivera paralizó cualquier avance. Faltó tiempo. Ahora, la proclamación de Segunda República ofrecía una nueva oportunidad. Tuvo su prólogo inmediato en 1930, cuando los representantes de las tres provincias se presentaron unidos en un acto oficial para exaltar la senyera como símbolo de la región. Pero Adolfo Pizcueta alertaba: Els actes de la Senyera es poden resumir aixi: Intercanvi de visites dels Presidents i Alcaldes: presentació de la lletra valenciana de L’Himne, feta per el seu autor a l’Ajuntament: hissament de la Senyera en el Palau municipal: discursos, cants i després manifestacions i parlaments improvisats al peu de l’estatua del Rei don Jaume. Es podria creure que el valencianisme no sols li a avançat com és la nostra opinió sinó que s’ha infiltrat en tots els sectors i constituix la norma general d’actuació ciutadana. Desgraciadament no és aixina.6 Efectivamente, a pesar de la alegría expresada en la prensa por lo que creían era la extensión del sentimiento regional entre los valencianos, la realidad era bien distinta como pronto se pondría de manifiesto. Recién instaurada la República, consecuencia del pacto de san Sebastián algunas 6
Taula de Lletres valencianes, núm. 35, agosto de 1930.
Prólogo
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regiones empezaron a proyectar sus próximos estatutos de autonomía, aun antes de aprobada la nueva Constitución. Valencia sería una de ellas. Pero los problemas no tardaron en presentarse. El primero sería definir para qué “Valencia” se pensaba el estatuto. Determinar el territorio ya había sido un problema cuando se trató de constituir la mancomunidad.7 La diputación provincial de Valencia en 1918 inició un sondeo entre la opinión pública y los partidos políticos. Se planteó entonces si incluir a Murcia, Albacete o incluso a Teruel, o a ninguna de ellas. Las diferentes opciones tuvieron partidarios y detractores. El asunto de la mancomunidad fracasó porque tampoco Castellón y Alicante lo tuvieron claro; no querían cambiar el criticado centralismo de Madrid por el de Valencia capital. Sin resolver el problema entonces, volvía a presentarse de nuevo. La cuestión venía de atrás, mientras los gallegos, catalanes o vascos tenían un gentilicio que englobaba e identificaba a todos los vecinos de la región, en el país valenciano, valencianos solo parecían ser los de la provincia de Valencia.8 La división provincial y la política centralista había permitido no sólo la pérdida de una conciencia colectiva en las tres provincias, un sentimiento de formar parte de una
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Jospe Mª ÁNGEL BATALLA, Francesc FERRANDO VILA, Anaclet PONS I PONS, Justo SERNA ALONSO, El fracàs de la mancomunitat al País Valencià, València, Diputación provincial de Valencia, 1985.
8
Joan Francesc, MIRA, Sobre la nació dels valencians, València, Tres i cuatre, 1997, p. 192; Joan Carles MEMBRADO TENA, “La división territorial valenciana: antecedentes, problemas y política de la Generalitat”, Investigaciones Geográficas, 5 (2013), 5-24.
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nación común –con una historia, cultura, idea del derecho y lengua iguales- sino que además había potenciado la rivalidad entre ellas, haciendo que pudiera ponerse en duda incluso la capitalidad del antiguo reino.9 De esta forma, nuevamente las primeras campañas en favor de un estatuto encontraron desinterés en Castellón y resistencia en Alicante y como consecuencia, en los discursos de propaganda no quedaba claro en ocasiones qué territorios iban a conformar la región autónoma. Como recogía La Boatella: Autonomistes i Derecha Regional Valenciana s’uniren per a desvirtuar aquell moviment naixent i dur a terme una sèrie d’actes en defensa d’un Estatut Valencià que per la forma en que s’expresaven llurs oradors, unes vegades semblava que es tractés d’un Estatut per al País Valencià; atres, per a un de Llevant i les més únicament per a la província. Encara recordem discursos d’alguns que hi prengueren part que parlaven d’un Estatut per a les províncies de València i Terol.10 A este problema se le unió otro de igual importancia y en cierta manera relacionado: el idioma. El hecho de que la división provincial efectuada desde 1833 incorporara al territorio valenciano poblaciones históricamente castellanas
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La línea de ferrocarril Alicante-Madrid se construyó en 1853 antes que la que uniera Valencia con la capital.
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La Boatella, abril de 1935.
Prólogo
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resquebrajó la fuerza que daba unidad al antiguo reino, a la vez que favoreció la dificultad de extender el idioma valenciano. Desde la Renaixença se había querido revitalizar la lengua: primero, rescatar la lengua para la literatura; después, el padre Fullana abrió una cátedra en la Universidad; el incipiente movimiento valencianista reclamó su uso como lengua oficial por ser un valor fundamental para la formación de la nación. Pero tras el fracaso de la solidaridad valenciana, en la Exposición regional de 1909 quedó de manifiesto cómo el regionalismo que se iba conformando en Valencia no tenía unas líneas claras: los discursos españolistas se mezclaban con los regionalistas; se aplaudía la unidad de España y a la vez aclamaba a la Corona de Aragón; unos defendían el uso del valenciano mientras otros lo hacían del castellano.11 En la cuestión del idioma cualquier esfuerzo al respecto se topó siempre con una poderosa oposición, el partido de Blasco. Para Azzati la lengua no era “el genio de un pueblo”, lo era su pensamiento.12 De igual forma se manifestaron en contra los miembros de su partido entonces. Y quien trató de defender el nacionalismo y el idioma, como Rafael Trullenque, pronto saldría de sus filas. Resulta muy 11
Josep Vicent BOIRA MAIQUES, “La Exposición Regional de 1909, un cambio de perspectiva”, La Gran Historia de la Comunitat Valenciana, Valencia: Editorial Prensa Valenciana, vol. 7, 2007, pp. 136-140. Del mismo autor, València i Barcelona: retorn al futur: l’Exposició Regional de 1909, Valencia: Edicions 3 i 4, 2006 y “1909-2009; “Contenido, desarrollo y ambición de la Exposición Regional Valenciana. Una mirada cien años después”, El Ateneo Mercantil y la Exposición valenciana de 1909, Ateneo Mercantil, Valencia, 2009.
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La reproducción del discurso de Azzati en El Pais, 5 de febrero de 1916.
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expresivo el párrafo siguiente que procede de un artículo que su autor, un blasquista, titula ¡Criminales!, en alusión a los nacionalistas catalanes y valencianos. ¿El habla valenciana? ¡Rompamos moldes arcaicos y caducos, costumbres rancias y pueblerinas y tratemos de derrocar las murallas vetustas que, entre hermanos de igual ropa, de costumbres análogas, de religión, de leyes homólogas, pretende levantar la diversidad de lenguaje!” El mensaje de desprecio no disminuye de intensidad ni siquiera al final cuando acabará pidiendo al gobierno que enmiende sus errores y fusile a los catalanistas y a los valencianistas que trataban de destruir la patria.13 Además entre los que defienden el valenciano como lengua propia de la región también había división. Para unos, era indistinta del catalán; para otros, lemosín. Gaetà Huguet, que después tendrá una participación decisiva al fijar las normas de Castellón en 1932, consideraba el valenciano ajeno al catalán.14 Solo en 1922, en la asamblea de Nostra Parla el partido de Blasco convertido en autonomista aceptaría el idioma valenciano, siempre que quedaran fuera los partidos 13 14
El Pueblo 5 de julio de 1916. En 1914 Huguet señalaba como un peligro a combatir, en la autonomía pretendida, el catalanismo, “quals ansies d’expansió apleguen a convertiro (el llemosinisme) en marmesor o albacea testamentari de les glòries valencianes”, Las Provincias, 9 de junio de 1914.
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valencianistas de izquierda. No hubo tiempo para concretar más. La dictadura de Primo de Rivera acabó con el proyecto. De nuevo, la cuestión de la lengua volvió a separar a los valencianos en la confección del estatuto republicano. María Pilar Hernando lo refleja bien. Unos proyectos en valenciano, otros en castellano; unos que piden la cooficialidad con el castellano, otros que reniegan del valenciano relegándolo al ámbito doméstico. En 1933 Miguel San Andrés, diputado del partido radical socialista, reconocía en una entrevista la importancia de la lengua como factor de cohesión social. Alicante, Valencia y Castellón han sido en la historia. ¿Quién duda en que volverán a ser? Lo exige su propia dignidad y los muchos años en que no fueron… Pero creo importante recordar a todos los que amen de veras al pueblo valenciano, la obligación de reverenciar su espíritu y nada expresa mejor las emociones de un pueblo que su propia lengua ¡Cuánta falta nos está haciendo un derroche de valencianía expresado por su vehículo más excelso, por su idioma!15 No era el primero. Los valencianistas desde 1907 venían reclamándolo. Sin una conciencia colectiva nunca serían una nacionalidad. Y esa conciencia colectiva descansaba entre otros factores en la lengua. También el ejemplo de Cataluña les dividió y llevó nuevamente por derroteros erráticos. 15
El Diluvio, 17 de septiembre de 1933.
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Ocurrió lo mismo entre los primeros valencianistas. Unos quisieron agermanarse, otros distanciarse. Durante el bienio negro la mayoría de los partidos valencianos quisieron resaltar la españolidad de Valencia, no era separatista como Cataluña, pero muchos veían en la amenaza la manera en que el gobierno central les tuviera en cuenta. Se repetía la crítica al presupuesto y a la protección de los productos catalanes en contra de los del agro valenciano.16 Se repetía la historia. Valencia que se resistió menos al Borbón sufrió un castigo mayor que Cataluña. [En Barcelona] diez millones de pesetas procedentes del odiado centralismo, mientras que aquí, en Valencia nos hemos de contentar con cien mil miserables duros. Convenzámonos de ahora para siempre. Mientras no reanudemos nuestra campaña pro-estatuto; mientras no formulemos en valenciano clásico nuestras peticiones al Gobierno de Madrid; mientras no logremos que la Gaceta atienda con más celo a nuestras naranjas, a nuestras coles y a nuestros ajos, que a los paños de Tarrasa y Sabadell, siempre ocurrirá que, llegada, como ayer, la hora del reparto, se nos otorgue una piltrafa despreciable.17 16
Véase Alejandro SETTIER, “La descentralización administrativa y los conciertos económicos”, El Mercantil valenciano, 1907.
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Artículo sacado de un diario valenciano y publicado en La Rambla, 31 de diciembre de 1934.
Prólogo
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Demasiados aspectos separaban a los valencianos. Se esperó que siendo presidente del gobierno el valenciano Samper, su influencia fuera decisiva para avanzar en la tarea estatutaria, y que el texto se llevara pronto a las Cortes para su discusión y aprobación.18 Pero la cuestión catalana dividió al partido de Blasco y las deserciones lo debilitaron.19 18
Así se recogía en la prensa: “Algunos diputados de la mayoría manifestaron a última hora que el jefe del Gobierno, señor Samper tiene un especial interés y empeño en que cuanto antes venga a las Cortes el proyecto del estatuto regional valenciano, para dar satisfacción a los valencianos que anhelan que este proyecto, se discuta y apruebe en las Cortes. Hablando de este problema un diputado de Esquerra dijo que ellos ven con la mayor satisfacción que se de paso a las aspiraciones de Valencia autonomista y republicana y aspira como Cataluña a tener su autonomía. Este problema podrá hacer que la política entre en una fase de gran actividad y viveza, pues los diputados autonomistas valencianos, según manifestaron, están decididos a que este propósito del jefe del gobierno se lleve a la práctica sin vacilaciones ni dilaciones,” El Diluvio, 10 de mayo de 1934. También se publicaba un texto similar en Heraldo de Madrid, jueves 10 de mayo de 1934, El siglo futuro, 11 de mayo de 1934, entre otros.
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Históricos como Marco Miranda o Juli Just lo abandonaron. En una entrevista a Just comentaba las razones del abandono: “Para mí, es un tema muy delicado. He nacido en el partido autonomista. La decisión tomada ha supuesto para mí un gran esfuerzo, pero tengo la conciencia tranquila de haber cumplido con mi deber. Cumpliéndolo aquí, me he mantenido leal a los principios políticos de Blasco Ibáñez. Este conoció algunos días muy parecidos a los de ahora. Los de ahora han aceptado nuestra baja, hoy no se dan cuenta del caso, porque el disfrute del poder borra u oculta muchas perspectivas. Se hacen cábalas electorales y se prometen seguros triunfos por las adhesiones que reciben de gentes monárquicas, pero todo esto es postizo, falso. Cuando caigan del poder vendrá la desbandada y comprenderán nuestra posición de lucha sin tener en el día del triunfo ni prebendas ni cargos… Una de las causas de nuestro disentimiento ha sido la cuestión catalana. Creo que el señor Samper, sin darse cuenta, cayó en la celada de la Lliga y se ha roto, al menos oficialmente, toda esa corriente de simpatía, de inteligencia, de iniciativas con Cataluña. Yo deseo que se encuentre una fórmula de concordia. No deseo un fracaso…”, El Diluvio, 19 de julio de 1934, p. 16.